27066(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27066  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No.109  

Bogotá. D. C., veintisiete (27) de junio de  dos mil siete (2007).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas,  lógicas   y   argumentativas   de   la   demanda   de   casación  –excepcional-   presentada   por   el  defensor  de  JOSÉ  IGNACIO TÉLLEZ ROJAS,  contra  la  sentencia proferida el 15 de septiembre del 2006 por  el Tribunal Superior de Bogotá.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  Ad  quem  resumió  la  cuestión  fáctica  de  la  siguiente  manera:   

El  25  de  noviembre  de  1999, pasadas las  cuatro  de  la tarde, en el establecimiento de comercio conocido como COMETALES,  cuyo  objeto  era la compra y venta de chatarra, ubicado en la transversal 89 No  79   –  81,  barrio  Los  Cerezos  de esta ciudad, propiedad del señor JOSÉ IGNACIO TELLEZ ROJAS, fueron  hallados  26  kilos  de  cable  de cobre, que previamente había sido materia de  hurto  a  la  empresa  de  Teléfonos de Bogotá y que a sabiendas de tal origen  éste había comprado.   

2.  Adelantada  la  investigación, el 22 de  marzo  del 2002 la Fiscalía 214 Seccional, dictó resolución acusatoria contra  JOSÉ IGNACIO TÉLLEZ ROJAS,  como       presunto       autor       del       delito      de      receptación,  en  tanto que, a favor de  Manuel  Alfredo  Téllez  Rojas,  precluyó  la investigación, decisión que la  Fiscalía   Delegada   ante  el  Tribunal  confirmó  el  4  de  septiembre  del  2003.   

3.  El  10  de  mayo del 2006, el Juzgado 16  Penal  del Circuito de Bogotá absolvió al procesado del cargo formulado por la  fiscalía.   

4.  La  sentencia  fue  apelada  por el  Fiscal  189  Seccional, en búsqueda de revocación de fallo para que se dictara  uno condenatorio por receptación.   

5.  El  Tribunal  revocó  la  decisión del  A  quo  y,  en  su  lugar,  condenó  al  justiciable a la pena principal de un (1) año de prisión y multa  de   cinco   (5)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  como  autor  responsable  del  delito  de receptación,  consagrado  en  el  artículo  177  del  Código  Penal de 1980,  modificado  por  el  artículo  7º  la  Ley  365 de 1997. También le impuso la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  periodo igual al de la privación de la libertad y le reconoció el derecho  a la condena condicional.   

LA DEMANDA  

Por  la vía de la casación excepcional, el  libelista  reclama  la  protección al debido proceso por desconocimiento de los  artículos 247, 249 y 445 del Código de Procedimiento Penal.   

Cargo único  

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  acusa  la sentencia recurrida de ser violatoria de la ley sustancial  por   error   en  la  apreciación  de  determinadas  pruebas.   

Lo anterior, porque el problema jurídico no  radica   en   determinar   si  JOSÉ  IGNACIO  TÉLLEZ  ROJAS conocía que los 26 kilos de cable de cobre que  tenía  en  su  establecimiento habían sido hurtados a la Empresa de Teléfonos  de  Bogotá,  como desacertadamente lo expone el juzgador, sino en establecer si  realizó   el   delito   de   receptación,   por   el   cual  fue  convocado  a  juicio.   

El  Tribunal sustenta su condena  en el  hecho  probado  de  la  presencia  de  la  carcasa  en las canecas ubicadas a la  entrada  del  establecimiento  de comercio, para colegir que el cable fue pelado  ahí  mismo,  lo  cual  refuerza con el informe de la Policía Metropolitana que  dio  origen al proceso, sobre el hallazgo, dentro del establecimiento COMETALES,  de  diez  carcasas  y  el  cobre de la E.T.B., y la manifestación del capturado  Manuel  Alfredo Téllez Rojas, según la cual él mismo peló el cable y de ahí  la existencia de las carcasas.   

El yerro en que incurrió el Tribunal radica  en  que,  siguiendo el mismo orden de apreciación de las pruebas y atendiendo a  su   capacidad   demostrativa,   se   llega  a  una  conclusión  diametralmente  opuesta.   

