16054dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     Nº  16054   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 213  

Bogotá,  D. C., diecinueve (19) de diciembre  del año dos mil (2.000).   

  VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de  casación  presentada  por  el  apoderado  de la parte civil contra la sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca el 23 de febrero de 1999,  mediante  la  cual  confirma  con  algunas  modificaciones la proferida el 24 de  noviembre  de  1998 por el Juzgado Promiscuo del Circuito de Funza, que condenó  a    JOSE   EFRAIN   LESMES   QUINTERO   y    HENRY   CORTÉS   LOZANO como coautores del delito de estafa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          El  20 de septiembre de 1996, HENRY CORTÉS  LOZANO  le  compró a MANUEL JOSE MENDEZ RODRIGUEZ los  lotes  6,  7  y  8  de  la Urbanización El Porvenir, situada en el municipio de  Madrid,   Cundinamarca,   los   que  pagó  con  dos  cheques  que  le  entregó  JOSE  EFRAIN LESMES QUINTERO,  verdadero  interesado  en  el  negocio. Los instrumentos fueron impagados por el  banco  girado  por  pertenecer a una chequera robada, en tanto que los inmuebles  los vendieron los timadores a terceras personas.   

          La  Fiscalía  1ª  Seccional  de Chía inició la investigación en  octubre  3  de  1996,  y  en  julio  16 de 1997 decretó medida de aseguramiento  contra  CORTÉS y LESMES por los delitos de fraude procesal,  estafa   y  falsedad  en  documento  privado,  punibles  por  los  que  formuló  resolución de acusación en noviembre 18 del mismo año.   

          El  Juzgado  Promiscuo del Circuito de Funza, mediante sentencia del  24  de  noviembre de 1998, condenó a los procesados a la pena principal de  14  meses  de  prisión  y  multa  por  valor  de  $  2.000  y a la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso como  coautores  del  delito  de  estafa, y los absolvió de los cargos por falsedad y  fraude  procesal.  Además,  ordenó  la  cancelación  del  registro de algunas  escrituras públicas.   

          Contra   esta  decisión  interpusieron  recurso  de  apelación  el  apoderado  de  la  parte  civil, el fiscal y uno de los defensores, impugnación  resuelta  por  el  Tribunal Superior de Cundinamarca por sentencia de febrero 23  de  1999,  en la que condena también por fraude procesal e incrementa la pena a  18 meses.    

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en  la causal 1ª. del artículo 220 del Código de  Procedimiento  Penal,  el  apoderado  de  la  parte civil cuestiona la sentencia  porque   no  condenó  al  pago  de  perjuicios,  pues  el  Tribunal  consideró  equivocadamente  que  era  suficiente el restablecimiento del derecho que obtuvo  la  víctima del ilícito al recuperar el dominio de los 3 lotes. Ese fallo, por  lo  tanto,  viola los artículos 2, 25, 228 y 230 de la Constitución Política;  2341,  2342  y  2343  del  Código Civil, y 103, 104, 105, 106 y 107 del Código  Penal.   

          Aduce  igualmente  la causal 2ª, pues considera que la sentencia de  primera  instancia  no  está  en  consonancia  con  los cargos formulados en la  resolución  de acusación, porque mientras en ésta se convocaba a juicio a los  procesados  por  los  punibles  de  falsedad  en  documento  privado en concurso  homogéneo  y  fraude  procesal  y  estafa  en concurso heterogéneo, sin variar  hechos  ni  cargos,  en  menos  de un año, el juez descartó tres delitos. Esta  situación  se  refleja  en la sentencia de segunda instancia, lo que causa gran  preocupación  sobre  la transparencia del proceso porque no hay motivo para que  se  absuelva  a  los  acusados  “de los delitos más graves, se les conceda el  subrogado  de  la  libertad  provisional, no se les condena a pagar perjuicios y  además  se  les  retribuye  con una suma de dinero que le pertenece al afectado  por  los delitos”. De esta manera, la sentencia violó los artículos 29 de la  Constitución  Política;  1,  2,  3, 4, 5 y 8 del Código Penal y 1, 6, 20 y 22  del  Código  de  Procedimiento  Penal.              

