26976(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26976  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 73  

Bogotá,  D. C., mayo dieciséis (16) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Se  decide acerca de la admisibilidad de las  demandas  presentadas  por  los  defensores  de  TIRSO  GONZÁLEZ  OBREGÓN y SERGIO TULIO GIRALDO IMBAQUÍN, a  través  de  las  cuales sustentan el recurso de casación interpuesto contra la  sentencia  del 11 de agosto de 2006, por cuyo medio el Tribunal Superior de Cali  confirmó  con  algunas  reformas  la  proferida  el  13 de junio de 2005 por el  Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de la misma sede.   

HECHOS  

El 20 de septiembre de 2001, aproximadamente  a  la  1:30 pasado meridiano, varios individuos, algunos de ellos pertenecientes  a   la   agrupación  subversiva  autodenominada  FARC  y  quienes  habían  con  anterioridad  participado  en ilícitos de similar connotación, mediante el uso  de  un  camión  carpado  verde y una camioneta marca Mazda B-2000, azul oscuro,  obstruyeron  el  paso  del bus del colegio Colombo Británico cuando se dirigía  por  la  vía  que conduce al corregimiento de Pance, jurisdicción de la ciudad  de  Cali.  De  los  automotores  primeramente citados descendieron tres sujetos,  quienes  provistos  de  armas  de  fuego  abordaron  el vehículo escolar y tras  intimidar  a sus ocupantes, sacaron de allí a la fuerza a la menor Laura  Ulloa  González, emprendiendo luego  la  huida,  para  posteriormente  exigir la entrega de una gruesa suma dineraria  por su rescate.   

ACTUACION PROCESAL  

1.- Con base en la denuncia formulada por el  señor     Juan    Armando    Ulloa    Velasco,  padre  de  la  víctima,  el  20  de septiembre de 2001 la  Fiscalía  19  Especializada  dispuso la iniciación de investigación previa, a  cuya  culminación  decretó,  el 13 de marzo del siguiente año, la apertura de  instrucción penal.     

2.-  En  el  curso  de  la investigación se  vinculó  a Edward Paz Tovar, TIRSO GONZÁLEZ OBREGÓN,  Mary  Hurtado  Gómez, Luis Eduardo Sandoval Collazos,            SAMUEL EDUARDO MESA REYES,  EFRAÍN  MONTENEGRO,  César  Augusto  Salazar  Núñez,  SERGIO  TULIO  GIRALDO  IMBAQUÍN  y  Nilsen  Darío  Guerrero  Zamora,  a los  primeros  mediante indagatoria y al último a través de declaratoria de persona  ausente.   

3.-  Luego  de  resolverse  la  situación  jurídica   de   los   vinculados,   el  31  de  octubre  de  2002  Edward  Paz  Tovar  se acogió al mecanismo  de  sentencia  anticipada,  por  cuya  razón se produjo la ruptura de la unidad  procesal.  El 22 de noviembre siguiente se clausuró la instrucción únicamente  en    relación    con    Luis    Eduardo   Sandoval  Collazos,  produciéndose  una  nueva  ruptura  de  la  unidad  procesal.  Finalmente,  el  23  de  junio  de 2003 se decretó el cierre  respecto de los demás procesados.   

4.-  Mediante  proveído del 4 de septiembre  del  precitado  año,  el  Fiscal  de la investigación calificó el mérito del  sumario  con  resolución  de  acusación  contra TIRSO  GONZÁLEZ  OBREGÓN,  SAMUEL EDUARDO MESA REYES, SERGIO TULIO GIRALDO IMBAQUÍN,  Nilsen  Darío Guerrero Zamora y EFRAÍN MONTENEGRO, al  primero  a  titulo de coautor del delito de secuestro extorsivo agravado y a los  restantes  por  ese  mismo  punible,  en concurso con rebelión y concierto para  delinquir.  En  la  misma  decisión,  se  precluyó  la instrucción a favor de  Mary   Hurtado   Gómez   y  César    Augusto    Salazar    Núñez.   

5.-  Por  apelación  interpuesta  por  el  defensor       de      GONZÁLEZ      OBREGÓN,  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior confirmó  el   pliego   acusatorio,   según  decisión  del  11  de  noviembre  de  2003.   

6.-  Correspondió  adelantar  el  juicio al  Juzgado  Primero Penal del Circuito Especializado de Cali, cuyo titular realizó  las  audiencias  preparatoria y de juzgamiento y luego profirió la sentencia de  primer  grado,  por  cuyo  mérito  condenó  a  TIRSO  GONZÁLEZ  OBREGÓN  a  las  penas  principales de 300  meses  de  prisión y 2.875 salarios mínimos legales mensuales de multa, por el  delito  de  secuestro  extorsivo  agravado,  a  SAMUEL  EDUARDO  MESA  REYES y EFRAÍN  MONTENEGRO  a  las  penas  principales de 336 meses de  prisión  y  2.900  salarios mínimos legales mensuales de multa, por el punible  antes  citado,  en  concurso  con  rebelión  y  concierto  para  delinquir, y a  SERGIO    TULIO   GIRALDO   IMBAQUÍN   a  las  penas  principales  de  57  meses  de prisión y 25 salarios  mínimos  legales  mensuales,  por  razón  de  los ilícitos contra el régimen  constitucional  y  la  seguridad  pública  en  mención,  el primero de estos a  título de cómplice.     

