16056dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     Nº  16056   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 213  

Bogotá,  D. C., diecinueve (19) de diciembre  del año dos mil (2.000).   

  VISTOS  

          Procede  la  Sala a calificar la demanda de casación presentada por  el     defensor     de    JULIO    CÉSAR    AGUILAR  PALACIOS  contra  la sentencia dictada por el Tribunal  Superior  de  Cundinamarca el 2 de marzo de 1999, que confirma la expedida el 19  de  noviembre  de  1998  por el Juzgado Penal del Circuito de Pacho, mediante la  cual  se  le condenó a la pena de 12 años y 6 meses de prisión, interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el término de 10 años y al pago de los  perjuicios  morales  y materiales causados con el delito de homicidio que, en la  modalidad    de   tentativa,   cometió   en   perjuicio   de   CIRO   MARTÍNEZ  RODRÍGUEZ.   

HECHOS  

          Sucedieron   hacia  las 6 de la tarde del 5 de marzo de 1995 en  la  vereda  Tauche,  perteneciente  a  la Inspección de Tudela del municipio de  Paime,  Cundinamarca,  cuando  en  una riña, originada por un comentario de mal  gusto  que  hizo  LINO  HERNAN  RUEDA respecto de JULIO  CÉSAR  AGUILAR  PALACIOS, intentó el segundo lesionar  con  su  navaja  al  primero.  En ese instante, CIRO MARTINEZ  le tiró una  botella  a  AGUILAR que le dio  en  pleno  rostro,  y de inmediato éste le propinó dos cuchilladas a aquél. Y  hubiera  continuado  en su accionar, de no ser porque ISRAEL ANZOLA lo impidió,  enfrentándosele  con un palo, lo que permitió que el herido fuera trasladado a  un  centro asistencial donde se le logró salvar la vida no obstante la gravedad  de las lesiones sufridas.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

          Después  de  acreditada  la naturaleza de las heridas y definida de  tal  forma la competencia que inicialmente asumió el inspector departamental de  policía  de Tudela, un fiscal local del municipio de Pacho declaró la apertura  de  instrucción  el  13  de  marzo de 1995 (Fl. 10) y el mismo día escuchó en  indagatoria   al  joven  AGUILAR  PALACIOS  (Fl.  11).  Y  como  de las pruebas practicadas dedujo en éste el  propósito  homicida,  remitió  la actuación a un fiscal seccional de la misma  localidad  (Fl.  35) quien, después de recaudar diversos medios de convicción,  el  6  de  junio  de  1995  ordenó  la  detención  preventiva  de AGUILAR   PALACIOS   por   el  delito  de  tentativa de homicidio (Fl. 59).   

          Clausurada  la  investigación  el 5 de julio (Fl. 74), se calificó  su  mérito  en  agosto  4  con  resolución  de  acusación (Fl. 89), la que se  ratificó  el  30  de  agosto al decidir negativamente el recurso de reposición  interpuesto por el defensor (Fl. 103).   

          Fue  necesario,  sin  embargo,  rehacer  la  actuación,  porque  el  Juzgado  Penal del Circuito de Pacho, al que le correspondió adelantar la etapa  del  juicio,  declaró  la  nulidad  del  proceso  a  partir de la diligencia de  indagatoria  debido  a que el procesado la había rendido sin la asesoría de un  abogado titulado (Fl. 192).   

          Escuchado   nuevamente  el  sindicado  en  injurada  (Fl.  265),  la  Fiscalía  Seccional  resolvió  su  situación jurídica en noviembre 7 de 1996  (Fl.  217)  y lo acusó el 11 de marzo de 1997 (Fl. 233) en los mismos términos  que lo había hecho inicialmente.   

          Saneada,  pues,  la  irregularidad,  el  5  de  noviembre de 1998 se  celebró  la  audiencia  pública  (Fl.  254)  y  el  19  siguiente se dictó la  sentencia  condenatoria  a  que  se  hizo referencia al inicio de este auto (Fl.  256),  confirmada  como  se  dijo  en  su integridad por el Tribunal Superior de  Cundinamarca   el   2  de  marzo  de  1999  (Fl.  16,  cuaderno  2).           

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  1ª.  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  defensor censura la  sentencia  por  violación  indirecta  la ley sustancial, derivada de errores de  hecho por falsos juicios de identidad y de existencia.   

