15676jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15676  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON   

APROBADO  ACTA  No.  097  (12  de  junio  del  2000)   

         Santa  Fe  de  Bogotá, D.C., veintiuno  (21) de julio del año dos mil (2000)   

VISTOS  

         La  Corte se pronuncia sobre el recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  Fiscal  Primero  Delegado ante el Tribunal  Superior  de  Sincelejo  contra  la  sentencia  del  17 de febrero  de  1999,  mediante  la  cual  una   Sala  Penal de Decisión de la Colegiatura  mencionada,  integrada  por conjueces,  absolvió al doctor RAMIRO EZEQUIEL  PEREZ  BARBOZA,  a  quien  se  le  había acusado por el delito de prolongación  ilícita de privación de la libertad.   

HECHOS  

1. ANTECEDENTES MEDIATOS  

                                   

          1)  El  19  de  octubre  de  1995,  la  Policía  aprehendió a los  señores  GENOVEL  ENRIQUE PANIZA SUAREZ, LEOVIGILDO  MANUEL DIAZ ALVAREZ y  LUCAS  HOVER NORIEGA HERNANDEZ, quienes fueron sorprendidos con un arma de fuego  carente  de  salvoconducto,  mientras  se  desplazaban  en  una  chalupa  por la  ciénaga  del  corregimiento  de  Piñalito.  Informaron los gendarmes que tales  personas,   además,   habían   sido   reconocidas   como   autoras  de  varios  hurtos.   

          2)  Al día siguiente, los capturados fueron puestos a disposición  de  la Fiscalía y la Coordinación de la Unidad Seccional abrió investigación  en la misma fecha, es decir, el 20 de octubre de 1995.   

          3)  El  1o. de noviembre del mismo año, la Fiscalía Delegada ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito  de Magangué, les resolvió la situación  jurídica  y les impuso medida detentiva, sin excarcelación, por los delitos de  concierto   para   delinquir  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa  personal.   

          4)  El  21  de  noviembre  de  1995,  el defensor de los sindicados  solicitó  celebración  de audiencia especial con fundamento en el artículo 37  A   del  código  de  procedimiento  penal,  y  el  15  de  enero  de  1996  fue  desarrollada.  En  ella,  la  Fiscal  Seccional 13 de Sucre -Sucre- les formuló  como  cargos  hurto calificado y porte ilegal de armas, los procesados aceptaron  y  con  base  en  las  reducciones  por  confesión  y  por  acudir al mecanismo  alternativo  solicitado,  habló  de  una  pena  de  24 meses que permitiría la  libertad en razón de la condena de ejecución condicional.   

          5)  El  17  de  enero  de  1996,  la  Fiscalía dispuso remitir las  diligencias  al  Juzgado  Promiscuo del Circuito de Sucre -Sucre-, “para lo de  su  cargo”,  y  puso  los  detenidos  a  disposición  de  éste en la cárcel  nacional   “Camilo   Torrez”   de   Magangué.  Seguidamente,  comunicó  lo  decidido   al Director del centro de reclusión y con oficio del mismo día  informó  al  Juez  Promiscuo   que  los procesados PANIZA, DIAZ y NORIEGA,  quienes   se   hallaban   afectados  con  medida  detentiva  sin  excarcelación  “…quedarán  a  disposición  de  ese  despacho judicial en la cárcel   antes mencionada”.   

          6)  El 18 de enero de 1996, el Secretario del Juzgado Promiscuo del  Circuito  de  Sucre -Sucre- comunicó al Juez sobre la recepción del proceso, y  el  1o. de febrero del mismo año, el doctor RAMIRO PEREZ BARBOZA, titular   del  Despacho,  dictó  una  resolución  en  la  que  resolvió  lo  siguiente:  primero,    declarar  nulo  todo  lo  actuado a partir, inclusive, del  auto  que definió la situación jurídica; segundo, devolver el expediente a la  Fiscalía  13  de  Sucre  -Sucre-  para que repusiera la actuación; y, tercero,  notificar  la  decisión a los procesados, para lo cual comisionó al Juez Penal  Municipal  de Magangué, en razón a que los sindicados se hallaban detenidos en  esa  ciudad.   El  Juez  motivó  su  resolución en varios puntos. Uno: la  Fiscalía,  al  resolver  la situación jurídica, omitió lo relacionado con el  hurto  calificado  y agravado, hecho punible confesado en las indagatorias; dos:  la  pena  fijada  fue  incorrecta  porque  al  dosificar  con  fundamento en los  mínimos  se  va en contravía de lo establecido por el artículo 26 del código  penal.  Al contrario, dijo, “…se debió imponer la pena más grave aumentada  hasta  en  otro tanto, tal como lo ordena la ley”; tres: no era viable reducir  la  pena  dos veces, por confesión y por aceptación de la responsabilidad pues  “…la  una  como  la  otra  son  sinónimos”;  y  cuatro:  resultado  de lo  anterior,  no  era  procedente  la condena de ejecución condicional. Agregó el  Juez  PEREZ  BARBOZA  que como consecuencia de lo anterior se había quebrantado  el  debido  proceso  y  que  ello, unido a la circunstancia de que no se habían  hecho   cargos   por   el   concierto   para   delinquir,   generaba  causal  de  nulidad.   

          7)  El Juez 1o. Penal Municipal de Magangué, en cumplimiento de la  comisión  anunciada, notificó la decisión a los procesados el 6 de febrero de  1996.   

          8)  El  15  de  febrero de 1996, el doctor PEREZ BARBOZA respondió  una  solicitud  al  Director  de  la  cárcel  nacional  de  Magangué, en estos  términos:   “En  atención  suyo,  sin número, fechado a 14 de febrero,  del  año  en  curso donde reclama la formalización de la detención preventiva  de  los señores GENOVEL ENRIQUE PANIZA SUAREZ, LEOVIGILDO MANUEL DIAZ ALVAREZ y  LUCAS  HOVER NORIEGA HERNANDEZ, me permito manifestarle que debido a una nulidad  decretada  por  este  despacho,  se ordenó devolver el expediente a la FISCALIA  SECCIONAL  TRECE,  radicada en este circuito, por tanto dichos sujetos, a partir  de  la  fecha,  quedarán a órdenes de dicha Fiscalía; y será ésta la que se  encargará  de  legalizar  su  detención.-  Dicho  proceso en estos momentos se  está enviando a la ya citada Fiscalía”.   

