24327(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24327  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No.073  

Bogotá. D.C., dieciséis (16) de mayo de dos  mil siete (2007).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Resolver  el recurso de casación interpuesto  por    el    defensor    de   PEDRO   ISIDRO   PARRA  MURCIA  contra  el  fallo  dictado  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  14  de febrero de 2005, mediante el cual confirmó la  condena  impuesta el 27 de mayo del 2004 por el Juzgado 38 Penal del Circuito de  la misma ciudad.   

HECHOS  

El  24  de  abril  del 2003, hacia las seis y  media    de   la   mañana,   PEDRO   ISIDRO   PARRA  MURCIA,  tío  de  la  menor  A.Y.G.P., de 12 años de  edad,  se introdujo en su habitación y la sometió por la fuerza, accediéndola  carnalmente por la vagina y el ano.   

         

El  agresor  fue capturado ese mismo día por  agentes  de  la  policía  adscritos  a  la  Cuarta Estación de San Cristóbal,  quienes  obtuvieron  información  del  hecho  y  del lugar de ocurrencia por un  reporte de la central de radio.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Adelantada  la investigación, el 25 de julio  de  2003 la Fiscalía Seccional 235 de la Unidad de Delitos contra la Integridad  y  la  Formación Sexuales, acusó al imputado como autor responsable del delito  de  acceso  carnal abusivo con menor de catorce años  agravado.   

La defensa apeló.  

La  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  modificó  la decisión en el sentido de señalar que la conducta punible por la  que  procede  la  acusación  es  la  de acceso carnal  violento,  contemplada  en  el artículo 205 del Código Penal, con el agravante  previsto   en   el   artículo   211  –  2  ibídem.  En  lo demás confirmó el  proveído, el 30 de septiembre del mismo año.   

El  Tribunal  Superior  de  Bogotá, el 29 de  enero  del 2004, dejó sin efecto el cambio hecho a la calificación provisional  efectuada  por  la fiscalía de segundo grado, por haber excedido sus facultades  legales.   

En  la  diligencia  de audiencia pública, la  fiscal   delegada,   a  solicitud  de  la  titular  del  despacho,  varió  la  calificación jurídica de la  conducta  proferida  por  el  funcionario  instructor,  por  la  de acceso    carnal    violento,   con   menor   de   catorce   años,  agravado.   

Culminado el debate,  el Juzgado 38 Penal  del   Circuito   de   Bogotá  condenó,  por  esa  misma  conducta  punible,  a  PEDRO  ISIDRO PARRA MURCIA a  la  pena principal de once (11) años de prisión y, por el mismo término, a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas, en providencia  del 27 de mayo del 2004.   

El  fallo,  apelado  por  el  defensor  del  condenado,  fue  confirmado  en  su integridad, en providencia que es objeto del  recurso de casación.   

LA DEMANDA  

Cargo único  

Aduce   el  casacionista  que  el  fallador  incurrió  en  violación indirecta  del artículo 205 del Código Penal, a  causa  de  un  falso  juicio  de  identidad, por cercenamiento de las siguientes  pruebas:   

1.  El informe policivo, donde se dice que la  menor      manifestó      a      los      uniformados      que     ‘…su  tío  quien   se   encontraba   en   la   parte   trasera  de  la  casa,  había   tratado   de   abusar   sexualmente   de  ella…’  y  no  como  se dice en la sentencia, que su tío la había violado, sometiéndola a la  fuerza.   

2.  La declaración que la menor rindió ante  la  fiscalía, cuando señaló: “El solamente con el  pene  me  tocó  por  fuera  de  la  vagina  y  por  fuera  del  ano”.  Esta  afirmación  fue omitida; no se tuvo en cuenta para nada  en las sentencias.   

3.  El  examen  médico legal practicado a la  menor,  en  el  que  se  concluye  que  no  se encontraron espermatozoides en su  pantalón  interior y ella misma afirmó que estaban mojados, cuando dice que se  le  escapó  al  agresor,  lo que prueba que no recibió esperma de PEDRO   ISIDRO.   El   lugar   donde  se  encontraron fue por fuera de la cavidad vaginal.    

4.   La   historia  clínica  de  A.Y.G.P.,  procedente  del  Hospital  La  Victoria,  que  permite  establecer con meridiana  precisión que el acceso carnal no existió.   

5. El interrogatorio efectuado en la audiencia  pública  a la perito Nora Lucía Arredondo Parra, médica especializada forense  de  la  Universidad Nacional, acerca de los exámenes sexológicos practicados a  la  menor,  de cuyas respuestas se puede inferir que no existió penetración en  esfínter  alguno, pero en las sentencias no se tiene en cuenta aquella parte de  la  prueba,  recortándola,  siendo  idónea  y  fundamental  en  esta  clase de  delitos.   

Es  trascendente  el  error  de  hecho en que  incurrieron  los  operadores  judiciales,  en  perjuicio  del  procesado a quien  condenaron  por  el  delito de acceso carnal violento y no por el de acto sexual  violento, consagrado en el artículo 206 del Código Penal.   

