20575(04-04-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20575   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 42  

Bogotá,  D. C., cuatro (04) de abril del dos  mil tres (2003).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la Sala sobre la admisión de la demanda de casación  que  presentó  el  defensor  del  señor  HENRY IVÁN  PEÑA MARÍN.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          En  el  año  de  1991,  la  Corporación  de Integración y Acción  Social  del  municipio  de Girón, Santander, recibió la suma de $ 24.400.000 a  título  de  auxilios  decretados  por  el  alcalde  de  la localidad, obtenidos  gracias  a  la  gestión  de GILBERTO SARMIENTO VARGAS, concejal del municipio y  jefe   político   de  su  amigo  HENRY  IVÁN  PEÑA  MARÍN,  quien  para  entonces  se  desempeñaba  como  representante  legal  de  la entidad. Los recursos públicos, sin embargo, no se  destinaron  en  su  totalidad a los fines para los cuales fueron otorgados, pues  de   parte   de   ellos   se   apropiaron   los  señores  SARMIENTO          y          PEÑA.   

Por  esta  razón,  fueron  vinculados  a la  investigación  que adelantó la fiscalía seccional de Bucaramanga y asegurados  el  17  de  octubre  de  1997  con  detención  preventiva por una pluralidad de  delitos  de  falsedad en documento privado en concurso con otra de peculados por  extensión  en  la  modalidad  de apropiación, ilícitos por los que igualmente  fueron convocados a juicio el 14 de mayo de 1998.   

El  15 de agosto del 2000, el Juzgado Noveno  Penal  del  Circuito  de Bucaramanga condenó a SARMIENTO VARGAS a la pena de 28  meses  de  prisión  como  determinador  de  aquellas  conductas, en tanto que a  PEÑA  MARÍN  le impuso 23  como  autor  material  del  delito de peculado por apropiación por extensión a  favor  de  terceros  y  lo absolvió de los cargos que se le formularon por esta  ilicitud   en  provecho  propio  y  por  falsedad  en  documento  privado.    

La  sentencia, apelada por las defensoras de  los  procesados, fue parcialmente confirmada el 30 de septiembre del 2002 por el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  que  los  absolvió  por  algunos  de  los  comportamientos  concursados y fijó las penas en 27 y 22 meses de prisión para  SARMIENTO    VARGAS   y   PEÑA   MARÍN,  en  su  orden,  y  multa  por  $ 200.000 e inhabilitación por el  término   de   24   meses   para   ambos.   A  este  último,  el  Ad   quem  lo  responsabilizó   de  autoría  de peculado por apropiación –extensivo-,   respecto  del  otorgamiento  de  tres  becas,  y  tras  analizar  la  sucesión  de  leyes en el tiempo, por favorabilidad le aplicó el  artículo  19  de  la  Ley 190 de 1995, desechando la utilización del artículo  133  del Código Penal de 1980 y del artículo 250 del actual Estatuto Punitivo,  que  recoge  la  misma  conducta  pero  con  el  nombre  de  abuso  de confianza  calificado.   

          Dentro   del   término   legal,   el   defensor   de   PEÑA   MARÍN   interpuso   recurso  de  casación  mediante  escrito  en  el que justifica su procedencia bien porque se  aplique  el  anterior  estatuto  procesal  que lo autorizaba siempre que la pena  máxima  prevista excediera los 6 años de prisión, bien porque así lo amerita  el  desarrollo  de la jurisprudencia que requiere hacer un pronunciamiento sobre  la  desaparición  legal  del  peculado  por  extensión  o  la garantía de los  derechos  fundamentales,  que  se ven afectados por una condena por conducta que  la ley sustancial no considera actualmente como punible.   

LA DEMANDA  

Con apoyo en la causal tercera de casación,  el  defensor  de PEÑA MARÍN  ataca  el fallo de segunda instancia por haberse dictado en un juicio viciado de  nulidad,  por  violación  del  derecho  de  defensa,  y porque se condenó a su  defendido  por  un  delito  inexistente  en el Código Penal actual, pues que en  este no está descrito el delito de peculado por extensión.   

Al  desarrollar  la  censura,  sin  embargo,  sostiene  que  sólo  se puede dictar sentencia de condena por los cargos que se  hayan  formulado  en  la  indagatoria, de manera que si en esta diligencia se le  interrogó  únicamente  por  las  becas  concedidas  a  María Eugenia Fonseca,  Yenith  Enexi  Contreras,  Mónica  Mantilla  y  Favio  Fajardo, no se le podía  condenar  por  hechos  relacionados  con  las  becas  otorgadas  a Martha Isabel  Gómez,  Óscar Mauricio Estupiñán e Irene Milena Ordóñez. Solicita que, por  lo tanto, se case el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES  

            La  Sala  inadmitirá la demanda y declarará desierto el recurso,  por las siguientes razones:   

          1.  Como  la casación tiene por objeto enjuiciar la legalidad de la  sentencia  de  segunda  instancia,  el derecho a impugnarla surge a partir de la  fecha  en  que  ésta  se  expida,  pues  antes  de  dictarse  existe  sólo una  expectativa.   

