28285(24-10-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28285  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  181   

Bogotá,  D.C., veinticuatro (24) de octubre  de dos mil siete (2007)   

Decide  la  Corte  sobre  la  admisibilidad      o     no  selección de la demanda de casación  presentada  por  el   defensor  de MARÍA ROSALIA  NARANJO  LÓPEZ  contra  la  sentencia  dictada por el  Tribunal   Superior   de   Distrito   Judicial   de  Buga, el 15 de mayo de 2007, que confirmó la expedida  por  el  Juzgado Cuarto Penal Municipal con funciones  de  Conocimiento  de Palmira (Valle), el 21    de marzo de 2007.   

H E C H O S  

El   24  de  diciembre  de  2006,  en  las  instalaciones  de  la  Penitenciaria  “Villa de las  Palmas”,  ubicada  en  Palmira (Valle), el inspector  del   INPEC,  RAMIRO   AUGUSTO   REYES   CARVAJAL,  le  solicitó  a MARÍA ROSALIA NARANJO LÓPEZ,   quien   estaba  ingresando  al  penal  de  visita,  una  requisa  –toda  vez  que  el   canino  detectó  que  ella  portaba  estupefacientes-; ella aceptó que portaba  alucinógenos,  entregando  una “bolsa plástica con  una  capsula  de  gran tamaño con sello de látex con un contenido de sustancia  pulverulenta   color   habano   que   pesó   98   gramos  netos”.      

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  25 de  diciembre  de 2006, el Juzgado Segundo Penal Municipal  con  función  de  control  de  garantías  de Palmira,  (a) declaró la legalidad de  la     captura     en     flagrancia     de     la    indiciada,    (b)   dispuso  la  legalización  de  los  elementos   materiales   probatorios,  (c)    la   Fiscalía   le   imputó   el   punible   de   Tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes  (d) se le impuso  medida   de   aseguramiento   privativa  de  la  libertad  en  su  residencia  y  (e)   se  allanó a los  cargos,  en  forma  libre,  consciente  y  voluntaria,  con  el  aval, consejo y  asesoría de su defensor.     

2. El 16 de enero de  2007,     la    Fiscalía    Sección     144,    presentó    escrito  de  acusación, por el delito de  Tráfico,     fabricación     o     porte     de  estupefacientes              agravado por el  artículo   384,   inciso   1,  b);  a  su  turno,  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de Palmira con  funciones  de  conocimiento, examinó el 19 de febrero  de  2007,  el  acuerdo  de  aceptación  de  cargos  realizada  por la inculpada  NARANJO LÓPEZ, aprobando el  juez  tal  allanamiento  como  forma  de terminación anticipada de proceso, por  haberse  reunido,  en desarrollo de dicha diligencia, los requisitos consagrados  en  el  artículo  293 de la Ley 906 de 2004, en especial lo atinente al derecho  de  no  incriminación,  la garantía de un juicio publico y sin dilaciones y la  protección  al  derecho  de  inocencia;  así  mismo,  individualizó la pena y  anunció el sentido del fallo.   

En  consecuencia,  el  21  de marzo de 2007,  condenó  a  NARANJO LÓPEZ,  como  autora  responsable  del  delito  de  Tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes agravado, a la  pena  principal  de cincuenta y cuatro (54) meses de prisión e inhabilitándola  en  el  ejercicio de derechos, funciones públicas por el mismo lapso de la pena  principal  y  multa  de  2.66  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes;  negándole,  por  no  haberse  demostrado que la sentenciada sea madre cabeza de  familia,  la  sustitución  de  la  pena  privativa  de la libertad por prisión  domiciliaria.   

3.   La  defensa  técnica  de  la  sentenciada interpuso recurso de apelación contra el fallo de  primera        instancia;        alzada        que        fue       confirmada  el 15 de mayo de 2007, por el  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  Buga.  El  mismo  extremo  procesal, presentó a favor  de   MARÍA  ROSALIA NARANJO LÓPEZ, recurso de casación; libelo que hoy califica la Sala.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal segunda de casación,  consagrada  en  el  artículo 181, de la Ley 906 de 2004, el libelista atacó el  fallo de segundo nivel, por vulneración al debido proceso.   

Bajo  el  extraño  título  de “hechos  relevantes”, el actor, en la  motivación  de  la  demanda,  plasma un recuento de los acontecimientos y de la  actividad  probatoria  realizada  por  los  juzgadores,  en  donde insistió que  después  de  leída  la  sentencia  condenatoria  por  parte  del  Juez,  quiso  “aportar,  sin  éxito, elemento material de prueba  de  lo  afirmado,  consistente en DOCUMENTO, que aporto a tan elevada instancia,  ser  Mujer Mayor, Soltera, Núcleo de su familia natural, hijos, nietos… y por  ende  aplicación  de  la  Ley 750 de 2000… máxime si estamos ante un Derecho  Primario, el de la LIBERTAD PERSONAL”.   

