9686 (29-05-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    VIOLACION  DIRECTA  DE  LA LEY/ REFORMATIO IN  PEJUS   

Como  es bien sabido, los llamados sentidos o  conceptos  de  la  violación, o maneras como se llega a la transgresión de una  norma  de  derecho  sustancial en el ejercicio de la actividad in iudicando, son  tres:  falta  de  aplicación, aplicación indebida, e interpretación errónea.  Se  inaplica  una norma, cuando se la excluye o ignora, debiendo ser acogida; se  aplica  indebidamente,  cuando  se  la  tiene  en  cuenta, siendo ajena al hecho  juzgado;  y,  se  malinterpreta,  cuando  se  yerra  en  la determinación de su  significado.      

En las dos primeras especies de violación, el  juzgador  se equivoca en la selección del precepto que regula el caso, mientras  que  en la última, acierta en su escogencia pero yerra al precisar su sentido o  alcance.  De  allí  que  resulte  un contrasentido insalvable, en cuanto atenta  contra  el  principio  lógico de no contradicción, alegar en relación con una  misma  norma  de  derecho  sustancial,  aplicación  indebida  e interpretación  errónea,  pues  mientras  la  una presupone que la disposición seleccionada es  extraña al caso, la otra admite que lo gobierna.   

No  cabe  duda  que  al  dictarse el fallo de  primer  grado,  la  circunstancia  de agravación del numeral 4º incidió en la  dosificación  de  la  pena  para  el  delito  de  homicidio.  Por tanto, al ser  excluida  por  el Tribunal, se imponía hacer los ajustes punitivos pertinentes,  porque  si  el  juzgador mantiene la pena, como sucedió en el presente caso, la  estará   incrementando  en  la  cantidad  que  por  obligación  debe  reducir,  desconociendo  la  proporcionalidad  debida.  De  allí que resulte imperiosa la  casación  oficiosa del fallo, no por desconocimiento del principio de legalidad  de  la  pena,  como  lo  reclama el Ministerio Público, sino por violación del  principio de prohibición de reformatio in pejus.   

RAD. 9686  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Aprobado acta No. 60  

Magistrado Ponente:  

Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL  

Santa Fe de Bogotá, D. C., veintinueve (29)  de mayo de mil novecientos noventa y siete (1997).   

                   Resuelve la  Corte  el recurso extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia de  16  de  diciembre  de  1993,  mediante la cual el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Santa  Fe  de  Bogotá  condenó  a  los  procesados  ALVARO    ANTONIO   GOMEZ   OROZCO   y   CARLOS   ENRIQUE   BARRIOS  PADILLA  a la pena principal de 16 años y 5 meses de  prisión,  al  declararlos  responsables  de los delitos de homicidio agravado y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

                     Hechos y  actuación procesal.-   

                     El 26 de  julio  de  1992,  aproximadamente  a  las  dos de la madrugada, en el barrio Las  Acacias  de  esta ciudad, varias personas que se encontraban ingiriendo licor en  la  terraza  de uno de los inmuebles del sector, persiguieron y dieron muerte de  un  disparo a Efrén Rodríguez Suárez, indignados porque éste y Alvaro Arión  Acosta  Gutiérrez  acudieron a la policía a denunciar un incidente que minutos  antes  se  había presentando con ellos. Registrada la casa donde departían los  victimarios,    la    policía    encontró    dos    armas   de   fuego,   tipo  revólver.     

                     Por estos  hechos,  la  Fiscalía  vinculó  mediante  indagatoria  a Alvaro Antonio Gómez  Orozco  y  Carlos  Enrique  Barrios  Padilla,  contra  quienes  dictó medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva por los delitos de homicidio agravado,  conforme  a  las  circunstancias  previstas  en  los  numerales  4º  y  7º del  artículo  324  del  Código  Penal  (motivo abyecto o fútil e indefensión), y  porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal (fls.40, 47 y 80-1). Por los  mismos      ilícitos,      proferiría     luego     resolución     acusatoria  (fls.205).   

