25152(27-07-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25152   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr.   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta No. 077  

Bogotá, D. C.,veintisiete de julio del año  dos mil seis.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  TIBERIO    ANTONIO    OSORIO    FLÓREZ.   

Antecedentes.-   

1.-  La cuestión fáctica, ocurrida el 4 de  abril    de    2005,    fue   declarada   por   el   Juzgador   de   la   manera  siguiente:   

“En  zona rural  del Municipio de El  Carmen  de  Viboral  (Ant.),  vereda  ‘Alto         Grande’,  LUIS  ALBERTO  PALACIO MUÑOZ, quien acababa de dejar a su novia  en  la  casa,  fue  despojado,  previa  intimidación  armada, de su motocicleta  Suzuki  AX  100,  modelo  1998,  color  verde,  una cadena de plata, el casco, y  $80.000.oo,  así  como los documentos del automotor, por TIBERIO ANTONIO OSORIO  FLÓREZ,                ‘NELSON’  y  ONASIS  ENRIQUE  HERNÁNDEZ  VALDELAMAR.  El  último  abordó  a  la mujer y la  obligó  a  succionarle  su  asta viril. Precisamente, el 9 de abril del año en  curso,  el  PT ELMER AUGUSTO MEJÍA ALZATE, perteneciente a la Policía Judicial  fue  puesto  al  tanto  por  medio  de una llamada telefónica sobre la venta de  repuestos  de  la  motocicleta  por  parte  de  JOSÉ  ALBEIRO  BRAVO  LONDOÑO,  mecánico     del     almacén     ‘CASCOS     Y     LUJOS’, sito en el Poblado de Rionegro.   

“A   dicho   lugar  se  dirigieron  los  servidores  públicos,  y efectivamente hallaron dos llantas con sus respectivos  rines,  y  un  par  de  barras  delanteras  para  Suzuki  100,  informando a los  uniformados   JOSÉ   ALBEIRO   que   se   los  había  vendido  JOSÉ  TIBERIO,  aprestándose  a  llevarlos a su residencia, en donde el último hizo entrega de  un  motor para motocicleta Suzuki, y se sinceró ante ellos, comunicándoles que  había  hurtado  el  velocípedo con NELSON y ONASIS, y que FERNEY, quien sabía  que  la  moto  era  hurtada,  se  había encargado de desguazarla y venderla por  partes.  Fue  precisamente OSORIO FLÓREZ, quien los llevó al taller de FERNEY,  el  que  registraron,  encontrando  un tanque de gasolina, un sillín, un par de  barras,  un  par  de  aletas,  un  par  de  amortiguadores, una cola trasera, un  guardafango,  entre  otros, que hacían parte de la citada motocicleta hurtada a  LUIS ALBERTO”.     

2.-   Abierta  la  investigación  por  la  Fiscalía  Ochenta  y  Nueve  Seccional  Delegada  ante  los  Jueces Penales del  Circuito  de  Rionegro-Antioquia  (fl.  39),  vinculó  mediante  indagatoria  a  MARCO    ANTONIO   QUEJADA   SAUCEDO   (fls.  44  y ss.), TIBERIO ANTONIO OSORIO  FLÓREZ    (fls.    57    y    ss.),   ONASIS   ENRIQUE  HERNÁNDEZ  VALDELAMAR  (fls.    72    y   ss.),   FERNEY   ALONSO   PALACIO  ÁLVAREZ   (fls.   88   y   ss.)   y   JOSÉ  ALBEIRO BRAVO LONDOÑO (fls. 111 y  ss.),   y   definió   su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  consistente  en detención preventiva para HERNÁNDEZ VALDELAMAR, OSORIO FLÓREZ  y  PALACIO  ÁLVAREZ,  en tanto que se abstuvo de imponer medida alguna respecto  de QUEJADA SAUCEDO y BRAVO LONDOÑO (fls. 138 ss.).   

