24325(27-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24325  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 045  

Bogotá,  D.  C.,   veintisiete (27) de  marzo de dos mil siete (2007).   

V I S T O S  

Corresponde  a  la Corte conceptuar sobre la  solicitud   de   extradición   del    ciudadano   colombiano  WENCESLAO  CAICEDO MOSQUERA, elevada por el  Gobierno de los Estados Unidos de América.   

L  A     S O L I C I T U  D   

1.     Mediante    oficio   número  OF105-14523-DIJ-0100  del 26 de septiembre de 2005, el Ministerio del Interior y  de  Justicia  comunicó  a  esta Sala de la Corte que el Gobierno de los Estados  Unidos  de  América,  por  conducto  de su Embajada en Colombia y mediante Nota  Verbal  número  2274 del 23 de septiembre de 2005, solicitó en extradición al  ciudadano      colombiano     Wenceslao     Caicedo  Mosquera,  capturado  el  27  de  julio  de  2005,  en  cumplimiento  de  la resolución del 21 de julio de ese mismo año, expedida por  la Fiscalía General de la Nación.   

2.  La normatividad que rige al presente  trámite  es  la  contemplada  en el  Libro V, Capítulo II, del Código de  Procedimiento  Penal,  en  la   medida que no existe en el momento convenio  aplicable  que  regule  el   asunto,  como así lo conceptuó el Jefe de la  Oficina  de  Asesoría Jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores, según  oficio número OAJE. 1232 del 26 de septiembre de 2005.   

3.  Los acontecimientos fácticos objeto  de  la  investigación  e  imputación  de  los  cargos formulados en su contra,  motivo  de  la  solicitud de extradición, fueron sintetizados en la Nota Verbal  número   2274   del   23   de   septiembre    de   2005  de  la  siguiente  manera:   

“La evidencia en  este   caso   indica   que,  por  lo  menos  desde  1999,  Caicedo  –   Mosquera  y  sus  co-asociados  han  coordinado  la  importación de cantidades múltiples de toneladas de cocaína a  los    Estados    Unidos    mediante    el    uso    de   lanchas   ‘rápidas’        (“go       –            fast’)   y   embarcaciones   pesqueras.  La  evidencia  en  este  caso  se  basa  en  información  obtenida  de testigos que  cooperan  en el caso, en la incautación de narcóticos por parte de autoridades  de  los  Estados  Unidos,  incluyendo el Servicio de Guardacostas de los Estados  Unidos,  y  en vigilancia física realizada por agentes de las fuerzas del orden  tanto  de  los  Estados  Unidos  como de Colombia. Según numerosos testigos que  cooperan  en  el  caso,   Caicedo  –  Mosquera  y  sus   co-asociados,  operando  desde  las costas  occidentales  de  Colombia  y  Ecuador,  le  han prestado asistencia a numerosos  traficantes  de  droga en todo Colombia mediante la coordinación del transporte  de  despachos de múltiples toneladas de cocaína, pasándola por varios países  incluyendo  Panamá, Guatemala, Costa Rica, y México, para llegar a los Estados  Unidos.  Caicedo  – Mosquera  utilizaba  frecuentemente  las  lanchas ‘go     –  fast’ para transportar los  cargamentos  de cocaína a embarcaciones pesqueras más grandes con el objeto de  importar  la  cocaína  a los Estados Unidos. Además, entre 2001 y el 2004, las  autoridades  de  los  Estados  Unidos incautaron por lo menos seis embarcaciones  marítimas,  cada  una  llevando  cantidades múltiples de cientos kilogramos de  cocaína,   asociada   con   Caicedo   –  Mosquera.  Específicamente,  los testigos que cooperan en el caso  confirmaron  que  la  cocaína  en  cada una de esas embarcaciones era o bien de  propiedad   de  Caicedo  –  Mosquera,   o  estaba  siendo  transportada  por  Caicedo-  Mosquera  y  sus  co  – acusados.   

“Todas  las  acciones  adelantadas  por el  acusado  en  este caso fueron realizadas con posterioridad al 17 de diciembre de  1997”.   

4.   La  documentación remitida por el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América  que  sustenta  la solicitud de  extradición   del   ciudadano   colombiano  Wenceslao  Caicedo Mosquera, es la siguiente:   

4.1.  Copia de la Acusación  N° 8  :05  –CR- 219 – T -30 EAJ del 25 de mayo de 2005, por  medio  de  la  cual el Tribunal de  Distrito de los Estados Unidos Distrito  Central   de   Florida,   División   de   Tampa,  acusó  a   Wenceslao  Caicedo  Mosquera  de los   siguientes cargos:   

“CARGO  UNO   

“Desde una fecha  desconocida,  la cual fue por lo menos en enero de 1999, continuando después de  eso  hasta  e  incluida la fecha de esta acusación formal, en el Distrito   Central  de Florida y en otra partes, el acusado, WENCESLAO CAICEDO MOSQUERA…,  a  sabiendas  y  premeditadamente,  se  combinó,  conspiró y acordó con otras  personas  conocidas  y  desconocidas  por  el  gran  Jurado, para importar a los  Estados  Unidos,  desde  un  lugar  fuera  de  los  Estados  Unidos,  cinco  (5)  kilogramos  o  más  de  una  mezcla  o  sustancia  que  contenía  una cantidad  detectable  de  cocaína, una sustancia controlada que figura en la Lista II, en  violación  de  las disposiciones del Título 21, Código de los Estados Unidos,  Sección 952 8 (a).   

“En  violación del Título 21, Código de  los Estados Unidos, Secciones 963 y 960 (b) (1) (B) (ii).   

