15825jun

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15825  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 109  

          Santafé   de   Bogotá,   D.   C.,  veintisiete  de  junio  de  dos  mil.   

VISTOS  

          Examina  la  Corte  el  recurso  de  reposición  propuesto  por  el  defensor  del  ciudadano MILTON PERLAZA ORTIZ, reclamado en extradición por los  Estados  Unidos de América, en relación con el auto fechado el 24 de noviembre  de  1999,  por  medio  del  cual  se  rechazaron  por  improcedentes las pruebas  solicitadas por el mismo recurrente.   

          No  hubo  manifestaciones  formales durante el término de traslado,  aunque  el  Procurador  Primero Delegado en lo Penal (E) pone a disposición dos  (2)  documentos  que  le  envió  el  ciudadano  PERLAZA ORTIZ, por medio de los  cuales  éste  insiste  en  que  es  arbitrario  que  no se le haya vinculado al  proceso número 33.390.   

         

FUNDAMENTO DEL RECURSO  

          La impugnación ofrece los siguientes argumentos:   

          1.   El  impugnante  rememora  que,  de  acuerdo  con  anterior  decisión  de  la  Corte  adoptada dentro de este mismo trámite (5 de agosto de  1999),  durante  el  período  probatorio de la intervención judicial solamente  pueden  solicitarse  pruebas  relacionadas con los elementos correspondientes al  objeto  del concepto que incumbe a la Corporación, conforme con la descripción  que  hace  el artículo 558 del Código de Procedimiento Penal.  Agrega que  una  vez  emitido  el  concepto  judicial,  sin  posibilidad  de  recurrirlo, el  expediente  pasará inexorablemente al Gobierno Nacional para tomar la decisión  del  caso, sin que exista la oportunidad de un término adicional para solicitar  pruebas ante el mismo y presentar alegatos.   

          2.   En razón de las mencionadas circunstancias adversas, dice  el  impugnante,  se  vio  compelido a solicitar unas pruebas durante el período  probatorio  que  se  cumple  ante  la  Corte,  medios  que si bien no pueden ser  estimados  en  su  valor  por  dicha Corporación, podrán ser apreciados por la  administración,  pues  no  de otra manera podrían considerarse las cosas en un  Estado  de  Derecho  regido  por  el  postulado  de  la  prevalencia del derecho  sustancial,  y  sujeto  a  la  observación  de los criterios de la equidad, los  principios  generales  del  derecho y el debido proceso (Const. Pol., arts. 228,  230 y 29).   

          Si  ello  no es así, pregunta el recurrente cuál sería el momento  procesal  oportuno  para  presentar  y  controvertir  las  pruebas  que no hacen  referencia  a  la  materia  concreta descrita en el artículo 558 del Código de  Procedimiento Penal?.   

          3.   Para  sustentar la conducencia de las pruebas “dirigidas  al  buen  gobierno  del  Señor  Presidente  y  sus  Ministros”, el impugnante  expone:   

          3.1   La  reciprocidad  es  un  principio  general  de  derecho  internacional,    que    hace    parte    del    ius  cogens   y,  por  ende,  de  imperativa  aplicación,  conforme  con el artículo 35 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los  Tratados  (ley  32  de  1985).   Así  entonces, como no hay duda de que el  principio  de  reciprocidad existe y debe existir en materia de extradición, si  los  Estados  Unidos  de  América  valoran las pruebas que otro país le aporta  para  solicitarle  una extradición, igual posición debe asumir Colombia cuando  es  requerida  en el mismo sentido por las autoridades de aquél Gobierno.   Es  lo  que  se  propone demostrar con las solicitudes que hizo en los numerales  1°, 2°, 4°, 7° y 8° de su memorial inicial de pruebas.   

