16186(22-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  16186   

        CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

              SALA DE CASACIÓN PENAL   

          MAGISTRADO PONENTE:   

         Dr. HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

APROBADO ACTA No.057  

          Bogotá,  D.C.,   veintidós  (22)  de  mayo  de  dos  mil tres  (2003).   

               Resuelve  la  Sala el recurso de  casación  interpuesto  por  el  apoderado  de MAURICIO  ALEJANDRO   YUSTI  SÁNCHEZ  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  el 19 de febrero de 1999 por el Tribunal Superior  de  Pereira,  que  confirmó el fallo del 22 de enero del mismo año dictado por  el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito  con sede en dicha capital, mediante  el  cual  lo condenó a 25 años y 4 meses de prisión, como autor del delito de  homicidio  simple  en  concurso  con  porte  ilegal  de arma de fuego de defensa  personal.   

HECHOS  

                                        

               Como  antecedentes inmediatos se  tiene  que  en  la  mañana  del  29  de  diciembre  de 1997, una persona que se  movilizaba  a  pie  llegó  hasta  el  ‘Taller        Diesel’,  ubicado en Pereira en la Avenida del Ferrocarril, demarcado en su  puerta  de  entrada  con  el número 6 –  19,  procediendo  a disparar en dos oportunidades su arma de fuego  en  la  cabeza  de  JOSÉ  DE JESÚS GARCÍA SIMIJACA, causándole heridas en la  región  frontal  izquierda y temporal derecha, las que le ocasionaron la muerte  inmediatamente.   

           Los   agentes   de   policía  que  se  encontraban  de servicio en la calle 13 con carrera 5, en inmediaciones al sitio  donde  se  consumó  el  delito  y  con  base en los señalamientos del homicida  hechos  por  los  transeúntes,  emprendieron  la  persecución  de MAURICIO  ALEJANDRO  YUSTI  SÁNCHEZ, quien  se  desplazaba  a  pie en ese sector con un casco azul en la mano, dándose a la  fuga  al  notar  la  presencia  de la autoridad. Al capturado se le decomisó un  revólver  Llama,  calibre  38L,  cañón  recortado,  pavonado, cachas de color  negro,  número  32589, cuatro proyectiles y dos vainillas, persona que admitió  en  las  instalaciones  de  la  Policía  Judicial haber ejecutado el crimen con  otras personas.   

                               

          Otra  patrulla  de la policía, al enterarse por radio de lo hechos,  en  el  sector  de  la  vía  rápida retuvo a ALBERTO GARCÍA RESTREPO y GENARO  ANDRÉS   RESTREPO  GARCÍA,  en  el  momento  en  que  se  desplazaban  en  una  motocicleta,  incautándoles una pistola Colt, calibre 7.65, número 458731 y un  revólver  Smith  &  Wesson, calibre 38L, número 59.121, armas que portaban  sin  permiso  para  porte o tenencia, personas que fueron puestas a disposición  de   la  autoridad  que  investigaba  la  muerte  de  JOSÉ  DE  JESÚS  GARCÍA  SIMIJACA.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

               La  Fiscalía 22 Seccional de la  Unidad  de  Vida con sede en Pereira inició la investigación penal, recibiendo  declaración  a  GENARO  ANDRÉS  RESTREPO GARCÍA, DANIEL GARCÍA POSADA, PAULA  ANDREA   RIVERA,   LUIS   ADALBERTO  RESTREPO  MURILLO,  RAMÓN  ARTURO  FLÓREZ  TANGARIFE,  ELKIN  GONZÁLEZ  GALLEGO,  RODRIGO JESÚS PINO RIOS, CÉSAR AUGUSTO  SAENZ  VANEGAS,  ANDRÉS  FELIPE  CARDONA  VÁSQUEZ  y  VÍCTOR  MANUEL  GARCÍA  SIMIJACA,   y  vinculó  con  indagatoria  a  MAURICIO  ALEJANDRO  YUSTI  SÁNCHEZ  y  CARLOS  ALBERTO GARCÍA  RESTREPO.  Al  resolver  situación  jurídica  impuso  detención  preventiva a  YUSTI  SÁNCHEZ,  como autor  del  delito  de  homicidio  en  concurso  con el porte ilegal de arma de defensa  personal,  ilícitos  en  los  que  resultaron ofendidos JOSÉ DE JESÚS GARCÍA  SIMIJACA y la seguridad pública.   

          Respecto  de  CARLOS  ALBERTO GARCÍA la  fiscalía  decretó  detención  preventiva  con  excarcelación  por  el delito  contra  la  seguridad  pública,  ordenando que estos hechos se investigaran por  separado  por  la  correspondiente  Unidad  de Fiscalía, precluyendo a favor de  aquél  la  investigación  por  el  homicidio  en  mención.  Al citado GARCÍA  RESTREPO  lo dejó a disposición del proceso que en su contra se adelantaba por  el delito de tentativa de homicidio en CARLOS ALBERTO PÉREZ VILLA.   

