14563(21-11-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  14563   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

                                           Magistrado Ponente:   

                                          HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

              Aprobado en acta No. 149   

Bogotá  D.C.,  veintiuno  (21)   de  noviembre                    de                   dos                   mil  dos                                             (2002).   

Decide    la   Sala   el   recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto por la defensora del procesado, Jorge  Luis  Villanueva Prent, contra la sentencia proferida el 27 de enero de 1998 por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla, mediante la cual fue  condenado  a  la  pena  principal  de  25  años  de prisión e interdicción de  derechos  y  funciones públicas por el lapso de 10 años como autor responsable  del delito de homicidio.    

I  ANTECEDENTES   

1.  HECHOS   

El 10 de septiembre de 1995, en la calle 86  con  carrera  9ª  B  de la ciudad de Barranquilla, en horas de la madrugada, se  encontraban  departiendo  varias  personas  en  un  establecimiento  abierto  al  público,       cuando       se      generó      una      discusión      entre  Jorge                   Luis  Villanueva  Pret   y   Emiliano   Bermúdez  Orozco por una  cachucha, de  la  que   el   

primero aducía ser el propietario, en tanto  que  el  segundo  afirmaba que se la había dado a guardar otra persona y que se  la  entregaría  a  la  propietaria  de la taberna para que al día siguiente se  aclarara la situación.   

No obstante, el señor Villanueva insistió  en  que le entregara la cachucha, agrediendo a  Emiliano Bermúdez, sin que  la  intervención  de las demás personas lograra  impedir el desarrollo de  los  acontecimientos,  por cuanto, los dos se atacaron con piedras; BERMÚDEZ   OROZCO  fue  perseguido  por  JORGE  LUIS VILLANUEVA y al  caer,  lo  golpeó  en  la cabeza  en varias ocasiones con un garrote,  ocasionándole  un trauma cráneo encefálico, a consecuencia del cual falleció  por  shock  neurogénico derivado de  contusiones y hemorragias del sistema  nervioso central.   

2.  ACTUACIÓN   PROCESAL   

2.1.  La  Fiscalía Séptima Delegada de la  Unidad  de  Reacción  Inmediata  de  la  ciudad  de  Barranquilla  una vez tuvo  conocimiento  de  los  hechos  practicó   diligencia  de  levantamiento  e  inspección  del  cadáver,  dispuso  la apertura de la investigación ordenando  vincular  mediante indagatoria al sindicado JORGE LUIS  VILLANUEVA.   

2.2. La diligencia de indagatoria se llevó  a  cabo  el  12  de  septiembre,  en la cual el sindicado, asistido por  un  abogado     titulado,     aceptó     haber      discutido    con    el   occiso   por    la gorra, porque   se   negó   a  entregársela,   afirma   que  le   sugirió  a   la   víctima  que  la dejaran en poder de la dueña del  establecimiento  y  al  no  aceptar se transaron en pelea y al sentirse agredido  tomó  un  palo  y  lo golpeó, sin que su intención fuera la de ocasionarle la  muerte.   

2.3.  El  14  de septiembre el procesado le  confiere  poder a la abogada con tarjeta profesional No. 31381, a quien faculta,  entre    otros    aspectos,    para   “arreglar   o  negociar  la  condena  y  todas  aquellas  facultades  inherentes  a  la  defensa de mis intereses” (fl. 24  c.#.1).   

2.4.  El  16  de  septiembre, al definir la  Fiscalía   la   situación  jurídica  del  sindicado  le  profiere  medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva sin excarcelación por el  delito  de  homicidio, resolución contra la cual la defensora interpuso recurso  de  reposición  y  subsidiario  de  apelación.  El  trámite  se  efectúo  de  conformidad    con    el    artículo   200   del   Código   de   Procedimiento  Penal.   

La  recurrente  solicitó  la modificación  de   la  calificación  jurídica  de la conducta por la  de homicidio  preterintencional,  la  revocatoria  de la medida de aseguramiento y su libertad  inmediata;   además,    indicó   que:   “mi  defendido  esta dispuesto a  aceptar  los  hechos  y cumplir con la sanción después de arreglar”     y     finalmente,   solicita  al Fiscal “resolver  en  los  términos señalados por la ley, pues estamos  dispuestos   a   negociar”.  Los  recursos  fueron  resueltos     en     oportunidad     sin     que     la    decisión    sufriera  modificación.   

2.5.  Remitidas las diligencias a la Unidad  de   Vida,   correspondieron  a  la  Fiscalía  Doce  Delegada  que  asumió  su  conocimiento  el  28  de  noviembre  de  1995,  ordenando la práctica de varias  pruebas.   

2.6.  El  6  de  diciembre  siguiente,  la  Fiscalía  cierra   la  investigación y ordena correr traslado para alegar  de  conclusión,  resolución  contra  la cual la defensora interpone recurso de  reposición,  para que sean practicadas otras pruebas tendientes a demostrar que  el  homicidio  es  preterintencional  y  luego,  se   cite  para  audiencia  especial.   

Los  traslados del recurso se efectuaron de  conformidad  con  el artículo 108 del Código de Procedimiento Civil, es decir,  mediante  fijación  en  lista  por  un día y dos días  de traslado a los  sujetos procesales, la Fiscal de conocimiento no revocó el cierre.   

2.7. El 17 de enero de 1996, la Fiscalía 12  Seccional   califica   el  mérito  de  la  investigación  con  resolución  de  acusación  en  contra  de  Jorge   Luis  Villanueva Prent por el delito de  homicidio,  previsto en el artículo 323 del anterior Código Penal, descartando  la  tesis  del homicidio preterintencional. Además, señala la improcedencia de  la   audiencia   especial,    al  no  haberse  revocado  el  cierre  de  la  investigación  como  lo  solicitó  la defensa, decisión que cobró ejecutoria  sin reparo alguno.   

2.8.  La  etapa del juicio correspondió al  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de Barranquilla, despacho que el 6 de febrero  ordenó  el  traslado   previsto   por   el  artículo   446   del  Código de Procedimiento Penal anterior, en el cual la defensora  solicitó  inspección  judicial  en el lugar de los hechos con la presencia del  testigo  de cargo y ampliación de la necropsia para determinar la clase de arma  con  la  que  se  había  ocasionado  la  muerte a la víctima. La primera no se  llevó  a  cabo  por la no comparecencia del testigo citado y  el Instituto  de  Medicina Legal señaló que “en la actualidad no  es  posible  precisar  si  las  lesiones  encontradas en el cadáver del caso en  mención fueron propinadas por palo, piedra o caída…” .   

2.9. Llevada a cabo la audiencia pública en  sesiones  del  6  de junio y 4 de julio  de 1997 con la intervención de la  defensora,  el Juzgado profirió el 24 de octubre siguiente el fallo respectivo,  condenando  a  Jorge  Luis  Villanueva  Prent a la pena principal de 25 años de  prisión  y  a  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por   el   lapso   de   10   años   como   autor   responsable  del  delito  de  homicidio.   

La sentencia fue apelada por el procesado y  la  defensora, recurso  sustentado por esta última, la alzada fue resuelta  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Barranquilla el 27 de enero de 1998  confirmando  la  condena proferida en contra de Jorge Luis Villanueva Prent como  responsable  del delito de homicidio, que ahora es recurrida en casación por la  defensa.   

3.    LA   DEMANDA   

La  defensora  del  procesado presentó dos  escritos,  uno  sustentado  en  la  causal tercera de casación  en el cual  invoca  cinco  cargos  y, el otro, en forma subsidiaria, con fundamento en   la    causal  primera  inciso  segundo  en  el  que  plantea tres  cargos más contra los fallos de instancia.   

