24329(18-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24329  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 124  

Bogotá D.C., diez y ocho de julio de dos mil  siete.   

Procede la Sala a pronunciarse de fondo sobre  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado CRISTIAN RAUL  MONSALVE  SUAREZ, contra el fallo de segunda instancia proferido por el Tribunal  Superior  de   Bogotá el 3 de febrero de 2005, por el cual confirmó en su  integridad  el  proferido  por  el Juzgado 31 penal del circuito de Bogotá, que  condenó  al  acusado como autor del delito de concusión en concurso homogéneo  y sucesivo.   

HECHOS  

          Los  hechos  fueron  resumidos  por  el  Tribunal  Superior  bajo el  siguiente tenor:   

“1.1  CRISTIAN  RAUL MONSALVE, prestaba sus  servicios  al INVIMA por lo cual debía realizar visitas para comprobar la buena  práctica  manufacturera  (BMP),  a  las  empresas productoras de medicamentos y  alimentos,  contactó  en  enero  de  2001  a  JORGE  AUGUSTO  NOREÑA,  Jefe de  Seguridad  de  GENFAR,  para  que  a  su  vez lo pusiera en comunicación con el  presidente     de     este    laboratorio    para    solicitarle    “prebendas  personales”.   

“1.2  Se  supo  al  mismo  tiempo  que  el  procesado  recibió  de ALVARO SARMIENTO MATEUS, Gerente General de Laboratorios  QUIMICA  PATRIC,  cinco millones de pesos ($5.000.000) supuestamente para ayudar  a  una  fundación  de niños  y dos millones de pesos ($2.000.000.00) para  ayudar   a   SANTANDER  SEGUNDO  PALACIO,  empleado  de  INVIMA,  quien,  según  afirmación del procesado, estaba necesitado.”   

ACTUACION PROCESAL  

          Enterado  de  ese  episodio,  el  Coordinador  del  Grupo de Control  Interno  Disciplinario  del  Instituto  Nacional de Vigilancia de Medicamentos y  Alimentos  INVIMA,  promovió  un  proceso  interno  disciplinario  e  interpuso  denuncia  penal ante la Fiscalía General de la Nación contra CRISTIAN MONSALVE  SUAREZ  la  que determinó que el 16 de julio de 2001 se emitiera resolución de  apertura  de  la  investigación,  disponiendo  la  indagatoria  del denunciado,  diligencia que se cumplió el 28 de enero de 2003.   

          El  2  de  abril  de  2003,  la  Fiscalía  ordenó  el cierre de la  investigación  y  procedió,  mediante  resolución  de  12  de mayo de 2003, a  calificar  la  actuación,  acusando  a CRISTIAN RAUL MONSALVE SUAREZ como autor  del  delito de concusión y en esa misma pieza resolvió su situación jurídica  con  imposición  de medida de aseguramiento de detención preventiva, misma que  fue  sustituida  por domiciliaria. De cara al recurso de reposición interpuesto  por  la  parte  civil,  repone  su decisión en el sentido de ampliar el cargo a  concusión en concurso homogéneo y sucesivo.   

          Concedida  la  apelación  que  contra  el calificatorio planteó la  defensa,  se  pronunció  la  Unidad  de  Fiscalías  Delegada  ante el Tribunal  Superior,  confirmándola  en  su  totalidad  mediante  interlocutorio  de 12 de  septiembre de 2003.   

          El  Juzgado  treinta  y  uno  penal del circuito de Bogotá, a quien  correspondió  el  asunto,  luego  de  realizar las audiencias preparatoria y de  juzgamiento,  dictó  sentencia  el  16  de junio de 2004, condenando al acusado  como  autor  de concusión en concurso homogéneo y sucesivo a la pena principal  de  sesenta  meses  de prisión y multa equivalente a cincuenta y cinco salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  a  favor  de  la  Nación; se abstuvo de  condenarlo  al  pago  de perjuicios, le fue negada la suspensión condicional de  la    ejecución    de    la    sentencia    y    se    le    otorgó   prisión  domiciliaria.   

