14549(24-01-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14549  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 06  

          Bogotá, D.C., veinticuatro (24) de enero  de dos mil dos (2002).   

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  en  defensa  de  JOSÉ  BELARMINO  MERCHÁN  SALAMANCA  contra  la sentencia de diciembre 10 de 1997, mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  de Bogotá confirmó el fallo proferido por el  Juzgado  17  Penal  del Circuito de esta ciudad, despacho que condenó al citado  procesado  a  la  pena  principal  de veinticinco (25) años y seis (6) meses de  prisión,  como  autor  de  los  delitos de homicidio y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

HECHOS  

          En  la  noche  del 17 de agosto de 1996, dos sujetos ingresaron a la  cantina  ubicada en el sector de la carrera 1ªC No. 48Y-92, barrio Diana Turbay  de  esta  ciudad,  y  luego  de  intercambiar  algunas palabras con Pedro Elías  Hernández  Vega, propietario de la misma, uno de ellos desenfundó el revólver  que  portaba  y  disparó  contra  el  mencionado  ocasionándole  la herida que  determinó su deceso.   

          El atacante se trabó en forcejeo con el  hermano  de  la  víctima,  quien fue despojado del arma por este último con la  ayuda   de   otras   personas   que   se   encontraban   en  el  establecimiento  impidiéndosele   la   huida.    El   agresor   y  su  acompañante  fueron  identificados    entonces    como   JOSÉ   BELARMINO  y   JOSÉ   HUGO  MERCHÁN  SALAMANCA, respectivamente.   

         

ACTUACION PROCESAL  

          1.     La    Fiscalía   Seccional   de   Bogotá   abrió   la  investigación,  vinculó  mediante  indagatoria  a  los  imputados JOSÉ     BELARMINO    y    JOSÉ  HUGO  MERCHÁN  SALAMANCA, a quienes  les  resolvió  la situación jurídica en resolución del 22 de agosto de 1996,  afectándolos  con  detención  preventiva  por los delitos de homicidio y porte  ilegal   de   armas  de  fuego  de  defensa  personal  (fs.  47  y  s.s.,  cdno.  1).   

          El  instructor  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  en  providencia  del  13  de  diciembre  de  1996,  con resolución de acusación en  contra   del   mencionado   JOSÉ  BELARMINO  MERCHÁN  SALAMANCA,  a  quien le derivó la autoría del delito  de  homicidio  en  concurso  con  el  porte  ilegal de armas de fuego de defensa  personal.    El  también  implicado  JOSÉ  HUGO  MERCHÁN  SALAMANCA  fue favorecido con preclusión de  la  investigación  (fs.  196 y s.s., cdno. 1).   

          En  decisión  del 11 de febrero de 1997, la Fiscalía Delegada ante  los   Tribunales   Superiores   de   Bogotá   y   Cundinamarca   confirmó   el  pronunciamiento de primera instancia.   

          2.   El  Juzgado  17  Penal del Circuito de Bogotá celebró la  audiencia  pública y el 20 de agosto de 1997, en consonancia con la resolución  acusatoria,  dictó el fallo mediante el cual condenó al procesado MERCHÁN  SALAMANCA  a la pena principal de  veinticinco  (25)  años  y seis (6) meses de prisión (fs. 11 y s.s., cdno. 2),  confirmado  el  10 de diciembre siguiente por el Tribunal Superior de Bogotá al  resolver la apelación interpuesta por la defensa.    

          El apoderado del encausado inconforme con  tal   pronunciamiento,  interpuso  y  sustentó  el  recurso  extraordinario  de  casación que decide ahora la Corte.   

         

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, el  censor  acusa la sentencia de segundo grado de ser violatoria en forma indirecta  de  la  ley  sustancial,  por aplicación indebida del artículo 323 del Código  Penal  (Decreto  100  de  1980),  con  la consecuente exclusión evidente de los  artículos  247 y 445 del estatuto procesal penal (Decreto 2700 de 1991), debido  a  los errores de hecho incurridos en la apreciación de las pruebas, por falsos  juicios de identidad.   

