25617(13-07-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25617   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 68  

Bogotá, D.C., trece de julio de dos mil seis.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la demanda de casación presentada a nombre propio, en su condición  de  abogado, por el procesado ALEJANDRO MANUEL GARCÍA AMADOR contra el fallo de  segundo   grado   del   24  de  octubre  de  2005,  proferido  por  la  Sala  de  Descongestión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante  el  cual  confirmó  la  sentencia  proferida por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Descongestión  para Fonculpuertos de la misma ciudad, que condenó al procesado  en  cita,  como  autor  responsable  de  los  delitos  de  falsedad  material de  particular  en  documento  público, falsedad en documento privado, tentativa de  estafa agravada y fraude procesal.   

HECHOS  

En   agosto  2  de  1984,  la  Aseguradora  Colseguros  S.A.  otorgó  poder  especial  al  abogado  Antonio  José  Morales  Ibáñez  para  que ante el Tribunal Administrativo del Atlántico se iniciara y  llevara  hasta su culminación una acción de reparación directa y cumplimiento  contra  la  empresa  Puertos de Colombia. La acción fue decidida mediante fallo  del  9  de  diciembre  de  1987,  en  el  que  de declaró que no había lugar a  pronunciamiento de mérito por carencia de jurisdicción.   

No obstante, en 1998 se elaboró un documento  donde  el  abogado Morales Ibáñez supuestamente sustituía el mandato otorgado  por  la  aseguradora  al  abogado  Rafael  Angarita  Rosales,  quien a su vez lo  sustituyó  al también abogado ALEJANDRO MANUEL GARCÍA AMADOR, quien sin estar  facultado   y  sin  conocimiento  de  la  Aseguradora  otorgó  poder  amplio  y  suficiente  al  doctor  Luis  Alfredo  Mattos  Vásquez  para  gestionar ante el  Ministerio  de Trabajo el pago de una sentencia espuria, fechada del 22 de enero  de  1997,  y supuestamente proferida dentro del proceso reseñado, en la cual se  declaraba  responsable  a  la  empresa Puertos de Colombia por la pérdida de 13  atados  de 13 toneladas de acero y se le ordenaba pagar a favor de Colseguros un  valor  histórico  de $1.444.928 con un interés del 6% anual a partir del 24 de  enero de 1983 hasta la fecha de ejecutoria de ese fallo.   

          Con  sustentó  en  la  documentación    falseada,    el    abogado    Mattos   Vásquez,   con   fecha  3    de    junio    de  1999,   radicó   ante  el  Ministerio  del Trabajo una cuenta de cobro por valor de $ 47.484.390.000.oo, la  cual fue radicada bajo el No. 022456.   

          Enterado   el  entonces  Contralor  General  de  la  Nación  de  la  pretensión  contra  la  empresa  estatal  en  cuestión,  a  partir  del  5  de  septiembre  de 1999, difundió  declaraciones  en  los  medios  de  comunicación  sobre  la  irregular  condena  supuestamente  proferida  por el Tribunal Administrativo del Atlántico, lo cual  alertó  a  sus  Magistrados,  quienes al verificar con sus archivos encontraron  que  no  habían  dictado  semejante  fallo, concluyendo que el mismo era falso,  motivo  por  el cual procedieron a formular la correspondiente denuncia el 13 de  septiembre de 1999.   

A  raíz  de  la  denuncia  penal  y  de las  advertencias  de  los  organismos  de  vigilancia  del  Estado,  el 20  de  septiembre  de  1999,  la  Oficina  Jurídica,  Grupo  de  Sentencias y Conciliaciones, del Ministerio de Trasporte,  dictó  “auto  de  suspensión  de  trámite”,  sobre  la  solicitud de pago  contenida  en  el  expediente 016-99 a nombre de la Aseguradora Colseguros S.A.,  decisión   contra   la   cual   se   advirtió   que   no   procedía   recurso  alguno.   

Por tales hechos, mediante resolución del 4  de  febrero  de  2003,  la  Fiscalía  18 de la Unidad Nacional Anticorrupción,  Subunidad  Foncolpuertos,  profirió  resolución de acusación contra ALEJANDRO  MANUEL  GARCÍA  AMADOR  como posible autor responsable de los delitos de fraude  procesal,  falsedad material de particular en documento público agravada por el  uso,  falsedad  en documento privado y estafa agravada por la cuantía, en grado  de tentativa.   

Impugnada  la anterior determinación por el  defensor  de  oficio  del procesado, se confirmó por la Fiscalía Delegada ante  el  Tribunal Superior de Bogotá, en resolución del 30  de septiembre de 2004.   

