19956(11-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19956  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 32  

          Bogotá,   D.  C.,   once  (11)  de  marzo  del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Mediante sentencia del 5 de septiembre de  2001,  el Juzgado Penal del Circuito de Ubaté (Cundinamarca) declaró al señor  José Eusebio Maldonado Paiba  penalmente  responsable,  como  autor,  del  delito  de  homicidio. Le impuso la  sanción  principal  de  17  años de prisión, la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por igual lapso, la obligación de indemnizar  los perjuicios y le negó la condena condicional.   

          El  fallo  fue  apelado por el defensor y confirmado por el Tribunal  Superior  de  Cundinamarca el 6 de noviembre del mismo año, pero en aplicación  de  la  favorabilidad,  dada  la vigencia del nuevo Código Penal, modificó las  penas  de  prisión  e interdicción de derechos que, en su orden, dejó en 14 y  10    años.   El   apoderado   interpuso   recurso   de   casación   que   fue  concedido.   

          La  Sala  se  pronuncia  sobre los presupuestos formales del escrito  que se presentó en su sustento.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  17  de  diciembre  de  2000,  el  señor  Manuel Salvador Romero  Arévalo  se encontraba, en compañía de otras personas, ingiriendo licor en el  establecimiento  “La  Machaca”,  ubicado  en  la carrera 8ª con calle 11 de  Ubaté  (Cundinamarca).  En  una  mesa  diferente hacían lo propio José  Eusebio  Maldonado  Paiba y algunos  amigos,  pero  al  rato se unieron los dos grupos. Aproximadamente a las 7 de la  noche,  entre  los  aludidos  surgió  una  discusión por el pago de la cuenta.  Maldonado  Paiba esgrimió un  cuchillo  y  causó  una  herida  en  el  cuello a Romero Arévalo. Éste logró  desarmarlo  y con el mismo elemento lo lesionó en el pecho, tras lo cual Manuel  Salvador corrió algunos pasos y cayó muerto.   

          Adelantada  la correspondiente investigación, el 5 de abril de 2001  el   sindicado   fue   acusado  como  autor  del  delito  de  homicidio  simple.   

          Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias, se  acudió a la casación, que se concedió y fundamentó.   

LA DEMANDA  

         

          El  apoderado  presentó  un  cargo  con  base  en  la  causal   primera,  por  un  error  de  hecho  en  el que incurrió el  juez  del  circuito,  quien  concluyó en la demostración de la autoría con el  testimonio  de  Milton Hernando Rojas Sánchez, que valoró en forma equivocada,  porque,  por  ser  éste “de oídas”, no presenció el suceso. Un informe de  Policía,  que  afirmó  que  esa  persona  hizo  tal  sindicación,  no  podía  constituir plena prueba por carecer de ratificación.   

          Agregó  que también fue injusta y errática la apreciación de las  declaraciones  de  Wilson  Romero  Arévalo,  Marco  Tulio Caicedo, Ángel José  Baquero  y  Belisario Quiroga, de quienes el juzgador coligió que observaron la  secuencia  delictiva, cuando lo cierto es que ninguno vio cuando se causaron las  lesiones.   

          Se  imponía,  entonces, resolver las dudas en favor del acusado. El  fallador  reconoció  que  Rojas  Sánchez  no se percató de lo sucedido, luego  cayó  en  grave  yerro,  porque  dio  por  cierto  algo que procesalmente no se  probó.   

          Se  infringieron los artículos 7 y 232 del Código de Procedimiento  Penal,  que  reglan la presunción de inocencia y los requisitos para sancionar.  Como  consecuencia,  solicitó  se  acojan  esos  postulados  y  se  absuelva al  sindicado.   

         

CONSIDERACIONES  

          El  artículo  212  del  Código de Procedimiento Penal exige que la  demanda  de  casación  debe  cumplir, entre otros presupuestos, con el de “La  enunciación  de la causal y la formulación del cargo, indicando en forma clara  y  precisa sus fundamentos y las normas que el demandante estime infringidas”.   