En  la  misma  decisión,  el  a     quo    impuso    a    GONZÁLEZ,      REYES,     MONTENEGRO       y       GIRALDO  la  accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones públicas, a los tres primeros por el lapso de 10 años y  al  último  por  el término de 57 meses. Allí mismo, dispuso la nulidad de la  actuación  a  partir,  inclusive,  de  la  clausura  de  la  investigación con  respecto   al   procesado   Nilsen   Darío  Guerrero  Zamora.   

7.-  El 22 de agosto de 2005 el juzgado  de  primera  instancia  adicionó  la  parte  resolutiva  de  su sentencia, para  absolver    a    GIRALDO    IMBAQUÍN   por razón del punible de secuestro extorsivo agravado.   

8.- Contra el fallo en mención interpusieron  recurso   de   apelación   los   defensores   de   los   acusados  TIRSO  GONZÁLEZ  OBREGÓN  y SAMUEL  EDUARDO  MESA  REYES, así como la  Procuradora  Judicial  en  lo penal, esta última con la finalidad de obtener la  revocatoria  de la absolución que favoreció a GIRALDO  IMBAQUÍN   y   la   modificación  de  la  forma  de  participación  en  la rebelión, para en vez de cómplice procurar su condena a  título de autor.   

9.- Mediante la sentencia que fue objeto del  recurso  de  casación objeto de examen, el Tribunal Superior de Cali, previa la  revocatoria  de rigor, condenó a          SERGIO   TULIO   GIRALDO  IMBAQUÍN   por  el  punible  de  secuestro  extorsivo  agravado. En tal  virtud  y  variando,  igualmente,  la  forma  de  participación  respecto de la  rebelión,  en  cuanto  lo  consideró  autor,  le  impuso,  en  definitiva, las  sanciones  principales  de  348  meses  de  prisión  y  2.925 salarios mínimos  legales   mensuales   de   multa.   En   lo   demás,   confirmó  el  fallo  de  instancia.    

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

La   demanda   de   casación,     además     de    los    requisitos    de    oportunidad    y  procedibilidad         respectivos,  debe reunir  unos  presupuestos  mínimos  de  coherencia y lógica argumentativa que son los  que  la  diferencian  de  los  alegatos  propios  de  las instancias.  Esas  exigencias  surgen  de  lo  previsto en el numeral 3º del  artículo  212  de la Ley 600 de 2000, conforme al cual es necesario enunciar la  causal  y  formular  el  cargo  con  indicación en forma clara y precisa de sus  fundamentos  y  de  las normas que el demandante estima infringidas.   

Sólo   si   se  cumplen  esos      presupuestos     mínimos  tendrá  la  demanda idoneidad para desvirtuar la doble presunción de legalidad  y   acierto   de   que   está  revestida  la  sentencia  atacada  y  demostrar,  consecuencialmente,  que  la  decisión  judicial quebranta de manera frontal el  derecho  sustancial  o  vulnera  las  garantías constitucionales de los sujetos  procesales.   

Pues  bien, entrará la Sala a examinar por  separado  las dos demandas de casación formuladas contra la sentencia proferida  por   el   Tribunal   Superior   de  Cali,  para  determinar  si  cumplen  esos  requisitos  a  que  se hizo  referencia   anteriormente.   El   análisis,  por  razones  metodológicos,  se  realizará  conjuntamente  con  la mención de los argumentos expresados por los  demandantes para sustentar los cargos que proponen.   

1)  Demanda  presentada  a  nombre de TIRSO  GONZÁLEZ OBREGÓN.   

Cinco  cargos formula el defensor contra la  sentencia  del Tribunal, el  primero  al amparo de la causal tercera de casación, el segundo con apoyo en la  causal  primera, cuerpo primero, y los tres restantes bajo la égida de la misma  causal primera, apartado segundo.   

a)   Primer  Cargo. Nulidad:   

El  impugnante  aduce  que  la sentencia se  pronunció  en  un  juicio  viciado de nulidad por tres  razones.  La  primera  la  hace  consistir  en que el proceso se diseñó con el  objetivo  de acusar inocentes, y es así como el único testigo de cargo, señor  Efraín  Montenegro,  fue  presionado  para  que inculpara al procesado GONZÁLEZ  OBREGÓN,  situación  que  al  ser  ignorada  por el  fallador desconoció el principio de legalidad.   

