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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 13727  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado ponente:   

                                Dr.    Carlos    Eduardo    Mejía  Escobar   

                            Aprobado acta No. 137   

Santafé  de Bogotá D.C., septiembre catorce  (14) de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

Vistos:  

Procede la Corte a resolver si la demanda de  casación  presentada  a  nombre  del procesado CAYETANO ACOSTA PARRA, satisface  las   exigencias  formales  señaladas  en  el  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Antecedentes:  

En  la  Vereda  Marayal  del  municipio  de  Villarrica   (Tolima)   tenía  ocurrencia  un  bazar  el  9  de  septiembre  de  1995.   Era  ya  noche.  CAYETANO  ACOSTA  PARRA  estaba  algo embriagado y  bailaba,  hasta  cuando se suscitó  un problema con JAIRO RODRIGUEZ.   Este  lo tomó por el cuello y lo lanzó al piso.  Logró zafarse, salió a  la  carretera, extrajo un revólver no amparado legalmente que llevaba consigo y  lo  disparó  varias  veces.   Uno  de  esos tiros le ocasionó la muerte a  ALDEMAR BALLESTEROS SAENZ, agricultor de 15 años de edad.   

A los 2 días ACOSTA PARRA se presentó a la  Policía.     Fue    vinculado   a   la   investigación   a   través   de  indagatoria,   el  15  de  septiembre de 1995 se le resolvió su situación  jurídica  y  el  28  de  diciembre siguiente resultó acusado por los cargos de  homicidio  doloso y porte ilegal de armas.  Esta determinación fue apelada  por  la  defensa  y  confirmada  por  la  Unidad  de  Fiscalía Delegada ante el  Tribunal Superior de Ibagué el 26 de febrero de 1996.   

El Juzgado 1º Penal del Circuito de Melgar,  a  cuyo cargo estuvo el trámite del juicio, resolvió condenar al procesado por  los   cargos   de   la   acusación,   reconociéndole   haber  actuado  en  las  circunstancias  del  artículo  60  del  Código  Penal  y  confesado, a la pena  principal  de  7 años y un mes de prisión y a la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término.  Lo hizo a través  de   la   sentencia   del   10   de   octubre  de  1996,  la  cual  –apelada   por  la  defensa—  fue  confirmada por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Ibagué  por  medio  del  fallo  objeto  del  recurso de  casación,  expedido  el  8  de  mayo  de  1997 y en el que no se pasó por alto  advertir  la  benevolencia  de la primera instancia al otorgar la rebaja de pena  por    confesión,    cuando    se    estaba    ante    un   claro   estado   de  flagrancia.   

La demanda:  

El único cargo que propuesto por el defensor  lo  apoya  en  la  causal  1ª,  inciso  1º,  del  artículo 220 del Código de  Procedimiento  Penal.   A  su parecer la sentencia violó de manera directa  la   ley   sustancial   al   dejar  de  aplicar  el  artículo  29  del  Código  Penal.   

Una  vez  presentado  el enunciado procede a  transcribir  apartes  sustanciales  de  las  sentencias, a través de los cuales  básicamente  se desechó la legitima defensa y se afirmó el dolo eventual y la  concurrencia   del  estado  de  ira.   Hecho  esto  concluye  que  “…no  contradice  ni  los  hechos  ni  las  pruebas…” y que en consecuencia acepta  “…que los hechos ocurrieron tal como dice la sentencia”.   

A  continuación  el  recurrente  transcribe  buena  parte  de  los  testimonios  rendidos  por  JOSE FRANCISCO CRUZ y MARLENE  SALGUERO  DE  RODRIGUEZ.   Concluye que por el hecho de que hayan dicho que  el  procesado  se  encontraba  “muy bravo o enojado”, no necesariamente hace  encasillable  su  conducta  dentro  del  los  parámetros  del  artículo 60 del  Código  Penal.   A  renglón  seguido trae a colación una definición del  fenómeno  jurídico de la legítima defensa, relaciona sus requisitos y asegura  que  los  mismos  concurrieron en el caso examinado.  Y procede a presentar  la  demostración  de  cada  uno.   Recuerda la agresión de que fue objeto  ACOSTA  PARRA y su reacción siguiente de efectuar un tiro al aire, luego de que  logró  zafarse  de  “JAIRO  NEGRO”.   Agrega  que una vez en el camino  veredal,  en  la  oscuridad,  percibió  a  alguien  que  salía  a  la carrera,  igualmente  la  posibilidad  de una nueva agresión se hizo inminente y entonces  disparó.   Pero  se  trataba  del joven ALDEMAR BALLESTEROS.  Deduce,  entonces,  “que nos encontramos ante una legítima defensa subjetiva”.   No se aplicó por lo tanto el artículo 29 del código Penal.   

“La   sentencia  impugnada  –concluye    el   defensor—  enfocó los hechos y las pruebas para  encasillarlos  en  el texto del artículo 60 del Código Penal haciendo actuar a  CAYETANO  ACOSTA  PARRA  como  en  estado  de  ira e intenso dolor, lo cual, fue  equivocado  ya  que  su  conducta conforme a los hechos y pruebas obrantes en el  expediente  y  en  las providencias condenatorias de primera y segunda instancia  se  encuadra  dentro  de  los  presupuestos  del artículo 29 del Código Penal:  Legítima   defensa   subjetiva”.   Solicita  como  consecuencia  que  se  absuelva a su representado.   

Consideraciones de la Sala:  

Es  sumamente claro que la demanda examinada  no  cumple  con  la  exigencia  prevista en el numeral 3º del artículo 225 del  Código de Procedimiento Penal, por lo que se inadmitirá.   

Salvo la enunciación del cargo de violación  directa  del  artículo 29 del Código Penal, por falta de aplicación, el resto  del  libelo  es  una  total  equivocación.   Esa vía de ataque, como  repetidamente  lo  ha  sostenido  la  Sala,  le  impone  al  censor  aceptar  la  presentación  de  los hechos y la estimación probatoria en los términos de la  sentencia,  pues  lo  que   se  plantea  con ella es una eventual falla del  juzgador  en  la aplicación o interpretación de un precepto legal, sin ninguna  relación a los medios de prueba.   

Aunque   el   demandante   expresó  dicha  aceptación,  la  misma  no  desbordó  la  condición de simple fórmula.   Sencillamente  porque  al  fundamentar  el  cargo lo que hizo fue oponerse al no  reconocimiento  de  la  legítima  defensa, presentando su óptica valorativa de  las  pruebas  y  naturalmente  su  conclusión,  sin concretar ningún yerro del  fallador.    Tal  desarrollo, en suma, ni admitió los hechos como los  presentó   la   sentencia   y  mucho  menos  la  valoración  probatoria  allí  plasmada.   Por  ende,  aparte  de  la  enunciación del cargo, no existió  ningún  esfuerzo  adecuadamente  orientado  a  su  demostración, por lo que la  Sala, sin más comentarios, no admitirá la demanda.   

Por  lo  expuesto,  de  conformidad  con  el  artículo  226 del Código de Procedimiento Penal, la Sala de Casación Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

Resuelve:  

1º.     INADMITIR    la  demanda  de casación presentada a nombre del procesado CAYETANO  ACOSTA PARRA.   

2º.  Declarar  desierto    el    recurso    y   devolver el proceso al Tribunal de origen.   

3o.  Contra la  presente   decisión   no   procede   recurso   alguno   (art.  197  del  C.  de  P.P.   

Cúmplase.  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                                                                     JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                              EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                                                                                     CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                        NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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