13524k

1999

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    PROCESO No. 13524  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 133  

          Santafé  de  Bogotá,  D.C,  siete de septiembre de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

          Entra  la  Corte  a  decidir  el recurso extraordinario de casación  interpuesto  por  el  Procurador  64  Judicial  para asuntos penales de Cali, en  relación  con  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de la misma  ciudad,  fechada  el 8 de abril de 1997, que condenó a FRANCISCO EDISON QUESADA  SALAZAR  a  la  pena  principal de tres (3) años de prisión, como autor de los  delitos   de   falsedad  material  de  particular  en  documento  público,  falsedad  en  documento privado y receptación.   

ANTECEDENTES Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  3  de  diciembre  de 1991, el señor ISMAEL POLINDARA CAPOTE fue  despojado  de  la camioneta marca Chevrolet LUV, placas NO-2912, modelo 1986, de  propiedad  de  la  empresa  “Huevos  Kikirikí”,  en  cuyo  interior llevaba  cuarenta  (40)  panales  del producto que era objeto de la compañía, por parte  de  tres  sujetos que lo encañonaron con arma de fuego, a la entrada del barrio  Marroquín  de  la  ciudad  de Cali.  Al día siguiente, la policía logró  recuperar  el  automotor  cuando  era  conducido  por  FRANCISCO EDINSON QUESADA  SALAZAR,  quien al ser requerido por la identificación del vehículo, presentó  una  tarjeta  de  circulación  y un seguro obligatorio falsos, documentos cuyos  datos  no  coincidían con las características del bien hurtado, el que además  había sido pintado y llevaba puestas unas placas apócrifas.   

          En  razón de tales hechos, previa apertura de la investigación por  parte  del desaparecido Juzgado Veintidós de Instrucción Criminal de Cali, fue  escuchado  en  indagatoria  el  capturado  QUESADA  SALAZAR,  quien  después es  afectado   con  detención  preventiva  como  presunto  autor  del  concurso  de  hurto   calificado-agravado,   falsedad  material  de  particular  en documento público, uso de documento público falso y falsedad en  documento   privado,  según  providencia  del  11  de  diciembre  de  1.991  (fs.  32),  decisión  que fue parcialmente anulada por el  interlocutorio  del  23  de  enero del año siguiente, según el cual el Juzgado  Catorce  Penal  del  Circuito  declaró  la  invalidez de la medida cautelar, en  relación  con  los  delitos  contra la Fe Pública y únicamente la dejó   vigente respecto del atentado patrimonial (fs. 56).   

          Cerrada  la  investigación, el instructor calificó el sumario el 6  de  abril  de  1.992,  de acuerdo con providencia que ordena la reapertura de la  instrucción  por  el  término máximo de un año (fs. 130 y 147), conforme con  las  previsiones  del  Decreto  050  de  1987 (anterior Código de Procedimiento  Penal),  acto  que  tuvo  efectos hasta que con motivo de la entrada en vigencia  del  Decreto  2700  de  1991  (actual  Estatuto  Procesal Penal), la Fiscal 43-I  Delegada  ante  los  Jueces Penales del Circuito de Cali asumió el conocimiento  del  asunto, clausuró una vez más la fase investigativa y calificó nuevamente  el  mérito  sumarial,  por  medio  de  resolución acusatoria del 3 de enero de  1994,  proferida  en  contra  del  procesado  por  los  delitos  de encubrimiento   como   favorecimiento   y  falsedad en documento privado  (arts.  176  y  221  C.  P.), a la par que dispuso compulsar copias del proceso,  habida  cuenta que la decisión no cobijaba la totalidad de delitos investigados  ni tampoco a todos los partícipes (fs. 175 y 179).   