               Después  de  practicar  algunas  pruebas  y  de  cerrar  la  investigación,  la Fiscalía el 23 de abril de 1998  calificó  el  sumario,  formulando  cargos  por  el  delito de homicidio simple  (artículo  29 de la ley 40 de 1993) y porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal  (artículo  201  del  C.P.,  modificado  por  el decreto 3664 de 1986)  contra  MAURICIO  ALEJANDRO YUSTI SÁNCHEZ,  decisión  que  fue  confirmada  el  12 de junio siguiente por la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Pereira.   

                El  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito   de  Pereira  y  el  Tribunal  Superior  con  sede  en  dicha  ciudad,  profirieron  los  fallos  de instancia, en los términos señalados en el primer  acápite  de  esta  providencia.  El  defensor de YUSTI  SÁNCHEZ  impugnó  en  casación  la  sentencia  del  ad  quem,  recurso que ahora  resuelve la Sala.   

          LA  DEMANDA   

         Cargo único.   

               Con base en la causal primera de  casación,  segundo  apartado,  acusa  el  demandante  la  sentencia  de segunda  instancia  de  violación  indirecta de la ley sustancial por haber incurrido en  falso  juicio  de  identidad en la apreciación de la prueba. Como disposiciones  quebrantadas  cita los artículos 247, 254, 300, 445 del C.P.P. y 5, 35, 323 del  C.P., éste último modificado por la ley 40 de 1993.   

          DANIEL  GARCÍA  POSADA  y  RAMÓN ARTURO FLÓREZ TANGARIFE, para el  fallador,  permitieron  individualizar  al  autor  material  del  homicidio,  lo  describieron  como  un  individuo  que  vestía  camisa  negra,  pantalón azul,  prendas  que  coinciden  con las del incriminado el día del hecho. Los testigos  no  le  vieron  casco ni cachucha al inculpado, omisión que el Tribunal explica  con  base  en  factores  sicosomáticos,  que para el recurrente surgieron de la  imaginación  del  juzgador  y en ello consiste la tergiversación de la prueba,  pues  los  testigos  no  presentan  ninguna  falencia,  así por ejemplo FLÓREZ  TANGARIFE  admite  que  las  gafas las utiliza para leer y el hijo del occiso no  tiene problemas visuales.   

          De  otra  parte,  los  citados  testigos  informaron  en sus declaraciones que el arma que portaba el individuo era grande  y  brillante,  características  contrarias  a  la  incautada  que es pequeña y  pavonada.  El  Tribunal sostiene que a pesar de ser un arma de cañón recortado  no  puede considerarse como pequeña y que siendo pavonado podía brillar por la  incidencia  de  los rayos del sol, cuando la prueba señala que el arma brillaba  por  si  misma. En este caso el fallador pretende aminorar las diferencias entre  la  versión  de  los  testigos  y  las características del arma que portaba el  procesado  al  momento  de  la  captura  para  inferir  que se trata de la misma  persona  que  cometió  el  homicidio  porque con ese revólver se disparó a la  víctima.   

               La  presencia  del acusado en el  lugar  del  crimen  y la mala justificación, el comportamiento al momento de la  captura,  son  sub-indicios  que  pueden  tener  las  más  diversas  fuentes de  ocurrencia,  así  por  ejemplo  quién  no  se asusta al ser aprehendido por la  autoridad, o transpira por la influencia del sol.   

                 Se   violaron   los  derechos  fundamentales  del  capturado,  se  le  golpeó con el casco que portaba y se le  obligó  a  ir a Cartago a señalar a otras personas, debiendo mentir para salir  del  problema.  Es  tan  evidente la vulneración de sus derechos que el acta de  captura     no    aparece    firmada    por    YUSTI  SÁNCHEZ,   omisión  interesada  por  parte  de  los  policiales.  Esta circunstancia no fue considerada por el Tribunal, otorgándole  credibilidad  a  los  agentes  CÉSAR  AUGUSTO  SAENZ  VANEGAS  y ANDRÉS FELIPE  CARDONA  VÁSQUEZ,  especialmente  respecto  de  la confesión extrajudicial del  inculpado.  De  no  haberse  incurrido  en el yerro de apreciación señalado se  hubiese  reducido el número de indicios construidos a partir de la aprehensión  del procesado.   

          El  consumo  de la marihuana, la explicación de la venta del arma a  la  gente de Cartago que vive de matar, la personalidad fría del procesado, son  elementos  peligrosistas  considerados  como  supuesto  en  el  hecho indicador,  traídos  a  colación  por  el  Tribunal para enriquecer los falsos argumentos.  Estos  errores de lógica en la construcción del indicio condujeron al Tribunal  a  asumir  como indicios plenamente demostrados simples hipótesis, a los que se  les dio el rótulo de graves cuando en realidad no lo son.   