          9)   Recibido   el  expediente,  la  Fiscalía  de  Sucre  mediante  resolución   del  16  de  febrero de 1996 optó por desconocer los efectos  jurídicos  de  la  decisión  tomada  por el Juez Promiscuo del Circuito con el  argumento  de  que  éste no podía inmiscuirse en las decisiones tomadas por la  Fiscalía   y  dispuso mantener vigente la medida de aseguramiento impuesta  el  1o. de noviembre de 1995, pero ajustándola a los delitos de porte ilegal de  arma  de  defensa  personal  y  hurto  calificado,  con  las  agravantes  de los  numerales  5,  6,  9  y  10 del artículo 351 del código penal, providencia que  comunicó  a  los sindicados y al Director del establecimiento carcelario.   Luego  de  agotado  el  trámite  procesal  de  rigor,  calificó el mérito del  sumario    con   resolución  acusatoria  por  los  hechos  punibles  antes  referidos  y  remitió el proceso al Juzgado Promiscuo del Circuito de Sucre por  competencia.   

          10)   Durante   la  causa,  los  procesados  solicitaron  sentencia  anticipada,  petición  que  fue  negada  con  base en que  a tal instituto  sólo se podía acudir  una  vez.   

          11)  En  el  término  de traslado del artículo 446 del código de  procedimiento  penal,  los procesados so­licitaron  la  nulidad  de  lo  actuado  a  partir  de la audiencia  especial  o  que,  en  su defecto,   el Juez PEREZ BARBOZA se separara  del  conocimiento  del  proceso.  Sustentaron  lo  primero en que el Funcionario  Judicial  se había  extralimitado en sus facultades al conocer del acuerdo  de  la  audiencia  especial,  y  lo  segundo  en  que le estaba vedado continuar  conociendo  de la actuación después de no compartir el acuerdo de voluntades a  que     llegaron     quienes     par­ticiparon   en   aquella  diligencia.  Este  planteamiento  no  fue  aceptado por el doctor PEREZ BARBOZA.   

          12)  Los procesados apelaron la resolución y su defensor sustentó  el  recurso. Conoció del tema, entonces, el Tribunal de Sincelejo, Corporación  que  el  19  de  diciembre  de  1996 declaró la nulidad de lo actuado a partir,  inclusive,  del  proveído  del  1o.  de  febrero  de  1996, emanado del Juzgado  Promiscuo  del  Circuito de Sucre -Sucre-, otorgó la libertad provisional a los  sindicados  y  dispuso  compulsar  copias  contra la Fiscal 13 y contra el Juez,  doctor  PEREZ  BARBOZA.  Respecto de este, estimó que aunque la decisión sobre  nulidad  que había tomado no era “descabellada”, debió tratar de hacer las  correcciones  pertinentes  o  improbar  el acuerdo en vez de anular la relación  procesal  y  que,  fundamentalmente,  pudo haber incurrido en violación de  los  artículos  272/3 del código penal al dejar sin efecto la medida detentiva  y no otorgar a los procesados la libertad.   

2. ANTECEDENTES INMEDIATOS  

                                   

          Con  base  en las  copias compulsadas, se realizó lo siguiente:   

1)  El  19  de febrero de 1997, la Unidad de  Fiscalía   Primera   Delegada   ante   el  Tribunal  de  Sincelejo  (S)  abrió  investigación  preliminar.  Luego  de  obtener  copia  del trámite del proceso  adelantado  contra  los  señores  NORIEGA HERNANDEZ,  DIAZ ALVAREZ y   PANIZA   SUAREZ,   de   acreditar   documentalmente   la   calidad  de  servidor  pú­blico del doctor PEREZ  BARBOZA  para  la  fecha  de  sus  actuaciones  y  de  oírle   en versión  libre,  el 30 de abril del mismo año abrió investigación.   

          2) El sumario quedó conformado así:   

          2.1)   Constancia  de  la  Secretaria  del  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de Sucre -Sucre-, en el sentido de que en tal Despacho sólo se había  conocido  un  caso  de  audiencia  especial,  precisamente el relacionado con el  proceso adelantado contra los señores PANIZA, DIAZ y NORIEGA.   

          2.2)  Escrito  del  Secretario  General  del Tribunal de Sincelejo,  quien  basado en la hoja de vida del doctor PEREZ BARBOZA certificó que este no  había  recibido diplomas ni certificaciones sobre su participación en cursos o  seminarios  de  capacitación  en  materia  de  “Terminación  anticipada  del  proceso”.   

          2.3)    Indagatoria    del    doctor    RAMIRO    EZEQUIEL    PEREZ  BARBOZA.   

          2.4)  Resolución que definió la situación jurídica del Juez con  imposición  de  conminación,  “…como  probable  autor del hecho punible de  detención  arbitraria  en  la modalidad de prolongación ilícita de privación  de la libertad…”.   

          2.5)  Copia  de  la  versión  libre  y  espontánea rendida por la  doctora  ANGELA  CASTRO  MONTES, Fiscal 13 Seccional de Sucre -Sucre-, dentro de  otra  averiguación,   y  su declaración dentro del proceso seguido contra  el Juez PEREZ BARBOZA.   

          2.6)   Constancia  sobre  los  textos  jurídicos  y  material  didáctico  que  como  dotación  oficial  ha  sido  entregado  por  el  Consejo  Seccional de la Judicatura al Despacho del doctor PEREZ BARBOZA.   

          2.7)  Declaración  del  doctor JORGE ALFREDO MONTES SERRANO, quien  como  defensor  público  tuvo  la representación de los tres sindicados dentro  del proceso que conoció el doctor PEREZ BARBOZA.   

          2.8)  Declaración  del  doctor REMBERTO HERRERA BARRETO, Personero  Municipal  de  Sucre -Sucre-, quien intervino en la celebración de la audiencia  especial    que    posteriormente   fuera   conocida   por   el   doctor   PEREZ  BARBOZA.   

          2.9)   El  30  de  septiembre  de  1997,  la  Fiscalía  cerró  la  investigación  y  el  3  de  junio  de 1998 calificó el sumario con acusación  contra  el  doctor  PEREZ  BARBOZA,  “…como  probable  autor responsable del  delito  de  DETENCION  ARBITRARIA  en  la modalidad de Prolongación ilícita de  Privación  de  la  Libertad,  contemplado  en  el  libro  segundo,  título  X,  capítulo  II  del  Código Penal Colombiano”.  Sustentó su decisión en  que  el Juez al declarar la nulidad de lo actuado desde el auto que resolvió la  situación  jurídica  de los implicados debía otorgarles la libertad y que, al  contrario,  nada  dijo sobre ello, con lo cual, “…  sin  razón  jurídica  valedera,  extendió la privación de la libertad de los  afectados más allá del término legalmente permitido”.   