          Vencido  el término de traslado previsto en el artículo 446 del C.  de  P.  P.,  la  Juez  Catorce  Penal  del Circuito de Cali, de oficio, declaró  nulidad  de  la  actuación  procesal, a partir de la resolución de acusación,  por  errónea  calificación  jurídica  de  los  hechos,  y  a  la  vez ordenó  compulsar  copias  para  que  se  investigara el supuesto delito de falsedad  material  en  documento público,  en  relación  con  la  mistificada  licencia  de  tránsito que se decomisó al  acusado,  según  lo  dejó  consignado  en el auto del 19 de julio de 1994 (fs.  223).   Por  tal  motivo,  el  proceso  retornó  a  la  fiscal competente,  funcionaria  que  repuso  la  calificación,  por medio de resolución del 25 de  agosto  de  1994,  pero esta vez profirió acusación por los hechos punibles de  encubrimiento como receptación, falsedad en documento  privado  y  uso  de  documento público falso, conforme  con  los  artículos  177,  221 y 222 inciso 1° del Código Penal, a tiempo que  ordenó  reforzar las copias que ya había dispuesto el juzgado de conocimiento,  mas  con  la  aclaración  de  que  ellas  estarían destinadas a investigar los  posibles   delitos   de  hurto  calificado-agravado  y  falsedad  material  de particular en documento público  (fs.  238).   La acusación quedó ejecutoriada el 29 de septiembre de 1994  (fs. 261v.).   

          Adelantada  la  etapa  del  juicio, el juzgador de primera instancia  concluyó  con  la  sentencia  condenatoria  del  28  de junio de 1996, por cuyo  mérito  se  impuso  al  procesado la pena principal de veintidós (22) meses de  prisión  y  la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  el  mismo  tiempo,  como  responsable  de los delitos por los cuales había sido  acusado.   De  igual manera, el fallador le negó al condenado el subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional y se abstuvo de imponer obligación  resarcitoria,  por  cuanto  no se evidenciaba daño patrimonial alguno, dado que  el   vehículo   fue   entregado   definitivamente   a   su   propietario   (fs.  367).   

          El  juez  de  primera instancia adicionó la sentencia, por medio de  auto  interlocutorio  fechado  el 9 de julio de 1996, con el fin de imponerle al  sentenciado  una  multa por valor de un mil ($ 1.000.oo) pesos, como parte de la  pena principal correspondiente al delito de receptación (fs. 393).   

Como  el  fallo fue apelado por el Ministerio  Público,  en atención a que consideraba que el acusado debía ser absuelto por  el  injusto  de falsedad en documento privado y que la sanción principal debía  adicionarse   con  la  de  multa  por  valor  de  un  mil  pesos  ($  1.000.oo),  correspondiente  al  delito de encubrimiento, el Tribunal desató el recurso por  medio  de  la  sentencia  fechada el 8 de abril de 1997, a cuyo tenor condena al  ciudadano  procesado  a  la  pena  principal de tres (3) años de prisión, como  autor   de   los  punibles  de  falsedad  material  de  particular   en   documento   público,   falsedad   en   documento   privado  y  receptación (fs. 403).   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          El  Procurador  Judicial  impugnante  se  vale  de  dos  cargos para  solicitar el rompimiento del fallo.  Así:   

          1. EL CARGO PRINCIPAL   

          Está  basado  en  la  violación directa de los artículos 31 de la  Constitución,  17 y 217 del Código de Procedimiento Penal, en la medida que el  Tribunal  no podía agravar la pena al procesado, pues el “Ministerio Público  tenía  como única finalidad que el H. Tribunal Superior de Cali, absolviera al  condena   (sic)   por  el  delito  de  ‘FALSEDAD          EN          DOCUMENTO          PRIVADO’  sin  la intervención de ningún otro  sujeto  procesal,  y  al  encontrar  improcedente  lo  impugnado, el superior no  tenía   competencia  para  modificar  la  condena”,  criterio  que  ha  sido reiterado por las Cortes en el  sentido  de  que la figura del apelante único se conserva aun en aquellos casos  en  los  que siendo el  impugnante distinto del condenado o su defensor, el  desacuerdo estriba en puntos favorables al procesado.   

