29930(23-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29930  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado      Acta     No. 78   

Bogotá,  D.C.,  veintitrés (23) de mayo de  dos mil siete (2007)   

Procede la Sala en ésta oportunidad a fin de  constatar  todos  aquellos  supuestos  lógicos  y  de  coherente demostración,  imprescindibles  para la admisión de la demanda de casación presentada por los  defensores  de   JAIRO  HERNÁN  ALONSO  OLAYA o  JAIRO   GUARÍN  y  ALVARO  JOSÉ  HOYOS  TRUJILLO.  Se  precisa  que el Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial de Montería, Sala de decisión Penal, expidió  en  la  misma  actuación  dos  fallos  condenatorios,  el  23  de febrero 2006,  aprobados       mediante       actas       00711     y     00722.   

HECHOS Y ACTUCIÓN PROCESAL  

1.-  Con fundamento  en    un    operativo    bautizado    “operación  café”   realizado  en  España  el día 30 de  noviembre  de  1998,  se capturaron varias personas extranjeras. Así mismo, las  autoridades  incautaron  214 kilogramos de cocaína los cuales iban embalados en  66  cajas  de  limones  sintéticos  de  la empresa Limonarca la cual funciona u  opera en el vecino país de Venezuela.       

2.-   Por   las  interceptaciones  a diversos abonados telefónicos ordenadas por las autoridades  colombianas  se  establecieron nuevos embarque del citado psicotrópico, el cual  estaría  camuflado  en palos de madera (carbones) y baldosas del mismo material  destinadas  a  la decoración. Las personas colombianas que fueron identificadas  como   parlantes  en  las  referidas  conversaciones  fueron  objeto  de  formal  vinculación  a  la  actuación,  contra  quienes  se  libró  orden de captura,  impartida  entre  otros,  para  JAIRO  HERNÁN ALONSO  OLAYA    y   ALVARO   JOSÉ  HOYOS  TRUJILLO.    

3.- Es de anotar que  en  el presente caso se ordenó la ruptura de la unidad procesal, llevándose en  un  mismo  expediente  dos  actuaciones cuyos hechos fueron considerados por las  instancias conexos.    

Por  lo  tanto,  el  expediente contiene dos  resoluciones  de acusación  y  dos  fallos de primera y  segunda instancia.   

1)  La  primera  resolución  de  acusación  se  profirió  en  marzo 6 de 20023, en la que se  le    imputa    el   punible   de   concierto   para  delinquir4  a  JAIRO  HERNÁN  ALONSO  OLAYA alias  JAIRO  GUARÍN.  Culmina  con  fallo  condenatorio de  fecha  febrero  23  de 2006, toda vez que el Tribunal de Montería, confirmó   la   sentencia   de  24  de  diciembre  de 2003, en donde fue sentenciado como autor responsable de infringir  el  artículo  33 de la Ley 30 de 1986, modificado por el artículo 17 de la Ley  365  de  1997;  agravado  por  el 38, 3 de la referida Ley 30. El Juez Colegiado  condenó  a la pena principal de trece (13) años ocho (8) meses dieciséis (16)  días  de  prisión,  modificando en este punto la pena de dieciséis (16) años  impuesta en el fallo recurrido.    

2)  Una  segunda  resolución  de  acusación  de marzo 16 de 2001, en donde la Fiscalía acusó a  otro  de los coimputados de nombre ÁLVARO JOSÉ HOYOS  TRUJILLO,  como  coautor de las conductas punibles de  concierto  para delinquir y  narcotráfico. Providencia  que  fue  motivo  de apelación, en donde la Delegada ante el Tribunal, decidió  confirmar  la  decisión adoptada por la unidad seccional, el 5 de junio de 2001  (fl. 39).   

Acto  procesal  seguido  lo fue la sentencia  absolutoria  a  favor  de  HOYOS  TRUJILLO,  de  marzo  26 de 2003 proferida por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado  de  Bogotá.  Luego  se emite por parte del Tribunal de  Montería,  el  23 de febrero de 2006, fallo que revocó la absolución y, en su  lugar  condena  al  citado  imputado,  por  el punible de concierto para delinquir  con fines de narcotráfico.   

Contra  los mencionados fallos condenatorios  proferidos   por   el   Tribunal   de   Montería   se   interpusieron  recursos  extraordinarios   de   casación,   motivo   por  el  cual  la  Sala  prevé  su  estudio.   

