25298(12-09-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25298  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 096  

Bogotá,  D. C., doce (12) de septiembre de  dos mil seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  JOSÉ WILSON ORTIZ CANDELO.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de primer grado de la siguiente manera:   

“Los  mismos  tuvieron  su  génesis  en  el  escrito  enviado  por  el  Comité  de Veeduría  Ciudadana  del  Municipio de Ginebra, Valle, dando cuenta de las irregularidades  presentadas  en  la contratación celebrada entre el contratista Beethoven Reina  Corral   y  JOSÉ  WILSON  ORTIZ  CANDELO,  Rector  Administrativo  de la Concentración de Desarrollo Rural  de  esa municipalidad. A dicho plantel educativo el Gobierno Nacional en el año  de  1997, le asignó una partida presupuestal de setenta y dos millones de pesos  ($72.000.000,oo)  para  la  ampliación  de  dos aulas y la creación de un aula  para   el  laboratorio.  El  citado  funcionario  contrató  los  servicios  del  contratista  en  mención  y  le  exigió la suma de dos millones quinientos mil  pesos  ($2.500.000,oo)  como  prebenda  de garantía para asignarle el contrato.  Situación  conocida  por  el  pagador del centro educativo, quien desconociendo  los  trámites  que  iban  a  realizar,  citó  al  contratista para conocer los  pormenores  y  condiciones de dicho contrato, logrando grabar las exigencias que  el  señor  Rector  hiciera  al  contratista,  casete que fue presentado ante la  Fiscalía General de la Nación”.   

2.   El  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Buga, mediante sentencia fechada el 29 de octubre de 2004, condenó  a    José   Wilson   Ortiz   Candelo   a  las  penas  principales  de  62  meses  de prisión, multa de 62  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso de la pena privativa de la libertad y al  pago  de  los  perjuicios,  como  autor  del delito de concusión imputado en la  resolución  de  acusación,  la  cual  cobró  ejecutoria el 28 de diciembre de  2001.   

3.   Apelado  el fallo por el defensor  del  procesado,  el  Tribunal  Superior de Buga, el 30 de septiembre de 2005, lo  confirmó  integralmente.  Contra  esta determinación el citado profesional del  derecho interpuso recurso extraordinario de casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

Con  fundamento  en  las causales primera y  tercera  de casación, el defensor del procesado Ortiz  Candelo  presenta  dos  cargos,  cuyos  argumentos se  sintetizan así:   

Cargo  primero   

Con  fundamento  en el cuerpo segundo de la  causal  primera  de  casación, afirma el libelista que el Tribunal incurrió en  violación  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho generado en falso  juicio  de  identidad sobre “las pruebas allegadas a  los   autos”,  toda  vez  que  al  “apreciar  el  testimonio  de  Beethoven  Reina  Corral, el fallador  plasma  en  la  sentencia  afirmaciones  del  testigo  que fueron tomadas de una  grabación  que  hizo una persona particular, pero no tiene en cuenta y por ello  cercena   otros   apartes   del  mismo  testimonio  que  se  rindieron  ante  la  administración   de   justicia   y   no  como  lo  tomó  el  Tribunal  de  una  grabación”.   

Asevera  que  el ad quem apreció el citado  testimonio  “haciendo en el fallo transcripciones de  grabaciones  de un casete que hiciera el señor Carlos Antonio Becerra, quien es  pagador  del  mismo  colegio  donde  labora  el  rector,  y entre quienes existe  enemistad         demostrada        dentro        del        proceso”.   

Luego de copiar unos apartes de la sentencia  de  segunda instancia, reitera que dicho juzgador cercena la prueba testimonial,  “por   cuanto   este   mismo   testimonio  rindió  declaraciones  ante  fiscalías  y juzgados que como administradores de justicia  interrogaron  al testigo y en esas diferentes versiones que no tuvo en cuenta el  Tribunal  en  el  fallo,  se cercenó el dicho del testigo al no tener en cuenta  las   declaraciones   rendidas   en   otras   instancias  judiciales”.   