          Al  desarrollar los reparos anunciados, el demandante señala que se  tergiversó    el    contenido    material    de    las   pruebas   “tenidas   en   cuenta   para   encontrar   la   certeza   de   la  responsabilidad”,  desacierto  que  concreta  de  la  siguiente manera:   

          1.   En  el ataque inicial acusa la distorsión del dictamen de  siquiatría  forense  y  al  sustentarlo,  plantea  que cuando los juzgadores lo  esgrimieron  como  fundamento  para  descartar  la  posibilidad  de un trastorno  mental  transitorio  cometieron  una  tergiversación grosera de tal elemento de  persuasión,  “pues el informe no contiene lo que el  sentenciador  lo  pone  a  decir,  simplemente  conceptúa que no hay enfermedad  mental     ni     la     hubo    en    el    momento    examinado”.   

          Afirma  que la confusión radica en que los falladores no distinguen  entre     siquiatra     y    sicólogo,    pues    el    primero    “conceptúa  y  trata  las enfermedades mentales, el segundo es el  que     conceptúa     y    trata    los    problemas    mentales”.    Así   las   cosas,  concluye,  resulta  lógico  y  obvio  “que  el  siquiatra dijera que el procesado no tiene  enfermedades    mentales,   porque   realmente   no   las   tiene”.   

          Agrega  por  último, que los juzgadores desvirtuaron la posibilidad  del  trastorno  mental  transitorio,  “con lo cual le  resultó   una   verdad   procesal  diferente  a  la  que  resulte  (sic)  del  expediente.  Esto porque  no    hay    manera   de   encontrar   la   acción   dolosa   por   parte   del  procesado”.   

          2.    El   segundo   desatino   lo   hace   consistir   en   la  tergiversación  de  los  testimonios  de  Luis Agustín Hernández y Edwin Ruiz  Rocha,  pues  se  les  atribuye  la condición de presenciales del momento en el  cual  MERCHÁN  SALAMANCA le  disparó  al  occiso, cuando simplemente manifestaron encontrarse en el lugar de  los  sucesos  concentrada  su  atención  en  otras  cosas,  incluso, el segundo  atestiguó que se hallaba de espaldas en ese instante.   

          Seguidamente  el  libelista  reseña los apartes de las versiones de  los  citados  que  confirman  su aserto y expresa las conclusiones extraídas de  sus dichos en este específico aspecto.   

          3.    El   casacionista   deriva   un  tercer  reproche  de  la  distorsión  de  las  indagatorias de los procesados.  En la formalización  del   mismo   destaca   que   el   acusado   MERCHÁN  SALAMANCA  atestó  no recordar nada de lo acontecido,  tan  sólo que había ingerido cerveza, sin embargo, los juzgadores “lo  ponen  a  decir  en  detalle  todo lo que hizo”.           

JOSÉ    HUGO    MERCHÁN    relató  por  su  parte que al ser interceptado junto con su hermano  les  manifestaron  que  habían  dado muerte a una persona, lo cual ignora si es  cierto   o   no;   manifestación  que  el  libelista  estima  de  trascendental  importancia,  porque  el  Tribunal  “la reclama para  asegurar  que  al no aparecer una frase en tal sentido, el procesado lo que hace  es  contradecir a su defensor.  Y no existe ninguna pieza procesal en donde  se   plantee   tal   contradicción”.             

4.  Acusa por último la tergiversación  del  dictamen  sobre  la  embriaguez,  pues  los  falladores  lo utilizaron para  colegir  que  el sindicado tenía conciencia de lo que hacia.  Esta prueba,  asegura  el  demandante,  solo  demuestra  la ebriedad y nada más, “todas   las   otras   afirmaciones   son  especulaciones  de  los  funcionarios,  pues  como no se hicieron otras pruebas sobre el informe ni sobre  los  individuos,  no  es  posible  afirmar  que  había  conocimiento  de lo que  hacían”.   