          Hace  consistir  el  primero  en  la credibilidad que el fallador de  segundo  grado  otorgó  a  los  testimonios  de  Israel  Anzola, Ciro Martínez  Rodríguez,  Lino  Hernán  Rueda Moreno y Oscar Javier Sánchez, los que fueron  mal interpretados por las siguientes razones:   

          a.  No  son  coincidentes  las afirmaciones de Sánchez (“escuché  que  LINO le pegó un empujón a JULIO” y “JULIO sacó la navaja y le lanzó  no  sé si sería un puño o puñalada”) con la conclusión del Tribunal en el  sentido  de  que  este  testigo  “vio  y  narra  con toda exactitud el momento  inicial  desde  el  altercado  con  Lino  cuando  Julio  César le tiró a Lino,  empuñando  la  navaja”.  No  se  sabe,  entonces, qué fue lo que ocurrió al  comienzo entre uno y otro.   

          b.   Ciro  Martínez  nunca  dijo  que  le  hubiera  lanzado la  botella  a  Julio  César  cuando vio a Lino en el suelo, como lo sostiene el Ad  quem,  sino todo lo contrario: que lo hizo después de ser lesionado. Si tampoco  Lino  lo  dice,  esta afirmación consignada en la providencia no tiene respaldo  probatorio  y  trata  de  justificar  la  conducta  de  Ciro,  a la que le resta  importancia.   

          También  presume  la segunda instancia que Ciro pretendió desarmar  a  Julio  César,  pero  ninguna prueba obra en ese sentido. Esa suposición del  Tribunal  le  resta  importancia  al  lanzamiento de la botella y a la inmediata  sujeción de las manos.   

          c.  Es  igualmente  equivocado  valorar  el  botellazo  como un acto  injusto  y grave pero no actual, porque el golpe ocasiona dolor y pérdida de la  atención y genera un estado de inferioridad en la víctima.   

          Pasa  de  inmediato  el  demandante  a  referirse al falso juicio de  existencia,  el  que se revela en la valoración del testimonio de Israel Anzola  pues  nunca  dijo  que Ciro tuviera la intención de desarmar a Julio César, de  manera  que  yerra  la  segunda  instancia  al  dar  por  cierto  ese hecho. Sí  declaró,  en  cambio,  que  Ciro  lanzó  la  botella  a  éste  después de la  discusión  con  Lino,  cuando  estaba  solo, manifestación a la que no se hace  efectiva  alusión  en  la providencia pues aunque se relaciona en las pruebas y  se  hace  su  resumen,  no  se  le valora no obstante que tuvo credibilidad para  sustentar  el  salvamento parcial de voto. Tampoco se tuvo en cuenta, afirma, el  hecho  de  que  el  procesado  se presentó voluntariamente ante el inspector de  policía de Tudela y le hizo entrega del arma.   

          Repite  a  continuación la crítica que ya le había formulado a la  valoración  realizada por el Ad quem, para reiterar entre otros aspectos que si  Ciro  no  iba  a  desarmar  a  Julio César después de arrojarle la botella, su  aproximación  a  éste  fue para continuar el atentado contra su seguridad; que  descartado  el  testimonio  de  Sánchez,  sólo  queda  el  de  Lino Rueda y la  versión   del   procesado,   dichos  a  los  que  se  les  debe  dar  el  valor  correspondiente;  que  al  no  tener  en  cuenta  la declaración de Anzola, que  confirmaba  lo  manifestado  por  Julio  César, se desconoció que cuando éste  estaba  solo  Ciro  lo  golpeó  y  se  le fue encima, continuando con su ataque  injusto,  grave  y  actual,  lo  que obligó al procesado a sacar su navaja para  defenderse   porque   la   actualidad  del  golpe  subsiste  con  el  dolor  que  produce.   

          Concluye  que la sentencia acusada violó de manera indirecta la ley  sustancial  por  inaplicación  del artículo 29-4 del Código Penal, por lo que  se  debe casar y, en su lugar, dictar la de reemplazo en la que se absuelva a su  defendido por haber actuado en legítima defensa.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

          La  casación  no  constituye  una  tercera  instancia  en la que el  libelista  pueda  formular  con  absoluta libertad los reparos que le merezca la  valoración   probatoria   efectuada   por  el  Tribunal  o  ensayar  su  propia  interpretación  de  los hechos y ofrecer su particular análisis probatorio con  la  pretensión,  desde  luego vana e inadmisible, de que la Corte escoja la que  pueda resultar más convincente.   