          3)  El  juicio fue tramitado por una Sala de Conjueces del Tribunal  Superior  de  Sincelejo.  Luego  de  silencio total frente a las finalidades del  artículo  446  del  código  de  procedimiento  penal, y celebrada la audiencia  pública,  el  Tribunal  produjo  sentencia absolutoria. Para cimentar su fallo,  expresó lo siguiente:   

          3.1)  De  las  palabras  del  acusado y de las declaraciones de los  testigos  ALFREDO  MONTES SERRANO y REMBERTO HERRERA BARRETO se desprende que el  Juez  imputado  mantuvo  detenidos  a  los  tres  procesados  pero sin querer la  realización del hecho punible, vale decir, por error.   

          3.2)  La actuación del Juez corresponde “a los parámetros de la  culpa  y  los  errores  de  conducta”.  Pero como el artículo 273 del código  penal    sólo    reprime    la    modalidad    dolosa,   es   improcedente   la  condena.   

                                   

                Un Magistrado de la Sala  salvó  el  voto,  argumentando  que existía prueba suficiente para condenar al  acusado  y que no se podía absolver con el argumento simplista del error porque  el  Juez,  a  voluntad,  retrotrajo la actuación a una fase en la que sabía se  debía otorgar la libertad.   

LA  APELACION  

                    El Fiscal  Delegado  ante  el  Tribunal  impugnó  la  decisión de primera ins­tancia,       haciendo     la  sustentación  del  recurso  por  escrito.  El Ministerio Público y el Defensor  también  se  pronunciaron,  en  uso  del  traslado  a  los no recurrentes. Así  fijaron sus argumentos.   

          1)  El  Fiscal  Delgado  ante el Tribunal           propuso a la Corporación  la  revocatoria del fallo de primera instancia, y la consiguiente condena, sobre  estas bases:   

          1.1)  La  conducta  del  Juez no equivale a un simple descuido sino  que    constituye   algo   más   into­lerable  jurídicamente,  pues su comportamiento se puede calificar  de  verdadero  “exabrupto”,  producto  no  del error  sino de un actuar  injusto,  acompañado  de la voluntad e intención de no evitar un resultado que  se quiso, lo que origina  dolo eventual.   

          1.2)   La   experiencia del procesado hace suponer en él  los  conocimientos elementales sobre el manejo de la libertad y de la nulidad en  los procesos penales.   

          A  pesar  de  ser consciente de la privación de la libertad, de la  pérdida  de  eficacia  de la medida de aseguramiento y del requerimiento que le  hizo  el  Director  de  la  cárcel   para  que  legalizara  la  situación  jurídica  de  los reclusos, se limitó a trasladar la responsabilidad que se le  reclamaba  a  la  Fiscalía.  Es  decir,  nada  le importó la continuidad de la  privación de la libertad, sin soporte.   

               2)  El Ministerio Público hizo  propios  los  planteamientos  de  la  Fiscalía. Advirtió, en resumen, que a lo  largo  del  proceso  había insistido en que  una vez decretada la nulidad,  se  imponía  la liberación de los detenidos porque declarada aquélla, perdía  vigencia  la  medida  de aseguramiento.  Como no  obró así, de hecho  el   Juez   los   mantuvo  en  la  cár­cel   y,  sin  embargo,  a  sabiendas  de esta particularidad,  permitió   la  situación,  no  obstante que en sus manos estaba la debida  solución.    Agregó   la   falta  de  eficacia  probatoria   de  los  testimonios  de  REMBERTO  HERRERA  y  JORGE  ALFREDO MONTES en rela­ción   con   la   conducta  ilícita  imputada al doctor PEREZ BARBOZA.   

                   3)  El  Defensor  del  procesado fundamentalmente sostuvo esto:   

         

          3.1)   En la argumentación de la Fiscalía no se encuentra el  motivo       de       la      incon­formidad  con la sentencia absolutoria, pues no desvirtúa el punto  álgido  de  la  cuestión  debatida.                                                                                                          

                                   

                     3.2)  No  está  demostrada  la  certeza  del  hecho  punible  y  la  responsabilidad  del  sindicado.  Basta  señalar  que  su versión libre y su indagatoria no han sido  contradichas  por ningún medio de prueba, por lo que la atribución del dolo no  aparece ni remotamente comprobado.   

          3.3)   Aún   aceptando   hipotéticamente   la   tipicidad   y  la  antijuridicidad  de  la  conducta,  no  habría  lugar  a la responsabilidad por  cuanto    que   la   acción   se   en­cuadraría  en  la  culpa  y  no en el dolo. Pero, aún más allá,  tampoco  es  posible sostener la culpabilidad del procesado por la existencia de  la  casual  exclu­yente de  aquella,  conforme  con  lo  dispuesto en el numeral cuarto del artículo 40 del  código     penal.                       

                                                       

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

1. PRESUPUESTOS  

1)  De  acuerdo con el artículo 247 del C.  de.  P.  P.,  solo  es  posible  proferir  sentencia  condenatoria cuando exista  certeza  del  hecho  y de la responsabilidad del procesado, es decir, si aparece  totalmente  demostrada la tipicidad, la antijuridicidad y la culpabilidad por el  delito  imputado. Si se comprueba lo contrario, vale decir, si la prueba enseña  a  plenitud  que no concurre uno o varios de los elementos de la infracción, es  obligante  la  absolución;  y si la prueba conduce a la incertidumbre judicial,  emerge  la  duda, que lleva también a la absolución, conforme con el artículo  445 del código de procedimiento penal.   

2) El procesado es el doctor RAMIRO EZEQUIEL  PEREZ  BARBOZA, nacido en Corozal, portador de la cédula de ciudadanía número  3.835.209  del  mismo  lugar,  de 52 años de edad para la fecha de la injurada,  casado,  abogado,   padre  de  dos hijos y  residente en la carrera 25  No.  27-07  de su ciudad natal. Ha ejercido los cargos de Juez Segundo Civil del  Circuito  de  Sincelejo, encargado, entre el 1o. de diciembre de 1991 y el 31 de  marzo  de  1992; Juez Promiscuo del Circuito de Sucre, en propiedad, entre el 16  de  marzo de 1990 y el 15 de marzo de 1997; y Juez Promiscuo del Circuito de San  Marcos,  encargado,  a  partir   del  16  de marzo de 1997. El doctor PEREZ  BARBOZA  es  una  varón de 1.68 metros de estatura, de contextura gruesa, color  moreno  claro,  ojos  cafés  claros,  cejas  pobladas,  labios delgados, orejas  medianas,  nariz  recta, pelo liso y mas o menos canoso, rostro redondo, miope y  paciente de astigmatismo.   