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

         

1.  El  apoderado de la parte civil anunció  desde  la  interposición  del  recurso  de  casación  que pretendía acusar la  sentencia  tanto  porque  los  procesados  no  fueron  condenados  por todos los  delitos  que se les imputaron en la resolución de acusación, como por no haber  reconocido  indemnización  de  perjuicios  a  favor  de la parte que representa  (Fls. 77/8 del cuaderno de segunda instancia).   

Y  sobre la cuantía para recurrir, dijo que  ella  era dos veces superior al valor de los cheques entregados por la compra de  los    lotes,    es   decir,   $   42’000.000.  En  realidad  en la demanda de parte civil, que constituye  la  oportunidad  legal para formular las pretensiones resarcitorias, reclamó el  pago  de  $  10’000.000 a  título  de  perjuicios  morales y $ 50’000.000  por  concepto  de perjuicios materiales, que incluyen “el  valor  del  monto de la negociación, el lucro cesante y daño emergente” (Fl.  14  cuaderno  principal), de suerte que, descontado lo correspondiente al precio  de  los  inmuebles, lo pedido en la demanda ascendería por este rubro a la suma  de            $            29’000.000.   

2.  El  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  concedió  el  recurso  porque  uno  de  los delitos tiene prevista pena máxima  superior  a 6 años y su objeto no se refiere exclusivamente a la indemnización  de  perjuicios  (Fl.  80  cuaderno de segunda instancia), sin tener en cuenta el  criterio  expresado  por  la  Sala en el sentido de que “si el censor pretende  formular  cargos  contra  la  sentencia  respecto  del tema penal, y también en  materia  exclusivamente de indemnización de perjuicios, como es el caso que nos  ocupa,  puede hacerlo en la misma demanda en capítulos separados, pero respecto  de  cada  uno  de  los  tópicos  que  pretende  cuestionar  se deben reunir sus  respectivos  requisitos,  es  decir, para lo primero la pena máxima prevista, y  para  lo  segundo  la cuantía que en ese momento se exija en casación civil”  (Sentencia   del  30  de  julio  de  1996,  M.P.  Dr.  Ricardo  Calvete  Rangel,  radicación 8905).   

          3.   De   manera   que  si  el  demandante  pretendía  obtener  una  indemnización,   descontado  el  valor  de  los  lotes,  por  $  39’000.000  y  ninguna suma se reconoció  en  la  sentencia,  esa  será la cuantía en tanto ella se determina, según el  artículo  366  del Código de Procedimiento Civil, por “el valor actual de la  resolución desfavorable al recurrente”.   

Ahora bien: como la cuantía para recurrir se  calcula   sobre   la   base  de  $  10’000.000,  incrementados  cada  dos años en un 40% a partir de enero  1º.  de  1990  (artículos 2º y 3º del Decreto 522 de 1988), su monto para el  período   1998-2000   era   de  $  53’782.400,  bastante  superior  como  se ve al valor pretendido por el  demandante  quien,  en  consecuencia  y por este motivo, carece de interés para  recurrir.   

          4.  No  será  esa,  sin  embargo, la única razón para que la Sala  rechace   la   demanda   y   declare   desierto   el   recurso,   como   pasa  a  examinarse.   

          5.  Cuando  se invoca la causal primera de casación, el censor debe  precisar  si  la  violación de la ley se produce de manera directa o indirecta.  En  el  primer caso, señalará si el yerro se produjo por falta de aplicación,  aplicación  indebida o interpretación errónea de la norma sustancial. Pero si  el  quebranto  se  ocasiona indirectamente, es decir que “proviene de error de  hecho  o  de  derecho en la apreciación de determinada prueba, es necesario que  así  lo alegue el demandante” (art. 220-1 C.P.P.) y que identifique, si   es  de  hecho,  en  qué  consiste el error que indujo al fallador a realizar el  falso  juicio  de  existencia  o  de  identidad  o  a  incurrir  en algún falso  raciocinio;  o si es de derecho, cómo se produjo el falso juicio de legalidad o  el falso juicio de convicción.   

          En  cualquiera  de esos eventos, el casacionista tiene que acreditar  la  trascendencia  del error probando que fue la causa exclusiva de la decisión  que  reprocha,  de manera que su remoción conduciría forzosamente a proveer en  un sentido diferente.   

