SP17738-2015(45510)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado ponente  

SP17738-2015  

Radicación n° 45510  

(Aprobado Acta No. 446)  

Bogotá, D.C., dieciséis (16) de diciembre de  dos mil quince (2015).   

ASUNTO  

Decide  la  Sala  los  recursos de apelación  interpuestos  contra  el auto del 13 de febrero del año en curso, por medio del  cual  una  Magistrada  de  la  Sala  de  Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Bucaramanga  resolvió  la solicitud de imposición de las medidas cautelares de  embargo,  secuestro  y  suspensión del poder dispositivo, sobre el predio rural  denominado  “Parcela  7”,  ubicado  en la vereda Agua Clara del municipio de  Cúcuta, denunciado por el Postulado Jorge Iván Laverde Zapata.   

ANTECEDENTES  

         

Con fundamento en lo previsto en el artículo  17  B  de  la  Ley 975 de 2005, adicionado por el artículo 16 de la Ley 1592 de  2012  y  en  los  artículos  52  y  54  del  Decreto 3011 de 2013, la Fiscal 38  Delegada  de  la  Dirección  Nacional  de Fiscalías Especializadas de Justicia  Transicional,  pidió  ante  la  Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Bucaramanga  la  celebración de audiencia reservada para sustentar la solicitud  de   imposición   de  medidas  cautelares  sobre  el  predio  rural  denominado  “Parcela  7”, ubicado en la vereda Agua Clara del municipio de Cúcuta, bien  denunciado  con  fines  de  reparación  a  las  víctimas  en  el  curso  de la  diligencia  de  versión  libre  rendida  por  el  Postulado Jorge Iván Laverde  Zapata,  alias  “El  Iguano”,  desmovilizado  del  Bloque  Catatumbo  de las  Autodefensas Unidas de Colombia.   

Explicó  que  se  trata  de un predio rural  denominado  “Parcela  7  La  Javilla”,  que  se identifica con el número de  matrícula  inmobiliaria  260-7939,  ubicado  a  una hora de distancia del casco  urbano  del  municipio de Cúcuta por vía pavimentada hasta el corregimiento de  Agua Clara y vía destapada desde dicho lugar hasta el inmueble.   

Indicó que el valor comercial del predio es  de  trescientos  setenta  y  seis  millones  quinientos  sesenta  y un mil pesos  ($376.561.000.oo).   

Explica que respecto de los señores Damaris  Smith  Tarazona  y  su  compañero  Guzmán  Ochoa  Pérez,  a nombre de quienes  aparece  inscrita  la  propiedad  del  inmueble en la actualidad, no es factible  admitir  que  actuaron con buena fe exenta de culpa, toda vez que no lo hicieron  con  la  prudencia  y  la  diligencia que les era exigible, lo cual les llevó a  adquirir  un inmueble que proviene de actividades ilícitas, y a sabiendas de la  mencionada ilicitud, decidieron comprarlo.   

Destaca las condiciones en que realizaron la  negociación,  y  resalta  que dada su condición de habitantes de la región no  es  admisible  que no supieran quien era Jorge Iván Laverde Zapata, alias “El  Iguano”.  Tampoco  se preocuparon por indagar por los antecedentes del predio,  no  revisaron  el  folio  de  la  matrícula inmobiliaria, ni realizaron ningún  esfuerzo  por  averiguar  quién  les  estaba  vendiendo,  y  se conformaron con  realizar  negocios  con  una persona que conocieron por casualidad en un Banco y  respecto    de    quien    permitieron    que    se   encargara   de   todo   el  negocio       

A lo anterior se suma, añadió la Fiscalía,  que  las  explicaciones  otorgadas  acerca  de  la  manera  en  que  se  hizo la  negociación, son incoherentes e inverosímiles.   

Con  base  en  lo  anterior,  la  Fiscalía  concluyó  que  es  evidente  la  relación  existente entre Jorge Iván Laverde  Zapata  y  el  bien  cuya  afectación  se  pretende,  de modo que se encuentran  satisfechos  los  requisitos previstos en el artículo 17B de la Ley 975 de 2005  para imponer las medidas cautelares reclamadas.   