CAUSAL TERCERA  

La demandante plantea cinco cuestionamientos  a  la  legalidad del trámite cumplido en el curso del proceso en orden a lograr  la   declaratoria   de   su  nulidad,  los  que  desarrolla  en  los  siguientes  términos:   

1. Primer  Cargo  

Como  primer  cargo  contra  el  fallo  del  Tribunal  aduce  que la Fiscalía desatendió las solicitudes de realización de  audiencia  especial  para negociar la aceptación de cargos, pese a que desde el  mismo  poder  se  hizo  manifiesta la intención del procesado, que  luego,  ratificó  al  interponer  el  recurso  de  reposición  contra  el cierre de la  investigación,  es  decir,  que se elevó la  petición  dentro   de  la  oportunidad  prevista   

por la ley y no tardíamente como lo afirma  el  Tribunal,  por  lo  que  “esta  omisión  a  la  solicitud  genera  nulidad  contemplada en el artículo 304 del C.P.P. causal 2.  La  comprobada  existencia de irregularidades sustanciales que afectan el debido  proceso.   Y   causal   3.  Violación  al  derecho  de  defensa”.   En  consecuencia,  solicita  se  declare  la  nulidad de la  actuación a partir del cierre de la investigación.   

2. Segundo cargo  

Plantea que “el  fallo  se  produjo  en  un  juicio  afectado  de nulidad  puesto que con su  producción  se  violó  el  derecho  de  defensa  y  el  debido  proceso  al no  practicarse  la  inspección  judicial”  por  la no  concurrencia  del  testigo  citado para tal fin. Afirma que de haberse llevado a  cabo  la  inspección judicial en el lugar de los hechos  se  le   hubiera    recibido    declaración   a    la   propietaria   del  establecimiento  y  verificado  la  forma  como el occiso cayó al piso y que el  testigo  Hebert  Gonzalo  Peña  no  pudo  ver   en  que  parte  del cuerpo  golpearon  a  la  víctima,  por lo que la omisión del juez  constituye un  “acto que genera nulidad consagrado en el artículo  304  del  C.  P.P.  causal 3 la violación al derecho de defensa.”   por  lo  que  se  debe  decretar  la  nulidad  a  partir  de  la  audiencia  de juzgamiento.   

3. Tercer cargo  

Como  tercer  cargo  argumenta   que  “La  sentencia  se  produjo en un juicio viciado de  nulidad   puesto que con su producción se viola el derecho de la defensa y  debido  proceso  consagrado  en  el   Art.  29  de  la   Constitución  Nacional  al  no  poner  a  disposición  de  las partes la inspección judicial  practicada  el 10 de septiembre de 1995 como tampoco la aclaración del dictamen  médico   solicitado   en   el   período   de   prueba   en  la  etapa  de  juzgamiento,   como lo ordena  el artículo 270 del C.P.P..”   

Cuestiona  que el concepto del Instituto de  Medicina  Legal  hubiese  llegado  al Juzgado un día antes de la audiencia y no  haya   sido  puesto  en  conocimiento  de  las  partes,  ya  que  no  se  leyó,  impidiéndose   que   se   controvirtiera,    violándose  de  esta  manera  el   debido proceso.   

Igualmente,  afirma  que  “por  efecto de economía procesal en este mismo cargo demuestro que  la  inspección judicial realizada el 10 de septiembre de 1995 practicada por el  FISCAL   SÉPTIMO   DE   LA   URI   CON   LOS   DEL  C.T.I.,   tampoco   fue   puesto   el   resultado  a  disposición   de   las   partes   como  lo  ordena  el  artículo  260  del  C.  P.P.”  .  Luego,  al  procesado  se le violaron las  garantías   constitucionales del debido proceso y la defensa, generándose  las  causales  de  nulidad  consagradas en los numerales 2° y 3° del artículo  304  del  Código  de  Procedimiento  Penal.  Por  lo  que solicita “dejar  sin  valor  el fallo condenatorio dictado por el Tribunal  Superior  del Distrito de Barranquilla y declare nula la actuación del auto que  resuelve  la  situación  jurídica  o  en  su defecto, a partir de la audiencia  pública”.   

4. Cuarto cargo  

En  cuarto  lugar,  expone  que   la  sentencia  se  produjo  en  un juicio viciado de nulidad puesto que se afectaron  las   garantías  constitucionales  del  debido  proceso,  al  no  atenderse  el  procedimiento  que  ordena  la  ley en el traslado  del  recurso  de  reposición    y    en    subsidio  de  apelación,  interpuesto  contra  la  providencia que  resolvía  la situación jurídica, ya que no se realizó la fijación en lista,  establecida en el Art. 108 del C.P.C..   

Afirma  que  esta  situación  genera  una  nulidad  “en  el  debido  proceso”     por  desconocimiento  del  principio de integración, irregularidad que corresponde a  la  causal 2ª  del artículo 304  del C.P.P., motivo por el cual debe  ser  casada  la  sentencia  impugnada  y  en su lugar, decretar la nulidad de lo  actuado  a  partir  de  la  resolución que resuelve la situación jurídica del  sindicado.   

5. Quinto Cargo  

Aduce  que  “El  fallo  se  produjo  dentro  un  juicio  viciado  de  nulidad,  puesto que con su  producción  se  violaron  las  garantías  constitucionales  del debido proceso  y    el   derecho de defensa  consagrado en el Art. 29 de la  C.N.   …  el  no  haberse   ordenado  reconocimiento  médico    siquiátrico     o      en    su    defecto    prueba   de   alcoholemia  a  JORGE  LUIS VILLANUEVA PRENT tal como lo  ordena  el  Art.  262  del  C.P.P.  habida  cuenta de que existían elementos de  juicio  que  permitían  suponer   que cuando aquel realizó el hecho   punible se hallaba borracho.”   

Para  la recurrente esta omisión desconoce  el  principio  de  investigación  integral,  ya  que el sindicado daba muestras  evidentes  de  encontrarse  seriamente  afectado  por sustancias alucinógenas o  embriagantes,  hecho que fue desconocido por el Juez de instancia y el Tribunal.  Concluyendo   que   “considero  violado  el  debido  proceso  generando  nulidad  consagrada  en  el  artículo 304 del C.P.P. causal  segunda  y  3.  “ por lo  que   solicita  “ se  invalide  sentencia  y  se  decrete  la  nulidad de lo actuado desde el auto que  define   la   situación  jurídica.”  .   

CAUSAL   PRIMERA.  VIOLACIÓN INDIRECTA DE LA LEY   

La  casacionista,  en  capítulo   separado,   a  través  de  la  causal  1ª  de  casación  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial formula tres ataques subsidiarios  contra  el  fallo  de  segunda  instancia, “puesto    que    fue   dictado   en   un   juicio   viciado   de  nulidad”.   