La segunda la orienta a señalar que en los  fallos   de  primera  y  segunda  instancia  no  se  respondieron  los  alegatos  defensivos,  limitándose  los juzgadores a efectuar citas y transcripciones del  único  testigo.  Esa  omisión,  en su concepto, vulnera el debido proceso y el  derecho de defensa.   

Y     la     tercera     estriba  en  que  las  pruebas ordenadas de oficio se encaminaron a  demostrar  la responsabilidad del procesado, sin que se tratara de verificar sus  descargos,  vulnerándose de esa forma el principio de imparcialidad, tanto más  cuando  las  pocas  pruebas  o  bien  se  ignoraron, ora se les buscó torcer su  sentido,   y  adicionalmente  porque  “estando   detenidos  los  procesados  se  les   entró  a  efectuar  reconocimiento   en  álbum  fotográfico”,    sin   la   presencia   de   sus  defensores.   

Según el censor, las referidas situaciones  constituyen   un   conjunto   de  actuaciones  irregulares  que  “destruyeron  el  debido  proceso  en  perjuicio  de  las garantías  constituciones  del  procesado”,  por  cuya  razón  solicita  declarar  “la nulidad absoluta de todo el  proceso”.  A  pesar  de  esto, más adelante pidió  declarar  la  nulidad “sobre la totalidad de los dos  fallos”,  así  como  cambiar  la  radicación  del  proceso  en  funcionarios  distintos,  pues  quienes  conocieron  de la causa se  encuentran inhabilitados para resolver nuevamente de fondo.   

Lo  primero  que  advierte la Corte en este  reproche  es  la  manifiesta  vulneración  por  parte  del  demandante  de  los  principios  de  autonomía  y  no contradicción que gobiernan el extraordinario  recurso    de   casación.   El   primero  de  ellos,  porque,     de     una     parte,     refunde  en un  mismo  cargo  errores  de  actividad y de garantía, los cuales por su naturaleza  y  alcance  debieron  ser  expuestos  en  reproches diferentes, como lo exige el  rigor  argumentativo  que  es  propio de la casación.   

Al   respecto,   obsérvese   cómo   la  consecuencia      invalidatoria      de  los yerros aducidos por el actor sería distinta en cada uno de  ellos.  En  efecto,  si  se  afirma  que  el proceso se inició para inculpar a un  inocente,      esa  circunstancia,     según     el    enfoque    del  demandante,  conduciría a  la   nulidad   integral  del  mismo. En cambio, si  se   sostiene  que  los  juzgadores  no  respondieron  los  alegatos  expuestos  en  la audiencia y en el  recurso     de     apelación,     habría     que     invalidar    solamente   la  sentencia  de  segunda  instancia.   Y   si,   finalmente,  se  pretende  demostrar  violación  al principio de imparcialidad por  no  decretarse las pruebas que favorecen al procesado, lo propio sería decretar  la nulidad a partir de la etapa probatoria del juicio.   

Y de otra parte, por cuanto al plantear la  situación   atinente  a  la  violación  del  principio  de  imparcialidad,  el  impugnante  simultáneamente  acusa  al  sentenciador de incurrir en errores que  son  propios  de  otras  causales  de  casación  y que, en tal virtud, debieron  igualmente  exponerse  mediante  cargos separados. Es así como, sin distinción  alguna,      refiere     primero     que   el   fallador  ignoró  algunas  pruebas    y    torció   el   sentido   a   otras,   mientras   “entró   a   hacer   reconocimiento”  fotográfico sin defensor.   

La  no  apreciación  de  pruebas  o  la  tergiversación  de  su  sentido configuran errores de hecho por falso juicio de  existencia  y de identidad, respectivamente, mientras  la  valoración  de  elementos  de  convicción  aducidos  al  proceso  sin  los  requisitos  legales  previstos  para  el  efecto  constituye  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad. En tal virtud, su  presencia  se debe denunciar a través de la causal primera de casación, cuerpo  segundo, esto es, violación indirecta de la ley sustancial.   

El  principio  de  no contradicción, a su  turno,  es  desatendido por el libelista cuando primero pide declarar la nulidad  de  “todo el proceso”,  para    luego    solicitarla   solamente   respecto  de los fallos de instancia. Esa última pretensión,  sin  duda,  se  contrapone  a  la  primera,  porque  ella  supone admitir que la  actuación  precedente  se  surtió  con apego a la ritualidad legal establecida  para   el   efecto,   admisión  que,  sin  embargo,  es  contradicha  con  la  solicitud  de invalidar la  totalidad de la actuación.   