CARGO DOS  

Desde una fecha desconocida, la cual fue por  lo  menos  en  enero  de  1999,  continuando después de eso hasta e incluida la  fecha  de  esta  acusación  formal  en el Distrito Central de Florida y en otra  parte,   el   acusado,   WENCESLAO   CAICEDO   MOSQUERA   …,   a  sabiendas  y  premeditadamente,   se  combinó,  conspiró  y  acordó con otras personas  cuyos  nombres  son conocidos y desconocidos por el Gran Jurado, para fabricar y  distribuir  cinco  (5) kilogramos o más de una mezcla o sustancia que contenía  una  cantidad  detectable de cocaína, una sustancia controlada que figura en la  Lista  II,  a  sabiendas y con la intención de que tal sustancia se importaría  ilícitamente  a  los  Estados  Unidos, en violación del Título 21, Código de  los Estados Unidos, Sección 959.   

“Todo  en  violación de las disposiciones  del  Título 21, Código de los Estados Unidos, Secciones 959, 963 y 960 (b) (B)  (ii).   

CARGO TRES  

Desde una fecha desconocida, la cual fue por  lo  menos  en  enero  de  1999,  continuando después de eso hasta e incluida la  fecha  de  esta  acusación formal, en el Distrito Central de Florida y en otras  partes,   el   acusado,   WENCESLAO   CAICEDO   MOSQUERA…,   a   sabiendas   y  premeditadamente,  se combinó, conspiró y acordó con otras personas conocidas  y   desconocidas  por  el  Gran  jurado,  para  poseer,  con  la  intención  de  distribuir,  cinco (5) kilogramos o más de una mezcla o sustancia que contenía  una  cantidad  detectable de cocaína, una sustancia controlada que figura en la  Lista  II,  mientras  se  encontraba  a  bordo  de  embarcaciones  sujetas  a la  jurisdicción  de  los  Estados  Unidos, en violación del Título 46, Apéndice  del Código de los Estados Unidos, Secciones 1903 (a) y 1903 (g)   

“Todo  en  violación  del  Título  46,  Apéndice  del  Código  de  los Estados Unidos, Secciones 1903 (j) y el Título  21, Código de los Estados Unidos, Sección 960 (b) (1) (ii).   

4.2.   También se allegó copia de las  declaraciones  juradas de Joseph K. Ruddy, Fiscal Auxiliar de los Estados Unidos  para  el  Distrito Central de Florida, y de Scout W. Sieben, Agente Especial del  Departamento  para  el  Control  de  Estupefacientes (DEA), las que respaldan la  acusación      contra      Wenceslao      Caicedo  Mosquera.   

El   primero   de   los   nombrados,   esto  es,  Joseph K. Ruddy,  incorpora en   su   declaración   la  descripción  y  vigencia   de    los    tipos   penales  imputados   en   el   pliego   acusatorio   y   una  síntesis  de  los   hechos,    de    la    actuación    procesal   y   de        los        cargos        atribuidos       al   solicitado.   

Por  su  parte,  el  Agente  Scout W. Sieben  relata,  de  manera  pormenorizada,   los   hechos   objeto   de    juzgamiento    ante    el    citado   Tribunal   y  la  participación  en  los mismos por parte del requerido en extradición, respecto  de quien suministra la información necesaria sobre su identidad.   

4.3.   Así  mismo,  se informó que el  solicitado,   Wenceslao  Caicedo  Mosquera,  “es ciudadano de Colombia, nacido el 6  de  julio  de  1965, en Buenaventura, Valle, Colombia. Es portador de la cédula  colombiana N° 16.489.800.   

4.4.     Se     adjuntó   copia    del    texto    de   las   disposiciones   del    Código   de  los   Estados   Unidos   que   se   afirman   fueron   infringidas  por  el solicitado  en    extradición    y    que   se   encontraban   vigentes      para      la      época      de      los  hechos.   

4.5.  Finalmente, se incorporó copia de  la  orden  de  arresto proferida en contra del  requerido en extradición y  dictada  por  el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, Distrito Central de  Florida, División Tampa.   

PERÍODO   PROBATORIO  

La  Sala  mediante  providencias  del  21 de  febrero  y  del 16 de mayo de 2006, negó las pruebas solicitadas por la defensa  y tampoco se consideró necesario  decretar alguna de oficio.   

ALEGATO DEL DEFENSOR  

Anota  que el indictment equivale en nuestro  sistema  a  la  imputación  y,  por  su  parte,  la  declaración  apoyo  a  la  solicitud  de extradición equivale a un informe policial.   

De esa manera, anota que no se cumple con el  presupuesto  establecido  en  el  artículo  513,  numeral  1°  del  Código de  Procedimiento  Penal,  puesto  que  en  la pieza acusatoria extranjera no hay un  relato  de  los hechos y de los medios de convicción que los respaldan, máxime  cuando  en  el extranjero no se ha hecho el descubrimiento de prueba, situación  que  igualmente  impide  afirmar  con  probabilidad  de  verdad  que la conducta  delictiva existió y que el imputado es su autor o partícipe.   

A  continuación  dice  que con apego con lo  reglado  por  los  artículos  27  y  28 del Código Civil, tal hipótesis cobra  vigencia,  razón  por  la  cual se debe aceptar la tesis de la defensa, máxime  cuando   la  resolución  de  acusación  “no  puede  implicar  imputación, frente al nuevo sistema jurídico que se ha implantado, y  que   es   compatible   con  el  existente  en  los  Estados  Unidos”.   

Enseguida  pasa  a  referirse  al  sistema  judicial  de  Puerto  Rico,  apoyado  en  un  doctrinante.  Dice que la denuncia  (complaint)  y la acusación (indictment) son mecanismos para iniciar el proceso  penal,  motivo  por  el  cual  no  se  puede  tener  como pieza equivalente a la  acusación  de  nuestro  sistema. Además, dice que las declaraciones apoyo a la  solicitud  no  tienen la categoría de testimonios, en tanto no fueron ordenadas  ni   han   sido   objeto   de  publicidad  y  contradicción  para  su  validez,  “como lo exige la legislación universal”.   

