AP7602-2014(43013)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP7602-2014  

Radicación N°43013  

(Aprobado Acta N° 428)  

Bogotá, D.C., diez (10) de diciembre de dos  mil catorce (2014)..   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Jhon   Fredy   Reyes  García,  contra  la  sentencia  proferida  el  16  de  octubre  de  2013  por el Tribunal Superior de  Bucaramanga,  que confirmó la dictada por el Juzgado Tercero Penal del Circuito  de  Barrancabermeja  y  condenó al procesado como autor del delito de homicidio  culposo en concurso homogéneo.   

HECHOS  

         El      Ad      quem     resumió la cuestión fáctica de la siguiente manera:   

Consta en los registros que para el día 30  de  julio de 2008, entre las 6 y 6:15 am se presentó en la vía Barrancabermeja  –  La Lizama Km 14 + 750  mts  un  accidente  de  tránsito  entre el vehículo microbús, marca Daihatsu,  modelo  1996, de placas XWB-926, colores amarillo, rojo y blanco, vinculado a la  empresa  de  transporte  público  de  pasajeros  COTSEM  LTDA  (Cooperativa  de  Transportes  y Servicios Múltiples), conducido por el señor MANUEL ENRIQUE RUA  CASTRO  en  sentido  Barrancabermeja  a  La Lizama en cumplimiento de la ruta de  transporte  que  le  correspondía  para ese entonces, y el tracto camión marca  Ford,  modelo  1971,  de  placas  SVJ  086,  color  blanco  y azul, en el que se  movilizaba     JHON     FREDY    REYES    GARCÍA    de    La    Lizama    hacia  Barrancabermeja.   

Colisión  en  la  que fallecieron VLADIMIR  NARANJO  PÉREZ,  CINDY  STHEFANY  BARRGÁN GÓMEZ, JOHAN CALVO TAPIAS, CRISANTO  LOZANO  GARCÍA,  ELGA JOHANA GÓMEZ MERCHÁN, MAYERLY HERNÁNDEZ RUEDA, GABRIEL  ÁNGEL  BELTRÁN  BARRERA,  CLAUDIA  NPATRICIA MONSALVE CAMPO, YESENIA PEÑALOSA  BAUTISTA,  JAIDY  ROYERO JIMÉNEZ, JESÚS DAVID DAZA RUIZ, ILMA LEÓN ARGUELLO y  MANUEL  ENRIQUE  ROA  CASTRO,  éste  último como conductor, y todos los demás  pasajeros  del  microbús,  en  su  mayoría  docentes  del  corregimiento de la  Fortuna que se dirigían a su lugar de trabajo.   

Así mismo resultaron heridos los pasajeros  NIDIA  PACHECO, MARÍA CARMENZA RODRÍGUEZ, ADRIANA CAROLINA HERNÁNDEZ, LILIANA  MARTELO  MUÑOZ,  MARÍA  CARMENZA RODRÍGUEZ, TULIO LENIS LÓPEZ y el procesado  JHON  FREDY  REYES  GARCÍA,  respecto de quienes la Fiscalía dispuso compulsar  copias  a  la  Sala de atención del usuario de la Fiscalía Local con el fin de  examinar  la posibilidad de iniciar la acción penal1.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  29  de  octubre  de 2010, ante el Juzgado Segundo Penal Municipal  de  Barrancabermeja  con  funciones  de  control de garantías, se llevó a cabo  audiencia   preliminar   de  formulación  de  imputación  contra  Jhon  Fredy Reyes García, por el delito de  homicidio    culposo    en   concurso   homogéneo2.   

         2.  La  Fiscalía  Sexta  Seccional  de  esa  localidad presentó el  escrito  de  acusación el 24 de noviembre siguiente3  y  la audiencia respectiva se  llevó  a  cabo  el  14  de  febrero  de 2011, ante el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  con  funciones de conocimiento, por la misma conducta punible prevista  en  el  artículo  109  del  Código  Penal, en concurso homogéneo.4   

Una vez se agotó la audiencia preparatoria,  el   juicio   oral   inició   el   17  de  noviembre  de  ese  año5 y culminó el  31        de        agosto       de       20126. El  3  de  mayo  de  2013, se anunció el sentido del fallo condenatorio7.   

El  12 de julio siguiente el despacho dictó  sentencia  en  la  que  condenó  a  Jhon  Fredy Reyes  García  como autor del delito de homicidio culposo en  concurso  homogéneo.  Le  impuso,  ciento  un (101) meses de prisión, multa de  ciento   setenta  punto  cuatro  (170.4)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  cincuenta  y  ocho  (58) meses de privación del derecho a conducir  vehículos  automotores  o  motocicletas, y la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por tiempo igual a la sanción  principal   

Le  negó  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  le  concedió  la prisión domiciliaria8.   

4.  El  Tribunal Superior de Bucaramanga, al  resolver  el  recurso  de  apelación  interpuesto por la defensa del procesado,  confirmó  en  su  integridad  la decisión del A quo,  en   providencia  del  16  de  octubre  de  la  misma  anualidad9.   

LA DEMANDA  

El  libelista  formula  dos cargos contra la  sentencia del Tribunal, así:   

Primero.  

Acusa  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida  de  los artículos 109 y 31 del Código  Penal,   en  cuanto  se  desconoció  el  principio  de  congruencia.   

Al  efecto,  transcribe  la relación de los  hechos  contenida  en el escrito de acusación y, luego, un aparte textual de la  sentencia  de  segunda  instancia, al cabo de lo cual afirma que no se encuentra  nexo  causal,  porque  en  el  primero  no  se  indicó  cuál  fue  la conducta  desplegada  por  el  acusado,  que  se  adecúe  a  un  tipo  penal;  solamente  se  indica la ocurrencia de un  accidente  de  tránsito entre dos vehículos y la relación de las personas que  fallecieron,  pero se omite señalar cuál fue el actuar imprudente que cometió  su representado.   

No obstante, los falladores lo condenaron por  exceder  los  límites  de  velocidad  permitidos  y  la  invasión  del  carril  contrario,  hecho que generó la colisión, componentes que no hacen parte de la  situación  fáctica relacionada en el escrito de acusación, tal como lo ordena  el artículo 337-2 de la Ley 906 de 2004.   

Esa  omisión, agrega, impide la aplicación  del  artículo  448  ejusdem,  generándose  falta  de  consonancia  con los hechos por los cuales se profirió  condena.   

Cita jurisprudencia   relacionada  con  el  principio  de  congruencia  e  insiste  en  que los hechos de la acusación solo refieren a la ocurrencia de un  accidente  de  tránsito, «más nunca de la comisión  de  un delito»10.   

Al  tipificar  la  conducta  como  homicidio  culposo  en  concurso  homogéneo  y sucesivo, sin respaldo en hechos relevantes  dentro  de  la acusación, cualquier motivo hubiese podido soportar el fallo, es  decir,    embriaguez,    impericia,    negligencia,    etc.,   y,   «sin  embargo  permitió  que el aquem (sic), ajustara unos hechos  inexistentes  en la acusación, a las normas sustanciales que soportan su fallo,  esto  es,  la adecuación de hechos no enrostrados en acusación al preceptos de  homicidio  y  nadie puede ser condenado por hechos distintos a los contenidos en  la                    acusación»11.   

Transcribe,  a  continuación, apartes de la  sentencia  C-025  de  2001  y  concluye  que  de  haber  advertido  la  falta de  consonancia   aludida,   el   juzgador   no  habría  condenado  a  Jhon  Fredy  Reyes  García  con  base  en  hechos  que no fueron objeto de acusación, en desconocimiento de los artículos  29 de la Carta Política y 448 de la Ley 906 de 2004.   

Solicita  casar  el fallo impugnado y, en su  lugar, absolver a su asistido.   

Segundo.  

El  censor  invoca  la  causal  tercera  de  casación  y  reprocha  la  violación  indirecta de la ley, por falso juicio de  identidad,  que  condujo  a  la  aplicación  indebida  de  los  preceptos 109 y  31, del Código Penal y a la  falta   de   aplicación   del   artículo  7º  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Recuerda        que,    dentro    del   juicio,  se  escucharon  las  declaraciones  de  Argeidy  Sanabria  Ospina,  Lauterio Fuentes Oviedo, Carolina Hernández y Nidia  Pacheco  Campos,  como  testigos  presenciales  de  cargo, y de Yeinner Quintero  Puentes,  Jairo  Luis  Fuentes  Pérez,  Milton García, Javier Aguilera y Jorge  Suárez,  como  testigos  de  acreditación,  quienes elaboraron los respectivos  informes de policía y dictámenes periciales.   