Cargos    que  desarrolla en los siguientes términos:   

1. Errónea apreciación de la necropsia. Desconocimiento  del debido proceso y del  derecho de defensa   

La  recurrente   estima  que   se  estructura  una  violación  indirecta,  por la  errónea  apreciación de la necropsia que condujo al desconocimiento del debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa, por cuanto, el procesado fue acusado de un  delito  distinto  al  entender el Fiscal que del contenido de la prueba pericial  se  colegía   que  el  sindicado  había  propinado “cuatro       garrotazos”   al  occiso  en  la  cabeza  cuando  lo  que  se  desprende  de su  contenido   es  que  la  víctima recibió tres golpes en diferentes partes  del  cuerpo en forma leve. Luego, la  intención del sindicado  no era  ocasionarle  la  muerte,  motivo  por el cual la calificación jurídica dada al  caso   es   equívoca,   ya   que   se   tipifica  es  el  delito  de  homicidio  preterintencional,  por  lo  que  pide  “decretar  nulidad de la sentencia impugnada debidamente citada, por  lo  perceptuado (sic) en el Art. 304 del C.P.P. causal 3. Y enviar el expediente  al   Fiscal   doce   para   lo  pertinente.”   

2. Violación del derecho  de defensa por desconocimiento de la confesión   

En segundo término, la  demandante   acusa  la  sentencia impugnada de haberse emitido en un juicio  viciado    de    nulidad    porque    “la   JUEZ  CUARTA  PENAL DEL CIRCUITO HOY SEGUNDA no acepta la  confesión   de  mi  defendido  para  la  rebaja  de  pena”,   proceder  con  el  que   se violó  “el  derecho  de  defensa  Consagrado  en  el  artículo  29  de  la  C.N.  13  de  la  C.N. 1 del C.P.P. y  violación  a  la  ley  81  de  1993  art.3.”   

El yerro en la apreciación de la confesión  para  efectos  de la rebaja de la pena, la recurrente  lo hace extensivo al  Fiscal  que  formuló  la acusación, al indicar éste que el sindicado confesó  en  la indagatoria que golpeó mas de una vez en la cabeza a la víctima, cuando  la  verdad  es  que  su defendido reconoce haberlo golpeado más de cuatro   veces    sin    precisar   en    que   parte   del   cuerpo,   y   en  virtud  a   esa   errónea   

interpretación  de  la  confesión  se  le  condenó  a  una  pena  de  25  años  superior  a la de 12 años y medio que le  correspondería   por  haber  incurrido en el delito previsto en el 325 del  Código  Penal, lo que da lugar  a la nulidad prevista en la causal segunda  del  artículo  304  del Código de Procedimiento Penal; además,  de   haber    inaplicado     el    artículo    20  ibídem,   por   lo   que   solicita   se  declare  “la  nulidad  de la sentencia impugnada a partir de  la resolución de acusación”.   

3.    Nulidad    por    desconocimiento    de    prueba  existente   

Como  último cargo, la  defensora      sostiene      que      “según  causal  (sic)  primera inciso segundo de casación Art. 220 del C.P.P. considero  que  se  originó  nulidad,  puesto  que  se   violó el Art. 248  del  C.P.P.  y  el  derecho  de defensa consagrado en el Art. 304 del C.P.P. causal 3  como                 nulidad.”, ya que la  prueba  es un derecho fundamental del procesado y la Juez de la causa no tuvo en  cuenta   la   existente   a   su   favor,   y  la  condena  se  sustenta  en  la  “la  declaración  de  testigos presenciales y de  oída   (sic),   y   de   la   confesión”,     y  erradamente  afirma  que el sindicado debió confesar porque “    lo    sabía   todos”    (sic),  desconociendo  la  excepción  prevista en el artículo 283  del  Código de Procedimiento Penal que exime al sindicado del deber de declarar  en contra de sí mismo.   

De  otro  lado, critica que la juez no haya  aceptado      que      su      defendido      se     encontraba     “borracho”  porque  no  se  practicó  un  examen,   cuando  tal  circunstancia  estaba  demostrada  con  la  prueba  testimonial.  Atribuye  la  falta  de  la prueba de  alcoholemia  a  las  autoridades  que  conocieron del caso, luego, los jueces de  instancia  incurrieron  en error  “negándole a  mi  defendido  el derecho de defensa, ocacionado (sic) un gran perjuicio al  juzgarlo  y  condenarlo  por  un  Homicidio  Voluntario  y  no  por un Homicidio  atenuado  PRETERINTENCIONAL.  Art. 325. Hecho que originó nulidad de acuerdo al  Art.  304  C. de P.P. causal. 3.”. Motivo del que se  vale   para   solicitar   se  decrete  la  nulidad  a  partir  de  la  audiencia  pública.   

4. CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

La  Procuradora Cuarta Delegada advierte en  la  demanda un ostensible desconocimiento de elementales principios de técnica,  premisa  en  la  que  se  apoya para sugerir que no se case la sentencia, en los  siguientes términos:   

CAUSAL TERCERA  

En  relación  con  los  cargos  formulados al amparo de esta causal, se pronuncia en el orden que estima  lógico,  y  en  el  que debieron ser propuestos a la Corte, partiendo por el de  mayor trascendencia invalidatoria.   

Cuarto  cargo   

No comparte  el argumento esgrimido por  la demandante  en relación con la necesaria   

aplicación  del  principio de integración  previsto  por  el  artículo  21  del  Código  de  Procedimiento  Penal  en  el  trámite   de  los  recursos  de  reposición  y  subsidiario de apelación  formulados  contra  la  providencia  que  definió  la situación jurídica, por  cuanto  este  principio  solo es aplicable en los eventos en que no se encuentre  expresamente  regulado el asunto, y en el caso concreto la legislación procesal  penal  taxativamente  regula  el  trámite  de  los  recursos  ordinarios,   disposiciones    que    fueron    estrictamente    acatadas   en   el   presente  asunto.   

Primer  cargo   

El reproche  está presentado en forma  antitécnica   y   plantea   simultáneamente   dos  causales  de  nulidad,  que  corresponden  a garantías diferentes, violación al debido proceso y al derecho  de   defensa,   las   que   debió  aducir  por  separado,  señalando   en   

forma concreta en que consistió la lesión,  aspecto  que  omitió  en este caso,  al igual que expresar en que forma se  desconocieron  los mandatos de los artículos 13 de la Constitución Política y  8°  del  Código  Penal,  antitécnicamente  invocados,  pues  se  desconoce en  definitiva cual fue el principio desconocido.   

No  obstante, la Procuradora señala que no  existe  en  el proceso un escrito que exprese la voluntad clara e inequívoca de  acogerse  a  la  sentencia anticipada o a la audiencia especial, y el escrito en  el  cual interpone recurso de reposición contra el cierre de la investigación,  condicionó  la  solicitud  de  audiencia  especial  a su prosperidad, petición  inadmisible  frente  a  las  normas que regulaban este mecanismo de terminación  anticipada del proceso.   

Segundo  Cargo   

En  cuanto a la omisión sin justificación  alguna  de  la  práctica  de la inspección judicial en la etapa del juicio que  estima  la recurrente como vulneratoria de los derechos al debido proceso y a la  defensa,  la Procuradora Delegada señala que se incurre en la misma deficiencia  técnica   del   cargo   anterior,   además,    de    ser    abstracto   y    etéreo  en  su formulación. De otra parte, las  normas  que  denuncia  como  quebrantadas  no tienen relación sustancial con el  problema planteado.   

En  el  caso  concreto la  inspección  judicial  fue  ordenada  y  no  se evacuó por la inasistencia del testigo, y la  recurrente  omitió  establecer  el  alcance  favorable y la trascendencia de la  prueba.   

Tercer cargo  

En  este  reproche   se  aducen  dos  aparentes  circunstancias constitutivas de irregularidad que según el análisis  de  la  actora  generarían la invalidación de lo actuado a partir de distintos  momentos   procesales,   por  lo  que  debieron  ser  esgrimidos  y  sustentados  separadamente, dándose prioridad a la trascendencia del vicio.   