          Como  consecuencia de la protesta que hicieran de la decisión tanto  el  procesado  como  su  defensor,  el Tribunal Superior de Bogotá conoció del  asunto  y  por  conducto  del  fallo  de  3  de febrero de 2005, confirmó en su  totalidad la sentencia de primer grado.   

          El  9  de  marzo de 2005, el nuevo apoderado del condenado interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  contra  la  providencia,  presentando la  correspondiente demanda el 28 de junio del mismo año.   

          Mediante  auto de 18 de octubre, se admitió la demanda y se ordenó  correr  traslado al Procurador Delegado en lo Penal, quien el 28 de mayo de 2007  rindió su concepto.   

         

LA  DEMANDA   

          La  base  de la impugnación, de conformidad con el artículo 207 de  la  ley  600  de  2000,  se  asienta  en dos cargos, ambos con invocación de la  causal  primera:  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  de varias disposiciones del código penal y violación indirecta de la  ley por errores de hecho derivados de falso raciocinio.   

1.  Cargo por violación directa.           

Retomando  los  términos  de  la Corte para  definir  el  cargo,  el  libelista afirma que se trata de un caso de aplicación  indebida  de  un  precepto sustancial por motivo de aplicar una disposición que  no  está  llamada  a  gobernar  el  caso  y  aduce  que es un clásico error de  selección  normativa,  cuyo  ámbito  engloba  los eventos de atipicidad.   Enumera  como  normas indebidamente aplicadas los artículos 2, 3, 4, 5, 23, 26,  35,  36  y  140  del código penal de 1980 y artículos 38 y 61 de la ley 599 de  2000   y   dejadas   de  aplicar  los  artículos  19  y  21  del  Dto.  100  de  1980.   

Efectuada  esa  precisión,  el  libelista  desarrolla  el cargo consignando que los requisitos del delito de concusión son  el  abuso del poder, como medio de comisión y la entrega o la simple promesa de  dinero  o  de  cualquier  otra  utilidad  que  es  el  fin.  Agrega,  que  dicha  conducta   puede ejecutarse a través del constreñimiento, la inducción o  la  solicitud,  pero  que  no  basta  con  que esas acciones estén ligadas a la  condición  de  servidor  público  sino  al abuso que se hace del cargo o de la  función.   

Añade,  que  las “prebendas personales”  que  se  dice  solicitó su cliente al Jefe de seguridad de la firma GENFAR, que  constituían  el  objeto  de su conducta, tenían que haberse dirigido, para que  fueran  típicas,  al  representante  legal  de  la  empresa, por ser la persona  adecuada  para infundirle temor en cuanto a las represalias que podrían tomarse  desde el INVIMA.   

         

          Continúa   desarrollando   su  planteamiento  con  alusiones  a  la  diferenciación  entre  objeto  jurídico,  sujeto  pasivo  y  objeto  material,  evocando  citas  de  la  doctrina, para concluir que el sujeto pasivo del delito  atribuido  a  su  poderdante  carecía  de  condiciones  para serlo por no tener  capacidad  de  disposición,  ni en lo administrativo ni en lo financiero, y que  los  jueces  de  instancia  siguieron  las “viejas prédicas carrarianas” de  asumir  el  delito  de concusión como un delito formal que se consuma con sólo  constreñir,  inducir  o  solicitar  a  alguien,  con  lo  cual  sugiere  que la  estructura del tipo necesariamente requiere de un resultado.   

Pese  a  la  última  afirmación,  en otras  líneas   transcribe   citas   doctrinarias   encaminadas   a   denotar  que  la  configuración  de este delito no reclama que el concusionario reciba la dádiva  o  la  prebenda, bastando para su consumación el allanamiento de la voluntad de  la  víctima con lo propuesto o pedido a causa de la intimidación que le genera  el abuso del poder.   