                    Rituada la  causa,  el Juzgado 26 Penal del Circuito de Santa Fe de Bogotá, en armonía con  el  pliego  de cargos, condenó a los procesados a la pena principal de 16 años  y  5  meses de prisión, y la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por 10 años. Al dosificar la pena privativa de la libertad, la fijó  en  16  años  y  2  meses  para  el  homicidio,  y  3  meses más por el delito  concurrente   (fls.353-1),   para   un   total   de  dieciséis  años  y  cinco  meses.   

                  Apelado este  fallo,  entre otros por el defensor de Alvaro Antonio Gómez Orozco, quien ahora  recurre  en casación, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Fe de  Bogotá,  lo  confirmó  en  todas  sus  partes, adicionándolo en el sentido de  ordenar  el  decomiso  de las armas incautadas, y aclarando que la agravante del  numeral  4º,  artículo  324  del  Código  Penal,  no  concurría.  Uno de los  Magistrados  salvó  parcialmente el voto, por considerar que la del numeral 7º  tampoco se estructuraba (fls.3 y ss. cuaderno del Tribunal).   

                          La  demanda.-   

                         Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación, dos cargos presenta el actor  contra   la   sentencia   impugnada,   por   violación   directa   de   la  ley  sustancial.   

                        Cargo  primero:   

                     Errónea  interpretación del artículo 32 4.7 del Código Penal.   

                     Luego de  hacer  alusión a los hechos declarados en la sentencia, y afirmar que los acoge  sin  reparos,  sostiene  que la significación que el ad quem ha querido darle a  la  circunstancia  de  agravación por indefensión de  la  víctima, no puede admitirse, por no corresponder  a su connotación jurídica.   

                   Dice que el  Tribunal   aplica   esta  agravante  con  el  argumento  que  los  agresores  se  encontraban  armados  y  los  agredidos  no,  y  ello colocaba a los últimos en  estado  de indefensión frente a los que estaban disparando, pero si se aceptara  este  raciocinio,  la casi totalidad de los homicidios serían agravados, porque  en  la  mayoría  de  los  casos  la  víctima  no  tiene elementos o armas para  defenderse.   

                   Explica que  esta  circunstancia  de  agravación se puede presentar por dos vías. Cuando el  sujeto  coloca  a  la  víctima  en situación de inferioridad o indefensión, o  cuando  se aprovecha de esta situación. La inferioridad, se refiere al hecho de  provocar,  con  fines  homicidas, ciertas condiciones personales en la víctima.  Imposibilitarla  para  que  ejerza  cualquier intento de salvación o defensa, o  para  que  huya o pida auxilio. Como formas de ella, la doctrina ha señalado la  insidia, la asechanza, la alevosía y el envenenamiento.   

                          La  indefensión,  por  su  parte,  se refiere al estado de descuido, tranquilidad o  indiferencia  en  que  se  encuentra la víctima, estado que el agente aprovecha  para atacarla.   

                   Asegura que  esta  situación  no  se  presenta  en  el caso en estudio, puesto que ella solo  puede  predicarse de quien no tiene posibilidad física de defensa. Y si bien es  cierto  los procesados dispararon contra Efrén Rodríguez y su acompañante, no  por  ello  hay lugar a sostener que se hallaban en estado de indefensión, “como  quiera  que el hoy occiso y su amigo emprendieron la huida corriendo por más de  dos  cuadras,  tanto  que  Alvaro  Arión  Acosta  logró  esconderse por varios  minutos  evadiendo  a  sus  perseguidores.  Si  hubiese  estado en situación de  indefensión,  también  hubiere  perdido la vida, y recordemos que tanto Efrén  como  su  amigo  evadían  la  acción de sus agresores” (fls.106 cd. Tribunal).  Aquél,  utilizó  los  medios  a  su alcance para evitar la agresión, esto es,  correr,  huir,  al punto que el disparo lo recibió cuando se detuvo un instante  en la creencia que había eludido a sus perseguidores.   

                     Respalda  sus  argumentaciones con la transcripción del salvamento de voto del Magistrado  del  Tribunal  disidente, y pide que se case parcialmente la sentencia impugnada  para  que  se  condene  a su patrocinado por el delito de homicidio simple, a la  pena  principal de 10 años de prisión, teniendo en cuenta que la agravante del  numeral  4º  fue  revocada  en  segunda  instancia  por  no haber sido probado.   