Después  de  transcribir  apartes  de  la  declaración  y  sus ampliaciones que rindió Beethoven Reina Corral tanto en la  fiscalía como en el juzgado de conocimiento, agrega:   

“Una   vez  efectuadas  las  transcripciones  hechas  por  el  fallador  en la sentencia que  fueron  tomadas  de  una  grabación,  realizada por un particular y frente a la  cual  se  nombró  perito  para  que  hiciera  su  transcripción y de otro lado  transcritas  igualmente,  los  apartes  de  las declaraciones que dio el testigo  ante  otras  autoridades  judiciales  y  que  no  se  tuvieron  en cuenta por el  Tribunal,  por  cuanto  omitió su valoración y análisis, se puede llegar a la  conclusión  que  esta  omisión incidió directamente en el fallo impugnado por  cuanto  si  se  hubiera  efectuado una valoración del testigo sin equivocación  alguna  al  apreciar  la  prueba  en  el caso que nos ocupa que ésta obra en el  proceso,  pero  al  ser  apreciada  por  la  Sala  Penal,  esta  distorsionó su  contenido,  cercenándola  y  omitiendo tener en cuenta los otros apartes de las  otras   declaraciones   que  rindió  el  mismo  testigo  ante  la  fiscalía  y  juzgados”.   

Afirma  que  el  Tribunal  no podía dictar  sentencia  condenatoria  por  cuanto en el proceso no obra prueba que conduzca a  la  certeza  de  la  responsabilidad de su defendido, además de que desconoció  que   la   “grabación   no   es   un   medio   de  prueba”,  pues  la  ley  no  la  consagra como tal,  irregularidades   que   llevaron   a   que   se   dejaran   de   aplicar  normas  constitucionales  y  de  procedimiento “como son los  derechos    a    la    libertad    y    presunción   de   inocencia”.   

Dice  que  si el juzgador hubiese tenido en  cuenta  “los otros apartes de las declaraciones del  testigo   que   omitió   analizar,  lógicamente  que  el  fallo  hubiera  sido  absolutorio”,  toda  vez  que  el citado declarante  “está   indicando   que  no  se  estructuran  los  elementos del delito de concusión”.   

Estima que la distorsión del testimonio de  Beethoven   Reina   Corral  conllevó  a  la  inaplicación  de  los  artículos  “232.  233,237,  238, 275, 277 del C. P. P. y 29 de  la  C.  N.” y, por ende, a la errada aplicación de  los  “artículos  232, 6°, 7° y 9° del C. P. P.,  siendo  éste  el modo como violaron indirectamente la ley sustancial, porque se  omite  tener  en  cuenta  otras  declaraciones  del  mismo  testigo  que  están  manifestando    que   se   trató   de   una   grabación   amañada”.   

Concluye  que si se hubiese “valorado    la   prueba   como   lo   ordena   la   ley”,  necesariamente se habría absuelto a su procurado, razón por  la cual solicita a la Corte casar el fallo impugnado.   

Cargo segundo  

Con base en la causal tercera de casación,  acusa  al  Tribunal  de haber dictado sentencia en un juicio viciado de nulidad,  vicio  que  se  generó  por  la  violación del debido proceso y del derecho de  defensa.   

Dice  que el fallo se fundó en un medio de  prueba  como  fue  la  grabación  aportada  por  Carlos Antonio Becerra Arango,  grabación  que  fue  sometida  a transcripción, es decir, que el contenido del  casete  fue  sometido  a texto mecanográfico por parte del C.T.I., convirtiendo  el  Tribunal dicha transcripción “prácticamente en  un   documento  público”,  cuando  “esa  prueba  se  obtuvo  con  violación  de las formas propias del  juicio”.   

Dice  que  la  irregularidad sustancial que  afectó  el  derecho  de  defensa y el debido proceso surge en el momento en que  una   vez   realizada  la  transcripción  del  contenido  del  casete  a  texto  mecanográfico,  no  se  corrió traslado del mismo a los sujetos procesales por  el  término  de tres días, como así lo ordena el artículo 265 del Código de  Procedimiento  Penal,  pues,  en  su  criterio,  la  transcripción comentada se  constituye  en  un dictamen pericial que debió someterse al conocimiento de las  partes,  medio  de  prueba que consideró el juzgador para sustentar el fallo de  condena.   

Después  de  transcribir  y  comentar  los  artículos  29  de  la  Carta  y  6° y 10° del Código de Procedimiento Penal,  afirma  que  se  dictó  sentencia  “que  viola los  derechos  fundamentales  del  procesado  José  Wilson  Ortiz Candelo, porque la  sentencia  lo  condena  como  responsable del delito de concusión, tomando como  prueba   una  grabación  efectuada  por  un  particular,  que  es  enemigo  del  procesado,  porque  así  está  demostrado  en  el  proceso,  grabación que se  constituye  como  prueba  cuando  no  podía  serlo,  porque no cumplió con los  requisitos  que  establece  la  ley  penal”, aspecto  que,  en  su  opinión, conlleva a una evidente violación de las formas propias  del juicio y de la defensa de su representado.   

