26835(18-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26835  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    053   

Bogotá,    D.    C.,    dieciocho   (18)   de   abril   de   dos   mil  siete  (2007).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  LUIS GABRIEL VARGAS HERRERA.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.   Los  hechos  los  sintetizó  el  juzgador de segunda instancia, así:   

“En la tarde del  13  de  mayo  de  2000,  en  el  sector  de  la  calle 65, frente al inmueble de  nomenclatura   11-17   del   perímetro   urbano  de  esta  ciudad  (Bogotá),  el  vehículo  de  servicio  público  de  placas  SHB  846,  afiliado  a  la empresa Expreso del País Ltda.  y   de  propiedad de Jaime Moreno Ayala y Flor Stella Rodríguez, conducido  por    LUIS   GABRIEL   VARGAS   HERRERA    y    que    cubría   la   ruta   San   Humberto   –  Centro (circular), al desviarse del  recorrido  autorizado  por la Secretaría de Tránsito y Transporte atropelló a  la  anciana  Lucila Ruiz de Duarte, quien en compañía de su nieta Diana Milena  Zambrano   Duarte,   pretendió   cruzar   la   vía  pública  en  la  referida  intersección”.   

2. El Juzgado Diecisiete Penal del Circuito  de  Bogotá,  mediante  sentencia  fechada el 20 de octubre de 2004, la cual fue  adicionada  el  14 de octubre de 2005, condenó a Luis  Gabriel  Vargas  Herrera a las penas principales de 24  meses   de  prisión,  multa  de  $1.000  y  suspensión  del  ejercicio  de  la  conducción  de  vehículos  automotores  por  el  término  de  2  años y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad, como autor  del  delito de homicidio culposo cometido en la persona de Lucila Ruiz de Duarte  imputado  en  la  resolución  de  acusación,  la  cual  quedó ejecutoriada el  18  de  febrero  de  2003.   

Así  mismo lo condenó, solidariamente con  los  terceros civilmente responsables Jaime Moreno Ayala, Flor Stella Rodríguez  y  Expreso  del País Ltda., a pagar la suma equivalente a 100 salarios mínimos  legales   mensuales   vigentes   por   concepto   de   perjuicios  materiales  y  morales.   

3.   Apelado  el fallo por el defensor  del  procesado  y  por  el apoderado de la parte civil, el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  el  28  de  julio  de 2006, lo modificó en el  sentido  de  condenar  al  procesado, solidariamente con los terceros civilmente  responsables,   al   pago   “del   lucro   cesante  consolidado,   a   favor   de   Héctor  Alirio  Duarte  Ruiz,  en  la  suma  de  $33.994.272°°.   Por  concepto  del daño moral la condena a cargo de los  mismos  y a favor de Carlos Martín Duarte Ceballos se cifra en suma equivalente  a  diez  (10)  salarios  mínimos  legales  mensuales;  además  de treinta (30)  salarios  mínimos  legales  mensuales  a  favor  de Dora María, Myriam Sofía,  Mariela,   Neyla  y  Héctor  Alirio  Duarte  Ruiz,  para  cada  uno”.   

En lo demás lo confirmó.  

Contra  esta  decisión  el  defensor  del  procesado interpuso recurso extraordinario de casación.   

  LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

Con  fundamento  en el cuerpo primero de la  causal  primera  de  casación,  el  defensor  de Luis  Gabriel    Vargas    Herrera    formula  dos  cargos  contra  la  sentencia del  Tribunal, cuyos argumentos se sintetizan así:   

Primer cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber incurrido en  violación  directa  de  la  ley  sustancial por interpretación errónea de los  artículos  121  y 122 del Decreto 1344 de 1970 y de los artículos 9° y 23 del  Código  Penal,  “pues se ha fijado a dichas normas  un  alcance  que  no corresponde a su sentido literal y sistemático”.   

Recuerda  que  el juzgador de segundo grado  sostuvo  que  ninguna trascendencia tiene la velocidad con la cual se desplazaba  el  procesado  y  que  lo  importante  es  que  transgredió  las  restricciones  establecidas  en  las  normas  legales  en materia de tránsito terrestre de los  vehículos  de  servicio  público, en concreto, al circular por una vía urbana  que  se  sabía  le  estaba  vedada,  creando  así  un riesgo jurídicamente no  permitido con nexo causal con el resultado lesivo.   