PRONUNCIAMIENTO IMPUGNADO  

Una Magistrada con funciones de  control  de  garantías  de la Sala de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  denegó  dicho  pedimento,  argumentando para el efecto no sólo  que  el predio no fue ofrecido por el  postulado  para  la reparación a las víctimas, pues si bien habló de la finca  que  era  propiedad  de  su padre y reconoció que fue él quien la compró para  que  aquél  viviera allí, no afirmó que hacía entrega del bien para reparar,  sino    además    porque    la   peticionaria   no  cumplió   con   la  carga  de  aportar  suficientes  elementos   materiales  probatorios  que  permitieran  inferir  razonablemente  que  el  inmueble  en comento continua en la esfera del  dominio  del  desmovilizado  o  de  la  organización  armada  al  margen  de la ley, o por el contrario, que desvirtuaran que aquellos  obraron  de  buena fe exenta  de culpa.   

Señala  que  si  bien  el  predio  por  su  condición  rural  tiene  por sí mismo vocación reparadora, de todas formas se  requiere   acreditar   sumariamente   que   fue  adquirido  con  dineros  de  la  organización  armada  ilegal  o  que  pertenecen  al postulado directamente o a  través de terceras personas.   

Precisa que en esta oportunidad, contrario a  lo  afirmado  por  la Fiscalía, el predio no fue ofrecido por el postulado para  la  reparación  a  las  víctimas,  pues  si  bien  habló  de la finca que era  propiedad  de su padre y reconoció que fue él quien la compró para que aquél  viviera  allí,  en  ningún  momento  afirmó que hacía entrega del mismo para  repararlas.   

Recordó que el postulado vendió la finca a  Omar   Quintero   por   ciento   diez  o  ciento  quince  millones,  dinero  que  efectivamente  recibió,  y  por  lo  tanto  no  podía,  al  menos  con efectos  jurídicos,  hacer  entrega  de  un  bien  que  no  es  suyo,  y la información  suministrada  únicamente puede servir para iniciar una investigación tendiente  a  acreditar  la  legalidad  del  predio  y si debe ser sometido a extinción de  dominio.   

Explica   que   con   posterioridad  a  la  adquisición  del  bien  por  parte  de  Omar  Quintero, quien nunca ostentó la  titularidad  del mismo, siguió una cadena de tradiciones, en las cuales el nexo  con las autodefensas se rompió.   

Argumentó que en el año 2002 se inscribió  como  propietario a Jorge Laverde Valencia, quien lo vendió a Omar Quintero sin  haber  otorgado  escritura  pública.  En  2004  se  inscribió como propietaria  María  Dolores  Durán,  a  quien  se  lo  regaló Omar, eventualidad que puede  constituir un caso de testaferrato.   

En   2010   se  registró  en  calidad  de  propietario  Leonardo  Fabio Barrera, integrante de las bacrim, quien lo vendió  a Damaris Smith Tarazona.   

Afirma  que  inicialmente  el  predio  fue  adquirido  con  dineros  de  las  autodefensas  que era manejado por Jorge Iván  Laverde  Zapata, posteriormente vendido a otro integrante de las mismas, pero en  últimas  pasó  a  poder  de  una  tercera “…cuya  buena  fe  no  corresponde  valorar  en  este  momento,  pues  en esta instancia  procesal  se  valora  es  la existencia del predio, la vocación reparadora y su  vínculo  con  las autodefensas y la posible afectación de terceros de buena fe  se  difiere  al  incidente  de  oposición  a las medidas cautelares…”.   

Concluye que el vínculo que unía al predio  con  las autodefensas desapareció e impide el decreto de las medidas cautelares  invocadas.   

Indica  que  el  bien  en  cuestión  debió  llevarse  ante los Jueces de Extinción de Dominio, por tratarse posiblemente de  uno  perteneciente  a  las  bandas  criminales,  en  cuanto  no  se acreditó su  titularidad  real  o aparente en cabeza del desmovilizado o de las autodefensas,  sino  que  se  trajo  prueba sumaria de su relación con la organización armada  ilegal de los rastrojos.   

ARGUMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

    

1. Representante de la Fiscalía     

Aduce que si bien el postulado no utilizó la  expresión  ofrecimiento o denuncia del bien, lo cierto es que en el curso de la  versión  libre  lo  referenció  de  manera  exacta, pormenorizada y detallada,  indicando  la  forma  en  que  lo adquirió y lo vendió a otro integrante de la  organización.   

En tales condiciones, independientemente que  se  trate  de  un  ofrecimiento o de una denuncia, de cualquier modo se está en  presencia  de  un  bien  que  estuvo  vinculado a una persona perteneciente a un  grupo  armado  ilegal y que fue referenciado en diligencia de versión libre por  el postulado.   

El  hecho que el predio aparezca a nombre de  un  tercero,  no  implica que haya perdido relación con el grupo armado ilegal,  como  tampoco  modifica  la competencia para definir sobre el destino del mismo,  el  que  en  alguna  época  hubiera  pertenecido a un integrante de las bacrim,  porque  el  vínculo  con las autodefensas se presentó con anterioridad a dicha  eventualidad.   

Difiere  del  criterio del Juez a   quo  respecto  a  que  al  estar  en  presencia  de  terceros  adquirentes de buena fe no es posible imponer la medida  cautelar,   pues   Damaris   Smith   Tarazona   puede  acudir  al  incidente  de  levantamiento   de   medida   cautelar   en   orden   a   que   se   defina   su  pretensión.   

Explica que en esta oportunidad la Fiscalía  adelantó  la  investigación  pertinente en orden a determinar la situación de  terceros  y  presentó  elementos materiales probatorios que dejan en entredicho  la  manera  en  que Smith Tarazona adquirió el predio por no haber actuado bajo  los  cánones  que  demanda  el concepto de buena fe exenta de culpa en cuanto a  conciencia  y  certeza,  es  decir que la Fiscalía cumplió con la carga que le  era exigible.   

Recordó  que en el curso de la audiencia el  abogado  del  postulado  informó  que  el  fundo  en  cuestión  era la base de  operaciones   del   grupo  de  autodefensas,  eventualidad  que  no  podía  ser  desconocida  por  Smith  Tarazona,  ya  que vive en la zona, situación que debe  tenerse en cuenta al momento de decidir.   

Solicita en consecuencia, se revoque el auto  impugnado.   

2.               Representante    del    Ministerio  Público   

Manifiesta  inicialmente  que  comparte  la  argumentación  relativa  a  que  si  el  bien  pierde su conexión con el grupo  armado  ilegal,  la  diligencia en desarrollo no es el escenario pertinente para  debatir  la  petición,  sino  que  debe  remitirse  a extinción de dominio, no  obstante lo cual en su concepto dicha conexión no se ha perdido.   

Lo  anterior  en  cuanto  el señor Leonardo  Fabio   Barrera   de   quien   se   dice   era   miembro  de  “…una  bacrim…”,  es  una parte más de  esa  cadena de tradición que buscaba proteger el predio, al punto que no existe  claridad  respecto  a  si  en  verdad pertenecía a una banda criminal, o por el  contrario  era  militante de las autodefensas. Agrega que la venta realizada por  éste  a  Damaris  Smith  Tarazona,  no  tiene  ningún  sentido ni explicación  lógica.   

Concluye que la titularidad del bien continua  en  cabeza  de  la  organización  criminal,  pues  dicho  nexo o vínculo no se  rompió,  motivo  por  el  cual  se  debe revocar el pronunciamiento impugnado y  acceder a la petición de la Fiscalía.   

3.           Representante De Víctimas   

Sostiene  que  no  se extinguió el vínculo  entre  el  bien  y  el grupo armado ilegal. Resalta el argumento de la Fiscalía  relativo  a  que  si el predio en cuestión era la base de operaciones del grupo  de   autodefensas,  dicha  circunstancia  no  podía  ser  desconocida  por  los  habitantes  de  la  zona,  entre  ellos Damaris Smith Tarazona, eventualidad que  permite suponer que no se trata de una compradora de buena fe.   