          Otro  juicio  indiciario del Tribunal se  soporta  en  las  varias  llamadas realizadas desde el abonado telefónico de la  casa  del  imputado a la de la viuda del interfecto, ésta última sindicada por  su  cuñado  VÍCTOR  MANUEL  GARCÍA  de ser la determinadora del homicidio, en  razón  a  la  versión  que  le  había confiado JOSÉ DE JESÚS GARCÍA. Tales  llamadas  aparecen  relacionadas a partir de junio de 1998 y, sí el incriminado  planeó  el  delito  con  la esposa del occiso, se pregunta el censor,  por  qué  no aparecen llamadas en los meses de noviembre y diciembre de 1997 o enero  de  1998.  En la construcción del indicio se incurre en un yerro de lógica, el  argumento  es  arbitrario, el hecho es vago, pues no se conoce lo hablado, ni se  tiene  noticia  de  la  razón  por la cual se hicieron las llamadas, las cuales  pueden tener innumerables motivaciones.   

          Yerra   el   sentenciador  en  la  apreciación  del  experticio  de  balística  del  C.T.I.  al  inferir  que los plomos hallados en el cuerpo de la  víctima  fueron  disparados  con  el arma incautada al inculpado, pues respecto  del  primero el concepto pericial no fue concluyente por duda y la segunda ojiva  examinada  la  descartó,  pues  el dictamen señala que no fue disparada con el  arma  de  YUSTI sino por una  que   no   corresponde  a  la  marca  ‘LLAMA’.  De  otra  parte,  el  sentenciador  sostiene  que  la  prueba pericial no constituye  “plena  prueba”  indicando  que  su  valoración  debe ser apreciada con los  demás  elementos  de juicio, conectando de esta manera el yerro a otras pruebas  para   dar   por   establecida   la   responsabilidad   penal   de  YUSTI SÁNCHEZ.   

               La prueba de absorción atómica  (fls.  265 y 266) concluyó que los resultados obtenidos no son consistentes con  residuos  de  disparo,  dictamen  que  fue  descalificado por el juzgador por no  haberse  explicado  el  procedimiento  y  sus  detalles  para  arribar  a  dicha  conclusión.  Esta  omisión  para  el  demandante  es leve, pues fue una prueba  practicada  por  el DAS, conceptos que resultan fiables científicamente por las  razones  ofrecidas  en  el  oficio  186  del 10 de marzo de 1998 suscrito por el  Coordinador de Balística del C.T.I.   

         

          La  duda  en el proceso es ostensible, manifiesta, debiéndose casar  la  sentencia  impugnada  para absolver al procesado por el delito de homicidio,  manteniendo  la condena por el porte ilegal de arma de fuego de defensa personal  y  ordenándose la libertad de MAURICIO ALEJANDRO YUSTI  SÁNCHEZ.    

          CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

               El Procurador Segundo Delegado en  lo  Penal  sugiere  a  la  Sala no casar la sentencia recurrida, con base en los  siguientes argumentos:   

                     

           El   demandante  tiene  una  errática  concepción  sobre  el  falso juicio de identidad, pues al amparo de este motivo  de  casación  no  puede  aducir  cuanta crítica paralela quiera presentar a la  apreciación  del material probatorio hecha por el fallador, ni es el momento de  discutir  nimiedades, como el hecho de si los testigos advirtieron o no el casco  protector  que  llevaba  en  la  mano  el  procesado,  o si el arma brillaba. La  captura  del  procesado  se  produjo  en  estado  de  flagrancia, situación que  adicionada  a  la  apreciación  de  la  prueba  hecha  por  el Tribunal permite  señalar  que  el  falso  juicio  de identidad es inexistente.                                         

          Las prendas de vestir del incriminado al  momento  de la captura, su presencia en sitio muy próximo a los hechos, admitir  ser  el  autor  del crimen ante los policiales al momento de su aprehensión, el  haber  sido  sorprendido  en  flagrancia conforme a la versión suministrada por  quienes  fueron  testigos  presenciales,  constituye  prueba suficiente sobre la  autoría  del  homicidio, así no pervivan los exámenes  de balística, de  las  que el DAS señala que al menos uno de los cartuchos coincide en número de  estrías y macizos con el revólver de YUSTI.   

          La prueba de absorción atómica a la que  alude el recurrente no corresponde al procesado.   

          La alegación del demandante no demuestra  el   vicio   in  iudicando  invocado.   

              CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

                                                 El  ataque  hecho  a la sentencia de segunda instancia proferida por  el  Tribunal  Superior  de  Pereira en la demanda de casación presentada por el  apoderado     de     MAURICIO    ALEJANDRO    YUSTI  SÁNCHEZ,  no  tienen  vocación  de  éxito,  por las  siguientes razones:   

1.  Declaraciones  de  DANIEL  GARCÍA  POSADA  y  RAMÓN ARTURO FLÓREZ  TANGARIFE.   

El   cargo   en  este  caso  técnicamente  significaba  para  el  demandante demostrar que el fallo impugnado modificó por  distorsión,  cercenamiento  o  adición,  el  contenido  de  los testimonios de  DANIEL  GARCÍA POSADA y RAMÓN ARTURO FLÓREZ TANGARIFE, los cuales a decir del  recurrente  fueron  el  supuesto  para  individualizar  e identificar a MAURICIO  ALEJANDRO  YUSTI SÁNCHEZ como el autor del homicidio en JOSÉ DE JESÚS GARCÍA  SIMIJACA.   

                                                 A   la  sentencia  del Tribunal de Pereira se le atribuye haber  faltado   a   la   identidad   de  los  testimonios  rendidos  por  DANIEL     GARCÍA     POSADA     y     RAMÓN    ARTURO    FLÓREZ  TANGARIFE,   al  justificar  con  supuestos  factores  sicosomáticos  el hecho de que los deponentes no viesen en el autor material un  casco  protector  de  motocicleta, circunstancias aquellas que fueron imaginadas  por  el  ad quem y que desde  luego incidieron en el alcance asignado a la prueba.   

El  Tribunal  de  Pereira  admitió  que los  declarantes  al  referirse al procesado no hicieron alusión a que éste llevase  un  casco  protector  de  los usados por quienes se transportan en motocicletas.  Esta  apreciación  es conforme al tenor literal de los testimonios rendidos por  DANIEL  GARCÍA  POSADA  y  RAMÓN  ARTURO  FLÓREZ  TANGARIFE,  por  lo  que la  discrepancia  del  recurrente  se  presenta,  no con el contenido objetivo de la  prueba,   sino  con  las  razones  expresadas  en  el  fallo  para  mantener  la  credibilidad  que  le  dio  a  aquéllos,  no  obstante  no  haber visto a quien  disparó  con dichos elementos, situación que traslada el reproche del campo de  la  contemplación  al  de  la  valoración  de  la  prueba, del falso juicio de  identidad al falso raciocinio.   

Para estructurar el cargo el demandante acude  a  reflexiones  que  deriva  no  del  contenido objetivo de las declaraciones de  DANIEL  GARCÍA  POSADA  y  RAMÓN  ARTURO FLÓREZ TANGARIFE, sino del examen de  conjunto  de sus dichos con los testimonios rendidos por los agentes de policía  que  le  dieron captura al procesado, pues son éstos últimos los que advierten  haber  aprehendido  al  procesado  en  la  calle  13  con  carrera  5, cuando se  desplazaba  a  pie,  momento en el cual llevaba un “casco azul”. A partir de  esta  reflexión  el  casacionista  encuentra  que  no existe identidad entre el  procesado y el responsable del homicidio.   

El  censor  sustenta el cargo con argumentos  ajenos  al  motivo  invocado,  desacierto técnico que no obsta para que la Sala  haga  algunas  precisiones en cuanto a lo infundado e intrascendente que resulta  el reproche.   

El     ad  quem  encontró en las declaraciones de GARCÍA POSADA  y  FLÓREZ  TANGARIFE  elementos de juicio para individualizar al autor material  del  homicidio,  al señalar que lo describieron como una persona que “vestía  camisa  negra, pantalón azul”, coincidiendo estas prendas con las que vestía  “el  procesado  Yusti”.  En  la apreciación de las citadas declaraciones no  tuvo  ninguna  incidencia  el  casco  y  la cachucha a que se refiere el censor,  resultando intrascendente el ataque por ese aspecto.   

De  otra  parte,  el argumento fundamental y  concluyente   del  ad  quem  consistió  en  el  hecho  de  que  los  declarantes  al no haber visto al autor  material  del  homicidio en el momento de la consumación del crimen con casco o  cachucha,  no  era  un  factor  que  necesariamente indicase que los testigos se  referían  a  “persona  diferente  a Yusti Sánchez”, conclusión que no fue  cuestionada en el cargo.   

En  el  reproche sólo se hizo alusión a un  aspecto  que  no fue determinante en la orientación del fallo de segundo grado,  relacionado  con  el  hecho  de que el juzgador admitió que dentro del campo de  las  “posibilidades”,  bien  podía  caber la eventualidad de haber influido  algunas  circunstancias  en la percepción de los testigos, citando como ejemplo  las   sicosomáticas.   Apreciación   que  como  lo  subrayó  el  ad   quem  era  hipotética,  pues  esos  elementos   no   fueron   los   factores   por   los   cuales   los  declarantes  individualizaron    a    YUSTI   SÁNCHEZ como el autor del hecho.   