Aparte   de  las  comentadas  falencias,  advierte  la  Sala  que  la formulación del cargo es sí mismo incompleto, ello  porque  el  actor  no  explicó  y mucho menos demostró la trascendencia de los  vicios  que  aduce  como  constitutivos de nulidad, cometido que le era exigible  según  los  términos  del  numeral 2º del artículo 310 del estatuto procesal  penal  de  2000,  que consagra los principios orientadores de las nulidades y su  convalidación.   

En  efecto,  en  torno  al  primero  de  esos  vicios,  es  decir,  que  el  proceso  se  inició  con      el     objetivo     de     inculpar   a   inocentes,  el  demandante  se  limita  a  efectuar  afirmación  escueta  en  ese    sentido    sin    ofrecer    razones    y    mucho   menos   precisar  las  pruebas  sobre  las cuales sustenta dicha prédica.  Por  lo  demás, tampoco explicó de qué manera la aducción ilegal del inicial  testimonio    de   Efraín   Montenegro   se   transmitió   a  la      restante      actuación  procesal para afectarla de  nulidad,  cuando  es  claro  que, por regla general,  vicios  de  esa  naturaleza  sólo  comprometen  la  existencia de la respectiva  prueba,  sin  contaminar  el  trámite  surtido  con  anterioridad o con posterioridad.   

En cuanto se refiere a la no contestación  de  las  alegaciones  expuestas  en  la  audiencia  pública  y en el escrito de  sustentación  de  la apelación, el libelista se sustrajo a fundamentar de qué  manera   la   endilgada   omisión   de  los  falladores  le  impidió  ejercer en debida forma el derecho  de   defensa   de   su  representado.     

Y    frente    a    la    aducida  violación  del  principio de imparcialidad, se tiene que  el   censor   no  señaló  qué  pruebas  dejó  de  practicar  el  juzgador  y mucho menos explicó cómo ellas tenían la capacidad  de variar el sentido de la decisión adoptada por el Tribunal.   

b)    Segundo    cargo.    Violación  directa:   

Aduce la violación directa del numeral 4º  del  artículo  170  del  estatuto  procesal  penal  de  2000,  por  cuanto  los  falladores   de   primer   y  segundo  grado  omitieron  dar  respuestas  a  los  razonamientos       defensivos      expuestos  en  la  audiencia  pública  y  en la sustentación del  recurso  de  apelación. Las sentencias, según consideró, acusan así defectos  de  motivación  constitutivos  de  violación  al  debido proceso, en cuanto se  trata  de  “un  problema jurídico de carácter in  procedendo”,  que condujo a negar a los implicados  los principios de presunción de inocencia y buena fe.   

Haciendo expresa referencia a algunos temas  respecto  de  los  cuales  no  se  pronunciaron los falladores, el censor pidió  casar  la  sentencia  para,  en  su  lugar, dictar absolución por razón de los  cargos atribuidos al procesado.   

La  falta  de  claridad con que se plantea  este  reproche  es  evidente.  Porque  a pesar de que el actor acude a la causal  primera   de   casación   para  denunciar  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, el  desarrollo  del cargo lo  orienta a demostrar la vulneración  del  debido  proceso,  trasladando entonces la discusión a los terrenos propios  de  la  causal  tercera  de casación, aun cuando con  argumento  similar  a  uno  de  los  que  utilizó  en  la  primera censura para  pretender  la  nulidad de la actuación, esto es, que  los  falladores  no  dieron respuesta a las alegaciones defensivas, sin   cumplir   aquí   tampoco   la   obligación  casacional  de  fundamentar la trascendencia de ese supuesto vicio.   

Adicional  a  lo  anterior,  el impugnante  incurre  en  la  impropiedad  de  citar  como  violada  una  norma  de carácter  meramente  instrumental,  como  lo  es el numeral 4º  del    artículo   170   del   estatuto   procesal  penal, norma que contempla la forma de redacción de  las   sentencias,  cuando  por  vía  de  la  causal  primera  de  casación  es  imprescindible    denunciar    la    violación    de   normas   de   naturaleza  sustancial.   

c) Tercer cargo.  Violación indirecta por error de derecho:   

En concepto del casacionista, el testimonio  de  Efraín Montenegro se  produjo  y  aportó al plenario con violación de las  formalidades  prescritas en la ley para el efecto, por cuanto su declaración no  fue   “producto  del  libre  albedrío”  sino  consecuencia  de  las torturas y presiones indebidas de  que  fue víctima por parte de miembros de la Sijín, en orden a que falseara lo  ocurrido          para         inculpar al  procesado de la comisión de un delito en el cual no tomó parte.   

Expresó  el  censor  que la irregularidad  advertida   se   demuestra   con   el  testimonio  que  el  propio  Montenegro  vertió  en  la  audiencia  pública,   cuando  bajo  la  gravedad  del  juramento  dio  cuenta  acerca  del  constreñimiento  de  que  fue  objeto.  Fundamenta  la trascendencia del error,  señalando  que  el testimonio rendido por el aludido en la etapa instructiva se  erige  en  el  único  fundamento probatorio con el cual se soportó la condena,  por   cuya   razón   pidió  casar  la  sentencia  para  absolver  al  acusado.   