                     Cargo  segundo:   

                 Exclusión  evidente  de  los  artículos  31 de la Constitución Nacional y 17 del estatuto  procesal penal.   

                   Sostiene  que  el Tribunal Superior aumentó la pena por el porte de armas de tres a cinco  meses,  con  violación  de las normas sustanciales citadas, ya que si se revisa  la  actuación  procesal,  se  advertirá  que el fallo de primer grado solo fue  apelado  por los procesados y sus defensores, los cuales, para los efectos de la  norma constitucional, se consideran un solo apelante.   

                       Tal  incremento  lo  hizo el ad quem, cuando asegura: “En cuanto tiene que ver con la  pena  corporal  que  de  16 años, 5 meses de prisión impusiera el a-quo a cada  uno  de  los  pluricitados  vinculados,  ninguna  objeción  tiene  que hacer el  Tribunal  ya  que  se  advierte  equitativa  (se  fijó  el mínimo de 16 años,  correspondiéndole  el  excedente  de  los  cinco  meses  al  incremento  por el  concurso con el porte ilegal de armas)” (fls.108 cd. Tribunal).   

                   Dice que  este  raciocinio  del  Tribunal  es  equivocado  porque  en  el fallo de primera  instancia  no se condenó a cinco meses por el porte de armas, sino a tres, como  se  deduce  del  siguiente  aparte de la sentencia: “El Despacho para imponer la  sentencia  condenatoria  teniendo en cuenta los artículos 61 y siguientes sobre  criterios  para  fijar la pena procede a partir de 16 años 2 meses en razón al  artículo  324  ibidem, aumentando en 3 meses por el porte ilegal de armas, para  un total de 16 años, cinco meses de prisión” (fls.108).   

                  Argumenta  que  muy  probablemente  todo se haya debido a una errónea lectura del fallo de  primer  grado, pero igualmente entiende que en la práctica se está haciendo un  incremento  efectivo  de  la  pena,  sobre  todo  si  se  tiene en cuenta que el  tribunal  descartó  una  de  las circunstancia de agravación punitiva, lo cual  implicaba  disminución  de  la  pena  por  el homicidio, ya que su pupilo no se  encontraría inmerso en dos causales de agravación, sino en una.   

                   Pide, en  consecuencia,  que  se  case la sentencia impugnada, para que se reduzca la pena  por el porte ilegal de armas de 5 a 3 meses.   

                   Concepto  del Ministerio Público.-   

                        En  relación  con  el  primer  cargo,  el  Procurador  Segundo Delegado en lo Penal  considera  que  adolece  de defectos de técnica, además de no asistirle razón  al demandante.   

                    Explica  que  la  transgresión de la ley sustancial, por interpretación errónea de una  norma,  presupone  que  el  precepto  aplicado  al  caso  sea  el que lo regula,  recayendo  por  ende  el  yerro  del juzgador en el entendimiento equivocado del  mismo,   “haciéndole   producir  efectos  de  los  que  carece  o  que  le  son  contrarios”, según doctrina de la Corte.   

                  Mal puede  el  libelista  pretender  demostrar  la  falta  de tipificación de la causal de  agravación  prevista  en el ordinal 7º del artículo 324 del Código Penal, “a  través  de la vía de impugnación a que se contrae la interpretación errónea  de  una  norma  de  derecho sustancial, cuando, como quedó sentado, el vicio in  iudicando  que  a este sentido de la violación directa corresponde, recae en un  error  de  sentido  y  no  de  selección de la disposición aplicada, teniendo,  pues,  como  premisa,  que ésta es en la que se adecua correcta y completamente  el asunto sub lite” (fls.36 cd. Corte).   

                    Si  el  demandante  quería  demostrar que el juzgador incurrió en error al subsumir la  conducta  del  procesado  en  el  artículo 324.7, en lugar de hacerlo en el 323  ibidem,  debió  plantear  el  motivo  de  la  transgresión directa, pero en el  sentido  de  la  aplicación  indebida  de  la  primera  disposición y falta de  aplicación  de  la  segunda.  De  esta  manera,  habría  podido  proveer a una  correcta formulación del error.   