Solicita  revocar la providencia impugnada y  en su lugar acceder a la pretensión de la Fiscalía.   

4.            Representante del Fondo de Reparación a  las Víctimas   

Aduce que fue partícipe de la diligencia de  alistamiento  del  bien,  en  cuyo  desarrollo  pudo observar que se trata de un  predio  que  exige  para  su  mantenimiento y sostenimiento recursos económicos  suficientes,  situación  que en su sentir no satisface la señora Damaris Smith  Tarazona,  quien  además casi no lo visitaba, pero el mismo siempre permanecía  en  excelentes  condiciones,  lo cual le permite inferir que no está demostrado  que  en verdad este señora fue la verdadera propietaria y por consiguiente, que  el bien no ha perdido el vínculo con el grupo armado ilegal.   

Solicita   en   consecuencia,  revocar  la  decisión recurrida.   

5.             Defensora  del  Postulado  Jorge  Iván  Laverde Zapata   

Aduce   que   el  predio  cumple  con  los  presupuestos  para  ser  afectado con medida cautelar, toda vez que el postulado  lo denunció en su versión libre.   

Agrega  que  Damaris  Smith  Tarazona  no ha  demostrado  que se trate de una adquirente de buena fe y además el inmueble fue  centro  de  operación  de  las  autodefensas,  motivo  por  el cual solicita se  revoque la providencia impugnada.   

CONSIDERACIONES  

Competencia  

De  conformidad  con  lo  previsto  en  los  artículos  26 y 69 de la Ley 975 de 2005, y 32 de la Ley 906 de 2004, esta Sala  es    competente    para    decidir    sobre    el    recurso    de   apelación  interpuesto.   

El  tema jurídico sometido a consideración  de  la  Sala, se concreta en establecer si desapareció el vínculo que unía al  predio    rural    denominado    “Parcela   7   La  Javilla”,  adquirido  por  Jorge  Iván  Laverde  Zapata,  alias “El Iguano”,  con   el   producto   de   las   actividades    ilegales    desplegadas    como   integrante   del  Bloque  Catatumbo de las Autodefensas Unidas de Colombia, y por  consiguiente,  si  la  imposición  de medidas cautelares sobre el mismo resulta  improcedente en el curso del proceso de Justicia y Paz.   

Así   las  cosas,  en  orden  a  determinar  si  le  asiste  la  razón  o  no  a  la  Sala de Justicia y Paz de negar  la   pretensión  de  la  representante  de  la  Fiscalía  General  de imponer  medidas  cautelares  al predio en mención,  es  necesario  traer  a colación los  criterios      jurídicos      imperantes    en    la   actualidad   sobre   la   afectación     de     los    bienes    destinados    a    la    reparación   de  las  víctimas  con  el  propósito   de   valorar   la  posición  del  tercero frente a los mismos, así  como  examinar el material probatorio aportado por el ente instructor, con miras  a  determinar  si  es  suficiente  para  respaldar la  aplicación     de    las    medidas    cautelares  invocadas.   

En  relación  con  el tema, se tiene que de  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  1º de la Ley 975 de 2005, el  propósito    del    proceso    de    Justicia   y   Paz   es   “…facilitar  los  procesos  de paz y la reincorporación individual o  colectiva  a  la  vida  civil de miembros de grupos armados al margen de la ley,  garantizando  los  derechos  de  las  víctimas  a  la  verdad,  la  justicia  y  la               reparación…”.   

En  desarrollo  de  dicha  finalidad,  el  artículo   5º   de   la   misma   normatividad  dispone  que  “…el  proceso  de  reconciliación  nacional  al  que  dé  lugar  la  presente  ley,  deberá  promover,  en  todo caso, el  derecho  de  las  víctimas a la verdad, la justicia y  la  reparación y respetar  el   derecho   al   debido   proceso   y   las   garantías  judiciales  de  los  procesado…”.   

