25860(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25860  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente  

JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

Aprobado acta No.  181  

Bogotá D.C., veintiséis (26) de septiembre  de dos mil siete (2007)   

Se  pronuncia  la  Corte  en  torno  a  la  admisibilidad  de  la  demanda  con  que  se  sustenta  el  recurso de casación  interpuesto  por  el representante de la Parte Civil contra la sentencia dictada  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá D. C., el 11 de enero  de  2006  confirmatoria de la que dictó el Juzgado 45 Penal de Circuito de esta  ciudad,  por  medio  de  la  cual  absolvió  a GUSTAVO  SALGADO  CLEVES de los cargos de homicidio en grado de  tentativa  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal, por los cuales  había sido acusado   

HECHOS  

En la sentencia impugnada, la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de  Bogotá D. C., hizo la siguiente  síntesis:   

“En la tienda Cigarrería de la 33 ubicada  en  la  calle  33  #  23 A – 55 Barrio Quiroga de Bogotá, se encontraban varios  vecinos  del  sector dedicados al consumo de bebidas embriagantes. De un momento  a  otro  se  suscitó  una  discusión entre GUSTAVO SALGADO CLEVES y JULIO ABEL  CORTINA  BURGOS,  quienes  procedieron a utilizar palabras subidas de tono, para  posteriormente  entrelazarse  en puños, a las afueras del local. En momentos en  que  se  sostenía el altercado, se escuchó una detonación, la que hizo blanco  en  la  humanidad  de  Julio  Abel,  ocasionándole grave herida de la que fuera  tratado   con   buenos   resultados   en   el   hospital   El   Tunal   de  esta  ciudad.”   

   

Por  los  hechos narrados en precedencia, la  Fiscalía  11  Delegada  ante los Juzgados Penales de Circuito de Bogotá D. C.,  profirió    resolución    de    acusación    en    contra   de   GUSTAVO  SALGADO CLEVES como probable autor  del  concurso  de  delitos  de homicidio en grado de tentativa y porte ilegal de  armas  de  fuego  de defensa personal. El conocimiento de la causa correspondió  al  Juzgado 45 Penal de Circuito de Bogotá D. C., el que avocó el conocimiento  del proceso el 14 de octubre de 2004.   

LA  DEMANDA   

El  apoderado  de la Parte Civil, postuló 2  cargos  contra  la  sentencia de segundo grado; el primero, por la causal 2ª de  casación y, el segundo, al amparo de la causal primera.   

1.-  Cargo  primero,  causal  segunda  por  incongruencia de la sentencia con la resolución de acusación.   

Luego   de   transcribir   apartes  de  la  resolución  de  acusación  proferida  por  la  Fiscalía  11 Delegada ante los  Juzgados  Penales de Circuito de Bogotá D. C., y de las sentencias de instancia  mediante  las  cuales fue absuelto el procesado SALGADO  CLEVES. Considera, entonces, que de la comparación de  la   resolución   de  acusación  con  la  sentencia  se  puede  establecer  la  incongruencia  en  torno  a la valoración de las pruebas y la omisión de otras  que  se tuvieron en cuenta por parte de la Fiscalía. Señala que el juzgador no  apreció  la  prueba indiciaria contenida en la resolución de acusación que la  condujo a inferir la responsabilidad del acusado.   

De  esta  manera,  estima  que se operó una  falta  de  consonancia entre los cargos formulados y la sentencia, evidentemente  el desacuerdo o discordia.   

2.- Cargo segundo, violación indirecta de la  ley  sustancial,  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de  identidad  y  de  existencia.   

Señala, inicialmente, que el Tribunal, en la  sentencia  de  segundo  grado, incurrió en dos errores manifiestos, a saber: el  primero,  no haber dado por demostrado, estándolo, que los hechos sucedieron al  interior  de  la  “Cigarrería la 33”  situada  en  la carrera 23 con calle 33, barrio Quiroga, cuando el  arma  fue  disparada  metro y medio de la víctima; y, el segundo, al desconocer  las  situaciones  fácticas condicionantes de los artículos 232, 234, y 238 del  Código  de Procedimiento Penal, ya que no se hizo la valoración imparcial, con  fundamento  en  los  principios  de  la  sana  crítica  y  se ignoró la prueba  indiciaria tal como la elaboró la Fiscalía.   

Puntualiza  que  la  prueba  ignorada, es la  indiciaria  por  cuanto el orificio de entrada en el cuerpo de la  víctima  permite  inferir  que quien accionó el arma se encontraba de frente y la única  persona   que   estaba   en   esa   posición   era  el  procesado  GUSTAVO   SALGADO;   tilda   como  prueba  irregular  o  equivocadamente  apreciada,  la  versión de la víctima que hasta  último  momento  señaló a SALGADO CLEVES como autor del agravio.   