                  Como esto  no  ocurrió,  surge  una  contradicción  insalvable  entre la formulación del  reparo,  los  argumentos  que le sirven de sustrato y la solicitud final, a más  que  se  desatiende  por  el  actor  el  principio según el cual inherente a la  proposición  de  esta  vía  de  la  violación  a  la  ley  sustancial  es  la  aceptación  de  los  hechos  y  de  su  adecuación típica, de la cual aparece  discrepando en el desarrollo de la censura.   

                   

                 Se refiere  luego   a  los  argumentos  esbozados  por  el  libelista,  en  punto  a  la  no  concurrencia  de  la  agravante  por indefensión, para sostener que no pasan de  ser  simples  posturas  tendientes a oponerse a las razones que tuvo el juzgador  para adoptar la decisión cuestionada.   

                 Finalmente  destaca  el  contraste  que  se  presenta  con  los argumentos esgrimidos por el  fallador  al  deducir  la referida causal de agravación, y señala que también  por  este  aspecto  el  ataque  desborda el ámbito de la causal primera, cuerpo  primero, por lo que, en definitiva, debe desestimarse.   

                  En cuanto  hace  al  segundo  reparo, sostiene que es evidente el lapsus calami acusado por  el  Tribunal,  al creer que el aumento de la pena por el porte de armas fue de 5  y  no  de  3  meses,  pero  ello no tradujo un real incremento de la impuesta en  primera  instancia,  que  sería  lo  que  podría  comportar  infracción a los  artículos  31  de  la  C.N.  y 17 del C. de P. P., de donde la censura por este  aspecto deviene inocua.   

                  Advierte,  sin  embargo,  que  el  Tribunal,  al  desvirtuar  la  causal de agravación del  numeral  4º del artículo 324 del Código Penal, no podía mantener la sanción  impuesta  en  el  fallo  revisado, sin infringir el principio de legalidad de la  pena,  reflejo  del  debido proceso consagrado en los artículos 29 de la C.N. y  1º  del  Código  de  Procedimiento Penal. Por tanto, solicita a la Corte hacer  uso  de la facultad consagrada en el artículo 228 del C. de P. P., a fin de que  se  ajuste la sanción privativa de la libertad impuesta al procesado en primera  instancia,  a  la  que  corresponde de acuerdo con la reforma introducida por el  Tribunal.   

                   

                        SE  CONSIDERA:   

                     Cargo  primero.-   

                 Violación  directa  de  la  ley  sustancial por errónea interpretación del artículo 324,  numeral 7º del Código Penal.   

                 Puestas en  razón   se  encuentran  las  apreciaciones  del  representante  del  Ministerio  Público,  cuando  sostiene  que  el  reproche  adolece  de  fallas  técnicas y  sustanciales   en   su  presentación,  desarrollo  y  conclusión,  tornándolo  inexaminable,  en  razón  a  que el censor estructura el cargo sobre la base de  que  la  citada  norma  fue  erróneamente  interpretada,  pero a la vez plantea  aplicación indebida del mismo precepto.   

                    Como es  bien  sabido, los llamados sentidos o conceptos de la violación, o maneras como  se  llega  a la transgresión de una norma de derecho sustancial en el ejercicio  de  la  actividad  in  iudicando,  son  tres:  falta de aplicación, aplicación  indebida,  e  interpretación  errónea.  Se  inaplica  una  norma, cuando se la  excluye  o  ignora,  debiendo ser acogida; se aplica indebidamente, cuando se la  tiene  en  cuenta, siendo ajena al hecho juzgado; y, se malinterpreta, cuando se  yerra en la determinación de su significado.      

                 En las dos  primeras  especies  de  violación, el juzgador se equivoca en la selección del  precepto  que  regula  el  caso,  mientras  que  en  la  última,  acierta en su  escogencia  pero yerra al precisar su sentido o alcance. De allí que resulte un  contrasentido  insalvable,  en  cuanto  atenta contra el principio lógico de no  contradicción,  alegar  en relación con una misma norma de derecho sustancial,  aplicación  indebida e interpretación errónea, pues mientras la una presupone  que  la  disposición  seleccionada  es  extraña al caso, la otra admite que lo  gobierna.   