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

          Dos  cargos  al  amparo  de  la causal tercera presenta el procesado  ALEJANDRO  MANUEL  GARCÍA  AMADOR  contra  la  sentencia  impugnada, los cuales  presenta y fundamenta de la siguiente manera:   

         En  el  primer  cargo  aduce que la sentencia se dictó en un juicio  viciado  de  nulidad  por  violación  a  las formas propias del juicio, por las  irregularidades que enlista así:   

          1.  La  resolución  de  apertura de la investigación se dictó sin  haberse individualizado al imputado.   

          2.  La  resolución  que  lo  declaró persona ausente y le designó  defensor  de  oficio,  fue adoptada sin que previamente se hubieren cumplido los  presupuestos  procesales  para ello, pues en relación con los delitos de fraude  procesal  y  estafa,  era  obligatorio librar orden de captura en su contra y no  limitarse a la simple citación.   

          3. No se resolvió situación jurídica a  pesar   de   que   dos  de  los  delitos  por  los  que  se  procedía  así  lo  obligaban.   

          4.  Se cerró la instrucción por todos los delitos investigados sin  resolverse  la  situación  jurídica  respecto  de  los dos delitos que así lo  obligaban.   

          5.  Se dio por ejecutoriado el cierre de la instrucción sin haberse  individualizado  al  imputado  y  sin  que  se hubiera cumplido el acto de   notificación personal.   

          6.   Dentro   del  acápite  de  la  resolución  de  acusación  se  incorporó   un   elemento   “que  comprometía  al  instructor  a  no dar por clausurada la investigación sin previa definición de  la  situación  jurídica.  A  no  dar  por  válida  la declaratoria de persona  ausente  en  la  forma realizada y a no dar por satisfecha la individualización  del   procesado,  menos  el  agotamiento  de  su  comparecencia  al  proceso”,  elemento   que   dice   está   constituido   por  la  información   del  DAS  sobre  la  sentencia  que  pesaba contra ALEJANDRO  MANUEL  GARCÍA  AMADOR,  condenado  a 12 meses de prisión por uso de documento  público     falso,     concediéndosele     la     condena     de    ejecución  condicional.     

          Sin  más,  bajo  otro  acápite  cita  como normas inobservadas los  artículos  322,  336,  344,  354,  355  y  357  del  Código  de  Procedimiento  Penal.    

          En  el  segundo  cargo  demanda  la  nulidad  de  la  sentencia  por violación del derecho de defensa y  afirma  que  “sin ánimo de  incorporar   a   esta   demanda   derroches   de   erudición  respecto  a  este  cargo”,  se  remite  a  la  sentencia SU 014 de 2001 de la Corte Constitucional.   

          En  acápite  independiente  y  bajo  lo  que titula “la   excepción   de   prescripción”,  solicita  a  la  Corte  que  se  declare  la  extinción de la acción penal por  prescripción  “de  alguno  de  los delitos por los  cuales  se  profirió  condena”, dado que la fecha de  interrupción  del  término fue septiembre de 2004 y como nunca se precisó una  fecha  de  ocurrencia  de  las  ilicitudes,  debe  tenerse  como referente la de  febrero de 1999.      

          Culmina  su  escrito  solicitando que se case la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Sea  lo primero recordar que esta Corte, en ejercicio de la función  judicial  encomendada  constitucionalmente,  ha  abierto  camino jurisprudencial  acerca  de  que para que pueda aceptarse desconocido el artículo 29 de la Carta  en  cualquier  trámite  judicial,  es  indispensable  que  se  advierta  en  el  iter    procesal    una  indiscutible  y  real conculcación de las garantías, producto de la violación  a la normatividad aplicable al juicio.   

Por  eso,  no  basta  la  existencia  de  la  irregularidad  que bien pudo haber pululado al interior del respectivo trámite,  si  ello  no  se  traduce objetivamente en la relación causa a efecto en la que  por  razón  y  único  motivo  del  desconocimiento  o  merma de las garantías  signadas   constitucionalmente   se   afectan   derechos   sustanciales  de  los  intervinientes,  pues  de  lo  contrario  la  falta o la falla procesal no tiene  relevancia constitucional alguna.   

          Bajo   esa   óptica,  la  proposición  de  nulidades  en  sede  de  casación,  obliga  al impugnante a determinar cuál es la trascendencia directa  que  el  yerro  de actividad refleja en el fallo y por qué, de no haber mediado  el  mismo, el desarrollo de la actuación sería otro y por consiguiente otra la  decisión  final,  pues  sólo  así  es factible demostrar que la irregularidad  denunciada   únicamente   puede   corregirse  por  el  remedio  extremo  de  la  nulidad.   

