19856(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19856   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 58  

Bogotá, D.C, veintisiete de mayo de dos mil  tres.   

V   I   S   T   O   S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación presentada por el Procurador 165 Judicial  Penal  II,  contra el fallo de segundo grado de fecha julio 17 de 2002, por cuyo  medio  el  Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa de Viterbo confirmó la sentencia  anticipada  proferida  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Sogamoso, el  11  de  abril  del  mismo  año,  mediante la cual se condenó al procesado JHON  ALEXANDER  ROJAS  VARGAS  a  la  pena  principal  de treinta y dos (32) meses de  prisión  y  multa  de  un (1) salario mínimo mensual, como autor del delito de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  la  madrugada  del 2 de febrero de 2002, en el perímetro urbano  de  la  ciudad  de  Sogamoso,  agentes  de la Policía Nacional sometieron a una  requisa  de  rutina  a JHON ALEXANDER ROJAS VARGAS, de 18 años de edad, a quien  se  le halló en uno de los bolsillos del pantalón un paquete cuyo contenido se  determinó  que  se  trataba  de  marihuana  en  cantidad  de  27  gramos  neto.   

          El  joven  fue capturado y puesto a órdenes de la Fiscalía General  de  la  Nación,  siendo  avocado el conocimiento del caso por el Fiscal Tercero  Delegado,  quien  abrió  la  correspondiente  investigación el 8 de febrero de  2002.  El  13  siguiente  se resolvió la situación jurídica del indagado, con  detención  preventiva  sin  derecho  a  excarcelación como autor del delito de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

          A  partir  de  esta  determinación, el procesado, coadyuvado por su  defensor,  solicitó  sentencia  anticipada,  y en diligencia celebrada el 27 de  marzo  de  2002  se  le  formularon  cargos  como  autor del delito de tráfico,  fabricación  y  porte  de  estupefacientes,  señalado  en  el  inciso  2º del  artículo 376 del Código Penal.   

          El  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Sogamoso dictó sentencia  anticipada  el 11 de abril de 2002, por medio de la cual impuso al acusado ROJAS  VARGAS  la  pena  principal  de treinta y dos (32) meses de prisión y multa por  valor  de  un  (1)  salario  mínimo mensual, decisión que fue impugnada por el  Procurador  165  Judicial  Penal  II,  en  su  calidad  de Agente del Ministerio  Público,  quien  alegó  ausencia  de  antijuridicidad  de la conducta juzgada,  argumentos  que  fueron  desoídos  por  el  Tribunal  Superior de Santa Rosa de  Viterbo,  y  en  su  lugar confirmó la condena de primera instancia en el fallo  que es ahora objeto del recurso de casación.   

LA  DEMANDA   

En  acápite  previo,  el  mismo  Procurador  Judicial  recurrente  ante  la  primera  instancia,  dice acudir a la demanda de  casación  por  la  vía excepcional prevista en el inciso 3º del artículo 205  del  Código  de  Procedimiento Penal, por estimar que el fallo impugnado afecta  las  garantías  fundamentales  del  procesado  JOHN  ALEXANDER ROJAS VARGAS, al  proferirse   sin  que  concurrieran  los  requisitos  legalmente  exigidos  para  ello.   

En  orden a la formalización de su demanda,  postula  un  único  cargo  al  amparo  de  la  causal primera de casación, por  violación  directa  de  la  ley sustancial, que se contrae a la interpretación  errónea del artículo 11 del Código Penal.   

Aduce  que aunque el Tribunal tuvo en cuenta  el  precepto  cuya  violación acusa, y aceptó su doble manifestación, esto es  una  formal  y  otra material, lo cierto es que no le dio su verdadero sentido a  la  denominada  “antijuridicidad material”.   

El   sentido   de   la   “antijuridicidad    material”,   agrega,  excluye  el  daño insignificante al bien jurídico tutelado en la ley, de donde  se     concluye     que     los     llamados    delitos    de    “bagatela”  no  estarían dentro de dicho  concepto,  aunque  de  ellos  se  predicara  una antijuridicidad formal, pues la  conducta  puede  representar  una  contradicción  con  el derecho e incluso una  afectación  para  el bien jurídico, pero como dicha afectación es mínima, el  daño   no   alcanza   a   representar  el  presupuesto  de  la  antijuridicidad  material.   

En  la  conducta  imputada  a JHON ALEXANDER  ROJAS  VARGAS  no  se  reúne  dicha  condición de la antijuridicidad material,  razón   por   la  cual  la  sentencia  del  Tribunal  vulneró  sus  garantías  fundamentales  porque finalmente lo condenó por un comportamiento que no tenía  la entidad de punible.   