          Los   anteriores   yerros,   insiste   el  censor,  determinaron  la  aplicación  indebida del artículo 323 del Código Penal (Decreto 100 de 1980),  pues  la  prueba  allegada  no  arroja  certeza  sobre  la  responsabilidad  del  procesado;  asimismo,  la  falta  de aplicación de los artículos 247 y 445 del  estatuto  procesal  penal  (Decreto 2700 de 1991), de conformidad con los cuales  la duda debía ser resuelta a favor del sindicado.    

          Plantea  que  lo demostrado en autos fue  “una  gresca  colectiva  en la que cualquier persona  pudo  haber  disparado  y  ocasionado  la  muerte” al  occiso;  en consecuencia, solicita a la Sala casar el fallo impugnado y proferir  en su lugar uno de carácter absolutorio.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

          El  Procurador  Tercero  Delegado  sugiere  a  la  Corte no casar la  sentencia atacada con fundamento en las siguientes razones.   

          1.   El  dictamen de siquiatría forense descartó la presencia  de  alguna  enfermedad o trastorno mental en el procesado, y la conclusión a la  que  arribó  el  Tribunal  al  analizar  esta prueba no sólo recogió en forma  fidedigna  su  contenido, sino que también constituyó uno de los pilares de la  condena.   Así las cosas, concluye, la acusación carece de mérito.   Bajo  estas  premisas,  apunta  además el Ministerio Público, la ingestión de  alcohol   mal   podía  generar  la  embriaguez  patológica  postulada  por  el  demandante.   

          2.   En  relación  con  la  supuesta  tergiversación  de  los  testimonios  de  Luis  Agustín Hernández y Edwin Ruiz Rocha, tampoco le asiste  razón  al  recurrente  al  sostener  que el fallador los presenta como testigos  presenciales   del   disparo,   como   lo   demuestra   el  Procurador  con  las  correspondientes  transcripciones  de  sus  declaraciones  y del fallo de primer  grado,  que  para  el efecto constituye unidad inescindible con la sentencia del  Tribunal.   

3.  Tratándose de la distorsión de la  indagatoria,  el  Delegado  tampoco  encuentra la comisión de un error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  pues  si  bien el acusado negó tener algún  recuerdo   de   lo   acontecido,   también  narró  varias  circunstancias  que  desvirtuaron  tal  aserto y ponen de presente su percepción adecuada de algunos  de los sucesos.   

Esas manifestaciones del acusado le sirvieron  al  Tribunal  para  cuestionar  la  credibilidad  de  su versión en cuanto a la  asegurada  pérdida momentánea de la conciencia, que el defensor derivó, no de  los  golpes como sostuvo MERCHÁN SALAMANCA,  sino de la ingestión de alcohol, sin atinar a demostrar cómo la  postura  del ad quem sobre dicho tópico pudo afectar la identidad del hecho que  entendió corroborado con otros medios probatorios.   

4.   Por  último,  frente a la acusada  distorsión  del  dictamen  de  embriaguez,  el  Procurador estima que el reparo  surge  por  completo  infundado,  pues el censor no comprobó que el Tribunal al  fijar  el  alcance  de tal prueba afectó su expresión y, menos aún, verificó  la  trascendencia  del  yerro  endilgado dentro del contenido de la providencia,  quedando  entonces  el  ataque  en  una  afirmación carente de toda importancia  dentro del recurso extraordinario de casación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, el  demandante  aduce  que  la  sentencia impugnada quebrantó la ley sustancial, en  forma  mediata,  por  haber  incurrido  el  Tribunal  en  errores de hecho en la  apreciación   probatoria   por  falsos  juicios  de  identidad,  desatinos  que  condujeron,  según  afirma,  a  la  aplicación  indebida del artículo 323 del  Código  Penal  (Decreto  100  de  1980)  y  a  la  exclusión  evidente  de los  artículos  247  y  445  del  estatuto  procesal  penal  (Decreto 2700 de 1991);  censura  que  como lo advierte el Ministerio Público en su concepto, se muestra  por  completo  ausente  de  fundamento  y,  en  consecuencia,  sin  vocación de  prosperidad.   

          1.  En  efecto,  en  el  reparo  inicial  le  imputó  al ad quem la  distorsión  del  dictamen  de  siquiatría  forense  al  cual  fue  sometido el  procesado  MERCHÁN SALAMANCA;  sin  embargo,  el  desarrollo  argumentativo  del  ataque  en  manera  alguna se  armoniza  con  dicho  enunciado,  porque  el  recurrente  no  lo  orientó  a la  demostración  de  un  dislate de la naturaleza indicada, que sólo le resultaba  posible  confrontando  el  contenido  de  la  prueba  como  fue  asumido  en  la  providencia  impugnada  con el texto de la referida experticia, menos aún, a la  constatación  de la incidencia del yerro denunciado en el sentido y alcance del  fallo impugnado.   

          No   sobra   precisar,   en   todo   caso,  que  en  la  peritación  psiquiátrica   se   concluyó   respecto   del   sindicado   que   “ni  en  la  época  de los hechos ni en la actualidad…ha estado  sufriendo   de   enfermedad  mental  que  le  impidiera  regir  y  entender  sus  actos”,  sin  que  al  ser valorada en los fallos de  primera   y  segunda  instancia  se  hubiese  tergiversado;  por  el  contrario,  diluyendo  en  forma absoluta el yerro endilgado, de la simple constatación del  análisis  probatorio  de  los  juzgadores  se  colige  que respetaron de manera  fidedigna la expresión objetiva del referido elemento de juicio.   

          Ciertamente,  el  sentenciador a quo en decisión que integra unidad  jurídica  inescindible  con la que es objeto de la impugnación extraordinaria,  luego  de  discurrir sobre las diferencias entre las intoxicaciones alcohólicas  aguda  y  crónica, transcribió con fidelidad las conclusiones del dictamen con  miras  a  desvirtuar el trastorno mental transitorio alegado por la defensa, que  encontró  desvirtuado  con  fundamento  adicional en el examen de embriaguez al  cual  fue  sometido  MERCHÁN  SALAMANCA  dos  horas  después  de  los  sucesos  y  a  través de las propias  manifestaciones  de  aquél  al  rendir  indagatoria,  infirmantes  de   la  existencia  de  “una  laguna  en la psiquis del  procesado  al  momento de la ocurrencia del ilícito”  (fs. 21 y s.s. cdno. 2).   

           Por  idéntico  sendero  transitó  el  Tribunal  al  examinar  dicho  punto, pues con remisión a las discusiones de la  pericia  y  también  a  su  aparte  conclusiva,  le asignó un contenido que se  ajusta  plenamente  a  la  expresión  objetiva  de  tal  prueba.   Afirmó  concretamente:   

“Como  refuerzo del anterior análisis, es  importante  resaltar que, en la pericia siquiátrica realizada al inculpado JOSE  BELARMINO  MERCHÁN  (fls.  221  al  224)  se  concluyó  conforme se indicó en  precedencia,  que  éste  en  el  momento  de  los hechos ni en la actualidad ha  estado  sufriendo enfermedad mental que le impidiera regir entender (sic)    sus    actos…” (f. 25, cdno. Tribunal).   

          De  ahí  que  ante  la imposibilidad de  establecer   la  falta  de  correspondencia  entre  el  contenido  del  dictamen  psiquiátrico  y  el  que le fue atribuido en los fallos de instancia, el censor  acuda  a  la  simple controversia sobre las conclusiones que desde su personal e  interesa  perspectiva  estima  pueden  extraerse  de  dicha pericia, pues afirma  escuetamente  que  a pesar de haberse colegido en ella la inexistencia de alguna  enfermedad  mental en el sindicado, surge viable en todo caso el padecimiento de  un trastorno mental transitorio.   

          Por  otra  parte,  contrario  a  lo  atestado por el demandante, los  juzgadores  invocaron  la  comentada  pericia  para  colegir que el sindicado al  momento  de  los  sucesos  estaba  en  capacidad de comprender la ilicitud de su  conducta  y  de determinarse de acuerdo con ese entendimiento, rechazando por lo  tanto  el  trastorno  mental transitorio invocado en defensa del implicado y que  obviamente  negaba  la  imputabilidad  colegida por los falladores, pero sin que  tal  elemento  de  juicio  resultara  insular  en relación con esta específica  apreciación.    

           Ciertamente,  tal  conclusión  aparece  sustentada   además,  reitera  la  Sala,  en  la  embriaguez  aguda  grado  uno  dictaminada   en  el  examen  de  ebriedad;  como  también,  en  el  relato  de  MERCHÁN  SALAMANCA  en  la  indagatoria,  donde  concretó los actos inmediatamente anteriores y posteriores  a la muerte investigada.   

          En  lo  atinente  a  la diferencia que plantea el casacionista entre  los  campos  de  acción  del  siquiatra  y  del  psicólogo,  como  destaca  el  Ministerio  Público,  el  raciocinio queda en el plano de una huera afirmación  que  en  manera alguna revela algún desacierto en la apreciación de la prueba,  respecto   de  la  cual  no  se  precisa  incluso  su  incidencia  frente  a  la  responsabilidad penal atribuida al sindicado en el fallo.   

          En  síntesis,  tratándose  de este reproche, la argumentación del  demandante  a la manera de un alegato propio de las instancias, sin verificar la  existencia  de  algún  desatino  en la decisión censurada en la contemplación  material  de  la  prueba de psiquiatría forense, se tradujo simple y llanamente  en  la postulación del impugnante sobre la posibilidad de haber estado afectado  su  asistido  al  momento  de  comisión  del  homicidio por un trastorno mental  transitorio  causado  por  la  ebriedad, criterio que enfrenta al esbozado en el  fallo  recurrido,  sin  tener  en  cuenta que éste arriba amparado por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  desvirtuable tan sólo, tratándose del  quebranto  mediato  de  la  ley sustancial, mediante la demostración de errores  trascendentes  de  hecho  o  de  derecho, postulados además mediante argumentos  claros, precisos y lógicos.   

          2.   El  segundo reparo se ofrece también carente de realidad.  Ciertamente,  el  defensor  acusó  la  distorsión  de  los testimonios de Luis  Agustín  Hernández  y  Edwin  Ruiz  Rocha al atribuírseles, según indica, la  condición  de  presenciales  del disparo efectuado al occiso y que ellos mismos  negaron en sus respectivas versiones.   

          Sin  embargo,  el  casacionista perdió de vista aquí una vez más,  que  tratándose  del falso juicio de identidad la demostración del error exige  de  antemano,  el cotejo de la prueba como fue asumida en el fallo con el de las  actas  o  textos  que  la recogen; confrontación echada de menos y que de haber  efectuado  lo  habría  determinado  a  admitir  que  los  falladores tomaron el  contenido  material  de  las  declaraciones  enunciadas  con  absoluta fidelidad  descartándose el desacierto invocado sin asidero.   

          Así, en la sentencia del a quo, que para  el  efecto  constituye  unidad  jurídica  inescindible  con el fallo impugnado,  tratándose  de  la  versión de Luis Agustín Hernández Vega en momento alguno  se  le  asignó  la  percepción  a  la  cual  alude  el libelista.  Por el  contrario,  con estricto apego al contenido de su dicho y diluyendo la infundada  crítica de la demanda se precisó:   

“En cuanto toca con el delito de homicidio,  no  le  cabe  al  Despacho  la  menor  duda  de que fue José Belarmino Merchán  Salamanca  y  no otra persona quien dio muerte al señor Pedro Elías Hernández  Vega.   Para  llegar  a  tal  conclusión  basta remitirnos inicialmente al  testimonio  del hermano del occiso, señor Luis Agustín Hernández Vega (fs. 13  y  147),  quien  con  lujo  de  detalles  describe  la  manera  como  sucedieron  efectivamente  los  hechos  en  los  cuales  fuera  asesinado  su hermano menor,  manifestando  inicialmente  que  en  momentos en que se encontraba en compañía  del  hoy  occiso y de su otro hermano Hermindo Hernández Vega en el interior de  un  establecimiento  de  propiedad  del  primero de los nombrados, entraron tres  sujetos,   quienes   intercambiaron   algunas   palabras   con  el  hoy  occiso,  luego  de lo cual escuchó una detonación y observó  que  su  hermano  Pedro  Elías  tenía  una  mancha  de  sangre a la altura del  pecho…”  (f.  19, cdno.  Tribunal.  Negrillas fuera de texto).   

          Por  tal  razón,  el  libelista  en  este  punto  plantea la simple  controversia  sobre  la fuerza probatoria del referido testigo, de quien dice no  formula  cargos concretos en contra de su asistido porque relató únicamente el  enfrentamiento  con  el sujeto que esgrimía un arma y al que acusa de oídas de  ser el autor del homicidio.    

          En fin, sin acreditar el dislate acusado,  el  impugnante  deja entrever tan sólo su inconformidad con el mérito otorgado  a  tal  deponente  al  deducir  la  responsabilidad  del  sindicado MERCHÁN   SALAMANCA,  que  no  admite  la  existencia  de  un  error  acusable  en  casación pues el ordenamiento procesal  penal  consagra el sistema de la persuasión racional; reparo en el cual soslaya  además  que  las conclusiones de los falladores sobre la autoría del homicidio  no  se  sustentaron exclusivamente en la versión del citado, sino en un cúmulo  de   evidencias   que   se  abstiene  de  controvertir  tornando  incompleta  la  propuesta.   

          En  lo  atinente  a  la  versión  jurada de Edwin Ruiz Rocha, en la  misma providencia del a quo se sostuvo:   

“…quien  relata  haber  visto el momento  mismo   en   que   el   señor   José   Belarmino  Merchán  le  dispara  a  la  víctima” (fl. 20, cdno. Tribunal).   

          Apreciación  esbozada  con  estricto apego al contenido fáctico de  dicha  prueba,  pues  el  testigo  en  el  aparte  pertinente  si  bien refirió  encontrarse  en  algún  momento  de  espalda  a los protagonistas del episodio,  también  aclaró  haber visto el preciso instante del disparo en los siguientes  términos:   

“…y  estaba  en  el  mostrador  cuando  llegaron  ellos  y  ellos pidieron tres cervezas entonces yo estaba con mi amigo  ahí  y  ellos  miraron  al muchacho con el que yo iba y uno llegó y se paró y  miró  al  muchacho  con  el  que yo estaba y le dijo que todo bien, entonces mi  amigo  agachó la cabeza y le dijo si señor entonces cuando me miró a mi yo le  dije  a  don  Pedro  que  me diera dos cervezas y el señor ese me miró a mi de  arriba   abajo   cuando  yo  llege  (sic)      y     lo     miré     de     arriba     bajo     (sic) y me fui para donde estaba mi amigo  que  estaba  por  ahí  a  dos  metros de distancia cuando yo llege (sic)  y  le  di  la  cerveza al muchacho  le  di  la  espalda  a ellos  cuando  yo  voleto  (sic) a  mirar  fue  que el señor ya tenía el revólver se lo  tenía  puesto  a  don  Pedro y le disparó y el señor  cayó  entonces  el  hermano  de  don  Pedro llegó y se le mandó a quitarle el  revólver…”   (f.   163,   cdno.  1).   

          2.3    Con  similar  impropiedad,  en  el  tercer  reproche  el  demandante  plantea  la  distorsión  de  las  indagatorias  de los procesados y  arguye  escuetamente,  en  primer  término,  que el acusado atestó no recordar  nada   de   lo   acontecido   y   sin   embargo   los   juzgadores  “lo  ponen  a  decir  en  detalle  todo lo que hizo”.   

          Esta  crítica  se  muestra  sin  atisbo  alguno  de  realidad,  pues   los  sentenciadores con respeto del contenido  fáctico    de    la    versión    injurada    del   sentenciado   MERCHÁN  SALAMANCA, aludieron al recuento  que  aquél  hizo  de  los  episodios  anteriores  y  posteriores  a  la  muerte  investigada, incluso, con transcripción fiel de su dicho.   

          Por  otra  parte,  tratándose de la versión del también sindicado  JOSE   HUGO   MERCHÁN,  el  libelista  en  la  sustentación  del  reparo  no concreta la tergiversación de  dicha  prueba  ni  desatino  alguno en su contemplación material; adversamente,  con  la  vana  pretensión  de  propiciar un debate probatorio concluido con los  fallos  de  instancia,  se  limita  a  asignarle a una de sus manifestaciones la  importancia  para  diluir la falta de coherencia predicada por el Tribunal entre  el  procesado  y  su  defensor  sobre  la  causa de la pérdida de conciencia de  éste,  que  en  todo  caso,  el  ad quem  descartó con apoyo en la prueba  pericial.   

          2.4   El  reparo  final  de  la demanda se hizo consistir en la  distorsión  del  dictamen  sobre  la  embriaguez, pero el libelista no intentó  comprobar  siquiera  que el Tribunal al analizar dicha prueba alteró por exceso  o   defecto   su  expresión  objetiva;  por  el  contrario,  en  la  pretendida  sustentación  del desatino acusado, reseñó tan sólo su inconformidad con las  conclusiones  extraídas  de la misma en conjunción con los restantes elementos  de  juicio  incorporados  a  los  autos en torno al trastorno mental transitorio  alegado en defensa del acusado.   

          Más  aún,  el  ataque también carece de asidero.  En efecto,  el  médico  forense  al auscultar al sindicado poco después del homicidio, con  fundamento  en  los  signos  clínicos  concluyó  una embriaguez aguda positiva  grado  uno,  que  fue  la  afirmada en los fallos de instancia al examinar dicho  medio de persuasión.   

          2.5   En  los apartes finales del libelo el casacionista esboza  su  particular  e  interesada  tesis sobre la ausencia de certeza en cuanto a la  autoría  del  homicidio, al plantear demostrada en autos una gresca en curso de  la  cual cualquiera pudo disparar ocasionando la muerte investigada, afirmación  lacónica  a través de la cual se sustrajo al deber de enunciar y acreditar que  el     Tribunal     cometió     un    error    de    apreciación    probatoria  trascendente.   

          Así  las  cosas,  por lo atrás argumentado, fuerza concluir que la  censura  examinada  no  prospera,  en  consecuencia,  el  fallo  impugnado no se  casará.   

Resta agregar finalmente, que la aplicación  retroactiva  favorable  de  las  disposiciones  contenidas en el actual estatuto  punitivo  (Ley  599  de  2000),  frente  a las normas preexistentes a los hechos  investigados  y  con  sujeción a las cuales se profirió la condena, si hubiere  lugar  a  ella, le compete al Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad  de  conformidad  con  las  previsiones  del artículo 79-7º del actual estatuto  procesal penal.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          NO CASAR el fallo impugnado.   

          Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

         

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  ARBOLEDA RIPOLL              JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE           

JORGE  A.   GÓMEZ  GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS        E.        MEJÍA  ESCOBAR                        NILSON  PINILLA PINILLA   

        No hay firma   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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