          El  artículo  213 del mismo estatuto dice que “Si…la demanda no  reúne  los  requisitos se inadmitirá y se devolverá el expediente al despacho  de origen”.   

          La  Sala  procederá de conformidad con esos mandatos, por cuanto el  escrito   no  satisface  esas  exigencias  legales.  Las  razones  son  las  que  siguen.   

          1.  El  demandante  centró sus ataques en la sentencia del juzgado,  olvidando  que  la  casación procede contra los fallos del Tribunal, proferidos  en  sede  de segunda instancia. A la decisión del Ad quem no le formuló reparo  alguno.   

          2.  El  defensor escogió la primera causal de casación. A pesar de  que  no  especificó  a cuál de sus dos partes hacía referencia, la mención a  un  error  de  hecho,  y  a  erráticas        “apreciaciones”        y       “valoraciones”  no  deja  dudas  de que acudió a la  segunda.  Adujo,  entonces,  la  violación indirecta de la ley sustantiva, pero  dejó  de  señalar  las  disposiciones  sustanciales  indirectamente  objeto de  lesión.   

          3.  No cumplió con el deber de especificar con exactitud a cuál de  los  falsos juicios obedeció  el  error  de  hecho: a) de  existencia, en el entendido  de  que  en  el  proceso  de estimación probatoria, los juzgadores omitieron  valorar  un elemento de juicio  legalmente    aportado,   o   supusieron   uno   no   obrante   en   el   expediente;   b)  de  identidad,  por  cuanto  las  sentencias  distorsionaron  o  tergiversaron el alcance real de los medios y les concedieron  un  contenido  diferente  del  que  en  realidad  contenían;  o,  c) desatinado  raciocinio,  porque  a  las  pruebas  se les asignó un valor sin atender los postulados de la sana crítica,  esto  es,  de  las reglas lógicas, las máximas de la experiencia o los aportes  científicos.   

          Fuera  del  reiterado  argumento  de  que  varias  declaraciones  se  apreciaron  en  forma  inexacta,  el  censor  no  concretó la especie de juicio  equivocado  que se cometió, y aun cuando podría pensarse en que tenía la idea  de  falso  raciocinio, no señaló en que consistió la infracción a las reglas  de la sana crítica.   

          4.  El  casacionista  colocó  especial  énfasis  en afirmar que de  manera  desacertada  se estimó la declaración del señor Milton Hernando Rojas  Sánchez,  a  pesar  de que se trataba de un “testigo de oídas” que no tuvo  conocimiento  directo  de  los hechos. Sin embargo, transcribió un aparte de la  sentencia  censurada  (hoja  8  de la demanda), del que surge que el juzgador no  desconoció  esa  situación.  Por  el contrario, partió de que el señor Rojas  Sánchez  nada  presenció  por cuanto cerró la puerta de su establecimiento, a  pesar  de  lo  cual,  soportado  en  otros  elementos  de  juicio, concluyó que  José Eusebio Maldonado Paiba  fue el agresor.   

          Así,  las  propias  palabras  del impugnante quitaron fundamento al  reproche,  por  cuanto  el  fallo no tuvo al declarante como testigo presencial.  También  acreditaron la intrascendencia de la falta, porque aún en el supuesto  de  que  se hubiera incurrido en ella, ninguna incidencia tendría para mudar el  sentido  de  la  providencia,  como  que  otros medios fueron el basamento de la  condena.   

          5.  A la casación se debe acudir con el fin de demostrar a la Corte  la  ilegalidad  de  la  decisión  del  Tribunal,  tarea  que  implica indicar y  demostrar   errores   precisos.  El  recurrente  no  actuó  así.  Simplemente,  olvidando  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  precede a las  determinaciones  de  instancia,  realizó  una discusión libre sobre el alcance  que  se debía conceder a las evidencias, con la aspiración de que se reabriera  un debate ya superado y se privilegiaran sus posiciones subjetivas.   

         

          En  consecuencia,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,   

RESUELVE  

         

          Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  José     Eusebio    Maldonado    Paiba.   

           No procede ningún recurso.   

          Comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN          FERNANDO E.  ARBOLEDA RIPOLL   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS                       

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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