          2.  CARGO SUBSIDIARIO   

          En  esta  ocasión,  el  demandante  acude  a  la  causal segunda de  casación  para resaltar que el Tribunal incluyó en la condena el hecho punible  de   falsedad  material  de  particular  en  documento  público,  lo  cual le facilitó elevar la pena fijada  por  el  a  quo, cuando dicho  delito    “fue     excluído    expresamente   en   la   Resolución   de  Acusación”,  además  de  haberse  resuelto  en  la  misma  pieza  procesal  la compulsación de copias en  procura de la investigación separada de tal conducta delictiva.   

          De  tal  planteamiento,  el  impugnante deriva cómo “la sentencia  condenatoria  pronunciada  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  en su Sala de  decisión  penal,  no  está  de  acuerdo con el pliego de cargos”.   

          Solicita,  en  consecuencia, la casación parcial del fallo y que se  deje  la  condena  en  los  términos de la decisión adoptada por el Juzgado de  primera instancia.   

EL CONCEPTO DEL DELEGADO  

          Después   de  establecer  un  marco  metodológico,  que  apunta  a  reflexionar  conjuntamente  sobre  ambos  cargos  por su manifiesta afinidad, el  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal  admite  la  tesis propuesta por el  recurrente,  en  el sentido que es notorio el desbordamiento del Tribunal de los  límites  trazados  por  el  fiscal  en  la  acusación, hecho a partir del cual  surgió un aumento de pena en disfavor del procesado.   

          En  orden  a  resaltar su criterio, aduce que el Tribunal a pesar de  no  salirse  del capítulo que tipifica las conductas contra la fe pública, sí  adicionó  a  la  acusación  la  calidad  de coautor-determinador del procesado  Francisco    Edison   Quesada   Salazar,  en relación con un delito de falsedad de  particular  en  documento público, algo que en ningún  momento  fue  contemplado  dentro  del  pliego  de  cargos, el cual se limitó a  endilgarle  al acusado, entre otros hechos punibles, el  uso  del  documento  público falso.  Se desprende  entonces   que  el  ad  quem  condenó   por  un  injusto  esencialmente  distinto  del  que  fue  materia  de  acusación.   

          Tras  detallar  la  manera  como  el fiscal, ante la inexistencia de  prueba  que le indicara la real participación del imputado en la falsificación  del  documento  público  (matrícula  del vehículo), determinó fundamentar la  acusación  sólo  en  el  delito  de  uso de documento  público  falso  y  compulsó  copias  para  que fuera  investigada  la  falsedad  material  de  particular en  documento  público,  lo  cual  implica  que “en esa  calificación  se  acusó  específicamente  por el 222 inciso 1, cuya penalidad  básica  es  de  1 a 8 años”, de donde “si resulta extraña la condenación  por  ese  tipo  penal,  igualmente  tiene  que  resultar extraña la dosimetría  partiendo   del   básico  previsto  en  esa  norma  (art.220)  que  es  de  DOS  AÑOS…”.   

          Con  base  en el criterio expuesto, el Delegado sugiere la casación  del  fallo  proferido  por el Tribunal y, en consecuencia, volver a la decisión  de  primera instancia, por medio de la cual se declaró al procesado responsable  de   los  delitos  de  “uso  de  documento  público  falso”,   “falsedad   en   documento   privado”   y  “encubrimiento  por  favorecimiento”  (sic),  y  lo había condenado a la  pena principal de veintidós (22) meses de prisión.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Dado  el planteamiento de dos cargos que invitan a la aplicación de  la  regla  de  prioridad que gobierna el recurso extraordinario de casación, la  Corte  analizará  en primer lugar lo concerniente a la causal segunda, en vista  de  que  el  contenido de su sustentación absorbe los fundamentos de la censura  por  violación directa de los artículos 31 de la Carta Política, 17 y 217 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  dado  que,  según  la argumentación de las  censuras,  el  incremento  de  la  pena en la segunda instancia supuestamente se  produjo  porque  con  antelación  se  desbordó el fundamento de la resolución  acusatoria.    De   igual   manera,  como  la  consecuencia  inexorable  de  establecer  que  la  sentencia superó indebidamente la carga acusatoria, sería  la  de  reducir  la  pena  a  los  límites  establecidos  en  la pieza procesal  enjuiciatoria,  entonces no habría necesidad de acudir en este caso, directa ni  indirectamente, a la objeción por reforma peyorativa.   

