26834(06-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26834  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

DR. MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado Acta No: 88  

         

Bogotá,  D.  C.,  seis (6) de junio de  dos mil siete (2007)   

          Conforme  a  lo  establecido  en  el Art. 213 de la Ley 600 de 2000,  califica  la  Sala  la  demanda  de  casación  discrecional  que el defensor de  OLGA    LUCIA    ARENALES    PATIÑO    presentó  contra  la  sentencia  de  segundo grado proferida por el  TRIBUNAL  SUPERIOR  DE  BOGOTÁ,  el  18 de agosto del año 2006, por cuyo medio  confirmó  la  condena  de  38 meses de prisión que el JUZGADO CUARTO PENAL DEL  CIRCUITO  DE DESCONGESTIÓN de la misma ciudad le impuso a la procesada en fallo  del  28  de  abril  de  la  citada  anualidad,  tras  hallarla responsable de la  conducta  punible  de  falsedad  material  en documento público agravada por el  uso.   

HECHOS  

          Fueron    sintetizados    por   el   Tribunal,   en   la   siguiente  forma:   

“2.1 El día 08 de noviembre de 2001, en el  Juzgado  10  Penal  Municipal,  la  sindicada  OLGA  LUCÍA ARENALES PATIÑO, se  presentó  con  el  fin  de  adelantar  audiencia  de  conciliación, en proceso  ejecutivo  contra  Jaime  Estepa,  en  el cual ella acreditó calidad de abogada  ante  el  Juez, al identificarse con una tarjeta profesional, falsa,(Sic) según  comunicado del Consejo Superior de la judicatura(Sic).   

“2.2 En diligencia de indagatoria, ARENALES  PATIÑO,  aceptó  que  ordenó la elaboración del documento espurio y que para  la  consecución  del mismo, aportó dos fotos, firmó en un documento en blanco  y canceló la suma de doscientos mil pesos ($200.000 m/cte).”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  8  de noviembre de 2001, el Juez Décimo  Civil  Municipal  de  Bogotá,  puso a disposición de la Policía Nacional a la  señora   Olga  Lucía  Arenales  Patiño,  tras  descubrir que ésta, en una diligencia de conciliación que  en  su  despacho  adelantaba, adujo una tarjeta profesional de abogada que no le  correspondía,  según informe que en ese sentido allegó el Consejo Superior de  la  Judicatura,  razón  por  la  cual,  en esa misma fecha, la señora Arenales  Patiño  fue puesta a disposición de la Fiscalía, dando lugar a que una de sus  delegadas  de  la  ciudad  de  Bogotá  profiriera  resolución  de  apertura de  instrucción.   

         

El  5  de  agosto  de  2002  cerró el ciclo  instructivo  y  el  29  de  octubre  de esa misma anualidad acusó a Olga Lucía  Arenales  Patiño  como  probable  autora  del  delito  de  Falsedad Material de  Particular  en  documento  público  agravada  por  el  uso. La delegada ante el  Tribunal  Superior confirmó la decisión, mediante la suya del 18 de febrero de  2003.   

El  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito de  Descongestión  de  Bogotá,  luego  de  realizar  las audiencias preparatoria y  pública,  condenó  a  Arenales  Patiño  a  la  pena  principal de 36 meses de  prisión,  como  autora  de  la  conducta  que le fue imputada en la resolución  acusatoria.   

Apelada  la  decisión  de  instancia por la  defensora  de  la  sindicada,  correspondió resolver el recurso a la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  de Bogotá, el cual a través de la sentencia del 18 de  agosto   de   2006   confirmó   en   su   integridad   la   determinación   de  instancia.   

La  defensa  interpuso oportunamente recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

         

1. Tras indicar que  su  pretensión con la modalidad excepcional del extraordinario recurso invocado  es  salvaguardar  las  garantías  fundamentales  al  debido proceso, derecho de  defensa  e  investigación  integral,  que acusa vulnerados en el trámite de la  actuación  procesal  y  de  citar  los preceptos que las establecen,  plantea tres cargos contra la sentencia  impugnada,  todos  al  amparo  de  la  causal  tercera, por estimar que el fallo  recurrido se profirió en juicio viciado de nulidad.   