          Posteriormente,        con       el  propósito de facilitar el  trámite  de reparación de  las   víctimas  del  conflicto  armado  interno,  se  expidió  la  Ley  1592  de  2012,   mediante  la  cual  se  reformó  y  adicionó  la  975  de  2005  y,  además,  se  expidieron otras  disposiciones,  entre  ellas los artículos 17A y 17B,  a   través   de   los  cuales  se  regula  aspectos  significativos en materia de bienes.   

          En  ese  sentido, el mencionado artículo  17A  preceptúa  que serán  objeto  de  extinción  de  dominio  los  bienes entregados, ofrecidos o denunciados por los postulados para  contribuir   a   la   reparación  integral  de  las  víctimas,  así  como los  identificados   por   la   Fiscalía  General  de  la  Nación      en      el      curso     de     las  investigaciones.   

          A    su   vez,   el   artículo  17B  fija  el  procedimiento  para  la imposición   de  medidas  cautelares  sobre  los  bienes  ofrecidos  por  el  postulado,   sean   de  su  titularidad  real  o  aparente,  o  denunciado  como  pertenecientes   al  grupo  armado  organizado  al  margen  de  la  ley  al  que  perteneció,    o   respecto   de   aquellos   que   la   Fiscalía   haya   identificado,   trámite  que  requiere  de  la  realización  por  parte del fiscal  delegado     de    labores    investigativas    en    orden    a    lograr    la  individualización   plena   de  esos  bienes  y  la  documentación     de     las    circunstancias    relacionadas    con    la  posesión,  adquisición y  titularidad.   

          Establece  la  mencionada  disposición,  lo siguiente:   

“…Cuando de los  elementos  materiales  probatorios  recaudados  o  de la información legalmente  obtenida  por  la  Fiscalía, sea posible inferir la titularidad real o aparente  del  postulado  o  del  grupo armado organizado al margen de la ley, respecto de  los  bienes objeto de persecución, el fiscal delegado solicitará al magistrado  con  funciones  de  control  de  garantías  la  programación  de una audiencia  preliminar  para  la  solicitud  y  decisión  de  medidas cautelares, a la cual  deberá  convocarse  a  la  Unidad  Administrativa  Especial para la Atención y  Reparación   Integral  a  las  Víctimas  Fondo  para  la  Reparación  de  las  Víctimas.  En  esta  audiencia  reservada,  el  fiscal delegado solicitará sin  dilación  al magistrado adopción de medidas cautelares de embargo, secuestro o  suspensión    del    poder    dispositivo    sobre    los    bienes…”.   

         Este    precepto    también    hace  mención a la forma cómo  se  materializa  la  medida cautelar, e indica que en  todo    caso    los   bienes   serán   puestos   a  disposición  de  la  Unidad Administrativa Especial  para  la  Reparación Integral de las Víctimas,  entidad que tendrá la calidad  de    secuestre   y   estará   a   cargo   de   la  administración            provisional,  hasta  tanto  se  profiera  sentencia de extinción de dominio.   

         

         Además,  acorde con lo establecido en  el  artículo  11C  de la Ley 975 de 2005, la Unidad  Administrativa   Especial   para   la   Atención  y  Reparación   Integral   a   las   Víctimas,  debe  participar  en  labores  de  alistamiento de los bienes susceptibles de ser cautelados.   

         En  relación  con  medidas  cautelares sobre bienes al interior del  proceso  de  Justicia  y  Paz,  la  Sala  ha  precisado  que  se  fundamentan en  “…la   necesidad  de  garantizar  desde  un comienzo los efectos de una sentencia futura en virtud del  peligro  o  amenaza  inminente  por la tardanza que conlleva un proceso hasta su  terminación  (periculum  in  mora),  ya  que  se  pueden  distraer los bienes y  sustraerse  así  del  cumplimiento  de  las  obligaciones  para  la fecha de la  sentencia…”.   

          Implica  lo  anterior  que  la  imposición  de  medidas  cautelares  procede  respecto  de  los  bienes  entregados,  ofrecidos o denunciados por los  postulados  para  contribuir  a  la  reparación integral de las víctimas, como  también  sobre aquellos identificados por la Fiscalía General de la Nación en  el  curso  de  las  investigaciones,  siempre  que  sea  posible  inferir que su  titularidad,  real o aparente,  corresponde  al  postulado  o  al  grupo  armado  al  margen  de  la ley al cual  pertenecía.   