RESUMEN DE LAS DEMANDAS  

1.-  El  14  de  noviembre    de    2006,   la   defensa   técnica   del   señor   ALONSO  OLAYA, sustentó la inconformidad  extraordinaria,  invocando  el  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, en la que  anunció    un    error    de   derecho      por     falso     juicio     de  legalidad   sobre  un  reconocimiento  fotográfico;  aduciendo  que  el  Despacho  fiscal  nombró  un  defensor  de  oficio  para el  desarrollo    de    la   diligencia   en   comento,   hecho   que   –comunica-  es  ilegal  porque  no  se  puede    nombrar    a   “cualquiera”  sino  al  defensor de confianza. Además que las fotos estaban en  mal  estado  y  así  no  se puede reconocer a nadie, a pesar que el testigo sí  identificó al procesado.   

En  lo  que parece ser un segundo cargo, sin  título,  ni un adecuado desarrollo; motivado además desconociendo el contenido  de  principios  de  claridad, autonomía, no contradicción, razón suficiente y  trascendencia  rectores de  la casación, unificó la censura dirigida a la  misma   prueba   y   en  idéntico  sentido,  aduciendo  que  el  reconocimiento  fotográfico  sobre  una  foto  que es irreconocible por lo borrosa “hace  incurrir  al  Tribunal  en falso juicio de legalidad de la  prueba,   otro   error   de   derecho   sobre   la  misma  prueba”5.   

Finaliza  afirmando  que  se  violaron  los  artículos  238  y  277  del  C.  P.  P.,  que  su poderdante no es JAIRO  GUARÍN, que no existe dentro del  proceso  otra  prueba  que  permita  llegar  a  una conclusión diversa sobre la  identidad de él y solicita que sea absuelto de todos los cargos.   

2.-  El procurador  judicial  de  ALVARO JOSÉ HOYOS TRUJILLO,  presenta  al  amparo  de  las  causales  de  nulidad, como cargo  principal,  el  que  denominó “violación por falta  de  valoración  de  las  pruebas… por falta de motivación de la sentencia de  primera                 instancia”6.   

En  otro apartado del libelo, ataca el fallo  del   Tribunal,   con   el   título   de   “Cargo  Único”7,  referido  a  los  actos  procesales contenidos en la ley 906 del  2004,  artículo 457, informando que existieron irregularidades que afectaron el  debido   proceso.   Por   tanto,   asegura   que   el   error   es  “in   judicando  porque  se  desvió  el  derecho  sustancial  en  litigio,  al  haberse  resuelto  de  fondo  recayendo  sobre  el  mérito  de la  decisión,  por  equivocación  también  de las normas sustanciales… dándose  como     consecuencia     una    violación    directa    de    los    preceptos  sustanciales”8.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

    1.-  La  censura  presentada  a  favor  de JAIRO HERNÁN ALONSO  OLAYA  o  JAIRO  GUARÍN,  no  satisface  ni  el más  mínimo  presupuesto  técnico-jurídico.  Pues  si  bien, propone como punto de  partida  para lograr la infirmación del fallo de segundo nivel, un falso   juicio   de   legalidad,  en  su  desarrollo  y  demostración incurre en graves fallas a las reglas puntualizadas  por la Corporación.     

La  Sala  viene  insistiendo  que  cuando se  programa  un  ataque  por  error de derecho por falso  juicio     de     legalidad    este    “gira  alrededor  de  la validez jurídica de la prueba, o lo que  es  igual,  de su existencia jurídica, y suele manifestarse de dos maneras: “  a)  cuando  el  juzgador,  al apreciar una determinada prueba, le otorga validez  jurídica  porque  considera  que cumple las exigencias formales de producción,  sin  llenarlas  (aspecto  positivo);  y, b) cuando se le niega, porque considera  que    no    las    reúne,    cumpliéndolas   (aspecto   negativo)9   

No obstante, la censura se muestra totalmente  alegada  de  tales  presupuestos  al  informar  el  demandante que se nombró un  defensor  de oficio cuando el profesional del derecho que debió haber estado en  la  diligencia  de  reconocimiento  fotográfico  era  su  abogado de confianza;  demostrando      con      tal      proceder      argumentativo,     no  un ataque a la legalidad de la prueba  en  si  misma  considerada,  sino a un hecho contenido en ella, el cual de tener  alguna  trascendencia,  es  motivo  de  denuncia  por  una  causal  diversa a la  seleccionada por el libelista.   

En síntesis: no se elevó un ataque respecto  a  la legalidad formal de los medios de prueba relacionados por el censor, menos  aún,  adujó dónde se presentaba la irregularidad si por el aspecto positivo o  por  el  negativo;  olvidando  en forma igual, la motivación trascendente de su  inconformidad.   

Es  tanta la confusión del casacionista que  en  un  apartado  de  la  motivación  de  la  demanda  asevera que “Pierde  validez este reconocimiento; no es serio, y a la luz del  derecho  no  es  legal”10,  sin  demostrar ¿por qué?  es  ilegal  la  prueba  objeto  de  ataque,  quedándose  aislado su enunciado y  esquivando  de  contera  toda  la  técnica-jurídica  propia del extraordinario  recurso.   