          Pues  bien,  a  propósito  de  la  identificación de la estructura  procesal  vigente  en  Colombia, la Sala en ocasión pretérita (sentencia del 4  de  febrero  de 1999, radicado 10.918), con ponencia de quien ahora cumple igual  cometido,  determinó  cómo  dentro  de nuestro sistema de tendencia acusatoria  rige  la  nota característica de la separación funcional de juez y acusación,  en  el  sentido  de  que  por  mandato  constitucional  se  prevé  la  facultad  prevalente  de  la Fiscalía de “calificar y declarar  precluidas   las   investigaciones”,  salvo  en  el caso de los congresistas y demás hipótesis previstas  en la Constitución y la ley (arts. 250-2, 186, 235-3, 221 y 246).   

          Dicho  contenido  normativo  superior,  no comporta nada diferente a  que  el  acto  calificatorio,  en  su  contenido  de estimación probatoria y de  acusación,  por lo general hace fenecer sin posibilidad de regreso la actividad  investigativa  del  Estado  en  la primera fase del proceso, razón por la cual,  una  vez  ejecutoriada  la  decisión,  salvo el caso de nulidad por error en la  denominación  jurídica,  no  puede  el juez ni el fiscal volver sobre ella con  pretensiones  modificatorias, porque tal actitud conllevaría al desconocimiento  de  la  separación funcional entre acusadores y juzgadores, con el agravante de  permitir  a  quien  no  tiene competencia la toma de partido respecto a algo que  constitucional  y  procesalmente  debe  custodiarse,  no  sólo en beneficio del  procesado  sino  de la seguridad jurídica de la que se vale un Estado Social de  derecho para la realización del debido proceso.   

          En  este  orden  de ideas, la separación funcional y la preclusión  de   la   decisión   calificatoria,   como   principios  inviolables  plasmados  constitucionalmente,  hacen de la acusación un acto que no puede desconocerse o  plagarse  de  condición proteica, pues hay en él una calificación de delito o  delitos  y de la presunta responsabilidad del procesado, factores que anuncian y  demarcan  el  ámbito  de  la  contradicción  y  la  defensa dentro de la etapa  subsiguiente del rito penal, cual es la del juicio.   

          De  ahí  la conclusión de que el juez no puede válidamente variar  una  acusación,  por  lo  menos  antes  de  la  sentencia, para acomodarla a su  particular  visión  y dirigir inopinadamente el juicio, sino que debe asumir el  conocimiento  del  proceso  de acuerdo con el pliego de cargos formulados, salvo  que exista protuberante revés sobre la calificación jurídica.   

          Ahora  bien,  tratándose de variaciones en el fallo, caso frente al  que  se  encuentra  la Corte, se ha reiterado que aquéllas están circunscritas  al  capítulo o al título correspondiente para mantener la identidad de género  delictivo,  de acuerdo con el artículo 442-3 del C.P.P., siempre que no emerjan  para  el  procesado consecuencias más gravosas de las conocidas por medio de la  resolución  de  acusación,  aunque  la  carga acusatoria sí podrá degradarse  obviamente   con   la   aclaración   de  que  debe  preservarse  la  estructura  genérica.   De  modo  que si el fiscal adujo una motivación básica en la  calificación  sumarial,  asentada en una apreciación racional de las pruebas y  en  la  argumentación  fáctica  y jurídica propia de las facultades que en su  momento  radican  en  él  y  son  prevalentes,  no  podría  el  juzgador en la  sentencia  pretextar  una  nulidad por el mero prurito de que su razonamiento es  más  agudo  o en todo caso diferente, pues tal actitud quebranta los principios  de separación funcional y de preclusión del calificatorio.   