Concluye  que  la  Corte,  en  su  fallo  de  reemplazo,  deberá  absolver a su cliente por atipicidad de la conducta, por la  ausencia  de  cualificación del que denomina “sujeto  pasivo  secundario”  y  al  carecer  de “vida   jurídica”   el  “objetivo material del delito.”   

2. Cargo por violación indirecta.  

          Emplaza  la  sentencia  por  ser indirectamente violatoria de la ley  sustancial  al haberse incurrido en ella en error de hecho por falso raciocinio,  debido  a  que  el  juzgador de segunda instancia transgredió reglas de la sana  crítica  cuando valoró los testimonios de Alvaro Sarmiento Mateus, Lida Gineth  Ruiz,  Santander Palacio, Sara Sánchez y Laura Salcedo. Las normas que denuncia  como  indebidamente  aplicadas  son  los artículos 3, 4, 5, 23, 26, 27, 35, 36,  140  del  Dto.  100  de  1980  y  los artículos 38 y 61 de la ley 599 de 2000 y  dejadas   de   aplicar   los  artículos  2,  19  y  21  del  código  penal  de  1980.   

          El  punto  central de su ataque se enfoca en censurar el análisis y  la   valoración   que   el   juzgador  hizo  de  los  testimonios  mencionados,  especialmente  el  de  Sarmiento  Mateus,  pues asegura que de haberse tomado en  cuenta  las  reglas  de  la  sana  crítica  bien se hubiera comprendido que las  dádivas   fueron   entregadas  a  su  cliente  por  Sarmiento  Mateus   en  obedecimiento   a  una  “… retribución por la  gestión  o  intriga que le había encomendado a MONSALVE  y que se habría  de  desarrollar  al interior de la entidad estatal, propiamente del departamento  jurídico  y  para  la  que el contratista se había ofrecido , aduciendo buenas  relaciones  con  quien  había  colocado  obstáculos y talanqueras y no quería  conceder  entrevistas  a  los  representantes  de  QUIMICA  PATRIC. “Es que la  dádiva  entregada  por  SARMIENTO  fue  considerada  por  él  como una ayuda o  retribución  y  no  causada por un temor, consecuencial al avasallamiento de su  voluntad.”   

          Desestima  la comisión del delito de concusión, con la afirmación  que  las  modernas  concepciones  sobre  el tema han desdeñado la teoría de la  iniciativa  para  acudir a un criterio más “técnico  y  acorde  con  la teoría del delito”, cifrado en el  “convenio  mediante  el cual el funcionario vende un  acto  público  al  particular,  caso  en  el  cual  otra sería la consecuencia  jurídica,  por  razones  de  “nomen  juris”, pues bien puede suceder que se  trate  de  un  cohecho  impropio,  un  tráfico  de  influencias  y hasta de una  estafa.”   

          Finaliza  su  escrito  con la solicitud de casar el fallo y proferir  uno sustitutivo absolviendo a su poderdante.   

MINISTERIO PÚBLICO  

          La  Procuradora  Tercera  Delegada para la Casación Penal, descorre  el  traslado  mediante  concepto  de  25  de mayo de 2007, en el que solicita no  casar la sentencia impugnada.   

          Para  tal  efecto, la Agente del Ministerio Público examina de modo  independiente  los  dos  cargos  postulados en la demanda y luego de apuntar las  razones  por las cuales advierte en ambos una marcada deficiencia de técnica en  su   presentación,   los   responde   de   fondo   de   modo  adverso  para  el  libelista.   

          Respecto  del  primer  cargo,  aduce  que  la  violación directa se  enuncia  de  manera  abstracta,  sin  determinar  la  norma sustancial violada y  limitándose  a  citar  un  catálogo  de  preceptos  algunos de los cuales dice  fueron  aplicados  indebidamente  y otros dejados de aplicar, sin especificar en  cada caso el sentido de la violación.   