Afirma que la denuncia equivale al complaint  y   la   acusación   al   indictment   para   delitos  graves,  “pero  su  contenido jurídico de fondo es el mismo. Para delitos que  requieren  juicio  por  jurado,  la  acusación (indictment) la suscribe el gran  jurado,  son  aplicables  las  reglas  generales de la acusación, que ya fueron  objeto  de  mención,  y  que  establecen  la  diferencia  entre  la providencia  extranjera,  y  la  exigida  para  que  sea  viable una extradición”.   

Destaca  que  contrario  a  la  providencia  extranjera  la  resolución  de  acusación  debe  cumplir  con los presupuestos  contenidos   por   los  artículos  397  y  398  del  Código  de  Procedimiento  Penal.    

De  otro  lado,  dice  que  cuando  la  ley  establece  que la Corte debe revisar la formalidad de los documentos, tal aserto  debe entenderse en toda su integridad.   

Después   de   conceptualizar   sobre  la  intervención  del  jurado,  dice  que  el  mismo  no  es acusador, ya que sólo  establece  la  existencia de causa probable en cuanto a la comisión del hecho y  la  participación  del  investigado,  máxime  cuando  no  se notifica como sí  sucede con la acusación en Colombia.   

En  síntesis,  manifiesta que la diferencia  entre  el  indictment  y  la resolución de acusación es notoria, puesto que el  primero  es  la  expresión  simple  de  cargos  mediante  el cual se inicia una  investigación una vez se presenta el caso al Gran Jurado.   

Así   mismo,   anota   que  revisando  la  definición  del  término  equivalente  se  advertirá, que quiere decir que el  instrumento  debe  ser  de  su  misma  estructura, que no puede ser diferente, o  tener otras características.   

Sostiene  que  en  el caso del indictment se  debe   presentar   una   affidávit   con   el   fin   de   poder  explicar  esa  providencia.   

Luego  de referirse a los artículos 85 y 93  de  la  Constitución  Política  reitera  que se debe aplicar lo atinente a los  tratados  internacionales, en tanto se deben integrar con las normas del Código  de  Procedimiento  Penal,  razón  por la cual la Corte debe variar su posición  interpretativa,   para   lo  cual  pasa  a  referirse  al  contenido  de  varios  instrumentos internacionales de los cuales Colombia hace parte.   

Nuevamente  insiste sobre el punto de que el  proceso  penal  no  se ha iniciado con la presentación del indictment, en tanto  se  requiere  que  la  persona  esté presente para su juzgamiento. Acota que la  Corte  le ha dado valor de prueba a unas declaraciones  que no tienen dicha  calidad.   

En  lo  atinente  a los delitos imputados al  solicitado  en  extradición,  dice  que  la  conducta punible de concierto para  delinquir  se  consumó en Colombia teniendo en cuenta que se trata de un delito  de  peligro,  razón por la cual los hechos se cometieron en Colombia, lo que al  tenor  de lo reglado por el artículo 35 de la Constitución Política impone se  debe emitir concepto desfavorable a la petición de extradición.   

De  igual  manera,  en  capítulo  aparte,  manifiesta  que  el  principio  de  la  doble  incriminación no se refiere a la  denominación   del  delito  sino  que  encuentre  total  encuadramiento  en  la  descripción  típica. Aquí, prosigue, no es posible predicar una pluralidad de  conciertos   frente   a   un   solo   hecho,  sino  que  existe  “una  penalización  reiterada  de  acciones  mediante  las cuales se  ejecuta  el  mismo  concierto”.  Por tal motivo,  advierte  que  debe concederse la extradición sobre el cargo I. “De  no  aceptarse  esta  tesis,  se  tendrá  que  admitir, en forma  subsidiaria  que  sólo  se  pueden  penalizar  los dos primeros cargos, pues la  previsión  especial  que contempla en el cargo III del indictment, que consagra  el  cargo por poseer para distribuir, a bordo de embarcación, no está prevista  en      Colombia      como     un     tipo     penal     específico”.   

No  obstante,  estima  que también se debe  emitir  concepto  negativo  respecto del cargo segundo, puesto que en ninguno de  los    documentos    que   se   allegaron   al   trámite   se   mencionó   tal  circunstancia.   

De la misma manera resalta que la Fiscalía  con  sede  en  Cali  inició,  mucho  antes  a  la solicitud de extradición, un  proceso  en  contra  de  su defendido por producción de cocaína, en el cual se  dictó resolución de acusación, el 8 de marzo de 2006.   

Acota que tal pieza acusatoria se refiere a  hechos  iguales  por  los  cuales  su  defendido  es solicitado en extradición.  Reitera  que  conceder  la extradición en tales términos resultaría contrario  al postulado de la prohibición de la doble incriminación.   

Finalmente,  asevera  que de acuerdo con la  documentación  que  se  allegó  para  formalizar el pedido de extradición, se  adjuntaron  declaraciones  que  se  encuentran  en  la  categoría  de  testigos  confidenciales, que no son de recibo en nuestro país.   

De  ahí que la Corte no puede sustentar el  concepto con base en estos elementos probatorios.   

