15941dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15941  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 213  

          Bogotá,  D. C.,  diecinueve (19) de diciembre del año dos mil  (2.000).   

VISTOS  

          Se   pronuncia  la  Sala  sobre  el  aspecto  técnico  –  formal  de  la  demanda  de casación  presentada   por   el   defensor   del  doctor  JAIME  TUCÍDIDES CORTÉS CORTÉS.   

HECHOS  

            El 7 de febrero de 1996, NELSON ENRIQUE GONZÁLEZ DÍAZ le vendió  a  los  hermanos Lida Cielo, Oscar Eusebio y Cristóbal Páez Botello un lote de  terreno  localizado  en  la  carrera 15 No. 99-46 de esta ciudad, por la suma de  $420.000.000.00,   que   fueron   pagados   con   un   apartamento  avaluado  en  $65.000.000.00,  un  cuadro  del  maestro  Alejandro  Obregón,  cuyo  precio se  estimó  en  $50.000.000.00,  y  $85.000.000.00  representados  en 4 cheques que  fueron  girados  para  los  meses  de marzo, abril, mayo y junio del mismo año.  Según  NELSON  ENRIQUE  GONZÁLEZ  DÍAZ,  el lote en mención lo adquirió por  compra  a  OSCAR  GUILLERMO  PUENTES  NIÑO,  quien a su vez supuestamente se lo  había  comprado  a  JAIME TUCÍDIDES CORTÉS CORTÉS  por   la   suma   de   121   millones  de  pesos,  en  representación  del  señor Gino Surace Favelli, según poder especial otorgado  para tal fin.   

             A  la semana siguiente de celebrado el negocio, los señores  Páez  Botello  descubrieron  que  habían sido víctimas de una estafa, pues el  verdadero  dueño  del  lote era el señor Gino Surace Favelli, y éste nunca le  había    conferido    poder    alguno    a    JAIME  TUCÍDIDES  para  enajenarlo.  Todos  los  documentos  aportados  por NELSON E. GONZÁLEZ DÍAZ para efectuar el negocio resultaron ser  apócrifos.   

         

ACTUACIÓN PROCESAL BÁSICA  

          Perfeccionada  la  investigación,  la  Fiscalía  114  Seccional de  Bogotá  la  cerró  el 30 de octubre de 1996 (Fl. 34, C. 3) y el 29 de enero de  1997  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución  acusatoria  contra  JAIME TUCÍDIDES CORTÉS C.,  OSCAR  GUILLERMO  PUENTES  N.  y  NELSON ENRIQUE GONZÁLEZ D., como coautores de  delitos  contra la fe pública y el patrimonio económico, descritos en el libro  2º.  del  Código Penal, título VI, capítulo III y título XIV, capítulo III  y  IX,  en  concordancia  con los artículos 23 y 26, en concurso heterogéneo y  sucesivo (Fl. 60, C. 3).   

          El  6  de  agosto  de 1998, el Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Bogotá   condenó   a   JAIME   TUCÍDIDES  CORTÉS  C.,  OSCAR  GUILLERMO  PUENTES  N.  y  NELSON  ENRIQUE  GONZÁLEZ  D.  como  coautores  de  los  delitos de estafa agravada, en concurso  heterogéneo  con  los  punibles  de  falsedad  en  documento privado y falsedad  material  de  particular  en documento público agravada por el uso, en concurso  homogéneo  y  sucesivo.  Les impuso 94 meses de prisión, multa de $100.000.00,  interdicción  del ejercicio de derechos y funciones públicas, y el pago de los  perjuicios materiales por la suma de $114.840.000.00.   

          Impugnado    el   fallo   por   los   defensores   de   TUCÍDIDES  CORTÉS y GONZÁLEZ DÍAZ, el  15  de diciembre de 1998 el Tribunal Superior de Bogotá modificó los numerales  1º.  y  2º  de  la  sentencia recurrida, y condenó a los tres a la pena de 66  meses  de  prisión,  multa  de  $100.000.00,  interdicción  del  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un término igual al de la pena de prisión,  por  los  delitos  de  falsedad material de particular en documento público, en  concurso  con  falsedad en documento privado y estafa, y la confirmó en todo lo  demás.   

LA DEMANDA  

         A  la luz de las causales 1ª. y 2ª. de casación, el actor propuso  dos cargos. Los enunció, así:   

” Violación de la norma sustancial en la  apreciación  de  la  prueba”  y “falta de consonancia entre la sentencia de  primera   instancia   y   los   cargos   formulados   en   la   resolución   de  acusación”.   