          A  pesar de la imprecisión del ataque, la Procuradora responde a la  denuncia  por violación directa, negando que la conducta sea atípica en razón  a  que la solicitud hecha por su cliente para obtener “prebendas personales”  la  haya  formulado  ante  el  Jefe  de  seguridad  de  la  empresa y no ante el  representante   legal,  debido  a  que  la  norma  que  consagra  el  delito  de  concusión   (Art.  140  del Dto. 100 de 1980 y artículo 404 de la ley 599  de  2000)  no  antepone  exigencias o calidades al sujeto pasivo de la conducta,  pudiendo ser en consecuencia, cualquier persona.   

          Explica,  que  la  razón  de  ser de esa ausencia de cualificación  gravita  en  que  el  interés  jurídico  que  protege  el  tipo  penal  es  la  administración  pública  y  sólo  por conexidad el patrimonio o los bienes de  quien  es  víctima,  de  donde  surge  que la configuración del delito subyace  en   la  posición  del servidor público y no en las calidades de quien es  sujeto de la solicitud, exigencia o inducción.   

          En  contravía  de  lo  que  sostiene  el  demandante, el Ministerio  Público  subraya  que  en este caso concurren todos los ingredientes del delito  de  concusión,  a  saber:  la  calidad  del  agente como servidor público, las  funciones  asignadas y la solicitud de prebendas con la amenaza de intervenir en  la certificación BPM que debía expedir el INVIMA.   

          Por   esas   razones   afirma  que  el  cargo  no  está  llamado  a  prosperar.   

          En  cuanto  al  segundo  embate,  consistente  en error de hecho por  falso  raciocinio,  la  Procuradora echa de menos la indicación acerca de cuál  principio  de  la  sana crítica dejó de aplicar el juzgador cuando analizó el  testimonio  de  Sarmiento  Mateus,  coligiendo  que  aquello priva totalmente al  cargo de fundamento.   

          Además,  reniega  de  la  idea que lo que hubo fue una negociación  carente    de    connotaciones    penales    por    ausencia   de   metus   potestatis,   toda  vez  que  la  concusión  surge  cuando  el  servidor público solicita una utilidad con abuso  del  cargo  o de la función, sin que sea menester la demostración del miedo en  la víctima por ser éste un elemento supuesto en el tipo.   

          Tampoco  se  aviene  con  aquella  hipótesis  referida  a que si se  cometió  algún  delito  no  fue  el  de  concusión sino uno cualquiera de los  varios  que  menciona, pues tal interpretación nace en el equívoco de edificar  el  juicio  de  tipicidad tomando solamente alguno de los verbos rectores que la  concusión   comparte  con  otros  ilícitos,  prescindiendo  de  los  elementos  restantes,  confusión  que  asegura  debe  resolverse  con  el  principio de la  especialidad,  conforme  al cual es la riqueza descriptiva del supuesto de hecho  la  que  determina el tipo penal al que se adecua la conducta y consecuentemente  con  ese  principio  es  la concusión la conducta punible que con mayor y mejor  holgura acoge el comportamiento atribuido a MONSALVE SUAREZ.   

          Culmina  asegurando  que  respecto  de  los  testimonios  censurados  ningún  reparo  concreto  formula el actor, consagrándose a no más que oponer  su  personal  criterio  personal  con  el del Tribunal, sin que ese reproche sea  admisible en casación.   

          Todo  lo expuesto lleva a la Procuradora a solicitar de la Corte que  no case la sentencia impugnada.   

PARTE CIVIL  

          Durante  el  traslado para los sujetos procesales no recurrentes, la  representante  de  la  parte civil presentó un escrito dirigido a solicitar que  no se case la sentencia recurrida.   

          La  abogada cuestiona la demanda asegurando que basta prevalerse del  cargo  que  ocupa para exigir o inducir a la víctima a prometer o entregar algo  para que haya delito de concusión.   

          Que  la  ocurrencia de la conducta delictiva no se desaparece por el  hecho  de  no  formularse el pedido directamente al representante de la entidad,  que  se  trata de un punible de índole formal que no requiere de resultado, que  por  lo  tanto  no  son  de  recibo  las  censuras  formuladas  al  amparo de la  violación  directa  e  indirecta de la ley, por lo cual solicita que no se case  la sentencia recurrida.   