          3.2   Las  pruebas  solicitadas  en los puntos 3, 5, 6, 10, 11,  20,  21  y 22, si bien no están relacionadas con el objeto materia del concepto  de  la  Corte,  si  se  orientan  a demostrar que el señor PERLAZA ORTIZ ya era  investigado  en Colombia, cuando se produjo la solicitud de captura con fines de  extradición,  razón  por  la  cual  lo  cobija la prohibición de extraditarlo  prevista en el artículo 565 del Código de Procedimiento Penal.   

          3.3   A  través de las pruebas pedidas en los numerales 12, 13  y  17,  dice  el  recurrente,  se  propone  pedir al Gobierno que condicione una  eventual  entrega  de  su  defendido a los Estados Unidos de América, pero como  ante  la  administración  no  existe  período  probatorio,  se  ve precisado a  hacerlo  desde  ahora  ante  la  Sala,  con  el  fin  de que ésta las ordene en  salvaguarda  del  debido  proceso  y  la  equidad.   Es más, el recurso de  reposición   contra   la  resolución  ejecutiva  que  decide  el  trámite  de  extradición,  tampoco  daría  la oportunidad de pruebas, pues el mismo siempre  debe decidirse de plano.   

          3.4    La   Fiscalía  General  de  la  Nación  se  ha  negado  sistemáticamente  a vincular a MILTON PERLAZA ORTIZ al proceso radicado número  33.390  (hoy,  40.302), adelantado en Colombia por los mismos hechos, a pesar de  que  en  relación  con  las  21  personas que están privadas de la libertad en  dicha  actuación,  se  afirma que lo están por sus conversaciones con aquél o  por  la  representación  del  mismo.  Aunque los fiscales en su renuencia,  sin  duda  han  incurrido  en  los  delitos  de  prevaricato  por  acción o por  omisión,  lo  cierto  es  que  en  las  distintas  resoluciones  o conceptos de  respuesta  a  las  solicitudes  de  vinculación,  siempre dan a entender que se  trata  de  los  mismos  hechos,  pues  se cuidan de vincular a su defendido a la  investigación  para  no  perturbar  el trámite de extradición, como parte del  acuerdo  que  se  intuye  entre  Colombia  y los Estados Unidos de América para  enviar  nacionales  a  que  sufran  vejámenes  y tratos crueles en el país del  norte.   

          De  modo  que,  por  medio  de la prueba reseñada en el numeral 19,  pretende  el  recurrente  demostrar  que su protegido es investigado en Colombia  por  los  mismos  hechos, motivo por el cual debe darse aplicación al artículo  565 del Código de Procedimiento Penal.   

          3.5   De  igual manera, solicita que se reponga la negación de  la  prueba  solicitada  en  el  numeral  9,  pues, si el artículo 558 exige una  identificación  plena  del  requerido,  el documento de identidad es apenas una  parte  de  ella y la plenitud sólo se alcanzaría con el establecimiento de sus  rasgos físicos.    

          A  ello  contribuye  el  reconocimiento  visual  solicitado, el cual  podrá  ser practicado por expertos del C. T. I., el DAS o la Policía Nacional,  quienes  deberán  dictaminar si su defendido es en realidad una persona de tipo  hispánico,  de  ojos  claros  y  de  pelo  carmelito,  como  lo  dijo la agente  norteamericana  JESSICA  MASON,  o  por  el  contrario, se trata de un individuo  afroamericano,  de  pelo  negro,  ojos cafés y boca pequeña.  Además, el  requerido  en  extradición  no  es  hijo  de  ninguna señora AMPARO ORTIZ y no  nació en Buenaventura (Valle) sino en El Charco (Nariño).   

CONSIDERACIONES  

          Como   el   mismo   recurrente   lo  admite,  las  apreciaciones  de  conducencia  de  la  prueba  expuestas en los numerales 3.1 a 3.4, si bien hacen  parte  de  la  motivación  para rogar su práctica, finalmente van dirigidas al  Gobierno  Nacional,  único  órgano encargado de decidir sobre las materias que  tratan  de  apoyar  dichos  medios  de  convicción.   Sólo  la  objeción  dispuesta  en  el  numeral 3.5, que atañe a la identidad plena del requerido en  extradición,  hace  parte  de  la preparación del objeto del concepto judicial  previsto en el artículo 558 del Código de Procedimiento Penal.   

