20872(10-05-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20872  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.044  

Bogotá,  D.C.,  diez (10) de mayo de dos mil  seis (2006).   

VISTOS:  

Se  pronuncia  la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de casación presentada a nombre MYRIAM DE JESÚS POSADA  MORALES,  en  contra de la sentencia proferida el 19 de diciembre de 2002 por el  Tribunal  Superior  de Medellín, mediante la cual se condenó a dicha procesada  a  las  penas  principales  de 24 meses de prisión y multa de $ 150.000, y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la sanción privativa de la libertad, y al pago  de  los  perjuicios  morales  ocasionados,  como  autora  del delito de calumnia  agravada.  A  la  sentenciada  se  le  otorgó  el  subrogado  de la suspensión  condicional de la ejecución de la sentencia.   

HECHOS y ANTECEDENTES:  

En  el  boletín No. 3 del 16 de noviembre de  2000,  publicado  por  la  Junta  Directiva  de  la  Asociación  de  Servidores  Públicos   de   Pensionados   y   Jubilados  de  la  Universidad  de  Antioquia  (APENJUDEA),  se  afirmó  que  “El  doctor  Iván  José Ángel Bernal es muy  eficiente  para  cobrarle  en  forma  fraudulenta  el  valor  de  los  supuestos  medicamentos  suministrados  en  el  mes  de  octubre de 1998, al personal de la  Universidad  de Antioquia, que suman un total de $ 100.113.942, lo más raro del  caso  es  que  para esa fecha no estaba funcionando la IPS universitaria, éstos  dineros fueron entregados por la Tesorería”.   

Denunciados  los  anteriores  hechos  por  el  doctor  Iván  José  Ángel,  quien  afirmó  que las afirmaciones hechas en el  referido  boletín, no solo fueron calumniosas, sino que afectaron seriamente su  buen  nombre,  el  27 de marzo de 2001 la Fiscalía 148 Local abrió formalmente  la  investigación,  al  tiempo  que  se  dispuso  llevar  a  cabo diligencia de  conciliación,  en  la  que  no  se  llegó  acuerdo  alguno entre denunciante y  denunciada.   

Cerrada la investigación, el 29 de octubre de  2001  la  Fiscalía  99  Seccional  que  asumió  el conocimiento del asunto por  competencia,  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución  acusatoria  en  contra  de  la  vinculada  por  el  delito de injuria y calumnia  agravada.   

Rituado el juicio, el 1º de abril de 2002 se  profirió  sentencia  de  primer  grado  de  carácter  absolutorio, la cual fue  recurrida  en  apelación  por  la  Fiscalía  y  el apoderado de la parte civil  reconocida  en el proceso, siendo revocada por el Tribunal Superior de Medellín  en los términos precedentemente expuestos.   

LA DEMANDA:  

1. Justificación  

Para  el  demandante,  existen dudas sobre la  imputación  de  una  conducta  dolosa  en  cabeza  de persona determinada, como  ocurre  en  este caso con la señora MIRYAM DE JESÚS POSADA MORALES, pues tanto  ésta  como  los  testigos  Pedro  Pablo Restrepo y Carlos Arturo Cañas Builes,  expresaron  que la decisión de hacer público el informe de la Contraloría fue  decisión de la Junta Directiva de APEJUNDEA y no de ella.   

Cita  doctrina sobre la responsabilidad penal  de  las  personas jurídicas y afirma que en el presente asunto no se probó que  la  conducta  atribuida  hubiera  sido  ejecutada  por  MIRYAM  DE JESÚS POSADA  MORALES,  a  quien  se le atribuyó responsabilidad penal únicamente por ser la  representante  legal  de  la  asociación,  sin tener en cuenta que la sindicada  debió sumarse al criterio de las mayorías.   

A su juicio, no hay jurisprudencia sobre dicho  tema,  y  además, pretende garantizar el derecho fundamental al debido proceso,  y  su  núcleo esencial de la defensa y a la contradicción, pues los argumentos  expuestos  por la procesada y su abogado fueron desestimados, “toda vez que es  claro  para  el  suscrito  que  las  afirmaciones  hechas por su hoy patrocinada  correspondían  al  tan  citado  y agotado documento emitido por la Contraloría  Departamental de  Antioquia”.   

“Dicho  factor  fue  probado  durante  el  proceso,  pero no tenido en cuenta al momento de proceder y revocar la sentencia  de   primera  instancia  por  el  ad  quem”.   