Y   lo  que  hace  aún  más  latente  el  desconocimiento   de   los   requisitos  de  lógica  y  fundada  argumentación  establecidos  por  el  legislador  y desarrollados por la jurisprudencia, con el  fin  de evitar que por ésta vía de impugnación extraordinaria se estructuren   alegaciones  propias  de  las  instancias,  es por ejemplo, la afirmación del actor en el sentido que sobre  la  misma prueba se incurrió en dos falsos juicios de legalidad, sin atacar los  requisitos  que  en  un momento dado le pudieron haber impreso validez cuando no  la tenía o quitársela cuando ella sí era evidente.   

El  libelista, en consecuencia, no demostró  sí  faltaron  o  se  desconocieron  aquellos  supuestos  formales   que el  legislador  exige sobre la prueba respecto a su formación o aducción procesal,  por   parte   del   Tribunal;   incluso,  no  especificó  cuál  requisito  fue  pretermitido.   

2.-  La demanda de  casación   presentada   por   la   defensa  técnica  del  señor  ALVARO  JOSÉ HOYOS TRUJILLO, así mismo,  contiene  profundas  fallas  técnico-jurídicas, las cuales, de conformidad con  lo  preceptuado  en  el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, imponen de plano su  inmediata inadmisión.   

El    cargo  principal  –así  lo anuncia- se encuentra huérfano de las normas sustanciales  que  en  sentir  del  libelista  fueron vulneradas, haciéndolo consistir en una  nulidad   por  falta  de  motivación  de la sentencia de primer orden, por ausencia de valoración de los  diferentes  medios  probatorios,  insistiendo  que,  se  faltó al imperativo de  valoraciones  integrales  o quizás sesgadas de una o varias pruebas, para luego  afirmar      que      no      existió     el     más     leve     indicio  para responsabilizar penalmente  a su prohijado.   

Amén que sólo atacó el fallo proferido por  el  Juez  de primera instancia, al plantear una “…  nulidad   por   falta   de   motivación   de   la   sentencia  de  primera   instancia,  quebrantando  las  reglas       del       debido       proceso”11; dejando incólume el fallo  de  segunda  instancia;  con tal ejercicio, a su turno, desconoció el principio  de  unidad de decisiones en  el  entendido  que  tanto el fallo de primer grado con el del Tribunal conforman  un   sólo   cuerpo,   son  inescindibles,  es  por  ello que, cuando existe identidad temática en la parte  resolutiva  de  las  sentencias  de  instancias,  es  deber  del actor denunciar  primero  y  como  requisito  de  legitimidad,  validez y presupuesto esencial en  casación,  el  del  Tribunal,  para luego, ir acercándose al del Juez en todos  aquellos  aspectos no representados ni valorados por la instancia superior, para  conformar  un  solo cuerpo de ataque: hacer lo contrario, es dejar la acusación  extraordinaria  incumpliendo  uno  de los más elementales requisitos como lo es  que  el  reproche  debe estar encaminado a tumbar el fallo de segunda instancia,  más no el de primer orden, lo cual es un absurdo.   

En  el mismo plano asevera que los elementos  estructurales  del  punible  por el que se condenó a su representado van contra  la  tipicidad,  fundamental  en  la  teoría del delito; por otra parte, hace un  balance  probatorio  general  en  el  que  informa  que  a su juicio las pruebas  arrojarían  un  determinado  valor  probatorio,  desde  luego,  a  favor  de su  representado.    

                                  Designa un capítulo denominado  “actuación  procesal”  12,  en  el  que sostiene que “este es un  proceso  estructurado  a  base de prueba indirecta, la indiciaria”,  por  lo  que  el  Tribunal  fraccionó la prueba indiciaria para  negar la favorabilidad de la prueba.   

Como lo viene advirtiendo la Sala, la demanda  presentada    a    favor    ALVARO    JOSÉ   HOYOS  TRUJILLO,   es   una   constante  que  atropella  la  filosofía  que  inspira  el  instituto  casacional;  en  sí,  militan  grandes  desafueros  e  irreconciliables  ataques  mixtos,  los  cuales hace converger en  falsos  juicios  de  existencia  con  falsos raciocinios intercalados con falsos  juicios  de  identidad para atarlos a errores de juicio y rematar solicitando la  declaratoria  de  una  nulidad  por  vulneraciones al debido proceso, derecho de  defensa y no contradicción.   

En   páginas  subsiguientes,  propone  un  –cargo  único- después  informa  que es primer cargo  en  donde convoca una inmensa variedad de temas y de teorías entremezcladas con  criterios    dogmáticos,    como:    i)  dosificación  punitiva, ii)   si   existió   o   no   certeza   para  condenar,  iii)   autoría   plena,   iv)      coautoría,     v)      complicidad,     vi)  equivocada interpretación judicial,  vii) valoración probatoria.   