          A   lo   que  se  ha  expuesto,  conviene  agregar,  como  posición  jurisprudencial     de    la    Corte,    lo    dicho    en    los    siguientes  pronunciamientos:   

“  El  marco  dentro  del  cual  se  debe  desarrollar  el  juicio  está  determinado por la resolución de acusación, en  donde  el Estado por conducto del fiscal le indica al acriminado cuáles son los  cargos  que  le  formula,  para  que  el pueda proveer a su defensa con  la  seguridad  de  que no va a ser sorprendido con una condena  por  hechos  o  situaciones  distintas.  De  igual  modo, los sujetos procesales  tendrán  en dicha resolución un punto de referencia definido sobre las pruebas  que  puedan  presentar  y  solicitar  en el período probatorio de la causa, las  cuales  se  deben limitar a las que sean conducentes y eficaces para corroborar,  degradar  o  desvirtuar la acusación, no siendo de recibo las que pretendan dar  lugar a nuevos cargos.   

“Desde luego que lo dicho es sin perjuicio  de  que  el juez frente a una resolución que afecta el debido proceso, bien por  su  inobservancia  de  sus  requisitos  legales  o por error en la denominación  jurídica,  deba  invalidarla  para  que  el  fiscal  subsane  la  irregularidad  advertida”  (M.P.  Ricardo  Calvete   Rangel,   casación  del  2  de  agosto  de  1995.  Se ha resaltado).   

          Así  mismo,  en  el auto del 28 de agosto de 1998, con ponencia del  magistrado   Fernando   Arboleda   Ripoll,    se    puntualizó    sobre    el   tema   en   las   siguientes  expresiones:   

“La Sala ha reiterado la fuerza vinculante  que  tiene  la  resolución  de  acusación  ejecutoriada en un sistema procesal  penal  con tendencia acusatoria como el colombiano, en la medida en que no puede  ser  desconocida  por  el juzgador con argumentos apriorísticos, y al concretar  los  hechos  por  los  que  se  llama a juicio delimita la competencia y fija el  marco  de  referencia para el ejercicio del derecho de defensa o la terminación  anticipada del proceso…”   

          ¿Y  Qué  ocurrió  en el caso examinado?.  La respuesta será  el  fruto  de  una  simple verificación, porque cuando la fiscal 43-I calificó  nuevamente  el  sumario,  el  25  de  agosto  de  1994,  después  de haber sido  declarada   nula   la  primera  calificación,  lo  hizo  por  los  injustos  de  receptación,  falsedad  en documento privado y uso de  documento  público  falso, conforme con los artículos  177,  221  y  222,  inciso  1°  del Código Penal, omitiendo conscientemente la  imputación  por  el reato de falsedad de particular en  documento    público    (art.    220   idem),  en  razón  de que no existía elemento  probatorio  diferente  al que acreditaba la naturaleza de documento público que  tenía  la  tarjeta de propiedad tachada de falsa y su incautación al procesado  en el momento de la captura.   

          El acusador dijo expresamente:   

          “En  cuanto  a  los  documentos  incautados  al encartado Quesada  Salazar,  concretamente  la  tarjeta  de propiedad No. 3611568 vemos que esta se  trata  de  un  documento  expedido  por  un empleado oficial en ejercicio de sus  funciones,   pero  que  en  este  caso  durante  la  etapa  de  instrucción  se  estableció  que  el documento en mención fue falsificado integralmente, lo que  nos  conlleva  a  establecer  que nos encontramos frente a la infracción de que  trata   el   artículo   220   del   Código   Penal,   denominado  ‘Falsedad  Material  de  Particular en  documento  Público’ por  lo  que  se  deberá  compulsar  copias de este acto”  (folio    243  vto.).    

