20457(06-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20457  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 162  

Bogotá, D.C.  seis (6) de septiembre de  dos mil siete (2007).   

                                                        V I S T O S   

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  demanda   de   revisión   presentada   por   el   apoderado   de   ARMANDO   HOLGUÍN   SARRIA,   contra  la  sentencia  de  casación  proferida  por esta Sala el 13 de febrero de 2002, por  medio  de  la  cual  se decidió no casar la sentencia proferida por el Tribunal  Nacional  que  confirmó  el  fallo  de  condena  emitido por el extinto Juzgado  Regional de Cali.   

                                                        H E C H O S   

Fueron resumidos en la sentencia de casación  de la siguiente manera:   

“Dan  cuenta los  autos  que  como  consecuencia  de  las múltiples diligencias de allanamiento y  registro  efectuadas  por el Comando Especial Conjunto y la Fiscalía General de  la  Nación  con  el  propósito  de  capturar  a  los  presuntos dirigentes del  denominado  “Cartel  de  Cali”, las autoridades incautaron títulos valores,  órdenes  de  alojamiento  y  facturas  de  hotel  que  vinculaban  a diferentes  personajes  del  ámbito  político  nacional  con los confesos narcotraficantes  Miguel Ángel y Gilberto José Rodríguez Orejuela.   

Entre   la  documentación  decomisada  se  detectaron  varios cheques a favor del entonces Senador de la República ARMANDO  HOLGUÍN,  de  Norma  Cortés  Wiedmann  y  Ramiro  Sarria, esposa y hermano del  primero,  respectivamente,  girados  contra cuentas corrientes manejadas por los  mencionados  Rodríguez Orejuela, que se hicieron efectivos a través de cuentas  corrientes o de ahorros de las cuales era titular el procesado.   

Por  este  medio el doctor HOLGUÍN resultó  beneficiario  de  la  suma  de  doscientos  cuarenta y ocho millones seiscientos  sesenta  y  dos  mil  pesos ($248.662.000), a la que se adicionaron dos millones  doscientos   trece   mil   setecientos   ochenta  y  cinco  pesos  ($2.213.785),  correspondientes  a gastos de alojamiento y consumos efectuados por aquél en el  Hotel  Intercontinental  de  la  ciudad  de  Cali,  sufragados  por  la sociedad  Inversiones  Ara  Ltda.,en  la  que  se  constató  tenían  participación  los  familiares cercanos de los hermanos Rodríguez Orejuela”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1.-  En  virtud  del  fuero  que amparaba al  entonces   senador   HOLGUÍN   SARRIA,  para  la  investigación  por su presunta incursión en el delito de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares  contemplado en el artículo 1º del  decreto  1895  de  1989,  una  comisión  de  fiscales  adscrita  a la Fiscalía  Regional  de  esta ciudad, mediante resolución del 18 de abril de 1995, ordenó  la    expedición    de   copias   con   destino   a   la   Corte   Suprema   de  Justicia.   

2.-  El  Magistrado  sustanciador,  luego de  adelantar  investigación  preliminar,  el  9  de  febrero  de  1996  ordenó la  apertura  de  la  instrucción y la vinculación mediante indagatoria del doctor  ARMANDO  HOLGUÍN  SARRIA,  a  quien   se  resolvió  su  situación   jurídica   el   23   de   abril   del  mismo   año,  imponiéndosele detención   preventiva    por     el     delito    de    enriquecimiento  ilícito   de   particulares,  tipificado  en  el   artículo   1º   del   decreto   1895   de 1989,   convertido     en    legislación    permanente    por   el   artículo  10  del Decreto  2266  de  1991, y  el  16  de  diciembre  de  1996,  la  Corte  calificó el mérito probatorio con  resolución  de  acusación  en  la que atribuyó al sindicado la autoría de la  referida conducta punible.   

La  anterior  decisión  fue  recurrida  en  reposición  y, con providencia del 7 de febrero de 1997, la Sala negó la misma  manteniendo  la  acusación, notificando personalmente lo resuelto al procurador  delegado  y  al  acusado,  y  mediante estado del 17 de febrero siguiente, a los  demás sujetos procesales (fls. 125 vto. y 127 c. o. 5).   

