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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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              CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente   

          DR. CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

          Aprobado Acta No.13   

Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  tres  (3)  de  febrero de mil novecientos noventa y nueve (1.999).   

          VISTOS:   

Se  pronuncia  la  Sala sobre los requisitos  formales  exigidos  por  el  art.  225 del C. de P.P., respecto de la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado WILLIAM LOZANO RODRIGUEZ,  contra  la sentencia del Tribunal Superior de Ibagué del 4 de septiembre 1.997,  que  confirmó  la de primera instancia dictada por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de Purificación el 12 de noviembre de 1.996, por medio de la cual fue  condenado  a la pena principal de 25 años y 6 meses de prisión por los delitos  de homicidio y porte ilegal de armas de defensa personal.   

          HECHOS:   

Son resumidos por el Tribunal Superior en los  siguientes términos:   

         “En  la  vereda  ‘Bocas  del Salero’ jurisdicción del Municipio de  Purificación  (T),  Luis  Alberto Rodríguez Urueña departía en compañía de  su  primo  WILLIAM LOZANO RODRIGUEZ y otras personas en casa de María Natividad  Rodríguez  de Gualteros en la madrugada del primero de enero de mil novecientos  noventa  y  seis con motivo de las festividades tradicionales que por esa época  se celebran en el país.   

         De  un  momento  a  otro se suscitó una riña en la que resultaron  involucrados  los  arriba  mencionados  quienes se enfrentaron a puñetazos y al  caer  al  suelo  WILLIAM  sacó  un  revólver  que  portaba en la pretina de su  pantalón  disparándolo acto seguido contra Luis Alberto causándole una herida  que le ocasionó la muerte en forma inmediata”.   

         DEMANDA:     

El  procurador  judicial de LOZANO RODRIGUEZ  propone  dos  cargos contra  la sentencia del Tribunal.   

Formulado  con sustento en la causal primera  del     artículo    220    del    C.    de    P.P.,    en    el    primero de ellos manifiesta el censor su  inconformidad  con el fallo recurrido, por haberse descartado el caso fortuito o  la  legítima  defensa,  pese  a  que en su criterio una cualquiera de estas dos  figuras  encuentra demostración con base en los testimonios de María Natividad  Rodríguez,  Gustavo  Rodríguez,  Cleofe  Rodríguez,  Arcadio Lozano, Cristina  Rodríguez,  Gildardo  Gualteros, Jesús María Lozano, Eliécer Saavedra, Diana  Milena  Gualteros y Mariela Saavedra; además de la prueba pericial que indicaba  la  distancia  a  que  se  produjo el disparo y las heridas que LOZANO RODRIGUEZ  tenía  en su cuerpo, de donde colige que la valoración probatoria hecha por el  sentenciador  está ordenada por un “empirismo incierto” y un “apasionamiento en  la subjetividad”.   

Con  el  mismo  sustento  polémico sobre la  apreciación  que  de  los  distintos medios hiciera el Tribunal, precisa que si  bien  para  valorar  las  pruebas  el  juez  debe regirse por el principio de la  “libre  convicción”,  esto  no  significa  la arbitrariedad. De ahí que afirme  justificado  hacer  un “amplio cuestionamiento del porqué la ocurrencia” de los  hechos  como  estima  realmente  sucedieron  y  no  como  por  “falta de lógica  jurídica”  los  declaró  probados  el  fallador,  sometiendo así a un extenso  análisis  las  pruebas,  para  llegar a inquietarse respecto de dónde surge la  intención  homicida del procesado, si el propio LOZANO RODRIGUEZ reiteradamente  sostuvo su inocencia.   

Referido  a los testimonios de Luis Hernando  Ramírez,    Eliécer   Saavedra   y   Hermelinda   Arias,   asegura   que   son  contradictorios,  además  de estar condicionados, como la de otros presenciales  de  los  hechos, por el consumo de licor, el casancio, el trasnocho y el hambre,  circunstancias que no habría estimado el fallador.   

Culmina enfatizando en que “Estos errores de  hecho  manifiestos,  están en el contenido de cada prueba indiciaria, están en  lo contradictorio de ellas”.   

Como   segundo  cargo,  bajo  el  título  de  “error in procedendo”,  sostiene  el  demandante  que  “el proceso careció del impulso oficioso” de los  instructores,  pues  sólo  se  limitaron  a  practicar  la  prueba  testimonial  solicitada  por  la  defensa,  sin  realizar  una inspección para determinar el  lugar  donde  sucedieron  los  hechos  y  si se contaba con energía eléctrica,  falencia  que  en  su  concepto  constituye  un  claro “defecto de ACTIVIDAD POR  OMISION  DE  LA  INSTRUCCION INVESTIGATIVA dentro del curso del proceso”, siendo  este  un  aspecto  del  que,  dice, se ocupará a profundidad “en los alegatos”.   