Luego de reseñar el párrafo de la sentencia  de  segunda  instancia, que  menciona  la  declaración del señor Sanabria Ospina y el aparte de lo expuesto  por  éste  el  13 de febrero de 2012 que,   según   el   censor,  omitió  el  Ad  quem,  apunta que el testigo dijo lo siguiente: i) que  siguió  al  tracto  camión  desde  el  sitio  La  Bufalera por un tiempo de 25  minutos;  ii) que su vehículo tiene un sistema de seguimiento y su velocidad no  excede  de 75 km/h; iii) que aquel automotor, según su experiencia, iba a 90 km  y,  iv)  que  primero lo vio realizando la maniobra de invasión y, también, en  una  segunda oportunidad, 500  o 600 metros adelante.   

El  Tribunal,  al  cercenar  los  anteriores  contenidos,  incurrió  en  el  yerro denunciado, porque un vehículo a 75 km/h,  detrás  de  un camión que, según dictamen del físico forense iba a 106 km/h,  en  un tiempo de 25 minutos, queda rezagado y la distancia de 70 mts que refiere  el  testigo,  «no  se  puede  dar en la realidad y a  medida  que  el  tiempo  aumenta,  la  distancia también es mayor».   

Para que el señor Argeidy Sanabria estuviera  detrás     del     camión    a    una    distancia    de    60    – 100 metros, su velocidad tendría que  ser  igual a la del automotor, pero el testigo fue enfático en su dicho, que la  volqueta no podía ir a más de 75 Km/h.   

De lo anterior emerge la duda de la presencia  del  testigo  en el momento del hecho, porque las maniobras de cambio súbito de  carril  solo  las  apreció él, pero su dicho se contradice y es excluyente con  el  del  señor Lauterio Fuentes Oviedo quien adujo que el tracto camión fue el  que adelantó la volqueta.   

A  continuación,  el  censor  extracta  los  contenidos  de  la declaración rendida por el perito forense Jairo Luis Fuentes  Pérez,  que  estima  cercenados,  así  como  los de Yeinner Quintero Puentes y  Lauterio Fuentes Oviedo.   

Las  situaciones  puestas de presente por el  último  de los nombrados son por completo diferentes, pues aseguró,   de   manera   enfática, que el tracto camión venía detrás de  la  volqueta  y  que  en  un  momento dado estaban paralelos e intentó pasarla,  «apreciación  que no evidencia que lo viso (sic) es  diferente  a  lo  percibido  por  Agreidy  Sanabria»,  lo  cual  tampoco  observaron  las  testigos  de cargo  Carolina  Hernández  y  Nidia Pacheco y, por ende, sus dichos se excluyen entre  sí,  pues,  ésta  habló de una «mula»  blanca  con rayas azules y la realidad muestra que la «mula»  es  azul,  y  la  volqueta  era  blanca con platón azul.   

Luego  de extractar nuevos apartes del fallo  de  segundo  grado,  pasa  a  destacar  otros  aspectos  que  igualmente  estima  cercenados,    de   los  testimonios  de  Yeinner Quintero Puentes,  Lauterio  Fuentes  y  del perito Jairo Fuentes Pérez, y de una de  las repuestas de la testigo Nidia Pacheco Campos.   

Enseguida, afirma que no se recolectaron elementos  materiales  probatorios  o  evidencia  física  del  lugar  del accidente, no se  determinó  el  punto  de impacto, ni el lado al cual pertenece la llanta que se  dice  es  de  la  tracto mula y contiene rastros de pintura amarilla, pero que también asalta la duda que el  micro  bus  hubiese  podido  atravesarse hacia el carril izquierdo, por donde se  desplazaba el tracto camión.   

Continúa el demandante con la transcripción  de   las   consideraciones  del  Ad  quem,  y  de la respuesta del perito Jairo Fuentes Pérez cuando refiere  que  no  se  pudo establecer la secuencia del accidente. Al respecto, apunta que  no   es   posible   dar   certeza  cuando  el  A  quo  afirma  que  ‘sería   una   de   las   traseras   del   lado  derecho’ porque se contradice con lo dicho por  el  experto  y  que, entonces, no se le puede trasladar responsabilidad objetiva  al   procesado,   ante  las  falencias  de  un  trabajo  de  investigación  mal  realizado.   

En  relación  con otras consideraciones del  Ad  quem  y  respuestas del  físico  forense, que igualmente trae a colación, asegura que no existe certeza  a   quién   corresponde  la  huella  –de  frenado- y, de ser del tracto camión,  no se probó si era del cabezote, el tráiler o de qué lado.   

Finalmente,  reproduce  apartes  que  dice  cercenados  de  la  declaración  de Milton García Barragán, de donde concluye  que  las  falencias  del  informe de croquis elaborado por Yeinner Quintero, son  corroboradas    por    el   perito   Jairo   Luis   Fuentes   Pérez, y García Barragán, quien no es perito  físico,  sino  topógrafo,  y  la  valoración  del  Tribunal,  en  cuanto a la  eficacia e idoneidad de éste, no corresponde a la realidad.   

Los  yerros aludidos impidieron verificar la  duda  sobre  el  punto  de  impacto,  la  invasión  a  carril  y  el  exceso de  velocidad.   

Solicita se case la sentencia y se absuelva a  su representado.   

CONSIDERACIONES  

1.   En  el  contexto  de  la  regulación  consagrada  en  la  Ley 906 de 2004, la finalidad del recurso de casación, como  instrumento  de  control  constitucional  y  legal, radica en la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación  de la  jurisprudencia,  según  lo  disponen  los  artículos  180  y  181 de la citada  normativa.   

Dada  la  naturaleza  extraordinaria  de  la  impugnación,  el  demandante  con  interés para recurrir debe comprobar que el  fallo  de  casación es necesario para el cumplimiento de uno de estos objetivos  y  para  ello  debe  atender  a  los  requerimientos  de  coherencia, claridad y  precisión,  a  través  de  una  exposición  que  evidencie la vulneración de  derechos  o  garantías  fundamentales,  con apoyo en la causal respectiva, cuyo  desarrollo  impone  el respeto a las reglas que rigen el recurso, so pena de ser  inadmitido el libelo, según lo dispone el artículo 184 -2.   

2.   El  demandante,  en  este  caso,  no  exteriorizó  la  posibilidad  de  alcanzar alguno de los fines primordiales del  recurso,   ni  de  su  contenido  se  advierte  necesario  ejercer  ese  control  constitucional y legal.   

3.  Súmese  que  en  la  proposición  y  desarrollo  de  los  cargos  que  postula,  no  se ciñe a los presupuestos de lógica y debida argumentación  inherentes a cada una de las causales invocadas en el libelo.   

3.1.    En    el   cargo   primero,  acusa    la   violación  directa   de  la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida  de  los artículos  109   y  31  del  Código  Penal,  en  cuanto  se  desconoció  el  principio de congruencia.   

Ese   solo  enunciado  atenta  contra  el  postulado  de  autonomía de las causales, en cuanto involucra indebidamente dos  especies  de  error  que  no  se  pueden estructurar en un mismo reparo, dada la  diversa   naturaleza   y   finalidades   de   cada  uno,  pues  la  violación   directa  contempla  aquellos  errores  de selección normativa en que puede incurrir el juzgador, entre ellos,  la  aplicación  indebida de  una  norma  sustancial,  caso  en  el cual, la discusión debe girar en el plano  netamente   jurídico,  sin  objeción  alguna  a  la  declaración  fáctica  y  probatoria  contenida  en  el  fallo,  en  orden  a  demostrar  que  los  hechos  establecidos   no  encuentran  espacio  en  los  supuestos  contemplados  en  el  precepto.   

En  cambio,  el  propósito de acreditar el  desconocimiento       del       principio      de  congruencia, debe enmarcarse en el numeral segundo del  artículo   181  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  pero  en  su  demostración  es  necesario atender a las directrices inherentes a las causales  primera    –violación  directa-       o       tercera       –violación  indirecta-,  según  lo  viene  diciendo  la  Sala  de  tiempo atrás (CSJ AP, 05 dic. 2007, rad. 28822):   

El  reparo  por  falta de congruencia debe  denunciarse  por  la  vía de la casual segunda de nulidad, pero sustentarse con  los  parámetros lógicos que gobiernan alguna de las causales primera o tercera  de  casación  de  la  Ley 906 de 2004, es decir, violación directa o indirecta  del  bloque de constitucionalidad, de la Constitución o de una ley de contenido  sustancial   porque   “para  su  demostración,  es  necesario  precisar  si  los  desaciertos se produjeron al momento de ubicar los  hechos  en  el  respectivo tipo penal o en el proceso de análisis y valoración  de  las  pruebas,  y  adicionalmente  concretar  cómo  se produjo el yerro, con  fundamento  en  las  directrices  propias  de la violación directa o indirecta,  según    el    caso”  ”12.   