Por  lo  expuesto  eleva  las  siguientes  peticiones:   

Principal  

a)  Que  se emita concepto desfavorable por  cuanto  que  la  providencia  extranjera no contiene una relación de los hechos  objeto  de  la  acusación,  “ni  de las pruebas que  obran  dentro  del  proceso,  respecto de la ocurrencia de los hechos delictivos  imputados”        al       solicitado       en  extradición.   

b)  Que  se emita concepto desfavorable por  cuanto    el    indictment    no    equivale    a    nuestra    resolución   de  acusación.   

c) Que se emita concepto desfavorable, en lo  atinente   a  todos  los  cargos  de  concierto  para  delinquir  para  traficar  estupefacientes,   por   cuanto   fueron  cometidos  en  Colombia  y  no  en  el  exterior.   

d)  Que  se  emita concepto desfavorable al  pedido  de  extradición, en razón de que su defendido está siendo juzgado por  los  mismos  hechos objeto de la petición, conforme al principio del non bis in  idem.   

e)   Que  se  determine  que  el  proceso  adelantado  contra  su  defendido  no puede ser utilizado como prueba ni tampoco  ningún  testigo bajo reserva de identidad, pues en caso contrario se violarían  los derechos que prevé nuestra Constitución.   

f)  Que se indique al Gobierno Nacional que  la  extradición  no  puede  ser  efectiva  mientras  no  se logre un compromiso  expreso del juez extranjero.   

Subsidiaria  

a) Que se autorice la extradición sólo por  el Cargo N° I, de acuerdo con lo expuesto en precedencia.   

b)  Y   que   en   el   evento      de     que     se     autorice     la   extradición,   que  la misma  se  condicione  en   el   sentido  de  que  Caicedo  Mosquera   no  puede   ser   extraditado  por  hechos  ocurridos   con   anterioridad   al   17   de  diciembre   de   1997,   ni  que  será  sometido  a  proceso   por   hechos  distintos   al   objeto   de   este   trámite,   ni   a   pena   distinta,    que   también     se     le     tenga    como    parte   descontada   de   la   pena  el  tiempo  que   ha   estado    detenido   en   Colombia   y   que   se   garantice   dichos  condicionamientos.   

De  la  misma  manera,   pide    que   se   condicione   la   extradición   en   el  sentido  de  que  el  solicitado en extradición no sea sometido a  tratos  inhumanos  y  que su permanencia en el centro del reclusión se haga sin  ningún  tipo  de  discriminación,  como  sucede  con  los  demás  reclusos de  distinta  nacionalidad,  que  no  se  le  impondrá  la  pena  de muerte, que la  sanción  debe  ser  proporcional  a  la  readaptación  social,  que  no  será  extraditado  a  un  tercer  Estado  y  que  se  posibilite  su  contacto  con su  familia.   

ALEGATO     DEL    PROCURADOR  CUARTO   

DELEGADO     PARA    LA   CASACIÓN  PENAL   

Inicialmente  dice  que  en  este  evento  teniendo  en cuenta el lugar de ocurrencia de los hechos y los cargos formulados  se  advierte que el fin de los comportamientos atribuidos a Caicedo Mosquera era  el  de  fabricar,  importar   y distribuir cocaína a los Estados Unidos de  América.  Del  mismo  modo,  destaca que  al diligenciamiento se el dio el  trámite  correspondiente, esto es, de acuerdo con las normas contempladas en el  Código de Procedimiento Penal.   

Respecto  al requisito de la validez formal  de  la documentación aportada, opina que los instrumentos cuentan con la debida  traducción  y  autenticación  por  parte del Gobierno de los Estados Unidos de  América  y  por  el Consulado de Colombia en Washington, razón por la cual los  mismos  cuentan  con  la validez formal necesaria para satisfacer las exigencias  del  ordenamiento jurídico en mención, ya que no solo contiene la información  legalmente  requerida  sino  que  respecto  de  la  misma se surtió el trámite  inherente a su autenticidad.   

En  cuanto  a  la demostración de la plena  identidad  del  requerido  en  extradición,  manifiesta  que de acuerdo con las  Notas  Verbales  y resoluciones dictadas por la Fiscalía General de la Nación,  “y   en   los  documentos  que  dan  cuenta  de  la  notificación  de  la  orden  de  su  aprehensión  con fines de extradición se  observa  que  se identificó con cédula de ciudadanía mencionada (16.489.800),  univocidad  que  permite  evidenciar  que  se  trata  de  la misma persona y que  acredita    plena   identidad   del   solicitado   en   extradición”.   

Dice   que  también  se  cumple  con  el  presupuesto  de  la  doble  incriminación,  toda vez que teniendo en cuenta los  cargos  contenidos  en  la  acusación extranjera y los artículos 376 y 340 del  Código  Penal,  se concluye que hay identidad “entre  la  descripción  de  la conductas a que se contrae el cargo con la legislación  penal  patria, al tiempo que en el marco punitivo fijado se satisface el límite  mínimo  de  la  pena  de  prisión  exigido, por lo que al operar plenamente el  principio   de   la   doble  incriminación  hace  viable  la  extradición  del  solicitado”.   

Finalmente,  estima  que  en  este  evento  también  se  cumple  con  el  presupuesto  de la equivalencia de la providencia  dictada  en  el  país solicitante, en tanto la acusación extranjera refiere en  detalle   los   comportamientos  por  los  cuales  se  acusa  a  “Wenceslao  Caicedo  Mosquera,  al especificar los supuestos de hecho  que  fundamentan  la  decisión,  a su vez, contiene la respectiva adecuación a  las  normas  de  ese  país extranjero, y determina la persona en quien recae el  compromiso  penal,  decisión que tiene como propósito dar lugar a la etapa del  juicio,  y  en el caso de la normatividad nacional, la Resolución de Acusación  cumple  igual  cometido,  porque en ella se precisan y se endilgan las conductas  delictuales  por  las  cuales debe responder y defenderse el sindicado, notas de  semejanza  que  caracterizan  el modelo procedimental que en materia penal tiene  el       país       solicitante      respecto      del      nuestro”.   

Luego  de  referir  que  en  el  concepto  favorable  se  debe  condicionar  la extradición de Caicedo Mosquera en torno a  que  sólo podrá ser juzgado por los comportamiento objeto de este trámite, ni  podrá  ser sometido a pena de muerte, desaparición forzada, torturas, tratos o  penas  crueles,  inhumanos  o degradantes, ni a las penas de destierro, prisión  perpetua  y  confiscación,  depreca  a la Corte que emita concepto favorable al  pedido de extradición de Wenceslao Caicedo Mosquera.   