El  error  de  derecho por falso juicio de  legalidad  se presenta cuando el sentenciador aprecia una prueba que fue aducida  al  proceso con violación de las formalidades legales prescritas para el efecto  o  la  deja de valorar con  el  falso  argumento  de  que   su   aportación   se   produjo  con   desatención   de   esos   presupuestos  formales.  Para  su  demostración,  es  necesario  que  el actor identifique el elemento probatorio,  precise  la irregularidad cometida o los fundamentos inexactos con los cuales el  juzgador lo estimó ilegal y exponga la trascendencia del error.   

En  el caso que concita la atención de la  Sala,  se advierte que el libelista hace referencia a  la   primera   de   las  formas  mediante  las  cuales  se  manifiesta  el  falso  juicio  de legalidad. Además, identifica la prueba  respecto  de  la cual recayó la presunta  ilegalidad,  y al efecto refiere que  se  trata  del  testimonio  rendido  en  la  etapa  instructiva por Efraín  Montenegro. No obstante,  se  tiene que, de acuerdo con su exposición, el vicio no  deviene  de  una  actuación ocurrida en desarrollo de la práctica de la prueba  sino  de las presuntas torturas que, previamente, habrían ejecutado miembros de  la Sijín sobre el testigo.   

Siendo así la situación, es indudable que  para    que   el   cargo   tuviera   vocación   de   prosperidad   le  correspondía  al actor ofrecer razones orientadas a demostrar  que  el  funcionario  judicial participó en tales torturas o las consintió con  el   objetivo   de   obtener   del  testigo  una  declaración  contraria  a  la  realidad,  vulnerando así la exigencia legal de que  el  testimonio  se  rinda  de  manera libre y con el único apremio derivado del  juramento.  Tal obligación casacional no la cumplió  el actor.   

De  otro  lado,  se  tiene  que no resulta  cierto   que   el  inicial  testimonio  rendido        por        Efraín  Montenegro  haya  sido  el  único fundamento con el  cual  el  fallador  edificó  la  condena.  En  efecto,  aparte de esa probanza,  aducida  al  proceso  el  11 de marzo de 2002, el Tribunal soportó la sentencia  con   la   declaración   de  indagatoria  vertida  por  el  mismo  Montenegro  el  2  de  julio del mismo  año,   donde   éste  también  atribuyó  a  TIRSO  GONZÁLEZ  participación  en  el  secuestro  de  la  menor   Laura   Ulloa  González,  y, además, con la evidencia devenida de  la  incautación  al prenombrado y a Edward Paz Tovar  de    dos   aparatos  celulares,  en  uno  de los cuales aparecía registrado que del mismo se mantuvo  permanente  comunicación a través de otro que se utilizó para la negociación  de la secuestrada.   

d)  Violación  indirecta por error de hecho:   

Endilga  al  fallador  incurrir  en falso  juicio   de   existencia   por  ignorar  cuatro  testimonios  recaudados  en  la  actuación,   que   de   haber   sido  apreciados  en la sentencia “habrían  cambiado  radicalmente  la  suerte  del  proceso”.  Según  señaló,  tales  testimonios  son  los  de  Alexánder  Vélez  Bohórquez,  Edward  Paz  Tovar,  Efraín Montenegro  y  el  rendido  por  un  empleado  oficial  cuyo  cargo     es     guardabosques     de     parques  regionales.   

Los  dos  primeros,  añadió  el censor,  declararon  que  para  el  20 de septiembre de 2001, fecha en que ocurrieron los  hechos,      TIRSO     GONZÁLEZ     se  encontraba  en la ciudad de Bogotá, de manera que al no tener  el  don   de  la  ubicuidad  no  pudo  participar en el delito. El tercero,  prosiguió,  confesó  en  la  audiencia  pública  que  cometió  una  falsedad  testimonial  al  acusar  al  procesado, a pesar de no  conocerlo.  Y el cuarto, testigo que había declarado  que  podía  reconocer  a  quien conducía el automotor donde se trasladaban los  secuestradores,  al  efectuarse  diligencia  fotográfica  con  ese  propósito,  empero,     no     reconoció     a     GONZÁLEZ  OBREGÓN.   

De esa forma, solicitó casar la sentencia  para dictar la absolución de rigor.   

El  error  de  hecho  por falso juicio de  existencia,  según  lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia  de  esta Sala, se  presenta  cuando el sentenciador ignora alguna prueba  válidamente  aportada  al  proceso  o  inventa  una  que  no  se recaudó en el  trámite del mismo.   