3)  El doctor PEREZ BARBOZA fue acusado por  la  comisión  del  delito  varias  veces  recordado. Desde el principio, en tal  sentido se ha venido pronunciando la justicia. Veámoslo.   

3.1)  El  19 de diciembre de 1996,  el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo   conoció de la apelación que se había  interpuesto   contra   la   resolución   del  21  de  agosto  del  mismo  año,  dictada   por  el  Juez  Promiscuo  del  Circuito de Sucre, quien se había  abstenido  de  decretar  una  nulidad  pedida por los procesados NORIEGA, DIAZ y  PANIZA.  En  esa  decisión,  el  Juez  colegiado,  entre otras cosas, compulsó  copias  contra el Juez PEREZ BARBOZA y contra la Fiscal 13, en razón de que sus  comportamientos,  podrían constituir un ilícito contra la libertad individual,  e hizo referencia a los artículos 272/3 del código penal.   

3.2)  La Fiscalía Primera Delegada ante el  Tribunal  de  Sincelejo  resolvió  la  situación  jurídica  del  doctor PEREZ  BARBOZA  el  31 de julio de 1997 y le impuso medida de conminación “por  el  delito  de  detención  arbitraria  en  la modalidad de  prolongación  indebida  de  privación de la libertad…de que trata y sanciona  el Título X Capítulo II Libro Segundo Código Penal…”.   

3.3)  El 30 de septiembre de 1997, la misma  Fiscalía  cerró la investigación. En los estudios previos a la calificación,  el  Ministerio  Público  solicitó acusación con base en que inexplicablemente  el  Juez,  tras  declarar  la  nulidad,  no dispuso la libertad inmediata de los  procesados,  lo  que  conduce  a  tipificar  su conducta en el artículo 273 del  código  penal.  Agregó  que poco importaba el que hubiera declarado la nulidad  en  vez  de  optar  por otra vía y el que tanto él como los testigos HERRERA y  MONTES  SERRANO  aludieran  a  un  posible  error  judicial, pues el reproche se  hacía  por  la omisión respecto de la libertad y no por la juridicidad o no de  la  medida  anulatoria tomada. El defensor del doctor PEREZ  BARBOZA, en la  misma   fase,  pidió  preclusión  de  la  instrucción,  fundamentalmente  por  “ausencia     total    de    dolo” o, subsidiariamente,  por error sobre el tipo.   

3.4)   El  Fiscal  profirió  resolución  acusatoria  el  3  de junio de 1998, por prolongación ilícita de privación de  la  libertad  con  fundamento en que decretada la nulidad los procesados debían  gozar  de  la  libertad  y,  sin  embargo,  el  Juez omitió hacerlo, con lo que  “…extendió  la  privación de la libertad de los  afectados   más   allá   del   término   legalmente  permitido”  (Fls. 155 a  166).  Desechó toda posibilidad de error,  primero   porque   mirados   los  autos  dictados  por  el  Juez,   muestra  conocimiento  del  tema;  segundo,  porque  no  se  le  reprocha  infracción al  trámite  previsto en los artículos 37 y 37A del código de procedimiento, sino  su  conducta  consistente  en  no  haber  otorgado la libertad a los procesados;  tercero,  por cuanto advertido por el Director de la cárcel optó por persistir  en  su comportamiento cuando le respondió a éste que la Fiscalía legalizaría  la  actuación;  y  cuarto,  porque  se  trata  de  un  Funcionario  que  por su  trayectoria   está   preparado   y  conoce  la  normatividad  constitucional  y  legal.   

4)   El  doctor PEREZ BARBOZA  en  sus  descargos  tanto  en  versión  como  en  indagatoria  explicó  que había  decretado  la  nuli­dad a  partir   de   la   providencia   que  impuso  la  detención  preventiva  a  los  proce­sados  porque  la  Fiscalía  había  desconocido  el  debido  proceso,  ya que al defi­nir  la  situación  jurídica  sólo  había  considerado  dos delitos de los cuatro que a su entender se cometieron y  en  la  audiencia  especial  se  pasó  por  alto  el  delito  de concierto para  delinquir.  Añadió  que  no  decretó  la  libertad  de los deteni­dos por falta de conocimiento respecto  de  los  temas  relativos  a  la  terminación  anticipada  del  proceso,  y que  asumió    el   convencimiento   que   la   resolución   que  “definió    la    situación   jurídica   de   ellos   era   el  calificatorio” y que el cierre de la investigación  quedaba  vigente.  Por  ello informó al Director de la Cárcel que la Fiscalía  legalizaría  la  detención  de  los  procesados.   Aceptó  que  el hecho  ocurrió  a  consecuencia  de  un  error  de  buena  fe, pues no fue su voluntad  mante­ner detenidos a los  procesados para ocasionarles daño.   

2. EL ASPECTO OBJETIVO DEL DELITO  

El artículo 273 del código penal define el  delito  imputado  al  doctor  PEREZ  BARBOZA  en  estos  términos: “El  empleado  oficial  que prolongue ilícitamente la privación  de  libertad  de  una persona, incurrirá en arresto de seis (6) meses a dos (2)  años y pérdida del empleo”.   

A  partir de la descripción transcrita, se  analiza  ahora  la  conducta  desplegada  por  el  señor  Juez durante aquellos  días,    frente   a   cada   uno   de   los   elementos  exigidos  por  la  norma.   

1.1. El autor.  

Para   la   época   de  los  hechos,  el  doctor   RAMIRO  EZEQUIEL  PEREZ  BARBOZA  ejercía  las  funciones de Juez  Promiscuo  del Circuito de Sucre, Departamento de Sucre. Así se desprende de su  versión  (Fl.  36); de su indagatoria (Fl. 57); de la copia del acta de acuerdo  836,  del  21  de noviembre de 1991, emanado del Tribunal Superior de Sincelejo,  por  medio  del cual fue elegido (Fl. 32);  del certificado expedido por el  Secretario  General  del  mismo  Tribunal  (Fl.  33),  y de la copia del acta de  posesión (Fl. 55).   