En efecto, si la carcasa del cable estaba en  las  canecas  ubicadas  a  la  entrada  del  establecimiento  de  comercio, ello  también  indica que el cable fue pelado allí mismo, digamos que por un indicio  de  proximidad  del elemento incriminatorio con el sindicado, pero ello también  indica  que  el  cable  había  sido  pelado  muy  poco tiempo antes, pues si el  informe  policial  que  es inexpugnable dice que la operación tuvo su origen en  una  llamada  anónima  de que allí había cable de la Empresa de Teléfonos de  Bogotá,  es  lógico  concluir  que  quien  llamó  observó  el  cable  y  muy  seguramente  cuando  era  pelado,  pues  cuando llegaron los policiales el cable  estaba  en  un  cuarto  guardado  en  un  costal  y  no  puede  admitirse que el  informante   tuviera   excelsas   facultades  adivinatorias  para  saber  de  la  existencia   del   cable  guardado  en  un  lugar  que  no  resultó  fácil  de  encontrar.   

Esta  situación,  unida  a  la descripción  hecha  en  el  informe  acerca  de  la  “ACCIÓN TOMADA” demuestra que quien  compró   el   cable   fue   Manuel  Alfredo  Téllez  Rojas,  administrador  de  establecimiento,  el  mismo  que  procedió  a  quitarle la carcasa y, según se  deduce   del  informe  policivo,  la  depositó  en  la  caneca;  además,  como  JOSÉ  IGNACIO TÉLLEZ ROJAS  se  encontraba  de viaje, era imposible que hubiera participado en la compra del  cable.   

El Tribunal, sin fundamento jurídico alguno,  dividió  el  contenido  probatorio  del  documento  policial  para  edificar la  condena  contra  el  enjuiciado,  incluso  con apartes que hacían referencia al  otro  capturado  que  después  fue desvinculado del proceso. Sin razón omitió  circunstancias  que demostraban su inocencia, como el hecho de no estar presente  al  momento de la compra del cable y que el administrador fue quien lo compró y  lo  peló.  Todo esto, sin duda, lleva a una conclusión contraria a la adoptada  en segunda instancia.   

La desvinculación de Manuel Alfredo Téllez  Rojas  no sirve de excusa para desconocer las normas que regulan la apreciación  de  las  pruebas,  para  cargarle  responsabilidad  a  su  hermano  JOSÉ  IGNACIO. Aquél varió su versión  en  la  diligencia  de  indagatoria;  asumió  una  actitud  defensiva  de total  inocencia  frente  a los hechos que motivaron su captura, respondiendo de manera  ambigua  a  las preguntas que se le hicieron para confirmar el informe policial,  sin  que  la  fiscalía  hiciera  nada  para ratificarlo con los uniformados que  participaron  en  el  operativo.  Esa  actitud  fue premiada con la cesación de  procedimiento  y  así  la fiscalía se equivocó al no predicar responsabilidad  penal  en cabeza de éste, situación que ya no tiene arreglo porque se cumplió  a  través  de una decisión judicial ejecutoriada que ha hecho tránsito a cosa  juzgada.   

En  cambio,  el  error  consistente en haber  llamado    a   juicio   a   JOSÉ   IGNACIO   TÉLLEZ  ROJAS  se  puede  reparar  a través de una decisión  justa  que  restablezca  su inocencia, reconocida en la decisión absolutoria de  primera    instancia,    pero    gravemente    quebrantada   en   la   sentencia  impugnada.   

También  se  violentó  el  principio  del  in dubio pro reo, porque de  la  actitud  que  asumió  Manuel Alfredo Téllez, en cuanto negó lo que había  dicho  a  los policiales para pregonar que quien había comprado el cobre era su  hermano,  surge  la  duda  acerca de cuál de los dos realmente lo compró y esa  duda  no podía resolverse a favor de éste, sino del enjuiciado, no solo porque  su  dicho  se  contradice  con  el informe de la policía, sino que no encuentra  apoyo en el acervo probatorio.   

Esta  situación  encuentra  solución en el  artículo  445  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991,  que impone la  absolución  de JOSÉ IGNACIO TÉLLEZ ROJAS.   

CONSIDERACIONES  

1.   La   procedencia   de   la  casación  discrecional    está    supeditada,    en    primer  lugar,     y    sobre  todo,  al  cumplimiento  de  la  demostración de los  presupuestos  a  los  que se refiere el inciso 3º del artículo 205 del Código  de  Procedimiento  Penal,  es decir, a que la decisión que persigue el actor de  la  Corte sea trascendente para proteger o recuperar los derechos fundamentales,  y/o,  a que es menester para la creación, enmienda, actualización o evolución  de la jurisprudencia.   

Y,  en  segundo lugar, como dice al final la  misma  disposición,  a  que se reúnan “los demás requisitos exigidos por la  ley”,   es   decir,   los   prefijados   en   el   artículo   212  del  mismo  estatuto.   

2.  En  el  asunto  que  se examina el actor  estima   vulnerado  el  debido  proceso,  pero  no  indica  la  manera  como  se  quebrantaron  las  bases  esenciales de la instrucción o del juzgamiento de tal  manera   que   surja  incuestionable  la  necesidad  de  invalidar  el  trámite  cumplido.   