Ahora  bien,  como  del  desarrollo  de  la  censura  se  deriva  que  el  libelista orienta su argumentación a demostrar el  desconocimiento    de    dicho    supuesto,    importa    precisar    que,    en  principio,   no  tendría  interés  para  recurrir, toda vez que el letrado no propuso esa temática en el  recurso   de   apelación,   el  que  destinó  a  demostrar  la  inocencia  del  procesado.   

Recuérdese,  al  efecto, que para recurrir  una   sentencia  en  sede  de  casación,  es  necesario  que  el sujeto procesal manifieste su inconformidad  con   el   fallo   de  primera  instancia,  con  miras  a  que  el  Ad   quem  examine  aquella  decisión  y  provea  de conformidad, una vez revisados los aspectos que sustentan el disenso.  De  manera  que,  si  el  interesado  en  promover  el recurso extraordinario no  recurrió   la   sentencia   del   A  quo,  o  no  incluyó  los reparos que propone en el libelo, por obvias  razones  no  puede  acudir  a  la  casación  porque  su  pasividad frente a esa  decisión,  o  la  parte de ella que no cuestionó en sede de apelación, es una  manifestación de conformidad con lo allí resuelto.   

Empero,  también  ha dicho la Sala que esa  limitante no aplica en las siguientes eventualidades:   

“Cuando   aparezca   demostrado   que  arbitrariamente    se    le    impidió    el    ejercicio    del   recurso   de  instancia.   

Cuando el fallo de segundo grado modifique  su    situación   jurídica   de   manera   negativa,   desventajosa   o   más  gravosa.   

Cuando  el  sujeto  procesal  proponga     nulidad     por     vía  extraordinaria,  siempre que medie una demanda en forma, pues la aceptación del  contenido  material  del  fallo,  revelada  a  través del silencio de la parte,  sólo  resulta  válida  si  el procedimiento que lo sustenta es legítimo, y en  circunstancias  de ser la casación en nuestro medio, fundamentalmente un juicio  de validez del proceso.   

La falta de interés para recurrir, cuando  se  ha  dejado de apelar la sentencia, con las salvedades planteadas, se predica  de  todos  los  sujetos procesales, sin privilegio distinto del que pueda surgir  normativamente”13         (subraya la Sala).   

En  ese orden, si el defensor del procesado  hubiese  acudido,  como  le correspondía, a la causal de nulidad para alegar el  desconocimiento       del       principio       de       congruencia, no habría lugar a examinar lo atinente  al  interés  para  recurrir;  pero, en ese caso, se hacía ineludible atender a  los   presupuestos   de   coherencia,   precisión  y  trascendencia.   

El  propósito de evidenciar, fundadamente,  la  presunta  inconsonancia  entre  la  acusación  y  la  sentencia,  impone al  libelista  confrontar  los  términos  de  una y otra pieza procesal, en orden a demostrar el acaecimiento de  alguna  de  las  siguientes  hipótesis  de  error  en  que  puede  incurrir  el  juzgador:   

i)  condena  por  hechos  o  por  delitos  distintos  a los contemplados en las audiencias de formulación de imputación o  de  acusación,  ii)  condena  por  un  delito  que  no se mencionó fáctica ni  jurídicamente   en   el   acto   de   formulación   de  imputación  o  de  la  acusación,   iii)  condena  por  el  delito  atribuido  en la audiencia de  formulación   de   imputación  o  en  la  acusación,  pero  deduce,  además,  circunstancia,  genérica o específica, de mayor punibilidad, y iv) suprime una  circunstancia,  genérica  o  específica,  de  menor  punibilidad  que  se haya  reconocido  en  las  audiencias  de  formulación  de  la  imputación  o  de la  acusación14   

No obstante, en este caso, al desacierto en  la  selección  de la causal,  se  suma  la  insuficiente  demostración  de  un  tal  desafuero, pues el actor  simplemente  aduce que no existe nexo causal entre el escrito de acusación y la  sentencia  de  segunda instancia, toda vez que en el primero no se indicó cuál  fue  la  conducta  que desplegó el acusado, es decir, se omitió señalar cuál  fue  el  actuar  imprudente  que  cometió  y,  no  obstante,  los falladores lo  condenaron  por exceder los límites de velocidad permitidos e invadir el carril  contrario.   

Esa   sola   propuesta   no   revela   el  desconocimiento   de  los  extremos  la  acusación,  porque,  en  realidad,  la  situación  fáctica  descrita  por  ambos  juzgadores atiende a la descripción  hecha   por   el  funcionario  acusador,  quien  la  narró  en  los  siguientes  términos:   

SEGÚN  INFORME  POLICIAL DE ACCIDENTES DE  TRANSITO  NO. C.03118215 SUSCRITO POR YEIMER QUINTERO PUENTES, POL.CA.DEMAN., EL  DIA  30  DE  JULIO DE 2008 APROXIMADAMENTE A LAS 06:15 DE LA MAÑANA, EN LA VÍA  BARRANCABERMEJA   –  LA  LIZAMA,  KILOMETRO  14  +  750 METROS, SE PRESENTÓ ACCIDENTE DE TRÁNSITO EN EL  QUE  SE VIERON INVOLUCRADOS LOS VEHICULOS DE SERVICIO PÚBLICO DE PLACAS XWB-926  (MICROBUS  AFILIADO  A  LA EMPRESA COTSEM LTDA) CONDUCIDO POR MANUEL ENRIQUE RUA  CASTRO,  QUIEN  FALLECIÓ  EN EL LUGAR DE LOS HECHOS Y EL TRACTOCAMION DE PLACAS  XVJ-086  AFILIADO  A  LA EMPRESA PROCAM, CONDUCIDO POR JHON FREDY REYES GARCÍA.  COMO  CONSECUENCIA  DE  LA  COLISIÓN  DE  LOS  DOS  VEHÍCULOS  FALLECIERON LOS  SIGUIENTES    OCUPANTES    DEL   MICROBUS:   (…)15.   

Por  esos mismos hechos, se profirieron los  fallos  de  instancia,  sin que se estructure falta de identidad fáctica, y los  motivos  que  el  casacionista,  referidos  a  exceder los límites de velocidad  permitidos  e  invadir el carril contrario, lógicamente no podían conformar la  descripción  de lo acontecido porque ellos surgen del análisis que corresponde  elaborar  a  los falladores, con fundamento en las pruebas debatidas al interior  del juicio oral.   

         Ese   componente  de  demostración  les  permitió  evidenciar  que  Jhon Freddy Reyes García, al  conducir  un  tracto  camión  por  la  carretera  que  de  La  Lizama conduce a  Barrancabermeja,  no  actuó  conforme  a  las  reglas  de  tránsito por cuanto  excedió  los  límites  de  velocidad  exigidos,  como quedó demostrado con el  informe  pericial  rubricado  por  el  profesional  especializado  forense Jairo  Fuentes                    Pérez16.   

         A  su  turno,  la  invasión  al  carril  contrario se estableció a  partir  del  testimonio de Argeidy Sanabria Ospina y del acta de reconstrucción  de  los  hechos efectuada por el funcionario de Policía Judicial Milton García  Barragán,  con  el apoyo del técnico Javier Aguilera, encargado de levantar el  plano topográfico.   

Del   anterior  examen,  el  A quo concluyó:   

Pues bien con este apoyo técnico elaborado  por  los  funcionarios del Cuerpo Técnico de Investigaciones, personas idóneas  y  capacitadas  para  entrar  a  diluir  la  reconstrucción  del  accidente  de  tránsito  apoyado  de  lo  versionado  por  cada  testigo,  aunándolo  con  la  atestiguación  de  ARGEIDY  SANABRIA  OSPINA,  en  la  cual se demuestra que el  procesado  de  marras  no  actuó conforme a las normas de tránsito que le eran  exigibles  en ese momento, al conducir el vehículo automotor de gran tamaño en  perímetro  rural,  sino  que  dejó  de  acatarlas,  haciendo  caso  omiso a la  velocidad  permitida  del  trazo de desplazamiento vehicular que debía permear,  como  está  el  exceso  de velocidad y la invasión a carril contrario, dada la  ubicación  de  desplazamiento  en la que ejercía el testigo Argeidys Sanabria,  por  ser  la  persona  que  conducía  una  volqueta  y  que  venía detrás del  vehículo  tracto  camión,  ex ante, concomitante al momento del insuceso y fue  enfático  en señalar la buena visibilidad del día del hecho, sino que además  avisto  (sic)  de  manera  directa  las  maniobras  de  riesgo que perpetraba el  conductor  de  dicho  tracto  camión  y  el cual (sic) consistía en invadir el  carril  contrario  en  el  que  este  conducía,  sino  aunado  además  que sus  manifestaciones  son  coherentes  y  responsivas con el otro material probatorio  existente        en        el        paginario17.   

La   argumentación   del  demandante  no  evidencia  que  su  defendido  haya  sido  condenado  por  hechos que no guardan  identidad  con  los  señalados  en la acusación y, por lo tanto, la censura no  puede ser admitida.   

        3.2.    En    el   segundo   cargo,  acude  a  la  causal  tercera  de  casación  para acusar la  violación  indirecta  de la ley, por falso juicio de identidad que condujo a la  aplicación  indebida  de los preceptos 109 y 31 del Código Penal, y a la falta  de    aplicación    del    artículo   7º   del   Código   de   Procedimiento  Penal.   

En  su  desarrollo, el libelista incurre en  insalvables  falencias,  porque  sin  demostrar el anunciado yerro, se dedicó a  exponer  su  opinión  personal  en cuanto a la manera como se debieron analizar  los  testimonios de cargo, en el marco de un discurso extenso y engorroso que no  concreta  la manera cómo distorsionó el juzgador la expresión fáctica de los  medios  de  convicción,  bien  porque  les  asignó  efectos que no contienen o  cercenó los que les corresponden.   

Un  defecto  de esa naturaleza se demuestra  mediante  la  comparación entre el contenido del elemento con lo manifestado al  respecto  por  el  fallador,  pues  de esa manera se le comprueba a la Corte que  puso  a  decir  a  las  pruebas  cuestionadas  algo  que  objetivamente ellas no  expresan  y  su  incidencia determinante en la decisión confutada. No se trata,  como  lo entiende el impugnante, de transcribir las consideraciones del Tribunal  y  los  contenidos  de  la  prueba  que  se  dicen  omitidos  y, con base en ese  referente,  presentar  una  alternativa  de  valoración  en  beneficio  de  los  intereses del procesado.   

Lo anterior es así porque, justamente, sus  reclamos     recaen     en     los    testimonios    de    cargo    –presenciales-  y de acreditación que condujeron a los falladores a establecer la  responsabilidad  penal  de  Jhon  Freddy Reyes García  en  el  accidente de tránsito que produjo la muerte a  varios  de  los  pasajeros  y  al  conductor  del vehículo de servicio público  afiliado  a  la  empresa  COTSEM  LTDA  pues,  de  un  lado, el análisis de los  primeros  les permitió advertir que todos «coinciden  en  señalar que observaron cuando el tracto camión se movilizaba por el carril  que  le  correspondía  al micro bus y, por supuesto, que eso fue lo que produjo  el  choque»18.   

No  obstante,  el  censor intenta restar la  credibilidad   conferida  a  cada  uno  de  ellos,  bajo  el  pretexto  que  sus  exposiciones   fueron  cercenadas,  -dislate  que  en  manera  alguna demuestra- pero en realidad aspira a que  la  Corte  evalúe,  con  criterio  distinto  al  de las instancias, los reparos  concernientes  a  las contradicciones que advierte, en su fraccionado análisis,  al  comparar  los  relatos  de  los  señores  Agreidy Sanabria Ospina, Lauterio  Fuentes    Oviedo,    Jairo    Luis    Fuentes   Pérez   y   Yeinner   Quintero  Puentes.   

Esa  confusa  y  desordenada alegación del  demandante  tiene  como  propósito,  en  últimas,  disentir  de la estimación  judicial  y  por  ello intenta acreditar una supuesta duda en cuanto al punto de  impacto  de  los  vehículos  involucrados  en el accidente, y lo referente a la  invasión   del   carril   contrario   y   al  exceso  de  velocidad, en franca oposición al criterio de los  juzgadores,    quienes    hallaron    un    actuar    imprudente    en    cabeza  de   Reyes  García, en  cuanto  violó  el  deber  objetivo  de  cuidado por inobservancia de las normas  relativas a la conducción de vehículos.   

Bastante  se  ha  insistido  que  cualquier  reproche  dirigido  a  cuestionar  la  valoración  judicial de los elementos de  juicio,  como ocurre en este caso, resulta por completo extraño a la casación,  dada   la   libertad  que  tiene  el  sentenciador  para  apreciar  el  conjunto  probatorio,    limitado    únicamente   por   los   postulados   de   la   sana  crítica.   

Sólo   si  se  constata  que  arribó  a  conclusiones  ilógicas  o irrazonables, por desconocimiento de las reglas de la  lógica,  la ciencia y/o la experiencia, es procedente el ataque por la vía del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  caso  en  el  cual el impugnante debe  demostrar  el postulado científico, el principio de la lógica, o la máxima de  la  experiencia  que  fue  desconocida por el juez e indicar la trascendencia de  ese   error,   de   modo   que   sin  él  otro  hubiera  sido  el  sentido  del  fallo.   

Además,   debe   señalar   el   aporte  científico,  el  raciocinio lógico, o la deducción por experiencia que debió  aplicarse en el asunto sometido a debate.   

Se  debe  tener  en  cuenta  que  la  doble  presunción  de acierto y legalidad que ampara el fallo de segunda instancia, no  se  puede  desquiciar  a  través de una argumentación dirigida a presentar una  valoración  de  las  pruebas  distinta  a la efectuada por el sentenciador, o a  cuestionar   aquellos   aspectos   de   la  prueba  que  respalda  la  decisión  recurrida, para enlistar una  variedad   de   errores   de   apreciación   que   apenas   se   quedan  en  el  enunciado.   

         4.  Importa  precisar,  para  dar claridad a las descontextualizadas  quejas  del  demandante,  que  el Tribunal descartó los mismos cuestionamientos  por   carecer   de   idoneidad   para   desarticular   la   prueba   de   cargo,  pues,   

…conforme  se  aprecia,  sí obra prueba  directa  que  señala  al  procesado como el responsable del accidente, por ello  las  imprecisiones que resalta el impugnante en cuanto a que el testigo LAUTERIO  FUENTES  OVIEDO  manifestó  que  vio  que  la  volqueta iba adelante del tracto  camión  y  luego  paralelos  estos  dos  vehículos,  que el testigo JAIRO LUIS  FUENTES  PÉREZ adujo que el informe de accidente de tránsito presenta fallas y  que  éste  no  pudo  determinar  el punto relativo de impacto, la secuencia del  accidente,  la  velocidad  de  los  vehículos,  y las huellas de frenado a qué  vehículo  corresponde (sc), no tienen la virtualidad de restar valor probatorio  a  los  testigos presenciales y a lo que refleja la prueba documental, porque en  lo    esencial    para    este    proceso   son   concordantes,   coherentes   y  concretos19.   

Con  esa  premisa  dejó  sentado  que  los  relatos  de  los  testigos  de cargo se ajustan a la realidad y armonizan con la  prueba  documental  «que  en  este  caso  no  merece  reproche   alguno  dada  la  idoneidad  técnico  científica  y  moral  de  los  funcionarios  y  peritos  que  los  elaboraron,  la  claridad y exactitud en sus  respuestas  y su experiencia en sus especialidades»20.   

El    casacionista,   se   itera,    en    lugar    de   enfrentar  decididamente  los  juicios  del  sentenciador,  simplemente  aporta un punto de  vista  distinto,  dejando  de atender a los mínimos requerimientos de claridad,  precisión  y  coherencia,  indispensables  para  entender  el  sentido  de  las  censuras,  así  como la demostración de los dislates aducidos y la concreción  de sus consecuencias.   

Y,   como   no   se  encuentran  causales  ostensibles  de  nulidad ni flagrantes violaciones de derechos fundamentales, no  es   procedente   admitir   la   demanda   para   un  pronunciamiento  de  mayor  fondo.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda examinada.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, de conformidad con el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

Notifíquese y cúmplase  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  292 vto., de la carpeta No 3.   

2 Folio  61 de la carpeta No 1.   

3  Folios 1 a 13 de la carpeta No 2.   

4 Folio  71 Ib.   

5  Folios 181 a 211 Ib.   

6  Folios 63 a 68 de la Carpeta No 3.   

7 Folio  105 Ib.   

8  Folios 117 a 173 Ib.   

9  Folios 8 a 22 Cuaderno del Tribunal.   

10  Folio 257 de la Carpeta No 3.   

11  Ib.   

12  Sentencia  del  17  de  Julio 17 de 2003, Rad. 13128, reiterada en Auto del 6 de  septiembre    de    2007,    en    el   marco   del   nuevo   sistema   procesal  acusatorio.     

13 CSJ  AP,    11    mar.   2003,  rad.19126.   

14 CSJ  SP,  6 abr. 2006, Rad. 24668.   

15  Folio 84 de la Carpeta No 2.   

16  Folio 145 de la Carpeta No 3.   

17  Folio 142 Ib.   

18  Folio 270 de la Carpeta No 3.   

19  Folio 267 Ib.   

20  Folio 265 vto., Ib.     

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