Con ese fundamento solicita casar la sentencia  recurrida y dictar la que deba reemplazarla.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

La  señora Procuradora Tercera Delegada para  la  Casación  Penal  recomienda  no  casar  la  sentencia,  por  las siguientes  razones:   

1.  El  demandante  no cumplió con todas las  exigencias  para  postular  el  error de hecho por falso juicio de identidad que  pregona,  dado  que  no concretó la forma como el sentenciador distorsionó las  pruebas aludidas en el cargo.   

2.  El Tribunal se apoyó en la totalidad del  acervo  probatorio  que  conforma  el expediente, y no de manera diferenciada en  cada  una  de  las  pruebas  allegadas al proceso. Y de su análisis en conjunto  infiere  que  tanto  el  hecho  como  la  responsabilidad  del  procesado están  debidamente comprobados.   

3.   La   sentencia  valoró  la  totalidad  probatoria  de manera ajustada a derecho, otorgó credibilidad a la declaración  de  la  víctima,  estimó  la experticia médico forense practicada a la menor,  así  como la indagatoria del procesado y demás declaraciones de los familiares  que  viven  con  los  involucrados en este asunto, para declarar la autoría del  delito, sin que se advierta yerro alguno.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  Sala  observa  que no se configura el  error  de hecho por falso juicio de identidad que el casacionista atribuye a los  juzgadores  de  instancia y, por tanto, la presunción de acierto y legalidad de  la sentencia recurrida se mantiene incólume.   

Es necesario advertir que el pretendido error  de  contemplación  por cercenamiento de los elementos de juicio que denuncia el  casacionista  carece  del  fundamento  requerido  para evidenciar esa especie de  dislate,  dado  que  apenas  extractó  apartes  de  las  pruebas  presuntamente  distorsionadas,  pero  omitió confrontar su tenor literal con la lectura que de  su  contenido  material hicieron los sentenciadores al momento de fijarlas en el  fallo.  De  paso, tampoco se ocupó de acreditar su trascendencia, señalando la  repercusión del supuesto yerro en la sentencia impugnada.   

En  cambio,  de  manera muy conveniente a los  intereses  de  su  representado,  y  alejada de la argumentación requerida para  fundamentar  el  juicio  de  legalidad  a  la sentencia, tomó fragmentos de las  pruebas   cuestionadas   para   luego  analizarlas  de  acuerdo  a  su  criterio  personal.   

Algunas veces, el presunto corte probatorio lo  radica  el  libelista  en  que  algunas  expresiones  del  fallador no coinciden  exactamente  con el tenor literal de la prueba. Pero esta circunstancia, como ha  dicho  la  Sala1,  no  es  reveladora,  necesariamente,  de  un  falseamiento  de su  contenido  porque,  como  ocurre  en  este  caso,  es  posible  que  se utilicen  expresiones  gramaticales  diferentes  a  las  del  texto  original, sin ninguna  mutación en el significado de la prueba.    

2.  Sobre  el  propósito  principal  de  la  censura,  tendiente  a  demostrar  que  se configura la conducta punible de acto  sexual  violento,  se  debe  señalar  que  los sentenciadores, en un riguroso y  atinado  estudio  de la prueba incriminatoria, concluyeron que el comportamiento  del  procesado  se  enmarca  en  la  descripción  hecha en el artículo 205 del  Código Penal, esto es, el acceso carnal violento.   

Según  lo consignado en el informe elaborado  por  los  policías  que atendieron el caso, una vez la menor les indicó que su  tío  acababa  de agredirla sexualmente y que se encontraba en el interior de la  casa,  donde  fue  capturado,  los  condujeron  inmediatamente  al  Instituto de  Medicina  Legal  y  se  les  practicó  examen  sexológico,  con  el  siguiente  resultado:   

Paciente de sexo femenino de edad clínica 12  años  quien  refiere  que un tío Pedro Isidro Parra Murcia, hoy en la mañana,  la  molestó,  describe  que  le  quitó la ropa interior, le puso el pene en la  cola  y la vagina, describe tocamientos del cuerpo y genitales con las manos. El  examen  físico  de  hoy  se correlaciona con el hallazgo de equimosis en himen,  edema  en  himen,  eritema  en genitales externos. Lo anterior indica huellas de  trauma   en   genitales.   Ano   con   leve   hipotonía  y  eritema2   

.  

Ese  resultado,  unido  a  los relatos que la  menor  suministró  al Médico Legista y a la justicia, llevó al sentenciador a  establecer  la  violencia  física  a  que  fue  sometida  por  su  agresor para  impedirle  que  se  defendiera.  Estos  son  los  razonamientos del A quo:   

Esa  equimosis  y edema en el himen y en los  meridianos  de  las  siete  y  las  ocho  reflejan  que se introdujo al menos en  mínima  parte  el  asta  viril en la cavidad vaginal, pues, de qué otra manera  explicar  las  alteraciones  fisiológicas  que  presentó el himen de la menor,  afirmación  que  cobra  mayor  fortaleza  con  el  resultado de laboratorio que  indica,  que  la  muestra  tomada al frotis del introito vaginal, se encontraron  dos    espermatozoides,   demostrando   entonces   que   el   coito   sí   tuvo  ocurrencia.   