2. El Cargo  

Por  error  de  hecho  por  tergiversación y  omisión  en  la  valoración  de  las  pruebas, acusa el demandante el fallo de  segunda instancia.   

Se  refiere  al  testimonio  de Alfonso Moure  Ramírez,  para  destacar que su contenido es significativo porque para entonces  era  coordinador  de  seguridad social de la Universidad de Antioquia, y además  el  interventor  del  contrato  de prestación entre el ente educativo y la IPS.  Esta  persona declaró que supo que la Universidad consignó por error el dinero  en  la  cuenta  de  la  IPS,  pero  no  por  cobro  de la institución de salud,  situación  de  la  que se enteró por el jefe de presupuesto quien le solicitó  que le informara por oficio  a la IPS.   

Al  respecto,  el  informe de la Contraloría  General de Antioquia, expone lo siguiente en los conceptos 10 y 11:   

“Concepto   numeral   10:   ‘No  existe  cruce de información entre  las  diferentes  dependencias  involucradas  en  el  mismo  proceso, presentando  cifras  diferentes  entre  ellas  los  aportes de la Universidad hacia el PRASS,  así:   

Según  contabilidad         según  Tesorería           Según  Presupuesto   

$  243.034.354                    $  440.154.460              $ 488.213.971   

Lo que denota que no hay conciliaciones entre  dependencias”.   

“Concepto  del  numeral  11:  ‘Tesorería  no  ejerce  control  a  los  pagos  efectuados,  se  puede  observar  las  órdenes de pago número 823138 de  marzo    18   de   1999   por   $   50’742.474  y  orden  de  pago  número 823136 de marzo 8 de 1999 por $  49’371.468  a  favor de la  I.P.S.  Universitaria  cancelan  medicamentos  suministrados  durante octubre de  1998  a  personal  de  la  Universidad,  pero  para esa fecha aún no presentaba  servicios  la  I.P.S. dichos dineros solo fueron reintegrados en mayo 10 de 1999  esta  situación  afecta  el  disponible  de  la Universidad y puede originar la  difícil recuperación de los dineros”.   

Confrontado lo anterior con los principios de  la  sana  crítica,  dice,  no  entiende  por qué se revocó el fallo de primer  grado,  pues  de ello se puede concluir –según  él-  que  se  vulneró  el  principio de la necesidad de la  prueba  previsto  en  el  artículo  232  del  la Ley 600 de 2000, quedando gran  incertidumbre  sobre la valoración y posición del Tribunal frente a las que se  recaudaron  en  este  asunto,  toda  vez  que  si  se  mira  el  informe  de  la  Contraloría  y  el  testimonio del doctor Alfonso Moure, se concluye que existe  prueba  contundente,  ya  que  “para  que  una  asociación  que  requiere los  servicios  de  dicha  I.P.S.  y que además hace sus aportes a dicha entidad, se  pregunte  ¿Qué  pasa  con  esos dineros? ¿Acaso ocurre algo fraudulento? Ante  tantas  evidencias y tanto silencio como lo prueban los informes detallados ¿no  surge el manto de la duda?”.   

Por  ello,  si  se  analiza  todo el conjunto  probatorio,  el fallo habría variado en el sentido de entender que las facturas  se  generaron  por  el  despacho de medicamentos a los empleados, beneficiarios,  jubilados  y  pensionados,  y  por  ello se generaron los cobros de la farmacia,  pese  a  que para entonces la IPS era apenas un proyecto. Todo eso demuestra que  las  afirmaciones de la Contraloría estaban bien fundadas y eran coherentes las  declaraciones de APENJUDEA.   

Debió, entonces, ordenarse una investigación  a  la  vicerrectoría  administrativa, presupuesto, tesorería, coordinación de  seguridad  social,  IPS  y farmacia social. Sin embargo, no puede sostenerse que  la  imagen  del doctor Iván José Ángel Bernal se viera deteriorada, porque no  fue sancionado, ni separado del cargo.   

Solicita,   entonces,   se  absuelva  a  su  defendida,  pues no se trata de un hecho debidamente probado; no eran falsas las  afirmaciones,  en  el  momento  en  que  se  publicó  el  boletín no se había  aclarado  el  manejo  de  los  dineros.  Además,  de  parte del autor no había  voluntad  ni  conciencia  de hacer la imputación calumniosa, pues lo único que  se  pretendía  era  alertar a la comunicad sobre el manejo de los dineros de la  IPS,  pero  en  ningún momento menoscabar el patrimonio moral del administrador  de esa entidad.   

Pide entonces, casar la sentencia recurrida y  absolver   a   MIRYAM   DE  JESÚS  POSADA  MORALES  como  se  hizo  en  primera  instancia.   

CONSIDERACIONES:  

1.  Por  no cumplir los requisitos formales a  que  se  contrae  el  artículo 212 de la Ley 600 de 2000 la Sala inadmitirá la  demanda objeto de estudio.   

2.  En  efecto,  dando  por descontado que en  razón  al  máximo  de pena previsto para el delito de calumnia bien conforme a  lo  dispuesto en el artículo 314 del Decreto 100 de 1980, vigente para la fecha  en  que  se cometieron los hechos, o a lo regulado en el artículo 221 de la Ley  599  de  2000,  es  claro que la procedencia de la casación estaba sujeta a las  reglas   previstas   para   los   eventos   en   que   la  Corte  puede  admitir  excepcionalmente la impugnación extraordinaria.   

3.  Así,  al  demandante  le  correspondía  señalar  de manera clara y suscinta cuál de los propósitos perseguía en este  evento,  esto  es,  si el desarrollo de la jurisprudencia sobre un tema sobre el  cual  se  carece de criterio de autoridad que oriente la labor interpretativa de  los  jueces;  o  se  unifiquen posiciones contrarias; o que la Corte se ocupe de  los   alcances   que  en  punto  de  una  determinada  y  tradicional  posición  jurisprudencial  acorde a nuevas previsiones legales; o decante aspectos oscuros  o  confusos  de  la  doctrina,  en  fin,  en  todo  caso,  que  se precise de un  pronunciamiento  que  permita  a la jurisprudencia servir como criterio auxiliar  de interpretación.   

4.  De  la  misma  manera, si el objetivo del  recurso  extraordinario  es  la  protección  de garantías fundamentales de los  sujetos  procesales, el demandante debe precisar cuál de ellas fue vulnerada en  el curso del proceso y en la sentencia.   

5.  De  todas  maneras,  en  ambos casos, los  cargos  y  su  desarrollo  deben  corresponder al tema o temas por los cuales el  recurrente   considera que en el asunto en particular resulta necesario que  la  Corte  revise  extraordinariamente  el  proceso y se cumplan los fines de la  casación por via excepcional.   

6. Ninguno de tales presupuestos se cumple en  este  asunto,  pues  no  obstante  que  en  capítulo separado el libelista dice  exponer  las razones por las cuales acude a la casación excepcional, refiriendo  que  pretende  el desarrollo de la jurisprudencia en punto de la responsabilidad  penal  de  las  personas  jurídicas,  y  la  protección del debido proceso, no  expone  claramente  en  qué  fundamenta  cada una de tales hipótesis, quedando  dichas  apreciaciones  como  meras  afirmaciones que no logran encontrar soporte  alguno  en  el  único  cargo  que  dice postular contra la sentencia de segundo  grado.   

7.  En efecto, aún en el evento de tratar de  comprender  generosamente  los  escuetos  argumentos que pretenden justificar la  admisión  de  la  demanda  en este caso, la precariedad y falta de precisión y  claridad  tanto en la formulación como en el desarrollo del único cargo que el  demandante  cree  demostrar  contra  el  fallo  recurrido, dan al traste con los  mínimos presupuestos de la técnica y la lógica casacional.   

8. Obsérvese al respecto que, a juzgar por el  título  correspondiente  a “cargos en los que sustenta la presente demanda de  casación”,  pareciera  que  fueran  varios  los  reparos  al  fallo,  pero el  demandante  no  refiere  causal  específica,  limitándose  en  forma ambigua a  referir  que  la decisión de segundo grado incurrió en errores de apreciación  probatoria   por   tergiversación   y   omisión,   según  se  deduce  de  las  transcripciones  que  hace de esta clase de errores de hecho. Sin embargo, alude  al  informe  de  la  Contraloría  y  a  la  declaración  del dr. Alfonso Moure  Ramírez,  con el ánimo –al  parecer-  de  destacar que hubo prueba “contundente” que impedía emitir una  decisión  de  condena,  pero  no precisa si respecto de ellas el fallador erró  por tergiversación o exclusión de la ponderación probatoria.   

