15563oct

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15563  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Nilson E. Pinilla Pinilla  

Aprobado Acta N°183  

Bogotá,  D.  C., octubre veintiséis (26) de  dos mil (2000).   

ASUNTO  

Se  procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación presentada en defensa de WILSON DARIO SUAREZ PARRA,  WILLIAN  ORLANDO  CASTELLANOS, JOSE GREGORIO BAQUERO ZARATE y JAIME ALBERTO RIOS  GONZALEZ,    sindicados   de   homicidio   agravado   y   hurto   calificado   y  agravado.   

HECHOS  

La mañana del 31 de agosto de 1996, frente al  inmueble  demarcado  con el N° 18 F -15 de la calle 70 A sur de Bogotá, cuando  Marcial  Cupertino  Ojeda  Muñoz  realizaba  su  labor  cotidiana de expendedor  ambulante  de  leche,  fue despojado de algunos bienes y se le causó la muerte,  por  personas que empuñaban armas cortopunzantes, resultando sindiciados WILSON  DARIO  SUAREZ PARRA, WILLIAN ORLANDO CASTELLANOS, JOSE GREGORIO BAQUERO ZARATE y  JAIME ALBERTO RIOS GONZALEZ.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

La  Fiscalía 297 Seccional de Bogotá abrió  investigación;  oídos  en  indagatoria  WILSON  DARIO  SUAREZ  PARRA,  WILLIAN  ORLANDO   CASTELLANOS,  JOSE  GREGORIO  BAQUERO  ZARATE  y  JAIME  ALBERTO  RIOS  GONZALEZ,  el  10  de  septiembre  de 1996 se les decretó detención preventiva  (fs.  91  y  Ss.,  cd. 1). Cerrada la instrucción, el 26 de febrero de 1997 les  fue  proferida  resolución  de  acusación,  por  homicidio  agravado  y  hurto  calificado  y  agravado  (fs.  249  y  Ss.,  ib.),  enjuiciamiento  recurrido  y  confirmado  por  la  correspondiente  Unidad de Fiscalía el 15 de abril de 1997  (fs. 5 y Ss. cd. Fiscalía 2ª. inst.).   

Correspondió  al  Juzgado  Segundo Penal del  Circuito  de esta ciudad adelantar el juicio y, celebrada la audiencia pública,  el  19  de  diciembre  de  1997  condenó  a  los  procesados  a “510 meses de  prisión”,  10  años  de interdicción de derechos y funciones públicas, y a  indemnizar  los  perjuicios respectivos (fs. 104 y Ss. cd. 2), fallo apelado por  la  defensa  y  confirmado  el  4  de  junio de 1998 por el Tribunal Superior de  Bogotá,  mediante  sentencia  que  es  objeto  de  casación  (fs.  4 y Ss. cd.  Trib.).   

LA DEMANDA  

Al amparo de las causales tercera y primera de  casación,   la   defensora  de  los  cuatro  acusados  formula  los  reproches,  así:   

CARGO PRINCIPAL: La impugnante sostiene que se  violó  el  debido  proceso,  porque al definirse la situación jurídica a JOSE  GREGORIO  BAQUERO  ZARATE  y  JAIME  ALBERTO  RIOS  GONZALEZ,  se  les  decretó  detención  preventiva  como  coautores cuando, según dice, “su actuación se  limitó  a  prestar  auxilio  a  los  dos  amigos  que  resultaron heridos en la  contienda con el hoy obitado” (sic).   

Refiere como error de lógica jurídica haber  aplicado  los  artículos  323,  324,  349  y  350  del Código Penal, cuando la  calificación  debió  limitarse  al  primero  y  al  tercero,  lo  cual  estima  “violatorio del principio de favorabilidad”.   

Según  argumenta  la defensora, los posibles  autores  pudieron  ser  WILSON DARIO SUAREZ PARRA y WILLIAM ORLANDO CASTELLANOS,  mientras  JOSE GREGORIO BAQUERO ZARATE y JAIME ALBERTO RIOS GONZALEZ no tuvieron  participación directa en los hechos.   

De tal manera, solicita disponer la nulidad de  lo  actuado  a  partir  de la resolución que definió la situación jurídica a  los  procesados,  cesar  el  proceso  respecto  a  los  dos  últimos y decretar  libertades de inmediato, “hasta nueva decisión en derecho”.   

CARGO   SUBSIDIARIO:  Reitera,  ahora  como  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  que  llama  error  de lógica  jurídica,  al aplicarse indebidamente los artículos 324, 350 y 351 del Código  Penal,  “cuando  debió  aplicarse  únicamente los artículos 323 y 349 de la  misma normatividad sustancial”.   