                                                 Otro  de  los  motivos  que  dio  lugar a la censura fue el hecho de  haber  expresado  los  testigos  que  vieron  al  homicida  con un arma grande y  brillante,  características  que  para  el  recurrente son contrarias a las del  revólver  que  se  le  incautó  al  procesado, el cual es pequeño y pavonado,  diferencias  que para el recurrente el Tribunal aminora aduciendo que por ser de  cañón  recortado no puede considerarse como pequeño y a pesar de ser pavonado  puede  brillar  por  la incidencia de los rayos del sol. Este argumento en lugar  de  discutir la apreciación del contenido material de los testimonios, como era  lo  debido,  conforme  al  motivo invocado, se ocupa de rebatir su valoración a  través  de  una  simple  disparidad  de  criterios  con  las  conclusiones  del  Tribunal,  ratificando  de  esta  manera  el fundamento de la crítica que se ha  hecho  al  reparo,  en  el  sentido  de haber sustentado el cargo con argumentos  ajenos al motivo de casación invocado.   

                                                 El  Tribunal  de  Pereira  no  desconoció  el  tenor literal de la  prueba  testimonial  en  los términos en que lo insinuó el censor,  sus  cuestionamientos  apuntan  realmente  a la aplicación de las  reglas  que  orientan  la sana crítica como método de valoración probatoria y  al  reproche  del  criterio  de  los  funcionarios  judiciales,  buscando  hacer  prevalecer  su  visión  en  cuanto a la apreciación de las pruebas, raciocinio  que  en sede de casación no tiene cabida, dado el hecho de haber sido superadas  las instancias en el proceso.   

                            2. Prueba indiciaria.   

                                                 Los  planteamientos  del  actor  no  desarrollan  a cabalidad con la  técnica  exigida el ataque en lo concerniente al indicio y sus elementos que lo  integran,  para  evidenciar  el  error  que  le atribuye al Tribunal, además de  haber   cuestionado   en   algunos   casos  la  prueba  circunstancial  mediante  especulaciones,  desaciertos  de  los  cuales  se ocupa la Sala en los párrafos  siguientes.   

                                                El  error lo vinculó el impugnante con los indicios de la presencia  del   inculpado   en  el  lugar  de  los  hechos,  la  mala  justificación,  su  comportamiento  al momento de la captura, ensayando la demostración del yerro a  través del reproche a la construcción del indicio y su alcance.   

                            Para   el   impugnante   se   admitieron   simples  hipótesis  como  “indicios  plenamente  probados”  y se les consideró “graves” cuando en  realidad  no  lo son. Bajo esta premisa, crítica la credibilidad otorgada a los  agentes  de  policía  César  Augusto  Saenz  Vanegas  y Andrés Felipe Cardona  Vázquez,  pues  ellos  crearon  con  su  comportamiento  pánico y terror en el  inculpado  al  momento  de  su  aprehensión,  situaciones que incidieron en los  indicios  edificados  a  partir  de  la  captura  del procesado, lo cual resulta  determinante  en  cuanto  al  número,  la fuerza y la credibilidad de la prueba  circunstancial.  Agrega el actor, para reprochar el criterio del juzgador,   que  quién  no  se  asusta  cuando  se  la captura o su cuerpo transpira por la  influencia del sol.   

                                                 El  consumo  de  la  marihuana, la explicación que dio el procesado  acerca  de  la  intención  de vender el arma a la gente de Cartago que vive del  homicidio,  la  forma  como  reveló  haberlo adquirido, los dineros con los que  pagó  el revólver, su personalidad fría, fueron para el fallador elementos de  juicio  que  le  permitieron  concluir  que  las  disculpas  del  procesado eran  “increíbles”,  cuestionamientos  que  para  destruir  el indicio de la mala  justificación  han  debido  formularse al amparo del falso raciocinio más no a  través  del  falso  juicio  de  identidad,  de  ahí que resulte contrario a la  técnica  del  recurso  la afirmación del recurrente en el sentido de que tales  errores  de  lógica  en  la  construcción del indicio condujeron al fallador a  asumir como tales simples hipótesis.   

          El   juicio  indiciario  del  Tribunal  soportado  en  las  llamadas  registradas  desde  el  abonado  telefónico  de la casa del imputado a la de la  viuda,  estando  ella  sindicada  de  ser  la  determinadora  del homicidio, fue  atacado  por  el  censor  mediante  un  desarrollo que abandona la propuesta del  falso  juicio  de  identidad,  al enfrentar el raciocinio con el que el fallador  asumió  la  prueba, señalando por ejemplo que la argumentación no es lógica,  resulta  arbitraria,  el  supuesto  de  hecho  en  sí  mismo  es  vago,  no  es  concordante  ni  convergente,  reproches  que aún en esta última eventualidad,  dejó  sin  acreditar,  pues no precisó la regla de la sana crítica vulnerada,  el  por qué había sido desconocida y su incidencia concretada en la decisión,  habida consideración de la demás pruebas recaudadas.   