Aclara que de conformidad con el inciso 2°  del  artículo  260  del anterior Código de Procedimiento Penal,  el deber  del   funcionario  de  colocar  a  disposición  de  las  partes  los  elementos  probatorios  obtenidos  en  la inspección judicial es respecto de la practicada  en  la  instrucción no en la etapa de indagación previa, y de todas maneras la  defensa  tuvo conocimiento de la inspección realizada y de los medios de prueba  asegurados   en   ella.  Luego,  gozó  de  oportunidades  para  controvertirla.   

En  lo referente a la falta de traslado  de  la  adición  a  la  necropsia  afirma  que  es  intrascendente,  pues en la  audiencia  pública  la  defensa  expresamente  se refirió a su contenido,  razón  por  la  cual  la  irregularidad no es sustancial, en tanto, que la otra  ampliación  de la pericia médico legal  fue allegada al proceso  con  posterioridad  a la  terminación de la vista pública,  motivo por el  cual  no  podía  dársele el trámite que se reclama; además, en los fallos no  se hizo ninguna referencia al mismo.   

Quinto cargo  

El  ataque  formulado  no  determina a qué  causal  de  nulidad  se   refiere,  por  lo que se presenta una falla en la  proposición  jurídica,  además,  de que cita normas que no consagran derechos  sustanciales,   relativos   a   la   falta   de  la  prueba  siquiátrica  o  de  alcoholemia.   

De las normas invocadas como transgredidas,  artículos  262  y  312 de la Ley Penal Adjetiva no se deduce un quebrantamiento  del  derecho de defensa o del debido proceso por no haberse practicado la prueba  de  alcoholemia, situación que más bien estaría ligada a otras normas citadas  por  la togada, los artículos 249 y 333 ibídem que consagran los principios de  imparcialidad   del   funcionario   en  la  búsqueda  de  la  prueba  y  el  de  investigación integral.   

DE  LA  CAUSAL  PRIMERA.   VIOLACIÓN  INDIRECTA   

En  relación  con los cargos planteados en  forma  subsidiaria  indica  que  la recurrente equivoca su presentación, ya que  en   el desarrollo  de cada uno de ellos se aparta por completo de las  exigencias  técnicas  de la causal invocada,  por concluir la proposición  aduciendo  solicitudes de nulidad por violaciones al debido proceso y al derecho  de defensa.   

Es  así  como  la demandante, en el primer  cargo  atribuye  al   Tribunal  haber errado  en la apreciación de la  necropsia,  pero  concluye  alegando  violación al derecho de defensa y al  debido  proceso, solicitando la nulidad del fallo con base en el artículo 304-3  del  C.  de  P.P.;  en  el  segundo  cargo,   cuestiona  al juez de primera  instancia  y  al fiscal por no haberle dado crédito a la confesión, lo que dio  lugar  a  que  se  impusiera  una condena mayor a la que  le correspondía,  pidiendo  que  se anule la sentencia de acuerdo con el artículo 304-3 del C. de  P.P.,  por  violación al derecho de defensa y al debido proceso; y en el tercer  cargo,  al  amparo  de  la  misma  causal,  señala  la  existencia  de un vicio  invalidatorio   en  los fallos por no tener en cuenta la prueba testimonial  a  favor  de  su representado, solicitando anular el trámite desde la audiencia  pública.   

Es  evidente, entonces, para la Procuradora  el  desconocimiento  del  principio  de  no  contradicción  al mezclarse cargos  excluyentes  con  consecuencias jurídicas diversas, razón por la cual solicita  se desestimen los mismos.   

No  obstante,   en relación al primer  cargo  señala  que  la  libelista incurre en error al cuestionar la valoración  probatoria  realizada  por  el  Fiscal  cuando debió referirse a la estimación  probatoria  de  los  jueces,  crítica  que  hace extensiva al segundo cargo, al  fundar  el  vicio en la percepción equivocada del acusador sobre la confesión.  Sin  embargo, advierte que en las sentencias de primera y segunda instancia hubo  un  pronunciamiento  expreso sobre la pretensión de la defensa, limitándose su  inconformidad  a  una mera disparidad de criterios; y en relación con el tercer  cargo,  indica  que  la  censora  no  especificó cual  norma sustancial se  dejó  de  aplicar  o  se aplicó indebidamente, tampoco, precisa cuáles fueron  las  pruebas  que  obran  en  el  proceso que los jueces no valoraron ni en qué  forma   hubieran   variado   favorablemente  la  situación  jurídica  del  procesado.   

II CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

CAUSAL TERCERA  

En el desarrollo de las censuras propuestas  al  amparo  de  la  causal  3ª,  la casacionista no atiende  las más  elementales  reglas  de  la  técnica  exigida  en  materia de casación, siendo  pertinente   efectuar   las   siguientes  precisiones  que  resultan  comunes  y  aplicables  a  cada  uno  de  los  reproches  formulados  con  base en la causal  examinada.    

En efecto, indiscriminadamente  invoca  diferentes  irregularidades que a juicio de la actora  constituyen a la vez  motivos  de  nulidad de las  causales  2ª  y  3ª del   artículo  304  del  Código  de  Procedimiento Penal, sin  priorizar   el   orden  para su estudio, con desconocimiento de los principios que  orientan  la  proposición  de  nulidades en el sistema procesal bajo el cual se  orientó  este  proceso  y  que  lo  rigen  en la actualidad, entre ellos, el de  taxatividad,  protección,  convalidación, trascendencia y residualidad, según  ha         precisado         la         Corte1.   

De acuerdo con los citados principios,   solo  es  factible  alegar  las  nulidades que de manera expresa consagra la ley  (taxatividad),  sin que puedan ser invocadas las que con su actuación el sujeto  procesal  haya  dado  lugar  a  su  configuración,  a  menos que se trate de la  carencia  de  defensa técnica, pues como lo ha señalado la Sala (protección),  de  configurarse  la  irregularidad  puede  ser  saneada (convalidación) por el  sujeto  procesal  afectado  siempre  que  no  se  afecte  con  el acto irregular  garantías  fundamentales,  debe  probarse  por  quien invoque la nulidad que la  irregularidad  ha  tenido  consecuencias  de  orden sustancial, es decir, que ha  afectado   sus   garantías   constitucionales   o   que   desconoce  las  bases  fundamentales   de   la  instrucción  y/o  el  juzgamiento  (trascendencia),  y  finalmente,  que  no  existe  otro  mecanismo  procesal  que permita subsanar el  yerro  advertido (residualidad).   

Por  consiguiente,  en  sede  de  casación  no   basta  con  invocar  la  nulidad,  sino que debe enunciarse la posible  irregularidad,  acreditarse su existencia, señalar si constituye  un vicio  de  garantía  o  si  socava  la  estructura del proceso, y especificar  la  trascendencia   

del  yerro observado en la sentencia que se  controvierte.  En  los  eventos  en que se pretenda cuestionar la  validez  del  proceso  por  la  presencia de varias irregularidades, cada una de  ellas  con  la   capacidad  para invalidar total o  parcialmente   la  actuación,   

deben  ser  presentadas en forma separada y  subsidiaria  de  ser  excluyentes.  Sólo así se acatará la exigencia técnica  relativa   a   la  necesaria  claridad  y  precisión  en  la  formulación  del  ataque.   

En  el  caso  que  ocupa la atención de la  Sala,  la  censora  omite  el  cumplimiento  de  tales requisitos formales en el  desarrollo  de  su  desordenado escrito, como bien lo destaca la Delegada, pues,  además  de   no  consultar en su proposición los principios que rigen las  nulidades,  los  argumentos  aducidos   carecen  de la fundamentación y la  precisión requeridas en  casación.   