Lo  expuesto en el entendido que el trámite  previsto  en  la Ley 795 de 2005, incluye la posibilidad de que los “…terceros  que  se  consideren  de  buena  fe  exenta  de culpa con derechos sobre los bienes cautelados…”   se  opongan  a  la  solicitud  mediante  el  ejercicio  del  incidente  establecido  en el artículo 17C de la misma normatividad, acorde con  el  cual  aquéllos  tienen  la  posibilidad  de aportar las pruebas que estimen  necesarias para lograr el levantamiento de las medidas decretadas.   

De  allí  se  desprende que la petición de  medidas  cautelares,  de acuerdo con su naturaleza protectora, debe ser resuelta  sin  la  intervención  de  los afectados con ella y por consiguiente, que no es  susceptible  de  oposición,  precisamente  porque tal posibilidad contraría su  esencia,  lo  cual  no  significa,  desde luego, que sea factible desconocer los  derechos de posibles terceros de buena fe.   

En   tales   condiciones,  ciertamente  el  postulado  puede  ofrecer  bienes  que  se  encuentren  a  nombre  de  terceros,  afirmación  que  debe  ser  creíble, en cuanto ha de entenderse que constituye  una  extensión  de  su  versión  libre,  manifestación  que constituye prueba  sumaria  de los actos de dominio y posesión que ejerce sobre los inmuebles, sin  que  resulte  relevante que aparezcan documentalmente como de propiedad de otras  personas,  pues  de  lo  contrario  asume todas las consecuencias que se deriven  porque   finalmente   no   ingresen   al   Fondo  para  la  Reparación  de  las  Victimas.   

En  torno  al  concreto  asunto sometido a  consideración  de  la  Sala,  corresponde  precisar  inicialmente      que      independientemente      de     la     denominación  que  quiera  darse  a  las  manifestaciones  del  postulado  Jorge  Iván  Laverde  Zapata,  alias  “El  Iguano”,  en el curso de la  versión  libre  en  torno  al  predio  rural  denominado  “Parcela  7 La Javilla”, esto es si se trató  de  un  ofrecimiento  o de una denuncia del bien, pues lo cierto es que se está  en  presencia  de  un bien que estuvo vinculado a una persona perteneciente a un  grupo  armado  ilegal y que fue referenciado en diligencia de versión libre por  el   postulado,   de  donde  surge  que  lo  realmente  relevante  para definir el asunto es determinar si  se  reúnen  o  no  las  exigencias  previstas en el  artículo  17B  de la Ley 975 de 2005 para afectarlo  con   la   medida   cautelar   solicita   sobre  el  mismo.   

En ese orden de ideas, encuentra la Sala que  contrario  a  lo  señalado por la Magistrada del Tribunal de primera instancia,  los   medios   de   conocimiento   aportados   por   la  Fiscalía  permiten  inferir razonablemente que el  inmueble   en   comento   continúa  en  la  esfera  de    dominio    del  desmovilizado      Laverde      Zapata.   

Así,  se sabe  que  en  el  mes  de  noviembre  de 2002  Jorge  Iván Laverde Zapata, alias “El Iguano”, integrante del  Bloque  Catatumbo  de  las  Autodefensas Unidas de Colombia, adquirió el predio  rural  denominado  “Parcela  7 La Javilla”, ubicado en el corregimiento Agua  Clara   del  municipio  de  Cúcuta,  compra  que  fue  financiada  con  dineros  provenientes  de  su  actividad ilícita, y según se informó en el curso de la  audiencia  reservada,  dichos  terrenos  fueron utilizados en algún tiempo como  centro para las operaciones criminales de la organización.   

Igualmente  aparece  acreditado  que  en  la  negociación  se  hizo  figurar en calidad de comprador al progenitor de Laverde  Zapata,  esto  es  a  Jorge  Laverde  Valencia,  quien además no obstante haber  fallecido  el  25  de  septiembre  de  2003, según el certificado de libertad y  tradición  allegado  aparece  transfiriendo  la  propiedad  en  favor de María  Dolores Durán Granados el 17 de julio de 2004.   