                    En esta  imprecisión  de  orden técnico incurre el impugnante en el caso sub judice, al  sostener,  dentro  del mismo reproche, que el artículo 324.7 fue falseado en su  alcance   por   el  fallador,  planteamiento  que  implícitamente  comporta  la  aceptación  de  que  su selección es correcta, y a renglón seguido, que dicho  precepto no es el llamado a regular el asunto.   

                    Si  el  casacionista  pretendía demostrar que el fallador se equivocó en el proceso de  subsunción  de  los hechos en el ordenamiento jurídico, porque el homicidio no  es  agravado  sino  simple,  debió  plantear aplicación indebida del artículo  324.7  del  Código  Penal  y,  correlativamente,  falta  de aplicación del 323  ejusdem,  pero  no  interpretación  errónea  del  primero  de estos preceptos,  porque,  como  se deja expuesto, esta proposición implica que la norma aplicada  al caso por el juzgador es la correcta.   

                      Otro  desacierto  técnico,  no  menos manifiesto, que el Procurador Delegado también  advierte,  se  presenta  en  el desarrollo del reproche, dado que los argumentos  fácticos  aducidos  por  el censor, no coinciden con los expuestos  por el  Tribunal,  generándose  de  esta  manera  un  contraste  entre  lo alegado y lo  declarado  en  la  sentencia,  que  hace que el ataque desborde el ámbito de la  causal  primera,  cuerpo  primero,  para ubicarse en el terreno de la violación  indirecta.   

                       Tal  discordancia,  se  aprecia claramente si se estudia el contenido de la sentencia  del  Tribunal,  de  donde  surge  que  no  solo  fue por el hecho de hallarse la  víctima  desarmada,  sino  por el conjunto de circunstancias que antecedieron y  acompañaron  la  acción  homicida,  que  el  juzgador  dedujo la agravante por  indefensión,  como se  establece del siguiente aparte del fallo: “por ende  se  confirmará la sentencia condenatoria, haciendo la salvedad de que la causal  cuarta  (motivo  abyecto o fútil) no aparece probada, quedando sí incólume la  causal  séptima, merced a las condiciones de indefensión en que indudablemente  se  encontraba  la  víctima,  quien  sin  estar  armada  fue inmisericordemente  perseguida  por  quienes sí portaban revólveres, hasta darle alcance y muerte”  (fls.9 del cuaderno del Tribunal).   

                 Puesto que  a  la  Corte,  en  virtud  del  principio de limitación que gobierna el recurso  extraordinario,  no  le  es  permitido  entrar a enmendar las deficiencias de la  demanda,  ni  mucho  menos  escoger  una  de  entre  dos  o  más  proposiciones  abiertamente   contradictorias,   no   otra   decisión  cabe  adoptar  sino  la  desestimación de la censura.   

                     Cargo  segundo:   

                 Exclusión  evidente  de  los artículos 31 de la Carta Política y 17 del estatuto procesal  penal,  por  desconocimiento  del  principio de prohibición de la reformatio in  pejus.   

                        En  relación  con las argumentaciones presentadas por el impugnante para afirmar la  violación  de  estas  normas, el cargo resulta infundado, pues no es cierto que  el  Tribunal,  al  resolver  la  apelación,  haya  aumentado  de 3 a 5 meses la  sanción  por  el delito concurrente. Simplemente se trató de un lapsus calami,  al  señalar,  equivocadamente,  que  la pena para el delito de homicidio había  sido  tasada  en  16  años,  cuando realmente lo fue en 16 años y 2 meses, sin  ninguna  repercusión  en  la sanción definitiva señalada por el a quo, con la  cual  expresamente dijo estar de acuerdo. Veamos lo afirmado a este respecto por  los falladores de instancia:   

                    En  la  sentencia   del  Juzgado:  “El  Despacho  para  imponer  sentencia  condenatoria  teniendo  en cuenta los artículos 61 y siguientes sobre criterios para fijar la  pena  procede  a  partir de 16 años 2 meses en razón del artículo 324 ibidem,  aumentando  en  3 meses por el porte ilegal de armas, para un total de 16 años,  5  meses de prisión, que es la pena que le corresponde purgar a cada uno de los  sentenciados” (fls.364-1).   