El   falso  juicio  de  existencia  por  omisión,   que   es   el   primero   de  los  dos  eventos  antes  reseñados,   no   se   presenta  cuando  el  juzgador,  como  consecuencia  del  análisis  del conjunto probatorio con  fundamento   en   el   cual  soporta  su  decisión,  simplemente  desestima  tácita  o  expresamente  el  valor  suasorio  de  determinada  o  determinadas  pruebas  por contraponerse al  alcance   demostrativo   de   otras   que   consideró   con   mayor   poder  de  convicción.   

Lo anterior es justamente lo que acontece  en  el  caso  objeto  de  estudio. Si se examinan los  fallos  de  primera  y segunda instancia que, como es bien sabido, conforman una  unidad   jurídica,   sin  dificultad  se  concluye  que  los  sentenciadores  desestimaron  el  valor probatorio de las pruebas que  echa  de menos el actor, en el caso del testimonio de  Edgard  Paz Tovar y de la  declaración   rendida   por   Efraín   Montenegro  en la audiencia pública,  incluso,  en  forma  expresa, al arribar a     la    convicción,  a  partir  del  análisis  de  otros  elementos  de  prueba, como las versiones iniciales  del  propio  Montenegro,  que      el     procesado     TIRSO     GONZÁLEZ  OBREGÓN   participó   en   el   plagio   de   la  menor   Laura   Ulloa  González,  al punto de ser quien condujo el camión  con  el  cual  se  obstruyó  el  paso  del  autobús  en  el  cual  se movilizaba la víctima.      

Siendo   así   la   situación,  surge  claramente  evidente  la  errada  formulación  del  cargo,  pues  el  actor  no debió denunciar la incursión en un falso juicio de  existencia, sino postular  la  presencia  de un falso raciocinio respecto de las  pruebas  que  llevaron al fallador a desechar la credibilidad de los testimonios  que  situaban  al acusado lejos del escenario de los acontecimientos, obviamente  mediante  la  demostración  de  los  presupuestos  propios  de  ese  motivo  de  casación, tarea que no acometió.   

e)  Violación  indirecta  por  error  de  hecho:   

Predica la presencia de un error de hecho  por  falso juicio de identidad, en cuanto el fallador tergiversó o distorsionó  el   sentido   de   la  prueba  para  “falsear  su  expresión  fáctica”.  Al respecto señala que la  sentencia  se  fundamentó  en  conjeturas,  porque del uso de unos celulares en  otros    punibles    se    infirió    el    modus  operandi,   a   pesar   de   que   a   TIRSO  GONZÁLEZ  nunca se le incautó  artefacto  de  esa naturaleza. Considera entonces que se produjo “una   desviación   en   la  inferencia  lógica  deducida  en  la  sentencia,  ya  que  el  acervo  probatorio  no  indica  o  infiere lo por ellos  concluido en dicha afirmación”.   

El reproche en sí mismo es confuso, pues  de  su  desarrollo  no  se  puede  precisar  cuál es la prueba que el fallador,  según  el actor, tergiversó en su expresión fáctica. Es más, pareciera que,  en  el fondo, lo que cuestiona aquí es el proceso de  formación    del   indicio   de   modus   operandi  que  edificó  el  sentenciador  con  sustento en la  incautación al procesado de un aparato celular.   

Por  vía de casación, lo tiene dicho la  Corte,  es  factible impugnar el proceso de formación del indicio, para lo cual  el  demandante puede atacar bien el hecho indicador, ora el razonamiento lógico  del  cual  se  extrae la  conclusión          respectiva.  En  el caso en estudio, el actor no  es  claro  en  señalar  cuál  fase  de ese proceso  cuestiona,   y   antes   bien   ambigua   y   contradictoriamente  sostiene  que al acusado no  se  le  incautó celular alguno, pero al propio tiempo predica  la  existencia de “una desviación en la inferencia  lógica”, aunque en ese último caso no explica en  qué consistió la misma.    

Por lo demás, es incuestionable que si su  pretensión  era  atacar  el  hecho  indicador por no aparecer demostrado que al  acusado  se  le incautó aparato telefónico de la naturaleza aludida, no debió  aducir  la presencia de un falso juicio de identidad,  sino   denunciar   un  falso  juicio  de  existencia  por  suponerse  la  prueba  demostrativa  de  la incautación de dicho artefacto.   

        Adicionalmente,  se  tiene  que  el  libelista no explicó en qué  forma  el  mencionado error influyó en la decisión del Tribunal ni mucho menos  fundamentó  la  forma  como,  de  no  haberse incurrido en el mismo, el sentido  del  fallo  hubiese sido  radicalmente distinto al finalmente adoptado.   

        Se   sigue   de   lo   hasta   aquí   expuesto  que  ninguno  de  los cargos formulados en la demanda objeto de estudio  satisface  los  presupuestos  de  coherencia  y  lógica  argumentativa  que son  inherentes  al  recurso  de  casación,  siendo  entonces imperativo que la Sala  inadmita dicho libelo, y así se hará.   