Es tan desatinada la demostración del ataque  propuesto  que  no  se puede saber cuál es el supuesto jurídico o de hecho que  quiere  derrumbar.  Agrupa en su motivación todas las causales de casación, al  presentar  errores  de  juicio confrontados con el derecho de contradicción, el  que  para rematar, lo sustenta con la trascripción de sus alegatos esbozados en  el interregno de la apelación del fallo de primer grado.   

Ahora  bien:  el  actor  cita  como  norma  sustancial  vulnerada  el artículo 457 de la Ley 906 de 2004, en lo atinente al  debido  proceso,  no  obstante  ello,  su  reproche  queda alinderado en el solo  enunciado,  toda vez que no ejercita ningún desarrollo tendiente a verificar de  qué  manera  se  vulneró el debido proceso, el por qué habría que retrotraer  la  actuación o enmendarla con un fallo de reemplazo, no centra su ataque en un  punto  específico  sino que trae muchos temas y los hace confluir en un núcleo  central de motivación.   

En  un  segundo  cargo,   equivocándose   de  Tribunal  de  Distrito  Judicial,  pues  dice  que  el  fallo  fue proferido por el de Bogotá cuando lo  cierto  del  caso  es  que  lo  fue  el de Montería13,   informa   que  se  debe  excluir  lógicamente  a su defendido de su participación en los hechos por una  valoración  errada  en  el  análisis  de  las  pruebas, por un falso juicio de  identidad  al  haberse  tergiversado,  distorsionado,  desfigurado  el hecho que  revela  la  prueba,  toda vez que el Tribunal condenó a su patrocinado variando  “la órbita de análisis probatorio de la sentencia  del   juzgado…   se   fundamentó   en  situaciones  contrarias  a  la  verdad  procesal”14.    

Con lo cual trasmuta su enfoque en un alegato  de  instancia, máxime si enarbola el fenómeno de la peligrosidad y soporta sus  conclusiones  afirmando  que  la responsabilidad de su defendido no está dentro  de  “aspectos  típicos  y  culpables,  por  simple  causalidad”15;  atropellando   de   forma  sensible  el  discurso  temático  orientado  por  la  jurisprudencia  en  punto  a  la  forma  y manera en la que se debe sustentar un  ataque en sede extraordinaria.    

Todo se queda en enunciados contradictorios,  pues  habla  de  penas,  de  culpabilidad,  de  responsabilidad  objetiva, de la  firmeza  de  las  sentencias, de nulidad, de falta de aplicación, de tipicidad,  causalidad,   peligrosidad,   para   concluir,   que   se  debe  absolver  a  su  prohijado.    

Como  se  puede  afirmar,  no se requiere de  mayor  esfuerzo  para  entender  el  desenfreno  técnico-jurídico  del censor:  irrumpe  en  forma  brusca  por  todos  los  senderos  de la teoría general del  delito,  de  la  prueba  y  del  procedimiento,  mezcla e intercala análisis de  juicio      con     valoraciones     probatorias     para     rematarlas     con  nulidades.      

La multiplicidad  de  defectos  enunciados  atrás no le dejan otro camino a la Sala que inadmitir  la  demanda  de  casación; sin olvidar que, estudiado el proceso, no se percibe  en  su  contexto,  que  se  hubiese  violentado alguna garantía fundamental que  amerite  el  facultativo ejercicio de la oficiosidad, en virtud de los dispuesto  en el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

Con fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR          las           demandas  de  casación  presentadas  a nombre de  JAIRO   HERNÁN   ALONSO   OLAYA   y      ALVARO      JOSÉ      HOYOS  TRUJILLO.   

Contra  la  presente providencia no procede  recurso alguno.   

         Cópiese,     comuníquese,  cúmplase  y devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                  ALVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                     JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                JULIO     ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                   JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Folio  232-248, cuaderno original Tribunal.   

2 Folio  162-209, cuaderno original Tribunal.   

3 Folio  199, cuaderno original 11.   

4  Descrito  en  la Ley 365 de 1997, artículo 17, en concordancia con el artículo  38 numeral 3 de la Ley 30 de 1986.   

5 Folio  312, Tribunal.   

6 Folio  18, cuaderno Tribunal.   

7 Folio  24, Tribunal.   

8 Folio  35, Tribunal.   

9 Corte  Suprema  de  Justicia,  Radicados:  15.042     de     septiembre     4     de     2002     y     23.613   del   28   de   septiembre  de  2006.   

10  Folio 307, Tribunal.   

11  Folio 18, Tribunal.   

12  Fl.13.   

13  Folio 162 y 232, cuaderno Tribunal.   

14  Folio 36, Tribunal.   

15  Folio 36, Tribunal.     

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