CONCEPTO      DE    LA   CORTE   

Acotación Previa  

Recuérdese  que la competencia de la Corte  dentro  del trámite de extradición está enfocada a expresar un concepto sobre  la  procedencia de entregar o no a la persona a un país extranjero, después de  examinar  los  puntos  contemplados  en  los  tratados  internacionales  y/o del  Código  de  Procedimiento Penal, sin dejar de considerar que el artículo 35 de  la  Constitución  Política en su inciso 2°, autoriza  la extradición de  colombianos  por nacimiento cuando son  reclamados por delitos cometidos en  el  exterior  y que las conductas que los originan así también se considere en  la legislación penal colombiana.   

De  ahí que la jurisprudencia de la Corte,  de  modo reiterado, en criterio que no se observa pertinente variar ahora, es de  contenido  estricto  en  cuanto  a  su  tramitación.  Por esto, las autoridades  administrativas  y  judiciales  que  participan  en  él, deben actuar con apego  exacto  a  la  ley o tratado bajo el cual deberá regirse el trámite, de manera  que  ninguna  autoridad está autorizada para incluir requisitos no contemplados  en  las  fuentes  formales en las que se resuelva la solicitud de extradición o  para excluir los que allí se contengan.   

Por   manera   que   el  régimen  de  la  extradición  que opera en Colombia establece en su trámite la intervención de  la  rama  judicial con efectos hacia el interior del país, en cuya fase, acorde  con  el  concepto del órgano competente, le señala el marco jurídico que rige  el  asunto.  De todos modos, es el Ejecutivo a quien le corresponde, por mandato  constitucional, dirigir las relaciones internacionales.   

Por   ello,   es   que  se  funda  la  no  obligatoriedad  del  concepto  favorable  de  la  Corte, en que la Rama Judicial  carece  de  facultad  para  imponer  a  la Ejecutiva encargada del manejo de las  relaciones  internacionales,  una  forma  específica de comportamiento frente a  terceros  países,  pues para todos los efectos y hacia el exterior, el Gobierno  actúa  en ejercicio de la soberanía que encarna el Presidente de la República  como    Jefe    de    Estado,    Jefe    de   Gobierno   y   Suprema   Autoridad  Administrativa.   

Dentro  de ese entendido, la Corte no puede  condicionar  el  concepto  de  extradición  a que el Gobierno Nacional logre un  compromiso  expreso del juez extranjero y del Estado requirente del cumplimiento  de  los  condicionamientos  hechos  por la Sala, pues tal aspecto sólo recae en  cabeza  del  ejecutivo,  quien  es,  se  repite,  el  supremo  director  de  las  relaciones internacionales.   

De acuerdo con lo anterior, vale aclarar que  el  hecho de que el solicitado esté siendo objeto de investigación en el país  por  conductas  delictuales  diversas  a  las  que  son  objeto  del  pedido  de  extradición,  no  se  erige  en  motivo  impediente  para  emitir concepto. Tal  circunstancia  deberá  ser  sopesada  por  el  Gobierno  Nacional al momento de  decidir  si  la concede o no, pues de darse la primera hipótesis, dentro de sus  facultades,  podrá diferir la entrega hasta “cuando  se  le  juzgue  y  cumpla pena, o hasta que por preclusión de la instrucción o  sentencia     absolutoria     haya     terminado    el    proceso”.   

En  el  caso que es objeto de estudio de la  Corte,  asevera  la  defensa  que  el  solicitado  en  extradición está siendo  juzgado  en  la  ciudad  de  Cali,  por  el  dicho de la defensa, por los mismos  hechos.  Frente tal hipótesis, dígase que dicha afirmación, además de que no  se  encuentra  acreditada  en  la actuación que se cumple en esta Corporación,  debe  alegarse ante el ejecutivo para que dentro de su particular competencia se  pronuncie sobre tal aspecto.   

Tampoco  la  Corte  puede  condicionar  el  concepto  a  fin  de que los Tribunales del Estado requirente no puedan utilizar  como  medios  de  prueba  los allegados al trámite de la fiscalía de Colombia,  toda  vez  que  tal aspecto debe ser discutido en el escenario natural, esto es,  los  tribunales  extranjeros por cuanto la actividad probatoria se desplegará a  su   interior   y   con   base   en   la   acusación   soporte  del  pedido  de  extradición.   

Del  mismo  modo,  en  cualquiera  de  las  hipótesis  establecidas por la jurisprudencia y la doctrina como criterios para  determinar  el  sitio  de  la  ocurrencia  del  hecho,  tales  como  el lugar de  realización  de  la acción, según el cual el hecho se entienda cometido en el  lugar  donde  se  llevó  a  cabo total o parcialmente la exteriorización de la  voluntad;  la  del  resultado, que estima realizado el hecho donde se produjo el  efecto  de  la  conducta;  y,  la  teoría de la ubicuidad o mixta que considera  cometida  la  conducta  donde  se efectuó la acción de manera total o parcial,  con  el  sitio  donde  se  produjo  o  debió  producirse  el resultado, la Sala  encuentra  que  las  conductas  atribuidas   por el Tribunal de los Estados  Unidos,  Distrito  Central  División  Tampa,  a  Caicedo  Mosquera  son  la  de  “importar”,  “fabricar y distribuir” y  “poseer  con  intención  de  distribuir”  a  los Estados Unidos más de cinco (5) kilogramos de cocaína,  al  punto,  de  acuerdo  con  los  hechos  consignados en la Nota Verbal, que se  produjeron  incautaciones  en ese país, necesario es concluir que los presuntos  actos  ilícitos  traspasaron  la  fronteras  colombianas, luego se satisface la  condicionante  constitucional  de  que  el  delito  haya  sido  cometido  en  el  exterior.   