             1.1.  En  relación  con el primer  reparo,  aduce  que  el  derecho  al  debido  proceso  de su representada se vio  afectado  porque  en  el  decurso  procesal  no fue notificada la resolución de  cierre  de  investigación  (Fls. 24 a 26 c.o. p.i.) y en su lugar, “…se  hizo  un  remedo de citación o aviso tanto a la sindicada  como  a  la  profesional que por la época atendía su defensa, sin ninguna otra  actividad  seria  en  tal  dirección  y finalidad, para a la postre elaborar un  “pliego  de cargos” sorpresivo” por cuanto no hubo un planteamiento previo  de  parte  del  agente  pasivo  de  la  acción  penal,  en pro de una jurídica  orientación de su defensa”.   

          No  notificar  una  resolución  como  la  antes  citada, vulnera la  garantía  fundamental  del debido proceso, ocasionando la nulidad sustancial de  la actuación desde el momento en que se presentó el vicio.   

          Explica  que  los  profesionales  que atendieron la defensa técnica  plantearon  al  juez de segunda instancia la nulidad que ahora propone, pero sus  peticiones  no  fueron  atendidas  con  el argumento de que su prohijada para el  momento  del cierre de la investigación no se encontraba privada de la libertad  y  por  tal  razón la resolución que dispuso su clausura no debía notificarse  personalmente,  máxime cuando la defensora no compareció a la Fiscalía dentro  de  los  tres  días  siguientes a la emisión del mentado proveído (Fl. 9 c.o.  s.i.),   

          Tal  postura,  según  el  demandante, desconoció que la mencionada  resolución  fue  dictada  por  fuera de los términos que la ley establece para  tal  efecto  –Art. 329 de la  Ley  600  de 2000- en el entendido que desde el momento  de  la  apertura  de la instrucción -9 de noviembre de  2001-  hasta  la  fecha  en  que  se  cerró la misma,  transcurrió  un  lapso  de  tiempo que superó los ocho (8) meses, término que  por  su  extensión  se convierte en factor de olvido y desinterés para ciertos  asuntos  y  obliga  a  la Fiscalía a notificar en forma personal las decisiones  que en ese contexto se profirieran.   

          Este  vicio,  así  expuesto,  no requiere de mayor demostración de  trascendencia,  por  afectar  de  forma indiscutible el derecho de defensa, así  como  el  de acceso a la Administración de Justicia, igualdad, legalidad, entre  otros.   

Que  se  case  la  sentencia  impugnada y se  decrete  la  nulidad de lo actuado por violación al derecho del debido proceso,  para  así  retrotraer la actuación al cierre de investigación, devolviendo el  expediente  a la Fiscalía a fin de que se subsanen las falencias denunciadas en  la  notificación  de  la  citada  actuación,  es  por tanto la pretensión del  actor.   

          1.2.   Vulneración   a   la   garantía  fundamental  al  debido  proceso  por  violación al principio de investigación  integral,  por  no  haberse  practicado  pruebas  esenciales,  ni en la etapa de  instrucción sumarial ni en la fase del juicio.   

Afirma  que  la  Fiscalía  al  avocar  el  conocimiento  de  la  investigación  decretó  la  práctica  de dos pruebas de  trascendental   importancia:   el  testimonio  del  señor  Juez  Décimo  Civil  Municipal  de  Bogotá,  a  quien  solicitó  que mediante certificación jurada  narrara  los  hechos que dieron lugar al proceso penal y  la ampliación de  indagatoria  de la procesada, pero sin razón alguna, por más de ocho (8) meses  el    paginario    permaneció    inactivo,    debido    a    la    “inercia     y     dejadez”     del  instructor.   

          Sobre  la  trascendencia de la falencia anotada, el actor manifiesta  que  la  práctica  estas  pruebas  hubiera permitido establecer que la conducta  investigada  no  sobrepasaba  los  límites  trazados  por  el  artículo 31 del  Decreto  Ley  522  de  1971,  el  cual  sanciona  como  contravención  a  quien  “…requerido por funcionario o empleado público en  ejercicio  de  sus  funciones,  declara  falsamente o rehúse dar datos sobre la  identidad,  estado  u otras generales de la ley acerca de su propia persona o de  otra conocida, incurrirá en multa de cien o quinientos pesos”.   

          La   hipótesis  así  expuesta,  no  puede  descartarse  sin  antes  analizar  que  la  procesada  actuó  en  el  proceso civil ejecutivo de mínima  cuantía  aduciendo  para ello una calidad profesional de abogada que no tenía,  pero  que tampoco necesitaba, pues la cuantía de las pretensiones le permitían  actuar  sin  tal  condición,  resultando  entonces  su conducta inocua desde el  punto de vista penal.   