La  defensora suplente del acusado, informó  con  escrito del 5 de marzo de 1997, que la Mesa  Directiva  del   Senado   de  la  República  aceptó  la  renuncia  que  el procesado hiciera de su investidura de congresista, mediante resolución  No.   004   del   10   de   febrero  de  1997  y,  en   consecuencia,   desaparecido   el  fuero  constitucional  que  lo   cobijaba,      la      Corte     ordenó    remitir     las   diligencias   por   competencia   a   los  jueces   regionales de Cali, mediante proveído del 6 de marzo de 1997.   

3.- El Juzgado Regional de Cali Valle, luego  de  rituado  el  trámite  propio  de  la  causa,  con fecha 13 de marzo de 1998  profirió  fallo  condenatorio contra el doctor ARMANDO  HOLGUÍN  SARRIA,  imponiéndole las penas principales  de  72  meses  de  prisión  y multa de $221.662.000, como autor responsable del  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de particulares, previsto en el artículo  1º  del Decreto 1895 de 1989, erigido en legislación permanente por el Decreto  2266  de  1991, que fue apelado por la defensa, siendo confirmado por el extinto  Tribunal Nacional, con sentencia del 6 de julio de 1998.   

4.-  El  apoderado  del acusado interpuso el  recurso  extraordinario  de casación que sustentó oportunamente y fue admitido  por  la  Corte, y mediante fallo de 13 de febrero de 2002, resolvió no casar la  sentencia impugnada.   

           

                                             L A   D E M A N D A   

Con fundamento en la causal contemplada en el  numeral  2  del  artículo  220  de  la  ley 600 de 2000, el demandante ataca la  sentencia  de casación, por presunta prescripción de la acción penal, para lo  cual  efectúa  una relación secuencial de la actuación, iniciando con el auto  proferido  por  la Corte el 16 de diciembre de 1996, por medio del cual formuló  pliego  de  cargos  contra  el  doctor  HOLGUÍN SARRIA  y la providencia del 7 de febrero de 1997, mediante la  cual  resolvió  negar  la  reposición  interpuesta  contra  el  llamamiento  a  juicio.   

Apoyado  en  criterios  de  la  doctrina, el  libelista  concluye que ante el surgimiento de una cualquiera de las causales de  improseguibilidad  de  la  acción  penal,  como  la  prescripción, no puede la  administración  de  justicia continuar el proceso y debe proceder a declararla,  amén  de  que  el  ordenamiento procesal penal impone al Estado un límite para  que  pueda  pronunciarse  sobre  la responsabilidad de una persona sometida a su  jurisdicción,  con el objeto de garantizar al ciudadano el adelantamiento de un  juicio  ágil  y  sin  dilaciones  injustificadas,  como  derecho  de  raigambre  constitucional   amparado   por   tratados   internacionales   como   el   pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos  y la Convención Americana  sobre Derechos Humanos.   

Explica  el  actor,  que  el artículo 1 del  decreto  1895  de  1989  que  tipificaba  el delito de enriquecimiento ilícito,  contemplaba  una  pena  máxima  de 10 años de prisión, quantum atendible para  los  efectos  de la prescripción, conforme a lo indicado en el artículo 83 del  Código  Penal,  y  si  de  acuerdo  al  artículo  86  ibídem,  el término de  prescripción  se interrumpe con la ejecutoria de la resolución de acusación y  comienza  a correr de nuevo por un lapso igual a la mitad de la pena máxima, el  nuevo  término  de  prescripción,  en  el  caso  concreto, ascendería a cinco  años.   

Así las cosas, como el llamamiento a juicio  se  produjo  el  16  de diciembre de 1996 y su ejecutoria fue el 7 de febrero de  1997,  fecha  en  la  que se decidió el recurso de reposición, resulta para el  accionante  claro,  que  el  día en el cual se profirió sentencia de casación  – 13 de febrero de 2002 -,  el  término  de prescripción ya se encontraba agotado, y por  lo tanto no  era  procedente  dictar  el  fallo,  sino la providencia por medio de la cual se  declarara extinguida la acción penal por prescripción.    