Aclarado  los  anteriores puntos planteados  por  la  defensa,  la  Corte  procederá  a  emitir  el concepto de la siguiente  manera:   

El   artículo   502   del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004  estatuye  que  el   concepto   que  emite  la  Sala  debe  estar   centrado   en   establecer   la   validez  formal   de    la   documentación   presentada,   en   la   demostración     plena    de   la    identidad    del   solicitado,     en    el    principio    de    la   doble   incriminación,  en  la  equivalencia  de   la   providencia   proferida   en  el  extranjero   y,  cuando  fuere  el  caso,  en  el cumplimiento de lo previsto en los tratados  públicos.   

Por  tal  motivo  se procederá a verificar  dichos presupuestos así:   

1.   La   validez       formal       de      los      documentos   aportados   

Advierte  la  Sala  que  la  documentación  presentada  como  soporte  de  la  petición  de  extradición  de  Wenceslao  Caicedo Mosquera, cumple con las  exigencias  legales  contempladas en los Códigos de Procedimiento Penal y Civil  para tenerla como apta para fundar el respectivo concepto.   

Así,  no  hay  duda  que los documentos se  allegaron   por  vía  diplomática,  habiendo  sido  debidamente  traducidos  y  autenticados,  dentro de los cuales obran la copia de la Acusación  N° 8:  05  –Cr-219  –         T         –  3  OEAJ  del  25  de  mayo  de 2005,  dictada  por  el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, Distrito Central de  Florida,  División  de  Tampa, la que fue firmada por el Presidente del Jurado,  por  el  Fiscal  de  los  Estados  Unidos,  Subjefe,  Sección  de  Narcóticos,  documento  cuya  autenticidad  de su contenido fue certificada con la firma y el  sello   perteneciente   a   la   Secretaria   de   dicho   Tribunal,  Sheryl  L.  Loesch.   

A su vez, obran las declaraciones juradas de  Joseph  K.  Urdí, Fiscal Auxiliar de los Estados Unidos del Distrito Central de  Florida  y  de Scout W. Sieben, Agente Especial de la Administración de Control  de  Drogas (DEA), rendidas el 23 de agosto de 2005 y 24 de agosto de 2005, cuyos  contenidos  y  traducción  al español, junto con el resto de la documentación  que  las  acompaña, fueron certificados, el 13 de septiembre de dicho año, por  Jason  E.  Carter,  Director  Asociado de la Oficina de Asuntos Internacionales,  División   de   lo   Penal,   del  Departamento  de  Justicia  de  los  Estados  Unidos.   

Así  mismo  aparece  que la documentación  anexa  hace referencia a la orden de arresto, a la resolución de acusación y a  las  normas  aplicables  al  caso,  esto  es,  Título  21,  Secciones 812   (c)   (Tabla de sustancias controladas), Sección 853 (bienes utilizados en  delitos  sujetos a la confiscación por el gobierno) y Título 46, Apéndice del  Código  de  los Estados Unidos, Sección 1903 (a) (embarcaciones de los Estados  Unidos   o   embarcaciones   sujetas   a   la   jurisdicción   de  los  Estados  Unidos).   

Del  mismo  modo,  la  firma y el cargo del  señor  Jason  E. Carter fueron certificados por el señor Alberto R. González,  Procurador  de  los  Estados Unidos, quien según su propia afirmación escrita,  ordenó  que  se  estampara el sello del Departamento de Justicia de los Estados  Unidos,  siendo  atestada  la  firma  de  aquél  por  el Director Adjunto de la  Oficina   de   Asuntos   Internacionales,   División    de   lo   Penal,   y  el  sello  del  Departamento  de   Estado   fue  ordenado  por  la  Secretaria  de Estado, señora Condoleezza  Rice.   

Finalmente,   dichos   documentos  fueron  presentados  para su autenticación ante la Cónsul de Colombia en Washington D.  C.,  señora  María de los Ángeles Barraza, como así lo constató y lo avaló  la   Oficina   de   Legalizaciones  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  cumpliéndose  con  lo  establecido  por  el  artículo  259 del C. de P. Civil,  modificado  por  el  1°,  numeral  118  del  D. E. 2282 de 1989 que dice:   “Los       documentos       públicos  otorgados       en      país      extranjero      por   funcionario       de      éste      o      con      su  intervención,   deberán  presentarse debidamente autenticados por el  cónsul    o    agente    diplomático    de   la   República,   y  en  su  defecto  por  el de   una     nación     amiga,     lo    cual    hace   presumir   que   se   otorgaron  conforme a la ley del respectivo  país.  La firma del cónsul o agente diplomático se abonará por el Ministerio  de  Relaciones Exteriores de Colombia, y si se trata de agentes consulares de un  país  amigo,  se  autenticará  previamente  por  el funcionario competente del  mismo  y  los  de  éste  por el cónsul colombiano”,  disposición  aplicable al caso en virtud del principio de integración previsto  por  los  artículos  23  y  513,  último  inciso, del Código de Procedimiento  Penal.   

Por  lo tanto, teniendo en cuenta  que  la  solicitud  de  extradición  de  Wenceslao Caicedo  Mosquera  se hizo por la vía diplomática y que en la  expedición   y  trámite  de  los  mencionados  documentos,  así  como  en  su  traducción,  se cumplieron todos los ritos formales de legalización prescritos  por  las  normas  de  los  Estados Unidos de América, la Corte los tendrá como  aptos  para  servir  de prueba en este asunto, cumpliéndose así con la primera  exigencia legal.   

2.   La   identificación     plena     del     solicitado    en   extradición   

No  hay  duda que el colombiano  Wenceslao  Caicedo  Mosquera, a quien se  refiere  este trámite, es la persona solicitada en extradición por el Gobierno  de los Estados Unidos de América.   

