14195B1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14195  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta N° 181   

          Santafé  de  Bogotá  D.C.,  dieciseis  de  noviembre   de mil  novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

            En  atención a lo estatuido en los artículos 225 y 226 del C. de  P.  Penal,  se  ocupa  la  Sala del examen preliminar de la demanda de casación  instaurada   por   el   defensor   de  HERNANDO  PRADA  ALVIS  contra  la  sentencia proferida por el Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial   de  Ibagué,  por  cuyo  medio  confirmó  integralmente  la condena que el Juzgado 10° Penal del Circuito de dicha ciudad  le impuso al procesado como responsable del hecho punible de hurto.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Mediante  el  sistema  de  anticipos,  varios  propietarios de buses  afiliados  a  la  empresa  transportadora  “Velotax”  con  sede  en  Ibagué  lograron  defraudar  patrimonialmente a la compañía durante los meses de junio  a  noviembre  de  1994,  en  cuantía  un poco superior a los veinte millones de  pesos  ($20’000.000), entre  quienes  se  contaba  HERNANDO PRADA ALVIS.  Para  consumar  el  fraude, el procesado solicitaba al taquillero  como    avance    de   su  liquidación  mensual  la  entrega de determinadas sumas de dinero, hecho que se  registró  en  múltiples  ocasiones,  y  obtenido  el  numerario,  el digitador  contable  de  la empresa, Jairo de Jesús Barrios Cano, ocultando los documentos  soporte  de  la  operación,  omitía reportarlos al sistema computarizado de la  entidad.   

De  esta manera tales abonos jamás pudieron  deducírsele  en  el  lapso en cuestión al dueño del automotor, siendo esta la  forma  como  PRADA  ALVIS, en  connivencia  con  el  empleado  en mención, obtuvo el apoderamiento ilícito de  una cifra superior a los once millones de pesos.   

          La  Fiscalía  13  de  la  Unidad 1ª de Patrimonio Económico de la  ciudad   de   Ibagué   asumió  la  instrucción  del  proceso  y  obtenida  la  vinculación  de los encartados les resolvió su situación jurídica con medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sustituyéndola  luego por la de  detención  domiciliaria  bajo caución prendaria por el concurso heterogéneo y  sucesivo   de   hurto   agravado   y   falsedad   en   documento   privado   por  ocultamiento.    

Dicha  resolución la modificó la Fiscalía  4ª  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  aquella ciudad al conocer de la  correspondiente  impugnación,  pues, respecto de PRADA  ALVIS  solamente  dejó vigente la medida por el cargo  que  dice  relación  con  el  atentado  patrimonial.   Decretado el cierre  parcial  de  la  investigación,  en proveído del 26 de enero de 1996 el fiscal  profirió  acusación  por  hurto agravado contra el mentado procesado, en tanto  precluyó en su favor por el delito de falsedad.   

          Del  juicio  conoció  el  Juzgado 10° Penal del Circuito, despacho  que  mediante  fallo del 26 de noviembre del mismo año condenó al acusado a la  pena  de 20 meses de prisión, suspendiendo su ejecución por el término legal,  decisión  que  fue  integralmente  avalada  por el Tribunal de Ibagué el 11 de  septiembre  de 1997 al desatar la impugnación que contra la sentencia de primer  grado propuso el defensor del acriminado.   

LA DEMANDA  

           Diciendo   tener   como  finalidad  la  invalidación  del  fallo, tres cargos propone el demandante contra la sentencia  de segundo grado objeto de la impugnación extraordinaria.   

          Primer Cargo.   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo primero, el  recurrente  acusa la sentencia de violar en forma directa la ley sustancial, por  aplicación  indebida  de  los  artículos  349  y  351-2  del Código Penal, en  armonía     con    los    artículos    1°,    2°    y    3°    idem,  y  247 del Código de Procedimiento  Penal.   

          En  el  desarrollo  y  fundamentación  del  cargo  el  casacionista  sostiene  que  el  Tribunal  dio por tipificado el ilícito de hurto agravado al  considerar  probados  los elementos que exige el artículo 349 del Código Penal  para   su  configuración.  Afirma  que  según  el  ad-quem  dicho  punible  se  estructuró   desde   el   instante   en   que  “los  comprometidos  en  la acción hacían como suyo el dinero, esto es, tan  pronto  se  destruía  u ocultaba el respectivo comprobante de  anticipo,  que  impedía que la suma fue reintegrada o  descontada  (sic) al finalizar  el  mes  o  momento  de  hacer  las cuentas”, acto de  apoderamiento  al  que  se  llegó  por  la  confianza que en ellos depositó el  dueño,   poseedor  o  tenedor  de  los  mismos  y  que  como  circunstancia  de  agravación  específica  de  la  conducta  reprochada se halla consagrada en el  artículo        351-2        ibidem.   

          Igualmente  advierte  que el Tribunal en apoyo de su tesis citó una  jurisprudencia  de  la  Sala que no se aviene al caso, por ser diversas tanto la  situación  como  las circunstancias de tiempo, modo y lugar de las que trata el  proceso;  y  agrega  que mediante sendas decisiones de 1993 y 1973, en su orden,  esta  Corporación estableció las diferencias en cuanto a las fases consumativa  y  de  agotamiento  en  el  hurto,  y la disimilitud existente entre este delito  cuando  es  agravado  por  la confianza, y el de abuso de confianza.     

   

          “El   yerro   del  sentenciador  en  la  apreciación  de  la doctrina de la H. Corte, citada en su sentencia lo llevó a  APLICAR  INDEBIDAMENTE  los  artículos  1,  2, 3, 349, 351 del C. P. Y 247 del C. P. P. dando por demostrado  un  delito  de  hurto  que  no  se tipifica, por cuanto el señor Hernando Prada  Alvis   no   tenía   la   cosa  en  condiciones  de  precariedad.  Los  anticipos  se  dieron  en  propiedad,  porque  estaban destinados al consumo, (sic) sufragar ciertos gastos”,  porfía  en  asegurar el recurrente extraordinario, y haciendo  suyas  las  palabras  de  la Corte afirma que, erró el juzgador “en  el  proceso  mental de adecuación típica, pues ha decidido que  la  conducta  del  procesado se subsume en un tipo legal dentro del cual aquella  realmente   no  entra”,  y  remata:  “De  no  haber  incurrido  el H. Tribunal en el yerro que se comenta,  habría    REVOCADO   la  sentencia     del     Juzgado    de    Primera    instancia    y    ABSUELTO    al    recurrente   Hernando  Alvis.” (subrayas del texto original).   

          Segundo Cargo.   

          Con  fundamento  en  la  causal primera, cuerpo segundo del Art. 220  del  C.  de  P.  Penal,  el  casacionista  plantea  como reproche subsidiario la  violación  indirecta de los artículos 1°, 2°, 3°, 349 y 351-2 del C. Penal,  y  247  del  C.  de  P.  Penal,  aduciendo  error  de hecho por ignorar tanto el  fallador   de  segunda  como  el  de  primera  instancia,  en  forma   evidente,  lo  que  la  Fiscalía  4ª  Delegada  ante  el Tribunal Superior adujo para desvincular de la investigación  a  PRADA ALVIS por el cargo de  falsedad,  esto  es, su no probada participación “en  ese   ocultamiento  o  destrucción  de  los  documentos  soporte  del  anticipo  entregado”,  razonamiento  acogido por el Fiscal que  calificó el sumario al precluir en su favor  por este delito.   

          Si  en  las  instancias  se  determinó como momento consumativo del  hurto  el  mismo  de la sustracción u ocultamiento o destrucción del documento  referido   en  tales  providencias,  arguye  el  impugnante,  al  precluirse  la  investigación  en favor del procesado por el atentado contra la fe pública por  no  haberlo  cometido  ni  determinado  su  comisión,  el  error  del  Tribunal  consistió en que desconoció esta prueba de inocencia.   

Y  concluye  que  resulta  “inconcebible”   que  a  alguien  se  le  responsabilice  de  un  ilícito  sin  que  ni  siquiera  tenga  noticia  de  su  comisión,  por  lo que ha de decirse que el juez colegiado supuso la coautoría  de  PRADA  ALVIS  en el acto  lesivo  del  patrimonio  económico,  “sin  la menor  prueba  al  respecto”;  y  así  como  no hay prueba  alguna  sobre  la  coautoría  en  el  delito  de  falsedad,  tampoco  la hay en  relación con el delito de hurto agravado.   

          Tercer Cargo.   

          De  igual  manera,  como  cargo subsidiario y al amparo de la causal  tercera  de  casación,  plantea el libelista esta censura por haberse proferido  la  sentencia  en  un juicio viciado de nulidad, con lo cual se infringieron los  preceptos  contenidos en los artículos 26 y 27, sin precisar de cuál estatuto,  así como el 87 y 90 del Código de Procedimiento Penal.   

En  la fundamentación del reproche sostiene  el  recurrente  que  la  Fiscalía  adelantó  la  investigación con base en el  fenómeno  de  la conexidad de delitos; empero ante la preclusión que se dictó  en  favor  de  su  defendido  respecto  del  delito  de falsedad, se originó su  rompimiento,  caso en el cual debió juzgársele por separado. Consecuentemente,  el  conocimiento  de la investigación por el “delito  de   hurto   en  concurso”  le  correspondía  a  la  Fiscalía  Local  de  Ibagué,  habida  cuenta que cada una de las apropiaciones  atribuidas  a  PRADA ALVIS fue  de  $50.000;  pero  al abrogarse los falladores de instancia esa competencia, se  genera  la nulidad del proceso, es lo que pareciera decir el censor en su difuso  y embrollado planteamiento.       

      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Ninguna  capacidad  para  concitar  el estudio de fondo por parte de  esta  Sala  tiene  el  libelo  sometido  a  revisión  formal,  pues  a  más de  desconocer  elementales  reglas  de  técnica  casacional,  está  ayuno  de  la  claridad  y precisión que para la formulación de las correspondientes censuras  exige el artículo 225 del C. de P. Penal de toda demanda en forma.   

          1.-   La  violación  directa.   

          Fuera  de  reseñar  lo que dijo el Tribunal para dar por tipificado  en  el  presente  asunto  el  delito  de hurto que se le atribuye al acusado, de  citar  las  decisiones jurisprudencias en las cuales se apoyó la Colegiatura en  mención  para  arribar  a aquella conclusión, de señalar lo que sobre el tema  ha  escrito  un  conocido doctrinante, y de afirmar que por apreciar erradamente  la  doctrina de esta Corte el juzgador se dio a aplicar  indebidamente  los  preceptos  sustanciales que estima  infringidos,  en especial los artículos 349 y 351-2 del C. P., ningún esfuerzo  dialéctico  realiza  el  censor para demostrar la censura, explicando de manera  lógica   y   jurídica,   por   ejemplo,   por   cuáles  razones  PRADA  ALVIS “no  tenía  la  cosa  en  condiciones  de precariedad”, o  qué  lo  induce a aseverar que los “anticipos se le  dieron en propiedad”.   

          Lo  que  se infiere de una tal argumentación es que el censor, bajo  una  óptica  distinta de los hechos y del propio examen probatorio realizado en  la   sentencia,   pretende   imponer  su  particular  criterio,  soslayando  los  razonamientos  que  el  juzgador  tuvo a bien exponer para deducir el compromiso  penal  que  le  asiste  al  procesado.  Una forma como esta de sustentar resulta  ajena  a  la  violación directa de la ley sustancial, puesto que, como lo viene  iterando  la  Sala, al escoger esta vía de ataque el actor renuncia a cualquier  polémica  sobre  los  aspectos fácticos del caso, estándole igualmente vedado  entablar  debates  en  relación  con  el  análisis  probatorio  que  se supone  admitido en la forma como el fallador lo asumió.   

          No  logra pues acreditar el recurrente con su inextricable discurso,  de  qué  manera  el  ad-quem  al  realizar  el  correspondiente “proceso  mental  de  adecuación típica”  incurrió  en el yerro que le atribuye, al subsumir la conducta del procesado en  un  tipo  penal  cuya  descripción  ninguna correspondencia tiene con el evento  juzgado.   

          Para  los  efectos  que  persigue  el  censor  y contrariamente a la  precisión  y  claridad  exigida  por el Art. 225-3 del C. de P. P., resulta ser  tan  confusa  la sustentación del cargo que en ciertos apartes de su alegación  deviene  imposible determinar si sus reproches se derivan de lo que en relación  con  el  comportamiento  punible endilgado al sentenciado arguyó el Tribunal, o  son  el  producto  de  sus propias disquisiciones -las del demandante-, o si una  tal  censura  se  origina  en  lo que sobre el tema debatido tienen decantado la  doctrina  y la jurisprudencia, tornándose el fallo de esta manera inconsecuente  con       esas       disciplinas       auxiliares      de      la      actividad  judicial.        

          2.-  La  violación indirecta.   

          Error  de  hecho  por  ignorar  el  fallador  la  argumentación  de la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  para  desvincular  de  la  investigación  al acusado por el  delito  de  falsedad,  es  el  fundamento  de  esta censura, pues, en sentir del  libelista,  si  se precluyó en favor de su asistido por tal ilicitud ante su no  comprobada  participación  en  la sustracción u ocultamiento de los documentos  que  constituían  el  soporte  contable  de  la  entrega  de  los  pluricitados  anticipos,  y  si,  además,  el  momento  consumativo del hurto se determinó a  partir  de  la  sustracción u ocultamiento de aquellos comprobantes, hecho este  que  se  le  enrostró  a  persona  diferente  a  PRADA  ALVIS,   esa  “prueba  de  inocencia”  la  desconoció el juzgador, como quiera  que  el  acusado no tuvo noticia de ese hecho, no lo cometió y menos determinó  a otro a cometerlo.   

         

          Una  equivocada  manera  de formular el cargo es lo que se evidencia  de  la  fundamentación  del  mismo,  por cuanto a pesar de plantear un supuesto  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia, en el fondo termina el censor  por  desarrollar  un supuesto falso juicio de identidad, sin demostrar ni lo uno  ni   lo   otro,   y   menos   referirlo  al  material  probatorio  como  era  lo  esperado.   Es  así como,  en vez de precisar qué fue lo que arguyó  el  Tribunal  para  dar  por  demostrada la existencia de la conducta punible de  hurto    e    impartir    condena    contra    PRADA  ALVIS  en  consonancia  con  la acusación al hallarlo  responsable  de  dicho  injusto,  se esmera en centrar el debate sobre lo que la  Fiscalía  adujo  para  desvincularlo de la hipótesis delictiva de falsedad que  en principio se le imputó.   

          En  efecto,  por  tener  que  ver  el  cargo  formulado  con el tema  probatorio  y dado el sentido de la supuesta violación argüida, debió indicar  el  censor,  con  claridad y precisión, como lo exige el artículo 225-3 del C.  de  P.  Penal,  qué  elementos  de  persuasión presentes en el proceso omitió  valorar  el juzgador que, de haberlos estimado, sin duda hubiesen conducido a la  absolución del encartado.   

          No  es  pues  con enunciados genéricos o con afirmaciones gaseosas,  huérfanas  de  demostración alguna, como puede procurarse el derrumbamiento de  un  fallo que goza de los atributos de acierto y legalidad; y de  este jaez  son   las   expresiones   que  hace  el  censor  como  aquella  de  que  resulta  “realmente  inconcebible”  que  se tenga a alguien como responsable de un delito propiciado o consumado por  otros,  sin  tener  participación  en él; o la aseveración de que el juzgador  “supuso”  la  coautoría  del   acusado   en   el   delito  por  el  cual  se  le  juzgó  “sin   la   menor  prueba  al  respecto”;  omitiendo  en  todo  caso  señalar  de  qué  manera  se inventó esa prueba de  responsabilidad   si es que no existe la misma en el proceso, por lo que se  carecería  de  los  presupuestos que para condenar demanda el artículo 247 del  C. de P. Penal.    

          Es  que  de  la  ausencia  de  elementos para acusar por determinado  hecho  punible,  necesariamente  no  se  sigue  que  dicha  orfandad  probatoria  también  quepa  predicarse respecto de las demás conductas al margen de la ley  que hayan sido objeto de imputación y de condena.   

          No  logra  desarrollar  entonces  el casacionista el falso juicio de  existencia alegado.   

          3.-      La      nulidad.   

          Desatendiendo  lo que el principio de prioridad le impone, el censor  formula  este  cargo  de  manera  subsidiaria. Sin embargo, no es esta la única  falencia   que  determina  su  rechazo,  sino  primordialmente  la  ausencia  de  fundamentación y demostración de la censura.   

          En  efecto,  pretende el censor se invalide el proceso arguyendo que  si  se  precluyó  la  investigación  por el punible de falsedad en favor de su  asistido,   se   originó   “el  rompimiento  de  la  conexidad”;  luego,  entonces, la Fiscalía Local de  Ibagué  debió  asumir  la instrucción del asunto, en razón de la cuantía de  cada  una de las apropiaciones  imputadas,  y por consiguiente los falladores de instancia usurparon competencia  al  “Juzgar  el  delito  de  hurto  en  concurso  en  apropiaciones de cincuenta mil pesos”.   

            En  tratándose  de  la  causal  tercera, no basta la enunciación  genérica  del  cargo  como de nulidad, pues, al igual que en los demás motivos  de  casación,  es  obligación del censor demostrar el sentido de la violación  señalando   inequívocamente   en  cuál  causal  de  nulidad  cabe  ubicar  la  irregularidad  aducida,  en  cuál  estadio  procesal se originó, y cómo no es  posible  remediar  la  irritualidad  de  manera  diferente  a  la  de quebrar la  presunción   de   acierto   y   legalidad   que  ampara  al  fallo  de  segunda  instancia.   

          No  atina  a  explicar  el  casacionista  por qué los falladores de  instancia  carecían  de competencia para pronunciarse sobre el  asunto, si  de  por  medio  estaban  la  conexidad material y la procesal, como tácitamente  admite   en   la   demanda   al   aludir  al  fallo  que  por  los  delitos  conexos  de  hurto  y falsedad se  produjo  en  relación  con  el coprocesado Barrios Cano y al juzgamiento al que  igualmente  se  sometió  dentro  de  ese  proceso  a su defendido, contra quien  también se impartió condena por una de esas ilicitudes.    

          En   resumen,   no  precisa  el  actor  la  razón  concreta  de  la  violación,  como no sea la enconada protesta por la condena de su poderdante en  la  condición  de  coautor del atentado patrimonial, hecho este que desprovisto  de irregularidades mal puede erigirse en causal de nulidad.   

          Los  argumentos  que  vienen de exponerse resultan suficientes   para  declarar  que  la  demanda  de  casación  que  en  nombre del sentenciado  presentó  su  defensor,  no  reúne  los  presupuestos  de  forma  que  para su  admisión  estipula  el artículo 225 del C. de P. Penal.  En consecuencia,  se  dispondrá  su  rechazo  de  plano  y  consiguientemente  la  deserción del  extraordinario recurso.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

         RECHAZAR   in   limine   la  demanda  de  casación  que  en  nombre del procesado HERNANDO PRADA  ALVIS  presentó su defensor contra el fallo de fecha,  origen,   naturaleza  y  contenido  indicados,  conforme  con  las  motivaciones  plasmadas   en  el  cuerpo  de  este  proveído.  En  consecuencia,  se  declara  desierto el correspondiente  recurso.   

          Contra  la  presente  decisión  es inimpugnable, de acuerdo con las  previsiones   de   los  artículos  197  y  226  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  tribunal de origen.   

CÚMPLASE  

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                 YESID      RAMIREZ  BASTIDAS   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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