Además,    siendo    diferentes    las  irregularidades  advertidas,  en aras del principio de autonomía de los cargos,  la   impugnante  debió  proponerlas  en  forma  separada,  ya  que,  de  manera  indistinta  y  frente  al mismo cargo alude a violaciones al debido proceso y al  derecho  de  defensa,  no  ubicó  de  manera concreta el ataque en uno de estos  motivos  de invalidación,  ni precisó en que forma afectaban los derechos  o  garantías  del  procesado  y  menos  aún acertó en el señalamiento de los  posibles  actos  procesales  que  debían  ser  invalidados  de  comprobarse  la  irregularidad   y   no   existir   solución   distinta   al   decreto   de   la  nulidad.   

También se destaca, como bien lo anotó la  Procuradora,  la  carencia  de  orden  lógico en la alegación de las distintas  irregularidades  que  no  se  desarrolla  según    el  mayor  alcance  invalidante.   

En efecto, atendiendo a dicho orden lógico  debió  proponer en primer lugar la nulidad relativa a la supuesta violación al  principio  de  integración  que  de  estructurarse afectaría el trámite de la  actuación procesal cuestionado, es decir, los traslados de los   

recursos  de  reposición  y subsidiario de  apelación  interpuestos  por  la  defensa contra la resolución que definió la  situación  jurídica.  En   segundo lugar,  si constituyere causal de  nulidad  debió proponer la relativa al  trámite de la audiencia especial,  que  según  la  censora se omitió en la fase instructiva. En tercer lugar, los  cargos  por  violación  al  principio de investigación integral que generaría  una  nulidad  a  partir de la fase probatoria del juicio. Finalmente, la nulidad  por  la pretendida irregularidad consistente  en la omisión en el traslado  de  los  dictámenes  periciales,  para lo cual la ley establece como límite la  terminación de la audiencia pública.   

Otro  cuestionamiento  tiene que ver con la  evidente  confusión  que  denota  la  demandante  al  tratar indistintamente el  debido  proceso  y  el derecho de defensa, claramente diferenciados por la ley y  la                   jurisprudencia2  como errores de estructura y  de   garantía   lo   que   impedía   que   se   entremezclaran  o  propusieran  simultáneamente.   

Pero,  no sólo por estos defectos de forma  la  demanda  está  destinada a no prosperar sino porque, además, en el aspecto  material  de  las  censuras carece de razón, como pasa a examinarse teniendo en  cuenta su capacidad inhabilitadora.   

1. Nulidad por inaplicación del principio de  integración   

El  reproche   se hace consistir en la  falta  de  aplicación   del  principio  de  integración  previsto  por el  artículo  21  del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal  al  correr  los  traslados   de   los   recursos  de  reposición  y  subsidiario  de  apelación  interpuestos  por  la defensora contra la resolución que definió la situación  jurídica,   que   en   su   criterio   debieron   surtirse   de   conformidad   con   lo  previsto  por  el artículo 108  del Código de   

Procedimiento Civil, y no por las normas del  Código  de  Procedimiento  Penal, situación a la que le otorga el carácter de  sustancial  y  vulneradora del debido proceso.   

Para  infirmar  la censura propuesta por la  recurrente,  basta  a la Sala con indicar que no se incurrió en yerro alguno en  el  referido  trámite,  por  cuanto,  el  Código de Procedimiento Penal regula  expresamente  cada  uno  de  los  pasos  que  deben  darse  para que se surta el  traslado  de  los recursos de reposición y subsidiario de apelación en materia  penal,  artículo 200 del anterior C. de P.P., lo cual excluye la posibilidad de  invocar  el  principio  de  integración,  ya  que este postulado opera sólo en  aquellas  materias  que  no  se  hallen expresamente    reguladas  y    siempre   que   no   se    opongan  a  la naturaleza del proceso penal.   

Motivo suficiente para desestimar el cargo.   

2. Nulidad por omisión  en el trámite de la audiencia especial   

Contrario a lo afirmado por la casacionista,  en  el  curso  de  la  etapa  de  investigación  que  adelantó la Fiscalía 12  Delegada  en  contra de Jorge Luis Villanueva Prent no se formuló una solicitud  concreta,  precisa  y  claramente  indicativa  de  la  voluntad del procesado de  acogerse al trámite de la audiencia especial.   

En  virtud  de los alcances e implicaciones  que  tenía la solicitud de convocatoria de la audiencia especial como una forma  especial   de   terminación  anticipada  del  proceso,  que   preveía  el  anterior    Código   de   Procedimiento  Penal,   para  que  la  manifestación   

del  procesado  o de la defensa tuviera los  efectos  procesales  y  sustanciales  que  ahora  se  reclaman,    eran   necesarias   determinadas   exigencias,   entre   ellas,  la  expresa   

manifestación   de  querer  acogerse  al  instituto  (cuando  la  iniciativa  partiera del procesado), su oportunidad y la  viabilidad de su realización.   

Así  se  infería  del contenido del   derogado  artículo  37 A del Código de Procedimiento Penal de 1991 (modificado  por  el  artículo  4°  de  la  ley  81  de  1993) al señalar que el procesado  directamente  o  por  medio  de  su apoderado debía  formular la solicitud  ante  el  Fiscal,  a  partir  de la ejecutoria de la resolución que definía la  situación  jurídica  del  sindicado  y   hasta  antes  de  ejecutoria  la  resolución     que   disponía  el  cierre  de  la  investigación  y  finalmente,  que  para  el  momento  en  que   se  formulara existiera duda  probatoria  en  relación  con  alguno  de los aspectos sobre los cuales pudiera  versar  el  acuerdo,  esto  es,  sobre  la  adecuación  típica,  el  grado  de  participación,  la  forma  de  culpabilidad  y  las  circunstancias del delito.  Aspecto,  este  último  que  necesariamente debía ser evaluado por el fiscal a  quien  la  ley  le  otorgaba una facultad discrecional  para acoger o no la  petición.   

En  este  evento  no  existe  una petición  concreta,  expresa,  indicativa  de  la  voluntad  del  procesado   o de la  defensora  para  que  el Fiscal  convocara la audiencia especial. La única  petición  que se elevó aludiendo a la celebración de la audiencia especial es  la   incluida   en   el  recurso  de  reposición  interpuesto  contra   la  resolución  que ordenó el cierre de la investigación, que en su tenor literal  dice:   

“PETICIÓN. Por  las  razones  anotadas  solicito  al  señor Fiscal , se REVOQUE del auto (sic),  para que en su defecto se adelanten las siguientes pruebas…   

4)  Una  vez practicadas estas diligencias,  solicito  como  son  los  deseos  del  sindicado Jorge Luis Villanueva, se sirva  señalar  fecha  y  hora  para  la  celebración  de  audiencia especial, con la  intervención  del Ministerio Público, para terminación anticipada del proceso  de  la  referencia  acogiéndome  a todos los beneficios para mi representado en  caso de acuerdo.”   

La  solicitud,  en efecto, no fue concreta,  sino condicionada a la eventual prosperidad   

del  recurso  y la práctica de las pruebas  solicitadas,   evento  en  el  cual   no  puede  hablarse  de  la  expresión de una clara voluntad encaminada a ese fin.   