El  Tribunal,  sustentó  su decisión, para  negar   el   beneficio  de  prisión  domiciliaria,  con  base  en  “requisitos  tanto  subjetivos,  como objetivos…”;   actuando   el  Juez  Colegiado  “en  flagrante   violación   de   las   Normas  Propias  del  debido  proceso…”,  es  por  ello  que  se  vulneraron  los  artículos 29  constitucional          y         8    de   la  Convención  Interamericana de Derechos Humanos.    

Denominó         “Garantías    Judiciales”,   a   un  apartado   de   su   memorial,  indicando  que  la  sentencia  fue  “injusta”; relacionando, además, una  gran  variedad  de  principios  del derecho procesal penal, para concluir que la  casación  es una “forma de crecer y dignificar a la  mujer representada en la Encartada”.   

Finalmente, afirmó que se reúnen todos los  requisitos  para concederle a su prohijada la prisión  domiciliaria  (anexando a la demanda registros civiles  y  obligaciones financieras de la sentenciada); por tanto, los Magistrados de la  Corte  serán “quienes revisen, modifique, estudien,  revoquen,  la  CONFORMACIÓN  PARCIAL,  del  Fallo  de Segunda Instancia y en su  lugar, SOSTENGAN, el Beneficio de PRISIÓN DOMICILIARIA”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Viene señalando  la  Sala,  que con la entrada en vigencia del  sistema  procesal penal  acusatorio   previsto  en   la   Ley   906   de  2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  toda vez que, en la actualidad es susceptible la  impugnación  contra  decisiones  de segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales  de  Distrito del  país,  atacando  los  fallos de absolución o condena, sin tener en cuenta como  presupuesto  para  su  admisibilidad  el  quantum  de pena descrito en cada tipo  penal, como lo imponían las legislaciones anteriores.   

En  esencia, para ser admitida la demanda de  casación,  el  censor  debe  tener  interés, formular y desarrollar los cargos  contra  el  fallo  de  segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de  derechos   y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además,  que  el  actor  tenga presente lo  preceptuado  en  el  artículo  180  del  Código  Instrumental  Ley  906, en el  entendido  que una de las obligaciones al confeccionar el libelo es demostrar  la  necesidad  de  intervención de la Corte  para  el  logro  de  alguno  de  los  fines  establecidos  por  el  instituto.   Siendo   ello   así,  el  Principio  de  Intervención debe ser el norte del libelista toda vez  que  él  integra  cuatro aspectos teleológicos que se traducen en el espíritu  de  la  censura:  i)  la efectividad del derecho material, ii) el respeto de las  garantías  de los intervinientes, iii) la reparación de los agravios inferidos  a   las   partes   y   iv)  la  unificación  de  la  jurisprudencia.   

Desde  otro  punto  de  vista, la Sala viene  insistiendo  que  el  nuevo  sistema  procesal  penal  acusatorio  al  disciplinar  todo lo concerniente a la  impugnación  extraordinaria,  jamás  precisó que los presupuestos formales ya  no  son  necesarios para sustentar una demanda. Todo lo contrario, el recurso de  casación,  no perdió su entidad de juicio lógico-argumentativo, de manera que  el   libelo  debe  cumplir  pautas  que  impidan  concebirlo  como  tercera   instancia,  donde  los  reparos  compilen   presupuestos  de  claridad y precisión, porque a la Corte no le  corresponde    interpretar    las    alegaciones    de    los   recurrentes   en  casación.1   

En  consecuencia,  la  Sala ha sostenido que  para  admitir  o  seleccionar una demanda de casación a fin de decidir de fondo  sobre  el  problema  jurídico  planteado por el actor; la censura, en sí, debe  sujetarse  al  cumplimiento  de  los  presupuestos  formales  consagrados  en el  artículo  184,  ordinal  2°   de  la  Ley  906,  o  demostrar la evidente  vulneración  a  los  derechos fundamentales que le asisten a los intervinientes  en  el  proceso;  es  por  todo  ello  que  se  deben aplicar los principios que  orientan  la  casación  penal  como  los de claridad,  autonomía,   razón  suficiente,  no  contradicción,  entre  otros,  para  –de la  mano    con   ellos-   presentar   una   argumentación   trascendente,   habida  consideración  de compendiar en el ataque, los errores de juicio o de actividad  que pudieron haber incurrido los falladores.   

Objetividad,  comprensión,  precisión,  y  trascendencia,  también son postulados que deben guiar el ejercicio intelectual  en  la elaboración de la demanda por el censor, a fin de demostrarle a la Sala,  el  motivo  por  el cual debe ser aceptada una determinada tesis jurídica o una  legal valoración de los medios probatorios.    