         

SE CONSIDERA  

          Como  viene  de  verse,  el  ataque  en  sede de casación contra la  sentencia  de  segundo  grado  que  profirió  el  Tribunal  Superior de Bogotá  confirmando  la  sentencia  condenatoria  apelada, se hace desde dos flancos: i)  Violación  directa  de  la  ley  por  aplicación  indebida;  y  ii) Violación  indirecta  a  causa  de  error  de  hecho  por  falso  raciocinio; el fundamento  jurídico  de  los  cargos  descansa  en  el  artículo  207  de  la  ley 600 de  2000.   

          Es   importante   puntualizar  que  el  primer  reproche  se  dirige  concretamente  a  la  solicitud  de  “prebendas personales” que el condenado  hizo  al  Jefe  de  seguridad  de  Laboratorios  GENFAR, mientras que el segundo  acomete  el  testimonio  de  Alvaro  Sarmiento  Mateus,  Gerente de Laboratorios  QUIMICA PATRIC.   

1. Cargo por violación directa.  

          Dos  son  los  reparos  efectuados  por  el libelista a la sentencia  recurrida  en  lo  concerniente  al  cargo  por  violación  directa  de  la ley  sustancial  por  aplicación indebida y consisten en ausencia de calidades en el  sujeto  pasivo  de la conducta e inexistencia de resultado, entendido éste como  la    no    demostración    del    doblegamiento   de   la   voluntad   de   la  víctima.   

          Para  responder a los cargos resultan necesarias algunas precisiones  relacionadas  con  la  estructura  del  delito,  que  desde  luego  no  son sino  iteraciones    de    lo    que    la    Corte   ha   dicho   ya   en   repetidos  pronunciamientos.   

          El  delito  de  concusión  explica  su  contenido  material  en  la  protección  penal que ofrece al bien jurídico de la administración pública y  con  miras  a  cumplir  con  ese  propósito  se  caracteriza con los siguientes  elementos:   

          1.   Un   sujeto   activo   calificado   que   debe   ser   servidor  público;   

          2.   Un   verbo  cifrado  en  el  “abuso”  del  cargo  o  de  la  función;   

          3.  La ejecución de alguna de las siguientes acciones: constreñir,  inducir o solicitar;   

          4.  La  finalidad  por  conseguir  que alguien de o prometa dinero o  alguna utilidad indebidos al mismo servidor o a un tercero;   

          5.  La  existencia  de  relación  entre  la  acción de abuso de la  condición  o de la función por parte del servidor y el empeño por obtener una  prestación que no debe quien es sujeto de la intimidación.   

          En  ese  orden  de  ideas,  para  la  comisión del delito se impone  inefable  la  condición  de  servidor  público  aunada  a  la circunstancia de  infundir  agobio  o  temor  en  el  destinatario del requerimiento indebido, por  quien   se   prevalece  de  la  condición  pública  que  ostenta  –abuso  del  cargo-  o  del  desvío de  poder   en   que   incurre   al   rebasar   su  ámbito  funcional  –abuso  de la función-, para pretender  finalidades indebidas.   

          Ese  delineamiento  de  los alcances del tipo penal pone de presente  que  su  origen  y  fundamento  tiende  a  evitar  que  los servidores públicos  incurran  en  ese  género de conductas, que colocan en entredicho la confianza,  el  equilibrio, la honradez y probidad de la administración pública. Es por lo  tanto,  en  el  contexto del contenido material del injusto que deben examinarse  sus  efectos  y esbozarse las elaboraciones dogmáticas que cada uno de sus  elementos demanda.   

          Así  las  cosas,  cuando  el  planteamiento del censor reposa en la  atipicidad  de  la  conducta  por  falta  de calificación del sujeto pasivo, su  propuesta  tiende  a que se desconozca la materialidad de la ilicitud, al buscar  incluir  como  elemento  sustancial  del  comportamiento otros bienes jurídicos  como  la  libertad  o  el patrimonio de la víctima y por esa senda predicar que  como  no  aquellos  no  fueron  afectados  con la conducta de su representado el  comportamiento deviene atípico.   

Tal argumento resulta inaceptable, porque si  bien   la   naturaleza  pluriofensiva  del  ilícito  puede  generar  resultados  disvaliosos  para  bienes  jurídicos  como  los  mencionados, su afectación se  produce  por  conexidad,  habida  cuenta  que  es la administración pública el  interés   jurídico   que   en   principio   fundamenta  la  penalización  del  comportamiento.   

          De   tal  suerte,  que  cuando  el  servidor  público  realiza  una  exigencia  o solicitud indebida abusando de la posición que desempeña o de las  funciones  asignadas,  es  la  administración  pública,  como  bien  jurídico  funcional,  la  que  padece  la  lesión  o  la  puesta  en riesgo en virtud del  resultado  disvalioso que genera el proceder del agente, sin que la condición o  calidad   de   la   víctima   tenga   incidencia   en   la  configuración  del  injusto.   

          De  ahí,  que  la  naturaleza  del  delito  sea  formal  o  de mera  conducta,  en  cuanto  se  entiende  consumado  con  la  sola  manifestación  o  expresión  que  hace  el  servidor  público a través de una cualquiera de las  tres  modalidades  comisivas,  constreñimiento,  inducción o solicitud, de una  previsión indebida.   

          Por  tal razón, la solicitud de “prebendas personales” que hizo  CRISTIAN  RAUL MONSALVE al jefe de seguridad del laboratorio no se desvirtúa en  su  trascendencia jurídico penal por no poseer él, como inmediato destinatario  del   requerimiento,   la   condición   de  gerente  de  la  empresa,  pues  lo  significativo  para  establecer  la  ejecución  del tipo es el deterioro que su  accionar  le  ocasionó  a  los contenidos axiológicos del bien jurídico de la  administración  pública, al hacer una solicitud indebida aprovechándose de la  posición y la función desempeñada.   

Además, esa singular “petición” estuvo  matizada  por  las  circunstancias  de  haberse  formulado  de  forma  idónea e  inequívoca  para obtener un provecho o utilidad indebidos, pues haber requerido  “prebendas  personales” para influir en el proceso de certificación con que  debía  cumplir el INVIMA respecto de la empresa objeto de control, constituye a  no  dudarlo  una  exhortación completamente desquiciada, formulada con abuso de  la posición y de la función que poseía MONSALVE SUAREZ.   

Por  esas  razones,  la  Corte  comparte  en  plenitud  el concepto de la Procuradora, cuando denota que conforme al argumento  del  censor  consistente  en  radicar  el  defecto  típico  en  la  carencia de  cualificación  de  quien  fue  sujeto  de  la  solicitud  (Jefe  de seguridad),  implícitamente  está  admitiendo  que  si  la exacción se hubiera dirigido al  Gerente  del  laboratorio  sí  habría  delito de concusión, al afirmar que la  configuración  de la conducta punible impone capacidad de disposición de parte  del  sujeto  pasivo  y  que eso fue lo que aquí faltó. Corolario de aquello es  entonces,  que  no demandando el tipo penal ningún atributo específico para la  víctima  como  ya  se  explicó,  la objeción postulada por el actor carece de  todo  fundamento  y lo que queda como saldo es la aceptación de la concurrencia  de todos los demás elementos que cimientan la conducta.   

En cuanto hace al segundo reproche, encauzado  a  proclamar  atipicidad  por  ausencia  de resultado al no haberse doblegado la  voluntad   de   la   víctima,   otra  vez  el  actor  ignora  el  sustrato  del  comportamiento,  pues  al  apuntar  aquel a la protección de la administración  pública  en  pos  de  enervar  su  deslucimiento  a  causa  de acciones como la  descrita  como  concusión,  no  se  requiere  que  la víctima efectivamente se  someta  a  la  voluntad del amedrentador para que se configure el delito, siendo  suficiente  la potencialidad intimidante que engendra el requerimiento en razón  del  plano  de  superioridad  en  que  actúa  el  agente,  al  prevalerse de la  condición que ostenta o de la función asignada.   