En efecto, de la documentación remitida por  vía  diplomática se colige claramente, como lo destaca el Procurador Delegado,  que  se trata de Wenceslao Caicedo Mosquera,   pues   basta   observar   que   el   número   de   cédula   de  ciudadanía   que   suministró  la  Embajada  de   los   Estados   Unidos   de América,  a  través   de    la    Nota   Verbal   número  2274   del  23  de  septiembre  de  2005  concuerda  con  el  que  aparece   en   el   acta   de   notificación   personal  de  la   providencia   por   medio  de  la  cual   se   dispuso   su  captura,  en  la diligencia mediante  la  cual se le comunicaron sus derechos de capturado por razón de este trámite  y  en  el  acta  de  buen  trato  suscrita  por él (16.489.800), además de que  ninguno de los sujetos procesales ha cuestionado dicha identidad.   

En esas condiciones, resulta evidente que la  persona     detenida     es    Wenceslao    Caicedo  Mosquera, de nacionalidad colombiana y es el ciudadano  requerido  en  extradición  por  el  Gobierno  de  los  Estados Unidos de   América.   

3.  El   principio  de  la  doble  incriminación   

De  conformidad  con  el  numeral  1°  del  artículo  493  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  para  que  la  extradición  se  pueda  conceder  se  requiere que el hecho que la motiva esté  previsto  como  delito  en Colombia y reprimido con una sanción privativa de la  libertad cuyo mínimo no sea inferior a cuatro (4) años.   

Teniendo en cuenta la Acusación N° 8 : 05  –   Cr   –        219        –T             –  3  OEAJ   del  25  de  mayo  de  2005,   dictada   por   el  Tribunal  de  Distrito  de  los  Estados  Unidos,  Distrito  Central  de Florida, División Tampa,   se    sabe    que    a   Wenceslao  Caicedo  Mosquera se le acusó de los cargos citados en  precedencia.   

Conforme     a     los   cargos   uno,  dos y tres  anteriormente   trascritos,  se   sabe que al requerido en  extradición  se  le  acusa  en  el  tribunal  extranjero  de haberse combinado,  conspirado    y    acordado   con   otras   personas   para   “   importar”      (cargo      primero),  “”fabricar      y      distribuir”   (cargo   segundo)   y  “poseer  con     intención     de    distribuir”  (cargo  tercero),   a  los Estados Unidos  más   de    cinco    kilogramos    de   una   sustancia   controlada     que   contenía    cocaína,    según   las   normas        penales      del       Estado    requirente    en    precedencia    citadas.  En   esas   condiciones,   advierte   la   Sala   que  dichos   cargos,   de  acuerdo  con los hechos que se imputan y las normas  allegadas,      encuentran      adecuación      típica      en   nuestro     sistema   penal   en   lo  reglado  por  el  artículo   340,   inciso    segundo,   del    Código   Penal,    modificado   por   el   artículo   8°   de   la   Ley   733 del 29 de enero de 2002 y por el artículo 19  de  la  Ley 1121 del 29 de diciembre de 2006, que prevé el concierto para   delinquir    relacionado   con  el  tráfico   de   drogas   estupefacientes,  habida  cuenta que, como quedó visto,  Wenceslao  Caicedo  Mosquera,  se  acordó  con  otros para importar, fabricar y  distribuir    y    poseer    una   sustancia   una   cantidad   perceptible  cocaína.   

Cabe  agregar  que  el  citado  delito  de  concierto  para  delinquir  (relacionado con el tráfico de estupefacientes), de  acuerdo   con  la legislación nacional anteriormente citada, contempla una  pena  privativa  de la libertad que oscila entre ocho (8) y dieciocho (18) años  de prisión.   

En  cuanto  a la afirmación de la defensa,  según  la  cual,  sólo se trató de una conducta de concierto para delinquir y  no  de  tres como se lo atribuyen a Caicedo Mosquera los tribunales extranjeros,  se  erige  en una hipótesis personal que no cuenta con el debido respaldo, toda  vez  que como quedó expuesto en precedencia, a Caicedo Mosquera se le imputaron  tres  hechos  autónomos  como  fueron  los  de  importar, fabricar y distribuir  y   poseer  cocaína  en  cantidades  superiores  a 5 kilogramos, conductas  punibles  que  implicaron  la  asociación  con  otras  personas para esos fines  específicos y determinados.   

De  ahí  que  no  se  comparta  la  otra  afirmación  del  defensor, según la cual, los cargos atribuidos a su defendido  no  son  más que una penalización reiterada de acciones mediante las cuales se  ejecuta   el   mismo   concierto,   puesto    que   la   comisión  de  los  comportamientos  implicó  el  desarrollo, en tres oportunidades, de la conducta  descrita en la norma.   

Del  mismo modo, considera la Corte que ese  aspecto  también  se  puede discutir en el tribunal extranjero, en virtud   de  que  es  esa  la  Corporación la competente para dirimir todos los aspectos  relacionados   con   la   tipicidad   y   la  participación  de  solicitado  en  extradición.   

Así  las  cosas,  resulta  evidente que se  cumple con el principio de la doble incriminación.   

4.   Equivalencia   de  la  providencia  proferida  en   el  extranjero.   

Advierte  la Corte que no existe dificultad  alguna  para  concluir  que  se  cumple  con  el  requisito  de  la equivalencia  contemplado  en  el  numeral  2° del artículo 493 del Código de Procedimiento  Penal,  el  cual  exige  “que  por  lo menos se haya  dictado  en  el  exterior resolución de acusación o su equivalente”.   