                                  Los  planteamientos  referidos  en  el  acápite  anterior  involucran  ataques al hecho indicante, la inferencia, la convergencia  y  gravedad de los indicios, los cuales han debido formularse con las exigencias  técnicas   que  la  Sala  ha  venido  señalando  de  manera  pacífica  en  su  jurisprudencia,  cuando  el reproche tiene por objeto la prueba indiciaria. Así  por  ejemplo,  en  providencia  del  23  de  febrero  de  2000,  la Sala se  pronunció     de    la    siguiente   manera1:   

Y  cuando de ataque a la apreciación de la  prueba  indiciaria  se trata, la jurisprudencia de esta Corte ha sostenido en el  desarrollo  y  demostración  del  cargo,  el  censor  debe informar  si la  equivocación  se  cometió  respecto  de los medios demostrativos de los hechos  indicadores,   la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de valoración  conjunta  al apreciar su articulación, convergencia y concordancia, para llegar  el juzgador a una conclusión equivocada.      

La jurisprudencia tiene establecido, que si  el  error  radica  en  la  apreciación  del  hecho  indicador,  dado  que éste  necesariamente  ha  de  acreditarse  con  otro medio de prueba de los legalmente  establecidos,  necesario resulta postular si el yerro cometido fue de hecho -por  haber  supuesto un medio inexistente, omitido apreciar uno presente válidamente  en  la  actuación,  o distorsionado su expresión fáctica haciéndole producir  efectos  que  objetivamente  no  se  coligen  de  su  contexto,  o por que en su  valoración  se  apartó  de  las  reglas  que gobiernan la sana crítica-; o de  derecho  -por  haber  apreciado como prueba del hecho indicador un medio aducido  irregularmente  a  la  actuación,  o  asignado  mérito  persuasivo distinto de  aquél prefijado en la ley-.   

Y  si  el  error  de  hecho  se ubica en el  proceso  de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del  medio  con  el  que se acredita el hecho indicador, y demostrar al tiempo que el  juzgador  en  la  labor  de asignación del mérito persuasivo se apartó de las  leyes  de  la  ciencia,  los  principios  de  la  lógica  o  las  reglas  de la  experiencia.   

Además,  repetidamente  se ha dicho por la  Corte,  que  dada  la  naturaleza  de  este  medio  de  prueba,  si  el yerro se  presenta   en  la labor de análisis de la convergencia y congruencia entre  de  los  distintos  indicios  y  de estos con los demás medios, o al asignar la  fuerza  demostrativa  en  su  valoración  conjunta,  esto  no  puede dejarse de  precisar  en  la demanda  y acreditar que la apreciación probatoria que se  propone  en  su  reemplazo  permite llegar a conclusión diversa de aquella a la  arribada  por  el  sentenciador,  pues  no  trata el recurso de dar lugar a  anteponer  el  particular  punto  de  vista del actor al del fallador, ya que en  dicha  eventualidad primará siempre éste, dado que la sentencia viene amparada  de  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad correspondiéndole  al  demandante su desvirtuación.     

       

De  ahí que a efecto de demostrar el tipo  de  error cometido en la apreciación de la prueba indiciaria el demandante debe  indicar  en  qué  momento  de  la  construcción  se  produce,  si  en el hecho  indicador,  o si en la inferencia violando las reglas de la sana crítica,   para  lo  cual  ha  de  señalar qué en concreto dice el medio demostrativo del  hecho  indicador,  cómo  hizo  la inferencia el juzgador, en qué consistió el  yerro,  y  qué  trascendencia  tuvo  éste por la repercusión definitiva en la  parte resolutiva del fallo.   

         3. Confesión extrajudicial   

               El  demandante se pregunta cómo  creer  en  el indicio derivado de la confesión “extraprocesal” (Sic) de que  dan   cuenta   los  agentes  CÉSAR  AUGUSTO  SAENZ  VANEGAS  y  ANDRÉS  FELIPE  CARDONA   VÁSQUEZ,  si  ellos  desconocieron los derechos fundamentales de  YUSTI  SÁNCHEZ al momento de  la  captura,  lo  golpearon  con  el  casco,  hecho  que  quisieron  ocultar  no  haciéndole firmar el acta de derechos del capturado.    

               La  formulación  del  cargo  no  cuestiona  la  construcción  del indicio sino su mérito probatorio, ataque que  se  sustentó  en una omisión intrascendente, como fue la de no haberse firmado  el  acta  de  derechos por el capturado (fl. 16) y además de hacerse alusión a  hechos  que  no  involucran  integralmente  las  circunstancias  que rodearon la  captura.  Basta examinar el informe del 29 de diciembre de 1997 (fl. 13 y 13v) y  las  declaraciones  de  CÉSAR  AUGUSTO  SAENZ  VANEGAS y ANDRÉS FELIPE CARDONA  VÁSQUEZ  (fl.  35  a  37v)  para  descartar  la veracidad del ataque aleve o el  terrorismo  que  le  atribuye  el recurrente a los policías en el procedimiento  cumplido,  pues el procesado al verse alcanzado trató de sacar el revólver que  portaba,  razón  por  la  cual debieron reaccionar los agentes, uno de ellos se  abalanzó  sobre  YUSTI  SÁNCHEZ  para  inmovilizarlo y despojarlo del arma, en  tanto    que    el    otro   simplemente   lo   intimidó   con   su   arma   de  dotación.   