          Suelen  olvidar  los demandantes, en su intento de reabrir el debate  probatorio  ya  agotado  en las instancias, que en la casación se enjuician las  sentencias  con  el  propósito  de desvirtuar la doble presunción de acierto y  legalidad  con que arriban a esta sede, para lo cual deben demostrar el error en  que  incurrió  el  fallador y su incidencia en el sentido de la providencia, de  manera     que    baste    removerlo    para    que    la    decisión    varíe  sustancialmente.   

          En   particular,   para  hacer  referencia  a  los  reparos  que  el  demandante  hace  a  la sentencia impugnada, cuando se trata de errores de hecho  por  falso  juicio de identidad o de existencia el casacionista debe identificar  el  yerro con absoluta claridad y de manera concreta, para lo cual, en el primer  caso,  deberá confrontar objetivamente lo que la prueba dice con lo que el juez  le  hizo decir y, en el segundo, cómo de haberse apreciado la prueba omitida la  conclusión    hubiese    sido   otra,   diferente   a   la   que   arribó   el  fallador.   

          No  cumple  la  demanda  con  estas  exigencias,  por las siguientes  razones:   

          1.   Una  inadecuada  comprensión  de  sentido  le  hace  decir  al  demandante  que el Tribunal tergiversó la declaración de Oscar Javier Sánchez  al   afirmar   que  vio  el  altercado  desde  el  principio  cuando  la  palabra utilizada por el testigo es  escuchar,  de manera que no  observó lo sucedido.   

          Empero,  la  lectura  integral  de  la cita que el propio demandante  trae  en su escrito demuestra que Sánchez miraba en efecto lo que acontecía, y  la  expresión  “escuché”  se advierte claramente como una equivocación de  quien  la  pronunció  o  de  quien  la escribió en el acta, pues la situación  descrita  por  él  da  exacta  noción  de  presencia  que,  sin embargo, no le  permitía  oír  lo  que  decían Julio César y Lino dada la distancia a que se  encontraban.  Naturalmente, si se afirma que “yo escuché que LINO le pegó un  empujón  a  JULIO,  a lo cual JULIO sacó la navaja y le lanzó no se si sería  un  puño  o puñalada, el caso es que LINO cayó al piso”, es porque se está  percibiendo  con  la vista lo que sucede. Así lo confirma, por lo demás, en la  diligencia  de inspección judicial que se realizó al lugar de los hechos a que  alude también el demandante.   

          Falta  de  comprensión denota igualmente el actor cuando critica la  afirmación  del  Tribunal  en  el  sentido  de que Sánchez vio “cuando Julio  César  le  tiró a Lino, empuñando la navaja”, porque el testigo dice que no  sabe   si  lanzó  puño  o  puñalada,  sin  advertir  el  censor  –que,  como  se  ve,  tiene que razonar  parcelada  e  inconexamente  para  intentar  hallar  un  error-  que  tampoco la  sentencia  está  asegurando  una u otra cosa; simplemente, que con la navaja en  la mano le dirigió un golpe a su contendor.   

          Por  lo  demás,  no  se  sabe  qué  pretende el demandante en este  punto,  porque  aun  si  se  aceptara  –contra  la  realidad  procesal-  que el testigo “no vio totalmente  los  acontecimientos  a  los  que  se  refiere  la sentencia”, ello no implica  necesariamente  que  no hubiera presenciado los hechos subsiguientes, en los que  AGUILAR  PALACIOS   le  ocasionó  graves lesiones a Ciro Martínez, aspectos a los que ni siquiera hace  referencia el censor.   

          Si  de  las  mismas  palabras  del  togado  emana  lo  anterior,  es  impensable  un  error  de hecho por falso juicio de identidad, a menos que, como  se  decía  atrás,  y  quizás fuera lo perseguido por el proponente, se quiera  restablecer  una  nueva  posibilidad de diálogo en torno a la prueba tarea que,  como se sabe no es practicable en sede de casación.   