3.- A solicitud del procesado TIBERIO ANTONIO  OSORIO  FLÓREZ (fl. 192), el treinta y uno de mayo de dos mil cinco se llevó a  cabo  diligencia  de formulación de cargos para sentencia anticipada (fl. 238),  en  la  que  se  lo  acusó  de  ser  autor  del  concurso  de  delitos de hurto  calificado-agravado   y    porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal,   cuyos  cargos fueron íntegramente aceptados por este procesado  en  presencia de su defensor, lo que determinó la ruptura de la unidad procesal  y  la continuación del trámite ordinario respecto de los otros vinculados a la  investigación.   

    

4.-   El   fallo  prematuro  correspondió  proferirlo  al  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de Rionegro -Antioquia-,  autoridad  que  mediante  providencia  de  catorce  de  julio  de  dos mil cinco  resolvió  condenar  al  procesado  TIBERIO  ANTONIO  OSORIO  FLÓREZ, a la pena  principal  de  cuarenta  y seis (46) meses y veinte (20) días de prisión, y la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término igual al de la pena privativa de la libertad, al tiempo  que  le  negó  la  prisión  domiciliaria  establecida  por el artículo 38 del  Código Penal (fls. 251 y ss.).   

       

Apelado este pronunciamiento por la defensa,  quien  mostró  inconformidad  con  la  individualización  judicial  de la pena  privativa   de  la  libertad  y  la  negativa  del  juzgador  en  concederle  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  o  en su defecto la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  prisión (fls. 263 y ss.), el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Antioquia,  mediante el suyo de  treinta  de  septiembre de dos mil cinco, resolvió modificarlo en el sentido de  imponer  al  procesado  la  pena  principal  de  cuarenta  y cuatro (44) meses y  catorce  (14)  días  de  prisión,  en  lugar  de  la  individualizada por el a  quo,  y confirmó en lo demás (fls. 297 y ss.).   

Contra  este  fallo,  la  defensa  interpuso  recurso  extraordinario de casación (fls. 312), el cual fue concedido por el ad  quem  (fl. 321), y presentó la correspondiente demanda sobre cuya admisibilidad  se pronuncia la Corte (fls. 336 y ss.).   

La  demanda.-   

Después de identificar la sentencia materia  de  impugnación  y  los  sujetos procesales, y de realizar una síntesis de los  hechos  y  de  la  actuación  llevada a cabo en las instancias, con apoyo en la  causal   primera  de  casación, el censor formula un cargo contra el fallo  del  Tribunal,  en  el  que  lo acusa de ser violatorio, por la vía directa, de  disposiciones  de  derecho  sustancial, por “falta de aplicación por indebida  interpretación”  del  artículo 38 de la Ley 599 de 2000 y los artículos 314  y  461  de  la  Ley  906 de 2004, “al adicionarle requisitos que las normas no  contienen,  haciéndolas,  por  lo  mismo,  inaplicables  al  supuesto  fáctico  establecido en el plenario”.   

Sostiene  al  efecto que el primer requisito  establecido  por  el  artículo  38  de la Ley 600 de 2000, relativo a que “la  sentencia  se  imponga por conducta punible cuya pena mínima prevista en la ley  sea  de  cinco  (5) años de prisión o menos” es de carácter objetivo, “ y  sobre  él  ninguna  discusión  se  ha planteado en este caso, toda vez que las  penas  establecidas  para  las conductas delictivas por las cuales se condenó a  mi   defendido,   se   encuentran  dentro  del  marco  fijado  en  el  antedicho  canon”.   

Manifiesta  que  el  reparo  se  formula  en  relación  con el requisito de índole subjetiva, “en cuanto estimamos que los  factores  tomados  en  cuenta por la judicatura para negar la sustitución de la  prisión  intramuros por la domiciliaria, parten de una indebida interpretación  de  la  mentada  disposición,  en  cuanto  se  le  da  a  los  requisitos allí  establecidos un alcance del cual carecen”.   