          Sobre    el   primer   cargo,  expuso  que  no  obstante que el Dr. Julián  Uribe Medina y  los  señores  José Avila y Angel Ortiz corroboraron lo afirmado por el abogado  CORTÉS   CORTÉS  en  su  indagatoria  en  relación  con  su profesión, patrimonio y su intervención en  los  hechos  objeto  de la investigación, el funcionario instructor no los tuvo  en  cuenta  y  por  lo  tanto  “jamás partió del obligante presupuesto de la  buena  fe,  que  debe  considerarse  en  las  personas ni de la inocencia de los  seres”.  Estimó  que  no  se  puede  afirmar que su representado sea autor de  delito  alguno,  pues no aparece la prueba de cargo. Señaló que el funcionario  instructor  se  conformó  con establecer la falsedad de la firma que aparece en  el   poder  otorgado  a  CORTÉS  CORTÉS,  pero  no  practicó más pruebas que condujeran a la verdad de lo  ocurrido.   

         

         Como     desarrollo     del     segundo  reproche,  falta  de consonancia entre la sentencia de  primera  instancia  y  la  resolución  de  acusación,  transcribió  la  parte  resolutiva  de esta y los fallos de primer y segundo grado, para concluir que se  sentenció  en forma errónea a los procesados; dice que si se tuviera en cuenta  únicamente  el  pliego  de  cargos  que  se  les formuló en cada una de dichas  providencias,  se valoraría la inconsistencia en la apreciación del delito, la  pena,  su  tipificación y ausencia de crítica al verdadero sistema probatorio,  pues,  según  él,  no  se determinó la verdadera ubicación, participación y  consecuencias     individuales    de    los    procesados.     Propone    a  continuación   su  personal  apreciación de los hechos,  que le  permite  colegir la inocencia de su defendido. Por consiguiente, pide a la Corte  que lo exonere de responsabilidad.     

         

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  demanda  habrá  de  ser  rechazada in límine por no reunir los  requisitos  formales  previstos en el artículo 225 del Código de Procedimiento  Penal  y,  en  consecuencia,  se  declarará  desierto  el  recurso, tal como lo  autoriza el artículo 226, ibídem.   

El  libelo  casacional  en estudio se aparta  notoriamente  de  las  exigencias teóricas normativas y de la técnica que rige  este  extraordinario  recurso.  El  escrito  carece de claridad y precisión, no  señala  los  fundamentos  del  disenso  frente  a  la  sentencia, ni desarrolla  estrictamente en forma alguna los cargos formulados.   

     

1. Respecto        de        la       causal       primera.     

El actor dice que apoya el primer cargo en la  causal   1ª.  de  casación,  pero  se  queda  en  su  enunciación  genérica:  “Violación    de   la   norma   sustancial   en   la   apreciación   de   la  prueba”.   

No  indica cuál o cuáles fueron las normas  sustanciales  objeto  de  transgresión,  ni cuál el sentido de la misma, si lo  fue por falta de aplicación o aplicación indebida.   

Si bien en la presentación del cargo parece  sugerir  que alude a la violación indirecta, pues su discurso hace referencia a  la  prueba  testimonial, y específicamente a las declaraciones de Julián Uribe  Medina,  José Avila y Angel Ortiz, la verdad es que también incurre en fallas,  por  cuanto no indica si el error que vislumbra es de hecho, por falso juicio de  existencia,  por  falso  juicio de identidad o por falso raciocinio frente a las  reglas  de la sana crítica; o de derecho, por falso juicio de convicción o por  falso juicio de legalidad.   

El  actor  se  limitó  a  resaltar en forma  genérica   que  el  dicho  de  los  testigos  respaldaba  las  explicaciones  y  exculpaciones     suministradas     por     CORTÉS  CORTÉS  en  su diligencia de injurada, a cuestionar a  la   justicia   por   no   haberles   dado   credibilidad,   pero   –como  en  la  introducción  habló  de  error  en la “apreciación” de las pruebas- no demostró cuáles principios,  leyes  o  reglas fueron desconocidos por el Tribunal, cuál el motivo o causa de  ello,  ni  cuáles principios, reglas o leyes han debido ser los  aplicados  al  caso  concreto. Con esto, de una parte, quiso anteponer al criterio judicial  el  suyo; y, de la otra, no planteó, como debe ser, el cargo relacionado con la  apreciación de la prueba testimonial en mención.   

Aparte  lo  anterior,  las  fallas  de  la  propuesta  resultan  aún  más  evidentes  si  se tiene en cuenta que su ataque  resulta  parcial,  pues no se ocupó del estudio de todos los medios probatorios  que  sirvieron  de  fundamento  a  la decisión impugnada. Olvidó que cuando se  acude  a la vía indirecta, el censor tiene la obligación de señalar todos los  elementos  de  convicción  atendidos por el juzgador y de derrumbarlos al punto  que  no  permanezca  medio  alguno  con  suficiencia  para  mantener  en  pie el  fallo.   

     

1. Sobre la causal segunda.     

         Tampoco  acierta  el libelista en la censura que formula con base en  esta causal.   