         Tales  presupuestos  no  fueron observados por el demandante en este  caso,  quien  estimó  suficiente  afirmar  que  se abrió la investigación sin  individualizar  al  imputado;  que el procesado, vinculado mediante declaración  de   persona  ausente,  sólo  fue  citado  a  las  direcciones  que  aparecían  registradas  en  el proceso, sin que con posterioridad a ello se hubiese librado  orden  de  captura  en  su  contra;  que se cerró la investigación sin haberle  resuelto  situación  jurídica  a pesar de que dos de los delitos lo obligaban;  que   el   cierre  de  la  instrucción  no  fue  notificado  personalmente;  y,  finalmente,  que  en  el  proceso  se  tuvo  constancia  de la existencia de una  condena anterior contra el procesado.   

Pero  aunado  a  esas enunciaciones, deja de  lado  cualquier argumentación encaminada a acreditar de qué manera los actos y  omisiones  señalados  afectaron los derechos al debido proceso del sentenciado,  es  decir,  nada  menciona  frente  a  la  trascendencia de las supuestas fallas  procesales en el resultado final de la actuación.   

Pero  adicionalmente, observa la Sala que la  alegación   según   la   cual   se   inició   la   instrucción  sin  haberse  individualizado  al  procesado,  no  tiene sustento alguno si en cuenta se tiene  que  tal situación se contradice con las mismas argumentaciones del demandante,  quien  no  pone  en  tela  de  juicio que haya sido él y solo él a quien se le  declaró  persona  ausente después de habérsele citado a los lugares conocidos  en el proceso.    

A su vez, la nulidad fincada sobre la base de  que  se omitió la resolución de su situación jurídica antes de decretarse el  cierre  de  la  instrucción, no se acompaña de una argumentación que ponga de  presente  el  carácter  sustancial de la pretendida irregularidad y mucho menos  el   quebrantamiento   a   partir  de  ella  de  una  garantía  del  procesado,  circunstancias  que  deben  ser  demostradas  por el casacionista como requisito  indispensable  para  que  la Corte admita la demanda, pues, se reitera, el vicio  sustancial   con  capacidad  para  afectar  la  validez  del  proceso  penal  es  predicable  de  aquellas  actuaciones  irregularmente adelantadas por socavar su  estructura    o    por    constituir   manifiesto   atentado   al   derecho   de  defensa.   

En cuanto a la supuesta omisión de la orden  de  captura antes de la declaración de persona ausente, además de contener una  pretensión  contraria  a  los  intereses  del  mismo procesado que la alega, la  misma  no  trasciende  su  enunciado,  pues  nada  se  argumenta  sobre  la trascendencia de la supuesta falta, esto es, de qué manera  esa   omisión   resultó   desconocedora  de  las  bases  fundamentales  de  la  investigación   o   el   juzgamiento,  además  de  que  la  misma  se  observa  intrascendente  frente a la afirmación del mismo demandante, según el cual fue  citado a los lugares conocidos en el proceso.   

La omisión sobre la falta de notificación  de  la resolución que decretó el cierre de la investigación, nada dice acerca  de  si  la  misma  requería  de  obligatoria  notificación  personal  o  si la  decisión  fue  notificada  a su defensor, todo lo cual deja a la Sala sin bases  para valorar la trascendencia del yerro argüido.   

La circunstancia de que en el proceso se haya  conocido  que  contra  el  mismo  ALEJANDRO  MANUEL  GARCÍA  AMADOR  pesaba una  sentencia  anterior  por  uso de documento público falso nada acredita frente a  la observancia de las garantías procesales del implicado.   

   

Por  su  parte,  el  cargo por violación al  derecho  de  defensa  ni  siquiera  se enuncia claramente, pues el demandante se  limita   a   remitirse   la   sentencia   SU   014   de   2001   de   la   Corte  Constitucional,  pero no dice  específicamente  cuál  es  su  situación  y  como juega ese antecedente en su  caso.   

En esas condiciones, es claro que la demanda  que  se  estudia  carece  de una fundamentación acorde con los criterios arriba  destacados,  presupuestos  sin los cuales no es posible aprehender su estudio de  fondo,  ni  por  ende  declarar su admisibilidad formal, por lo que se impone su  rechazo,  acorde  con  lo establecido en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.  Consecuencialmente, se declarará desierta la impugnación.   

Finalmente,  en  relación  con  la eventual  prescripción  de la acción penal de “alguno de los  delitos  por  los  cuales se profirió condena”, dado  que  la  fecha  de  interrupción  del término fue el 30 de septiembre de 2004,  observa  la  Sala que ciertamente el fenómeno se consolidó en relación con el  delito  de  fraude procesal antes de surtirse la ejecutoria de la resolución de  acusación, por las razones que se anotan a continuación.   