Señala  que  por  parte  alguna  de aludido  precepto,  “se  contempla  la  modalidad  delictiva  como  presupuesto para la  concesión  del  mecanismo  sustitutivo  de  la prisión; lo cual resulta apenas  lógico,   pues,   de  la  misma,  sería  completamente  equívoco  deducir  el  desempeño personal y social del condenado”.   

Considera  que para establecer el desempeño  personal  y  social  del  condenado,  a  efectos  de conceder el sustituto de la  prisión  domiciliaria,  “es menester evaluar la suma de sus actuaciones en la  vida,   deducidas   exclusivamente   de   los   datos  que  aporta  el  material  probatorio”  y  no  “identificar  en  un  acto  aislado  del  individuo  una  personalidad   proclive   al   delito   y,  por  lo  mismo,  peligrosa  para  la  sociedad”.   

Anota  que  si  el análisis de la modalidad  delictiva   fuera   condición   necesaria   para   concesión  de  la  prisión  domiciliaria,   el   legislador   no  habría  tenido  inconveniente  alguno  en  establecerlo así.   

“Tan  cierto  es  lo anterior –dice-, que el art. 461 de la ley 906,  al  referirse a la sustitución de la ejecución de la pena, para establecer sus  requisitos,  remite  al  art.  314  Ib., y en este precepto, nuevamente en parte  alguna  se  hace  referencia  a  la  modalidad  del  delito,  y  ni  siquiera al  desempeño  laboral, personal o social del imputado o acusado, como presupuestos  para  sustituir la detención preventiva por la domiciliaria; que son los mismos  para  la  prisión  domiciliaria”.  Agrega  que  esta disposición, “resulta  aplicable     en     nuestro     caso     en    virtud    del    principio    de  favorabilidad”.   

Afirma,  de otra parte, que tampoco se puede  llegar  a  calificar  el  desempeño  laboral  del  sentenciado,  “como parece  entenderlo  el  a  quo,  y  lo  avala  el  ad  quem,  tomando como referencia la  estabilidad  de su trabajo”, pues la norma no lo exige, ni lo puede admitir la  más  elemental equidad, debido a la falta de oportunidades sociales, cuando tal  situación  no  es  más  que  la consecuencia del incumplimiento de los deberes  sociales del Estado.   

Con este fundamento solicita a la Corte casar  parcialmente  la  sentencia  objeto  de  censura,  y  como  consecuencia  de  la  prosperidad  del  cargo,  concederle  a  su asistido el sustituto de la prisión  domiciliaria de que trata el artículo 38 de la Ley 599 de 2000.   

SE CONSIDERA:  

Reiteradamente  la Corte ha sostenido que la  demanda  de  casación  no  es  escrito de elaboración libre, como así pudiera  entenderse  en  relación  con  los alegatos que se presentan en el curso de las  instancias.  Contrario  a  dicho  entendimiento,  por  corresponder  a lo que en  estricto  rigor  debe ser la sustentación del recurso extraordinario contra una  sentencia  que goza de la doble presunción de acierto y legalidad, requiere del  cumplimiento  de precisas exigencias de forma y contenido, claramente señaladas  en  la ley y suficientemente decantadas por la jurisprudencia, las cuales, de no  ser  enteramente  cumplidas,  imponen  la  inadmisión  de la demanda y declarar  desierto el recurso.   

Entre  dichos  requisitos,  previstos por el  artículo  212  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, se destaca el deber  para  el  casacionista de indicar clara y precisamente los fundamentos fácticos  y  jurídicos  de  la  causal que aduce. Estos presupuestos de admisibilidad, no  son  acatados  en  estricto  rigor   por  el defensor del procesado TIBERIO  ANTONIO    OSORIO    FLÓREZ,    en    términos   que   seguidamente   pasa   a  precisarse.   