              El Tribunal apreció la confesión  extrajudicial  de  MAURICIO ALEJANDRO YUSTI SÁNCHEZ, valoración en la que tuvo  en  cuenta  su  verosimilitud  y  los  factores  de  modo, tiempo y lugar en que  confesó  y  se  produjeron  los  hechos,  aspectos que el censor no desvirtuó,  cuando  era  su  deber  demostrar  el  desconocimiento  de las reglas de la sana  crítica en la apreciación de dicha prueba circunstancial.    

        4. Prueba de balística.   

                                              El  Tribunal al apreciar la prueba de balística  señaló  que  el  dictamen  no  excluía  la  autoría ni la responsabilidad de  YUSTI  SÁNCHEZ en la muerte  de  JOSÉ  DE  JESÚS SIMIJACA. Subrayó que de conformidad con el artículo 273  del  C.P.P.,   su  contenido  no  puede considerarse de manera aislada sino  integrada   con  los  demás  elementos  que  obran  en  el  proceso.  En  estas  condiciones,  precisa  el  fallo  de segundo grado que la posibilidad de haberse  disparado  con  el  arma  incautada  se  puede inferir de la coincidencia de las  características  del  cañón  del  arma  con  las  estrías  y los macizos del  primero  de  los  proyectiles  examinados,  en  tanto  que con el segundo de los  plomos  los  identifica  el  calibre,  situaciones  estas a las cuales aúna los  hechos  que  en  el expediente se demostraron por otros medios y que vinculan al  procesado con la autoría del delito.   

                                                 El  censor  acusa al fallo del Tribunal por haber incurrido en falso  juicio  de  identidad  en la apreciación del dictamen de balística, al deducir  de  esta  prueba  que  los  plomos  hallados  en el cuerpo de la víctima fueron  disparados  con  el  arma  encontrada  en  poder  del procesado al momento de su  captura.   

                              El cargo en  este  caso  no  es  consecuente con la naturaleza de la prueba que determinó la  decisión  de condena y la identidad del dictamen de balística, por lo menos en  lo   que  atañe  al  análisis  de  la  primera  ojiva,  pues  le  atribuye  al  ad  quem inferencias que no  corresponden  estrictamente  al  fundamento probatorio de la decisión, dado que  la  autoría,  la  responsabilidad  y la vinculación del arma con el crimen, no  fueron  hechos  derivados estrictamente del dictamen, sino del examen articulado  de  pruebas  directas de cargo, de tal manera que, como atinadamente lo advierte  el  Procurador  Delegado, la concurrencia de los elementos de juicio recaudados,  distintos  a  la pericial en mención, conducen a la certeza sobre la autoría y  la    responsabilidad    penal    declarada    en    contra    de   MAURICIO ALEJANDRO YUSTI.   

               DANIEL  GARCÍA  POSADA y RAMÓN  ARTURO  FLÓREZ  vieron  al  autor  material, sus exposiciones son coherentes en  cuanto  a  los  rasgos  fundamentales  con  los  que lo describen, el número de  disparos  que  hizo  contra  la  víctima,  la  ruta  de  escape  que siguió el  homicida,  información  que  vincula únicamente a la persona que fue capturada  por  la policía,  en virtud de voces indicativas de que acababa de cometer  un  delito,  poco  tiempo  antes  y en un sitio muy próximo al lugar del hecho,  incautándosele   un   revólver  calibre  38,  con  dos  cartuchos  disparados,  manifestando      MAURIO      ALEJANDRO      YUSTI  SÁCHEZ  a  los  agentes,  que intentó huir y portaba  dicha  arma, porque “él en compañía de un sujeto” de nombre “HÉCTOR”  habían  sido   “los  autores  del Homicidio” (fl. 13v, 35 a 36 y 36v a  37v ).   

                 No significa lo anterior  que  se  hubiese  dejado  de  considerar  algunos indicios, como las inferencias  hechas  con  base  en  las  llamadas  telefónicas, la conducta del procesado al  momento  de  la  captura, su presencia en el lugar de los hechos, los argumentos  ilógicos  con  los  que quiso justificar sus afirmaciones, las coincidencias en  las  estrías  y macizos advertidos al analizar la prueba de balística respecto  de  una  de  las  ojivas.  De  tal  forma que las conclusiones del experticio de  balística  respecto  de  la  segunda  ojiva,  en  el  sentido  de  que pudo ser  disparada  con  un  arma  distinta  a  los  revólveres  de  marca  ‘Llama’,  resulta  intrascendente,  pues  no  obstante  la  concurrencia  de  dicho  dictamen,  la decisión de condena no fue  determinada por la citada prueba circunstancial.   