          Pues   bien,   en   relación   con   el  tema  de  la  reciprocidad,  como premisa asumida por el  recurrente  para  fundar  la  insistencia  en  las pruebas solicitadas, la Corte  determinó  en  el  auto  de  4 de mayo del año en curso, con ponencia de quien  ahora cumple igual función, lo siguiente:   

“Ahora   bien,   es   cierto   que   la  “reciprocidad”,   al   lado   de   la  “equidad”  y  la  “conveniencia  nacional”,  son  los  fundamentos  sobre  los  cuales  debe promover el Estado  Colombiano   “la   internacionalización   de   las   relaciones   políticas,  económicas,  sociales  y ecológicas” (Const. Pol., art. 226).  También  es  verdad  que  la  extradición,  como  método  de  asistencia y cooperación  judicial  entre  los  Estados y que tiende a evitar la impunidad de los delitos,  es  también  una  manera de evidenciar las relaciones  políticas entre los países.   

“Sin  embargo,  en  el  caso  colombiano,  cualquier  condición  que  se  proponga  nuestro país como Estado requerido en  materia  de  extradición, bien por razones de mayor o menor gravedad del delito  (Convención  Única  de  Estupefacientes de 1961); o porque con el mecanismo se  pueda   propiciar   una   discriminación  racial,  religiosa,  política  o  de  nacionalidad  (Convención  de  Viena  de  1988);  o  por  motivos  de  igualdad  soberana,   reciprocidad,   equidad   o  conveniencia  nacional,  sólo  incumbe  examinarla  al  Gobierno Nacional, en virtud de la naturaleza mixta del trámite  de  extradición  en nuestro ordenamiento jurídico, según el cual el Ejecutivo  no  sólo  autoriza  inicialmente  para  proceder  sino  que  también adopta la  decisión  final  (C.  P.  P., en su orden, arts. 552, 547, 548 y 559), conforme  con  la  regla  constitucional  de  que  el  Presidente  de la República, en su  condición   de   jefe   de  Estado,  jefe  del  gobierno  y  suprema  autoridad  administrativa,  es el encargado de dirigir las relaciones internacionales (art.  189-2)”.   

          Por  otra parte, el artículo 550 del Código de Procedimiento Penal  dispone    que    “el    Gobierno    podrá  subordinar  el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas…”,  e igualmente el artículo 557 prevé  que  el  concepto negativo de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  es obligatorio para el Gobierno, pero a la vez  advierte  que  el  positivo  “lo  dejará  en  libertad  de  obrar  según  las  conveniencias nacionales (el  resalto no lo hace el texto).   

          Dentro  de la estructura gubernativo-judicial-gubernativo que regula  legalmente  la extradición en Colombia, es apenas obvio que la Corte Suprema de  Justicia  deba  su función jurisdiccional básicamente al principio de estricta  legalidad,  por  ello su actuación no puede ir más allá de los artículos 549  y   558   del   Código   de  Procedimiento  Penal,  mientras  que  la  función  administrativa   del   Ejecutivo   se   dispone   con   una   mayor  libertad  o  discrecionalidad  reglada  para  examinar  los  casos  en  que  condicionará la  extradición   a   motivos   de   reciprocidad,  igualdad  soberana,  equidad  o  conveniencia nacional.   