Por  lo  expuesto,  solicita  a la Corte la  anulación  del  proceso  “a  partir  del  dictamen  rendido por el C.T.I.”.     

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Ante  todo  es  imperioso  recordar  que la  casación  es  un  recurso  de naturaleza extraordinaria y rogada, motivo por el  cual  el legislador estatuyó las causales por las que resulta procedente atacar  la  presunción  de  acierto  y  legalidad con que viene amparada la sentencia a  esta   sede.   De   igual   modo,  dadas  las  citadas  características  de  la  impugnación,   también   la   legislación  procesal  contempla  los  mínimos  presupuestos formales que debe cumplir el libelo.   

Por  ello, como lo tiene dicho la Corte, la  demanda  de  casación  no  es  de  libre formulación, razón por la cual no es  procedente  hacer  cualquier  clase de cuestionamiento a un fallo que por ser la  culminación  de  un  proceso  está  amparado,  como  se  indicó, por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  sino  que debe ser un escrito lógico y  sistemático  en el que sólo es permitido denunciar los errores cometidos en la  sentencia,  al  tenor  de  los  motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciar su trascendencia en la parte  dispositiva de la misma.   

En consecuencia, el éxito de la censura no  depende  de  lo  sugestivo  del  discurso  plasmado  en  la  demanda, sino de la  argumentación  técnica que conlleve, de manera lógica, precisa y coherente, a  la  demostración de que la sentencia es ilegal, por haber incurrido el juzgador  en vicios de juicio o de procedimiento.   

En ese orden, se hace necesario verificar si  la  demanda  de casación presentada a nombre de José  Wilson  Ortiz Candelo reúne los presupuestos formales  para  su  admisibilidad,  de acuerdo con lo estipulado  en el artículo 212  del Código de Procedimiento Penal.   

El  defensor  del  procesado, al amparo del  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera  de  casación, formula el primer  cargo contra la sentencia dictada  por  el  Tribunal  Superior  de Buga, toda vez que, en su criterio, incurrió en  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, por error de hecho generado en un  falso        juicio        de        identidad        por        “cercenamiento”  sobre el testimonio de  Beethoven  Reina  Corral,  yerro  que  de  no haberse cometido necesariamente el  fallo   habría   sido   absolutorio   respecto  de  la  responsabilidad  de  su  procurado.   

No  obstante,  observa  la  Sala  que  la  formulación  de  la  censura  quedó  confusa,  imprecisa e incompleta, pues en  últimas  se  desconoce  sobre  cuál  medio  de convicción recayó el supuesto  error  de apreciación, es decir, si sobre el contenido del texto mecanográfico  producto  de  la  trascripción  que  de  la  grabación  del casete aportado al  proceso  hizo el C.T.I., o si sobre el testimonio y sus ampliaciones que rindió  Beethoven    Reina    Corral    ante    la    fiscalía    y   el   juzgado   de  conocimiento.   

Si   bien   es  cierto   que   el   libelista  afirma  que  hubo  por   parte     del    juzgador    de    segundo    grado   una   “tergiversación   por  cercenamiento”,  también    lo    es    que   su   argumentación   no   es   precisa   frente  a  la  prueba sobre la  cual   demanda   el   yerro,   ya   que   la  argumentación  demostrativa   discurre,       de       manera      indistinta      y   simultánea,   sobre   dicho  texto  mecanográfico  y   sobre   la   declaración   de   citado  testigo,   señor  Reina  Corral,  desconociéndose  cuál  de  los  mencionados  medios de  convicción   fue   objeto   del  yerro,  sin  que,  además,  hubiese  dedicado  explicación  alguna  tendiente  a concretar la demostración y trascendencia de  tal presunto error.    