Así lo ha dicho la Corte:  

“Ahora, si constreñir es obligar, compeler  o  forzar  a  alguien para que haga algo; si inducir es instigar o persuadir por  diferentes  medios  a que alguien realice determinada acción, y si solicitar es  pretender,  pedir  o  procurar  obtener alguna cosa,  según las acepciones  del  Diccionario  de  la Lengua Española, al transpolarlas al uso lingüístico  que  les  da  el  tipo  penal,  se  infiere  de manera necesaria que se agota la  ejecución  de  la correspondiente acción  en el preciso momento en que el  servidor  público  obliga, compele, fuerza, instiga, persuade, pretende, pide o  procura   que   alguien   le  de  o  le  prometa  dinero  o  cualquier  utilidad  indebida.   

“Las  inflexiones verbales incorporadas en  la  ley  para  configurar  el  delito  de concusión, llevan a deducir que no es  necesario  para  consumarlo  el  que  se  obtenga  el  producto  de  la  abusiva  exigencia,   pues  de  esa  forma se anticipa el ámbito de protección del  bien  jurídico  al  instante  en  que se hace manifiesto el abuso del poder que  emana  del  cargo  o  de  la  función,  por  tratarse  de un tipo penal de mera  conducta  o,  mejor  expresado  de  ejecución  instantánea cuando se despliega  cualquiera     de     esos    comportamientos.”1   

          Conforme  a  lo  expuesto,  en  acuerdo  con  el Ministerio Público  llevan a colegir a la Corte que el cargo no prospera.   

2. Cargo por violación indirecta.  

          El  libelista  predica  violación  indirecta de la ley por error de  hecho  por  falso  raciocinio al interpretar el juzgador el testimonio de Alvaro  Saramiento  Mateus,  como  representante  legal  de  la  firma  QUIMICA  PATRIC,  quebrantando reglas de la sana crítica.   

          Para  tal  efecto,  el  actor  rememora  que  conforme al testimonio  rendido  por Sarmiento Mateus, su representado, con ocasión de una visita a las  instalaciones  del laboratorio como funcionario del INVIMA, subió a la Gerencia  y  solicitó  diez  millones  de pesos como ayuda para una fundación de niños,  frente  a lo cual el directivo le ofreció cinco y allí se cerró el encuentro.  Que  con  posterioridad  le solicitó otros dos millones, esta vez para ayudarle  al  Dr.  Santander  Palacio  empleado  del INVIMA y quien atravesaba por reveses  económicos,  situaciones  éstas  que  finalizaron  con la entrega de los siete  millones solicitados.   

          A  partir de ese relato el demandante aduce violación de las reglas  de  la  sana  crítica por cuanto de su contexto no es correcto inferir que hubo  solicitud  monetaria como contraprestación de alguna intervención suya a favor  del  laboratorio  en  los  procesos  de certificación del INVIMA, y que quienes  intentan  presentar  el asunto como una fachada no son sino testigos de oídas a  los  que  directamente  nada les consta, que es el caso de Lida Gineth Ruiz y el  propio Santander Palacio.   

          Emplea  la  misma  sindéresis para proponer la teoría del acuerdo,  en  cuanto  a  que  las  partes  operaron en pié de igualdad en la negociación  descartando  que  el  particular  haya  estado  bajo  el influjo de “metus  publicae  potestatis”, lo que  le  lleva  a  suponer  que  si acaso se cometió algún delito ése no fue el de  concusión.   