9.  A  la  postre,  el  supuesto  cargo de la  demanda,  se  esfuerza  sin éxito alguno por comprobar que la señora MIRYAM DE  JESÚS  POSADA  MORENO  se  limitó  a  reproducir  algunas de las apreciaciones  vertidas  en  el  informe  de  la Contraloría, sin preocuparse por acreditar la  seriedad  y  verdad  de  esas  afirmaciones,  contrastando  abiertamente con las  consideraciones   expuestas  en  el  fallo  sobre  el  calificativo  de  manejos  fraudulentos  y  la imputación hecha en contra de la víctima del delito, en el  sentido  de que lo hizo para cobrar dineros que no debían pagársele. A nada de  eso se refiere el demandante.   

10. Todo lo anterior, demuestra, a no dudarlo,  que  el  escrito  de demanda se reduce a una serie de constancias y afirmaciones  personales  que  a  partir  de  la  peculiar  forma en que el censor concibe los  hechos  y  valora  las  pruebas,  pretenden  enderezarse  como  mejores  y  más  acertadas  que  las  del  Juez  de  segundo  grado, cuando ni siquiera desde esa  perspectiva  el  libelo  se  ocupó  por  confrontar  y  desvirtuar  el supuesto  fáctico de la decisión que por esta vía se cuestiona.   

12.  Así  las  cosas,  se  hace evidente una  sustancial  deficiencia  del  libelo,  pues  las  razones que el censor dio como  justificación  de  la  procedencia  del  recurso extraordinario de casación en  punto  de  la  responsabilidad  penal  de  las  personas jurídicas, no sólo se  advierte  sin  sustento  alguno,  sino  que se contradice con los argumentos del  cargo,  en  tanto  que allí se busca mostrar que la conducta de la sindicada no  vulneró  el  buen  nombre  del  denunciante,  pues no sufrió perjuicio laboral  alguno  al  no  ser  investigado  ni desvinculado, sino que tuvo como soporte el  contenido  del  informe  de la Contraloría. Esto, admite y rechaza la directa y  personal  responsabilidad  de  la  sentenciada  en  los  hechos  materia  de  la  investigación.  No  resulta  entonces  comprensible,  que  sostenga  que  se le  condenó  únicamente  por  ser la representante legal de la asociación, cuando  tampoco  explicó,  por  qué,  a  pesar  de  tal  condición, la señora POSADA  MORALES,  no  tenía  por qué responder por las acciones realizadas a nombre de  la persona jurídica.   

Lo  anterior, sin embargo, conllevaría a una  discusión  de  estricto derecho, que impondría la proposición de un cargo por  causal  primera,  por  motivo  de  la  violación  directa  de la ley, pero esa,  evidentemente, no fue la pretensión final del casacionista.   

13.  Algo  similar  podría  sostenerse  con  respecto  a  los  fines  que  se  trazó  el  demandante  en  relación  con  la  protección  del derecho al debido proceso, que escasamanete trata de introducir  en  el  desarrollo del cargo asegurando que como no se cotejaron en conjunto los  diferentes  medios de convicción se desconoció el principio de necesidad de la  prueba.  Por  el  contrario,  con  ese proceder, en un doble desatino incurre el  demandante.    De   un   lado   mezcla   errores   in  procedendo,  en  una  censura  planteada  por  errores  in  iudicando; y de otro, si  en  verdad  fuera  necesario  restablecerlo  a  favor de la sindicada, ha debido  postularlo  en  capítulo  separado,  indicando  el momento a partir del cual se  concretó  el  vicio,  cuáles  sus  razones,  y sobre todo, indicar cuál es la  consecuencia  necesaria,  esto  es,  si  invalidar  la actuación a partir de un  momento  anterior  a  la sentencia, o si se consolidó sólo en dicha decisión,  caso  en  el  cual  le  correspondía  precisar  cuál  el  sentido del fallo de  reemplazo.   

14. La demanda, pues, no satisface ninguno de  los  requisitos  de  los  artículos 205 (INC. 3º) y 212 de la Ley 600 de 2000,  siendo  necesaria su inadmisión, no sin antes dejar en claro que en este asunto  no  encontró  la Sala circunstancia alguna que tradujera en causal de nulidad o  vulneración  de  garantías fundamentales de los sujetos procesales que obligue  acudir  a  la  oficiosidad  en  los términos del artículo 216 de la Ley 600 de  2000.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1.   Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de la procesada MIRYAM DE JESÚS POSADA MORALES, contra la  sentencia  proferida  el  19  de  diciembre  de 2002 por el Tribunal Superior de  Medellín.   

2.  Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                                        

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                             ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                     

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Permiso                                                                                                               Permiso                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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