          La  ampliación  de  indagatoria  que  tampoco  se realizó, hubiese  permitido  a  la  procesada,  en  criterio  del  actor,  precisar  la  modalidad  corportamental  en  la  ejecución  del  injusto  y  descartar  que  su conducta  encuadrara  en  los  límites  de  delito  de  falsedad  material  en  documento  público.  Tampoco  se  preocupó  el  investigador por establecer si la tarjeta  profesional  se caracterizaba “… con los elementos,  rasgos  y  distinciones  de  los  documentos  auténticos y originales, o sí se  trató  de  un  remedo  inocuo  o  inane  frente  a la realidad de las conductas  lesionadoras de la Fe Pública.”   

Que   no   hubo  inspección  judicial  ni  experticias  sobre  las  falencias  que  se echan de menos, quedando en el limbo  “…  la  comprobación  del  aspecto  objetivo  del  delito  sub  exámine”, son las conclusiones finales  con que culmina el desarrollo de este cargo.   

1.3.  Por último,  con  sustento nuevamente en la causal tercera, el actor plantea la violación al  derecho  fundamental  de defensa por falta de notificación de la resolución de  cierre   de   la   investigación,   cargo   que  sustenta  en  la  “…dejación  mostrada para enterarla o notificarla del cierre de  la  averiguación sumarial”, lo cual no le permitió,  aunado  a  la  falta  de  ampliación de indagatoria, demostrar que la procesada  concurrió  como  determinadora  a  la  elaboración  de  la tarjeta profesional  espuria,  por  cuanto  “…  firmó papel en blanco,  suministró   fotografía   suya   y   pagó   al   falsificador”,  estando entonces tal conducta fuera de los alcances normativos del  artículo 291 del Código Penal.   

Sobre  la razón por la cual las situaciones  expuestas  no  se  plantearon  en  la  etapa  del juicio, se pregunta y al mismo  tiempo  responde  el  demandante,  argumentando  que  durante  ella  hubo cambio  repentino  y  apresurado  del  defensor  que  hasta ese momento representaba los  intereses  de  la  procesada, que debido a la inercia del Instructor, rescindió  el  contrato  de  prestación  de  servicios  que lo vinculaba con la procesada,  “…  luego el siguiente togado contratado al efecto  desconocía  el  asunto  y  la  premura del tiempo dio lugar a que no advirtiera  ágilmente  la  conducencia  y  pertinencia  de  las  pruebas  que  se  echan de  menos.”   

Previo  a  indicar  la  trascendencia de los  cargos  formulados,  misma  que  la  hace  consistir en la violación al derecho  fundamental  del  debido proceso “… que le cercenó  su   posibilidad  de  algunas  advertencias  prioritarias  en  la  calificación  jurídica  del sumario”, solicita a la Corte casar el  fallo  impugnado  y  en  su  lugar  decretar  las  nulidades  sustanciales antes  expuestas,  señalando de paso el estado procesal al cual debe regresar la causa  o, en subsidio, absolver de toda responsabilidad a su mandante.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

         Si  bien  el actor perfila su demanda de  casación  bajo  la  modalidad  discrecional,  lo  cierto es que no necesitaba     acudir    a  esa  alternativa en tanto se cumplen las condiciones para acceder  a  este  extraordinario recurso por la vía común, cuales son, según el inciso  primero  del  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, que la sentencia objeto del  mismo  sea  proferida  por  un  Tribunal  Superior de  Distrito  Judicial  y,  en  segundo lugar,  que el proceso penal se hubiere  adelantado  por  delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años, aún cuando la sanción impuesta haya sido una  medida de seguridad.   

En  el  sub  judice  está  claro  que  la  sentencia  de  segundo  grado  fue  proferida  por  la  Sala  Penal del Tribunal  Superior      de      Bogotá      –primera  condición-  y  que  en ella se  condenó  a  la  sindicada  por  el  delito  de  falsedad  material de documento  público  agravado  por  el  uso, conducta que, bajo la condición del agravante  con  que  fue  tipificada,  según  el  artículo  290  de  la  Ley 599 de 2000,  incrementa  la pena del delito imputado, que de por sí tiene sin tal condición  sanción     de     prisión    de    tres    a    seis    años    –según     el     artículo    287  Ibidem-  hasta  en  la  mitad,  con lo cual supera el  rango  de  ocho  años  de  prisión  estipulado como segunda condición para la  procedencia    del   recurso   extraordinario   de   casación   por   la   vía  común.   