Indica,  entonces,  que formula el cargo por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  en  la  modalidad de aplicación  indebida  a  causa  de  haberse  incurrido en yerros probatorios, que incidieron  directamente  en  las  conclusiones  del  fallo.  Insiste que los errores en los  fallos  se  originaron  “como  consecuencia  de  la  apreciación   defectuosa   (tergiversación)   de   una   pruebas  y  falta  de  apreciación  de  otras” razón por la cual, solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  impugnado  y  condenar al procesado GUSTAVO SALGADO CLEVES.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.- La demanda de casación presentada por el  apoderado  de la parte civil adolece de insalvables defectos metodológicos y de  fundamentación, lo que torna inexorable su inadmisión.   

En  efecto, del examen de los cargos con los  que  el  libelista acusa la sentencia de segunda instancia se observa, a primera  vista,  que  se  trata  de un escrito a manera de alegato de instancia, libre de  toda  formalidad,  desconociendo  que  la  casación, siendo una sede única que  parte  del  supuesto de que el debate jurídico y probatorio ha culminado con el  proferimiento  de  la  sentencia  de  segundo  grado; por lo tanto, es deber del  casacionista,  que  su  ejercicio  argumentativo  se  oriente a demostrar que la  declaración   judicial  se  apartó  ostensiblemente  de  la  norma.  En  estas  condiciones,  la  demanda  ha  de  satisfacer a cabalidad las exigencias legales  tanto  de  forma como de contenido, pues su procedencia está determinada por la  demostración   de   haberse   configurado   una   o  algunas  de  las  causales  establecidas.   

2.- En la postulación de los cargos primero  y   segundo,  el  censor  no  observó  el  compromiso  formal  de  someter  sus  planteamientos  con  la  claridad  y  precisión que estos implican frente a las  exigencias  contenidas  en  el artículo 212 del Código de Procedimiento Penal,  pues  si  bien  es  cierto  en  el  primero  que afianza en la causal segunda de  casación,  que  se  configura  con  la falta de armonía o consonancia entre la  resolución  de  acusación  y  la  sentencia,  resulta imperioso para el censor  comprobar  que  ésta  se  resolvió  o  definió  con  una situación jurídica  distinta a la plasmada en la providencia calificatoria.   

Sin  embargo,  en  el  caso  sometido  a  consideración  de  la  Sala,  el  recurrente  se  distanció ostensiblemente de las  exigencias      metodológicas,      pretendiendo,   en   el   fondo,  hacer  prevalecer  los  argumentos  plasmados  por  la  Fiscalía  en la resolución de  acusación    frente   a  aquellos  en  los  que como resultado del   ejercicio   dialéctico   llevado  a  cabo  por  los  juzgadores  de  instancia,  se  soportó  soportaron la  sentencia     absolutoria;    olvidando,  que  con el  Código   de   Procedimiento   Penal,  unos  son  los  requisitos  para  proferir el pliego de cargo y otros,  de      mayor      entidad,      para    dictar    la    sentencia   los  que  en  términos  del  artículo 232 del Código de  Procedimiento  Penal, exigen  la   categoría   de   la   certeza  de  “la    conducta    punible    y   de   la   responsabilidad   del  procesado”.   

De esta manera, es  evidente  que en el supuesto planteado por el libelista  no  concurre un evento típico de incongruencia, habida consideración de que en  uno  y  otro  caso,  los  funcionarios judiciales valoraron el acervo probatorio  conforme  a  las  reglas  de la sana crítica, actividad que como resulta obvio,  ofrecía  discrepancia  para  el  censor; empero, no por ello se incurrió en la  hipótesis  prevista  en  la  causal  2ª  de  casación,  por  lo  tanto, no se  ocasionó  ningún  agravio  susceptible  de  enmendarse  por vía de casación,  siendo, por contera, inocuo el reclamo efectuado por el censor.   

3.- Tratándose de reparos a la apreciación  probatoria  efectuada  por los juzgadores de instancia, como es el caso expuesto  en  el  segundo  cargo formulado en la demanda sujeta a examen, es indispensable  que  el  libelista  particularice  todas  las  pruebas que se aducen erradamente  estudiadas,  omitidas  o  supuestas,  señalando  el  error en su apreciación y  demostrando  su  incidencia  en  la decisión acusada; de no ser así, el libelo  adolece  de  los  atributos  de claridad y concreción en la fundamentación del  cargo,  riñendo  con la metodología inherente al recurso extraordinario y, por  lo tanto, torna inexorable su inadmisión.   

En el presente caso, la impugnación amerita  serios  y  variados  reparos,  pues  desde  su  enunciado y posterior desarrollo  desconoce  los lineamientos lógicos, argumentativos y jurídicos que imperan en  casación.   

En efecto, en primer término, se observa que  exhibe  ostensibles  deficiencias  en  la presentación y desarrollo del segundo  cargo  propuesto,  pues  si  bien es cierto lo encauza por el error de hecho por  falsos  juicios de identidad y de existencia, al atribuir al juzgador de segundo  grado  errores  en  la  contemplación  probatoria  a tal punto que permitió la  absolución  del  procesado,  también lo es que no particularizó los medios de  convicción  supuestamente  ignorados  o  distorsionados  en  las  sentencias de  instancia,   dado  que,  genéricamente  hizo  referencia  al  indicio  y  a  la  declaración de la víctima.   