          De  modo  que si la mayor parte de los aspectos reivindicados por el  impugnante  están librados a una facultad discrecional del Gobierno, acorde con  el  nivel de las relaciones internacionales y/o de las conveniencias nacionales,  cuya  dirección y manejo corresponden exclusivamente a él, no podría la Corte  violentar  dicha  potestad  mediante  la  ordenación  de pruebas que, bien como  medio  ora como resultado, puedan llegar a confundir las competencias judiciales  y  administrativas  bien  delimitadas  dentro  del  trámite de extradición, en  congruencia   con   la   naturaleza   de   cada   uno   de   los   órganos  que  intervienen.   

          Precisamente  el carácter más flexible de otros aspectos distintos  a  los previstos en los artículos 549 y 558 del Código de Procedimiento Penal,  eximen  el trámite de extradición de otro período de discusión probatoria de  la  administración con las partes interesadas, sin perjuicio de la racionalidad  y  sensatez que deben exhibir las decisiones de cualquier autoridad en un Estado  de Derecho.   

          Mención  separada  merece  la  prohibición legal del artículo 565  del  C.  de  P.  P.,  según  la  cual  no habrá lugar a extradición cuando la  persona  cuya extradición se solicita, esté investigada o haya sido juzgada en  Colombia  por  el  mismo  delito.   Como  se  trata  de un asunto netamente  objetivo   o  de  pura  contradicción  jurídica,  no  ha  menester  el  debate  probatorio  al  cual  aspira  el  recurrente,  pues  radica como obligación del  Gobierno  allegar  las respectivas constancias para establecer si se procede por  los   mismos   hechos,   bien   por   iniciativa   propia   o   a  instancia  de  parte.   

          Ahora  bien,  la  inexistencia  legal  de  una  actividad probatoria  completa,  diferente  a la del momento judicial de la extradición, así como la  elasticidad  gubernativa  en  la  consideración  de  condiciones  o  razones de  conveniencia,  no  inhiben  a  la  administración  (ni siquiera la eximen) para  documentarse   o  recopilar  o  recibir  suficiente  información  antes  de  la  decisión  final, si el caso lo requiere, pues, al fin y al cabo, su tarea es la  de  la aplicación del Derecho como empresa racional que, a diferencia de lo que  ocurre  con  otras  como  la  ciencia, sólo cuentan los hechos que pasan por el  tamiz  de  una  presunción  razonable  o  de  reglas  sobre  valoración  de lo  probado.   

          Cualquier  arbitrariedad  que  pueda  advertirse en esta materia, lo  reitera  hoy  la  Corte,  no  tiene controles previos o posteriores por parte de  esta  Corporación,  aunque  sí  proceden  los  recursos  propios  de  la  vía  gubernativa     o     la     revisión     rogada     de     la    jurisdicción  contencioso-administrativa.   

          Por  último,  la  Corte  reitera la superfluidad del reconocimiento  visual  del  solicitado  en  extradición,  pues,  la  “plena identidad” del  mismo,   no   exige   siempre   una   suma   de   la   identidad  nominal  y  la  individualización,  como  lo  alega el recurrente, dado que puede bastar una de  las  dos,  salvo  el  caso de duda razonable sobre la autenticidad de documentos  como  la  cédula de ciudadanía y el pasaporte, que en este caso se tuvieron en  cuenta  para dicha identificación.  Se agrega que algunas imprecisiones en  la  declaración  de  la  agente  especial JESSICA S. MASON, en cuanto a ciertos  rasgos  físicos  del  requerido,  se ve compensada cuando ella misma afirma que  tuvo  a la vista una copia de la cédula de ciudadanía del solicitado, provista  de   foto,  y  lo  identifica  como  MILTON  PERLAZA  ORTIZ,  a  quien  observó  personalmente  durante  operaciones de vigilancia en Nueva York (cuaderno N° 2,  fs. 2).   

          No procede la reposición del auto impugnado.   

          En  mérito de lo antes dicho, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          No  reponer  el  auto  fechado el 24 de noviembre de 1999, por medio  del  cual  se  rechazaron  las pruebas solicitadas por el defensor del requerido  MILTON PERLAZA ORTIZ.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

No hay firma  

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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