Dice que “no sería predicable y mucho menos  de  buen  recibo,  pregonar  que  situaciones  propias  del  homicidio agravan y  califican  el  hurto y, a contrario sensu, situaciones que son propias del hurto  puedan  agravar  el  homicidio,  pues,  se estaría incurso en la violación del  principio  que  establece  que la ley permisiva o favorable se ha de aplicar con  preferencia a la que sea restrictiva o desfavorable”.   

Agrega  que también se vulneró el principio  non  bis  in ídem, al ser agravado el homicidio por el hurto y viceversa, “en  tanto  que  las circunstancias que se invocan para agravar el concurso de hechos  punibles,  corresponden  a  situaciones  propias  del uno y del otro aplicadas a  ellos   mismos”.   Se   presentó   así   aplicación  inadecuada  de  normas  sustanciales,   lo  cual  comporta  “la  inaplicación  de  la  que  realmente  corresponde”.   

Por  lo  anterior,  solicita  casar  el fallo  atacado  y  dictar  sentencia  condenatoria contra WILLIAM ORLANDO CASTELLANOS y  WILSON   DARIO  SUAREZ  PARRA,  como  autor  y  cómplice,  respectivamente,  de  homicidio  simple  y hurto simple, y proferir cesación de procedimiento a favor  de JOSE GREGORIO BAQUERO ZARATE y JAIME ALBERTO RIOS GONZALEZ.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cualquiera  que  sea  la  causal invocada, la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito  de  libre elaboración, porque debe  cumplir  con  los  requisitos  establecidos  por el artículo 225 del Código de  Procedimiento  Penal,  como  citar  las  normas  que  se  considere infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos completos con  claridad,  precisión  y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del vicio  reprochado,   además   de   demostrar   la   trascendencia   del  yerro  en  la  decisión.   

En  cuanto  al cargo  principal,  la  impugnante  no  hace alusión a alguna  irregularidad  sustancial  que realmente haya afectado la estructura básica del  proceso.  Se  contrae  a  pregonar  que no existía mérito probatorio que diese  sustento  a  la  medida  de  aseguramiento  que se profirió, como coautores, en  contra  de  JOSE GREGORIO BAQUERO ZARATE y JAIME ALBERTO RIOS GONZALEZ, quienes,  según  la  defensora,  se  habrían  limitado a prestar auxilio a los otros dos  implicados,    que    resultaron    heridos    al   ser   enfrentados   por   la  víctima.   

Refiere como error de lógica jurídica haber  aplicado  los  artículos  323,  349,  324  y  350  del Código Penal, cuando la  calificación  debió limitarse a los dos primeros, lo cual estima “violatorio  del  principio  de favorabilidad”, aseveración que denota su desentendimiento  acerca  de la significación jurídica del mencionado principio, relacionado con  la  aplicación  de  la  ley  penal  en el tiempo, cuyo quebrantamiento, de otra  parte  y  si  fuere  real,  debía  haber  expuesto  por  diferente  causal y en  capítulo separado.   

   

Adicionalmente,  que  se  hubiere  proferido  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  a  dos  indagados  contra  quienes,  en  opinión  de  la  casacionista,  no existía mérito, no es causal  constitutiva  de  nulidad. En su oportunidad, la defensa contó con los recursos  correspondientes,  al  igual que pudo acudir a la posterior revocatoria y si las  pruebas  eran  insuficientes para sustentar aquélla medida, tampoco podían dar  soporte  a  la  resolución  de  acusación,  en cuyo lugar debió procurarse la  preclusión;  y mucho menos para la sentencia en el sentido proferido, que es la  que  correspondía  atacar  a esta altura del proceso, pero no buscando nulidad,  sino absolución.   

De  haberse  prolongado  la  insuficiencia de  prueba,   enunciado   carente   de  desarrollo,  y  subsistiera  duda  sobre  la  responsabilidad  de  dos  de  los  acusados,  correspondía  acudir  a la causal  primera  de casación, por falta de aplicación de la preceptiva que consagra el  principio  in  dubio  pro  reo.  Pero  aducir  en  el  mismo  cargo  la falta de  configuración  de  unas  causales de agravación, la favorabilidad y la nulidad  por  haberse  extendido  la  medida de aseguramiento, supuestamente sin sustento  probatorio  sobre  algunos  indagados,  es  un  abigarramiento  inabordable, que  contradice   flagrantemente   la   técnica   de  casación  y  quita  cualquier  posibilidad para acometer un análisis de fondo.   

Con     relación    al    cargo  subsidiario, también impacta que se  vulnere  el  principio  de  no  contradicción,  que  desde  tiempo atrás tiene  sustentado la Sala:   

“La  Corte  ha  venido repitiendo de manera  infatigable,  y  lo reafirma una vez más, que el principio de no contradicción  constituye  la  más  elemental  pero  también  la  más  insoslayable  de  las  exigencias  lógicas  del  recurso  extraordinario de casación, al punto que su  inobservancia  por  parte  del censor en la formulación de los cargos, hace que  la  demanda  se  convierta  en  alegato  insustancial,  sin  las  proyecciones y  alcances de una correcta petición de justicia.   