         Por      lo      anterior,     está     relevado     el  libelista de fundamentar la solicitud  frente  a  las  razones  que  se  invocan  en  orden a demandar la admisión del  trámite  excepcional  por  la  Corte y también de la  carga   de   exponer   la   correspondencia  de  sus  razonamientos  con  los  cargos  formulados  contra  el  fallo de segundo grado,  postulados     propios     de     la     casación  discrecional.   

Aclarado  lo  anterior,  la Corte procede a  estudiar  la  admisibilidad  de los cargos formulados contra el fallo de segundo  grado,  no  sin antes advertir que, como el demandante  enfoca  todos  ellos por la  causal  tercera,  debe  recordar  que  la nulidad como  soporte  de  casación,  para  que  pueda declararse, exige que quien la exponga  concrete  de  manera  lógica sus fundamentos, indique la fase procesal a partir  de  la  cual  se  presenta  el  yerro invalidante y las causales descritas en el  artículo  306  del  Código de Procedimiento Penal en que apoya la postulación  de  la  censura. Igualmente, debe acreditar, además de la trascendencia, que la  conducta  del  censor  no contribuyó a la producción del acto irregular (salvo  que  se  trate  de  la  ausencia de defensa técnica), ni que por una actuación  posterior  se  convalidó  aquél,  según  los  numerales  2°,  3°  y 4° del  artículo 310 ibídem.   

En  el  presente  asunto  mediante  el  cargo primero de su demanda el actor acusa la trasgresión  al  derecho  fundamental  del  debido  proceso,  argumentando  que  “…se  hizo  un remedo de citación o aviso tanto a la sindicada  como  a  la  profesional  que  por la época atendía su defensa”,    empero,    tal    postulación   así   expuesta   no   demuestra   la   vulneración   al  derecho  que  dice  fue conculcado, pues reiterativamente  se  ha  dicho  que cuando se aduce violación del  debido  proceso,  debe  comprobarse la existencia de la irregularidad sustancial  que  afecta  la estructura  del  sistema  que  lo  inspira,  Vgr.,  falta  de apertura de investigación, no  vinculación   del   procesado,  ausencia  de  la  decisión  de  cierre  de  la  investigación;    desconocimiento   de   la   etapa   de   investigación   y/o  juzgamiento.   

         El  actor  no demuestra mediante la sustentación de su cargo cómo  la   supuesta   “inercia  y  dejadez”   del   instructor   al  notificar  la  resolución  de  cierre  de la instrucción, tuvo la capacidad de afectar algún  elemento  sustancial  de los que componen la estructura del debido proceso, pues  el   desarrollo  que  hace  del  mismo  no  guarda  coherencia  con  el  derecho  fundamental   que   dice  fue  conculcado,  yerro  de  argumentación       que       implica       su  inadmisibilidad.   

Ahora  bien,  como  el  soporte  del  cargo  primero  guarda  inmensa  similitud con el del cargo tercero, no obstante que en  éste  último  el derecho que se acusa vulnerado es el de defensa, otra vez con  el  argumento  de  que no fue debidamente notificada la resolución de cierre de  la  instrucción,  la  Sala debe decir que si bien esta vez la sustentación del  reproche     guarda     relación     con     el     derecho     presuntamente  vulnerado,  el  actor omitió  indicar  por qué las citaciones que con el fin de notificar las resoluciones de  cierre  de  la  instrucción  y de acusación dirigió la Fiscalía y que fueron  enviadas  a  las direcciones que tanto la procesada como su defensora reportaron  en   la   diligencia   de  indagatoria  (Diagonal   7F   No.   32   –  66  Castilla  y  Carrera  7  No. 17  –1    Oficina    430  respectivamente)             –Fl.  8  c.o.  s.i.)  no  constituyen  garantía  suficiente  para  el  derecho  fundamental  a la defensa, teniendo en  cuenta   que   tales   nomenclaturas   no   fueron   modificadas   en  la  etapa  instructiva.   