Las  calidades  requeridas  para  el sujeto  activo por el tipo mencionado se cumplen.   

1.2. El bien jurídico.  

El  delito  de  prolongación  ilícita  de  privación  de  la  libertad,  forma  parte  del  capítulo segundo, del título  décimo  del  libro  segundo del código penal, conjunto normativo que tutela el  bien jurídico de la libertad.   

El  derecho  fundamental  a  la libertad de  locomoción,   de   rango   constitucional   y   legal,   puede  ser  disminuido  excepcionalmente  por  ejemplo cuando se realiza una probable acción u omisión  delictiva.   Sin embargo, aún en este evento, la ley ha sido muy cuidadosa  al  exigir que esa reducción del derecho esté totalmente encauzada y para ello  ha  establecido  muchas  precauciones,  vgr., fijar los motivos y las maneras de  capturar;  establecer  los  requisitos y los términos para oír en descargos al  aprehendido;  sentar las bases sustanciales, formales y temporales para detener;  determinar  los  plazos  más  allá  de los cuales se impone la liberación del  capturado;   crear  los  soportes o fundamentos de cada medida limitativa o  restrictiva   de la libertad, etc. Como se observa en la Constitución y en  la  ley,  entonces,  el  legislador  ha  sido  sumamente cauteloso y escrupuloso  cuando  se  impone  la  necesidad  de  coartar  por  mandato legal  el bien  jurídico  de  la libertad.  A ese ánimo garantizador se debe el que en el  código  de  procedimiento  penal  todo  lo  relacionado  con la desmejora de la  libertad  esté  exactamente  regulado,  perfectamente delineado y estrictamente  definido,  inclusive  de  manera  expresa, como para no dejar posibilidades a lo  tácito,  presunto  o implícito.  Y la consecuencia del desobedecimiento a  la  ley precisa y patente también es nítida: vulneración objetiva del derecho  a la libertad.   

En  el  asunto que ocupa la atención de la  Sala, es claro que:   

1)  El día 1o. de noviembre de 1995 la  Fiscalía  23  Delegada  ante  los  Juzgados  del  Circuito  profirió medida de  aseguramiento  contra  LEOVIGILDO  MANUEL  DIAZ  ALVAREZ, GENOVEL ENRIQUE PANIZA  SUAREZ  y  LUCAS  HOVER  NORIEGA  HERNANDEZ e informó de ello al Director de la  cárcel  indicándole  que  no se les había otorgado la excarcelación (Fl. 58,  anexo).   

2)  El 22 de noviembre del mismo año,  el  Funcionario  remitió las diligencias a la Fiscalía Seccional Delegada ante  el  Juzgado Promiscuo del Circuito de Sucre a la vez que afirmó en su decisión  que   los  detenidos  quedarían  a  disposición  del  nuevo  fiscal  (Fl.  73,  anexo).   

3)   El Servidor judicial destinatario  del  expediente,  una  vez  lo  recibió  ofició al Director de la cárcel  para    que    mantuviera    los    detenidos   a   órdenes   de   “esta    fiscalía”    (Fl.   76).   

4)  Celebrada  la  audiencia  especial,  la  Fiscalía  13  dispuso remitir las diligencias al Juzgado Promiscuo del Circuito  de  Sucre  y  poner  a  disposición  de éste a los procesados (Fl. 94, anexo),  orden  que  concretó  con  los  oficios  031  y  032,  del 17 de enero de 1996,  dirigidos  al  Director  de  la  cárcel  y al Juez Promiscuo del Circuito,  respectivamente (Fls. 95/6, anexo).   

5)  El día 18 de los mismos mes y año, el  secretario de este despacho comunicó al juez.   

6)   El  doctor  PEREZ  BARBOZA,  en  resolución  del 1o. de febrero de 1996, declaró la nulidad de lo actuado desde  la  medida  detentiva,  dispuso devolver el expediente a la fiscalía una vez en  firme  su  proveído  para que repusiera la actuación, y notificar por medio de  comisionado a los procesados (Fls. 99 a 101, anexo).   

7)   En dicha resolución no dijo nada  sobre    la   situación   “física”  de  los  sindicados, razón por la cual el 14 de febrero de 1996,  según  se  deduce  del  Fl.  106  del  cuaderno  anexo,  el director de la  cárcel   le   ofició   para   reclamarle   “…la  formalización  de  la  detención  preventiva de los señores…” (Fl. 106, anexo).   

8)   A  lo  anterior,  el  Juez  PEREZ  BARBOZA   respondió   al   día  siguiente  en  estos  términos:  “…me  permito informarle que debido a una nulidad decretada por  este  despacho,  se  ordenó devolver el expediente a la FISCALIA SECCCIONAL 13,  radicada  en  este  Circuito, por lo tanto dichos sujetos, a partir de la fecha,  quedarán  a  órdenes de dicha fiscalía; y será ésta la que se encargará de  legalizar  su detención. Dicho proceso en estos momentos se está enviando a la  ya  citada  Fiscalía” (Fl. 106, anexo) ( subraya la  Sala).   

9)  El mismo 15 de febrero de 1996, el  Secretario   del   Juzgado   entregó   el   proceso   a   la   Fiscalía  (Fls.  107/8).   

10)  El 16 de febrero de 1996, la Fiscalía  desconoció  los  efectos  jurídicos  de la resolución dictada por el Juez del  Circuito,  restableció  la vigencia de la medida detentiva, la adicionó con el  delito  de  hurto  calificado-agravado,  excluyó  de la misma el concierto para  delinquir,  dispuso  que  los  procesados  siguieran  privados  de la libertad a  órdenes  suyas  (Fls. 113 a 118, anexo) y en tales sentidos ofició al Director  del centro carcelario (Fls. 111 y 112, anexo).   

De  lo  anterior se desprende, con nitidez,  que  entre  el  1o. de febrero de 1996, día en que fue decretada la nulidad que  cobijaba  la  resolución  que imponía detención sin excarcelación, y el día  16  de  febrero  del mismo año, cuando la Fiscal 13 ofició a la cárcel,   los  señores  PANIZA,  DIAZ y NORIEGA,  estuvieron ilegalmente privados de  la  libertad  pues  no  pesaba contra ellos resolución judicial toda vez que la  que  existía  había  sido  objeto  de  anulación.  Desde  el  punto  de vista  objetivo,  pues,  no  hay duda sobre la lesión al bien jurídico de la libertad  individual, durante quince días, en forma continua.   

