16048dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16048  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Nilson E. Pinilla Pinilla  

Aprobado Acta N°213  

Bogotá,  D. C., diciembre diecinueve (19) de  dos mil (2000).   

ASUNTO  

Se  procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  en  defensa de EDGAR HERNAN RAMIREZ,  sindicado de homicidio doloso.   

HECHOS  

La  tarde  del 28 de diciembre de 1995, en el  barrio  Villa Lorena de Villavicencio, pelearon EDGAR HERNAN RAMIREZ, que tenía  un  cuchillo,  y  Carlos  Alcides  Herrera  Umaña,  armado de un machete, quien  resultó herido en el tórax y poco después falleció.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

La  Fiscalía  18  Seccional de Villavicencio  abrió  investigación,  oyó  en  indagatoria  a EDGAR HERNAN RAMIREZ y el 4 de  enero  de  1996  su  homóloga 35 le impuso detención preventiva (fs. 28 y Ss.,  cd.  1).  Cerrada  la  instrucción,  el  24  de  abril  siguiente  le profirió  resolución   de   acusación,   por   homicidio   doloso   (fs.   109   y   Ss.  ib.).   

Correspondió  adelantar el juicio al Juzgado  Tercero,  antes  Séptimo,  Penal  del  Circuito  de Villavicencio. Celebrada la  audiencia  pública  y superadas algunas incidencias procesales, el 25 de agosto  de  1997  condenó  a  EDGAR HERNAN RAMIREZ como autor del homicidio por el cual  había   sido   acusado,  imponiéndole  25  años  de  prisión,  10  años  de  interdicción  de derechos y funciones públicas, y la obligación de indemnizar  los  perjuicios  respectivos (fs. 286 y Ss. ib.), fallo apelado por la defensa y  confirmado  el  26  de  enero de 1999 por el Tribunal Superior de Villavicencio,  mediante   sentencia   que   es   objeto   de   casación   interpuesta  por  el  defensor.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación es  formulado  el único cargo a la sentencia impugnada, por violación indirecta de  la  ley  sustancial  al  apreciarse  erróneamente la prueba allegada, ya que el  procesado  obró  sin  dolo  homicida,  pues  poseído  por la ira lesionó a su  contrincante  Alcides  Herrera  Umaña  y como el resultado fue más allá de su  intención,  el  homicidio  fue  preterintencional,  por  lo  cual se debía dar  aplicación al artículo 325 del Código Penal y no al 323.   

El impugnante señala que su asistido recibió  machetazos  y,  debido  a  la  ira  y al estado de embriaguez en que se hallaba,  “cerrando  los  ojos”  efectuó  lances  defensivos,  sin  percatarse de los  efectos.   

Transcribe  doctrina  nacional para sustentar  que  en  la riña se da, por lo general, la intención de agraviar u ofender, no  la  de  matar;  así, si en la lucha “se produce la muerte del corriñente, el  autor debe responder por homicidio preterintencional”.   

Resalta  lo expuesto por el propio sindicado,  quien  actuó muy confundido, para defenderse, sin pensar “haberle hecho daño  así”,  y  confronta  los  testimonios  de Reinaldo Díaz Caicedo, Pedro Julio  Rodríguez,  Martha  Cecilia  Castro  Ortiz y Luz Dibia Castro Ortiz, con los de  Damaris  Congolino  Lisarda,  Yuri  Milena  Herrera Rey y Alexander Herrera Rey,  para  tratar  de  demeritar  estos  últimos por provenir de la compañera y los  consanguíneos  de  la  víctima,  mientras  los  primeros no tienen interés de  faltar  a la verdad y “por la forma como deponen aparece que se han limitado a  relatar  lo  que  vieron  y  escucharon”, sin querer agravar la situación del  procesado.   

Por  lo anterior, solicita se disponga que el  delito  cometido  por  su  poderdante fue el contemplado en el artículo 325 del  Código Penal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cualquiera  que  sea  la  causal invocada, la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito  de  libre elaboración, porque debe  cumplir  con  los  requisitos  establecidos  por el artículo 225 del Código de  Procedimiento  Penal,  como  citar  las  normas  que  se  considere infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos completos con  claridad,  precisión  y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del vicio  reprochado,   además   de   demostrar   la   trascendencia   del  yerro  en  la  decisión.   

Aunque  no  con  la  precisión requerida, la  demanda  permite  colegir  que  el  impugnante  hace  referencia  al motivo y al  sentido  de la violación, radicando su inconformidad en la aplicación indebida  del   artículo   323   y   la   inaplicación   del   325,  ambos  del  Código  Penal.   

Pero,  no  obstante  que  alega  vulneración  indirecta  de  la  norma  sustancial  y  genéricamente  aduce que se cometieron  errores  en  la  apreciación  probatoria,  no  refiere  algún  falso juicio de  existencia   (omisión   o   suposición   de   una   prueba),  o  de  identidad  (tergiversación  de  un  medio  de  convicción  para  hacerle  decir  algo que  objetivamente  no  contiene),  o  falso raciocinio (apartarse ostensiblemente de  las  reglas  de  la  sana  crítica);  tampoco  un  falso  juicio  de  legalidad  (violación  de  los  requisitos  legales  establecidos  para la aducción de la  prueba),  o el remoto falso juicio de convicción (negarle a una prueba el valor  otorgado  en  la ley o conferirle uno distinto al establecido por ella, extraño  a un régimen que no está sometido a tarifa probatoria).   

En  efecto,  no  menciona error de hecho o de  derecho  alguno  y,  si  alude  a  algunas  pruebas,  no es para hacer constar y  comprobar  el  yerro  en  que habría incurrido el juzgador al apreciarlas, sino  para    realzar   la  versión  del  acusado  y  pretender  que  se  le  de  credibilidad  a  unos  testimonios  por  sobre  otros.  Intenta  así imponer su  personal  forma  de  amoldar  las  pruebas a lo favorable para su pretensión de  estar  en  presencia  de  un  homicidio preterintencional, pero no desarrolla el  cargo  que  formula, ni tiene en cuenta que la ley le ha otorgado discreción al  juez  para apreciar razonablemente las probanzas, siempre que respete las reglas  de  la  sana crítica, sendero por el cual la judicatura, en decisión que viene  amparada  de  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  arribó  a  la  conclusión  de  hallarse  ante  la  conducta  de  quien, teniendo intención de  matar,    asestó    tres   cuchilladas   en   el   tórax   de   su   ocasional  contendiente.   

De tal manera, olvida que la casación no fue  establecida  para  escoger  entre  dos  criterios  opuestos,  sino para corregir  verdaderos   yerros   trascendentes,   que   lleven  a  variar  el  sentido  del  fallo.   

Como la Corte no puede suplir las deficiencias  ni   corregir  las  imprecisiones  de  la  demanda,  se  impone  su  rechazo  de  conformidad  con  lo  dispuesto  por  los  artículos  225  y 226 del Código de  Procedimiento  Penal,  lo  cual  conduce  a  declarar  desierta la impugnación,  mediante  decisión que adquiere ejecutoria en la fecha en que es suscrita (art.  197 ib.) y no admite recurso alguno.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

RECHAZAR  IN  LIMINE la demanda presentada en  defensa  del  procesado  EDGAR  HERNAN  RAMIREZ  y,  en  consecuencia,  declarar  desierta la  casación interpuesta.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   E.   ARBOLEDA   RIPOLL                                 JORGE    E.   CORDOBA  POVEDA    

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE            JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES                          CARLOS   EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR           

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                       NILSON   E.  PINILLA  PINILLA                       

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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