En  otras palabras, en lugar de indicar, de  manera  clara  y  precisa,  cuál  fue el medio de prueba y cuál la distorsión  objetiva  en  que  incurrió  el  juzgador  sobre  el  mismo,  se  duele  de las  conclusiones  que  obtuvo  el Tribunal para deducir la existencia de la conducta  punible  de  concusión,  sin olvidar que tampoco demostró la trascendencia del  vicio,  puesto  que  en  manera alguna evidenció cómo de haberse realizado una  correcta   apreciación   probatoria,   el  fallo  necesariamente  habría  sido  favorable  a  los  intereses  del  procesado,  para  lo cual debió increpar los  demás  medios de convicción que sustentaron el fallo de condena, los cuales ni  siquiera mencionó.   

Además,  el  reproche  sufre  una  notoria  confusión,   pues   en   espera   de   que   el  actor  demostrara  la  acusada  “distorsión    por    cercenamiento”,  dedicó  el  discurso  a hacer afirmaciones tales como que el  juzgador  omitió  valorar las “demás declaraciones  del  testigo”, o que “la  grabación  no  es  un  medio  de  prueba”, o que la  misma  fue “amañada”, o  que  entre  el  procesado  y el señor Carlos Antonio Becerra, quien realizó la  grabación,  “existe  enemistad  demostrada  en  el  proceso”  e,  incluso,  que  dicha  grabación  es  ilegal,  aseveraciones éstas que, sin duda, extralimitan los postulados propios  del  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad acusado, adentrándose de  manera  indebida  en otros sentidos e hipótesis casacionales.      

En  síntesis,  la labor demostrativa de la  censura  la  centró  en  imponer  su  personal  valoración de los elementos de  juicio,  concluyendo  que  su defendido no es responsable de la conducta punible  por  la  cual fue condenado, desconociendo que la simple disparidad de criterios  no  constituye  error  demandable en esta sede, toda vez que el juzgador, dentro  del  método  de  persuasión  racional,  goza  de  libertad  para  apreciar los  elementos  de  juicio válidamente allegados a la actuación, sólo limitado por  las  reglas  que  estructuran  la sana crítica, sin que, en este caso, el actor  haya demostrado error de apreciación alguno.   

En     cuanto     al     segundo  cargo,  sustentado en la causal  tercera  de  casación,  según  el  cual,  el sentenciador de segunda instancia  incurrió  en  violación  del  debido  proceso  y del derecho de defensa por no  haberse  corrido  traslado a los sujetos procesales del texto mecanográfico que  realizó  el  C.T.I.  cuando  llevó a cabo la trascripción del contenido de la  grabación  allegada al diligenciamiento, según el artículo 265 del Código de  Procedimiento  Penal,  olvidó  el actor que la coherencia conceptual y el rigor  metodológico  de  la  casación  imponen  que  dentro de la demanda se debe dar  aplicación  al  principio  de  prioridad en la invocación de las causales y la  proposición  de  los  cargos,  toda  vez  que  es  necesario tener en cuenta la  incidencia  procesal  que  genere la prosperidad de alguno de ellos respecto del  efecto corrector del recurso extraordinario.   

En    otros    términos,   como    lo    tiene    dicho    la    Corte,   el   orden    de    postulación    de    los   cargos   en    la   demanda   de   casación   se  rige  por  el  principio  de  prioridad,  según  el  cual  es  necesario  tener  en  cuenta la  incidencia  procesal  que  la prosperidad de alguno de ellos pueda conllevar, en  atención     al     efecto     corrector     o    invalidante    del    recurso  extraordinario.   

De  ahí  que,  en  rigor  lógico, se debe  proponer  inicialmente  el  cargo  por nulidad, y si fueren plurales también se  presentarán  empezando  por  el  que  eventualmente  mayor  efecto  invalidante  produzca,  pues si alguno llegare a demostrarse, se retrotrae la actuación para  rehacer  todo el trámite alcanzado por el vicio, lo cual impone identificar los  límites  de  afectación  de  cada motivo de anulación propuesto, presupuestos  que       el       actor      no      cumplió.1   

De otro lado, se hace necesario recordar que  la  nulidad  como motivo para atacar, por vía de casación, el fallo de segunda  instancia,  en  “orden a la técnica propia de este  medio  extraordinario  de  confrontación  de  la  legalidad  de las sentencias,  comporta  los  mismos  niveles  de  exigencia  que  son  inherentes a las demás  causales   dada   su   especial  naturaleza,  lo  cual  significa  que  de  modo  insoslayable  debe  especificarse  la  causal  o  motivo de nulidad concurrente,  demostrando  el  carácter  sustancial  del  vicio o la irregularidad acusados y  particularmente  la  etapa  o  el  momento  procesal a partir de la cual se hace  imperativa  la  anulación,  explicando  justificativamente  las razones por las  cuales  no  media alternativa diversa que la de invalidar lo actuado”.2   

Por  consiguiente, tratándose del cargo de  nulidad  la demanda no es un escrito de libre confección, toda vez que también  debe ajustarse a los presupuestos formales para su admisibilidad.   