Aunque  la conducta que estructura el delito  de  fraude  procesal es de carácter permanente, en sentencia del 30 de marzo de  20061,  la  Sala precisó que la ejecución del delito permanente termina  por  razones  materiales,  por ejemplo, cuando es dable concretar el instante en  que  se  ejecuta  el  último  acto;  o  por  motivos jurídicos, como cuando la  hipótesis  anterior  no  es  posible, debiéndose tomar como fecha límite para  contar  la prescripción de la acción penal en el sumario o la causa, según el  caso,  la  ejecutoria  de  la resolución de cierre de investigación o el de la  resolución de acusación.       

         

De acuerdo con los antecedentes reseñados en  esta  providencia,  el  delito  de  fraude  procesal  por  el cual fue acusado y  condenado   ALEJANDRO   MANUEL   GARCÍA   AMADOR,   comenzó   el  3  de  junio  de  1999,  fecha  en la cual  se   radicó ante el Ministerio del Trabajo la cuenta de cobro con sustento  en  la  sentencia  falsa, y se prolongó hasta el 20 de  septiembre  de  1999,  fecha  en  la  cual  la Oficina  Jurídica,  Grupo  de  Sentencias y Conciliaciones, del Ministerio de Trasporte,  dictó  “auto  de  suspensión  de  trámite”,  sobre  la  solicitud de pago  contenida  en  el  expediente 016-99 a nombre de la Aseguradora Colseguros S.A.,  advertida de la ilicitud del cobro en cuestión.   

Por  tanto,  tal  comportamiento ocurrió en  vigencia  del  Decreto  100  de  1980,  que preveía en su artículo 182 para el  delito  de  fraude  procesal  una  sanción  de  uno  (1)  a  cinco (5) años de  prisión,  norma  favorable frente a la preceptiva contenida en el artículo 453  de  la  Ley  599  de  2000,  que  sanciona  con prisión de 5 a 8 años la misma  conducta.   

          Así  las  cosas, si el 30 de septiembre de  2004,  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de  Bogotá  confirmó  la  acusación  proferida  en  primera  instancia contra  ALEJANDRO   MANUEL   GARCÍA   AMADOR,  surge  evidente que el término prescriptivo de cinco (5) años para  el  delito  en  cuestión durante la etapa instructiva, se cumplió antes de esa  fecha, esto es, el 20 de septiembre de 2004.     

          Y  si  ello  es  así,  es evidente que a la Sala no le queda camino  diverso  a  declarar  prescrita  la  acción penal derivada del delito de fraude  procesal   por  el  cual  se  acusó  al  procesado  GARCÍA  AMADOR  y ordenar, en consecuencia, la cesación  del procedimiento adelantado en su contra por dicha conducta.   

         

          Consecuente  con  esa  decisión, la Sala procederá a reducir de la  pena  impuesta  al procesado, el lapso que se le aumentó por el concurso con el  fraude  procesal.  Pero  como  ese  término no fue especificado individualmente  para  cada  una de los delitos concurrentes, pues a una pena mínima de 40 meses  por  el  delito de falsedad en documento público, que se consideró más grave,  se  aumentó  36  meses  por  el concurso con los delitos de tentativa de estafa  agravada,  fraude  procesal  y  falsedad en documento privado, se acudirá a una  proporción  igual  para  cada  uno  de  ellos, esto es, considerando que a cada  delito concurrente corresponde 12 meses.   

          Por  lo  tanto,  a  los 76 meses impuestos, se le restarán 12 meses  que  corresponden  al  fraude procesal, quedando la pena en 64 meses de prisión  por  los delitos de falsedad en documento público, tentativa de estafa agravada  y  falsedad en documento privado, proporción a la cual se reducirá la sanción  accesoria   de   inhabilitación   en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.   

   

          En  mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

         1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada a nombre propio  por    el    procesado   ALEJANDRO   MANUEL   GARCÍA  AMADOR, en su condición de  abogado,  y  en  consecuencia DECLARAR DESIERTO el recurso, por lo anotado en la  motivación de este proveído.     

2.           DECLARAR            prescrita  la  acción  penal por el delito de fraude procesal, y en  consecuencia,  cesar  todo  procedimiento  a  favor  de ALEJANDRO MANUEL GARCÍA  AMADOR, por dicha infracción.   

3.  En  consecuencia,  declarar  que GARCÍA  AMADOR  queda  condenado  a  la  pena  principal  de  64 meses de prisión, como  coautor  de  los  delitos de falsedad en documento público, tentativa de estafa  agravada  y falsedad en documento privado, lapso al cual se reduce igualmente la  sanción  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones  públicas.   

En  lo  demás  queda  incólume  el  fallo  impugnado.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                          ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                      

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN             MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARÓN                         

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS               YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                             

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

             TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                        Secretaria   

    

1  Radicado         No.        22.813.     

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