En repetidas oportunidades viene indicado la  jurisprudencia   que  i)  la  correcta  selección  de  la  causal,  ii)  el  interés  del actor, iii)   la   coherencia   de   los   cargos   aducidos,  iv)  la  puntual  fundamentación   fáctica  y  jurídica,    v)    el  cumplimiento  de  al  menos uno de los fines del instituto; marcan la pauta para  declarar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

2.  Sostiene  el  demandante    que    el    fallo    de    segundo    grado    es    ilegal  toda  vez  que se vulneró la ley  sustancial  atendiendo  la  causal  segunda de casación. Siendo ello así, como  metodología,  la  Sala  examinará  el cargo, puntualizando cada error, dada la  inmensa confusión del demandante.     

El           primer  yerro  del  actor  consistió, en  haber      dejando      huérfana      toda      argumentación,  la cual era su obligación enarbolar y  sustentar  en  el  contexto  del libelo, al proponer el ataque por violación al  debido  proceso. Visto ello  así,   es   un   simple  memorial  de  instancia,  en  donde  se  plasman  unas  consideraciones    alejadas    del   debate   que   debe   adecuarse   en   sede  extraordinaria.    

El  derecho  al  debido  proceso2 es un núcleo  de  beneficios que delimitan y ponderan el ius puniendi, expresado en garantías  que  confluyen  para,  por  vía  de  ejemplo, solicitar, allegar y controvertir  pruebas  e  impugnar  aquellas decisiones contrarias a los intereses de los  intervinientes en el proceso penal.   

Armonizan  el  debido proceso los institutos  constitucionales   de   preexistencia  del  Juez  natural,  el  acto  objeto  de  imputación  y  el  deber  de  acatar  a  plenitud  las  formas  de cada juicio.  Existiendo  un  respeto  irrestricto  por  el cumplimiento de los procedimientos  establecidos   por  el  legislador  y  decantados  por  la  jurisprudencia  como  garantía  suprema  de  toda  persona que se le impute un injusto típico, como:  i)   el  de  ser  oída  oportunamente,  ii) dentro de  un  plazo  razonable, iii) por  autoridad  competente, iv) con  acatamiento  al  derecho  de  inocencia  mientras  la judicatura no demuestre lo  contrario,  v) a ser asistida  por  un  abogado, vi) a no ser  obligada  a  declarar contra si misma, vii)    a   presentar   y   controvertir   las   pruebas,   viii)  a  no  ser juzgada dos veces por el  mismo  acto antijurídico; ix)  a    que    no   se   le   aplique   la   reforma   en   peor   y   x)  que  la  ley  más  favorable  sea  el  bastión insoslayable en la administración de justicia.   

Temática que integra el concepto del debido  proceso  que  no  abordó el actor, desde ningún punto de vista y, sin que ello  sea  entendido como una respuesta de fondo, el escrito no pasa de ser un aislado  e  insustancial  alegato; pues en los términos procesales previstos por la ley,  los  funcionarios  requirieron  prueba  de la que hoy es su petición, imperando  una  absoluta inercia sobre el particular: situación que no se puede convalidar  en  sede  extraordinaria,  por  no  ser  la  Sala  Penal  de la Corte Suprema de  Justicia,  una  tercera instancia, que posibilite el inicio de debates superados  ampliamente por los falladores.       

El           segundo  error  del libelista se desglosa  del  primero,  toda  vez  que,  alegó  violación al  debido   proceso,  olvidando  reflexionar  sobre  los  principios   de   convalidación,   trascendencia   y  finalidad  de  los  actos  procesales,   para   demostrar   las   connotaciones  de  las  vulneraciones  al  procedimiento,  pues  al  solo  mencionar  la  causal, no percibió la verdadera  dimensión  de  su  propuesta,  dejándola  indiferente y sin ningún desarrollo  armónico.   

El           tercer   dislate  se  tradujo  en  haber  realizado  una variedad de juicios hipotéticos, los cuales no probó, contra lo  aseverado  por  las  instancias,  como  cuando  afirmó  que  el beneficio de la  libertad  domiciliaria  “a  contrario  -sensu-  del  Aquo,  los  requisitos  subjetivos  y  objetivos,  para  el  otorgamiento de tal  beneficio  de  PRISIÓN  DOMICILIARIA”;  citándolos  exclusivamente,     sin     que     hubiese     efectuado    ningún    esfuerzo  lógico-argumentativo  para  demostrar  que  su  concepción jurídica sí tiene  respaldo    legal.    Amén    que    en    sede   extraordinaria   –como  si  fuera  una  instancia  más-  incorporó    documentos,  ignorando por completo la ritualidad de los  procedimientos,  lo  cual  no  basta,  además, con allegar pruebas –por fuera de términos judiciales- que  pudieran   fomentar   o  rechazar  el   beneficio  domiciliario  requerido.   