   

La   doctrina  de  esta  Corte1,  de  modo  persistente  ha  convenido  en  precisar  que  la  violación  directa de la ley  sustancial  puede  llegar  a  presentarse  por falta de aplicación, aplicación  indebida,  o  interpretación  errónea de un determinado precepto, acogiendo de  esta  manera  el  criterio  de  clasificación  trimembre  de los sentidos de la  violación, que reconoce total autonomía al último de ellos.   

Dentro  de  esta  categorización,  ha  sido  entendido  que  la  falta  de  aplicación  de  normas  de derecho sustancial se  presenta  cuando  el  juzgador  deja  de  aplicar al caso la disposición que lo  rige;  la aplicación indebida tiene lugar cuando aduce una norma equivocada; y,  la  interpretación  errónea  consiste  en  el  desacierto  en  que  incurre el  fallador  cuando habiendo seleccionado adecuadamente la norma que regula el caso  sometido  a  su consideración, decide aplicarla, sólo que con un entendimiento  equivocado,   sea   rebasando,   menguando   o   desfigurando   su  contenido  o  alcance.   

De  esta  manera  resulta  claro  que  la  diferencia  de  las  dos  primeras hipótesis de error con la última, radica en  que  mientras  en  la  falta de aplicación y la aplicación indebida subyace un  error  en la selección del precepto, en la interpretación errónea el yerro es  sólo  de  hermenéutica, pues se parte del supuesto de que la norma aplicada es  la  correcta,  sólo que con un entendimiento que no es el que jurídicamente le  corresponde,  llevando  con  ello  a  hacerla  producir  por  exceso  o  defecto  consecuencias distintas de las que le corresponden.   

Para  efectos de precisar el concepto de la  violación,  resulta  intrascendente  la  motivación  que pudo haber llevado al  juzgador  a  la  transgresión  de  la disposición sustancial; lo que realmente  cuenta  es  la  decisión  que adopte en relación con ella. De este modo, si la  norma  es  aplicada  debiendo  no  serlo  o  inaplicada  debiendo  serlo, habrá  llanamente  aplicación  indebida  o  falta  de  aplicación,  según cada caso,  independientemente  de  que  al  error  se  haya  llegado  porque el juzgador se  equivoca sobre su existencia, validez, o alcance.    

En  síntesis,  si una determinada norma de  derecho  sustancial  ha  sido incorrectamente seleccionada, y este error ha sido  determinado  por  equivocaciones  del  Juez  en  la auscultación de su alcance,  habrá  aplicación indebida o falta de aplicación, según sea el caso, pero no  errónea  interpretación  del  precepto,  puesto que para la estructuración de  este  último sentido de la violación se requiere que la norma haya sido y deba  ser    aplicada    al   caso   concreto   (cfr.   cas.   octubre   24/02.   Rad.  13692).   

    

Dada   entonces   la  diversidad  de  posibilidades,  el  censor  tiene  por  deber seleccionar una de  aquellas  opciones  y  desarrollar  los  cargos de acuerdo al sentido de la vía  seleccionada,  ya  que  al  proceder  de otro modo se atenta contra el principio  lógico  de  no  contradicción,  como  así  acontece  cuando  se  denuncia  la  ilegalidad   de  la  sentencia,  derivada  de  la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de  preceptos  sustanciales y al mismo tiempo de haberlos  interpretado  erróneamente. Esto, porque de una parte se admite que la norma no  fue  correctamente seleccionada para aplicarla al caso, mientras que de otra, se  acepta  la adjudicación que hace el juzgador de la norma, pero se cuestiona que  al  hacerlo  se  extienda su cobertura hacia hipótesis que ella no regula (Cfr.  Cas. 20926. Oct. 27 de 2004).   