          Por  otra  parte, como en el paginario se observa que la resolución  de  apertura de la instrucción se profirió el día 9 de noviembre de 2001 (Fl.  6  c.o.  p.i.) y el cierre de la misma tuvo ocasión el 5 de agosto de 2002 (Fl.  24  c.o.  p.i.), no cabe duda de que la etapa sumarial no superó el término de  dieciocho  (18)  meses  que para ese efecto establece el artículo 329 de la Ley  600  de  2000,  y,  en  ese  sentido,  yerra  el censor al solicitar que por tal  situación  se aplique en el sub judice la jurisprudencia de esta Sala según la  cual:   

“…  si la resolución, auto o sentencia,  es  proferida  dentro  del  marco  temporal  legal, no es menester oficiar a los  sujetos  procesales,  salvo  cuando  la  misma normatividad compele a ello. Y lo  contrario:  si  la determinación judicial es posterior a la frontera máxima de  tiempo  establecida  en  la  ley,  nace  el  deber  judicial  de comunicar a las  “partes”,  para  que se acerquen a la notificación, así la ley, en el caso  concreto,  no  lo  exija”.  (Sentencia  del  31  de  marzo  del 2004, radicado  20.954).   

          Pues  en  este caso, dado que la instrucción no superó el término  que  para  ese  efecto  estipula  la  ley,  procedía, como en efecto lo hizo la  Fiscalía,  dar  aplicación  al  artículo  179 de la Ley 600 de 2000, que a la  letra dice:   

“Cuando no fuere  posible  la  notificación  personal  a  los  sujetos  procesales,  se  hará la  notificación  por  estado  que  se  fijará tres (3) días después, contados a  partir  de  la  fecha  en  que  se  haya  realizado  la  diligencia de citación  efectuada  por  el  medio  más  eficaz  o  mediante  telegrama   dirigido   a   la   dirección   que   aparezca   registrada  en  el  expediente,”  (Negrillas  fuera del original)   

          Siendo  así,  el casacionista debía demostrar y no lo hizo, que el  medio  de  citación  que el Instructor utilizó para lograr la comparecencia de  la  procesada  y  defensora  a  notificarse  personalmente de la resolución del  cierre  de  investigación  no  era  el  más  eficaz, pues no explica por qué,  siendo    aquél    medio    tan    solo   un   “remedo”   de   intento   de  notificación –como  se  dice  en  el  demanda-, el 20 de  noviembre   de   2002   la  defensora  –citada  a  la misma dirección- se notifica  personalmente  de  la  resolución  de  acusación  (al  respaldo Fl. 33 c.o.) y  luego,  el  2  de  diciembre  del  mismo  año,  presenta contra ella recurso de  apelación (Fls. 1 al 5 c.o.).   

Ahora bien, sobre el segundo cargo, donde el  actor  plantea  una  violación  al  derecho  a  la  investigación integral por  haberse   dejado   de  practicar  pruebas  previamente  decretadas  –declaración  del  Juez  Décimo  Civil  Municipal   y  ampliación  de  indagatoria-,  omitió  demostrar  objetivamente  cómo  el recaudo de dichos medios tenía la capacidad  de  modificar  favorablemente  para  la  acusada  el  sentido  de  la  decisión  atacada.   

Y, si en gracia de discusión hubiera lugar a  señalar  que  con las pruebas dejadas de practicar pudiera haberse derivado una  situación  favorable  a  la procesada, en un tal evento era menester demostrar,  además,  su  virtualidad  de dejar sin piso las premisas conclusivas del fallo,  cuestión  que  en  el  caso presente no se abordó. Tampoco demostró el censor  que  la  omisión  probatoria  alegada  se  hubiese originado en una negligencia  funcional  o  inercia investigativa, o en un acto arbitrario de los funcionarios  que conocieron del asunto.   

          Corolario  de  lo  anterior y teniendo en cuenta que de la revisión  de  lo  actuado  no se observa violación de garantías fundamentales que tornen  viable  el  ejercicio  de  la oficiosidad por la Sala, la inadmisión del libelo  deviene  imperativa,  razón por la cual habrá de disponerse la devolución del  diligenciamiento al  Tribunal de origen.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada     a     nombre     de    la  procesada   OLGA  LUCIA  ARENALES  PATIÑO, conforme  con  las motivaciones plasmadas en el cuerpo de este proveído. En consecuencia,  se    DECLARA   DESIERTO  el recurso.     

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ               ALVARO                                 O.                                 PÉREZ  PINZÓN                   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                       JULIO SOCHA SALAMANCA   

MAURO SOLARTE            PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

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