Al  proferir  una sentencia anticipada, la  verificación  que  debe  hacer  el  juez  sobre  el  respeto  de las garantías  fundamentales  del  procesado,  incluye  el  forzoso  examen  del comportamiento  imputado   para  establecer  si  reúne  a  plenitud  las  exigencias  para  ser  considerado  como  un hecho punible y entonces si proceder a la condena, pues lo  contrario  generaría  una evidente vulneración de las garantías fundamentales  del procesado y la consecuente nulidad de la actuación.   

Si   el   Tribunal   hubiera  interpretado  debidamente  el  artículo  11  del  Código  Penal,  habría  constatado que la  conducta  del procesado apenas constituía un delito de bagatela, porque si hubo  afectación  al  bien  jurídico,  su  insignificancia  no permitía predicar la  condición  de  la  antijuridicidad  material  y  por  ende la existencia de una  conducta   punible,   en   los   términos   del   artículo   9º  ídem.   

Tras  hacer la transcripción de un párrafo  de  la  sentencia  impugnada,  aduce  que  los argumentos contenidos en el mismo  rememoran  etapas  superadas  en  el  derecho  penal,  propios de las corrientes  positivistas,  regresando  al derecho penal de autor y no de acto, consagrado en  el artículo 29 de la Constitución Nacional.   

Las pruebas recaudadas en el lapso en que se  adelantó  la  investigación  dan razón de que la cantidad de droga hallada en  poder  de  JOHN  ALEXANDER  ROJAS  VARGAS  estaba  destinada  a su uso personal.   

Si  portar  una  cantidad  de  20  gramos de  marihuana   es   jurídicamente   aceptado,   no   puede   constituir  un  daño  significativo    para    la   salubridad   pública   que   se   “haya    sobrepasado    al   proveerse   de   la   sustancia   en   7  gramos”.   

Concluye solicitando que se case la sentencia  impugnada  y  se  declare  la nulidad de la diligencia de formulación de cargos  para  que  la Fiscalía proceda a determinar si hay lugar a la preclusión de la  investigación o a profundizar más en ella.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Sea lo primero advertir que el delito por el  cual  se  condenó  al  procesado JHON ALEXANDER ROJAS VARGAS, no supera la pena  máxima  de  ocho  (8) años de prisión establecida como límite para acceder a  la  casación por la vía ordinaria, pues su conducta se adecuó a la preceptiva  del  inciso 2º del artículo 376 del Código Penal que sanciona con pena de 4 a  6  años  el  tráfico,  fabricación  o  porte de estupefacientes, entre otros,  cuando  la  cantidad de marihuana no excede de mil (1.000) gramos, razón por la  cual  resulta  acertada  la  vía  de  la  casación excepcional escogida por el  Procurador Judicial II.   

          Con  pronunciamientos  reiterados  la  Corte  ha manifestado que la  interposición  del  recurso  extraordinario  de  casación  discrecional, está  sometida  a ciertas exigencias dado su carácter de excepcional, entre otras, la  que  impone  la fundamentación de las causas que motivan al recurrente a acudir  a  ella,  y  la  de indicar razonadamente el por qué la Sala ha de pronunciarse  sobre  el  tema  demandado, pues no debe pasar por alto que dentro del ejercicio  de  su discrecionalidad para decidir si acepta o no el recurso debe verificar el  requisito  de  necesariedad  del  mismo  para  determinar  si  se justifica para  proteger  un  derecho  fundamental  aparentemente  vulnerado  o  para establecer  algún  criterio  jurisprudencial  que  al  tiempo  resuelva  el caso concreto y  constituya criterio auxiliar para futuras decisiones judiciales.   

         De  allí  que  en  la  interposición  del  recurso  de  casación  excepcional,  la  demanda,  esté  sometida  a  rigurosas exigencias para que la  Corte  pueda  evaluar su procedencia, pues de lo contrario su inadmisibilidad se  torna evidente.   

En  la demanda que se estudia, el Procurador  recurrente  acusa  al  Tribunal  de  haber  violado,  de  manera directa, la ley  sustancial  por  interpretación  errónea  del  artículo 11 del Código Penal,  equivocación  que  lo llevó a considerar que la conducta imputada al procesado  JHON  ALEXANDER  ROJAS  VARGAS  era  antijurídica,  sin  serlo,  ya  que apenas  constituyó  “un delito de bagatela, porque en él si  hubo  afectación  al  bien jurídico de la salubridad pública, esa afectación  fue  mínima,  insignificante”, razón por la cual la  condena  se  edificó  sobre un hecho que no podía catalogársele como punible,  lo   que   conllevó   la   violación   de  las  garantías  fundamentales  del  procesado.   