          De  lo  expuesto,  queda  claro  que  el  fiscal, de acuerdo con una  motivación  fundada  en  la apreciación racional de las pruebas, se abstuvo de  ampliar  el  ámbito  de la acusación al delito antes indicado, por lo menos en  relación  con  el  procesado  que  se identificó y fue legalmente vinculado al  proceso,  mas  sin  desatender  la  importancia  de  no dejar en la impunidad la  presunta  responsabilidad  penal del acusado o de otros partícipes, derivada de  conductas  diversas de las que fueron objeto del pliego de cargos, razón por la  cual    ordenó    la    expedición    de   copias   para   una   averiguación  separada.   

          El  Tribunal  Superior de Cali, a su turno y por la vía del recurso  de  apelación  interpuesto  en  contra  del fallo proferido por la Juez Catorce  Penal  del  Circuito, en el que se había condenado al procesado congruentemente  por  los  injustos  explicitados  en  la  resolución  de  acusación,   no  admitió   como  válida  la  ponderación  que  el  fiscal  y  el  a   quo  hicieron  sobre  los  hechos  del  proceso;  por  el  contrario,  bajo  la  consideración adicional y distinta del  oficio   que  desempeñaba  el  procesado,  como  tramitador  de  documentos  de  tránsito,  llegó  a  concluir  que  él era partícipe de una empresa criminal  donde  “unos se comprometieron a guardar el vehículo una vez hurtado, otros a  venderlo   y   otros   a   obtener  el  apoderamiento”  (fs.  418).   

          Estimado  tal  hecho  como cierto, el Tribunal llegó a reconocer en  el  texto  mismo  de  la  sentencia  que  lo  ordenado  por el procedimiento era  declarar  una  nulidad,  sin embargo de lo cual dejó de hacerlo con el pretexto  de  que  por  el  transcurso  del  tiempo  se  avecinaba  la prescripción de la  acción;  de ahí que, como en efecto lo hizo, responsabilizó al procesado como  determinador   del  delito  de  falsedad  material  de  particular   en   documento   público,  en  lugar  de  uso    de   documento   público   falso,  dosificando  una nueva sanción cuya base fijó en dos (2) años,  a  partir  de  la consideración del artículo 220 del C.P., norma que regula la  infracción  extrañamente  introducida  a  la  hora  de nona en la sentencia, y  después  hizo  un  incremento de un (1) año por la concurrencia de los delitos  de     falsedad     en    documento    privado    y  receptación.   

          Es  indiscutible el avasallamiento de los lindes establecidos por la  resolución  de  acusación, decisión en la cual no se endilgó al procesado la  conducta  delictiva  que  sirvió  como  punto  de partida de la fijación de la  pena,  motivo  por  el  cual  es  evidente  que el Tribunal concretó dos hechos  irregulares:   el  primero, la imposibilidad del procesado para contradecir  y  defenderse  del  novísimo cargo, y segundo, el aumento injustificado de pena  por    el    mayor   rigor   punitivo   que   comportaba   el   cambio   en   la  calificación.   

          Vistas  así  las  cosas, el Tribunal no apegó su función a lo que  constitucional  y  procesalmente  estaba  obligado,  tornándose su actividad en  transgresión  del  debido  proceso,  traducido  en  sus  reglas de respeto a la  separación  funcional  y  orgánica entre acusación y juzgamiento, además del  carácter  preclusivo  de  la  calificación  sumarial,  agravada  la situación  anómala  por  el  correlativo desconocimiento de la presunción de inocencia en  esa   precisa   imputación.   Estas  disfuncionalidades  del  ad  quem,  obviamente  constituyen errores  in procedendo, mas en sede de  casación  se les trata por especificidad legal como motivo de incongruencia del  fallo  con  los  cargos formulados en la resolución de acusación (causal 2ª),  razón  por  cual  se  justifica  la  intervención  de la Corte para dictar una  sentencia  de  reemplazo, conforme con el artículo 229, numeral 1° del C.P.P.,  en  aras  del  restablecimiento  de  las  garantías  del procesado, sin que sea  necesario  declarar  nulidad  alguna  porque  basta  poner de nuevo la decisión  final  en  consonancia con los cargos expuestos en la determinación acusatoria,  tal como se había procedido en la primera instancia.   