Respecto  a  dicho  trámite, Laverde Zapata  indicó  que  luego de la muerte de su padre vendió la finca a Omar Quintero en  $110.000.000.oo  o  115.000.000.oo,  que no se enteró a nombre de quien la puso  ni  como  realizó el trámite, ya que el comprador le dijo que no se preocupara  “…que   él   se   encarga  de  eso…”,   y   agregó   que   en   consecuencia   “…si  hay alguna firma tiene que estar falsificada o algo, yo recibí  el dinero…”.    

Informó que Omar Quintero formó parte del  Bloque   Catatumbo   de   las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia  como  pagador  “…o  sea  que  yo  le entregaba los dineros a él  para  que pagara las tropas del grupo, pero era una persona común y corriente y  se  hizo  amigo de las autodefensas, lo que no sé qué (sic) si se desmovilizó  o no…”.   

A  su  vez, María Dolores Durán Granados,  quien  el  17  de  julio  de  2004  fue  inscrita como propietaria del predio en  cuestión,  puso  en  conocimiento  que  la  “Parcela  7 La Javilla”, le fue  regalada  a  ella  y  su  esposo  por Omar Quintero. Indicó que en el año 2010  vendieron  el  predio  en  $60.000.000.oo a un sujeto conocido como “Nano o El  Peludo” (Leonardo Fabio Barrera Santos).   

Además, se observa que si bien en julio de  2004  la  propiedad  fue  inscrita  a  nombre de María Dolores Durán Granados,  surge  evidente  que  la  compradora  en verdad no obtuvo el predio para sí con  recursos   propios,   y   por   consiguiente,  eventualmente  podría  deducirse  que   para  esa  época  continuaba   en  la  esfera  de  dominio  de  la  organización  ilegal  al cual pertenecía el donante Omar  Quintero, en cuanto se trató de un caso de testaferrato.   

Posteriormente,  el 26 de julio de 2010, el  inmueble  fue  adquirido  por  Leonardo  Fabio  Barrera  Santos  en  la  suma de  $60.000.000.oo,  respecto  de  quien se sabe, acorde con los elementos de juicio  aportados  por la Fiscalía, pertenecía a la banda criminal “Los Rastrojos”  desde  el  año  2009,  al  punto  que  en  su contra se formuló acusación con  preacuerdo  por  el  delito de concierto para delinquir agravado como integrante  de  la  mencionada  organización  ilegal,  donde  se desempeñaba en calidad de  “financiero”,   acusación   en   la   cual   igualmente  se  concluyó  que  “….de  los  medios de convicción recopilados por  la  Fiscalía,  se  puede  colegir  que  por  parte  del  acusado  NO  SE OBTUVO  INCREMENTO   PATRIMONIAL   fruto   de   los   delitos   por   los  que  ha  sido  acusado…”.   

Manifestó  María  Dolores Durán Granados  que  la  venta fue realizada de manera libre y voluntaria, sin que se presentara  ninguna clase de presión o amenaza para ello.   

Por último, el 12 de junio de 2013 Leonardo  Fabio  Barrera Santos vendió el predio a Damaris Smith Tarazona y su compañero  Guzmán    Ochoa    Pérez    en    la   suma   de   $300.000.000.oo.   

Respecto  a  la  anterior  secuencia de  tradiciones  en  relación  con  el predio vinculado al trámite, se tiene que la  representante    de   la   Fiscalía   adelantó   la  investigación  pertinente  en  orden  a  determinar la situación de terceros y  presentó  elementos materiales probatorios que dejan en entredicho la manera en  que  Smith  Tarazona y su esposo adquirieron la finca, por no haber actuado bajo  los  cánones  que  demanda  el concepto de buena fe exenta de culpa en cuanto a  conciencia  y  certeza,  es  decir que la Fiscalía cumplió con la carga que le  era exigible.   