           

               El  argumento  persistente  del  censor,   fue   anteponer  su  criterio  al  del  juzgador,  discrepando  de  la  valoración   probatoria   en   conjunto  hecha  en  los  fallos  de  instancia,  valiéndose  de  consideraciones  a través de las cuales aisló interesadamente  el  análisis  de  la  prueba  pericial, más no de su examen en conjunto. Y, si  ello  es  así,  además  de  los  desaciertos señalados, debe indicarse que el  ataque    resulta    incompleto   para   demostrar   el   yerro   atribuido   al  juzgador.   

                 5.   Prueba   de   absorción  atómica.   

                 El ataque a la sentencia  del  Tribunal de Pereira con base en la prueba de absorción atómica lo vincula  con  el  dictamen  visible  a los folios 265 y 266, la cual fue practicada a los  dedos  índice  y  pulgar  de ambas manos de GENARO ANDRÉS RESTREPO GARCÍA. No  estando  vinculado  el  resultado del examen pericial en referencia al procesado  MAURCIO  ALEJANDRO  YUSTI SÁNCHEZ, resulta intrascendente el ataque en cuanto a  la orientación de la sentencia de segunda instancia.   

          6.  Precisiones  finales.             

                                                 6.1.  En  consecuencia,  si la pretensión  del  demandante  era  reprochar el mérito persuasivo asignado por el fallador a  las  pruebas,  debió  orientar el ataque, lo que no hizo, por la vía del error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  señalando  el contraste del contenido de la  sentencia  demandada  con  la  apreciación  de  las  pruebas y las pautas de la  lógica,   la   experiencia   o   los   parámetros  científicos  que,  por  su  inobservancia,  evidenciaban  el  razonamiento  errático  del  juzgador  y, con  ello,   la  afectación de los intereses de sus representados en la demanda  de casación.   

                                 El  desconocimiento  de  la sana  crítica,  que  como  cargo  no fue formulado, se mezcló como un argumento para  demostrar  el  falso  juicio de identidad, al censurar la prueba considerada por  el  juzgador, lo cual deja sin claridad y precisión el ataque presentado contra  la  sentencia de segundo grado, predestinando él mismo al fracaso la demanda de  casación.   

                                          6.2.  En  la demanda  las   reflexiones   estuvieron   destinadas   a   desconocer   el  criterio  del  juzgador,   revelando  el  censor  su  inconformidad, fincada en una visión distinta acerca del alcance de  las  pruebas,  lo  que  es  intrascendente,  pues  si  el fallador se aparta del  criterio  de  los  sujetos procesales, ello no constituye un error reclamable en  casación   por   distorsión   o   tergiversación   de   la   prueba,  ni  por  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  sana  crítica.  Ese  enfrentamiento o  disparidad  de  criterios  se  resuelve a través de la presunción de acierto y  legalidad  con  que la ley ampara al fallo de segunda instancia y en la facultad  otorgada  al  funcionario  judicial de valorar las pruebas, como en este caso se  ha hecho, acogiendo los postulados de la persuasión racional.   

6.3.  La  Sala ha  venido   señalando   que  el  ajuste  punitivo  que  pudiere  derivarse  de  la  aplicación  por  favorabilidad de los preceptos de la ley 599 de 2000, debe ser  considerado  por  el  correspondiente  Juez  de Ejecución de Penas y Medidas de  Seguridad (artículo 79-7 L. 600 de 2000).   

La  presente  providencia no admite recurso  alguno  y  como  no  sustituye  la  sentencia  recurrida,  de conformidad con el  artículo  187  del  actual  código  de  procedimiento penal (197 del anterior)  queda  ejecutoriada  el  día  en que la suscriban los magistrados de la Sala de  Casación Penal.   

                               

                                                 En  mérito,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  en SALA DE CASACION  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  Ley,   

                               

                                                 RESUELVE   

                               

                                            No  casar  la  sentencia  impugnada,  de  fecha,  origen y contenido  consignados en esta providencia.   

                              Cópiese,  notifíquese  y  cúmplase,  devolviendo el expediente a la oficina de origen.   

               

             YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

  FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                  HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS              Permiso   

  CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                             JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO               

Comisión de servicio  

  EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                                  ALVARO  O.  PÉREZ   PINZÓN                                           Comisión    de  servicio   

  MARINA   PULIDO  DE  BARON                                   JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  C.S.J.,   Sent.   Cas.   Rdo.   13116,   Mag.   Pon.   Dr.   FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL     

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