Aduce  que  por  tratarse  de  un proceso de  única  instancia, la resolución de acusación solo podía atacarse mediante el  recurso  de  reposición,  el  cual  una  vez  resuelto  produce efectos de cosa  juzgada  formal  en  la fecha en que la decisión es suscrita por el funcionario  competente,  porque de acuerdo con el artículo 190 de la ley 600 de 2000, dicha  providencia  es   inimpugnable, razón por la cual el 7 de febrero de 1997,  día  en  que  se  resolvió la reposición contra el llamamiento a juicio, debe  ser considerado como la fecha de ejecutoria del mismo.    

Con  todo,  enfatiza  el demandante que para  cuando  se  profirió  la  sentencia  de  casación  –  13  de  febrero  de 2002  –  habían transcurrido 5  años  y  7  días  desde la ejecutoria de la acusación, por lo que solicita la  anulación  de la ejecutoria de la misma y se profiera la providencia decretando  la  cesación  de  procedimiento  y  se  libre  orden  para  que se cancelen los  antecedentes penales.   

A   C  T  U  A  C  I  Ó  N    E  N   L A   C O R T E   

Admitida la demanda y recibido el expediente  en  la  Corte, de conformidad con la previsión contenida en el artículo 224 de  la  ley  600  de  2000, se dispuso surtir traslado a los intervinientes para que  solicitaran  la  práctica  de las pruebas que consideraran conducentes, quienes  guardaron silencio.   

C  O N S I D E R A C I O N E S   D  E   L A   S A L A   

Para  la  Corte es claro que en presencia de  una  causal  de improseguibilidad de la acción como la prescripción, el estado  pierde  su  potestad  punitiva  y  por  ende  debe  ser  declarada tan pronto se  consolide  el término. Este ha sido, de antiguo, criterio reiterado y pacífico  de la Sala, sustentado en diversos pronunciamientos.   

       

Sin  embargo, como es natural, en cada caso,  debe  acudirse  a una auscultación conglobante de preceptos de orden procesal y  sustantivo,  incluido,  obviamente,  el  tipo  penal  infringido que contiene el  quantum     punitivo     base    para    la    determinación    del    término  prescriptivo.   

Tales  aspectos perfilan el conocimiento del  espacio  temporal  requerido  para la estructuración de la causal de revisión,  que  han  sido  valorados  por  el actor con un criterio que se distancia de los  preceptos  procesales concernientes con la ejecutoria de las providencias y para  el  caso  bajo  estudio,  con la firmeza de la decisión por medio de la cual se  llamó   a   juicio   al   doctor   ARMANDO  HOLGUÍN  SARRIA.   

Deviene  incuestionable  que  el  máximo de  sanción  para  el  punible  por  el cual se juzgó al procesado es de diez (10)  años,  conforme  con  la  normatividad ya referida, constituyendo ello punto de  partida    para   establecer   el   término   de   prescripción   –  artículos  80  decreto  100 de 1980  (hoy  art.  83 ley 599 de 2000) -, que al ser interrumpido por la resolución de  acusación,  tal  como  lo  disponía  el artículo 84 y, hoy lo consagra el 86,  respectivamente,  de  las  normatividades en cita, empieza a correr de nuevo por  un   tiempo   igual   a   la   mitad  – 5 años -.   

Ahora, frente a la dialéctica jurídica del  demandante  atinente  a  la  fecha  en  que  cobró ejecutoria la acusación, al  señalar  que lo fue el 7 de febrero de 1997 cuando se suscribió la providencia  mediante  la  cual se negó la reposición de la acusación, debe señalarse que  el  sustento  de  tal argumento no se adecua al estricto sentido y alcance de la  normativa   procedimental   que  desarrolla  los  institutos  de  los  recursos,  notificaciones     y     consecuente     ejecutoria    de    las    providencias  judiciales.   

Es axiomático que la ley instrumental marca  directrices  en cuanto atañe a la ejecutoria de las providencias, señalando de  modo  general  las  que requieren notificación, precisando aquéllas que cobran  ejecutoria  el  día  que  son  suscritas  por  el  funcionario  correspondiente  -artículos  186  y  197 del decreto 2700 de 1991 (hoy arts.176 y 187 la ley 600  de  2000)-  y, con la misma orientación, se consagró la inimpugnabilidad de la  providencia  que  decide  la reposición y la excepción que conlleva -artículo  201  del  Decreto  2700 de 1991 (hoy 190 de la ley 600 de 2000)-, de donde fluye  el   sentido   y   alcance   de   la   previsión,   atendiendo   principios  de  hermenéutica  teleológica.   