Lo anterior toda vez que el señor Leonardo  Fabio   Barrera   de   quien   se   dice   era   miembro  de  “…una  bacrim…”,  para  los  efectos de  esta  actuación  necesariamente  ha  de considerarse como una parte más de esa  cadena  de  tradición  que  buscaba  proteger  el  predio en beneficio bien del  postulado  Laverde  Zapata o de Omar Quintero quien lo adquirió como integrante  del  Bloque  Catatumbo  de  las Autodefensas Unidas de Colombia, al punto que la  venta  realizada por éste a Damaris Smith Tarazona, no tiene ningún sentido ni  explicación lógica.   

Precisamente   por   ello  la  representante    de    la   Fiscalía   dedica   su  intervención  a  otorgar  plena  credibilidad  a lo  manifestado   por   Leonardo  Fabio  Barrera  Santos,  esencialmente     en     cuanto     afirma    que  realizó   la   venta   directamente   y   que   en  ningún         momento         actuó     a     través  de  representante,  contrario  a lo  manifestado  por los compradores Damaris Smith Tarazona  y su compañero Guzmán Ochoa Pérez.   

En  tales  circunstancias,  adquiere   eficacia  demostrativa  la  versión  de Barrera Santos  acerca  de  que  sí conoció a los compradores Damaris Smith Tarazona y Guzmán  Ochoa  Pérez  y  por  consiguiente  las  contradicciones  de  éstos  ponen  en  evidencia  que  no  cuentan con una justificación admisible respecto a la forma  en que adquirieron la finca.   

Ahora,  si  bien  la  influencia  de  las  autodefensas   en   la   zona   era   de   público  conocimiento,  según  lo  anota  la  Fiscal  y  los  demás impugnantes, no es  admisible  la posición de los compradores respecto a  que   desconocían   tal  circunstancia.   

Todo  lo dicho  permite   determinar,   por   lo   menos   con   base   en   los   elementos  de  convicción  que  aportó  la   representante   de   la   Fiscalía,      que     es     posible  inferir  en  esta  oportunidad que la titularidad del bien,  real  o aparente, corresponde  al   postulado   o   al   grupo   armado   al   margen   de   la   ley  al  cual  pertenecía.   

Lo  anterior  no  implica  que  se esté emitiendo pronunciamiento alguno respecto a la calidad  de  tercera de buena fe a la persona que aparece inscrita como propietaria, pues  si  bien  existe  la  posibilidad  que  se  trate de un caso de testaferrato por  tratarse  de  un  bien  perteneciente  a  las Autodefensas Unidas de Colombia en  cuanto  la  prueba  allegada por la peticionaria indica la posible relación del  predio  con esa organización armada ilegal, existe en el ordenamiento jurídico  el  escenario  propicio  para  debatir  dicha  situación,  esto  es el trámite  previsto  en  el  artículo  17C  de  la  Ley  795  de  2005, acorde con el cual  aquéllos  tienen  la  posibilidad de aportar las pruebas que estimen necesarias  para lograr el levantamiento de las medidas decretadas.   

En   suma,   la  Sala  encuentra  que  la  determinación  recurrida, en cuanto no impuso las medidas cautelares reclamadas  por   la  representante  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  debe  ser  modificada,  y  en  consecuencia,  a  la Corte no le  queda   camino   diferente   al   de   revocar    la   decisión   de   la   Magistrada   de   control   de  garantías  de  la  Sala  de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  Superior de  Bucaramanga.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.            REVOCAR   la  decisión  adoptada por una Magistrada de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  y  en  su  lugar,  DECRETAR  las   medidas  cautelares  de  embargo,  secuestro  y  suspensión  del  poder  dispositivo  sobre  el  derecho  de  dominio del predio  denominado  “Parcela  7  La  Javilla”,  ubicado  en la vereda Agua Clara del  municipio  de  Cúcuta,  identificado  con  la  matrícula  inmobiliaria número  260-7939.   

          2.  COMISIONAR  a  los  Fiscales de la  Subunidad    Élite   de   Persecución  de Bienes para la Reparación de las  Víctimas      para      la     práctica  del  secuestro,  con  facultades para sub comisionar en los  Fiscales de Apoyo.   

3. Contra esta  decisión     no    procede    ningún recurso.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

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