También refiere que el Tribunal agregó que  el  hecho  de  no existir demarcación para el cruce peatonal en el sitio por el  cual  se  desplazaba la hoy occisa, “‘de     manera    alguna    implicaba    la    imposibilidad    para  cruzarla’, concluyendo de  esta  manera  que su actuar estaba conforme con lo prescrito en el artículo 121  del  Decreto  1344 o Código Nacional de Tránsito vigente para la época de los  hechos,  en  la  medida en que lo hacía por una bocacalle, como lo prescribe la  norma.  Concluye  que  ‘la  mayor  precaución  y  cuidado  se  reivindica normativamente del acusado VARGAS  HERRERA’   porque,  de  acuerdo  con  el  artículo  122  de  la  misma  norma,  la víctima Ruiz Duarte  ‘tenía prelación sobre  los   vehículos   que   intentaran   el   cruce   en  dicho  sector’”.   

Así,  sostiene  que  a  pesar  de  que  el  Tribunal  hace una correcta selección de las mencionadas normas reguladoras del  tráfico,    de   todos   modos   realiza   una   interpretación   marginal   y  descontextualizada, es decir, errada.   

Afirma  que  son  dos  los  aspectos que la  defensa  procede  a resaltar: el primero, relacionado con las normas del Código  Nacional  de  Tránsito,  en  particular, con el artículo 121 y, el segundo, en  cuanto  a  que  la  infracción  administrativa  derivada  de haber realizado el  recorrido  por  una  calle  diferente  a  la  establecida  no es suficiente para  deducir  la  imputación  objetiva  del  resultado  en cabeza de su defendido. A  continuación, dichos aspectos los desarrolla así:   

a.   Luego de transcribir el contenido  del  artículo  121  del  Código  Nacional de Tránsito, estima el actor que de  dicho  precepto  no  se infiere el alcance dado por el Tribunal en el sentido de  establecer  una  prelación para los peatones en intersecciones no señalizadas,  como  sucedió  en  el sitio donde se produjo el accidente (carrera 11 con calle  65  de  Bogotá).  En  su  criterio,  el  estudio  del Tribunal corresponde a un  análisis  aislado  del  inciso segundo de la citada norma, omitiendo relacionar  dicho  aparte  con  el  inciso  primero,  el  cual,  de  manera clara, establece  “la   obligación   del  peatón  de  ‘cerciorarse  de  que no viene ningún  vehículo     que    ofrezca    peligro    para    su    cruzamiento’”.   

   

“Consideramos  que  una  interpretación  armónica  de dicha norma nos conduce a concluir que,  ante  la  ausencia  de  demarcación  expresa  por  parte  de las autoridades de  tránsito,  la  prelación  de  tráfico que aduce el Tribunal para los peatones  surte  una  inversión  en  su  significado, trasladando al peatón ‘la     mayo     precaución     y  cuidado’a  que  alude la  sentencia.  No  es otro el sentido que se infiere de la distinción hecha por el  legislador       entre       ‘zonas      demarcadas’  (si  las hubiere como dice la norma) y  no   demarcadas,   porque  no  pueden  tener  el  mismo  alcance  jurídico  dos  situaciones     fácticas     que     se    desarrollan    bajo    un    diverso  presupuesto.   

“Para   la  defensa,  una  adecuada  interpretación  nos  lleva  a la conclusión de que la  prevención  realizada  en  el  inciso  primero  de la norma en referencia (Art.  121),      cuando      se      le      exige     al     peatón     verificar  la  no  aproximación  de  un  vehículo  que  ofrezca  peligro  para  el  cruce, antes de su inicio, le impone  perentoriamente  un deber objetivo de cuidado, que adquiere especial importancia  cuando  se  trate  de  realizar  la maniobra por zonas no demarcadas”.   

Añade que el contenido del citado artículo  122  de  la  misma normatividad, no debe entenderse como un permiso abierto para  que  el  peatón  asuma  sin  ninguna  precaución  el  uso de la vía pública,  máxime  si  no  existe  ninguna  demarcación  que autorice su cruce prevalerte  sobre los vehículos.   

En consecuencia, dice que si se hubiese dado  el  referido  alcance interpretativo, necesariamente se habría concluido que la  hoy  occisa  violó  el  deber  objetivo de cuidado, toda vez que de su parte es  ostensible  la  omisión   de   haber   verificado  la   presencia    de   vehículos   que   se  aproximaban  y  que  ofrecían  riesgo  para su cruce, “única razón que  explica  el porqué su nieta Diana milena Zambrano Duarte, quien se desplazaba a  su    lado,    ni    siquiera    haya   resultado   lesionada   dentro  de  los  mismos hechos.  Bajo   dicho   entendimiento   la   occisa  generó  una   situación   de  riesgo  no  permitido que fue determinante en el resultado  trágico   conocido   y,   por   consiguiente,   su  culpa  exclusiva  exime  de  responsabilidad al procesado”.   

b.   En cuanto al segundo aspecto,  afirma   el  libelista  que  una  infracción  administrativa  de  tránsito  no  necesariamente  genera  un  riesgo  jurídicamente  desaprobado, afirmación que  respalda  con  jurisprudencia  de  esta  Sala,  la cual transcribe en uno de sus  apartes.   

Por  ello,  arguye  que  el hecho de que su  defendido  haya  girado  por  la  calle  65 y no por la calle 64, no es, por sí  sola,  una  circunstancia  de  la  cual  se derive la predicada existencia de un  riesgo  jurídicamente  desaprobado  y, por ende, se deba inferir necesariamente  el  resultado  muerte,  ya  que  el  citado giro no es una maniobra prohibida en  aquel  sitio, ni se trata de una calle vedada para el tráfico automotor. Por el  contrario,  agrega,  ante  el  normal  embotellamiento  que  sufre el sector, la  única  manera  de  descongestionar el acceso a la carrera 13  por la calle  64  era girando por la calle 65, luego el hecho de que los buses tengan asignado  el  giro  por  la calle 64 y no por la 65 es una situación que en nada releva a  los  peatones  de  sus  deberes normativos a que se refiere el artículo 121 del  Código  Nacional  de  Tránsito,  ni  de observar la mínima prudencia que debe  emplearse en el uso de la vías públicas.     

Así,  entonces,  estima que la infracción  administrativa  en  que  incurrió  su  procurado al realizar el giro una cuadra  antes  del  sitio por donde estaba asignada la ruta, siendo una maniobra lícita  desde  el  punto de vista de la circulación, no constituye la generación de un  riesgo jurídicamente desaprobado.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  el  fallo  impugnado  y,  consecuentemente,  absolver  al  procesado  del  cargo  imputado.   

Segundo cargo  

De manera subsidiaria, acusa al Tribunal de  haber  incurrido  en  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por falta de  aplicación  de  los  artículos  99  del  Código  Penal  y  2357  del  Código  Civil.   

Después  de  referirse al contenido de las  normas  legales omitidas, asevera que en este caso resulta viable la aplicación  de  dichas  preceptivas,  pues  “se  infiere  de la  manifestación  de  la menor Diana Milena Zambrano Duarte en su declaración que  ‘cuando el bus que cogió  a  mi  abuelita  voltió (sic) rápido a alta velocidad y mi abuelita pasó y de  pronto    fue    que   vi.   a   mi   abuelita   abajo   del   carro”.   

Sostiene que frente al comportamiento tanto  de  la  señora víctima como de su nieta, se concluye que la menor no atravesó  la   vía  mientras  que  la  “abuelita”       sí      lo      hizo.     “Esta   disparidad   conductual   pone  de   relieve   que  existe   un   comportamiento   conforme   con    la   posición   de   garante   por  parte   de   la  menor,  quien  de  manera  prudente   y      advirtiendo     la    proximidad     de     los   vehículos,   como  se  lo  exige  la  norma   y    el    sentido   común,   se   abstiene   de   realizar   el   cruce  y  un  comportamiento contrario,  el  de  su abuela,. Quien sin observar el más mínimo deber objetivo de cuidado  procedió  imprudentemente  con  los  resultados trágicos conocidos”.   

Frente  a  tal realidad, dice el demandante  que  resulta claro que sí existió un comportamiento imprudente por parte de la  víctima  que,  “si  bien pudiera no ser exclusivo,  sí    tuvo    incidencia   en   el   resultado   lesivo   producido”,  aspecto  que  necesariamente tiene repercusión en el ámbito  civil,  “pues  la  consecuencia  lógica  sería la  absoluta  o  parcial  ausencia de la obligación civil de indemnizar”.   

Concluye que si el Tribunal hubiese aplicado  las   normas   inicialmente   citadas,  el  fallo  no  obstante  ser  penalmente  condenatorio,  civilmente habría sido exento de la obligación de indemnizar o,  por  lo  menos,  el monto de los perjuicios se habría reducido sustancialmente,  resultando  equitativo  a  las  proporciones  de  la  culpa  de  cada uno de los  involucrados.    