Tal  exigencia impone al demandante el deber  de  cuidarse  en  no  caer  en  contradicciones  en el planteamiento general del  libelo,  en  el desarrollo de los cargos que formula con base en una determinada  causal y en la presentación de cada cargo en particular.   

Tan pacífica y reiterada doctrina ha llevado  a  la  Sala  a  predicar  el  quebranto  de dicho principio, cuando a través de  varias   causales   de   casación  se  hacen  planteamientos  inconciliables  y  excluyentes;  cuando  dentro  de  la  misma causal… aduce violación directa e  indirecta  de  los  mismos  preceptos  sustanciales,  o se alega del mismo medio  probatorio,  error  de  hecho o de derecho por falsos juicios de existencia y de  convicción  o  cuando  dentro  del  mismo  cargo  se  presentan argumentaciones  opuestas  e  irreconciliables.”  (13 de julio de 1990, rad. 4.649, M. P. Jaime  Giraldo Angel).   

En   este  caso,  contradictorios  son  los  argumentos   de   la   impugnante   al  señalar  que  los  sindicados  querían  “apoderarse  de  las pertenencias que la víctima llevaba consigo, pero no era  su  intención  causar la muerte” y, sin embargo, acepta que dos de ellos sean  condenados  por  homicidio  simple,  mas no agravado, cuando la ausencia de dolo  que pregona la debió llevar a conclusión distinta.   

De  la  misma  manera,  resulta  incoherente  señalar  que  hubo aplicación indebida de unos preceptos, lo cual comportó la  inaplicación  de otros, cuando está incluyendo unos tipos penales subordinados  (los  previstos  en  los  artículos  324,  350  y  351  C.  P.),  que no tienen  aplicación  independiente, sino que dependen del respectivo tipo básico (arts.  323  y  349  ib.);  por  eso,  dentro  de  la argumentación de la demandante no  podía,  en  sana  lógica,  hacer  referencia  a  que hubo inaplicación de las  últimas  normas  en  mención, pues también con fundamento en éstas se dictó  la sentencia condenatoria.   

Aunque  la  libelista  ensaya lo que denomina  error  de lógica jurídica como determinante de la alegada aplicación indebida  de   algunas  normas  sustanciales,  no  es  explícita  en  concretar  en  qué  consistió  el  yerro  que  imputa al juzgador, ni puede dar las razones por las  cuales,  a pesar de concurrir las agravantes para el homicidio y para el hurto y  la  calificante  con  relación a este último, alguna interpretación jurídica  conduzca a su inaplicación para ambos delitos.   

Si  de  acuerdo  con  lo  expuesto  por  la  libelista,  el  principio non bis in ídem impide penar dos veces como agravante  la  misma  circunstancia de una acción punible, en tal discernimiento no sería  indebido  aplicarla  sólo  una  vez.  Sin  embargo, la casacionista desborda su  propio  enfoque,  al  argüir  que tanto el homicidio como el hurto son simples,  esto  es,  que  sobre  ninguno  obran  las causales que los hacen merecedores de  mayor punición.   

Por  último,  sin pasar por alto que en esta  censura  se  vuelve  a  incurrir  en  la  desatinada  referencia  a  la supuesta  conculcación  del  principio de favorabilidad, la naturaleza de la impugnación  elevada  por  la  defensora  repele  su  inusitada  petición  de  cesación  de  procedimiento  a  favor  de  BAQUERO ZARATE y RIOS GONZALEZ, factor adicional de  desubicación e imposibilidad de estudio a fondo de la casación.   

Así,  como  la  Corte  no  puede  suplir las  deficiencias  ni  corregir  los errores e imprecisiones de la demanda, se impone  su  rechazo  de  conformidad  con  lo dispuesto por los artículos 225 y 226 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  lo  cual  conduce  a  declarar  desierta  la  impugnación,  mediante  providencia  que adquiere ejecutoria en la fecha en que  es suscrita (art. 197 ib.) y no admite recurso alguno.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

RECHAZAR    IN   LIMINE   la  demanda  presentada  en  defensa  de  los  procesados WILSON DARIO SUAREZ PARRA,  WILLIAN  ORLANDO  CASTELLANOS, JOSE GREGORIO BAQUERO ZARATE y JAIME ALBERTO RIOS  GONZALEZ    y,   en   consecuencia,   declarar   desierta   la    casación  interpuesta.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   E.   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE E. CORDOBA POVEDA    

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE            JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES                          CARLOS   EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR           

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                      NILSON   E.  PINILLA  PINILLA                       

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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