1.3.  La prolongación “ilícita” de la  privación de la libertad.   

Entre el 1o. de noviembre de 1995 y el 31 de  enero  del  año siguiente, los señores PANIZA, DIAZ  y NORIEGA estuvieron  jurídicamente   privados   de   su  libertad  porque  sobre  ellos  recaía  la  resolución  de  detención que había proferido la Fiscalía. Al ser anulado el  proceso,  se imponía su liberación pues desaparecía el fundamento legal de la  limitación  de  la  libertad.  Como el Juez no lo hizo, fácil resulta concluir  que  la  actuación  conforme  a  derecho  cesó ese 1o. de febrero de 1996 y se  convirtió,  desde  allí  y  hasta  el 16 de febrero de 1996, en una actuación  contraria a derecho, por fuera de la ley.   

La   “ilicitud”   de   la  prolongada  privación de la libertad resulta de lo siguiente:   

1)  En virtud del artículo 387 del código  de  procedimiento penal, una vez oído el procesado en indagatoria, o vencido el  término   o  los  términos  correspondientes,  el  Funcionario  Judicial  debe  resolver  su  situación  jurídica, profiriendo medida de aseguramiento, si hay  mérito   para  ello,   u  ordenando  de  manera  pronta  la  libertad  del  imputado.    

Es  claro,  entonces,  que si dentro de los  lapsos  legales  no  existe  medida  de  aseguramiento, se impone la liberación  inmediata  del  oído  en  indagatoria, y como el doctor PEREZ BARBOZA anuló el  proceso  desde la resolución detentiva, inclusive, conclúyese que desde cuando  lo  hizo  se  extinguió  la  razón  jurídica  de  la  detención  y  que, por  consiguiente,  era  imperativa  la  orden  de libertad. Expresado de otra forma,  puede  decirse que, con motivo de la anulación de la medida detentiva, entre el  momento  en  que  fueron oídos en indagatoria los tres imputados, 25 de octubre  de  1995, y aquel en que fue declarada la nulidad del proceso, 1o. de febrero de  1996,  transcurrieron  muchos  más días de aquellos que establece el artículo  387  del código de procedimiento penal para resolver la situación jurídica de  persona  capturada  y,  por  tanto,  era  imprescindible disponer la libertad de  PANIZA, DIAZ y NORIEGA.   

2)  El artículo 398 del mismo estatuto, de  otra  parte,  obliga  al  Director  de  la  cárcel  a  reclamar  al Funcionario  Judicial,  de  inmediato,  la orden de detención o de libertad,  apenas se  hayan  vencido  los  términos  para  oír  en  indagatoria  o  para resolver la  situación  jurídica,  y  a liberar a la persona privada de la libertad si  dentro  de  las doce horas siguientes no obtiene la orden de encarcelación. Por  ello,  luego  de  la  notificación que de la decisión de nulidad se hizo a los  procesados  en  la  cárcel nacional de Magangué,  el Director de ésta se  dirigió  al  Juez pidiéndole la “formalización de  la detención preventiva”.   

Del  contenido  de  la  disposición citada  también  surge  imperioso  concluir que aquello relacionado con la detención o  la            libertad             se           debe           “formalizar”   al  encargado de  la  privación  física  de  la libertad, no solamente cuando se profiere medida  detentiva  o  se  dispone  la  libertad  sino, como es obvio, cuando se anula un  proceso que incluye la detención previamente ordenada.   

3) El inciso 1o. del artículo 383  del  código      de      procedimiento      penal,      denominado      “Libertad     inmediata     por     captura     o    prolongación        ilegal            de              privación          de              la              libertad”,   dispone  que “Cuando la captura  se  produzca o prolongue con  violación  de  las garantías constitucionales o legales, el funcionario a cuya  disposición    se    encuentre    el    capturado,    ordenará    inmediatamente        su              libertad” (  resalta la Sala).   

Observada de nuevo la actuación del doctor  PEREZ  BARBOZA,  resulta evidente que cuando anuló la medida detentiva dejó el  proceso  en  fase  tal  que  renacía  el simple estado de captura pues que nada  legalizaba     la     “detención”  ,  no obstante el largo tiempo transcurrido.  Por tanto, por  mandato   legal            expreso, le competía, ahí mismo, en su  decisión   anulatoria,  disponer  la  libertad  de  los  procesados.  No  puede  olvidarse  que  la  fijación  de  términos  para  resolver  sobre el estado de  captura es toda una garantía ciudadana.   

1.4. La conducta.  

Como  se  extracta  de  todo el expediente,  concretamente  de  la  resolución  emitida  el  1o. de febrero de 1996 y de sus  propias  palabras al aceptar la actuación reprochada en versión e indagatoria,  el  doctor  PEREZ BARBOZA fue la persona que prolongó  la privación de la  libertad  de  los procesados, primero al no pronunciarse de manera inmediata, en  la  misma  decisión, sobre la libertad de ellos;  segundo, al no comunicar  pronto  al  Director  de  la  cárcel   sobre la situación en que quedaban  jurídicamente  después de la anulación;  y tercero,  al limitarse a  diferir     la     “legalización”  de la situación a la Fiscalía 13. Toda el comportamiento, pues,  fue  obra  del Juez acusado y por lo tanto el núcleo que rige el artículo 273,  el  prolongar  ilícitamente  la privación de libertad, a él se le acredita en  su integridad.   

1.5. Los sujetos pasivos.  

Quienes sufrieron la prolongación indebida  de  su  privación de libertad fueron los señores PANIZA SUAREZ, DIAZ ALVAREZ y  NORIEGA  HERNANDEZ,  personas  que resultaron injurídicamente disminuidas en su  derecho a la locomoción libre.   

Con  lo  expuesto  hasta  aquí,  se tiene  demostrado  el  aspecto  objetivo  del  delito  de  prolongación ilícita de la  privación  de  libertad, afirmación íntegramente aceptada por el doctor PEREZ  BARBOZA.   

3.    EL    ASPECTO    SUBJETIVO    DEL  DELITO   

El  delito que se imputa al doctor PEREZ  BARBOZA  sólo  puede  ser cometido a título de dolo, es decir, se requiere que  al  obrar  el  autor tenga conciencia de que actúa típica y antijurídicamente  respecto  de  una definición específica, y que de manera voluntaria desarrolle  ese  conocimiento  y  ofenda  el interés que protege el legislador. En palabras  similares,  con  la  jurisprudencia de la Corte, el dolo es el aspecto subjetivo  de  la  infracción;  se  califica   como  la plena conciencia que tiene el  sujeto  activo  de  que  con su acción viola la ley penal (14 de marzo de 1961,  G.J.T.  XCV,  No.  2238,  p.  171);  significa la realización de un hecho   penalmente   antijurídico   con   conocimiento  de  su  típica  ilicitud,  con  conciencia  de  su  antijuridicidad y con voluntad de ejecutarlo (9 de agosto de  1983,  M.  P.  Dr. Alfonso Reyes Echandía ), e implica,  como expresamente  lo  establece el artí­culo  36  del  C.P., el conocimiento de que se está cometiendo un hecho punible, y se  quiere  su  realización,  independientemente de que el autor se proponga causar  perjuicio  a otra persona con dicha conducta ilícita ( 7 de marzo de 1989, M.P.  Dr.  Jaime  Giraldo Angel. G.J.T. CXCIX -primer semestre-, No. 2438, ps. 151/2).   

El doctor PEREZ BARBOZA no actuó con dolo.  Estas son las razones que llevan a la Sala a hacer la afirmación.   

1. De ninguna parte del expediente resulta  que  hubiera tenido conciencia de su actuar contrario a la ley, concretamente de  su  comportamiento  referible con pleno conocimiento al artículo 273 del C. P.,  por  la vía del obrar opuesto al mandato de los artículos 383-1, 387 y 398 del  C.  de. P. P. Así mismo, ninguna prueba indica que,  sabiendo lo anterior,  hubiera   dirigido   su   conducta   hacia  el  quebrantamiento  de  las  reglas  mencionadas.  Sin  conciencia  y voluntad de vulnerar la ley, entonces, no puede  haber dolo.   

2.   El   doctor  PEREZ  BARBOZA  es  un  funcionario  judicial  de  trayectoria,  se ha desempeñado bastante tiempo como  juez  y  se  encuentra en plenitud física y mental. Ese tiempo como servidor de  la  justicia,  en  principio,   le  debe  hacer conocedor de las normas, en  especial  cuando  se trata de aquellas expresamente previstas por el legislador.  Sin  embargo,  nótese  cómo no siempre se ha dedicado a las labores propias de  la   justicia  penal.  En  efecto,  ha  ejercido  los  cargos  de  Juez  Segundo  Civil  del Circuito de  Sincelejo,  encargado,  entre  el  1o.  de diciembre de 1991 y el 31 de marzo de  1992;  Juez  Promiscuo Penal  del  Circuito  de  Sucre,  en propiedad, entre el 16 de marzo de 1990 y el 15 de  marzo   de   1997;   y   Juez   Promiscuo  del  Circuito  de San Marcos, encargado, a partir  del 16 de  marzo  de  1997.  Siendo  así,  si  su  exclusividad  no  es  el derecho penal,  conclúyese  que  se  le debe exigir bastante frente al ordenamiento,  más  no  lo  mismo, sin consideración alguna, que a una persona dedicada solamente a  la  ciencia  jurídico  –  penal.   

          3.  Según  se desprende del expediente, el doctor PEREZ BARBOZA no  tiene  ninguna  relación con los señores PANIZA SUAREZ, DIAZ ALVAREZ y NORIEGA  HERNANDEZ.  Si bien el conocimiento o la vinculación con la persona víctima de  un  comportamiento  no  forma  parte del dolo frente al tipo analizado, es claro  que  tal  circunstancia  sí  es  indicativa de ausencia total de ánimo lesivo.  Bastaría  preguntar qué motivo habría podido llevar al  juez a prolongar  la  privación  de  la  libertad  de los procesados. Y ese motivo o razón no se  detecta en parte alguna.   

          4.   Lo   anterior,   unido  a  las  siguientes  explicaciones  del  funcionario, ratifica la inexistencia del dolo. En efecto:   

          4.1.  En  su  versión  inicial rendida el 7 de abril de 1997, dijo  que  había  tomado la decisión fundamentalmente con base en que al resolver la  situación  jurídica   la  fiscalía  había  dejado  por fuera dos hechos  punibles   y  que  había  pasado  por  alto  lo  relacionado  con  la  libertad  –  de  lo  cual, afirma,  hasta  ahora  caía  en  cuenta-  porque  confundió “…el auto que define la  situación  jurídica  con  el  calificatorio  que  se  hacía  con la audiencia  especial…”  (  Fl.  38).  Añadió  que  estimó  que  era  improcedente  la  liberación  porque  aún  no  habían  transcurrido  180  días,  proceder  que  justificó  exponiendo  sobre  la novedad y el poco uso de lo relacionado con el  artículo  37  –A- del C.  de. P. P.   

          4.2.   En   su  diligencia  de  indagatoria  narró  circunstancias  similares  y  agregó:  “Como  era  la  primera  vez que se nos presentaba una  cuestión  de  esta  índole  pensé que al no decretar la libertad  de los  sindicados  le quedaba el término a la fiscalía, aclaro el término legal a la  fiscalía  para  que  nuevamente  calificara  el proceso dentro de los 180 días  establecidos  por  la  norma”.  Luego  adicionó sus palabras, así: “…era  esta  la  primera  vez  que  se  nos presentaba en el Juzgado el trámite de una  audiencia  especial  jamás he recibido un curso sobre su trámite, y con el fin  de  hacer cumplir la Justicia en esa desolada región de la Mojana y por el celo  de  su  buen cumplimiento y considerando que lo mejor que podía hacer  era  decretar  la  nulidad  de  lo  actuado  procedió  a ello sin tener en cuenta en  realidad   el  artículo  37 A da un trámite diferente al que yo utilicé,  pero  como  bien  lo dice el Tribunal el trámite impuesto en esa providencia no  era del todo descabellado…” (Fls. 59 y 60).    

          5.  Otros  tres  hechos  confirman  la aseveración de la Corte: el  uno,  que  el  Juzgado Promiscuo del Circuito de Sucre no hubiera recibido texto  alguno  sobre  el tema objeto de discusión, para la época en que se pronunció  el  doctor  PEREZ  BARBOZA,  como  lo  hizo  constar  el Consejo Seccional de la  Judicatura  (Fl. 95); otro, que en el Juzgado guiado por el doctor PEREZ BARBOZA  solamente  se  hubiera adelantado un “…caso de audiencia especial…” (Fl.  51);  y,  por  último,  que  al doctor PEREZ BARBOZA no se le hubiera extendido  ningún  certificado ni diploma sobre participación suya en seminarios o cursos  de  capacitación,  en  especial relacionados con la terminación anticipada del  proceso (Fl. 53).   