Por  ello,  solicita  a  la  Corte  casar  parcialmente  el  fallo impugnado y, en su lugar, se abstenga de “realizar  una  condena  al  pago  de perjuicios o reduciéndolos de  manera  proporcional  de  acuerdo  a  la  proporción  de  culpa  en que hubiera  incurrido       la       víctima”.     CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   En lo concerniente al    primer    cargo,   que,   como   se  indicó,  consiste  en  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial por interpretación errónea de los  artículos  121  y 122 del Decreto 1344 de 1970, norma vigente para la época de  los  hechos, por reunir las exigencias formales se admitirá y, en consecuencia,  se  ordenará  dar  el  traslado  correspondiente  de  la  demanda al Ministerio  Público para que emita el concepto de rigor.   

2.    No  ocurre  lo  mismo  con  el  segundo  cargo, el cual se  centra  en reprochar el tema de la indemnización, pues encuentra la Sala que al  recurrente  no le asiste interés jurídico para demandar el fallo del Tribunal,  por las siguientes razones:   

Según  el  artículo  208  del  Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), cuando la casación tiene por objeto  únicamente  lo relacionado con la indemnización de perjuicios decretados en la  sentencia  condenatoria,  el  libelista debe tener en cuenta como fundamento las  causales  y  la  cuantía  establecidas  en  las normas que regulan la casación  civil.   

Observa la Corte que el demandante no sólo  omitió  tener  en  cuenta  las  causales  establecidas en las disposiciones que  regulan  la  casación  civil,  sino  que  también  inobservó  la cuantía fijada por el artículo 366 del  Código  de  Procedimiento  Civil, modificado por el artículo 1° de la Ley 592  de  2000,  esto  es,  la  equivalente  a cuatrocientos  veinticinco  (425) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  que  para  la  fecha  de  la sentencia impugnada (28 de julio de 2006)  ascendía  a $ 173.400.000,oo, si se tiene en cuenta que el salario mínimo para  este  año  fue  fijado  en  $408.000°°,  según  el  Decreto  4686  del 21 de  diciembre de 2005.   

De  otro  lado,  como  lo  ha  precisado la  jurisprudencia  de  la Sala, “conviene anotar que la  Corte  Suprema  de  Justicia,  tanto  en  su  Sala de Casación Civil como en la  Penal,  han sostenido que la cuantía del interés para recurrir en casación se  determina  para  la  fecha  del  fallo de segunda instancia, que es la decisión  objeto  de  la  impugnación  extraordinaria, en tanto que allí se decide si se  impone  la  afectación  patrimonial  cuya  cuantía  habrá  de  determinar  la  viabilidad jurídica de censurar el fallo en este puntual aspecto.   

“El valor de la  resolución  desfavorable  al  recurrente puede surgir de la diferencia entre lo  pedido  por  el  demandante y lo negado por el juez, ora entre las sumas fijadas  en  las sentencias de primera y segunda instancia, y esa diferencia es la que se  ha  de  confrontar  con  la cuantía fijada por la ley al momento de dictarse el  fallo    impugnado”.1   

Así,   entonces,  teniendo   en    cuenta    que    en    el   fallo   de   segundo   grado   el   procesado   fue  condenado   a    pagar    $33.994.272°°    por    concepto    del  perjuicio  material,  valor que equivale a un poco menos de 84 salarios mínimos  mensuales  legales  vigentes,   y,  a su vez, se le condenó a cancelar 160  salarios  mínimos mensuales legales vigentes por razón del daño moral, cifras  que  sumadas  dan  244  salarios,  resulta  obvio  que  se trata de una suma muy  inferior  a  los  425  salarios  mínimos  mensuales legales vigentes que era la  cuantía  para  impugnar  en  casación  para  el  momento  de dictarse el fallo  atacado.    

En  consecuencia, el procesado Vargas   Herrera   carece  de  interés  jurídico  para  interponer  el  recurso extraordinario de casación por el tema  del  pago  de  perjuicios  decretados  en  la  sentencia  y  cuya  exclusión  o  disminución     pretende,    motivo    por    el    cual    la    censura    se  inadmitirá.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.          INADMITIR        el              cargo  segundo  formulado  en  la demanda de casación presentada por  el     defensor     de    LUIS    GABRIEL    VARGAS  HERRERA.   

2.  DECLARAR  AJUSTADO    el    cargo  primero.  En consecuencia,  se   dispone   correr  el  traslado  de  ley  a  la  Procuraduría Delegada   para  la  Casación  Penal,  con  el  fin  de  que  dentro del término legal emita su  concepto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                                             

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO  ENRIQUE  SOCHA         SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                 JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

                                                                     Secretaria   

    

1  Casación 23190 del 23 de agosto de 2005.     

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