         CONSIDERACIONES:   

1. Carentes de la  concreción  absolutamente  necesaria  para  cumplir con los mínimos requisitos  técnicos    son    los    dos   cargos  que  contra  la  sentencia impugnada ha presentado el defensor de  WILLIAM  LOZANO RODRIGUEZ, siendo este aspecto el que, por su notoriedad, impone  a  la  Sala  ab  initio  la  necesidad  de anticipar el rechazo in límine de la  demanda. En efecto:   

2.  En  cuanto al  primer  reproche formulado  al  amparo  de la primera causal del art. 220 del C. de P.P., se tiene que salvo  este  genérico  enunciado  y  la  aislada  mención  que  al  final  hace sobre  presuntos  “errores  de  hecho  manifiestos”,  no  precisa  el demandante con la  claridad  debida, cuál de las varias y disímiles alternativas casacionales que  el  yerro  fáctico  posibilita  ha  sido  la  escogida,  pero  tampoco  por  su  desarrollo  es  factible  establecer  esta  concreción, lográndose en su lugar  entender  que  el  ataque  a  la  sentencia  tiene  por verdadero fundamento una  típica  discrepancia  con el criterio valorativo de las pruebas expuesto por el  Tribunal  y  no  los  aducidos  errores  en  que  habría  podido incurrir en su  análisis.   

3. Así, parte el  actor  de  una  proposición  antinómica,  como  lo es afirmar que a través de  distinta  prueba  testimonial  y  pericial,  que se ignora si fue tergiversada u  omitida  pues  nada  concreta  al  respecto, en el proceso se demostraba el caso  fortuito  o  la  legítima  defensa,  sin  advertir  que  tal  postura  sobre la  simultánea  existencia  de estas dos figuras es evidentemente desconocedora del  distinto  fundamento  material  que  una  y  otra  tienen  y por consiguiente el  equívoco que en casación comporta su concurrente alegato.    

4. Pero además, al  margen  de  esta  contradictoria postura y de que en ningún momento se ocupa el  demandante  de demostrar que en virtud de errores de hecho se dejó de reconocer  la  legítima  defensa  o el caso fortuito, el verdadero propósito del cargo es  definitivamente  polemizar  con la valoración probatoria que llevó al Tribunal  a  concluir  en  la  responsabilidad  de  LOZANO  RODRIGUEZ  por  los delitos de  homicidio  y  porte  ilegal  de armas que le fueran imputadon, basado, según el  actor,  en un “empirismo incierto” y “apasionamiento en la subjetividad”, que lo  lleva  a  presentar  los  hechos  como  desde su margen entiende habrían tenido  ocurrencia,   introduciendo   para   ello  distintos  factores  que  asume  como  condicionantes  de  ese análisis y que terminan en su concepto relativizando el  poder  de convicción dado a la distinta prueba, particularmente la testimonial,  y descartando, por ende, el compromiso penal del procesado.   

5. A su turno, en  el    segundo    cargo  simplemente  afirma  el libelista la existencia de un “error in procedendo”, que  carece  del  mas  mínimo  desarrollo,  pues  fuera de sostener que “no hubo una  inspección  judicial” en el lugar de los hechos, no expone ningún argumento en  respaldo  del  poder  vinculante  que  esta  prueba  habría  podido tener en el  proceso  y  mucho  menos  la razón por la cual la falta de su práctica podría  constituir  un  vicio  capaz de derruir la legalidad del mismo o la vulneración  del derecho de defensa.   

En  estas  condiciones  y  al  no cumplir la  demanda  de  casación  presentada a nombre de WILLIAM LOZANO RODRIGUEZ, con los  requisitos  exigidos por el art. 225 del C. de P.P., la misma será rechazada in  limine, declarando, en consecuencia, desierto el recurso.   

6.  Por  último,  debe  la Sala agregar, que una vez admitido el recurso de casación, el traslado  que  por  el término de treinta días dispone el art. 224 del C. de P.P., lo es  para  que  quien  ha  impugnado  extraordinariamente  la  sentencia  presente la  respectiva  demanda  sustentatoria,  sin  que,  tal y como equivocadamente lo ha  hecho  el censor en este caso, pueda dentro del lapso de quince días comunes en  que  se  da  traslado  a  los demás sujetos procesales no recurrentes, formular  nuevos  reparos  contra  el  fallo, o complementar el contenido del libelo, pues  inexorablemente  por  extemporáneo,  este  escrito no puede en ningún caso ser  tenido en cuenta.      

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, en SALA DE CASACION PENAL,   

         RESUELVE:   

1.- RECHAZAR   IN   LIMINE   la   demanda  presentada  por  el  defensor  del procesado WILLIAM LOZANO RODRIGUEZ, contra la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior de Ibagué el 4 de septiembre de  1.997.   

2.-  DECLARAR,  como  consecuencia  DESIERTO  el recurso extraordinario de casación interpuesto  contra el fallo referido en el numeral anterior.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno  de  conformidad   con  lo  dispuesto  en  el  art.  197  del  C. de  P.P.   

Cópiese,  devuélvase  el  expediente  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

          JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE  ENRIQUE  CORDOBA POVEDA  CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                       CARLOS  EDUARDO  MEJIA ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                               NILSON     PINILLA  PINILLA       

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria     

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