Asimismo, dado el  carácter   eminentemente   técnico   del  recurso  extraordinario,  de  manera  insistente  la  jurisprudencia  ha sostenido que los argumentos relacionados con  la  violación  directa de la ley sustancial, han de ser expuestos en el ámbito  del  estricto  raciocinio  jurídico, sin que en su desarrollo resulte admisible  discutir  los  hechos declarados en el fallo, o plantear, o sugerir como en este  caso,   la   comisión  de  errores  en  la  apreciación  probatoria,  pues  de  presentarse  éstos,  habrá  de  acudirse prevalentemente a la vía indirecta y  formularse  el cargo en capítulo separado haciendo mención expresa de la clase  de  desatino  probatorio en que incurrió el juzgador, si de hecho o de derecho,  y  precisar  la  especie  y  trascendencia  que tuvo en la parte dispositiva del  fallo ameritado.      

Obedece  ello  a que en la hipótesis de la  violación  directa,  es de cargo del actor aceptar los hechos tal y como fueron  declarados  en  el fallo, así como el mérito persuasivo asignado a las pruebas  que  sirvieron de fundamento a la decisión, y, a partir de allí, demostrar que  el  yerro consistió en la selección o comprensión por el juzgador de la norma  sustancial  finalmente  aplicada;  en tanto que si lo pretendido es denunciar la  trasgresión  indirecta  de la ley por haberse incurrido en errores probatorios,  el  casacionista  debe  precisar los medios sobre los cuales recaen, especificar  su  clase, si de hecho o de derecho, concretar una de las diversas posibilidades  que  a  su  interior  pueden presentarse, y demostrar la trascendencia  de  un  tal  desacierto  en  la  declaración  de justicia contenida en la parte  resolutiva  del  fallo,  dando  lugar  a  la  aplicación indebida o la falta de  aplicación de determinado precepto.   

Estos  derroteros  son  desatendidos por el  defensor  del  procesado TIBERIO ANTONIO OSORIO FLÓREZ, quien parte de sostener  que  los  juzgadores  incurrieron en violación directa de la ley sustancial por  “falta  de  aplicación  por  indebida interpretación” de las disposiciones  que  establecen  la  prisión  domiciliaria como sustitutiva de la prisión, sin  percatarse   que   la   falta  de  aplicación  y  la  interpretación  errónea  corresponden  a  sentidos  diversos  de trasgresión a la ley, y que al tomarlos  como  si  fueran  de  la  misma  naturaleza y alcance, no logra nada distinto de  generar incertidumbre desde el enunciado mismo de la censura.   

Pero  aún  de  llegar  a  suponerse que la  verdadera  pretensión  del  censor  estriba  en  acudir  a la vía directa para  denunciar  la  inapliación  del precepto contenido en el artículo 38 de la ley  599  de  2000,  relativo a la prisión domiciliaria, tenía por deber acoger sin  reservas  los  fundamentos  fácticos  y probatorios de la decisión impugnada y  demostrar  al tiempo que a pesar de haber declarado acreditados los supuestos de  hecho   de   la   mencionada  norma,  los  juzgadores  dejaron  de  aplicar  las  consecuencias allí establecidas, nada de lo cual siquiera ensaya.   

En  lugar  de  acogerse  a los criterios de  demostración  correspondientes  a  la  forma  de  violación de la ley que dice  aducir,  en  realidad  lo  que  pretende es oponerse sin más a las conclusiones  fácticas  del  fallo,  en  el  que se declaró por parte del Tribunal que en la  actuación  no aparecen acreditados los supuestos fácticos de la norma invocada  por  el  recurrente,  y  sí  por el contrario que la modalidad y gravedad de la  conducta  llevada  a  cabo  por  el  procesado,  impedían  la  concesión de la  prisión domiciliaria demandada por la defensa.   

Tal es lo que se colige del cuestionamiento  del  casacionista,  en  el  sentido  que,  al  contrario  de lo declarado por el  juzgador,  para  establecer  el  desempeño personal y social del sentenciado, a  efectos  de concederle el sustituto de la prisión domiciliaria, “es  menester evaluar la suma sus actuaciones en la vida, deducidas  exclusivamente  de  los  datos  que  aporta  el  material probatorio”  y  no  “identificar  en  un  acto aislado del individuo una  personalidad  proclive  al delito y, por lo mismo, peligrosa para la sociedad”  como, según dice, así procedió el Tribunal.   