No  advierte  que  el desconocimiento de esa  garantía  fundamental  se  traduce  en  la pretermisión de un momento procesal  expresamente  señalado  por  la  ley  para  la  validez  del  siguiente,  o  la  configuración  de  un  acto  procesal  ajeno  a  las previsiones legales que lo  regulan,  de  tal  manera  que  la  única  forma  de subsanarlo sea anulando la  actuación   a   partir   del   momento   en   que  se  configuró  el  supuesto  vicio.   

3.  La  Sala  observa  sin dificultad que el  demandante  se ocupa de una temática por completo ajena al evento escogido para  acceder  a  la  casación  discrecional,  dado que su inconformidad radica en el  mérito  asignado  a  los  distintos  elementos  de  comprobación, sin tener en  cuenta  que  en  esta  sede  no  es admisible enfrentar el criterio del juzgador  porque  la  sentencia  está  revestida  de  la  doble  presunción de acierto y  legalidad.   

El  reparo  por  la  vía  de  la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial hace suponer que la errónea apreciación del  material  probatorio,  sustento de la condena, condujo a una decisión contraria  a  la  verdad  procesal  e  incidió  en  la declaración de responsabilidad del  sentenciado.   

Si  ese  era  el  objetivo del casacionista,  debió  justificar,  puntualmente,  la  necesidad de acudir a este mecanismo por  virtud  de la incidencia negativa del dislate en las garantías fundamentales de  su  representado,  y  a continuación identificar la clase de error que cometió  el  fallador,  esto  es,  un  falso juicio de existencia, de identidad, un falso  raciocinio,  un  falso  juicio  de  legalidad  o  un falso juicio de convicción  –este,   desde  luego,  supremamente excepcional-.   

La  labor del impugnante es contraria a esos  parámetros,  dado  que  su  argumentación  está  orientada  a  cuestionar los  factores  por  los cuales el Tribunal revocó la decisión absolutoria proferida  en  primera  instancia,  con  sustento  en sus propias valoraciones, como cuando  advierte  que  siguiendo  el  mismo  orden  de  apreciación  de  las  pruebas y  atendiendo    a    su    capacidad    demostrativa,    se    llega   a   diversa  conclusión.   

El recurrente no puede, sin más, cuestionar  la  fuerza  de  convicción  que  le  otorgó  al conjunto probatorio, porque el  juzgador  goza  de  cierta discrecionalidad para formar su convencimiento acerca  de  lo  ocurrido  y de la responsabilidad del procesado. Ese margen de movilidad  se  encuentra  limitado  por  la sana crítica, como método de apreciación que  opera en el sistema penal colombiano.   

Si el problema radica en que los juicios del  sentenciador  desconocen  de  manera  evidente los principios de la lógica, las  reglas  de la ciencia o las máximas de la experiencia, es necesario incursionar  en  un riguroso análisis que haga manifiesto, por la vía del falso raciocinio,  ese  desconocimiento  y  la  manera como derivó en una decisión contraria a la  verdad que revela el proceso.   

En las misma deficiencias argumentativas y de  técnica  incurre  el  demandante  al  momento  de  postular, adicionalmente, el  desconocimiento  del  principio  in  dubio  pro  reo,  pues  para  intentar  su  demostración nuevamente se  vale  de  sus  propias  creencias, cuando debió enfrentar los razonamientos del  sentenciador  para  demostrar  la  comisión  de  evidentes  errores, capaces de  derrumbar la declaración de responsabilidad contra el procesado.   

Así   las  cosas,  es  evidente  que  los  argumentos  del  casacionista  resultan  ajenos  al  propósito  de la casación  discrecional, razón suficiente para inadmitir la demanda.   

En  síntesis,  el  actor  no  comprobó  la  infracción  de  garantías esenciales, y del escrito que hizo llegar a la Corte  no  se  desprende  la  concurrencia  de ese presupuesto de la forma de casación  formulada,  como  tampoco la observancia de los requisitos jurídicos y lógicos  mínimos en la estructuración de la demanda.   

Como, de otra parte, no se aprecian causales  protuberantes  de  nulidad,  ni  lesión  de  los  derechos fundamentales de las  partes, la Corte no puede actuar oficiosamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  JOSÉ   IGNACIO   TÉLLEZ   ROJAS  y,  en  consecuencia, declarar desierto el recurso.   

2.  DEVOLVER  la  actuación al Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                        

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                 JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                                                                                      

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                     JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                     

MAURO    SOLARTE    PORTILLA                                               JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Teresa Ruiz Núñez  

         Secretaria   

    

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