          2.  Con  relación  al  testimonio  de Lino Rueda, como nada dice el  casacionista  diferente  a que se le otorgó credibilidad y por eso se incurrió  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad, bastará reiterar que el  demandante   “comete  grave  error  conceptual  porque  la  aceptación  o  la  negación  de  esa  cualidad  a  un  determinado  medio  de  prueba,  ya  sin la  existencia  de  tarifa  legal pero con plena observancia de los principios de la  sana  crítica que hoy caracterizan en materia penal la actividad de evaluación  de  esa  clase  de  prueba,  no  constituye error atacable en casación, sino el  imperativo  ejercicio  del  deber  de  plasmar  su  juicio el sentenciador en su  condición     de     imparcial    y    equitativo    definidor    del    debate  procesal”.1”   

          Surge  de  esto  que  si  el  reproche  se dirige a problematizar la  “credibilidad”  que  el  juez  otorga  a un testigo no es correcto hablar de  error  por  falso  juicio  de  identidad pues que la referencia no puede ser con  relación  a  la  desfiguración  del  medio, sino de error por falso raciocinio  caso  en el cual, además, es  menester  plantear  y  demostrar  alejamiento  judicial de los componentes de la  sana  crítica,  vale  decir,  de  las  leyes  científicas,  de  los principios  lógicos  o  de  las  reglas  de la experiencia, así como atestar sobre cuáles  habrían  sido  las  leyes,  principios o reglas verdaderamente aplicables en el  asunto concreto.   

          3.  Sostiene  el  demandante que es equivocada la conclusión del Ad  quem  cuando  dice  que  Ciro  Martínez  le  lanzó  la  botella a JULIO  CÉSAR  AGUILAR “al ver a su amigo  caído”,  lo  cual  le  imponía  la  obligación,  si  en  efecto el hecho no  ocurrió  de  la  manera  como se señala en la providencia, de examinar toda la  prueba  recaudada  para  concluir, no frente al dicho de un testigo sino ante el  acervo  probatorio en su integridad, que el fallador reconoció un hecho carente  de  demostración  y,  por lo mismo, incurrió en falso juicio de existencia por  falsa contemplación de la prueba.   

          Como  no  lo hizo así el casacionista y a la Corte le está vedado,  en  virtud  del principio de limitación, examinar censuras que el demandante no  ha  hecho  –excepto, desde  luego,  cuando  es  admisible casar de oficio la sentencia-, debe concluirse que  el   reparo   formulado   no   entraña  en  realidad  un  error  atribuible  al  Tribunal.   

          4.  Tan  raro  es  el  examen que hace el actor, que inicialmente le  reprocha  al tribunal haberle dado credibilidad al testigo Israel Anzola (Fl. 58  C.  2),  después  le censura que le hubiese restado importancia frente a hechos  ciertos  (Fl.  62) y termina criticándole no haber valorado ese testimonio (Fl.  63).  La  contradicción  así, es palpable y, por supuesto, también extraña a  la  casación  pues  que  en  esta  se  esperan  imputaciones lógicas, claras y  estrictas, y no palabras y frases repelentes, ambigüas y difusas.   

          Como  en realidad el libelista no señaló ningún error que hubiere  incidido   de   manera  rotunda  en  el  sentido  de  la  sentencia  cuestionada  -presupuesto  indispensable  para que una demanda que invoque la causal primera,  cuerpo  segundo,  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento Penal sea  admitida-  es  claro  que  no  se  cumplen  los requisitos del artículo 225 del  Código  de  Procedimiento  Penal  y,  por lo tanto, se rechazará in límine la  demanda y se declarará desierto el recurso.   

             En  mérito  de lo expuesto la Sala de Casación Penal de la  Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         Rechazar  in  límine  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  JULIO     CÉSAR    AGUILAR    PALACIOS.  En  consecuencia,  declarar desierto el recurso extraordinario de  casación interpuesto.   

                Contra esta providencia no  procede recurso alguno.   

          Cúmplase   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA     POVEDA                              

CARLOS  AUGUSTO  GÁLVEZ ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                          CARLOS    E.    MEJÍA    ESCOBAR                         

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                NILSON      PINILLA  PINILLA                                                          

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1  .    Sentencia   de   noviembre   13   de  1992.  M.P.  Dr.  Dídimo  Páez  Velandia.     

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