          6.  En  la  casación se juzga la legalidad del fallo, y ello impone  la  observación  de una rigurosa técnica en virtud de la cual, respetuosa como  tiene  que  ser  de  los  principios  de  limitación, claridad, trascendencia y  precisión,  entre  otros,  se  deben  suministrar los fundamentos objetivos que  desvirtúen  la  doble  presunción  de  legalidad  y  acierto  de  que  goza la  sentencia.   

          No  basta,  en  consecuencia,  afirmar que se ataca la sentencia por  ser   violatoria  de  una  norma  de  derecho  sustancial,  pues  tan  genérica  acusación  le  impondría  a  la  Corte  la inadmisible tarea de seleccionar de  manera  específica la causal, el motivo, el sentido del ataque y los argumentos  que servirían de fundamento.   

          7.  Precisamente  porque  “la  Corte  no  podrá  tener  en cuenta  causales  de casación distintas a las que han sido expresamente alegadas por el  demandante”  (art.  228  C.P.P.),  uno  de  los requisitos formales del libelo  consiste  en  “la  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación del cargo  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante  estime  infringidas”  (artículo 225-3 ibídem), exigencias que en  este caso no se cumplieron, como acaba de verse.   

          8.  La  segunda  censura  está  completamente desfasada y revela un  gran  descuido  sobre  el  obvio significado de la causal invocada (numeral 2º.  del  artículo  220  del  C. de. P. P.), que al expresar la falta de consonancia  entre  la  sentencia  y los cargos formulados en la resolución de acusación no  alude,  como  de manera extraña lo supone el casacionista, a que en el fallo no  se  declare  la  responsabilidad  del  procesado  por  todas  y  cada una de las  imputaciones   que   se   le   formularon   al  calificarse  el  mérito  de  la  investigación,  sino  a  la  necesaria congruencia que debe existir entre ambas  providencias,  como  que la primera constituye el marco que señala los límites  que ineludiblemente habrá de respetar el fallador en la segunda.   

         

Si  al invocar la causal segunda “es deber  del  censor,  en  consecuencia,  como  condición  para  que  la  demanda le sea  admitida,  demostrarle  a  la  Corte  que el delito objeto de la sentencia no se  encuentra  previsto  dentro  de los mismos título y capítulo del Código Penal  referidos  en  la  resolución  de  acusación  o  que,  estándolo,  empeora la  situación  del  procesado”  (auto de diciembre 16 de 1999, M.P. Dr. Carlos E.  Mejía  Escobar,  radicación 14796,), es indudable que en el sub judice ningún  problema  de consonancia se ha planteado, razón suficiente para que la demanda,  por este otro aspecto, tampoco pueda aceptarse.   

          9.  Por  lo  demás, como el demandante no expresa de qué manera la  absolución   por   algunos   delitos  afectó  su  pretensión  económica  que  constituye,  en  últimas,  la  razón  fundamental  de  su  intervención en el  proceso  penal,  el  reproche  que le formula a la sentencia tiene por exclusivo  propósito  buscar  que  la  situación  de los condenados sea más gravosa, sin  incidencia  alguna  en  los  perjuicios, de manera que también por este aspecto  carece de interés para recurrir.   

7. Conclúyese de lo dicho que la demanda no  cumple   los   requisitos   exigidos   por  el  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento  Penal  ni  la  parte  civil  tiene  interés para recurrir en los  términos  que  se dejaron consignados en el cuerpo de esta providencia, razones  que  obligan  a  la Sala a rechazar in límine la demanda y declarar desierto el  recurso.   

                En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         Rechazar  in  límine  la demanda de casación presentada por el apoderado de la  parte  civil.  En consecuencia, se declara desierto el recurso extraordinario de  casación interpuesto.   

                Contra esta providencia no  procede recurso alguno.   

          Cópiese     y  cúmplase   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA     POVEDA                              

CARLOS  AUGUSTO  GÁLVEZ ARGOTE            JORGE A.  GÓMEZ GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                          CARLOS    E.    MEJÍA    ESCOBAR                         

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                NILSON      PINILLA  PINILLA                                                          

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

    

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