En   efecto,  contrario a lo sostenido  por  la defensa, el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, Distrito Central  de   Florida,  División  Tampa,  acusó  a  Wenceslao  Caicedo  Mosquera  por  las  conductas   punibles  señaladas  en  precedencia,  mediante acto procesal que en nuestra legislación  equivale  a  la acusación, como emerge de las  siguientes similitudes, que  las tornan equivalentes:   

     

a. Es  un  escrito  de acusación en el cual se atribuyen los cargos en  contra del acusado para que se defienda de ellos en el juicio     

     

a. Formulada  la  acusación  se inicia el juicio oral que finaliza con  el respectivo fallo de mérito.     

     

a. Se     señalan     los     hechos,    con   especificación     de     las    circunstancias    de   tiempo   modo  y  lugar  en  que  ocurrieron   y    la    calificación    jurídica   de   las  conductas,  con  indicación de las disposiciones sustanciales  aplicables.     

Por    lo    tanto,    se  observa    que    la   acusación   emitida   por   el   tribunal  extranjero es equivalente y tiene la misma fuerza vinculante  de la acusación propia de nuestro sistema judicial.   

Ahora   bien,   la   Corte  advierte  una  equivocación  del  defensor  cuando  afirma que el sistema de Estados Unidos de  América  es igual al de Colombia, precisamente las razones que da para impugnar  el  postulado de equivalencia son las diferencias existentes con nuestro sistema  de procesamiento de corte acusatorio.   

En  nuestro  actual  sistema  judicial  no  existen      piezas      procesales     catalogadas     como     “graves”      o      “menos   graves”   para  dar  inicio  al  proceso,  toda  vez  que el juicio se inicia con la presentación del escrito de  acusación.   Así   mismo,  actualmente  en  nuestro  esquema  procesal  no  se  desarrolla  el  instituto del jurado, puesto que si bien se encuentra reglado en  algunas   normas,  también  lo  es  que  por  política  criminal  no  ha  sido  implementado.   

No  obstante,  tal circunstancia no impide,  como  quedó  visto,  que para efecto del trámite de extradición se estudie el  cumplimiento  del requisito de la equivalencia contemplado en el numeral 2° del  artículo  493 del Código de Procedimiento Penal, el cual exige “que  por  lo  menos  se  haya  dictado en el exterior resolución de  acusación     o    su    equivalente”,  que  aquí  su  advierte  sin  temor  a  equívocos.   

Finalmente, es verdad que las declaraciones  apoyo   a   la  solicitud  de  extradición  no  pueden  ser  consideradas  como  testimonios,  por cuanto no han sido producidas de acuerdo con los principios de  publicidad  y  contradicción.  Es  decir,  las  declaraciones  del asistente de  fiscal  y  del  agente  de  la DEA sólo cumple con el fin de servir de apoyo al  pedido  de extradición y de los cuales la Sala se ilustra en torno al contenido  de  las normas jurídicas y del procedimiento existente en el Estado requirente,  así  como  también  de  los  hechos  calificados como ilícitos que motivan el  pedido de extradición.   

ACOTACIÓN   FINAL  

Se  pone  de  presente  al   Gobierno  Nacional  que en caso de concederse la extradición, debe condicionar la entrega  en    el    sentido    de   que   Wenceslao   Caicedo  Mosquera  no  será juzgado por hechos distintos a los  que  originaron  la  reclamación,  ni  sometido  a  tratos  crueles, inhumanos,  degradantes  o discriminatorios en todos los ordenes, ni se le impondrá la pena  capital  o  perpetua,  al  tenor  del artículo 494 del Código de Procedimiento  Penal.   

De  la  misma  manera,  se  le  exhorta  al  Gobierno,  encabezado  por  el  señor  Presidente  como  supremo director de la  política  exterior  y  las  r0elaciones  internacionales  para  que efectúe el  respectivo  seguimiento  a los condicionamientos que se impongan a la concesión  de  la  extradición  y  determinar  las  consecuencias que se derivarían de su  eventual  incumplimiento,  al  tenor  de  lo  señalado  en  el  ordinal 2° del  artículo 189 de la Carta Política.   

De  otra  parte,  se  pide  al  ejecutivo  recomiende  al  Estado  requirente que, en caso de condena, tenga en cuenta como  parte  de  la  pena  el tiempo que el solicitado haya podido estar privado de la  libertad con motivo del trámite de extradición.   

En  consecuencia,  como la totalidad de los  requisitos   formales   contemplados   en   el  artículo  502  del  Código  de  Procedimiento   Penal  se  cumplen  satisfactoriamente,  la  Corte  CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE  a  la  solicitud  de  extradición  elevada  por  el Gobierno de los  Estados  Unidos  de  América,  respecto  del  ciudadano  colombiano  Wenceslao  Caicedo  Mosquera,  en cuanto  tiene  que  ver  con  los  cargos  uno,  dos y tres que le fuera imputados en la  Acusación  N° 8 : 05 – Cr  –   219   –         T         –  3  OEAJ  del  25  de  mayo  de 2005,  dictada  por  el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, Distrito Central de  Florida, División de Tampa.   

Comuníquese   esta   determinación   al  requerido   Wenceslao   Caicedo  Mosquera,  a  su  defensor, al Ministerio Público y al Fiscal General de la  Nación, para lo de  su  cargo.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia, para lo de ley.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

          Aclaración  de voto   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                        JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                            JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre ellos el fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos  y  deberes  consagrados en la Carta;  defender  la  independencia  nacional y proteger a todas las personas residentes  en    Colombia    en   su   vida,   honra,   bienes,   creencias,   derechos   y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes1 para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo   508   y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito   de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal   mínimo  en  el  exterior  –artículo  510  y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por  otra  parte, se observa por la Corte,  que  la  Constitución  colombiana,  prohíbe  en  su  artículo 34 ‘las  penas  de  destierro,  prisión  perpetua      y      confiscación’,  a las cuales, por las mismas razones anteriormente expuestas, no  podrá  someterse  al extraditado por el país que lo juzgue, lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”2   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce3,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

2  Sentencia C-1106/00.   

3 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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