13667a

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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              CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

         SALA DE CASACION PENAL   

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CORDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 20  

Santafé  de Bogotá, D.C.,  dieciséis  (16) de febrero de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  ZENON CEBALLOS BADILLO.   

          A N T E C E D E N T E S   

1.-  El Tribunal Superior de Santa Marta  sintetizó los hechos así:   

         “Del  relato  judicial se tiene que Luis  Alvaro  Berdugo  Pertuz,  Zenón  Ceballos  Badillo,  Jorge  Hugo  Redondo Cuao,  Damián  José  Lizcano De Luque y Giovanny Enrique González Moreno concertaron  hurtarse  un carro para venderlo en Valledupar a un señor de apellido Pastrana.  Así  lo  hicieron  la  noche del 15 de enero de 1.993 desposeyendo al conductor  del  vehículo  Renault  12, modelo 1980, distinguido con las placas RD 72-18 de  propiedad  de  Beatriz Romero de Andrade y conducido por un hermano suyo llamado  César  Augusto  Romero  Echeverría.  Al conductor del automotor lo llevaron al  sitio  denominado El Piñón y allí debajo de un puente dos de los asociados en  la  empresa ilícita -Jorge Hugo Redondo Cuao y Giovanny- se quedaron con César  Augusto  con  el  objeto  de  dar  tiempo  hasta cuando Zenón Ceballos Badillo,  Damián  José  Lizcano  De  Luque  y  Luis  Alvaro  Berdugo  Pertuz  llegaran a  Valledupar  con  el  vehículo,  lugar  de su destino final, pero los que fueron  capturados  en  el retén de la Policía Vial ubicado en la entrada de la citada  ciudad,  frustrándose  así la culminación del proceso delictivo, mientras que  César  Augusto  –  el  conductor  –  era ultimado en esta ciudad”.   

2.-   El  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Santa  Marta,  mediante  sentencia  del  24 de septiembre de 1995,  condenó  a  ZENON  CEBALLOS  BADILLO,  LUIS  ALVARO  BERDUGO  PERTUZ y GIOVANNY  ENRIQUE  GONZALEZ  MORENO  a  la  pena principal de 30 años de prisión y a las  accesorias  de  rigor,  como  coautores  de  los  delitos  de  homicidio y hurto  calificado.    

3.-          Apelado  el fallo por los defensores de  los  procesados  Ceballos Badillo y González Moreno, el Tribunal Superior de la  misma  ciudad,  mediante  sentencia  del  29  de  septiembre  del mismo año, la  confirmó en lo fundamental respecto al primero.   

Contra  esta sentencia el defensor de Zenón  Ceballos Badillo interpuso el recurso extraordinario de casación.   

         LA DEMANDA DE CASACION   

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  de  casación,  el defensor del procesado formula dos cargos contra la  sentencia  del  Tribunal  por haberse incurrido en errores de hecho generados en  la   apreciación   de   dos  indagatorias,  los  cuales  se  pueden  sintetizar  así:   

Primer cargo  

Una  vez  planteada  la  hipótesis  en  que  soporta  el  ataque,  critica  al fallador por solo haber tenido en cuenta de la  diligencia   de  indagatoria,  “el  acuerdo  previo  del  delito  de  hurto  del  automotor,  la  presencia  de armas de fuego portadas por Jesús Gregorio Orozco  Barrios  y  Giovanny  Enrique  González  Moreno,  utilizadas  para intimidar al  conductor  con  el  fin de evitar que pusiera resistencia..” y haber desestimado  otros  aspectos  fundamentales,  como  fue  el  acuerdo  de que no se atentaría  “contra la persona del conductor”.   

Asevera que cuando su defendido viajó con el  vehículo  hurtado  a  la  ciudad de Valledupar, dejó con vida a la víctima en  Santa  Marta,  “lo  cual  no se desvirtúo en el proceso, por el contrario está  confirmado por la indagatoria de Jorge Hugo Redondo Cuao…”.   

Dice no compartir la afirmación del Tribunal  respecto  a  que  la  muerte  del  propietario  del automotor lo fue para no ser  identificados,  por  cuanto que era de noche y porque quienes participaron en el  hurto    negaron   cualquier   tipo   de   acuerdo   para   la   comisión   del  homicidio.   

La  interpretación errada de la indagatoria  llevó  al  Tribunal  a que profiriera una sentencia alejada de la realidad, por  cuanto   no   hubo  acuerdo  previo  entre  los  coprocesados  para  cometer  el  multicitado  homicidio  y,  no  obstante,  se  le  les  condenó  a  título  de  coautores.   