          Sin  embargo,  no  demuestra el desacierto que atribuye al Tribunal,  pues  en  tal  cometido  debió partir por mencionar los razonamientos íntegros  del  ad  quem  que  lo  llevaron  a  arribar  a  la  errada  comprensión  de la  antijuridicidad  de  la  conducta  imputada.  Así,  la  demanda  no enfrenta la  sentencia  y  por  ende  el análisis presentado no demostró, de haber existido  algún    error,   si   éste   tenía   la   virtualidad   de   desquiciar   el  fallo.   

   

          Además,  el  Procurador  se  encamina a  sostener  que  en  el caso a estudio ni se dio un daño efectivo, ni se afrontó  un  peligro  concreto  para  el  bien jurídico tutelado, porque si el procesado  portaba  la sustancia estupefaciente para su consumo personal, así excediera en  7  gramos la cantidad máxima señalada en la ley como dosis personal, no podía  imputársele  ese  proceder  como  delito  porque  son  ajenos a la legislación  colombiana     los     llamados     “delitos    de  bagatela”,    en    cuanto    no   contienen   una  antijuridicidad  material sino meramente formal, pero no discute la nocividad de  la   sustancia   decomisada  en  el  momento  de  la  aprehensión  –marihuana  en  cantidad  de  27 gramos  neto-,  ni  su relación con el evidente peligro que implica para la salud de la  comunidad  las  diversas  actividades  reprimidas dentro del tráfico de drogas,  temas  necesarios  de  abordar  en  el  desarrollo de la tesis expuesta, estando  probado,  como  se  declaró,  la  detentación de sustancia sicotrópica en una  cantidad que sobrepasaba la dosis personal.   

          Omite   también  el  demandante  ilustrar  a  la  Corte  sobre  las  circunstancias  que  se  declararon  como  probadas en relación con la conducta  imputada  al  procesado,  pues  aunque  menciona  que la marihuana decomisada la  portaba  para  su  consumo,  tal afirmación no aparece respaldada con lo que se  concluyó  en  el  fallo  impugnado,  aspecto igualmente fundamental en la tesis  propuesta,  pues  de acuerdo con el numeral 2º, inciso j) de la ley 30 de 1986,  no   se   considera   como   dosis   personal   “el  estupefaciente   que  la  persona  lleve  consigo,  cuando  tenga  como  fin  su  distribución  o  venta,  cualquiera  que sea su cantidad”.                       

Por  lo  demás,  la  deducción que hace el  recurrente,   no   conduciría   menos   que  al  desconocimiento  claro  de  la  disposición  que  tipifica  y  sanciona  el  tráfico,  fabricación o porte de  estupefacientes,  situación  que  impone no acceder a la casación discrecional  solicitada,  pues  esa  es  una  opción  incompatible  con el recurso al que se  pretende  acceder  porque  no  sólo  deja de lado que es la misma Constitución  Política  la  que  le  señala  a  los  Jueces de la República la vinculación  exclusiva   de   sus   decisiones   a  la  ley,   sino  que  además no pone de presente la necesidad de  garantizar un derecho fundamental.   

El   requisito   de   “necesariedad”   de   garantía  de  los  derechos  fundamentales  que  consagra  la ley (inciso 3° del artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal),  no  puede  ser cumplido sino a partir de la  existencia  real de la violación del derecho fundamental, y en el presente caso  la  petición de casación discrecional del Procurador recurrente no se sustenta  en  una  afirmación concreta de violación del derecho fundamental, sino en una  elaborada  teoría  jurídica  del  solicitante  con  la que es necesario que la  Corte  coincida  para  estimarlo  afectado,   razón  por  la  cual  no  se  accederá al recurso.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación  discrecional  presentada  pro  el  Procurador  165  Judicial  Penal II contra la  sentencia  anticipada  que condenó al procesado JHON ALEXANDER ROJAS VARGAS por  las razones consignadas en la anterior motivación.   

Contra  la  presente  decisión  procede  el  recurso de reposición.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Juzgado de origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            HERMAN  GÁLAN CASTELLANOS             

CARLOS        A.        GÁLVEZ  ARGOTE               JORGE                               ANÍBAL                               GÓMEZ  GALLEGO              

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión de servicio  

              

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN             JORGE  LUIS  QUINTERO MILÁNES   

Teresa Ruiz Nuñez  

Secretaria  

    

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