Inicialmente,  en  la  primera de las normas  citadas   expresamente  se  hace  alusión  a  la  necesidad  de  notificar  las  providencias  interlocutorias,  como en efecto lo es aquella mediante la cual se  resolvió  el  recurso  de  reposición  interpuesto  contra  la  resolución de  acusación,  por  corresponder a un aspecto sustancial de la actuación; de otro  lado,  no  se  trata  de ninguna de las decisiones a que alude el inciso segundo  del   artículo  197  ya  mencionado  –  hoy  artículo  187  del decreto 2700 de 1991 -, como aquellas que  “quedan  ejecutoriadas el día en que sean suscritas  por  el  funcionario correspondiente”; y por último,  el    artículo    201    citado   con   inmediata   anterioridad   –  hoy  190  del  decreto 2700  de  1991  -,  hace  salvedad  en  punto  a  la  permisibilidad  de  un nuevo recurso  (reposición   de  reposición)  ante  el  advenimiento  de  las  eventualidades  puntualizadas  en  el  precepto  procesal,  es  decir, cuando la providencia que  resuelve     la     reposición     “contenga  puntos  que  no  hayan  sido  decididos  en la anterior, o  cuando  algunos  de  los  sujetos  procesales, a consecuencia de la reposición,  adquiera   interés   jurídico   para   recurrir”,  lo cual explicaría que el legislador no haya incluido  en  el  catálogo  de  las  providencia que quedan ejecutoriadas el día que son  suscritas  por  el  funcionario  correspondiente,  la que resuelve el recurso de  reposición.   

Refulge  como  sana  conclusión,  que  al  resolverse  el  recurso  horizontal,  legalmente  deba notificarse la decisión,  otorgándose  la oportunidad para que los sujetos procesales estudien la misma e  intenten,  si  lo consideran procedente, una nueva reclamación ante la eventual  existencia  de una cualquiera de las dos situaciones reveladas en el dispositivo  procedimental.   

Todo   lo   cual   permite  advertir,  sin  dificultad,   que  la  providencia  que  resuelve  la  reposición,  solo  queda  ejecutoriada después de ser notificada legalmente.   

Ahora,  en el caso concreto el proveído con  el  cual  se  calificó  el  mérito  del sumario tiene fecha 16 de diciembre de  1996,  y  como  fue recurrida en reposición (único recurso viable por tratarse  de  un  proceso  de  única  instancia  para  entonces),  la Corte se pronunció  negativamente  el  7 de febrero de 1997, notificándose de ello personalmente al  procesado  el  10 de febrero y el procurador delegado el día 11, mientras que a  los  demás sujetos procesales se les notificó por estado el 17 del mismo mes y  año,  siguiendo lo previsto por la normatividad procesal aplicable – artículos  187  y  subsiguientes  del decreto 2700 de 1991 (hoy arts. 176,178, 179 y 187 de  la ley 600 de 2000).   

En  consecuencia, tres (3) días después de  la  notificación  por estado, quedó ejecutoriado el pliego de cargos, esto es,  el 20 de febrero de 1997.   

Por manera que para el 13 de febrero de 2002,  fecha  en que fue resuelto el recurso extraordinario de casación por esta Sala,  no  se  habían cumplido aún los cinco (5) años requeridos para que operara el  fenómeno   jurídico  de  la  prescripción  y,  consecuencialmente,  se  torna  infundada la causal de revisión esgrimida.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA SALA DE CASACIÓN PENAL,   

                                                   R E S U E L V E   

1.-      DECLARAR      infundada  la  causal  de  revisión  aducida  por  el apoderado de  ARMANDO        HOLGUÍN       SARRIA,   condenado   por   el   delito   de  enriquecimiento  ilícito de particulares,   por   las  razones  consignadas  en  la  anterior  motivación.   

2.-  DISPONER  la  devolución del expediente al Juzgado de origen.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

CÓPIESE, NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                            JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                             JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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