Luego, en tales circunstancias no observa la  Corte   que  se haya vulnerado garantía o derecho alguno del procesado que  permita  acudir al mecanismo ulterior de la nulidad, pues el no señalamiento de  fecha  para  la  audiencia  especial  no  constituyó irregularidad alguna,  silencio  frente  al cual, además,  ningún reparo hizo la defensa, por lo  que debe desatenderse el reproche formulado.   

3.  Nulidad por violación al principio  de investigación integral   

Las irregularidades señaladas por la actora  como  sustanciales  en  los  cargos  2°  y  5°   tienen que ver con el no  haberse   practicado    la   inspección  judicial  ordenada  en  la  etapa  probatoria  del  juicio  y  no  haber  determinado  oficiosamente  el  estado de  embriaguez,  y  por  ende,  la   capacidad mental en que, presuntamente, se  encontraba  el  sindicado  para  el momento de los hechos, bien sea, mediante el  examen de alcoholemia o la prueba siquiátrica.   

Los anteriores cuestionamientos atañen a la  presunta   vulneración   al  principio  de  investigación  integral   por  omisión   probatoria.  Sobre  el  particular,  la  Corte,  insistentemente,  ha  señalado  que  éste  está relacionado con la necesariedad de la prueba,   la  no  verificación  de  las  citas hechas en el proceso,  la omisión de  pruebas  o  la  negación  de  las  solicitadas  por  los  sujetos procesales no  conducen  necesariamente  a  la  vulneración  del  principio  si  la  prueba es  innecesaria,  ya  que  para  el  efecto  se  requiere  que  la  inactividad  del  funcionario  tenga   la  connotación  de  arbitraria  o que la negativa de  autorizar   las  solicitadas  sea  caprichosa,  constituyéndose   de   esta    manera   en    un  desacato  de  los servidores  de  la justicia  al  mandato  contenido en el   

inciso  final del artículo 250 de la Carta  Política  y  a  la  norma  rectora  prevista  en  el  artículo 20 del C. de P.  P.3   

Por ello, la Sala ha dicho que es imperativo  para  el  censor  señalar  la  pertinencia  y  conducencia del medio probatorio  omitido,  y   precisar  mediante  una  confrontación  con los elementos de  juicio  existentes  en  el proceso qué hubiera podido demostrarse con la prueba  omitida   y  en  qué  forma  modificaría  el  fallo  que  se  ataca, para  traducirse   en   una  situación  favorable  a  los  intereses  del  procesado.   

En  el  presente  asunto  ningún reparo se  plantea  frente  a  la  idoneidad  de  las  pruebas de inspección judicial y de  alcoholemia  para  establecer las circunstancias en que se desarrolló el hecho,  corroborar  la veracidad del testigo citado para esa diligencia, y determinar el  estado  de embriaguez de la víctima. Sin embargo, la Sala observa que el objeto  pretendido  con  las   referidas  pruebas  se  estableció con otros medios  probatorios   allegados  en  el curso del proceso y por consiguiente,   las   pruebas    que   se   reclaman   no   tienen    capacidad   para  desvirtuar    o   modificar  lo  probado  en  las  diligencias,  resultando  intrascendentes para variar la determinación censurada.   

En  efecto,  respecto  de  la diligencia de  inspección  judicial  que se reclama como omitida, encuentra la Sala que a  folio  3  del  cuaderno  original  1,  obra  el  acta de la inspección judicial  llevada a cabo en el lugar de los hechos, en la que se precisó:   

“el  lugar  exacto  en  el  que cayó muerta  la víctima, el cual queda sobre la calle  86   con   carrera   9B,   aproximadamente   a   treinta   (30)   metros  de  la  esquina.”,   

Además,  obra  en  el  proceso  el  álbum  fotográfico  tomado  en  la misma oportunidad (fls 14 y s.s. del c.# 1), en las  que se aprecia el lugar del homicidio visto desde la taberna.   

En  relación  con  la  credibilidad que se  pretendía  desvirtuar  del  testimonio   rendido   por  Heber Gonzalo  Peña  Gutiérrez,   sobre su presencia en el lugar de los hechos y la  posibilidad  de  que  observara  la  forma  como  fue  golpeada  la víctima, se  advierte  que  en  la  misma  inspección  judicial referida se dejó constancia  sobre  la  presencia  de varios testigos, entre ellos, el aquí mencionado, y en  la   sentencia  de primera instancia se reafirma tal hecho con lo aseverado  por  otro  testigo,  Jesús  Davis  de la Asunción Celin (fl. 116 y 122 del c.#  3).   

Luego, frente a este punto se colige que el  fallador  tuvo  a su alcance suficientes elementos de juicio para darle crédito  a  las  afirmaciones  del  testigo, en cuanto se relaciona con su presencia  en  el  sitio  de  los  hechos  y las imputaciones que hace al procesado, lo que  denota la falta de trascendencia de las pruebas echadas de menos.   

Y  en cuanto tiene que ver con la prueba de  alcoholemia  debe resaltarse lo expresado por el Tribunal en el fallo censurado:   

“no   hay  elementos  de  juicio  que obren en el infolio, que permitan deducir que el  procesado  padeciera  coma  alcohólico  en  el  momento  de  los hechos, que lo  pudiera  ubicar  como  un inimputable o cosa parecida. Lo que los autos informan  es  que  el  procesado estuvo tomando unas cervezas. Ni siquiera se ha dicho que  el  estuviera  embriagado.”   (fl. 19, c.# 5).   

En  tanto, que sobre el mismo punto el juez  de  primera  instancia  precisó  que,  no  obstante,  que  no  se  practicó al  procesado  prueba  de  alcoholemia  ni  se  le  realizó  un reconocimiento  médico   siquiátrico   que   aluda   a   trastorno   alguno,   “la  narración  de  los  hechos  por  el  sindicado  a  los agentes  captores,  precisando  móvil,  como  el  relato  de  los mismos ante el fiscal,  detallado,  develando  conciencia, no hacían necesaria su práctica.”  (fl. 123 c.# 3).   

De  lo señalado con anterioridad se colige  que  la  prueba  de  alcoholemia  que  se  reclama  en  esta  censura  resultaba  innecesaria,   ya  que,  para los falladores fue  suficiente el acervo  probatorio    existente   en   el   plenario,   el    que    permitía  determinar   el  estado  mental   del  procesado  al  momento  de  los  hechos   y  descartar  razonadamente  que  el sindicado estaba “seriamente  afectado  por  sustancias  alucinógenas o embriagantes”.   

La  carencia  de  necesidad  de  la   prueba   pericial  para  determinar  el  estado  de  embriaguez  ha sido un  criterio reiterado por la Corte en diferentes oportunidades, así:   

“En cuanto  se  relaciona con la no práctica de una pericia siquiátrica para establecer la  supuesta  condición  de  inimputable  del  procesado, la Corte debe reiterar la  precisión  hecha  en  múltiples  pronunciamientos,  en  el  sentido de que una  prueba    de   esta   naturaleza    sólo     resulta    necesaria    cuando   en   el  trámite   de     la  actuación  surgen  elementos  de  juicio que indiquen  razonablemente  que  al momento de los hechos el procesado padecía un trastorno  mental  de  tal  magnitud,  que le impedía conocer la ilicitud del hecho o  determinarse  de  acuerdo con esa comprensión,  mas no cuando como en este  caso,   la  posibilidad del problema síquico resulta ser una especulación  recursiva,  fundada  apenas  en  una  alegación  insular  y por ende carente de  respaldo                probatorio”4   

Por  lo  tanto, no era necesaria la pericia  reclamada.   