          Es  de  la  esencia  de  este motivo de casación que quien lo alega  acepta,   sin   cuestionamientos,  el  cargo  o  los  cargos  formulados  en  la  resolución  acusatoria,  porque a lo que apunta la denuncia de incongruencia es  a  que  el  Juzgador  respete  el  marco  de  la  acusación  y  que  retorne la  imputación  al  ámbito  por el que se formuló. Ni la calificación jurídica,  ni la prueba, son objeto de impugnación cuando se acude a ella.   

          Cuando  se  invoca  esta  causal, el vicio se demuestra confrontando  la   resolución de acusación con la sentencia,  con  el  fin de verificar si se ha condenado por cargos no previstos en ésta, o  si  se  ha  dejado  de  resolver  aquellos  expresamente  formulados. Este error  in   procedendo   implica  comprobar  ante la Corte una condena que no corresponde a la realidad fáctica y  jurídica  tenida  en  cuenta  en  la  acusación,   de  manera  que  se  ponga  en  evidencia  que  ha  sido  desbordada por el fallo.   

          El   censor   no  hizo  tal  demostración.  Transcribió  la  parte  resolutiva  de  la acusación y de los fallos de instancia, y, en lugar de hacer  el  parangón pertinente, se ciñó a señalar en forma genérica que el juez de  primera  instancia  agravó el pliego de cargos deducido por la fiscalía, y que  el  Tribunal  lo reformó en aspectos cuantitativos. No pretendía con el cotejo  de  dichas  piezas  procesales demostrarle a la Corporación que su representado  había  sido condenado por fuera del marco fáctico y jurídico delimitado en la  resolución  de  acusación,  sino cuestionar en forma abstracta la labor de los  instructores  y  falladores  a  quienes  les reprocha su “inconsistencia en la  apreciación  del  delito,  la  pena,  su tipificación y la ninguna crítica al  verdadero sistema probatorio”.   

          No   atinó   a   decir   ni  a  demostrar  en  qué  consistió  la  incongruencia  planteada.  Por  ello  el cargo se quedó en un simple enunciado,  huérfano de contenido y desarrollo.   

          Además,  la solución que propone a la Corte para que declare “la  inexistencia  del  cargo  imputado  y  la  exoneración de responsabilidad” de  JAIME  TUCÍDIDES  CORTÉS,  deviene  ilógica,  pues  no se compadece con el fundamento, contenido y alcance  de  la  causal  2ª.;  cuando  se  acusa  a  la  sentencia  por desajuste con la  acusación,  el  fallo de reemplazo que se debe dictar no puede ser absolutorio,  como  erróneamente  lo  sugiere  el  libelista,  sino uno ajustado al pliego de  cargos,  porque  si  se  acude  a  la incongruencia, se repite, se acepta que la  calificación ha sido correcta pero desconocida en la sentencia.   

          4.  La  situación  se  convierte  en  más calamitosa si se observa  aquello  que al final dice el casacionista: “Si la Honorable Sala de Casación  Penal  de  la  Honorable  Corte Suprema de Justicia considera que la causal 3ª.  del  artículo  220  del  C.  de.  P.  P.,  puede  ser  decretada debe hacerlo y  ordenarse   case   si  considera  que  es  obstensiblemente  violatoria  de  las  garantías fundamentales ( Artículo 228 de la Carta)”.   

          En  conclusión,  el  proponente  no  desarrolló ninguno de los dos  cargos  y como si en casación se tratara simplemente de pedir, dejó a la Corte  sus últimas palabras, las acabadas de transcribir.   

            De la lectura del escrito presentado por el actor se desprende que  en   vez  de  identificar  y  demostrar  errores  o  vacíos  protuberantes,  la  incidencia  de  los  mismos  en el fallo y la manera de corregirlos, se ciñó a  exponer  su pensamiento sobre la prueba testimonial que supuestamente favorecía  a  su  representado,  a  cuestionar  la  labor  realizada  por  los funcionarios  judiciales  que  intervinieron  en la instrucción y en el juicio, y a tratar de  demostrarle a la Corte la supuesta inocencia del procesado.   

          Este  comportamiento  es  irregular,  primero  porque  la  sentencia  impugnada  se  presume  legal y acertada y, segundo, por cuanto la Corte en sede  de casación, no opera como Tribunal de instancia.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

          Rechazar  in  límine  la  demanda  de  casación  presentada por el  defensor     de     JAIME    TUCÍDIDES    CORTÉS  CORTÉS. En consecuencia, declarar desierto el recurso  extraordinario de casación interpuesto.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

          Cópiese,     cúmplase     y    devuélvase    al    Tribunal    de  origen.                      

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO           

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL         JORGE E.   CÓRDOBA    POVEDA                         

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE         JORGE ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES            CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                   

ALVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN            NILSON  E.  PINILLA     PINILLA                                              

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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