Esto  significa  que  si la pretensión del  censor  era  que se reconociera a favor de su asistido la pena sustitutiva de la  prisión  domiciliaria, por considerar acreditados los supuestos fácticos de la  disposición  que  la  establece,   tenía  que  haber  acudido  a  la vía  indirecta  de  violación  a  la  ley  y  demostrar que el juzgador incurrió en  errores  de  apreciación probatoria que lo llevaron concluir que no se reunían  los   requisitos   normativamente   establecidos   para   otorgar  el  mecanismo  sustitutivo  de  la  pena  de  prisión,  es decir, apartarse de los fundamentos  fácticos y probatorios de la decisión de segunda instancia.   

De  todas maneras, resulta evidente que aun  si  se entendiera que la pretensión del actor es denunciar la configuración de  errores  de  apreciación probatoria, y que éstos determinaron la inaplicación  del  precepto  que  echa  de  menos,  tampoco  en  dicha  hipótesis  la censura  aparecería  correctamente  fundamentada,  pues  es  claro  que no especifica la  prueba  o  pruebas  sobre  las  que  recaería  el  yerro y por lo mismo deja de  concretar  la  clase  o especie a que éste corresponde, no aborda el proceso de  demostración  y  tampoco se da a la tarea de realizar el proceso de valoración  integral  de  los  medios  a  fin  de  acreditar cómo de no haberse cometido la  incorrección,  la  facticidad sería diversa, dando lugar a la modificación de  la  parte  resolutiva del fallo en el sentido reconocer la prisión domiciliaria  cuya aplicación invoca.   

En últimas, lo que se observa en la demanda  es  la  inconformidad  del  recurrente  con  el  fallo,  tan  sólo porque no se  reconoció  a su asistido la prisión domiciliaria, pero sin llegar a patentizar  que  el  Juzgador  hubiere  incurrido  en  violación  directa  o  indirecta  de  disposiciones  de  derecho  sustancial sobre dicho particular.      

Ante  un  panorama  como  el  que  acaba de  exponerse,  en que el cargo se presenta a manera de alegato de instancia como si  la  casación  fuera  medio  de impugnación no sometido a parámetro alguno, la  Corte  no  admitirá  la  demanda  al trámite para su estudio de fondo, pues lo  contrario  implicaría  suplir las deficiencias del libelo a fin de desentrañar  el  verdadero propósito perseguido por el demandante  y eludir con ello el  carácter  dispositivo  que  rige  el instrumento extraordinario a que se acude,  desconocer  la presunción de acierto y legalidad con se amparan los fallos cuya  desvirtuación  compete  al  actor,  y,  en general, degradar la objetividad del  ordenamiento jurídico.     

             

Siendo  por tanto, manifiestos los defectos  técnicos  que  la  demanda  acusa,  pues,  como  se  deja  visto, de ella no se  desentraña  precisa  y  claramente  los fundamentos fácticos y jurídicos  en  que  se  apoya  la causal cuya configuración el censor apenas sugiere, y no  pudiendo  la  Corte  corregirla por virtud del principio de limitación que rige  su  trámite,  lo  procedente  será inadmitirla, declarar desierto el recurso y  ordenar  la  devolución  del expediente al despacho de origen, conforme así se  establece  de los artículos 197 del decreto 2700 de 1991 y 213 de la ley 600 de  2000.   

Esto último, si se da en considerar que de  la  revisión  de  lo  actuado  tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

Contra  estas decisiones no procede recurso  alguno.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre   del   procesado     TIBERIO     ANTONIO     OSORIO  FLÓREZ,  por  lo  anotado en la motivación de este  proveído.     En    consecuencia    se    DECLARA  DESIERTO el recurso.     

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN             MARINA      PULIDO     DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS           YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA    JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Cfr.  por todas, cas. de 4 de agosto de 2004. Rad. 20681.     

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