En   consecuencia,  al  no  demostrar  la  recurrente    la   trascendencia   de  las  pruebas  omitidas  en  las  sentencias  acusadas  y   su  favorabilidad  respecto  de los intereses del  procesado  se  deduce  la  no  prosperidad  de  las  censuras  expuestas  en  la  demanda.   

4.  Nulidad por omisión del traslado de un  dictamen y su ampliación   

Reclama  la  libelista  la  declaratoria de  nulidad  del  proceso  por  la  existencia  de  irregularidades que afectaron el  debido proceso y el derecho de defensa, de manera   

concreta,  por  no  haberse  dispuesto  el  traslado  a  las  partes de los resultados de la inspección judicial practicada  el  10  de  septiembre  de  1995  y  de la aclaración del dictamen médico  solicitado  en  el juicio,  con lo cual sostiene se omitió el cumplimiento  de  lo dispuesto por los artículos 260 y 270 del Código de Procedimiento Penal  de 1991.   

En relación con estos reparos, la Sala debe  reiterar  que  la  omisión  en  el  traslado  de  la  prueba  pericial  no  constituye  un  vicio  que  afecte  la  validez del proceso cuando quiera que se  trate  de  la  simple  ausencia  de  la  formalidad,  es  decir,  la falta de la  providencia  que  disponga  el traslado, si las partes han tenido oportunidad de  conocer    su    contenido    y    controvertirlo.   Lo   que   a   contrario  sensu implica, necesariamente,  que  para  que  la  omisión  sea  trascendente y permita la invalidación de la  actuación,  se  requerirá que el censor demuestre que, además, de la falta de  publicidad  mediante  la  orden  de  traslado y fijación en lista, la prueba ha  permanecido  oculta y se  ha impedido discutir su contenido o hacer uso del  mecanismo  de  la  objeción,  en  forma  tal  que  cercene  las  garantías del  procesado.   

Cítese para el caso lo expuesto por la Sala  en anterior oportunidad:   

“el no surtirse el traslado de un dictamen  a  las  partes,  a lo sumo podría aceptarse como una irregularidad en todo caso  intrascendente  y  por ende, sin ninguna posibilidad de afectar los derechos del  procesado  o las reglas del procedimiento, salvo que se lograse demostrar que no  se  contó con oportunidad alguna para conocerlo y por ende para controvertirlo,  pues  contándose  con  la  posibilidad  de  objetarlo  de  conformidad  con  el  artículo  270  del  C.  de  P.  P.  “hasta antes de que finalice la audiencia  pública”  guardar  silencio en torno al contenido del  mismo, es mostrar  entera  conformidad  con  el  resultado  que  la  comprobación  científica  ha  arrojado,  todo  lo  cual  hace  nugatorio   el  reparo sobre el particular  expuesto.”5   

Aplicadas  las  anteriores  premisas  a  la  situación  esbozada  por  la  casacionista,  la  Sala  advierte que no se   indica   en   la  censura  cuál  fue  la trascendencia  de   las   presuntas  irregularidades   que   atribuye   al   trámite cumplido, qué derechos o garantías le fueron   

cercenadas al procesado y la incidencia que  las   mismas  pudieron  tener  sobre  las  decisiones  atacadas  por  esta  vía  excepcional.   

En  cuanto  hace  referencia  a la falta de  traslado  de  la  ampliación ordenada de la necropsia, esta omisión no pasa de  ser  una  simple  irregularidad  que  no  afecta  en  modo alguno la validez del  proceso,  ya  que,  la  defensa  tuvo  oportunidad  de  conocer  su  contenido y  referirse  expresamente  a  la  no  determinación  del  objeto  con  el  que se  ocasionaron  las  lesiones a la víctima que produjeron su deceso, es decir, que  no  se  le  ocultó  el  resultado  de  la  pericia  y  la  defensa  gozó de la  posibilidad  de  objetarlo  hasta  antes  de  que  culminara el debate público,  optando   por  guardar  silencio,  que  debe  ser  entendido  como  una  expresa  aceptación de su contenido.   

Por  consiguiente,  deberá  atenderse  la  petición  del  Ministerio  Público al conceptuar sobre la improsperidad de los  citados cargos.   

CAUSAL  PRIMERA. VIOLACIÓN INDIRECTA DE LA  LEY SUSTANCIAL   

Tampoco,  los  reproches  amparados  en  la  causal  primera  de  casación  están  llamados  a  prosperar,  por  cuanto, la  demandante   desconoce  que  la  casación  es  un medio de impugnación de  carácter  extraordinario  y rogado a través del cual puede ser cuestionada una  sentencia  amparada por una presunción de acierto y legalidad, en consecuencia,  para  su  correcta   formulación  es  imperativo  que   se  demuestren  tanto los errores de juicio o de actividad en que haya incurrido  el  fallador,  en  correspondencia con los motivos expresamente definidos por la  ley como su trascendencia en la parte resolutiva del fallo.   

Es  así  como contrariando la técnica del  recurso,   la  libelista pese a que como fundamento normativo de los cargos  invoca  la  causal  primera de casación cuerpo segundo, en el desarrollo de los  mismos  cambia el planteamiento para derivar reiteradamente en la invocación de  nulidades  por  la  existencia de presuntas irregularidades, por desconocimiento  del  derecho  de  defensa  y  el  debido  proceso,  sobre  las cuales se habría  edificado  el  fallo  censurado,  alegación  extraña por completo a la censura  aducida   en  forma  subsidiaria,  porque  viola  el  principio  lógico  de  no  contradicción,   pues   si   partía   del  cuestionamiento  a  la  valoración  probatoria,  ello  presupone  la  validez del juicio, la cual parece entonces no  aceptar  la  impugnante   y  de  autonomía de las causales de casación al  plantear  simultáneamente  errores  de  juicio  y de actividad. Un tal proceder  conlleva   la   desestimación  de  los  reparos  formulados  por  esta  causal.   

Se  observa como la impugnante alega que el  Tribunal   incurrió  en  apreciación errónea del dictamen médico legal,  yerro  que  lo  llevó  a  proferir  un  fallo  condenatorio  por un delito cuyo  nomen  juris  fue imputado  equivocadamente   desde    el   pliego   de  cargos,  pretendiendo  que  la  imputación    debió   ser   por   homicidio   preterintencional   –artículo  325  del  anterior Código  Penal-  ,  concluyendo  que  un tal proceder violó el  debido proceso y el  derecho de defensa del procesado.   

El reproche así planteado no  permite  un  análisis   de  fondo  de  su  contenido  al  advertirse  el desacierto  técnico  en  que  incurrió  la  demandante,  dado  que el supuesto error en la  calificación  jurídica  del  delito  que  le  atribuye  a  los falladores, por  encontrarse  dentro  del  mismo  capítulo  del  Código  Penal,  no implica una  modificación     del     nomen    juris  en   la sentencia. El ataque debió ser fundamentado  y  demostrado  por la vía de la causal primera, la que inicialmente fue enunciada,  pero  que inexplicablemente modificó para terminar  alegando por la causal  3ª,  yerro que impide profundizar en los planteamientos de la recurrente.    

De otra parte, en torno a los cargos que en  concreto  aduce  la  demandante  por  errores  de hecho en la apreciación de la  prueba,  no  especifica la clase de yerro en que incurrió el fallador y si bien  particularizó  el  medio probatorio objeto del error y los alcances que tuvo en  el  fallo,  no  demostró  que,  en  efecto, el juzgador hubiese incurrido en un  falso   juicio  de  identidad,  en  cuanto  éste  exige  la  demostración  del  cercenamiento  o  de  la  distorsión  de  la prueba o el quebrantamiento de las  reglas  de  la  sana  crítica  en  que  haya  incurrido  el  fallador   al  apreciarla   o  falso  raciocinio  como  así  antes  lo  consideraba  la  Sala.   