2)  Demanda presentada a nombre de SERGIO  TULIO GIRALDO IMBAQUÍN.   

        Postula  dos  cargos,  ambos  con sustento en la causal primera de  casación, cuerpo segundo.   

     

a. Primer      cargo.     Error     de  hecho:     

Aduce que el Tribunal incurrió en error de  hecho      “por      falso      juicio      de  raciocinio”, en cuanto al apreciar las pruebas les  asignó  un mérito que viola los principios de la sana crítica. De esa manera,  añadió,  aplicó  indebidamente  el  artículo  232  de  la  Ley  600 de 2000,  conforme  al  cual no se podrá dictar sentencia condenatoria sin que obre en el  proceso  prueba  que  conduzca  a  la  certeza  de  la  conducta punible y de la  responsabilidad del procesado.   

Esa  certeza,  añadió, no aflora en este  caso,  y  por  ello  pidió  revocar  la  sentencia  para, en su lugar, absolver  a   GIRALDO  IMBAQUÍN  respecto del delito de secuestro extorsivo agravado.   

El falso raciocinio, como correctamente se  denomina  esta  modalidad de error de hecho, se configura cuando el juzgador, en  el  análisis  del  conjunto  probatorio  incorporado  al plenario, desconoce de  manera    ostensible   los   principios   de   la   sana   crítica.  Para  demostrar  este  yerro, es necesario que el censor precise  los  postulados  lógicos, las reglas de la experiencia o las leyes científicas  que  el  fallador  quebrantó e indique, mediante la  explicación  pertinente,  cuáles  fueron  los  principios  de  esa  naturaleza  que,   en  su  defecto,  debieron  aplicarse en la decisión  y    con    los    cuales   el   sentido   de   la   misma   sería   totalmente  diferente.    

En  el  caso  que ocupa la atención de la  Sala,  el  actor  no cumplió con tal deber argumentativo. Se limitó a señalar  de  manera  genérica  que  el sentenciador al valorar la prueba “faltó  a  la lógica, a la experiencia  y  a  la sana crítica”,  pero  no  expresó  cuáles postulados de ese método de apreciación probatoria  desatendió  el  Tribunal  y  cuáles,  en  vez  de ellos, debió aplicar éste.   

En  realidad, el actor lo que ofrece es su  propia  visión  frente  al  alcance  suasorio del acervo probatorio,   pretendiendo   que  la  Corte  la  acepte  y,  en  cambio,  rechace  la  del fallador de segundo grado, modo de proceder inadmisible en sede  de   casación,   donde   es   necesario   demostrar  la  presencia  de  errores  manifiestos   en   la  apreciación   de  las  pruebas  y  ello  sólo  se  logra  si  se  acredita  la  vulneración   protuberante  de  alguno de los principios de la sana crítica.   

Esa  postura  del  libelista  salta  a  la  vista   cuando,   para   cuestionar   uno   de  los  razonamientos   que   el   ad   quem   empleó   en   orden  a  deducir    la    responsabilidad    del   procesado   GIRALDO  IMBAQUÍN,  conforme  al cual  varias  de  las  llamadas  extorsivas se efectuaron desde el abonado telefónico  situado  en la residencia donde pernoctaba éste, opuso el argumento consistente  en  no  estar  demostrado en el proceso que las llamadas las realizó el acusado  en mención.   

Y  también  se aprecia cuando   en   relación   con  la  inferencia incriminante que extrajo el sentenciador de segundo  grado  a  partir  del  hecho  de  hallarse  en  poder del procesado un teléfono  celular,  a través del cual, igualmente, se negoció la entrega de la víctima,  el   casacionista   aspira  que  se  otorgue  credibilidad  a  lo  expuesto  por  SERGIO  TULIO  GIRALDO en  su  indagatoria, en el sentido de que el móvil lo tuvo éste solo durante cinco  o  seis meses y de manera intermitente, tiempo durante el cual fue utilizado por  otras personas.   

Refulge  de lo expuesto que el impugnante,  al  formular  el  primer  cargo,  no cumplió la carga argumentativa orientada a  demostrar   el  falso  raciocinio  que  aduce.    

b)     Segundo     cargo. Error de hecho:   

        Con    argumentos    similares    a    los    expuestos   para   sustentar   el  precedente  reproche,  a  los  que  adiciona otros encaminados a  demostrar    que    el    ad   quem   incurrió  al valorar la prueba en el uso de sofismas de petición  de  principio,  el  censor  denuncia  en  el segundo  cargo       la  incursión,  igualmente,  en  un  error  de  hecho por falso raciocinio. Su pretensión, según se infiere  del   contexto   de  la  demanda,   es   obtener   la   absolución  también  por el delito de rebelión.   