De  igual  manera,  en   virtud    del    principio    de    trascendencia   que  gobierna   la  declaratoria  de  nulidad,  según   el      cual,      no      basta      con    denunciar   irregularidades    o    que    éstas    efectivamente   se    presenten    en  el   proceso,   sino   que   se    hace   indispensable   demostrar   que   aquellas  inciden     de     manera    concreta    en    el   quebranto    de    los    derechos    de   los  sujetos  procesales,  se  hace  necesario que el actor evidencie un perjuicio causado con  el  yerro  in  procedendo denunciado, pues, caso contrario, la Corte, por razón  del   principio   de   limitación,   no   puede   entrar   a   complementar  al  censor.   

En esas condiciones, observa la Sala que el  actor  sólo  se limitó a afirmar que en este caso no se corrió traslado a los  sujetos  procesales  del  citado texto mecanográfico, para seguidamente afirmar  que  dicha irregularidad “violó el debido proceso y  el   derecho  de  defensa  de  su  defendido”,  sin  adentrarse  a  demostrar  cómo  tal supuesta omisión desconoció la estructura  del  proceso y, al mismo tiempo, afectó seriamente las garantías fundamentales  del  acusado  José  Wilson Ortiz Candelo, quedando el cargo en el simple enunciado.   

Así,  es claro que la censura no contempla  el    más   mínimo   desarrollo   argumentativo,    pues    no   ilustró    a   la   Corte   cómo   de   no   haberse   incurrido   en   esa   supuesta   irregularidad   habría   conllevado  ineludiblemente  a  un  fallo  distinto al adoptado por el Tribunal y, del mismo  modo,  cómo  el referido traslado a los sujetos procesales es contemplado en la  ley  como  parte  estructurante  del  proceso,  al  punto que su omisión genera  inevitablemente  la  invalidación  de  la actuación, motivos por los cuales la  nulidad  es la única alternativa que queda para remediar el yerro in procedendo  acusado.   

Ahora     bien,     al   interior   del   mismo   reproche   presenta  una   argumentación  distinta  de  la  inicialmente  planteada,  según  la  cual, la  “grabación  no  cumplió  con  los  requisitos que  establece   la   ley”,   afirmación   que  no  es  propia   de  la  causal  invocada,  pues  si   consideraba   que    la    misma    se   adujo   al  proceso  con  desconocimiento   de   las   reglas   legales   que  condicionan   su   validez    o    que    se    desconocieron    los   parámetros    que    el  legislador   consagra   para   tenerla    –la  grabación–    como   medio   de  prueba,  ha  debido  formular  el reproche bajo los  postulados  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, por error de  derecho por falso juicio de legalidad.   

Y   si  se  entendiese   que     quiso     aludir    al    citado    falso   juicio   de   legalidad,  de  todos  modos  no lo demostró, ya que no  indicó     cuáles    exigencias     legales     no     se   cumplieron   en   la   realización  y  aducción   de    la    multicitada    grabación,    cómo    tal   omisión   afectó   la   validez   de  la prueba   y     su     trascendencia     frente    a    las   conclusiones   del   fallo,  limitando  el  discurso  a  reclamar  que  “esa  prueba se obtuvo con violación de las formas  propias  del  juicio”,  o  que  la  “grabación   la   efectuó   un   particular  que  es  enemigo  del  procesado”,  o  que  la  misma  no se constituye en  prueba.      

En  fin, frente a los anotados yerros de la  demanda,  se  impone  su inadmisión, pues la Corte, en acatamiento al principio  de limitación, no puede corregirlos.   

Por  último,  cabe señalar que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JU STICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  JOSÉ  WILSON  ORTIZ  CANDELO.  En  consecuencia,  se  declara   desierto   el   recurso   extraordinario   de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA          JAVIER   ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Ver,  entre  otras, casación 15670 del 28 de julio de 2004; casación 21044 del 19 de  enero de 2005; casación 23281 del 30 de marzo de 2005.   

2 Rad.  20046, auto del 11 de febrero de 2004.     

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