                    En  la  sentencia  del Tribunal: “En cuanto tiene que ver con la pena corporal que de 16  años,  5  meses  de  prisión impusiera el a quo a cada uno de los pluricitados  vinculados,  ninguna  objeción  tiene  que hacer el Tribunal ya que se advierte  equitativa  (se  fijó  el  mínimo de 16 años, correspondiendo el excedente de  los  5  meses  al  incremento  por  el  concurso con el porte ilegal de armas)”.  (fls.10 cuaderno del Tribunal).   

                   El cargo  no prospera.   

                  Casación  oficiosa:   

                        El  Procurador   Delegado  sugiere  a  la  Corte  casar  parcialmente  la  sentencia  impugnada,  para  que  la  pena  privativa  de  la  libertad impuesta en primera  instancia  se  reduzca  en  las proporciones que corresponda, teniendo en cuenta  que  el  Tribunal  excluyó  la  agravante del numeral 4º del artículo 324 del  Código   Penal,   dando   por   establecida  únicamente  la  del  numeral  7º  ejusdem.   

                    No  cabe  duda  que  al  dictarse  el  fallo  de  primer  grado, la circunstancia de  agravación  del  numeral  4º  incidió  en la dosificación de la pena para el  delito  de  homicidio.  Por  tanto, al ser excluida por el Tribunal, se imponía  hacer  los  ajustes  punitivos  pertinentes,  porque  si el juzgador mantiene la  pena,  como  sucedió  en  el  presente  caso,  la  estará  incrementando en la  cantidad  que  por  obligación  debe reducir, desconociendo la proporcionalidad  debida.  De  allí que resulte imperiosa la casación oficiosa del fallo, no por  desconocimiento  del  principio  de  legalidad  de  la  pena, como lo reclama el  Ministerio  Público,  sino  por  violación  del  principio  de prohibición de  reformatio in pejus.   

                   Teniendo  en  cuenta  que la pena mínima para el homicidio agravado es de 16 años, y que  el  Juzgado,  de  acuerdo  con  los  criterios señalados en el artículo 61 del  Código  Penal,  la  aumentó  en  dos  (2) meses, la Colegiatura reducirá este  incremento  a un (1) mes, por estimar que el quantum de pena deducido en primera  instancia  por  virtud  de  la  agravante  del  numeral  4º,  no  superó dicho  término.  De  esta  manera,  la  pena privativa de la libertad se fijará en 16  años  y  cuatro  (4)  meses,  que  resultan  de sumar 16 años y un (1) mes por  razón  del  homicidio  y tres (3) meses más por el porte ilegal de armas. Esta  decisión   comprenderá   al   procesado   no  recurrente  (art.243  C.  de  P.  P.).   

                 En mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA, SALA DE CASACION  PENAL,  oído  el  concepto  del  Procurador Segundo  Delegado,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

                  R E S U E  L V E:   

                        1)  DESESTIMAR  la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   Alvaro          Antonio          Gómez         Orozco.   

                        2)  CASAR  PARCIALMENTE,  de  manera  oficiosa,  la  sentencia  impugnada,  para  condenar  a  los  procesados  Alvaro  Antonio  Gómez  Orozco  y  Carlos  Enrique  Barrios  Padilla  a  la pena principal de dieciséis  (16)  años  y  cuatro (4) meses de prisión. En lo demás, el fallo conserva su  validez.   

                                          Notifíquese y devuélvase al Tribunal de origen.   

CUMPLASE.  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                      RICARDO  CALVETE  RANGEL            

JORGE    CORDOBA    POVEDA             JORGE  ANIBAL   GOMEZ   GALLEGO                  

CARLOS   E.   MEJIA  ESCOBAR                      DIDIMO PAEZ VELANDIA           

NILSON  PINILLA  PINILLA                           HUGO  H.  RODRIGUEZ  CORTES   

JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA  

Patricia Salazar Cuéllar  

Secretaria  

     

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