          2.  Además,  el recurso se debe regir por la ley vigente al momento  en  que  surge  el  derecho a interponerlo que, para el caso concreto, es la 600  del  2000, cuyo artículo 205 lo autoriza “contra las sentencias proferidas en  segunda  instancia  por  los  tribunales  superiores  de  distrito judicial y el  Tribunal  Penal  Militar,  en  los  procesos  que se hubieren adelantado por los  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda  de  ocho  años,  aun  cuando  la  sanción  impuesta  haya  sido  una medida de  seguridad”.   

          3.  El  quántum  punitivo  “se  determina en el artículo constitutivo del delito o de cada uno  de  los  delitos por los cuales se dictó la sentencia que se pretende impugnar,  y   la   señalada   en   los  artículos  que  estructuran  las  circunstancias  específicas  que  se  tuvieron  en cuenta para aumentar o disminuir la sanción  con  los  aumentos máximos o disminuciones mínimas que pudieran computarse”,  como  lo ha dicho la Corte, entre otras ocasiones, en autos del 1º. de julio de  1999,  M.  P.  Jorge Aníbal Gómez Gallego y 18 de diciembre del 2001, radicado  18.089, M. P. Édgar Lombana Trujillo.   

4. Resulta claro, entonces, que en este caso  no   procede   la   casación   común,  pues  el  Ad  quem  ubicó  la  conducta  en  el  inciso  2º.  del  artículo  133  del anterior Código Penal, modificado por el artículo 19 de la  Ley  190  de  1995,  que  establece  una  pena máxima de siete años y medio de  prisión,   inferior   a   la   prevista   en  el  artículo  205  del  estatuto  procesal.   

5.   En  consecuencia,  para  impugnar  la  sentencia  de  segundo  grado  era forzoso acudir a la casación excepcional que  consagra  el  tercer  inciso del citado artículo 205, como en efecto lo hizo el  demandante,  con expresa indicación de las razones por las cuales considera que  la  Corte  debe  intervenir  “para  el  desarrollo  de  la jurisprudencia o la  garantía    de    los   derechos   fundamentales”,   tarea   que   igualmente  cumplió.   

6.  Sin embargo, es evidente que los motivos  que  aduce el recurrente para persuadir a la Corte sobre la necesidad de admitir  la  demanda,  deben  guardar  plena  correspondencia  con los cargos que formule  contra  la  sentencia.  De  lo  contrario  no  podría  entenderse  cumplido  el  requisito  de  sustentación,  pues  si  se  reclama  el  pronunciamiento  de la  Corporación  sobre  un  específico  tema  o  se  busca  la  protección de los  derechos  fundamentales,  es  apenas  obvio  que la censura le permita a la Sala  examinar  en  concreto  ese  preciso  punto.  Dicho  de  otra  forma, debe haber  perfecta  ilación  entre el fundamento de la casación excepcional –búsqueda   de   evolución   de   la  jurisprudencia  y/o protección de las garantías-, el cargo o los cargos que se  hacen      al      fallo      y,      desde      luego,      el     desarrollo de los mismos.   

7.  En  este  caso, el impugnante sostuvo la  viabilidad  de  la  casación excepcional para que la Corte se pronunciara sobre  i),  el conflicto normativo que surgía del diferente tratamiento legal que tuvo  el  delito  de  peculado por apropiación desde la fecha de ocurrencia del hecho  hasta  la actualidad; y ii), si el peculado por extensión fue recogido o no por  el  nuevo  estatuto  penal  en  la  figura  del  abuso  de confianza calificado.  Además,  dijo que se vulneraba el debido proceso por condenar a una persona por  una conducta que no consagra la Ley 599 del 2000.   

No    obstante,   en   la   justificación   de   las  imputaciones,  cuando   quiso  expresar  o  explicar  las  razones  de  ellas,  la  demanda  no  tocó  para  nada esos temas, como que la acusación se  redujo  a  cuestionar  que  al  procesado  se  le  hubiera  condenado  por  unos  comportamientos  que  no  le fueron imputados en la indagatoria, lo que vulneró  su derecho a la defensa.   

          Por  lo  tanto,  debe  concluirse  que  el recurrente no cumplió la  exigencia  especial  de sustentar los motivos de procedencia de la impugnación,  lo que conduce, se reitera, a la inadmisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de HENRY IVÁN  PEÑA  MARÍN. En consecuencia, se declara desierto el  recurso  y  se  ordena devolver el expediente al Tribunal de origen.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese    y  Cúmplase   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                 HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                        Cita  médica   

CARLOS      A.      GÁL­VEZ  ARGOTE                          JORGE A. GÓMEZ GALLEGO   

ÉDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                              ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                     JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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