El    cuarto  dislate  es  manifiesto, en donde es patente el querer  del  actor,  por  sobreponer su postura jurídica sobre las bases argumentativas  de  los  falladores:  dejó  inane  todo  lo  concerniente  a la nulidad por él  solicitada,  no  desarrolló  la  materia acorde con tal propuesta, con lo cual,  todo  se  quedó en simples y exiguas argumentaciones contra lo decidido por las  instancias   

El           quinto  equívoco  tiene  que  ver con la  trascendencia,  que olvidó  por  completo,  quedando su motivación insustancial y sin ninguna comprobación  ostensible de daño a la legalidad del proceso.   

Los fallos emitidos por los funcionarios que  administran  justicia  están  amparados  por  la doble presunción de acierto y  legalidad  y,  como  tal, no se pueden derrumbar con simples alegaciones propias  de  instancias, menos aún sobre hipótesis o al proponer tesis por fuera de los  cánones  de  la  lógica;  si  ello  es  así,  lo único que se verifica es un  latente   desconocimiento   de   los   postulados   que   sustentan  el  recurso  extraordinario  de casación. Es por el contrario, un ejercicio dialéctico, que  supone  una  arremetida  objetiva  contra  los  fallos de instancia –si  no  se  oponen  en sus decisiones-  para  tratar  de  demostrar  los  yerros que han debido ser detectados y con los  cuales  el  fallo  del Tribunal, sería ilegal o injusto según los lineamientos  jurisprudenciales.   

Así las cosas y, como quiera que el recurso  de    casación    está    regido,    entre    otros,   por   el   principio     de    limitación,    las  deficiencias  que  presenta  la demanda no pueden ser remediadas por la Sala, en  tanto   que   no  le  corresponde  asumir  la  tarea  argumentativa  propia  del  recurrente,  para complementar, adicionar o corregir su escrito de impugnación,  máxime  cuando  es  antiquísimo el criterio de la Sala en el sentido de que el  recurso  extraordinario  de  casación  es  un  juicio lógico-argumentativo que  tiene   una   regulación  prevista  por  el  legislador,  desarrollada  por  la  jurisprudencia,      con      el      propósito     de     que     no   se   convierta   en   una   tercera  instancia.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  de  los sentenciados, como para superar los defectos de la demanda y  decidir  de  fondo,  según  lo  impone  la  preceptiva del inciso 3º del   artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Estudiado  el  ataque,  sólo  conjeturas  y  especulaciones  identifican  la  censura,  sin  que  se  hubiese  presentado una  motivación  coherente  con  la propuesta casacional, circunstancia por la cual,  la   Sala   de   Casación   Penal   de   la  Corte,  inadmitirá    la   demanda   presentada   a   favor  de MARÍA ROSALIA NARANJO LÓPEZ.   

3.  Teniendo  en  cuenta       que       contra       la       decisión      de      inadmitir  o no  selección  de  la  demanda  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, cuyo trámite  no  fue  regulado, pero para  tornarlo  operativo, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su  aplicación3, como pasa a indicarse:   

3.1. La insistencia  es  un mecanismo especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide    inadmitir    o    no    seleccionar    la  demanda de casación, con el fin de que reconsidere lo  decidido.  También  podrá  ser  provocado oficiosamente, en el mismo término,  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación Penal. El  mecanismo,  entonces, opera para el Procurador Judicial, el Magistrado disidente  o  el  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la providencia  inadmisoria.   

3.2. La solicitud  de  insistencia puede elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador  Judicial  Delegado ante el Tribunal Superior  fuese  el  demandante;  o  ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la demanda o ante uno de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

3.3. Es potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado  del  Ministerio  Público ante quien se formula la insistencia optar por someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión. En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días.   

3.4.  El  auto  a  través  del  cual se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia contra la cual se formuló el  recurso  de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y  conlleve a la  admisión de la demanda.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  EN  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE  

Primero:  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  MARÍA  ROSALIA  NARANJO  LÓPEZ,  por las razones aducidas en la parte  motiva de esta providencia.   

Segundo: Contra la  presente   decisión   procede   el   mecanismo   de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso  2° del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                       

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN             JORGE LUIS  QUINTERO    MILANÉS                      

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

         

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                 Secretaria   

    

1 Auto  del 8 de junio de 2006. Radicación: 25565   

2 En el  mismo    sentido,    Corte    Suprema   de   Justicia,   Radicado   22.412   del  24-01-07.   

3  Corte Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre  12 de 2005.     

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