Desde esa perspectiva, el censor le endilga a  la  sentencia  de segunda instancia ser violatoria de manera indirecta de la ley  sustancial   por  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de  identidad  y  de  existencia,  que  sustenta  sobre la base de la crítica a los juzgadores porque  no  las interpretaron correctamente, tal es el caso, de la forma como sucedieron  los  hechos, en los que, a su juicio, la única persona que se encontraba frente  a    la    víctima    era   el   procesado   SALGADO  CLEVES.   

En segundo lugar, la invocación del cargo y  su  desarrollo  no  se caracteriza por la observancia de la metodología exigida  para  la procedencia del recurso extraordinario de casación, pues de entrada se  advierte  que  incumple  los parámetros formales establecidos en el numeral 3°  del  artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, toda vez que anuncia la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de hecho derivados de un falso  juicio  de  existencia  y  de identidad, pero en el ejercicio argumentativo para  demostrar  las  falencias,  las  entremezcla  indebidamente  en  el  mismo cargo  haciendo  referencia  de  manera  indiscriminada  a  las diversas modalidades de  error  de  hecho (falso juicio de identidad, existencia y raciocinio), sin tener  en  cuenta  que cada uno de ellas responden a distintos motivos los cuales deben  comprobarse  de  diferente  forma,  lo  que  exige su formulación en capítulos  separados.   

En cumplimiento de la función de magisterio,  la  Sala  debe  recordar,  que si el censor pretendía enraizar la censura en un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad, es preciso recordar que tal  modalidad  se  presenta  cuando el juzgador, al apreciar una determinada prueba,  falsea  su  contenido  fáctico, poniéndola a decir lo que ella literalmente no  reza,      bien     por     distorsión,     tergiversación,     adición     o  cercenamiento.   

Por  lo  tanto,  compete  al  casacionista  señalar  en  la  demanda,  cuál  es  el  contenido  del medio probatorio, qué  concreción   hicieron  de  su  texto  los  juzgadores  de  instancia,  en  qué  consistió  el  desacierto  y  cómo  éste  repercutió desfavorablemente en la  decisión  cuestionada,  pues se trata de señalar que de no haberse cometido el  error  denunciado  habría  dado  lugar  a  que  la decisión impugnada fuera de  contenido diverso.   

De otra parte, si la critica se dirige contra  el   ejercicio  dialéctico  realizado  por  los  juzgadores  de  instancia  con  fundamento  en la prueba recaudada, el casacionista debe precisar si el yerro se  focalizó  en  el  quebrantamiento  de  las reglas de la sana crítica, bien por  desconocimiento  de los postulados de la lógica, los principios de la ciencia o  los  dictados  de  la  experiencia  en  la valoración de la prueba incorporada;  empero,  pese  a cuestionar las consideraciones del Tribunal, en la sentencia de  segunda   instancia,   no   se   refirió   expresamente   a   este  sentido  de  violación.   

Ahora   bien,   en  tercer  lugar,  si  la  inconformidad  del  libelista  se  orientaba  a demostrar un yerro fincado en un  falso  juicio de existencia, por omisión de la prueba, se observa que desconoce  su  sentido  y  alcance  porque  no indicó los medios probatorios supuestamente  omitidos;  sin  embargo,  lo que caracteriza su escrito es el invariable disenso  de  las  conclusiones  a  las  que  arribaron  los  juzgadores de instancia para  declarar   la   absolución   del   procesado,   dejando  en  evidencia  que  su  inconformidad   radica   en  el  grado  de  apreciación  que  los  funcionarios  judiciales  le  otorgaron  a  los  medios  de  prueba,  olvidando  que la simple  discrepancia  de  criterios en torno a su mérito no constituye yerro demandable  en casación.   

Resulta  claro, entonces, que la censura, no  solamente  incurre  en los defectos aludidos, sino que, desborda el cauce normal  de  su  alegación  para  dedicarse a efectuar apreciaciones personales sobre el  mérito  persuasivo  de  las  pruebas  allegadas  para  anteponerlas al criterio  valorativo  de los juzgadores de instancia, en posición francamente inadmisible  en sede de casación.   

Al margen de las deficiencias metodológicas  que  presenta  el  escrito,  la  Sala  no  advierte vulneración de los derechos  fundamentales,  ni  causales  de  nulidad  que  la obliguen a un pronunciamiento  oficioso.   

En las anteriores condiciones, la demanda no  resulta  idónea  para  suscitar el estudio de fondo de la situación denunciada  por  el  impugnante,  lo que constituye razón más que suficiente para disponer  su rechazo.   

Atendidas  las  razones  expuestas, la Corte  Suprema de Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR  la  casación  interpuesta por el  apoderado     de     la     parte    civil,    por    las    razones    anotadas  precedentemente.   

Devuélvase  el  expediente  al  Tribunal de  origen.   

CÓPIESE, COMUNÍQUESE y  CÚMPLASE   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                             JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS                

                                                                                                     IMPEDIDO   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                                    JULIO   ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA           

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                                     JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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