          Dígase,  además,  que  en el afán por evitar una prescripción de  la   acción   penal,   como   lo   aceptó   el   ad  quem  en el texto de la sentencia, se desconoció otro  hecho  procesal  que no ha sido expresamente modificado en el curso del proceso,  cual  fue  el  de  la  compulsación  de copias ordenada por el calificador para  averiguar  por  separado  otros  delitos  y/o intervinientes, cuya constancia de  verificación  está  en el informe presentado por el técnico judicial  de  aquél  despacho,  que  obra  a  folio  262  del  expediente,  dato  que pone al  descubierto  un  desacierto  adicional  del  fallador  de  segundo  grado,  pues  existiría   una   simultaneidad   en   la  persecución  del  mismo  delito  de  falsedad   material   de   particular   en  documento  público,   por   lo  menos  respecto  del  procesado  Quesada Salazar (ne bis in idem).   

          Dentro  del  contexto ofrecido, no queda alternativa  diferente  a  la  de  reconocer  la  injustificada  postura  asumida  por  el  ad  quem, lo que muestra una objetiva falta  de  armonía entre la resolución de acusación formulada y la sentencia, con el  innegable  hecho  agregado  de  que  por  la  conducta  indebidamente cargada al  procesado  en  el  fallo,  ya  se  había  tomado  la  determinación  fiscal de  investigarla por otro sendero.   

         

          En  este  orden  de  ideas,  so capa de atajar una prescripción, el  Tribunal  carecía  de facultades para disfrazar de legalidad justiciera un acto  contrario  al  basamento  constitucional,  pues  si  en  principio  sólo estaba  autorizado  para  estudiar  lo  planteado  como  tema  de impugnación, de igual  manera  no  podía  arrogarse una función que ya había cumplido razonablemente  el fiscal en el ciclo procesal de su incumbencia.   

          Consecuencia  inmediata  de la actuación inconsistente del juzgador  de  segundo  grado,  es  la  de  que se hubiera incrementado la pena derivada al  procesado,  razón  por  la cual, de acuerdo con las reflexiones precedentes, el  agravio  va  más  allá  de  la  simple violación del artículo 31 de la Carta  Política,  pues  el  Tribunal  no  solamente  produjo  una  agravación  de  la  sanción,  dispuesta  sobre la misma conducta de la que se consideró penalmente  responsable  al  procesado  en  la  primera  instancia,  sino  que,  como  se ha  advertido  insistentemente,  ello fue consecuencia de la indebida incursión del  ad quem en el área funcional  del   calificador  al  ampliar  el  ámbito  situacional  de  la  calificación,  cargándole  un hecho delictivo no endilgado en la resolución de acusación que  estaba  debidamente ejecutoriada y, por ende, era intocable para el fallador por  esa vía.   

          Dilucidado  lo  ocurrido en el trámite, prospera el cargo promovido  bajo  el  cauce  de  la  causal  segunda,  lo  cual  impone, como ya se dijo, la  aplicación  del  numeral  1°  del  artículo  229  del  C.P.P., norma que, por  contrario  modo  a  lo  pedido  en  la impugnación y el concepto del Procurador  Delegado,  no  prescribe  la confirmación de la sentencia de primera instancia,  ya  que  el  hecho de que haya salido avante el cargo no significa retrotraer el  asunto  a  los  efectos  del pronunciamiento de primer grado, sino que la Corte,  después  de  casar  el fallo del Tribunal, “dictará  el que deba reemplazarlo”.   

          En  virtud  de  la  mayor  cobertura  procesal  de  la  censura  por  incongruencia,  y  dado  que tendrá éxito la pretensión por dicha vía, no es  menester    examinar    el    cargo   por   violación   directa   de   la   ley  sustancial.   