          La  verdad  sea  dicha,  en  la interpretación que el juzgador hizo  acerca  del  testimonio  de  Alvaro  Sarmiento Mateus, no es posible afirmar que  hubo  violación  a  las  reglas  de  la  sana crítica, como si las inferencias  extractadas  de  ese  testimonio  fueran  absurdas  e  insostenibles, repudiando  postulados de la lógica o despreciando máximas de la experiencia.   

          Por  el  contrario, cuando el Tribunal y el juzgador de primer grado  discurren  en  que la extravagante solicitud que hizo el procesado pidiendo diez  millones  de  pesos  para  una  fundación  y dos millones de pesos como obra de  caridad  para amparar un compañero de trabajo, en el contexto de la oportunidad  brindada  por  las visitas que como servidor público del INVIMA debía realizar  en  el Laboratorio con ocasión de los trámites de certificación, para afirmar  que  se  configuró el delito de concusión, hay en esa construcción argumental  total  coherencia  y  respeto  por  la lógica y la experiencia, toda vez que en  circunstancias  semejantes  es  razonable colegir que la entrega del dinero para  solventar  tan extrañas necesidades fue producto de la intimidación implícita  que   se   derivaba   de  la  posición  desempeñada  en  ese  momento  por  el  requirente.   

          Sobre  este  aspecto  la  Sala  ha tenido oportunidad de expresar lo  siguiente:   

“En  segundo  lugar,  cuando  se  trata  de  analizar  la  conducta,  es  conveniente  establecer si los actos ejecutivos del  servidor  público  se  adecuan a una de las tres formas a través de las cuales  se  exterioriza  la  concusión:  el  constreñimiento,  la inducción o la mera  solicitud.   

“En  punto  de las dos primeras, la Sala ha  dicho  que el constreñimiento se configura cuando se utilizan medios claramente  coactivos  que  vencen  el  consentimiento  del  sujeto  pasivo,  o  se  amenaza  abiertamente  con  un acto de poder. En la inducción, de su parte, el resultado  se  alcanza  mediante  un  exceso de autoridad que va latente u oculto, en forma  sutil,  con  un  habilidoso  abuso  de  funciones  o del cargo, de suerte que el  sujeto  pasivo  se  siente  intimidado  y  teme que si no hace u omite lo que el  funcionario pretende, pueda devenir un perjuicio en su contra.   

“El  código  penal  de 1980, como se sabe,  introdujo  la  última variante de realización de la concusión en su artículo  140,  a través de la mera solicitud, que la actual codificación (artículo 404  de la ley 599 de 2000) mantuvo inalterable.   

“Se  trata  de  la  solicitud  de  dinero o  cualquier otra utilidad, expresamente manifestada.   

“En   otras  palabras,  se  elevó  a  la  categoría  de delito el comportamiento del servidor público que abusando de su  cargo  o  de  sus funciones, solicita a una persona, sin acudir a la violencia o  al    engaño,    que    le   dé   o   prometa   dinero   o   cualquiera   otra  utilidad.”2   

          Tampoco  se  advierten  razones  para que prospere este cargo, al no  advertir  la  Corte  defectos en el raciocinio del Tribunal cuando dedujo que el  comportamiento  de  MONSALVE  SUAREZ  constituía  delito  de  concusión cuando  solicitó    y    obtuvo    dinero   del   Gerente   del   Laboratorio   QUIMICA  PATRIC.   

En tal mérito, La Corte  Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   en  acuerdo  con  la  Procuradora,   

RESUELVE   

No casar la sentencia  objeto de demanda.   

Devuélvase  el  expediente  al  juzgado  de  origen.   

         

Notifíquese y Cúmplase  

ALFREDO    GOMEZ    QUINTERO                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PEREZ           

MARIA     DEL     R.    GONZALEZ    DE  LEMOS              JORGE          L.           QUINTERO  MILANES              

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                       JULIO SOCHA  SALAMANCA                   

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1 CSJ,  Sala    de   Casación   Penal,   auto   febrero   12   de   2002,   radicación  18.798.   

2 CSJ,  Sala  de  Casación  Penal,   sentencia  10 de septiembre de 2003, radicado  18056.     

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