Una  correcta  demostración  del  yerro le  implicaba  a  la  demandante confrontar  el contenido material de la prueba  aducida  con  lo  señalado  por  el  fallador para determinar de qué manera se  había cercenado o distorsionado la prueba.   

En el cargo que se analiza, la censora alega  que  el  fallador  e  incluso  el  mismo fiscal acusador dedujeron de la pericia  médica  que  el  sindicado le había  propinado a la víctima “4  garrotazos  …  únicamente en la  cabeza”,  motivo por el cual no podía imputársele  el   homicidio  preterintencional,   afirmación  que  en  criterio  de  la  demandante  no  se  deduce de la necropsia, en cuanto que de lo que da cuenta el  expediente  es  que  “mi  defendido  golpeo  cuatro  veces   pero  leve  y  en  diferentes    partes    del    cuerpo”   (fl.   49  c.o.5).     

Estas   apreciaciones   no   corresponden  con   el  contenido material de la prueba científica, por cuanto,  el  protocolo  de la necropsia señala que al examen interno se observó en el cuero  cabelludo del occiso:   

“Herida oblicua  irregular  de  bordes hemorrágicos, localizada en región occipital derecho, la  cual  mide  6X2  cms, herida oblicua de 4 cms, bordes irregulares, localizada en  región  parietal  media derecha; herida parietal izquierda de 2X1 cms de bordes  irregulares”.   

Y  concluye,   como causa de la muerte  :   

“Adulto   joven,   con  trauma  cráneo  encefálico,  quien  fallece en schok neurogénico por contusiones y hemorragias  del sistema nervioso central.”   

Situación que concuerda con la apreciación  del  fallador,   ya que, fueron múltiples y mortales las heridas recibidas  por  la  víctima en el cráneo,  descartándose de esta manera la crítica  elevada por la demandante.   

El  segundo reproche formulado al amparo de  la     misma    causal,    lo    hace   consistir   en   que   “la  sentencia  objeto de impugnación  se  produjo  en  un  juicio  viciado de nulidad, porque la JUEZ CUARTA PENAL DEL  CIRCUITO  HOY  SEGUNDA no acepta la confesión de mi defendido para la rebaja de  pena”  por  lo  que  se  desconocieron  “el derecho  de  defensa consagrado en el artículo 29 de la C.N., 13 de la C.N. 1 del C.P.P.  y  violación  a  la  ley  81 de 1993 art. 3”,   lo  que  en criterio de la  actora da lugar a la  existencia  de  la  causal  segunda  de  nulidad  del  artículo 304 del C.P.P.,  debiendo decretarse la nulidad desde la resolución acusatoria.   

Como puede verse la confusión de la censura  es   mayor   en   este   segundo   reparo,  pues  mezcló  indebidamente  cargos  contradictorios,  ya   que  habiendo precisado que la censura se hacía por  la  vía  de  la  violación  indirecta,  a  renglón seguido,  reclamó la  nulidad,  haciendo   a  su  vez  aseveraciones  propias  de  la  violación  directa,  al   plantear  que  en  la  sentencia   no   se  había  incurrido  en  errores  vinculados  a  la  prueba, sino simplemente con la   aplicación  de  la  norma, tal como puede colegirse de su reclamo en el sentido  de no haberse reconocido la rebaja de pena por confesión.   

Este   proceder desconoce el principio  de  autonomía  que  rige  las  causales  en  casación  y  dada la gravedad del  desacierto  impide  a  la Sala efectuar consideración distinta a la de poner de  relieve el desacierto técnico referido.   

Finalmente,  en   el  último  ataque  propuesto  confunde  una  serie  de  argumentos  carentes de orden y lógica, al  tiempo  que  no  precisa el error que pretende atribuir al fallador y menos aún  su trascendencia.   

Es  así  como,  empieza  argumentando  la  omisión  del  juzgador al  valorar  la prueba existente en el proceso  a  favor del procesado, lo que pareciera ubicar la censura en un falso juicio de  existencia  por  omisión,  que  apenas  se  queda  en  el  enunciado, ya que no  precisa   cuál  fue  la  prueba  desconocida, y aunque mas adelante, en su  farragoso  escrito alude a los testimonios de Antonia Pérez V. y Hebert Gonzalo  Peña,  de  los  cuales pretende deducir como acreditado el estado de embriaguez  del  sindicado,  omitió  considerar que los falladores tuvieron en cuenta en su  análisis   el  hecho afirmado por estos testigos, al reconocer el despacho  de  primera  instancia  que  si  bien  algunos  testigos  dan  cuenta  de que el  procesado   ingirió  algunas  bebidas,  de  sus  declaraciones  y  las  propias  explicaciones  dadas  por  el  sindicado no se colegía el estado de embriaguez,  que  ahora  pretende  la  casacionista  le sea reconocido en pos de una presunta  inimputablidad.   

Sobre   este  aspecto   también  el  Tribunal, al desatar la alzada, concluyó de la siguiente manera :   

“no  hay elementos de juicio que obren en  el  infolio, que permitan deducir que el procesado padeciera de coma alcohólico  en  el  momento  de los hechos, que lo pudiera ubicar como un inimputable o cosa  parecida.Lo  que  los  autos informan es que el procesado se estuvo tomando unas  cervezas.  Ni  siquiera  se ha dicho que él estuviera embriagado.”  (fl.  19 c.# 5).   

Sin  ninguna  relación  con  lo anotado en  precedencia,  la demandante alega a renglón seguido la omisión en la práctica  de  la  prueba de alcoholemia,  ataque que corresponde a otra  causal,  que  ya  fue  alegada   entre  los yerros propuestos al amparo de la causal  3ª.   

En    consecuencia,    el    cargo   no  prospera.   

Precisiones  finales   

La  Sala ha venido señalando que el ajuste  punitivo  que pudiera derivarse de la aplicación  por favorabilidad de los  preceptos  de  la  ley  599  de  2000  debe  ser  considerado  por los Jueces de  Ejecución  de  Penas y Medidas de Seguridad de conformidad con lo dispuesto por  el artículo 79-7 de la Ley 600 de 2000.   

Esta  sentencia  no admite recurso alguno y  como  no  sustituye  la sentencia recurrida, según lo previsto por el artículo  187   del   Código   de   Procedimiento   Penal   (197   del   anterior)  queda  ejecutoriada   el  día  en  que la suscriban los magistrados de la Sala de  Casación Penal.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  acogiendo el concepto del Ministerio  Público,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE:   

No   casar  la  sentencia recurrida.   

En  firme  devuélvase  la  actuación  al  Tribunal de origen.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                             JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA                  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                                       CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                         EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

    

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                                     YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

                    

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Rad.  12447  del  11  de julio  de 2002, ponente  doctor Fernando Arboleda Ripoll   

2  Sentencia  del  11  de  mayo  de 1999, ponente doctor  Fernando  Arboleda Ripoll y de 3 de marzo de 2000, ponente doctor Jorge Córdoba  Poveda   

3  Sentencia   del   21   de  marzo  de  2002.  R.  No.  16568.   

4  Sentencia  del  23 de mayo de 2001, Rad. 13704,   ponente doctor Jorge Aníbal Gómez Gallego   

5  Sentencia  del  17  de  marzo  de  1999,  rad. 12682,  ponente doctor Carlos A. Gálvez Argote     

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