          Lo  anterior  no  significa que la irresponsabilidad penal se pueda  sustentar  en  la  carencia  de  libros  y en la no programación o asistencia a  conferencias  o seminarios especializados porque se parte del supuesto de que el  juez,  como  cualquier abogado, no solamente ha adquirido un título profesional  sino  que  se  ayuda  en  su  preparación  permanente,  de donde resulta que el  ejercicio  de  la  judicatura no puede depender de que el Estado regale textos y  propicie  constantemente  cursos  de capacitación y de actualización. Pero sí  sirve  de apoyo a las excusas del juez PEREZ BARBOZA. Lo señalado es, entonces,  simplemente  un  auxilio a la narración del juzgador, aparte de que enseña una  realidad que no puede ser desconocida.    

          6.  Y dos testimonios objetivos, que no enseñan razón que permita  restarles   credibilidad,   avalan   las  frases  defensivas  del  doctor  PEREZ  BARBOZA:   

          6.1.  El  profesional  del  derecho  JORGE  ALFREDO MONTES SERRANO,  miembro  de  la  Defensoría  del  Pueblo  Seccional Sucre, fungió en parte del  proceso  como  apoderado de los señores PANIZA, HERNANDEZ Y DIAZ. Tras explicar  que  en  Sucre,  donde  prestó  sus servicios como Juez Promiscuo Municipal, la  tertulia  jurídica   era limitada, expuso su opinión sobre la conducta de  los  servidores   judiciales  que intervinieron en la investigación que se  seguía  a sus clientes con estas palabras: “En lo que al suscrito respecta en  ningún   momento   percibí   que   los  funcionarios  se  comportaran  en  sus  providencias  de  una  forma  predispuesta  sigo convencido que obedecían a una  convicción  jurídica  que eventualmente puede resultar equivocada pero insisto  que  estaban  dentro  del  comportamiento  normal del humano, incluso así se lo  hice saber en alguna oportunidad a mis defendidos…” (Fl. 98).   

         6.2. El doctor REMBERTO HERRERA BARRETO,  quien  actuó  como  Ministerio  Público  dentro del proceso conocido, como que  ejercía  las  funciones  de Personero de Sucre, también declaró para resaltar  que  no  había  hecho  ninguna observación al trámite adelantado por fiscal y  juez,  que  estos habían actuado de buena fe y que de pronto habrían incurrido  en  error  por  desconocimiento  jurídico.  Añadió  que  los  argumentos  que  plasmaban   en  sus  decisiones  eran  respetables  y  que  jamás  obraron  con  intención de perjudicar a los sindicados (Fl. 126).   

          Con  los  anteriores numerales se corrobora la afirmación hecha al  inicio  del  punto  3.  de  las  consideraciones  de esta sentencia en cuanto el  doctor PEREZ BARBOZA no desplegó conducta dolosa.   

          Para  contestar  al señor Fiscal Primero Delegado ante el Tribunal  de  Sincelejo,  quien apeló y, también, al señor Procurador Judicial II Penal  168, quien se aunó al recurso, dígase lo siguiente:   

1) El dolo eventual, modalidad culpable que  acreditan  al  doctor  PEREZ  BARBOZA,  implica,  al  igual que el dolo directo,  conciencia  de ilicitud y, en últimas, asunción del probable resultado lesivo.  Afirmar  esa  especie  de  dolo, sin embargo, se queda allí, porque, como se ha  señalado  en punto del aspecto subjetivo del hecho punible, no goza de respaldo  probatorio.   

          La  prueba  indica,  eso sí, que el doctor PEREZ BARBOZA, con más  cuidado  y diligencia en su diario discurrir jurídico, con más atención hacia  el  cargo  que  desempeñaba,  habría  podido  evitar  aquello que le pasó, es  decir,  la  “confusión”  que,   dice, se le presentó,  pues que,  como  ya  se  expresó,  el juez debe estudiar por sus propios medios, tratar de  actualizarse,  y lograrlo, preocuparse por su formación y estar al día sin que  ello  dependa  exclusivamente de los “cursos”, “seminarios” o libros que  le  pueda  proporcionar el Estado o de las muchas o pocas inquietudes jurídicas  que  surjan en el seno del grupo al cual pertenece. En otras palabras, el doctor  PEREZ  BARBOZA  actuó  con  culpa,  pero  el reproche que merece por ello no lo  coloca  en  el  terreno  de  la  delictuosidad porque el hecho típico que se le  imputó   no   puede   ser   reprobable   bajo   el  título  de  esa  forma  de  culpabilidad.   

2) La respuesta que dio el juez al director  de  la  cárcel  en el sentido de que la fiscalía se encargaría del resto  de  la  actuación,  justamente  demuestra  la “confusión” del procesado en  cuanto  creía  que  el investigador debería continuar pues aún no se habrían  vencido  los  180  días  que  podrían dar lugar a la libertad provisional. Esa  actitud,  en realidad, lo que hace es ratificar la principal excusa blandida por  el juzgador en su versión y en su indagatoria.   

          3)  Y  en  cuanto a la referencia o recuerdo que hace el primero de  los  funcionarios  sobre  lo  esgrimido  por el Ministerio Público en audiencia  respecto  de  la  conducta  del  juez  PEREZ  BARBOZA consistente en que habría  incurrido  en  prevaricato  al  comprometer  con su decisión la resolución que  resolvió  la  situación  jurídica,  basta tener en cuenta que durante todo el  proceso   y,   concretamente,   en   la  acusación,  se  le  imputó  solamente  prolongación ilícita de la privación de la libertad.   

Con fundamento  en  lo  expuesto,  la  Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          1.  Confirmar  la  sentencia  del diez y siete ( 17 ) de febrero de  mil  novecientos  noventa  y  nueve  (1999),  por  medio  de la cual el Tribunal  Superior  de  Sincelejo absolvió al doctor RAMIRO EZEQUIEL PEREZ BARBOZA de los  cargos  que  le  fueran  imputados  por  la  Fiscalía  Primera Delegada ante el  Tribunal de dicha ciudad.   

          2.  Librar  todas  las  comunicaciones  previstas  en la  ley.   

         

Notifíquese y Cúmplase  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA                         

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE         JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

MARIO  MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS     E.    MEJIA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

                                                  No hay firma   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

         

            

                    

               

            

            

          

            

                   

            

                    

                  

          

         

         

                    

          

         

      

      

             

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