Luego  de citar y criticar varias decisiones  de  esta  Corporación,  concluye  que  a su defendido no se le puede tener como  coautor de ese punible.   

Segundo cargo  

Igualmente,  al amparo del cuerpo segundo de  la  causal  primera  de  casación,  acusa al sentenciador de haber transgredido  indirectamente  la  ley  sustancial,  por errores de hecho generados en un falso  juicio  de  identidad,  respecto  de  la  indagatoria  del  procesado Jorge Hugo  Redondo Cuao.   

La  errada  apreciación  de  este  medio de  convicción  consistió en que el Tribunal generalizó los actos de violencia en  contra  de  la  víctima,  ya  que  no  se  los atribuyó “a quien en verdad los  ejerció  y los motivos que lo impulsaron, es decir, si fue producto del acuerdo  previo  con  el  fin  de  asegurar  el delito de hurto o por iniciativas propias  ajenas a un acuerdo, no necesario”.   

Posteriormente resalta algunas frases de esta  pieza  procesal  y  reseña los hechos bajo su personal óptica, sosteniendo que  su defendido queda descartado del delito de homicidio.   

Pasa  luego  a  explicar,  también  bajo su  personal criterio, el dolo en la coautoría.   

Finaliza  solicitándole a la Corte que case  la  sentencia  recurrida  y,  en  su  lugar, absuelva al procesado del delito de  homicidio.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

La  demanda  de  casación presentada por el  defensor  del  sentenciado,  no  reúne  los requisitos que el artículo 225 del  Código   de   Procedimiento  Penal  señala  para  su  admisión,  por  lo  que  necesariamente se impone su rechazo.   

En  efecto,  aunque  los  cargos que formula  contra  la  sentencia  se  sustentan  bajo  los  parámetros  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de  hecho generados por falsos  juicios  de  identidad, los mismos se quedan en un simple enunciado con carencia  absoluta   de  demostración,  puesto  que  en  su  deshilvanado  desarrollo  el  libelista  simplemente  se  opone a la credibilidad que el Tribunal otorgó a la  indagatoria  de su defendido y a la del otro coprocesado, y de las cuales dedujo  la  responsabilidad  de  los sentenciados, a título de coautores, del delito de  homicidio.   

Así, en cuanto al primer reproche, sostiene  que  el  procesado  Ceballos  Badillo  participó  en  el  hurto,  tal  como  lo  manifestó  en  la diligencia de indagatoria, pero a renglón seguido se opone a  la  inferencia  del  Tribunal, en el sentido de que del mismo elemento de juicio  se  deduce  la  responsabilidad  frente  al  punible de homicidio, sin demostrar  ningún desacierto del fallador.   

Olvida el casacionista, como lo ha sostenido  la  Sala, que cuando se trata de elementos de convicción no sometidos en cuanto  a  su  valoración  al método de la tarifa legal sino al de la sana critica, no  es  posible atacar la estimación otorgada por las instancias a los mismos, pues  éstas  gozan  de  discrecionalidad  para  apreciarlos,  sólo  limitada  por la  ciencia, la lógica y la experiencia.   

Corriendo  la misma suerte, el segundo cargo  adolece  de  las  mismas  inconsistencias, ya que la fundamentación la reduce a  oponer  sus  conclusiones probatorias a las del censor, para que la Corte escoja  entre  ellas,  como si se tratara de una tercera instancia, desconociendo que no  es  posible,  pues  la  sentencia  arriba  a  esta  sede  amparada  por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  por  lo  que  el  criterio del juzgador  prevalece.   

Como  quiera que el impugnante no enseñó a  la  Sala los pretendidos errores y mucho menos demostró su incidencia frente al  fallo,  como  era  su deber, y dado que a la Corte no le es permitido, en virtud  del  principio de limitación, entrar a suplir sus inconsistencias, se impone su  rechazo,  de  acuerdo  con  lo  dispuesto  por  el  artículo 226 del Código de  Procedimiento Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

RECHAZAR IN LIMINE  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado ZENON     CEBALLOS    BADILLO.    En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso (art. 197 del C. de P.P.).   

Comuníquese y cúmplase.  

JORGE ANIBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL              RICARDO  CALVETE RANGEL   

JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA                         CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                             CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR   

DIDIMO   PAEZ   VELANDIA                            NILSON  E.  PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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