          Con  base  en las observaciones antes hechas, ha de considerarse que  si  de  acuerdo con el artículo 26 del Código Penal la pena por imponer, en el  caso  de concurso delictual, es la que establezca la disposición  legal de  consecuencia  más  grave aumentada hasta en otro tanto, implica que el punto de  partida  para  la  dosificación  sería  la sanción prevista para el delito de  uso    de   documento   público   falso,  estimada  en  prisión  de 1 a 8 años, conforme con el artículo  222, inciso 1° del mismo estatuto.   

          Por  manera  que,  para  no  desbordar  los  criterios  de medición  plasmados  en  el  fallo  de  primera  instancia  (prohibición  de reformatio  in  pejus),  se  impondrá  al  procesado  Quesada Salazar la  pena  principal  de  un  año  de  prisión, aumentada en diez (10) meses por la  concurrencia  de  los  delitos de falsedad en documento  privado  y  encubrimiento  como  receptación, dado que  esta  última  infracción ocurrió antes de la vigencia de la leyes 190 de 1995  y  365  de  1997,  que  sucesivamente  modificaron  el artículo 177 del Código  Penal,  lo  cual  importa  un  total de veintidós (22) meses de prisión.   También  se  aplicará,  a título principal, la sanción de multa por valor de  un  mil  pesos  ($ 1.000.oo), debido a que ella está prevista como consecuencia  de  esa  naturaleza  en  la  regulación  del  delito de encubrimiento (art. 46,  inciso  2°,  idem), cantidad  que  tampoco  puede  excederse  por  haber sido estimada así en la sentencia de  primer grado.   

          En  la  misma  medida  de  la  pena  privativa  de  la  libertad, se  graduará  la  sanción  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones  públicas.   

El sentenciado no es acreedor a la condena de  ejecución  condicional,  a  pesar  de  que la pena por imponer será inferior a  tres  (3) años de prisión (numeral 1° del artículo 68 del C.P), pues así lo  recomienda  el  examen  integral  de  una  personalidad  renuente a enfrentar el  compromiso  judicial  (hecho  que  le  valió  la  revocatoria  de  la  libertad  provisional),  la  naturaleza de los hechos punibles atribuidos, reflejada en la  angustiosa  manera  como  recurrentemente  esa  clase  de  conductas  afectan la  convivencia  social,  y  la mayor gravedad que comportan los atentados contra la  fe  pública  y  la  administración  de justicia, inequívocamente tendientes a  encubrir  una  actividad delictiva tan sojuzgadora y repudiable como es el hurto  de automotores con el uso de armas de fuego.   

          En   tal   virtud,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

1.   CASAR  PARCIALMENTE  la sentencia de segunda instancia fechada  8 de abril de 1997, obra del Tribunal Superior de Cali.   

2.       En      consecuencia,  condenar al acusado FRANCISCO  EDISON  QUESADA  SALAZAR,  de  condiciones civiles y personales conocidas dentro  del  proceso,  a  la  pena principal de veintidós (22)  meses de prisión y multa de un mil ($ 1.000.oo), como  autor  de  un  concurso  de delitos de uso de documento  público   falso,  falsedad  en  documento  privado  y  receptación,  conductas  descritas en los artículos 177, 221 y 222, inciso 1°  del  Código  Penal, según la acusación que le fuera formulada el 25 de agosto  de 1994.   

          3.   Negar  al  procesado  el subrogado penal  de  condena  de ejecución condicional, de acuerdo con las reflexiones plasmadas  en la parte motiva de esta providencia.   

          4.  Reiterar  la  orden  de  captura  del  ausente QUESADA SALAZAR, mediante la expedición de las  comunicaciones  de  rigor, con la aclaración de que el requerido será puesto a  disposición  del  Juzgado Catorce Penal del Circuito o del funcionario que deba  ejecutar la pena.   

          5.   En todo  lo  demás, conservan vigencia las disposiciones del fallo de primer grado, dado  que ellas no habían sido objeto del recurso de apelación.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA                                       

CARLOS   A.GALVEZ   ARGOTE                                             EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS    E    MEJÍA    ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

                                                          PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR   

Secretaria.    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *