13358(04-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 13358  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                            Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                                     Aprobado Acta # 099   

Bogotá  D.C.,  septiembre cuatro (4) de dos  mil tres (2003).   

VISTOS:  

Asume  la  Sala  la  resolución del recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por el defensor del procesado MANUEL  ESTEBAN  AGÁMEZ  VILLEGAS, contra la sentencia de diciembre 19 de 1996 mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena confirmó la condenatoria que le  dictó  el  Juzgado  8º  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, al derivarle  responsabilidad   delictiva   como  sujeto-agente  de  la  conducta  punible  de  homicidio, en el grado de conato.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.   A eso de  las  10  de  la noche del 11 de diciembre de 1994, Aidé María Cervantes Romero  (de  18  años  de  edad),  quien  caminaba  acompañada  de  Julio César Posso  Martínez  (  41  años) por una zona despoblada aledaña al Barrio La Invasión  del  municipio de Mahates (Bolívar), fue atacada a golpes de machete por MANUEL  ESTEBAN  AGÁMEZ  VILLEGAS (23 años), con quien había hecho vida marital hasta  hacía  poco  procreando a un hijo. Posso Martínez, detrás del cual se escudó  al  comienzo  la  mujer, recibió una herida en el hombro izquierdo. Ella, quien  cayó  cuando  intentaba  retroceder, fue víctima de varias heridas logradas en  diferentes  partes del cuerpo, tales como el cuello, la cabeza, los brazos y las  manos.  Le brindaron los primeros auxilios en el Hospital del lugar, pero debido  a  su  gravedad  la  remitieron  al Hospital Universitario de Cartagena donde la  sometieron  a  diferentes intervenciones médicas, entre ellas la amputación de  su  mano  derecha,  que  fue  destruida  en  el ataque al protegerse con ella la  cabeza.   

2. Fue vinculado el  agresor  al  proceso  a  través  del  mecanismo  de  la indagatoria, a quien la  Fiscalía  detuvo  preventivamente  el 19 de diciembre de 1994 y acusó el 27 de  abril  de 1995 como presunto autor del cargo de tentativa homicidio, agravado en  virtud  de  las  circunstancias previstas en los numerales 4º (motivo fútil) y  7ª  (indefensión  de la víctima) del artículo 324 del Código Penal de 1980.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el 22 de febrero de 1996 el Juzgado 8º Penal del Circuito de Cartagena  condenó  al  acusado  a  20  años  de  prisión,  interdicción  de derechos y  funciones  públicas  por  el  término de 10 años y al pago en concreto de los  daños y perjuicios causados con el homicidio.  Y,    

4.  El  defensor  apeló  ese  pronunciamiento,  que el Tribunal Superior de Cartagena confirmó a  través del fallo que ahora se recurre en casación.   

LA DEMANDA:  

Al alero de la causal 3ª  (artículo  220  C.  de  P.  Penal de 1991), persigue el recurrente que la Corte  case  el fallo impugnado y declare la nulidad de la actuación a partir del auto  de     marzo     22     de     1995,     con     los     siguientes     soportes  argumentales:   

El sindicado “confesó  plena  y  simplemente”  en  la indagatoria el hecho que se le imputó y, en su  condición  de  defensor,  dictada  la  resolución de cierre de la instrucción  pero  no ejecutoriada todavía, presentó solicitud de sentencia anticipada y la  Fiscalía,  a  través de la decisión anotada, la consideró extemporánea y no  accedió  a  tramitarla.  Posteriormente,  pues la situación se planteó dentro  del  término  dispuesto  en  el  juicio para alegar nulidades, el Juzgado de la  causa  y  el  Tribunal  Superior  compartieron  el  parecer  del instructor y lo  revalidaron.   

El  artículo  37  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 1991 contemplaba la posibilidad de acogerse  al   mecanismo   allí   regulado   “hasta   antes   de   que   se  cierre  la  investigación”,     es     decir     –de acuerdo con  su              interpretación—, hasta antes  de  la  ejecutoria  de  esa  decisión y no de su simple proferimiento. Así las  cosas,  en  el  presente  caso la solicitud se realizó dentro de la oportunidad  prevista  por  la  ley para hacerlo, razón por la cual se afectó la estructura  del  proceso  y  los  derechos  de  defensa  y debido proceso, al no surtirse el  trámite  correspondiente  e  impedírsele  a  su  procurado  la  oportunidad de  obtener  la  sentencia  anticipada  y, de contera, la disminución de la tercera  parte de la pena que como estímulo se ofrecía.   

CONCEPTO DE LA PROCURADORA 4ª DELEGADA EN LO  PENAL:   

Luego  de transcribir el precedente judicial  de  16 de abril de 1998, en el cual se concluyó que la primera oportunidad para  acogerse  a  sentencia  anticipada,  en  concordancia  con  el  artículo 37 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991,  era el cierre de la investigación  ejecutoriado1,  precisa  la  Delegada  que la negativa de la Fiscalía en el caso  subexámine  a tramitar la petición del defensor, se erige en causal de nulidad  procesal:   

“…si   con   la  sentencia  anticipada  –argumenta—se orienta el proceso hacia un especial  trámite  previamente previsto de manera legal, el hecho de no acceder a él, no  obstante  haber  sido solicitado oportunamente, para continuar procesalmente con  el  desarrollo  ordinario, comporta una transgresión no sólo al debido proceso  y  constituye una dilación injustificada del mismo, sino al derecho de defensa,  pues  no solo se niega un procedimiento legal más rápido a quien ha optado por  él,  sino  que  se  le  priva  del reconocimiento de aminorante de la pena, que  dicha  solicitud  conlleva,  lo  que de suyo implica transgresión a los citados  derechos fundamentales”.   

Que se case el fallo recurrido y se anule lo  actuado  desde donde lo plantea la censura es, en conclusión, el criterio de la  Procuraduría.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. La Constitución  Política  de  Colombia da albergue en su parte dogmática a una importante gama  de     valores,     principios    y    derechos    fundamentales    –soporte   político,   filosófico   y  jurídico  de las normas rectoras que a manera de faros hermenéuticos consagran  los  códigos-,  entre  los  que  sobresalen los valores justicia y orden justo,  convivencia,  igualdad,  libertad  y  paz;  los  principios según los cuales el  nuestro  es  un  Estado  Social y Democrático de Derecho, y que tiene entre sus  fines  esenciales  el  de facilitar la participación de todos en las decisiones  que   los   afectan;   y,   el   derecho   fundamental   a   un  debido  proceso  público.   

De  ese  contexto  axiológico  surge  con  primacía  el  principio  de  legalidad  o  de  necesidad, que en el ámbito del  proceso  penal significa, grosso modo y entre otras variantes, que, cometida una  conducta   delictiva,   si   no   median   causales   de   justificación  o  de  inculpabilidad,   el   correspondiente   procedimiento  debe  culminar  con  una  sentencia  de condenación. Pero a manera de excepción, ha ganado espacio en la  institucionalidad  jurídico-penal  nacional  el  principio  de la oportunidad o  conveniencia  que  permite  al  procesado procurar la disposición de la acción  penal  en  busca  de  los  fines  generales de la aceleración del trámite para  facilitar  al  Estado-Juez  la  eficacia  de la función pública de Administrar  Justicia  y, simultáneamente, la moderación punitiva para aquél, fuente de la  figura  de  derecho premial que bajo el apelativo de sentencia anticipada traía  el  artículo  37 del Código de Procedimiento penal de 1991 y trae el artículo  40  del  estatuto  que  lo  reemplazó,  habilitando  fases  procesales  para su  solicitud  y  aplicación, que la Jurisprudencia, siendo consecuente con su alta  misión  de vivificar la ley positiva para impedir su fosilización y de sofocar  criterios  y  situaciones críticas de la cotidianeidad acercándola al mundo de  la  realidad  con  trascendencia  de  una  dinastía sumamente prestigiosa y una  enorme  audiencia  con  fuerza  de  argumento  de autoridad y deferencia por los  entendidos,  interpretó de manera sucesiva adaptando la literalidad del texto a  su mejor filosofía.   

2. Visto quedó que  como  el  fundamento  de  la propuesta casacional estriba en una aducida nulidad  derivada  de  la  falta  de trámite de la solicitud de sentencia anticipada que  realizó  el recurrente a nombre de su representado  antes de la ejecutoria  de   la  resolución  que  dispuso  el  cierre  de  la  instrucción,  se  deben  puntualizar los siguientes acontecimientos procesales:   

2.1.  Febrero  23  de 1995: La Fiscalía declara  clausurada la investigación (fl. 63).   

2.2.  Marzo 15 de  1995:  En  esta  fecha, correspondiente al tercer día  del  término  de  ejecutoria de la decisión anterior, el defensor interpuso el  recurso  de  reposición,  con  una  doble  motivación:  La  primera, que no se  contaba  con  la prueba mínima necesaria para calificar el mérito sumarial por  no   haberse   allegado  algunas  evidencias  que  estimó  importantes  “para  determinar  la  responsabilidad  del sindicado y especialmente para poder alegar  en  su  favor  en  este  momento  procesal y de esa manera efectuar una objetiva  defensa  acorde  con  la gravedad del asunto”; la segunda,  del siguiente  tenor:   

“Sin  embargo,  en  todo  caso,  estando  todavía  dentro  del  término de ejecutoria del auto que decretó el cierre, y  en  obedecimiento  al  querer  que  me  ha  expresado  el  señor MANUEL ESTEBAN  VILLEGAS,   solicito  a  su  señoría  se  sirva  citar  a  su  despacho  a  mi  representado  con  el  fin de acogerse a las prescripciones del artículo 37 del  Código   de  Procedimiento  Penal  y  en  consecuencia  se  profiera  sentencia  anticipada” (fl. 68).   

2.3.   Marzo   22   de  1995:  Se  resuelve  adversamente  la  impugnación.   El  instructor,  de  una parte,  expresó  que  sí  militaba  en el expediente prueba de la contextura requerida  por  la  ley  en el propósito de calificar el sumario y, de otra, apoyado “en  posiciones  doctrinales  y  jurisprudenciales”,  estimó  que  el límite para  acogerse  a  la  sentencia  anticipada  en  la  fase  de  la instrucción había  finalizado  con  el  proferimiento  del  auto  de  cierre  y,  por lo tanto, esa  petición  aparecía  extemporánea.  Adicionalmente  consideró  contradictorio  pedir  la  reposición  de  la  resolución  por no existir el acervo probatorio  suficiente  para  calificar  y,  a  la  par, decir “que con ese mismo material  probatorio  existe  evidencia  suficiente  como  para presentar cargos contra el  sindicado y propiciar así una sentencia anticipada” (fl. 74).   

2.4.  Marzo  29  de  1995: El defensor interpone  el  recurso  de  apelación  en  contra  de  la  determinación de no acceder al  trámite  de  la  solicitud  de sentencia anticipada y presenta la sustentación  respectiva el 5 de abril siguiente (fls. 80 y 89).   

2.5.   Abril   10   de  1995:  El  defensor  solicita  la  libertad  provisional del procesado por permanecer éste  120  días  privado  de  la  libertad  y  no  haberse producido la calificación  sumarial (fl. 93).   

2.6.  Abril  13  de  1995: Se otorga la libertad  provisional  y  se  condiciona  su  efectividad  a  la constitución de caución  prendaria  por  la  suma  equivalente  a  dos  salarios  mínimos  legales  (fl.  96).   

2.7.  Abril  20  de 1995: El defensor, con miras  a  obtener  que la caución sea juratoria, interpone los recursos de reposición  y apelación en contra de la determinación anterior (fl. 104).   

2.8.  Abril  27 de 1995: Se dicta la resolución  de  acusación  y se revoca la orden de libertad provisional.  El Fiscal, a  la  vez,  por considerar que la decisión de no tramitar la sentencia anticipada  no  era  susceptible  del recurso de apelación porque se encontraba incluida en  el  auto  que resolvió la reposición del cierre de la investigación, lo negó  (fl. 109).   

2.9.  Mayo  8  de  1995: En contra de la última  decisión   el   abogado  de  la  defensa  plantea  el  recurso  de  hecho  (fl.  121).   

2.10. Mayo   23  de  1995:  El  Fiscal  de  2ª  instancia,  aunque  “desecha  el  recurso  de  hecho”,  estima  –sustentado   en   doctrina—que  la  primera  oportunidad  para  la  solicitud  de  sentencia  anticipada finaliza con el proferimiento del cierre de  la investigación.   

2.11. Julio  10 de 1995: Dentro del término del  traslado  para  solicitar  pruebas  y nulidades en el juicio el defensor pide la  invalidación  de lo actuado a partir del auto del 22 de marzo de 1995, mediante  el  cual  el  funcionario  instructor  no  accedió  al  trámite  de  sentencia  anticipada:   

“…es      claro     –dice  al  final del escrito—que  el  hecho  de no haber accedido la  Fiscalía  a  dar aplicación al artículo 37 del Código de Procedimiento Penal  negó  la  oportunidad  de  obtener  para  el procesado una sentencia anticipada  conculcando  legítimos derechos prescritos en las disposiciones que informan la  materia  y  atentando gravemente contra el derecho de defensa consagrado legal y  constitucionalmente” (fl. 136).   

2.12. Julio  27  de  1995: El Juzgado 8º Penal  del  Circuito de Cartagena, apoyado -al igual que el Fiscal de 1ª instancia- en  los  “Comentarios  a  la  Ley  81  de  1993”, autoría de un autor nacional,  concluyó que la solicitud de sentencia anticipada:   

“no es aceptable en el período comprendido  entre  el  momento  en  que se profiere la decisión de cierre de investigación  hasta cuando queda ejecutoriada la resolución de acusación”.   

En  consecuencia, el despacho judicial negó  la  solicitud  de  nulidad,  no  sin  dejar  de  advertir que si el interés del  procesado  “era realmente el de acortar el procesamiento, no se entiende cómo  no  se  ha hecho uso de la oportunidad que consagra la norma para implementar la  figura en la etapa del juicio” (fl. 140).   

2.13. Agosto  3  de  1995: El defensor interpone  el  recurso  de  apelación  en  contra  de  la  anterior  determinación. El 15  siguiente  presenta la sustentación respectiva, insistiendo en su postura (fls.  154 y 158).   

2.14. Diciembre  12  de  1995: La Sala Penal del  Tribunal  Superior  de Cartagena comparte la lectura que han venido haciendo los  funcionarios  del artículo 37 del Código de Procedimiento Penal de 1991 y, por  ende, confirma la providencia apelada.   

2.15. Febrero   1º  de  1996:  Se  reanuda  la  diligencia  de  audiencia  pública,  iniciada el 31 de agosto de 1995, y tienen  lugar  las  intervenciones de los sujetos procesales.  El defensor advierte  que  en  cuanto  se  le  ha  impedido  a  su  procurado  acogerse a la sentencia  anticipada,  el fallo va a dictarse en un juicio viciado de nulidad. Plantea, de  otra  parte, que se le reconozca la aminorante punitiva de la ira y la rebaja de  pena por confesión (fl. 175).   

2.16. Febrero  22  de  1996:  El  Juez  de  1ª  Instancia,   en   relación   con   el   punto   que   interesa,   dijo   en  la  sentencia:   

“Finalmente,    en   cuanto   a   las  argumentaciones  de  la  defensa,  realmente  por  la invalidez del proceso, nos  remitimos  a  lo  que  ya expresamos en proveído anterior, agregando, que en el  estadio  del  juicio,  nunca fue hecha una solicitud de sentencia anticipada, de  manera  que  si  el  defensor consideró prudente la aplicación de esta figura,  debió  insistir  en  ella en la etapa de la causa, sabido hasta la saciedad, de  que  la  solicitud  hecha  en  este sentido en la etapa instructiva, había sido  declarada extemporánea conforme a la ley” (fl. 199).   

2.17. Abril   12   de   1996:  En  el  acto  de  sustentación  oral  del  recurso  de  apelación  que  el defensor interpuso en  contra  de  la  sentencia  condenatoria  le  solicita  al Tribunal, por la misma  razón  en  la  que  ha  insistido  durante el trámite procesal, que declare la  nulidad  de  lo  actuado desde la resolución de la Fiscalía del 22 de marzo de  1995.   Cuestiona, además, que no se le haya reconocido a su defendido las  rebajas   punitivas   correspondientes   a  la  ira  y  a  la  confesión.    

         

2.18. Diciembre  19  de  1996:  En la sentencia  recurrida  en  casación  el Tribunal Superior de Cartagena no accede a decretar  la nulidad.   

2.19. Mayo  7  de 1997: Día de presentación de  la demanda de casación.   

3. El artículo 37  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991, vigente cuando se presentó la  situación  procesal  a  la  cual  se  refiere el casacionista, disponía que la  primera  oportunidad  para  la petición de sentencia anticipada tenía comienzo  con  la  ejecutoria  de  la  resolución  de situación jurídica y se extendía  “hasta antes de que se cierre la investigación”.   

Esta  última  expresión fue entendida por  los  funcionarios  judiciales  competentes como “hasta antes del proferimiento  del  cierre  de  la  investigación”,  criterio  de  interpretación dominante  perfilado por la alta jurisprudencia:   

“Tal  como se desprende del contenido del  artículo  37  del  C.  de  P.P., reformado por el artículo 3º de la ley 81 de  1993,  es  posible  dar  terminación  al  proceso  mediante  el mecanismo de la  sentencia  anticipada, a solicitud del procesado, bien sea que lo haga antes del  cierre   de   investigación   o   una   vez   proferida   la   resolución   de  acusación.   

“La  institución  como  tal  apunta a un  claro   objetivo   de   política  criminal,  consistente  en  que  mediante  la  colaboración   del   sindicado   se  le  economice  tiempo  y  esfuerzos  a  la  administración  de  justicia  en  la  búsqueda  de  la verdad material que dio  origen a la investigación penal.   

“En   el   marco   de   los  anteriores  presupuestos  si  se  opta  por  solicitar  la  sentencia anticipada en la etapa  instructiva,  es evidente que en consonancia con esa clara finalidad buscada por  el  legislador,  la  solicitud  debe  elevarse  antes de que el Fiscal cierre la  investigación,   es   decir,   antes  de  que  profiera  el  auto  que  declare  perfeccionada esa etapa procesal.   

“Resulta  evidente que si el Estado busca  mediante  la  terminación  anticipada  del  proceso  que  el organismo judicial  encargado  de  instruirlo  renuncie  a  la  búsqueda  de  pruebas, porque se ha  suscitado  la declaración voluntaria del procesado, ninguna razón habría para  que  esa  oportunidad se difiera al momento del cierre de investigación, porque  esa  ‘voluntaria’              ‘colaboración’  del  implicado perdería toda validez  frente  a  una  investigación que ya se encuentra perfeccionada, máxime cuando  este  acto procesal supone la existencia de la prueba suficiente para dar paso a  la   calificación   del   mérito  del  sumario”.2   

4.  Pero, este  precedente   fue   superado   por   la   Suprema   al   decidir   que  ese  giro  idiomático-legal  (“hasta  antes  de  que se cierre la investigación”, del  artículo  37  del  Código  de  Procedimiento Penal de 1991), debía entenderse  como    “hasta    antes    de    la    ejecutoria    del    cierre    de    la  investigación”3.    

5.   De  lo  anterior  brilla que esa hermenéutica de la Fiscalía, apoyada en argumentos de  autoridad  doctrinarios  y  jurisprudenciales,  que la llevaron a no tramitar la  solicitud  de  sentencia  anticipada  elevada por el defensor el día en el  que  iría  a  quedar  ejecutoriado el cierre de la investigación por estimarla  inoportuna,  era  absolutamente razonable por entonces. El problema jurídico de  hoy  es,  si superado ese criterio,  la negativa a ese trámite procesal se  torna  en  irregularidad  sustancial  demandable   en casación.    

6.   Para la  Corte  la  respuesta  a ese interrogante no puede ser sino positiva, afirmación  categórica  que  surge  de la sistemática del proceso penal colombiano y de su  dinastía     de      “máximo     tribunal     de    la    jurisdicción  ordinaria”4,  así como de su función constitucional y legal de “actuar como  tribunal           de          casación”5,   con  el  fin,   entre  otros,  de  la  “unificación  de  la  jurisprudencia  nacional”6.   

7. En ese orden de  ideas,  definido un tema jurisprudencial por parte de la Sala de Casación Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  en  ejercicio  de sus funciones dentro del  recurso  extraordinario,   ese  criterio  es aplicable intemporalmente para  todos  los  supuestos  de hecho que se enmarquen dentro del ámbito de cobertura  de  la  norma interpretada por la Corporación, sin que a esa hermenéutica sean  oponibles  otras opiniones doctrinales, por plausibles que sean, bajo las que se  resolvió   el   problema  jurídico,  so  pena  de  asistematizar  la  función  unificadora de la Corte como Tribunal de Casación.   

8. Y en ese mismo  hilo  de  argumentación,  aparece  evidente que estando en trámite el proceso,  por   no   haber   adquirido   ejecutoria   la   sentencia  que  lo  define,  la  interpretación  de  la  Corte  es  nueva sólo aparentemente –si se le mira en  exclusividad  desde el ámbito cronológico– pero no lo es en verdad –desde la  óptica  de  la  aplicación  de  la  ley–,  pues  la  ley  siempre  ha  debido  interpretarse  así,  en  la forma como lo hace la Corte cuando en desarrollo de  su  función  tiene  oportunidad  de  hacerlo,  de  modo  que al establecerse en  desarrollo  del  último  recurso,  de  aquel  que  busca  únicamente  poner en  discusión  la  legalidad del juzgamiento –que por ello es extraordinario–, la  casación,  que éste contiene una forma de definición de un problema jurídico  en  términos  que  contradicen el criterio de la Corte Suprema de Justicia, tal  hecho  constituye  un error y, si es trascendente, ameritará el desquiciamiento  del  fallo o de la actuación procesal en procura del restablecimiento del orden  jurídico.   

9.   Resultaría  de  veras  atentatorio  de la estructura de ese orden jurídico que  teniendo  la  Corte definido, mayoritaria o pacíficamente, un punto determinado  de   interpretación,   y  constatando  dentro  del  ejercicio  de  su  función  casacional  que  el  mismo ha sido desconocido dentro de ese preciso trámite en  el  que está ejerciendo su alta misión, no pudiere corregir el desfase bajo el  pretexto   que  su  hermenéutica  fue  temporalmente  posterior  a  la  de  los  Juzgadores  que decidieron el tema. De esa manera terminaría justificándose el  error  por  la  plausibilidad  de  la interpretación de la ley, tema propio del  juicio  de  prevaricación,  y no construyéndose sobre la objetividad del mismo  frente   a   la  función  unificadora  de  la  jurisprudencia  que  le  compete  exclusivamente  a  la  Corte  Suprema  de  Justicia  como máximo tribunal de la  jurisdicción ordinaria y juez de casación.   

         10.  Además,  una postura jurisprudencial  adversa  a lo que se viene sosteniendo, haría viable la causal de revisión que  se expresa en los siguientes términos:   

“Cuando  mediante pronunciamiento judicial,  la  Corte  haya  cambiado  favorablemente el criterio jurídico que sirvió para  sustentar la sentencia condenatoria”   

Precepto  del  que  surge  claro  que si el  cambio  favorable  de  criterio  jurídico  por  parte  de  la  Corte Suprema de  Justicia  se  estimó  por  el  legislador como requisito suficiente y necesario  para  remover  uno  de  los  pilares  de  la  seguridad jurídica: el de la cosa  juzgada,  con  mayor  razón  debe  servir  para evitar que se consolide esa res  iudicata  cuando  se demuestra que pretende hacerse sobre un pilar objetivamente  erróneo, como aquí ocurre.   

11.  De otro  extremo,  la Corte ha señalado que el entendimiento distinto de la precisión y  alcance  de  la  regla  procesal contenida en el inciso 1° del artículo 37 del  Código  de  Procedimiento  Penal  definida como “hasta antes de la ejecutoria  del  cierre  de  la  investigación”, constituye una irregularidad,  aunque  esa   interpretación   haya   sido  razonable,  pero  que  dada  la  naturaleza  facultativa  de  la  petición  de  sentencia  anticipada  el  vicio  se  estima  convalidado  por el procesado cuando guarde silencio sobre la decisión judicial  adversa  a  tramitarlo, pues en tal evento se entiende que renuncia al ejercicio  del  derecho  y  de  esa  manera sanea la anormalidad7   

.   

Pero en este caso concreto, tal como aparece  detalladamente  relacionado  en  el  texto  de  este  fallo,  el  apoderado  del  procesado  insistió  reiteradamente  en  la petición de sentencia anticipada a  través  de  la interposición de los recursos de ley y de peticiones de nulidad  que  tenían  el  definido propósito de retrotraer la actuación al punto de la  instrucción  en que pudiera efectivizar su deseo inicialmente manifestado y, si  bien  es  cierto  no  se  sometió a la misma en la etapa del juicio que hubiera  sido  el  ideal,  tal  falencia no desvirtúa la percepción de la Sala sobre la  insistencia  del  defensor y, por tanto, acerca de su manifiesta oposición a la  irregularidad   y   a   la   convalidación  del  vicio  que  ahora  demanda  en  casación.   

Adicionalmente, la negativa de la Fiscalía  y  de  las  instancias  a  tramitar  la  petición  de  sentencia anticipada del  procesado   MANUEL   ESTEBAN   AGÁMEZ   VILLEGAS   por  haberla  realizado  con  posterioridad  al  cierre  de  la  investigación,  aun  cuando  éste no había  alcanzado  ejecutoria,  es  una  irregularidad  sustancial  que afecta el debido  proceso  de  manera  trascendente, pues le impidió obtener una tercera parte de  reducción de la pena a imponer, si se hubiere acogido a ella.   

     

El   cargo,   pues,   está   llamado   a  prosperar.   

12.    En  consecuencia  y  conforme  al  principio de solución menos traumática para los  objetivos  del proceso penal, cuya aplicación en otros casos, mutatis mutandis,  ha  originado  la  casación  parcial  para ajustar la pena, en eventos donde la  petición  de  sentencia  anticipada fue realizada desde la fase de instrucción  pero  al  estimarla  extemporánea  no se tramitó verificándose en la etapa de  juzgamiento,  caso  en  el  cual  se ha dispuesto la corrección de la sentencia  para  ajustar  la reducción de pena en la cuantía propia de la primigeniamente  solicitada8,  se  dispondrá  la  anulación  de  todo lo actuado, en este caso  concreto,  a  partir  del  auto  de julio 27 de 1995, inclusive,  que fijó  fecha  para  audiencia  pública,  para  efectos  de  que  se  lleve  a  cabo la  diligencia  de  sentencia anticipada.  Si el procesado aceptare los cargos,  el  Juez  dictará  el  fallo  que en derecho corresponda ajustando la pena a la  reducción   por   sentencia   anticipada  solicitada  durante  la  fase  de  la  instrucción.  Y,  si  el  procesado  no  aceptare los cargos o no compareciere,  seguirá adelante con la actuación.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

CASAR la sentencia  recurrida,  expedida por el Tribunal Superior de Cartagena el 19 de diciembre de  1996  y, en consecuencia, disponer la anulación de todo lo actuado a partir del  auto  de  julio  27 de 1995, inclusive, que fijó fecha para audiencia pública.   

Se advierte que contra la presente decisión  no procede ningún recurso.   

NOTIFÍQUESE   Y   CÚMPLASE.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                      CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE          

JORGE        A.        GÓMEZ  GALLEGO                               ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                       

ÁLVARO        O.       PÉREZ  PINZÓN                                  MARINA      PULIDO      DE     BARÓN                         

JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS                       MAURO SOLARTE PORTILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1.    CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA.  Sent.     Casación  –  10.397,  Abr.  16  de  1998,   Ms.Ps.,   Drs.   JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO  y  CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR.   

2.    CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA.  Sent.  Tutela –  3.217,  Ene.  23 de 1997, M.P., Dr.  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR.   

3  .  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA.    Sent.      Casación     –  10.397, Abr. 16 de 1998, M.P., Drs.  JORGE   ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO  y  CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR.  Salvaron  voto  en  relación  con  el  punto los Magistrados JORGE  CÓRDOBA  POVEDA,  JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA,  CARLOS  E.  MEJÍA ESCOBAR y  DÍDIMO PÁEZ VELANDIA.   

4.  Artículo 234 Constitución  Política.   

5.  Artículo  235-1 Constitución Política.   

6  .  Artículo  206  del  Código  de Procedimiento Penal. CORTE SUPREMA DE JUSTICIA.  Sent.  Casación   del  10  de  octubre  de  2002. M.P., Dr. YESID RAMÍREZ  BASTIDAS.   

7  .  Cfr.,     entre    otras,    CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA.    Sent.     Casación     –  11.142,  Ene. 31 de 2001. M.P., Dr.  JORGE   ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO;  Sent.  Casación –  14.576,   Mar.  21  de  2002.  M.P.,  JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA;  Sent.     Casación     – 15.661, Sep. 26 de 2002. M.P., JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO.   

8.  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA. Sent. Casación. Mayo 17 de 2001. M.P., Dr. NILSON  PINILLA PINILLA.     

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