Ahora  la apariencia presentada en el ano de  la  menor,  también es el vivo ejemplo de las manipulaciones sexuales a que fue  expuesta;  todo  lo  relatado de manera categórica, demuestra que en efecto nos  encontramos    frente    a    la   descripción   típica   de   acceso   carnal  violento3   

.  

El libelista aduce una hipotética supresión  -que  no  demuestra-   frente  al  resultado  del  examen practicado por el  laboratorio  de  Biología  Forense,  según  el  cual,  en la muestra de frotis  introito  vaginal  se  observaron  dos espermatozoides por preparación y en las  muestras  de  frotis  fondo  vaginal,  frotis  anal  y  pantalón interior no se  observaron  espermatozoides.  Sin  embargo,  es  un pretexto para insistir en la  tesis  según  la  cual,  ese  resultado  muestra  que  la  víctima no recibió  espermatozoides   de   su  tío  “y  estos  estaban  incubados  o  eran del novio con quien tuvo actos sexuales día o días antes de  los  hechos  y  no  como dice la sentencia que tergiversa y hace referencia es a  los  interiores  de  Pedro  Isidro,  que  si  tenían  líquido  seminal  por su  masturbación horas antes de los hechos que se le imputan”.   

Esa  visión  aislada  y  fragmentaria  del  libelista,  ausente de la confrontación lógica que le correspondía efectuar a  los  juicios del sentenciador, es otro de los defectos que se suman al reproche.  Con  buen  tino,  el  Tribunal  concluyó  que  la  menor  había sido ultrajada  mediante  violencia,  no solo por las huellas encontradas en sus genitales, sino  porque  las  mismas  coinciden  con  su  descripción  de las circunstancias que  rodearon  los  hechos,  esto  es,  que  el victimario la abrazó con fuerza y la  apretó  contra  su  cuerpo  mientras ejecutaba los actos dañosos en sus partes  íntimas,  sin  desistir, pese a los ruegos de la menor, quien pudo zafarse tras  gran  esfuerzo,  incluso  luego  de  la eyaculación, situación que explica los  rastros en la ropa interior de ambos.   

De ahí que las reflexiones del defensor sean  insostenibles   ante   la   inexistencia   de   prueba,  como  bien  razonó  el  Tribunal:   

Y  es  que  si  la pequeña había sostenido  relaciones  sexuales  con su novio el día anterior, de acuerdo con lo expresado  por  la  defensa,  que  no  probado  como  aduce,  ¿cómo  podría haberse ella  enterado   que  su  tío  aquella  madrugada  se  masturbó  para  edificar  con  precisión  la  sindicación?,  realmente  que  es  fantasiosa  la  versión que  pretende  así  el recurrente, cuestionando el dicho de la jovencita, pues en su  sentir    acomodó   la  acusación   para   darle   visos  de  credibilidad4   

.  

Para  finalizar,  el recurrente se refiere al  interrogatorio  que  la  perito  forense contestó en la diligencia de audiencia  pública,  para  demostrar, con base en sus respuestas, que no hubo penetración  alguna en la menor.   

Técnicamente   no   se   puede  hablar  de  cercenamiento  de esa prueba, porque el sentenciador no fijó su contenido en la  sentencia.  Y  en  lo  sustancial,  los  jueces  advirtieron la existencia de la  conducta  punible  con  fundamento  en  el  análisis  ponderado y razonable del  conjunto    probatorio    y    en    el   criterio   jurisprudencial5, en virtud del  cual,  “el  acceso  carnal  ha  sido concebido como  aquella  intromisión viril por cualquiera de los esfínteres de la víctima, lo  que  implica,  al  menos,  que  dicha  introducción  sea  parcial  para  que se  configure el delito”.   

Por  todo  lo  anterior,  el  cargo  no está  llamado a prosperar.   

En virtud de lo expuesto, la Sala de Casación  Penal  de   la  Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR   la  sentencia impugnada.   

Notifíquese y Cúmplase  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                                             ÁLVARO                        ORLANDO                       PÉREZ  PINZÓN                                        

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                             JORGE                         LUIS                         QUINTERO  MILANÉS                                                                                                      

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                  JULIO   E.   SOCHA  SALAMANCA                     

MAURO    SOLARTE    PORTILLA                                            JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

  Teresa Ruiz Núñez  

           Secretaria   

    

1  Sentencia   del   11  de  diciembre  de  2003,  Rdo.  19.775.   

2 Fl 7  c.o.   

3  Fl 104 C.O Juicio.   

4  Fl 24 C. Tribunal.   

5  Sentencia   del   22   de   octubre  de  2003,  Rdo.  16.368.     

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