        Reiteradamente,  la  Sala ha    sostenido    que    constituye  presupuesto  ineludible  para  acudir al recurso extraordinario de casación que  en  su momento se hubiese  apelado  el  fallo  de primera instancia, postura que  “encuentra   justificación   en   el   principio  general  de  derecho  procesal  que  vincula  a  la  impugnación  con  el  interés para ejercitarla, el cual se entiende surge para  quien  sufre  un  agravio  concreto  con la decisión cuya reforma se pretende a  través  del  recurso”1.   

La      anterior     regla,    lo    ha   dicho   también   la   Corte,   tiene   como  excepciones  los casos en  que  “la sentencia recurrida estuviere sometida al  grado  jurisdiccional  de  consulta,  ii)  se  hubiera desmejorado la situación  jurídica   del  recurrente  en  sede  extraordinaria  por  virtud  del  recurso  interpuesto  por otro de los sujetos procesales o por los efectos vinculantes de  la    sentencia    de    segunda    instancia   y   iii)   cuando   se   aleguen  nulidades”2.   

        En  relación con lo anterior, se ofrece necesario precisar que el  interés  jurídico,  cuando  se agrava la situación del procesado en virtud de  la  apelación  interpuesta por otro sujeto procesal, surge respecto de aquellos  aspectos  que  se  desmejoraron  en  sede  de segunda instancia con referencia  a  los  resultados  de  la  decisión  de primer grado, no así frente a aquellos  tópicos    que    mantuvo    incólume    el    ad  quem,  pues en   cuanto   a   ellos  y  en relación con los cuales manifestó conformidad al no apelar  la    sentencia    del    a    quo,   no  es  dable afirmar que el recurrente  en      casación      sufrió      agravio      por     parte     del  superior.   

        En  el  caso  que  concita  la  atención de la Sala, se tiene que  ni    el   procesado  GIRALDO  IMBAQUÍN ni su  defensor  apelaron  el fallo proferido por el Juzgado Primero Penal del Circuito  Especializado  de Cali, pese a que allí se condenó a aquél por los delitos de  concierto  para delinquir y rebelión, este último a  modo  de  cómplice.  La  sentencia  sí  fue  impugnada  por  el  Ministerio  Público,  por  cuya virtud  el  Tribunal Superior de  la  citada  ciudad  condenó adicionalmente al acusado en mención por el delito  de   secuestro   extorsivo   agravado,   además   que  modificó  el  grado  de  participación    en    la    rebelión    para    de    cómplice   pasarlo   a  autor.    

        Significa  lo  anterior  que la defensa  sólo  ostenta  interés  para  impugnar  por  vía de casación la sentencia de  segundo  grado  en  lo  que  concierne  a la condena por el punible de secuestro  extorsivo  agravado  y  a  la  variación  del  grado  de  participación  en la  rebelión,  no  así frente a la declaratoria de responsabilidad contenida en el  fallo  de  primera instancia en punto a los punibles de concierto para delinquir  y  rebelión,  pues  en  relación con esas condenas el procesado que recurre en  casación  a  través  de  su  defensor  no  soportó  desmejoría por parte del  Tribunal.           

        Resulta   evidente   entonces   que   el   impugnante   carece  de  legitimación  para  pretender  por  vía  de  casación  la  absolución por el  ilícito  atentatorio  del régimen constitucional en  mención.  Su  interés jurídico, en lo concerniente  a   ese   delito   –se  repite-,  solamente  se  extiende  a la agravación    que    el    ad   quem  introdujo  al  fallo de primer grado, es decir, a la  mutación  que  le  hizo  en  cuanto  al  grado  de participación. El  propósito  casacional  del  actor,  en el presente evento, va  más   allá   de   ese   preciso  confín,  y  ello  resulta           improcedente.   

         Por  lo considerado, que pone de presente la formulación inadecuada  del  primer  cargo  y la ausencia de interés jurídico frente a la postulación  del   segundo,   la   demanda   presentada   por  el  defensor  de  SERGIO  TULIO  GIRALDO  IMBAQUÍN  debe ser  también inadmitida, y así lo pronunciará la Sala.   

         Al  margen  de  lo  analizado,  es  preciso  anotar que la revisión  integral  de  la  actuación  procesal,  incluido  el  fallo,  no  evidenció la  vulneración  de garantías fundamentales que impongan la intervención oficiosa  de la Sala en orden a su restablecimiento.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR        las          demandas  de casación presentadas     a    nombre    de  TIRSO  GONZÁLEZ  OBREGÓN  y SERGIO  TULIO     GIRALDO     IMBAQUÍN,     conforme    a    las    razones    expuestas    en   la   anterior  motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto en el  artículo     187     del     estatuto    procesal  penal,  contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                       ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA PULIDO  DE  BARÓN                     JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Sentencia del 23 de agosto de 2005. Rad. 23904.   

2  Sentencia ídem.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *