SP16740-2014(41369)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

SP16740- 2014  

Radicación n° 41369  

(Aprobado Acta No.  427)   

Bogotá  D.C., nueve (9) de diciembre de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Resuelve la Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  la Fiscalía, el Ministerio Público y el apoderado  de  la  parte civil contra la sentencia del 12 de junio de 2012, a través de la  cual  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta,  en  Sala  de Decisión de Conjueces,  revocó  parcialmente el fallo condenatorio proferido el 22 de diciembre de 2010  por  el  Juzgado  Primero  Adjunto  Penal del Circuito Especializado de la misma  sede,  para  en su lugar absolver a AMINTA LIÉVANO DE  ACEVEDO,  LUZ  MARINA  ACEVEDO LIÉVANO, CARLOS ALBERTO ACEVEDO LIÉVANO, RAFAEL  ACEVEDO   LIÉVANO,  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR  y  SONIA RINCÓN SUÁREZ, a las  dos  primeras por los delitos de secuestro extorsivo y concierto para delinquir,  ambos  agravados  y  a los restantes por el segundo de los punibles en mención,  aunque a los dos últimos a título de cómplices   

En   la   misma   decisión  confirmó  la  absolución  pronunciada  a  favor  de  CARLOS ALBERTO  ACEVEDO  LIÉVANO, RAFAEL ACEVEDO LIÉVANO, DANIEL VELÁSQUEZ VILLAMIZAR, MAGALY  PERALTA   SANABRIA   y  LUZ  MARINA  SIERRA  ESPITIA  por  el  punible de secuestro  extorsivo  agravado,  así  como  la  emitida  a  favor de las dos últimas y de  ALBERTO  CÁRDENAS MONCADA y  LUIS    FRANCISCO   RODRÍGUEZ   BLANCO  por  el  ilícito  de  concierto  para  delinquir  agravado. Estas  determinaciones  también  son  objeto  del  recurso  de casación por parte del  apoderado de la parte civil.   

HECHOS  

La  situación  fáctica  base  del presente  juzgamiento se puede resumir de la siguiente manera:   

El       frente       “Fronteras”   de   la  organización  paramilitar  AUC,  adscrito al Bloque Catatumbo y con influencia en la ciudad de  Cúcuta  y municipios aledaños, y algunos dueños y directivos de la empresa de  transportes  Puerto  Santander S.A, TRASAN S.A., pactaron una alianza ilegal, en  virtud  de  la  cual  estos  últimos  proporcionaron  ayudas  económicas  a la  mencionada  organización,  a  cambio  de  favores  que comprendían el cobro de  deudas  a  cargo  de terceros y a favor de la compañía, así como la solución  de  inconvenientes  laborales  con  sus empleados y de disputas suscitadas entre  los  miembros  de  la  familia  ACEVEDO  en torno al manejo de la misma.   

En   desarrollo   de   ese   convenio,  la  organización  paramilitar  el  25  de  noviembre  de 2003 secuestró al abogado  Hugo   Antonio   Combariza   Rodríguez,  exempleado  de la citada empresa, cuando se encontraba regando el  jardín  externo  de  su  casa situada en la ciudad de Cúcuta. Fue interceptado  por  tres  hombres armados, quienes se desplazaban en un taxi, vehículo al cual  lo  obligaron  a  subir  para  llevarlo  a  la  zona  conocida  como Juan Frío,  jurisdicción  rural  del  municipio  de  Villa  del  Rosario, donde lo hicieron  firmar unos documentos.   

La  víctima  permaneció  aproximadamente  cuatro  horas  en  cautiverio,  al  cabo  de  las  cuales  lo  liberaron  con la  condición  de desistir de la demanda laboral que había promovido contra TRASAN  S.A.  con  la  pretensión  de obtener el pago de algunas prestaciones sociales.  Inmediatamente  se  produjo  la liberación, Combariza  Rodríguez  se dirigió al Juzgado Tercero Laboral del  Circuito  de  Cúcuta  y  presentó  el memorial de desistimiento de la referida  acción judicial.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.  A  raíz  de  la denuncia instaurada por  Hugo      Antonio      Combariza     Rodríguez,  se  dispuso  la  iniciación  de investigación previa,  tras  lo  cual  la  Fiscalía  Delegada  ante  los Jueces Especializados, Unidad  Nacional  contra  el  secuestro  y  la extorsión, decretó el 6 de diciembre de  2005,  la  apertura de instrucción penal contra Nelly  Yamir Acevedo Liévano.   

2.  Adelantada la respectiva investigación,  dispuso   su  clausura  y  posteriormente  calificó  el  mérito  del  sumario,  profiriendo  en  su contra resolución de acusación en contra de la prenombrada  por el delito de secuestro extorsivo agravado.   

3.  Por  vía  de  apelación,  la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, mediante decisión del 22 de  noviembre  de  2006,  confirmó  la  acusación  y la adicionó en el sentido de  atribuirle  también  el  punible  de  concierto  para delinquir agravado, en la  modalidad   de  financiar  grupos  armados.  En  la  misma  providencia  ordenó  proseguir  la  investigación contra los demás presuntos autores de los delitos  en mención.   

4.  En  cumplimiento  de  lo decidido por su  superior,  el  Fiscal  de  primera  instancia con resolución del 24 de enero de  2007  dispuso, por separado, proseguir la instrucción en contra de LUZ  MARINA  ACEVEDO LIÉVANO, CARLOS ACEVEDO LIÉVANO y AMINTA LIÉVANO DE ACEVEDO.   

5. En el curso posterior de la investigación  se  vinculó  también  a  la  investigación a MAGALY  PERALTA  SANABRIA,  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR, RAFAEL ACEVEDO LIÉVANO, LUZ  MARINA  SIERRA ESPITIA, LUIS FRANCISCO RODRÍGUEZ BLANCO, SONIA RINCÓN SUÁREZ,  ALBERTO    CÁRDENAS    MONCADA    y    Rolando  Enrique  Bayona  Cárdenas.    

6.  Resuelta  la situación jurídica de los  vinculados,  el  1º  de  julio  de  2008 la Fiscalía dispuso la clausura de la  instrucción,  y  el  25 de noviembre postrero calificó el mérito del sumario,  profiriendo  resolución  de  acusación contra RAFAEL  ACEVEDO  LIÉVANO,  LUZ MARINA SIERRA ESPITIA, LUIS FRANCISCO RODRÍGUEZ BLANCO,  ALBERTO    CÁRDENAS    MONCADA    y    Rolando  Enrique  Bayona  Cárdenas por el  delito de concierto para delinquir agravado.   

En  el  mismo sentido procedió en contra de  LUZ     MARINA     ACEVEDO,     CARLOS     ACEVEDO  LIÉVANO, AMINTA LIÉVANO DE  ACEVEDO,  MAGALY  PERALTA  SANABRIA,  DANIEL  VELÁSQUEZ VILLAMIZAR y  SONIA  RINCÓN  SUÁREZ,  por  los  punibles  de concierto para delinquir agravado y secuestro  extorsivo agravado.   

7. En virtud de la apelación interpuesta por  el   apoderado   de   la   parte  civil,  por  los  defensores  de  SONIA   RINCÓN   SUÁREZ,   DANIEL   VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR,  LUIS  FRANCISCO   RODRÍGUEZ   BLANCO,  ALBERTO  CÁRDENAS  MONCADA,  AMINTA  LIÉVANO  ACEVEDO,  LUZ  MARINA  SIERRA  ESPITIA,  MAGALY  PERALTA  SANABRIA  y      Rolando     Enrique     Bayona  Cárdenas   y   directamente   por   este  último  y  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR,  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá, en decisión del 16 de  abril  de  2009,  confirmó  la  acusación  proferida en contra de SONIA  RINCÓN  SUÁREZ,  LUZ MARINA SIERRA ESPITIA, LUIS FRANCISCO  RODRÍGUEZ   BLANCO,   ALBERTO   CÁRDENAS  MONCADA  y  Rolando    Enrique   Bayona   Cárdenas por el delito de concierto para delinquir agravado.   

Además, confirmó la emitida en desmedro de  AMINTA   LIÉVANO   DE  ACEVEDO,  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR  y MAGALI PERALTA  SANABRIA, por los punibles de concierto para delinquir  agravado y secuestro extorsivo agravado.   

Igualmente,    acusó   a   RAFAEL  ACEVEDO  LIÉVANO  y LUZ  MARINA SIERRA ESPITIA por el ilícito  de secuestro extorsivo agravado.   

Finalmente,  precluyó  la  investigación a  favor   de  SONIA  RINCÓN  SUÁREZ,  LUIS  FRANCISCO  RODRÍGUEZ   BLANCO,   ALBERTO   CÁRDENAS  MONCADA  y  Rolando   Enrique   Bayona   Cárdenas  por el punible de secuestro extorsivo agravado.   

8.  Correspondió  adelantar  la  etapa  del  juicio  al  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito Especializado de Cúcuta, cuyo  juez  Adjunto,  una  vez  realizadas  las  audiencias preparatoria y pública de  juzgamiento,  puso  fin a la instancia mediante la sentencia del 22 de diciembre  de 2010, en la cual emitió las siguientes decisiones:   

– Condenó a AMINTA  LIÉVANO  DE  ACEVEDO  y LUZ  MARINA  ACEVEDO  LIÉVANO por los delitos de concierto  para  delinquir  agravado y secuestro extorsivo agravado, el primero de ellos en  calidad  de  coautoras  y el segundo a título de determinadoras, imponiéndoles  26  años  de  prisión  y  4.667  salarios mínimos legales mensuales de multa.   

– Condenó a CARLOS  ALBERTO     ACEVEDO    LIÉVANO    y    RAFAEL  ACEVEDO  LIÉVANO, por el ilícito  de  concierto para delinquir agravado a título de coautores. Les impuso 6 años  de prisión y 2.000 salarios mínimos legales mensuales de multa.   

– Condenó a DANIEL  VELÁSQUEZ      VILLAMIZAR      y     SONIA  RINCÓN  SUÁREZ  por el delito de  concierto  para  delinquir agravado a título de cómplices. Les irrogó 3 años  de  prisión  y  multa en cuantía de 1.000 salarios mínimos legales mensuales.   

–     Absolvió     a     CARLOS  ALBERTO  ACEVEDO  LIÉVANO, RAFAEL ACEVEDO LIÉVANO, MAGALY  PERALTA   SANABRIA,  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR  y  LUZ  MARINA  SIERRA  ESPITIA  por el punible de secuestro extorsivo agravado.   

–     Absolvió     a     MAGALY   PERALTA  SANABRIA,  LUZ  MARINA  SIERRA  ESPITIA,  ALBERTO  CÁRDENAS  MONCADA  y  LUIS  FRANCISCO  RODRÍGUEZ  BLANCO  respecto del ilícito de  concierto para delinquir agravado.   

De  otra  parte,  condenó  a  AMINTA  LIÉVANO DE ACEVEDO y LUZ  MARINA  ACEVEDO LIÉVANO, así como a  la  empresa  TRASAN S.A., como tercero civilmente responsable, al pago solidario  a   favor   de   Hugo  Antonio  Combariza  Rodríguez  al   equivalente  a  100  salarios  mínimos  legales  mensuales,   por   concepto   de   daños   morales.   

Es  de  anotar  que  durante  la  audiencia  preparatoria  el  juez  dispuso  la  nulidad  parcial  de la actuación desde la  resolución  de  acusación  en  lo relativo a Rolando  Enrique   Bayona  Cárdenas,  produciéndose  así  la  ruptura de la unidad procesal.   

9.  En  virtud del recurso de apelación, el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  el  12  de  julio  de 2012 revocó las condenas  proferidas  por  el  a quo y  absolvió  a  los procesados. Así mismo, confirmó las decisiones absolutorias.   

10.  Contra  el  fallo  de  segundo grado la  Delegada  de  la Fiscalía, el Procurador 92 Judicial Penal II y el apoderado de  la  parte  civil  promovieron  el  recurso  extraordinario de casación, el cual  sustentaron en su momento.   

11.  En su oportunidad la Corte admitió las  tres  demandas, por cuya razón ordenó el envío del proceso a la Procuraduría  General de la Nación.   

12. Presentado el respectivo concepto por el  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal, corresponde a la Sala  emitir el pronunciamiento de rigor.   

LAS  DEMANDAS   

     

I. LA INSTAURADA POR LA FISCALÍA:     

Al amparo de la causal primera de casación,  apartado  segundo,  denuncia  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de  errores  de  hecho  por  falso  raciocinio,  en cuanto el Tribunal  vulneró  el  principio lógico de razón suficiente que lo llevó a incurrir en  los sofismas de premisa falsa o dudosa y de antecedente incompleto.   

Bajo  esa  óptica,  formula en contra de la  sentencia  de  segunda instancia dos cargos, el primero con referencia al delito  de  concierto  para  delinquir  agravado  y  el  segundo  atinente al punible de  secuestro extorsivo agravado.   

          Primer cargo:   

          Para   sustentarlo   empieza  refiriendo  el  contexto  en  el  cual  ocurrieron  los  hechos  y  así  reseña  las  actividades  que para esa época  realizaban  los  paramilitares  en  el  país  y,  en  concreto,  en el Norte de  Santander,    región    en    donde    operaba    el   Frente   “Fronteras”,  adscrito  al  “Bloque  Catatumbo”,  cuyo  jefe  era  Jorge  Iván Laverde Zapata,  alias   “El   Iguano”.   

En  ese  orden,  destaca  cómo  el  antes  mencionado,  en  declaración  rendida  el  28  de  agosto  de 2007, reveló sin  tapujos  la  alianza  fraguada  entre  dicha  organización  y  los directivos y  dueños  de  la  empresa  TRANSAN S.A., en concreto, con la familia ACEVEDO,  en  desarrollo de la cual ésta  les  entregó  inicialmente $50.000.000 y luego contribuían mensualmente con la  suma  de  $10.000.000,  a cambio de controlar los trabajadores de la compañía,  realizar  cobros  de deudas a conductores y dueños de vehículos afiliados a la  misma  y,  en  general,  para  solucionar  toda  clase de problemas generados al  interior de dicha familia.   

El  citado relato, añade el impugnante, fue  corroborado,  en  primer  lugar, por otros desmovilizados paramilitares, como es  el   caso   de   Óscar  Ferney  Sánchez,  alias  “Ayuda”, Golfan Javier Cruz  Rubio,    alias   “Jhon  Gallo”  y  Éver de Jesús  Areiza,           alias          “Coyara”,  y  es así como el segundo  declaró  que  CARLOS ACEVEDO  en  alguna  ocasión, incluso, les llevó munición, armas, chalecos, uniformes,  botas   y   útiles   de  aseo,  tanto  que,  según  el  testigo,  “los  ACEVEDO  a  lo último se volvieron fue como una familia de  la   organización”.   Y,  en  segundo  lugar,  por  trabajadores   y  socios  de  la  empresa  TRASAN  S.A.,  como  es  el  caso  de  José   Reinaldo   Ramírez  Ortega,  Luis  Hernando  Angarita,  DANIEL VELÁSQUEZ VILLAMIZAR y ocho personas  más  que el demandante discrimina, en cuyas declaraciones relataron con detalle  la comentada alianza criminal.   

Según  el  actor,  el  Tribunal  no tuvo en  cuenta  los  hechos  revelados  por  los  medios  probatorios  antes reseñados,  limitándose  a  sustentar su decisión con base en la premisa según la cual en  este  caso  no  obra  prueba ni siquiera de la existencia material del delito de  concierto  para  delinquir  agravado,  premisa  falsa  porque se sustenta en los  siguientes yerros:   

          En   primer   lugar,  consideró  exclusivamente  el  testimonio  de  Armando     Rafael    Mejía    Guerra,    alias    “Hernán”,  que  transcribió  textualmente en el fallo en forma indebida, al  cual  le  asignó credibilidad con el argumento de ser el único que declaró en  audiencia  y  quien  además estaba en capacidad de conocer los hechos de manera  directa,  dejando  de lado los testimonios de los restantes desmovilizados, así  como  los de los trabajadores de la empresa, los abogados y amigos cercanos a la  familia   ACEVEDO,  quienes  develaron  las  alianzas  de  la  organización  paramilitar  con  los dueños y  directivos de TRASAN S.A.   

Ese proceder del a  quem,  en  su  criterio,  desconoce flagrantemente los  principios   de   permanencia   de  la  prueba,  motivación,  sana  crítica  e  imparcialidad,  indicando así la no realización de un examen crítico de todas  las  pruebas  y,  por  ende,  evidenciando  la falsa premisa a partir de la cual  construyó su razonamiento.   

En  segundo lugar, continúa el demandante,  argumentó  el  Tribunal  la  ausencia  de  prueba  acerca del egreso de dineros  destinados  al  patrocinio  de  las autodefensas en los bancos y en la DIAN para  predicar  la  inexistencia  del  concierto para delinquir. Para el libelista, de  esa  manera la corporación de segundo grado desconoció la valoración conjunta  y   el  principio  de  libertad  probatoria,  pues  la  responsabilidad  de  los  cabecillas,  actores y promotores de las autodefensas, en cuanto obedecía a una  verdadera  estructura  de poder, no puede acreditarse con el examen fragmentario  de   las   pruebas.  Al  respecto,  añade,  la  experiencia  demuestra  que  la  planeación  y  ejecución de tales actos es tan sofisticada y sutil que quienes  así  delinquen  procuran  no  ser observados ni dejar huellas, de manera que la  forma  más  adecuada para probar su funcionamiento es demostrarlo a través del  análisis  de  contexto  y  del  estudio ponderado de los testimonios de quienes  formaron parte de esa agrupación.   

Reprocha al juzgador de segundo grado por no  proceder  de  ese  modo y, en cambio, otorgar credibilidad al revisor fiscal y a  la  contadora  de  la empresa, no obstante que en su condición de implicados en  los  hechos  tenían  el  derecho  a  no  auto  incriminarse  y  que  el  propio  DANIEL      VELÁSQUEZ     VILLAMIZAR,  revisor  fiscal,  admitió las reuniones con los paramilitares en  Agua  Clara,  aun  cuando haya manifestado que el dinero entregado al comandante  “Pacho”  era  para  la  compra   de   un   vehículo   a   favor   de  AMINTA  LIÉVANO.   

         Según  el  demandante,  sobre  los  vínculos  entre  los dueños y  directivos  de  TRASAN  S.A.  y  la  organización  paramilitar  declararon  los  extrabajadores  de  la  sociedad y Jesús Antonio Alba  Martínez,   así   como  los  desmovilizados,  estos  últimos  al  referir  que  la  financiación no sólo era en dinero en efectivo  sino  además,  en  especie, como munición, armas, chalecos, uniformes, botas y  útiles de aseo.   

         Por  tanto,  constituye  un sofisma, dice el censor, reducir el tema  del  financiamiento  al aspecto de la existencia o no en los bancos y en la DIAN  de prueba relacionada con los egresos.   

         

         En   tercer  término,  precisa  el  libelista,  afirmó  de  manera  equivocada  que ningún testigo vio esas sumas de dinero, ni les consta en forma  personal   y   directa   la   financiación.   Considera   que  el  ad  quem pasó por alto los testimonios de  Edwin  Arias  Vivas,  José  Reinaldo Ramírez Ortega  y  Pedro  Enrique  Bautista  Carreño, quienes dijeron haber presenciado la entrega  de  dinero  que  hizo  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR  a    alias   “Pacho”  en  el  Terminal de Transportes de Cúcuta. Más aún,  agrega,  el  propio  alias “El Iguano”    declaró    que    recibió    de    la   familia   ACEVEDO,   por   intermedio   de   alias  “Pacho”   la  suma  de  $50.000.000 y mensualmente la suma de $10.000.000.   

         Esos  testimonios,  en  criterio  del  delegado de la Fiscalía, los  desestimó  el  ad quem, con  el  argumento  de  que  no  vieron  las sumas de dinero, incurriendo así en las  falacias de premisa falsa y antecedente incompleto.   

         En  cuarto lugar,  sostiene también el impugnante, desechó en  forma  errónea la segunda versión ofrecida por Pedro  José   Nossa   y   DANIEL  VELÁSQUEZ   VILLAMIZAR,   apoyándose   en  supuesta  jurisprudencia  de  esta Corporación, en la aducida existencia de incoherencias  y  de  situaciones  extrañas  y  amenazas,  y en la espontaneidad de su primera  versión, según el análisis conjunto de las pruebas.   

         Para  el  casacionista, contrariamente, la Corte ha expresado que la  credibilidad  de  quien  ha entregado varias versiones no deriva de la exactitud  de  todo  su  contenido,  sino  de  la  concordancia de sus aspectos esenciales.  Citando  los  precedentes  que  sustentan su criterio, el actor destaca cómo el  fallador   de   segundo   grado   no   explicó  cuáles  fueron  las  supuestas  contradicciones  entre  una y otra versión y si las mismas revestían carácter  esencial  o  meramente  accesorio,  ni  indicó  las  razones  extrañas  o  las  supuestas  amenazas,  como tampoco efectuó el análisis conjunto de las pruebas  que anunció.   

         Lo  cierto,  para  el  censor,  es  que  toda  la prueba testimonial  demuestra  la  presencia  pública  de  la organización paramilitar en Cúcuta,  así   como   las  disputas  de  la  familia  ACEVEDO  por  el  manejo de la empresa y la manera como algunos  de  sus  miembros  obtuvieron  el  dominio  de  ésta,  gracias  a  las alianzas  efectuadas  con  alias  “El  Iguano” y    sus    lugartenientes,    entre    ellos   alias   “Pacho”,  de  manera  que el Tribunal  incurrió  en  el  sofisma  de  la premisa falsa al dejar de considerar aspectos  fundamentales    de   los   testimonios   de   Nossa  y       VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR,  quienes  corroboran  la existencia de esa  alianza.   

         

         La   quinta  y  última  falacia  del  ad  quem, según el demandante, consiste en afirmar que la  financiación  de  los dueños y directivos de la empresa no fue voluntaria sino  producto  de  coacción y amenazas de muerte. Para el Fiscal impugnante, si bien  una  de las modalidades empleadas por los grupos paramilitares es la extorsión,  la  coacción y el chantaje, lo cierto es que ese modo de operar, según así se  demuestra   con   los   testimonios   de  los  desmovilizados,  terminó  siendo  habilidosamente  utilizado  por  la  familia  ACEVEDO  para  resolver asuntos personales, en beneficio de sus  propios  intereses,  luego  no es dable pregonar que la colaboración prestada a  las  autodefensas  haya sido obligada, sino que se trató de una alianza libre y  conscientemente pactada.   

         Estima  trascendentes los errores de raciocinio demostrados, pues de  no  haber  incurrido en ellos, el fallador de segundo grado no habría vulnerado  el principio lógico de razón suficiente.   

         Segundo cargo:   

         

         Según  el  actor,  para  sustentar  la absolución por el delito de  secuestro  extorsivo  agravado  el Tribunal se abstuvo de considerar el contexto  general  y  las  circunstancias  específicas  relativas  a  la  materialidad  y  consiguiente  responsabilidad  de  los dueños y directivos de la empresa TRASAN  S.A.,  limitándose  a  plantear  cuatro  argumentos, sustentados en una premisa  falsa,  en  cuanto no fue suficientemente demostrada o constituye un antecedente  incompleto,  al  reducir  el  análisis  a la declaración de alias “Hernán”,  sin  examinar  los demás  elementos probatorios recaudados.   

         El   libelista  estima  equivocado  el  primero  de  los  argumentos  ofrecidos  por  el  ad quem,  porque,  aparte  de  transcribir  indebidamente  en forma integral el testimonio  rendido    por    alias    “Hernán”,  lo  califica de creíble solamente porque lo rindió en audiencia  pública  y  por  cuanto  en su condición de comandante de la zona de Villa del  Rosario  y  Juan Frío de manera concreta afirmó que el secuestro denunciado no  ocurrió.   Tal   razonamiento,   en   su  criterio,  vulnera  el  principio  de  permanencia,  así  como  el  contexto, la jerarquía y el modo de operar de las  autodefensas.   

         Atendido  el  contexto en que ocurrieron los hechos, en criterio del  Fiscal  impugnante,  no  resulta  acorde  con la lógica y el sentido común dar  crédito  al antes mencionado, sin explicar por qué la víctima estaba en dicho  lugar   supuestamente   de   manera   voluntaria   hablando  con  el  comandante  “Pacho”,  a  pesar  de  tratarse  de  una  zona  controlada por la organización paramilitar, asuntos no  clarificados por el Tribunal.   

         En  su sentir, la corporación de instancia pasó por alto, además,  que   los   demás   desmovilizados   del   “Frente  Fronteras”  dieron  cuenta  no sólo de las alianzas  entre    la    organización    paramilitar    y    la    familia   ACEVEDO   sino   de  la  existencia  del  secuestro  extorsivo  de  Hugo  Combariza,   y   es   así   como   alias   “El  Iguano”,  en  varias  ocasiones,  declaró  que  la  víctima  fue  privada de la libertad por órdenes de la citada familia. De esos  hechos,  añade,  también  informan  extrabajadores  de  la empresa, abogados y  amigos  cercanos de los acusados, elementos todos no valorados críticamente por  el ad quem.   

           Sobre  el  segundo  argumento del Tribunal, consistente en que los  demás  declarantes  carecen de exactitud, son contradictorios, no intervinieron  directamente  en  el  secuestro,  no les consta en forma personal y directa y no  concuerdan  con  el dicho de la víctima, el casacionista cita precedentes de la  Corte  atinentes  a la apreciación de la prueba testimonial para concluir en la  vulneración  del  principio de razón suficiente por parte del sentenciador, en  cuanto   omitió   el   contexto   en   tratándose  de  hechos  ejecutados  por  organizaciones  paramilitares  y  que las posibles inexactitudes o contracciones  no son esenciales sino referidas a aspectos accesorios.   

         Así,  tras  insistir  en la falta de explicación acerca del motivo  por  el cual la víctima se encontraba en zona de dominio paramilitar, considera  intrascendente   la   hora   en  que  Hugo  Combariza  regresó a su casa el día de los hechos, lo mismo que  el  lugar  donde éste se vio con el abogado Dagoberto  Colmenares esa misma fecha, como irrazonable descartar  el  testimonio del celador Gonzalo Laguado  por  la  sola  circunstancia  de  haber declarado un año y un mes  después,  y  el  rendido por Alix Muñoz de Combariza  y  Hugo Alexánder Combariza  Muñoz  por la única razón de tratarse de la esposa e  hijo de la víctima.   

         Considera,  finalmente,  descontextualizada  la  valoración  de los  testimonios   de  alias  “El  Iguano”,  porque  así no haya participado en el secuestro, por ser el jefe  de  la  organización ilegal tuvo conocimiento directo de la forma como llevaron  a  cabo  sus  acciones  criminales. Igual situación, en su opinión, ocurre con  las  declaraciones  de  Óscar Ferney Sánchez, Golfan  Javier  Cruz,  Éver  de  Jesús  Sepúlveda, Ofelia Henao, Jesús Antonio Alba,  Pedro  Palencia,  Leonidas Orjuela y Eivar Solano, pues  aun  cuando  no  percibieron  “en  forma personal y  directa”   la   ejecución   del   secuestro,  unos  pertenecieron   a   dicha  agrupación  y  otros  eran  trabajadores  de  TRASAN  S.A.   

         En  punto al tercer argumento, a través del cual el Tribunal restó  credibilidad   al   testimonio   de   Yonis   Manuel  González,  lo  juzga artificioso, porque desconoce el  nivel       jerárquico       del       “Frente  Fronteras” y, especialmente, que su jefe encargó al  comandante  financiero  alias “Pacho” del  manejo  de  las  relaciones y el cumplimiento de los pactos con  TRASAN  S.A., luego no resulta acertado colegir que el único que podía ordenar  el secuestro era alias “Hernán”.   

         En  cuanto  al  cuarto  y  último  argumento, consistente en que el  desistimiento  presentado  en  el  juzgado  laboral  no  es  prueba  del delito,  reprocha  al ad quem incurrir  en  error  de  juicio  al  desconocer del principio de razón suficiente, porque  valora  en forma aislada ese elemento, sin examinarlo en conjunto con las demás  pruebas,  omisión  que  le  impidió  concluir  que dicho documento confirma la  denuncia  presentada  por  Hugo Combariza.   

         En  síntesis,  para  el  actor,  en  este  caso  aparece plenamente  demostrada  la  alianza  entre  la  organización  paramilitar  y  los dueños y  directivos  de  la  empresa  TRASAN  S.A.,  en  desarrollo  de la cual éstos le  proveían  de  dinero en efectivo, munición, armas, chalecos, uniformes, botas,  útiles  de  aseo  y  transporte  de milicianos a diferentes partes del país, a  cambio  de  múltiples  favores,  entre  ellos obligar bajo amenazas de muerte a  desistir  del  cobro  de  prestaciones  sociales  adeudadas  por dicha sociedad.   

         Por  tanto, solicita casar la sentencia para, en su lugar, confirmar  la sentencia de primera instancia.   

     

I. LA PRESENTADA POR EL MINISTERIO PÚBLICO:     

Formula un único cargo contra la sentencia  del  Tribunal,  el  cual  apoya  en  el  cuerpo  segundo de la causal primera de  casación  de  la  Ley  600  de  2000,  esto  es, violación indirecta de la ley  sustancial.  Bajo tal confín, denuncia la incursión en error de hecho derivado  de  falso  raciocinio,  atendida la vulneración de las reglas de la experiencia  en la valoración de las pruebas.   

Para  el  representante de la sociedad, con  los   testimonios  de  Jorge  Iván  Laverde  Zapata,  alias       “El  Iguano”, Daniel Velásquez  Villamizar,  Luis  Hernando  Angarita  Mendoza,  Edwin  Arias  Vivas, Leonidas Orjuela Salazar, Pedro Enrique  Bautista  y  José Reinaldo  Ramírez  Ortega  surgen  plenamente  demostrados  los  vínculos  existentes  entre la organización paramilitar que operó en el Norte  de  Santander  y  la familia  ACEVEDO,  junto  con  los  directivos  de  la empresa TRASAN S.A., sin que obre elemento de juicio del cual  pueda   concluirse  coacción  o  constreñimiento  para  su  asistencia  a  las  reuniones  promovidas  por  dicha  organización  ilegal,  ni  muchos  menos que  intentaron  acudir  a  las  autoridades  para  poner  en conocimiento los hechos  delictivos de sus miembros.   

Cuestiona  al  ad  quem,  por tanto, cuando no otorgó credibilidad a los  testigos  de  cargo  con  el argumento de que ni en la empresa en mención ni en  bancos  ni en la DIAN la Fiscalía halló movimientos de dinero destinados a las  autodefensas  y,  en  fin,  porque  nadie  vio las sumas de dinero egresadas. Le  reprocha,  además, restar credibilidad a las segundas versiones de Pedro     Nossa     y     DANIEL   VELÁSQUEZ,   sólo  porque  no  formularon    cargos    a    los    acusados    en    las    primeras    salidas  procesales.   

De  esa  manera,  atribuye  al  juzgador de  segundo  grado  vulnerar  las  reglas  de  la  experiencia según las cuales (i)  “la  mayoría  de  las  veces  las  colaboraciones  económicas  a  los  grupos  ilegales no quedan contablemente registradas por la  razón  de  ocultar  justamente  esas  ilicitudes  para  no  dejar rastro de las  mismas”  y  (ii) “por el  ilícito  destino  que  se  están dando a esos dineros, también la mayoría de  las   veces   las   sumas   de   dinero  no  son  de  fácil  especificación  y  cuantificación  por hacerse esas entregas sin testigos presenciales, puesto que  el fin es ocultarlos de la vista pública”.   

En cuanto a los testimonios de Nossa         y        VELÁSQUEZ, descarta como constitutivo de  regla  de  la  experiencia  el  argumento  según  el  cual siempre las segundas  versiones no merecen credibilidad.   

Concluyendo  así  en  la  existencia  del  acuerdo  de  voluntades  para que la organización paramilitar extrajera dineros  de  la empresa TRASAN S.A. y, en general, gobernara la misma, proponiendo rutas,  cambiando  directivos  y permitiendo a su interior la presencia de sus miembros,  solicita  casar  la  sentencia  impugnada  para, en su lugar, confirmar el fallo  condenatorio  proferido  en  primera  instancia  por el delito de concierto para  delinquir agravado.   

     

I. LA PRESENTADA POR EL REPRESENTANTE DE LA PARTE CIVIL:     

También bajo la égida del apartado segundo  de  la causal primera de casación, postula un único cargo contra la sentencia,  acusando  al  Tribunal  de incurrir en violación indirecta de la ley sustancial  por  errores  de hecho derivados de falsos juicios de existencia, falsos juicios  de identidad y falsos raciocinios.   

     

a. Falsos juicios de existencia:     

Según  el  actor,  el  fallador  dejó  de  apreciar las siguientes pruebas:   

1. El dictamen grafológico del DAS de fecha  20  de  septiembre de 2010. Esta prueba, dice el demandante, en cuanto descartó  la  existencia  de  uniprocedencia entre los manuscritos objeto de estudio y los  tomados    al    señor   Hugo   Antonio   Combariza  Rodríguez,  desmorona  la credibilidad del testimonio  de   alias   “Hernán”,  cuando  aseguró  falsamente  que  aquél  le  escribió en el papel materia del  cotejo lo que debía decir en la audiencia.   

2.   Las  grabaciones  realizadas  a  las  conversaciones   de   alias   “Pacho”.     En     esos    diálogos,    realizados    con    Yuleide, la amante del prenombrado, y con  funcionarios  de  la  empresa  TRASAN S.A. como MAGALY  PERALTA,    DANIEL    VELÁSQUEZ    y   AMINTA  LIÉVANO, propietaria de la misma,  y   en   los  efectuados  entre  alias  “Andrés”  y             alias            “Antonio”, señala el actor, se habla  sobre  las  relaciones  entre  la  organización  paramilitar  y  los  dueños y  directivos  de  dicha  compañía,  y  se alude también al secuestro de que fue  víctima    Hugo    Antonio   Combariza   por   parte  de  esa  agrupación  a  solicitud  precisamente  de  éstos.    

Considera   que   si   el   ad   quem   no   hubiese   ignorado  las  grabaciones  en  mención,  habría  descartado  de  tajo  la  credibilidad  del  testimonio de alias “Hernán”.   

3. “El documento  declarativo  del  señor Norberto Puerto Rodríguez”.  Se  refiere  al  escrito  autenticado en notaría donde el prenombrado, antes de  ser  asesinado, reveló los vínculos de los dueños y directivos de TRASAN S.A.  con  los  paramilitares, así como la realización del secuestro de Hugo    Combariza   por   solicitud   de  aquéllos.   

Según el libelista, al lado de esa prueba,  el   Tribunal   también   dejó  de  valorar,  en  primer  lugar,  “el  documento  declarativo  testamentario  firmado y autenticado  por”  Éver  de  Jesús Sepúlveda Areiza, en el cual  éste    refiere   que   la   muerte   de   Norberto  Puerto,  así  como  el  atentado  al  que  se le hizo  víctima  y  uno  posterior  de  inminente  ocurrencia se dieron producto de los  testimonios  rendidos  por  ellos  en  contra  de  los procesados. Y, en segundo  lugar,  la  constancia  escrita  y  autenticada  en  notaría  por  Neida  Ofelia Henao, de la cual se infiere  similar conclusión.   

4.   La   confesión   de   Rolando   Bayona  Cárdenas.  Expresa  el  demandante   que   en   ella,   así   como  en  la  ofrecida  por  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR, hablan los  aludidos   de   una   reunión   en   Agua  Clara,  promovida  por  ALBERTO   CÁRDENAS   MONCADA   con   el  comandante  “Pacho” por  órdenes de AMINTA LIÉVANO.   

5.  Las copias del expediente adelantado en  contra  de Hernando Angarita.  Allí,  precisa  el impugnante, el antes mencionado declaró haber sido obligado  por  los  paramilitares a asistir a una reunión en la cual se encontraba, entre  otros,  NELLY  ACEVEDO,  en  cuyo   desarrollo   alias   “Pacho”  lo  cuestionó por perseguir a la empresa TRASAN S.A. y lo presionó  para   adjudicarle   rutas   y   legalizar  la  situación  de  esa  compañía,  intimidación   que   también   se   dirigió  contra  el  doctor  Estolano  Guerrero,  director de entonces  del Ministerio de Transporte de Cúcuta.   

6.  Los  contratos  de  arrendamiento  y de  explotación  a 10 años de las licencias de “TRASAN  TAXIS-MIXTOS-CARGA”.  En su criterio, si se hubiesen  considerado  esos  documentos se habría inferido que la necesidad de exterminar  a     Hugo    Antonio    Combariza    tenía  como  móvil  no  solamente  una  demanda laboral sino tomar  finalmente  el  control  total  de  la  empresa  TRASAN  S.A.  por  parte de los  ACEVEDOS  y sus ejecutivos,  lo  cual  no  se  había  logrado  antes  por  la  existencia  de  los  aludidos  contratos.   

7.  Oficio  del Ejército Nacional donde se  acusa  a  TRASAN  S.A.  “de movilizar el combustible  ilegalmente  violando  la  ley 30 (estupefacientes)”.  Para  el actor, la no apreciación de ese documento impidió edificar el indicio  de  oportunidad  para  delinquir, máxime la existencia de constancia dentro del  expediente,  en  el  sentido  de  que Hernando Acevedo  Uribe  obligaba  a los conductores a llevar canecas de  gasolina  a  los paramilitares hasta San Pablo donde tenían los laboratorios de  cocaína.   

8. Oficio del Ministerio de Transporte donde  señala  que TRASAN S.A. no tiene ruta para San Pablo. El desconocimiento de esa  prueba,  considera,  impidió  edificar  “el  hecho  indicante  del  interés  ilícito  del  cual  se  infiere  el interés ilícito  (sic)  en  que  los  buses  subieran  a San Pablo”, a lo cual la empresa obligaba  a sus propietarios y conductores.   

9. La publicación en el diario La  Opinión  sobre  la  incautación  de  cocaína  e  insumos  por el Ejército, sin capturados. El apoderado de la parte  civil  estima  escandaloso  que  en  una operación de esa naturaleza no se haya  capturado  a  ninguna  persona.  Eso,  en su sentir, demuestra complicidad entre  dicha institución y los paramilitares.   

10.  La planilla en la cual se constriñe a  los   conductores   y   propietarios   de  buses  de  TRASAN  S.A.  “para  que  suban  a  San  Pablo a llevar combustible o dinero en  efectivo”.  Para  el demandante, la pretermisión de  ese   documento   impidió   apreciar   también   el  memorial  presentado  por  Luis  Acevedo  Bonilla,  en  donde   éste  explicó  que  “subir  a  San  Pablo  significa  que  todos  tienen  que  llevar  un  millón de pesos y una caneca de  gasolina”.  Esas  pruebas,  añade,  constituyen  un  indicio  de  presencia,  en  cuanto  los crímenes no sólo se cometían en Juan  Frío sino en todos los campamentos y laboratorios de cocaína.   

11.   Documento  declarativo  del  señor  José  del C. Silva en donde  denuncia  la  presión  para  transportar  combustible hasta San Pablo. Con esta  prueba,  dice  el  libelista, se demuestra que el concierto para delinquir no se  dio  en  un solo día, en tanto detrás del pacto siniestro estaba el transporte  de  insumos  químicos  para  laboratorios,  la  extorsión a los propietarios y  conductores     y    el    exterminio    de    Hugo  Combariza.   

12.  Constancia histórica en el expediente  de  que un capitán del Gaula ejerció presión para adelantar el proceso penal.  Esa  coacción,  señala  el  casacionista,  la realizó dicho oficial contra la  víctima  con el fin de que no reclamara por su secuestro, lo cual constituye un  indicio  de  amedrentamiento  que  pone  al  descubierto  la  existencia  de  la  organización criminal y sus responsables.   

13.   Oficio   firmado  por  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR, en el cual  confiesa    manejar    “cuentas   por   debajo”  para     TRASAN    S.A.    y    los    ACEVEDOS.  Este documento, para el actor,  prueba  la  modalidad  de  ejecución  de  los  delitos  de  lavado  de activos,  enriquecimiento  ilícito y concierto para delinquir, pues toda contabilidad que  se lleva de esa forma es falsa.   

14. Oficio de la DIAN en donde se castiga la  conducta  ilícita  de  llevar  doble  contabilidad.  Según el demandante, esta  prueba  demuestra  también la modalidad de ejecución de los precitados delitos  y    contribuye    a    demostrar    la    responsabilidad    de    todos    los  procesados.   

15.  Acta  de  asamblea  general  del 13 de  agosto  de  2002,  por medio de la cual se despojó del control de TRASAN S.A. a  Hernando     Acevedo     Liévano.    Este  documento  y  otras  evidencias  obrantes en el proceso, en su  sentir,  demuestran que el dinero de la empresa se lo empezaron a apropiar desde  antes  de  dicha  fecha  y  lo  utilizaron para financiar las actividades de los  paramilitares.   

16.  Sentencias de tutela con las cuales se  demuestra  que  TRASAN  S.A.  no  puede  contestar  derechos  de  petición para  explicar   el   origen  del  cobro  ilegal  por  concepto  de  planillas.  Estas  decisiones,  considera,  acreditan que dicha empresa tenía prohibido hacer esos  cobros  por  ser  ilegales, de manera que al proceder de esa manera extorsionaba  diariamente  a  afiliados  y conductores, sin que éstos pudieran oponerse, pues  los  ACEVEDO y los directivos  de  la  compañía financiaban el concierto para delinquir de los paramilitares.   

17.  Escrito  declarativo  de  Álvaro  Ortiz  Moscote.  Expresa el actor  que  allí  dicha persona relató cómo el doctor LUIS  FRANCISCO   RODRÍGUEZ  BLANCO,  asesor  jurídico  de  TRASAN  S.A.,  le pidió retractarse de lo dicho y que se desplazara a Bogotá a  declarar  en  favor de Nelly Yamir Acevedo,  para  lo cual le pagaban los pasajes y los viáticos y le darían  otras  recompensas.  En  su  criterio,  con  ese  documento  y  otros hechos que  aparecen  demostrados  en  el  proceso, se demuestra la responsabilidad penal de  todos los acusados.   

18.  Publicación  del  diario La  Opinión, con la cual se acredita que  las oficinas del GAULA estaban al servicio de los paramilitares.   

19. Documentos declarativos de Carlos   Julio   Beltrán,   Pedro   Rafael  Carrillo  y   Carlos   Humberto   Morales   Duque.  En estos documentos, señala el censor, denunciaron la  manera  como  algunos  miembros  de la familia ACEVEDO  utilizaron las amenazas y la extorsión, amparados por  los  paramilitares, en el caso de los dos primeros para desconocerles las justas  reclamaciones laborales que les formularon.   

20.  Documentos  que prueban los múltiples  atentados  sufridos  por  los  testigos  y  por  la  misma víctima. El actor se  refiere   al   escrito  declarativo  presentado  en  Notaría  por  Yonis   Manuel  González  antes  de  ser  asesinado,  en  el cual señala que la familia ACEVEDO  quería  matarlo,  así  como  a  las  pruebas  de los  diversos atentados.   

Para  el impugnante, de haber valorado todo  el  material  probatorio  ignorado, el Tribunal no hubiese otorgado credibilidad  al   testimonio  de  alias  “Hernán”, soporte fundamental de la absolución.   

     

a. Falsos juicios de identidad y falsos raciocinios:     

Para el demandante, la sentencia no abordó  la  apreciación  de las pruebas de manera integral y desconoció los principios  de  la  sana  crítica,  permitiendo  de  esa  manera  que  triunfara la argucia  delincuencial,   consistente   en   generar   confusión   e  impunidad  con  la  introducción  de  un hecho falso, esto es, que todas las víctimas concurrieron  voluntariamente  ante  los  paramilitares  para  ser  perjudicadas, mientras los  procesados   son   ajenos   a   la   actividad  delictiva,  porque  “Pacho”  tenía el vicio de afectar a  las víctimas y, en cambio, favorecer a TRASAN S.A.   

En su criterio, los errores cometidos por el  fallador   son  trascendentes,  pues impidió a los declarantes expresar su  contenido  integral, cual es la responsabilidad de los acusados, imposibilitando  consecuencialmente  estructurar  los  indicios  de  móvil  para  delinquir,  de  mentira  y mala justificación, así como el de fuga, en cuanto se atrincheraron  en  Venezuela  para  no  responder por sus delitos y, contrariamente, comenzar a  matar a todos los testigos.   

Para  sustentar  el  reproche  el libelista  efectúa  una amplia y extensa valoración de las pruebas recaudadas, a lo largo  de  la  cual  menciona los falsos juicios de identidad y raciocinio que atribuye  al  Tribunal  e,  incluso,  refiere  la  presencia  de  otros  falsos juicios de  existencia.   La  Sala  a  continuación  se  ocupará  de  extraer,  de  manera  sintética, los yerros aludidos por el actor:   

1.  Para evaluar la exactitud o inexactitud  de   la  hora  de  la  liberación  de  Hugo  Antonio  Combariza  Rodríguez,  conforme al testimonio rendido  por        Benjamín        Eugenio,  el  juzgador  debió  tener  en  cuenta la regla de la ciencia o de la experiencia, conforme a  la  cual cuando un persona declara lo hace aproximándose a la verdad, en razón  del paso del tiempo y fenómenos sicológicos.   

2.  La  sentencia  vulnera la máxima de la  experiencia  según  la  cual  “a  explicación  no  pedida  confesión  manifiesta”, cuando pasa por alto  que   el   testigo   Gonzalo   Laguado  no  acusó  a  nadie  en  particular,  pese  a  lo cual los acusados  salieron a defenderse de lo dicho por él.   

3.  El Tribunal viola principios de la sana  crítica  cuando magnifica los detallitos y la minucia, ocultando el fondo de lo  ocurrido.   

4.  El  ad  quem  viola  las  reglas  de la experiencia cuando considera  que  ningún delincuente, por principiante que sea, hace saber a la víctima las  intenciones  de  su proceder. Contrariamente, precisa el impugnante, lo usual es  que  las  organizaciones  criminales,  antes de realizar un secuestro, adelanten  labores de vigilancia durante varios días.   

5.  El  fallo  quebranta  la  regla  de  la  experiencia  cuando concluye que alias “El Iguano”  no  pudo  enterarse  del  secuestro  de  Combariza porque no poseía radio propio,  pues  pasa  por alto que en las agrupaciones las conversaciones o comunicaciones  por ese medio son públicas para todos los presentes.   

6. La sentencia se equivoca cuando considera  que  los  paramilitares  actuaban  escondidos  en la ciudad, pues la regla de la  experiencia  aceptada  indica que ellos, incluso, se jactaban de sus delitos, en  cuanto  les  generaba  prestigio  y  terror  entre  sus  amigos  y enemigos. Esa  modalidad,  para  el  actor, la adoptaron los ACEVEDOS  y  ejecutivos  de  TRASAN  S.A.  dentro  del gremio de  transportadores.   

7.  Cuando  cuestiona  la  credibilidad del  testimonio  de  alias  “El  Iguano”  por  haberse  retractado, el Tribunal ignora la grabación del 26 de  noviembre  de  2003,  en  la cual Antonio le   reporta   al  comandante  “Andrés  Bolívar”   que   “la  piñata   ya  se  llevó  a  cabo”.  En  sentir  del  demandante,  ese  tipo  de  mensajes  cifrados,  conforme  a  las  reglas  de la  experiencia,  traduce  que  el  secuestro de Combariza  ya fue ejecutado.   

8.  De  acuerdo con la regla de la lógica,  según  la cual afirmando lo general se está afirmando cada uno de los aspectos  particulares,  no  hay  contradicción  cuando  “El  Iguano”  primero  señaló  a todos los ACEVEDOS  de ser los autores intelectuales  del  secuestro  y  luego  concreta  a  CARLOS ACEVEDO  y        AMINTA  LIÉVANO.   

9. Se viola la sana crítica del testimonio  cuando  el  Tribunal  afirma  la existencia de contradicción entre lo dicho por  “El   Iguano”,  en  el  sentido  de  haber  intercedido  por  el secuestrado para que lo liberaran, y lo  expresado  por  la  misma  víctima, en cuanto que debió cumplir las exigencias  para   salvar   su  vida.  Se  trata,  considera  el  actor,  de  dos  versiones  concordantes,  según  así  se  desprende  de  lo  declarado por el paramilitar  desmovilizado Yonis Manuel González.   

10.  La  corporación  de  segundo  grado  incurrió  en falso raciocinio cuando califica a Éver  de  Jesús  Sepúlveda Areiza como testigo de oídas, a  pesar  de que éste presenció el momento de la ordenación del secuestro, luego  se  trató  de  un  testigo  directo de los actos iniciales de ejecución. Igual  yerro,  agrega  el  demandante,  se  presentó con respecto a los testimonios de  Óscar  Ferney  Sánchez  y  Golfan Javier Cruz.   

11.  El  ad quem  cometió   falso   raciocinio   cuando  calificó  de  mentiroso   a  Yonis  Manuel  González  con   fundamento   en   la   declaración   de   alias  “Hernán”,  conforme  a  la  cual era  éste  el  único  que  podía  ordenar  un  secuestro  en  la  zona.  Según el  casacionista,   el  propio  “Hernán”  manifestó  estar  subordinado  a  “El  Iguano”  y  encontrarse  en  las  mismas condiciones  jerárquicas   de   alias   “Pacho”,  “Andrés  Bolívar”           y          “Gato”.   

12.  Para  el  demandante,  no  es  dable  cuestionar  el  testimonio  del  mismo  Yonis  Manuel  González  por  el  hecho de recordar claramente a los  ACEVEDOS  y  a TRASAN S.A.,  por  cuanto  se  trataba de quienes pagaban la nómina del frente paramilitar al  cual  pertenecía,  constituyendo regla de la experiencia que cuando una persona  ingresa  a  trabajar a una empresa lo primero que se aprende es el nombre de sus  dueños.   

13.  Sobre  el  mismo  testigo en mención,  atribuye  al  Tribunal  vulnerar  los  postulados de la lógica y la experiencia  cuando  le  exige  precisar  su  afirmación  según la cual estaba “cerquita”   en   el   momento   de  presenciar  los  hechos  que  relató.  En su criterio, a quien no es experto en  mediciones  no  se  le  puede  dar  a escoger entre 100 ó 10 metros.   

14.   Se  tergiversó  el  testimonio  de  Neida  Ofelia  Henao,  pues  “se  circunscribió  su  conocimiento  respecto del  secuestro”,   pasándose  por  alto  que  ella  fue  víctima de varios delitos.   

15.   La   declaración  de  Jesús  Antonio Alba también se cercenó,  pues  se  tomó  solamente una parte de la misma para afirmar que se trata de un  testimonio  de  oídas,  omitiéndose los fragmentos donde manifestó haber sido  testigo  del  concierto para delinquir, de las extorsiones con las listas negras  y  de  otros  delitos  como  el  homicidio  de Antonio  Cáceres.   

16.   Se   cercenó   el   testimonio  de  Pedro    Antonio    Palencia    Pérez,  en  los  aspectos  en  que señaló, de una parte, a DANIEL   VELÁSQUEZ,  MAGALY  PERALTA,  LUIS  FRANCISCO  RODRÍGUEZ  y   LUIS   MARINA  SIERRA  de  elaborar  una  lista  negra  y,  de  la  otra,  a  ALBERTO CÁRDENAS MONCADA de  ser paramilitar.   

17. Se cercenó el aparte del testimonio de  Leonidas   Orjuela  cuando  declaró  haber  escuchado  que a finales del mes de noviembre los paramilitares  secuestraron    a    Hugo   Combariza   por   orden   de   los  dueños  de  TRASAN,  que  son  AMINTA  LIÉVANO  DE  ACEVEDO, CARLOS ACEVEDO LIÉVANO y  LUZ MARINA ACEVEDO LIÉVANO,  así  como  por  DANIEL, MARINA SIERRA  y        MAGALY  PERALTA.   

18.   Se   cercenó  la  declaración  de  Eivar Solano Rodríguez y el  escrito  por  él  dirigido  a la Fiscalía General de la Nación donde denuncia  que  Nelly  Acevedo se unió  con  los  paramilitares  y  con  la  empresa  de  vigilancia  Capricornio  para,  utilizando  la  amenaza  y  el terror, tomarse las riendas de TRASAN S.A. con el  apoyo   de   DANIEL   VELÁSQUEZ,   MAGALY   PERALTA  y su esposo.   

19. Quebrantó el Tribunal las reglas de la  lógica   y  de  la  experiencia  cuando  otorgó  credibilidad  a  Armando   Rafael   Mejía  Guerra,  alias  “Hernán”,   con   el  argumento  de  que  la  víctima  se  presentó  voluntariamente  al  campamento  paramilitar  simplemente  para  que  la perjudicaran, como también ocurrió con  todo     aquel     que     tenía     problemas     con     los     ACEVEDO,   en  tanto  mientras  aquellos  salían  siempre  perdiendo,  los  dueños  y ejecutivos de TRASAN S.A., quienes  supuestamente  eran  obligados a asistir a las reuniones con dicha organización  delincuencial, siempre salían ganando.   

20.  Se  cercenaron  los  testimonios  de  Alix  Muñoz  de Combariza y  Hugo    Alexánder   Combariza   Muñoz,  pues se omitieron los apartes donde manifiestan haber acompañado  a  Hugo Combariza Rodríguez,  luego    de    ser    liberado,    a    cumplir    las    exigencias    de   los  paramilitares.   

21.  Incurrió el fallador de segundo grado  en  falso  raciocinio  cuando concluyó que el desistimiento del proceso laboral  presentado  por  Hugo  Antonio  Combariza “no puede  constituir  por  sí mismo un acto-efecto delictivo”.  Según  el  demandante,  en  realidad  el  desistimiento  constituyó uno de los  resultados de la extorsión cometido por medio del secuestro.   

22.  También  cometió un falso raciocinio  cuando,  luego  de  relacionar  todas  las  declaraciones,  afirmó que no se ha  establecido   en  forma  indubitable  la  existencia  del  delito  de  secuestro  extorsivo.  De  esa  forma, según el actor, pasó por alto las declaraciones de  Benjamín  Eugenio,  Jorge Iván Laverde y   Yonis  Manuel  González, quienes fueron testigos directos de ese punible.   

23.  Cuando el ad  quem  reprocha a Hugo Antonio  Combariza  por cambiar su versión cada vez que amplía  la  denuncia,  incurrió  en  falso juicio de identidad, pues le cercena a dicha  prueba  la  parte  donde explica lo relativo a los 10 millones que, según supo,  pagó     Nelly    Yamir    Acevedo    por  su  secuestro.  También,  añade  el casacionista, cercenó el  referido  testimonio  en  lo  relativo  al  sitio donde fue llevado, pues en ese  aspecto  no hay ninguna contradicción, máxime si se aprecia en conjunto con la  declaración   de   alias   “Hernán”, la cual también parceló el Tribunal.   

24.  Con  el razonamiento según el cual en  los  Bancos y en la DIAN nunca se encontró dinero destinado a las autodefensas,  incurrió  el sentenciador de segunda instancia en falso juicio de existencia al  omitir  los  documentos de la propia DIAN donde hace requerimientos y sanciona a  TRASAN  S.A.  por  razón  de  ingresos  dejados  de declarar. También, para el  censor,  vulneró  la  regla de la experiencia según la cual las contribuciones  criminales  se  manejan  fuera  de la contabilidad y en efectivo. E, igualmente,  tergiversó  la  prueba  directa, al pasar por alto las declaraciones de quienes  dan  cuenta  sobre  la  entrega  no  sólo  de  dinero sino de contribuciones en  especie,  como  Jorge Iván Laverde, Edwin Arias vivas  y  Eivar Solano.   

25.   Se   cercenó   la   grabación  de  DANIEL      VELÁSQUEZ     VILLAMIZAR,  en  cuanto  la  misma  confirma  la  existencia  de  la  reunión  celebrada  en  las  oficinas de TRASAN con los paramilitares, en cuyo desarrollo  Nelly    Yamir    Acevedo   Liévano   reconoció   que   ella  pagó  10  millones  por  el  secuestro  de  Hugo  Combariza.  Según el  actor,  esa  prueba  demuestra  tanto  la  alianza con los paramilitares como la  existencia del atentado contra la libertad individual en mención.   

26. El Tribunal tergiversó las confesiones  de   DANIEL   VELÁSQUEZ   VILLAMIZAR   y  Pedro  José  Nossa Gómez,   pues   las   desestima   porque   se  hicieron  en  “situación   extraña   o   de  supuesta  amenaza”,  cuando  en  esas  piezas  procesales  para  nada  aparecen  tales  circunstancias.   

27.  Para el actor, en general, las pruebas  son  valoradas  por el Tribunal respecto del secuestro, no así en relación con  el   concierto  para  delinquir,  como  es  el  caso  de  las  declaraciones  de  Golfan  Javier Cruz Rubio, Éver de Jesús Sepúlveda  Areiza   y  Óscar  Ferney  Sánchez  Sánchez,  incurriendo  en  falso  juicio de  identidad.   

28.  La  sentencia  vulnera  el  principio  lógico  de  no  contradicción,  pues a pesar de considerar que la presencia de  los  paramilitares  en  TRASAN  S.A.  no está comprobada, admite tal hecho para  predicar  que  ello  sólo constituye una prueba de la conducta extorsiva de esa  agrupación paramilitar.   

29. Contraría las reglas de la lógica y la  experiencia  catalogar  de  falta  de  seriedad la constancia escrita dejada por  Éver   de   Jesús   Sepúlveda  Areiza,  pues  no  es  posible  pensar  que  alguien  a quien “acaban  de  impactar  con  varios  disparos  en  el  cuerpo para  matarlo,  se  vaya a atrever a decir una mentira acusando a alguien inocente que  no  tiene  nada  que  ver  con  el  atentado,  dejando  impune  a sus verdaderos  verdugos”.   

30.   Cuando   absuelve   a  LUIS   FRANCISCO  RODRÍGUEZ  BLANC0,  la  sentencia   tergiversa   hechos   probados  referentes  a  la  personalidad  del  prenombrado,  en el sentido de tratarse de una persona intolerante que acudía a  la  amenaza para doblegar la voluntad de los trabajadores, según así se deriva  del   informe  de  Luz  Estella  Viera,  funcionaria  del Ministerio de la Protección Social, situación que  lleva  a  creer  en la existencia de las amenazas proferidas por dicho procesado  en  contra  de los trabajadores que reclamaban por cualquier razón, conforme lo  refiere  Edwin  Arias Vivas,  cuya  declaración  también  tergiversa  al no tener en cuenta que el motivo de  enemistad   con   RODRÍGUEZ   BLANCO   es  porque  éste  pretendió  que  sirviera  de  testigo falso y al  negarse  le “montaron” un  proceso de despido.   

31. El fallo también distorsiona la prueba  cuando   considera  que  son  únicamente  los  trabajadores  quienes  acusan  a  RODRÍGUEZ  BLANCO  de haber  participado  en diversas reuniones con los paramilitares, pues también le hacen  tal     señalamiento     Pedro     José    Nossa  Gómez,  abogado  y  compañero  de oficina de aquél,  así  como  los  desmovilizados Yonis Manuel González  y     Jorge     Iván  Laverde.   

32.    En    punto    a    MAGALY   PERALTA  SANABRIA,  LUZ  MARINA  SIERRA  ESPITIA,  ALBERTO  CÁRDENAS  MONCADA  y  LUIS  FRANCISCO  RODRÍGUEZ  BLANCO,  la sentencia de primera  instancia  tergiversa  los hechos cuando refiere que éstos acudieron a una sola  reunión,  pues en verdad, como lo afirmó Jorge Iván  Laverde,   se   trató   de   múltiples   reuniones.   

33.  Los fallos dejaron de aplicar la regla  de  la  experiencia  y  de la lógica, conforme a la cual el contacto permanente  con  los grupos al margen de la ley demuestra la aceptación tácita del acuerdo  criminal de esas organizaciones.   

34.  Al considerar que los procesados antes  mencionados,  por ser empleados de TRASAN S.A., se limitaban a obedecer órdenes  superiores   de   sus  patrones,  las  sentencias  desconocen  la  regla  de  la  experiencia  según  la  cual  ni  siquiera  los  militares  pueden  aceptar  la  obediencia ciega de órdenes de carácter ilegal.   

35.  La  sentencia  de  segunda  instancia  vulnera  el  principio  lógico  de  no  contradicción,  en  cuanto  acepta  la  “multiplicidad”   de  reuniones,   pero  considera  que  se  trata  de  una  afirmación  sin  soporte  probatorio  o  de  un  hecho  fundado  en declaraciones no creíbles. Sobre este  punto,  atribuye  al  Tribunal  incurrir  en  falso  juicio de existencia cuando  omitió  tener  en  cuenta  la  presencia  en  el  proceso  de  declaraciones  y  grabaciones que demuestran la multiplicidad de las reuniones.   

36.  El  ad quem  quebrantó  las  reglas  de  la  experiencia  y  de la  lógica   cuando   valoró   la   tardía  coartada  ofrecida  por  CARLOS  ALBERTO  ACEVEDO LIÉVANO, fundada  la  misma  en  que  tanto él como los demás procesados son víctimas, mientras  los  verdaderos afectados se presentaron voluntariamente ante los paramilitares,  sin  explicar  por qué estos últimos siempre resultaban perjudicados, mientras  a aquellos siempre los favorecían.   

37.  La  sentencia  de  primera  instancia  desconoció  las  reglas  de  la experiencia y de la lógica cuando descartó la  versión    de    Isael   Méndez   Daza  por  el  hecho  de  afirmar  que  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR se desplazó al Catatumbo con el  fin     de     acusarlo     de     guerrillero     con     alias    “Gato”. Según el censor, dicho viaje  no   tenía  como  único  propósito  tal  situación,  sino  otros  objetivos.   

38.  El  a  quo  incurrió   en   falso  juicio  de  identidad  cuando  concluyó  que  LUIS FRANCISCO RODRÍGUEZ y  ALBERTO  CÁRDENAS MONCADA  no  intervinieron  en la elaboración de las listas negras, porque  el  primero  no  tenía  funciones de cartera y el segundo no era empleado de la  empresa.   

En este aspecto, considera que va en contra  de  la  lógica  y  de  las  reglas de la experiencia exigir que para cometer el  delito  de concierto para delinquir se requiere tener un cargo en una empresa, o  ser  socio,  accionista o directivo, pues lo cierto es que corresponde a un tipo  penal  con  sujeto  activo  indeterminado.  Igual yerro de raciocinio, según el  actor,   cometió   el   sentenciador   cuando   relevó  de  responsabilidad  a  LUZ    MARINA    SIERRA    ESPITIA    por  el  hecho  de  haberse vinculado laboralmente con TRASAN S.A. a  partir  del 1º de abril de 2003, pues ella desde mucho antes trabajaba para los  ACEVEDO.   

39.  El  juez  de primer grado incurrió en  falso  juicio  de existencia al no apreciar que DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR, en ampliación de indagatoria,  confirmó  la  realización  de  varias  reuniones con los paramilitares, en las  cuales estuvo presente LUZ MARINA SIERRA.   

40.    Respecto    de    LUIS   FRANCISCO  RODRÍGUEZ  BLANCO,  el  sentenciador  de  primera instancia ignoró la grabación del 26 de noviembre de  2003,  en  la  cual  en  mensaje  cifrado un paramilitar comunica a “Andrés   Bolívar”   la  ejecución  exitosa  del  secuestro  de Hugo Combariza  y comentan sobre la necesidad de avisar de ello al procesado antes  mencionado.   

41. Desconoció las reglas de la experiencia  la  afirmación  del  juez,  según  la  cual el hecho de que alias “Pacho”  se  hubiese  sentado  en  la  silla    de    RODRÍGUEZ    BLANCO    no  indica  su  relación  con  el  financiamiento  del grupo armado  ilegal.   

42.    En    cuanto    a   CARLOS         ALBERTO         ACEVEDO         LIÉVANO,  cuestiona  al  sentenciador  por absolverlo sobre la base de encontrarse viviendo en Venezuela,  pues  se  trataba de San Antonio de Táchira, constituyendo un hecho notorio que  esa   población   está  junto  a  Juan  Frío,  separándolos  sólo  el  Río  Táchira.   

43.  El  a  quo  ignoró   pruebas   demostrativas  de  que  el  antes  mencionado  vivía  en  Cúcuta  para  los  años 2003-2004. Cita como tales las  versiones   libres   de   Nelly   Acevedo   Liévano  y  del  mismo CARLOS ALBERTO  ACEVEDO   del   13   y   14   de   octubre  de  2004,  respectivamente,  el escrito suscrito por Yonis Manuel  González   y   la   declaración   de   Guillermo   Santos  del  27  de  mayo  de  2005.   

44.   En   el   caso   de   ALBERTO  CÁRDENAS  MONCADA, la sentencia  tergiversa   la   declaración   de   Jorge  Olaguer  Guerrero,  pues le atribuye haber dicho que aquél era  paramilitar  cuando  lo  manifestado  por  él es que se trataba de “una   persona   de   mucha   relevancia  o  importancia  en  los  paramilitares de Juan Frío”.   

45.  También en relación con CÁRDENAS  MONCADA,  el fallo distorsiona  el    testimonio    de   José   Reinaldo   Ramírez  Ortega,  cuando  inadvierte  que  éste  lo señala de  haberse      hecho      presente,      junto      con     alias     “Pacho”,  a  la reunión realizada en  la   ciudad   de   Cúcuta,   concretamente,   en   la   casa   de  AMINTA LIÉVANO.   

46.  El  a  quo  no  apreció  el  escrito  aportado  por  Isael  Méndez  Daza,  en donde señala a  LUIS   FRANCISCO   RODRÍGUEZ   BLANCO  de    intimidarlo    para   declarar   a   favor   de   Nelly  Yamir  Acevedo,  como  tampoco  la  declaración  de  Yonis  Manuel González,  quien manifestó que Nelly, CARLOS, LUZ  MARINA,   LUIS   FRANCISCO,  MAGALY,  LUZ  MARINA  SIERRA  y  DANIEL  VELÁSQUEZ  se   reunieron   en   varias   ocasiones   con   los  paramilitares.   

47.  El juzgador ignoró el indicio de mala  justificación  respecto de MAGALY PERALTA,  pues  su  defensor  argumentó, de una parte, que ella asistió a  terapias  durante  casi  todos los días del mes de noviembre de 2003, cuando en  realidad  no  lo  hizo entre el 19 y 27 de ese mes y, precisamente, el secuestro  de  Hugo  Combariza ocurrió  el  25.  Y, de la otra, que estuvo incapacitada entre el 18 de agosto y el 19 de  noviembre  de  2003,  razón  por  la  cual no pudo estar en la reunión de Agua  Clara  realizada  en el mes de marzo de ese año, explicación absurda en cuanto  no coincide en tiempo ni espacio.   

48.       El       “defensor”  tergiversa  el testimonio  de  alias  “El  Iguano”  rendido  el  6  de  febrero  de  2008  cuando  señala  que  él  no  menciona a  MAGALY  PERALTA, lo cual no  es  cierto.  Y los falladores hacen lo propio cuando sostienen que el declarante  no  le  atribuye  función  alguna  en las reuniones, situación tampoco cierta,  pues  su  presencia,  según  éste,  tenía  como  fin recibir el aval del jefe  paramilitar para el manejo de la empresa.   

49.  La  sentencia  ignoró los escritos de  Pedro Enrique Bautista del 9  de   septiembre  de  2005,  Carlos  Humberto  Morales  Duque  del 1º de agosto del mismo año y Norberto  Puerto  Rodríguez  del  1º de  abril  también  de  2005, en donde los aludidos refieren actividades de algunos  paramilitares    en   cuyo   desarrollo   se   relacionaron   con   Nelly  y CARLOS  ACEVEDO.   

50.   El  fallo  no  valoró  el  escrito  presentado   por   José   Francisco   Mejía  Rojas  y   la   declaración   rendida   por   Edwin  Arias  Vivas. El primero manifestó  que  en  el  mes  de  marzo  de  2004  recibió  una orden para presentarse ante  Nelly   Yamir   Acevedo  o  LUZ  MARINA  SIERRA a fin de  transportarlos  a  una reunión con las autodefensas en Agua Clara. Y el segundo  afirmó   que   el   secuestro   de   Hugo  Combariza  lo       organizó       alias       “Pacho”  por  orden  de  Nelly  Acevedo,  AMINTA  LIÉVANO,  CARLOS  ACEVEDO, RAFAL ACEVEDO,  DANIEL  VELÁSQUEZ, LUZ MARINA ACEVEDO, MARINA SIERRA, MAGALY PERALTA, FRANCISCO  RODRÍGUEZ    y  SONIA  RINCÓN.   

51.  Omitió  apreciar  el  testimonio  de  Jesús    Antonio    Alba    Martínez,  quien  dijo  haber  visto reunidos a los comandantes “El    Iguano”    y    “Pacho”  en  varias oportunidades con  AMINTA,  CARLOS,  NELLY,  RAFAEL, LUZ MARINA, MAGALY,  LUIS   FRANCISCO  y  DANIEL  VELÁSQUEZ.   

52.  El  juzgado cercenó las declaraciones  de  Jorge  Olaguer  Guerrero,  Yonis Manuel González  y     Jorge     Iván  Laverde,  al  no tener en cuenta lo dicho por ellos en  el  sentido  de que DANIEL VELÁSQUEZ, MAGALY PERALTA,  LUIS     FRANCISCO     RODRÍGUEZ,     LUZ   MARINA   SIERRA   y   ALBERTO  CÁRDENAS  asistían a reuniones  con    paramilitares    y,    es   más,   según   lo   expresó   Jorge  Olaguer,  aquéllos y SONIA   RINCÓN  los  financiaban  y  les  colaboraban.   

Aparte  de  los  errores antes aludidos, el  casacionista  muestra  inconformidad  con  otras  decisiones  adoptadas  por los  falladores, así:   

a)  En  relación con el tercero civilmente  responsable,  considera  que en cuanto la condena se emite por financiamiento de  grupos  al  margen  de  la  ley,  es  decir,  concierto  para delinquir, se debe  declarar  la  extinción  de  dominio y el comiso de la sociedad TRASAN S.A., de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 67 del Código de Procedimiento  Penal,  dado  que  dicha empresa sirvió de instrumento para cometer la conducta  punible.   

b)  En  cuanto  al  restablecimiento  del  derecho,  le  parece  absurdo que en la sentencia se haya dicho que “las   cosas   han   vuelto   al  estado  anterior”,  cuando  a  Hugo Combariza no  le  han  devuelto  la explotación de la empresa TRASAN S.A., en  dos  de sus licencias como son CARGA Y MIXTOS, así como la de la empresa TRASAN  RADIO  S.A.,  en  su  licencia  de  taxis.  Además,  añade,  el proceso laboral se archivó y a la fecha sus  derechos    para   reclamar   esas   compañías   se   encuentran   prescritos.  Adicionalmente,  pone  de  presente  cómo aquél no es la única víctima cuyos  derechos  no  han  vuelto  al  estado  anterior, pues también se encuentran los  afiliados  a  quienes  les  quitaron  el  dinero con las cuotas y a aquellos que  todavía se las cobran diariamente.   

         De  la  anterior  forma,  reclama se le restituya la tenencia de las  empresas  TAXIS,  CARGA  y  MIXTO,  así  como las licencias para su desarrollo,  ejecución y explotación.   

c)  Estima que los dineros embargados deben  permanecer  en  ese estado hasta tanto las personas con disponibilidad sobre los  mismos,   como   son   AMINTA  LIÉVANO  y    LUZ    MARINA   ACEVEDO   LIÉVANO  se sometan a la justicia y cumplan la orden de captura  vigente.  En  ese  sentido,  manifiesta  que  en  este  caso no era necesaria la  caución, pues la solicitud de embargo la formuló la Fiscalía.   

d)  Junto  con  la  condena  en  contra del  tercero  civilmente  responsable,  pide  informar  al  gerente  de  TRASAN  S.A.  abstenerse  de aceptar solicitudes, requerimientos u órdenes de pago a terceros  que  no  se relacionen con la sociedad, menos si provienen de personas con orden  de captura.   

         e)   Demanda,  finalmente,  se  ordene  la  reparación por los  perjuicios  materiales  causados  con  el  delito y se modifique el monto de los  daños  morales  reconocidos  para  en  vez  de  100  salarios  mínimos legales  mensuales  se  imponga  1.000 salarios de la misma especie. Al respecto, refiere  cómo  su  secuestro  se  produjo  después de habérsele diagnosticado cáncer,  estado  en  el  cual debió padecer la angustia de ese acto delincuencial, amén  de  que al ser despojado de las tres empresas lo dejaron sin recursos para poder  sustentar  a  su  familia,  sin  que durante los 8 años posteriores haya podido  laborar  y, en cambio, ha sido objeto de amenazas e, incluso, de un atentado con  tres  disparos,  uno de los cuales lo dejó semi-inválido. Adicionalmente, pide  se determine el valor de las costas del proceso.   

         Como  colofón, el actor solicita casar la sentencia impugnada para,  en  su  lugar,  condenar  a  todos  los procesados por los dos delitos objeto de  acusación  y, así mismo, declarar a la sociedad TRASAN S.A. tercero civilmente  responsable,  condenarla al pago solidario e integral de los perjuicios causados  y  ordenar  su disolución y liquidación, así como la incautación y posterior  comiso  de  todos  sus  bienes,  incluyendo  la  correspondiente  extinción  de  dominio.   

ALEGATOS DE LOS NO RECURRENTES  

    

1. Defensor de CARLOS ALBERTO ACEVEDO LIÉVANO:     

Solicita,  en  primer  lugar,  rechazar por  extemporáneas  las  demandas  de  casación.  Sustenta  este  pedimento  en  lo  establecido  en  el  artículo  101 de la Ley 1395 de 2010, el cual modificó el  artículo  210  de  la  Ley  600  de 2000. De acuerdo con la nueva disposición,  señala  el  letrado, vencido el término de 15 días para interponer el recurso  de  casación empieza a correr el de 30 días para presentar la demanda, sin que  previamente  deba  proferirse  auto  de sustanciación con el fin de conceder la  impugnación,   como   ocurría  antes  de  la  expedición  de  la  citada  Ley  1395.   

Refiere que el procedimiento antes reseñado  se  aplica  a  partir  del  12  de  julio  de  2010,  fecha de expedición de la  multicitada  Ley  1395,  por  cuya  razón  cobija el presente trámite, pues la  sentencia se emitió dos años después de dicha data.   

En  este  caso,  añade,  a pesar de que la  Fiscalía,  el  Ministerio  Público y la parte civil interpusieron los recursos  de  casación  en  tiempo, apenas presentaron las respectivas demandas los días  16,  17  y  18 de abril de 2013, no obstante que los 30 días vencieron el 15 de  noviembre de 2012, es decir, lo hicieron extemporáneamente.   

En   segundo   lugar,  se  ocupa  de  los  fundamentos  de  las  demandas  de casación, empezando por la presentada por la  Fiscalía,  y  es  así  como,  sobre  el  segundo  cargo, que responde primero,  rechaza  la  estructuración  del  yerro  denunciado,  pues  el Tribunal valoró  integralmente  el  testimonio  de  Jorge Iván Laverde  Zapata,  sólo  que  lo  desechó  por sus manifiestas  contradicciones  y  porque  fue desmentido por Armando  Rafael   Mejía,  Ciprián  Manuel  Valencia  y  Albeiro  Valderrama  Machado.  Igual  ocurrió, añade, con las  demás  declaraciones  arrimadas  por  la  parte  civil,  a  cuyos deponentes el  juzgador  no  les otorgó credibilidad también por sus contradicciones y por su  falta  de exactitud, ser testigos de oídas y porque no concordaban con el dicho  de la víctima.   

En   su   opinión,   tal   proceder  del  ad   quem   no  afecta  la  racionalidad  y  acierto  de  su  decisión,  constituyéndose  la censura en un  criterio   subjetivo  de  los  recurrentes  acerca  del  mérito  de  la  prueba  testimonial,  en cuanto se limitan a aducir el desconocimiento de los principios  de  permanencia  de  la  prueba, motivación, sana crítica e imparcialidad, sin  acreditar tal violación.   

Considera  que la posición personal de los  impugnantes  se  estrella con el criterio del Tribunal, que otorgó credibilidad  a  alias  “Hernán”, por  tratarse  de  un  testigo  veraz,  contundente  y  postulado  a  Justicia y Paz,  “quien  sabe  muy bien las graves consecuencias que  acarrea  mentir  estando en dicho programa”, amén de  que  presenció  los  hechos  en  forma  directa, en su condición de comandante  supremo  de  la  zona  en donde, según el denunciante, permaneció secuestrado,  características   que   no   tienen  los  testigos  presentados  por  la  parte  civil.   

  En cuanto al primer cargo, estima que  el   recurrente   pretende,   igualmente,  imponer  su  criterio  por  sobre  la  valoración   del   Tribunal,   no   obstante  que  esa  corporación  sustentó  razonadamente  los  motivos  por los cuales desechó la prueba testimonial de la  parte  civil.  Así,  insiste  en  que  tanto  el  ad  quem   como  el  a quo  no   otorgaron   credibilidad  a  alias  “El   Iguano”   por   sus  numerosas  contradicciones  y  por haber sido desmentido por los otros paramilitares arriba  aludidos.  Y reitera que en igual sentido procedió frente a los demás testigos  de  la  parte  civil,  en  cuanto  encontró que sus versiones no se ciñen a la  verdad por contradictorias e ilógicas.   

Destaca,  de otra parte, cómo el concierto  para   delinquir   se   atribuyó   por  fomentar  o  patrocinar  a  los  grupos  paramilitares,  fundándose  la  sentencia impugnada en los testimonios de alias  “Hernán”,    alias  “Andrés  Palencia”  y  alias  “Piedras blancas”,  quienes  fungían como comandantes de estos grupos y, en tal sentido, declararon  que  las  reuniones  entre  ellos  y los particulares se hacían bajo amenaza de  muerte,  como  igual  ocurría  con  las  cuotas económicas que exigían, cuyas  afirmaciones  al  ser  efectuadas  por  postulados a la ley de Justicia y Paz le  generaron mayor credibilidad al Tribunal.   

Aborda  luego  la demanda instaurada por el  Ministerio  Público  para replicar que el actor se limitó a enunciar la causal  y    presentar   su   criterio   personal,   sin   precisar   los   “yerros     judiciales     en    la    contemplación    de    la  prueba”,  de  manera  que  el  libelo  carece  de la  demostración  de  la  existencia  de  errores  manifiestos  e,  incluso,  de su  trascendencia.   

Finalmente,  asume  el  estudio  del libelo  allegado  por  el  apoderado  de la parte civil, frente al cual considera que se  trata  de un alegato más, en donde el demandante confunde la enunciación de la  causal  con  la  formulación  del cargo, y cuyos extensos argumentos fueron, en  todo caso, completamente rebatidos por el Tribunal.   

         En  síntesis, respecto de las demandas de la Fiscalía y Ministerio  Público,  solicita  no casar la sentencia. Y en cuanto a la del apoderado de la  parte  civil,  pide  su  inadmisión,  por  no reunir los requisitos mínimos de  forma y contenido que permitan su estudio de fondo.   

    

1. Defensor de SONIA RINCÓN SUÁREZ:     

Demanda  no  casar  la  sentencia impugnada  porque,  contrario  a  lo  argumentado  por  los  libelistas, en la sentencia de  segunda  instancia  sí se hizo un “estudio somero y  detallado”    de   toda   la   prueba   recaudada,  acreditándose  la  inexistencia  de  los  delitos  objeto de acusación y de la  responsabilidad de los procesados.   

Así, considera que el Tribunal valoró cada  uno  de los testimonios de cargo, sin que les otorgara credibilidad por tratarse  de  declarantes  de  oídas,  cuyo conocimiento sobre el secuestro lo obtuvieron  mucho  tiempo  después  de  ocurrido, por ser contradictorios y por alejarse de  las  reglas  de  la  lógica  y  la  experiencia. Por su parte, añade, examinó  integralmente  los  testimonios  de  alias  “Andrés  Palencia”       y       alias      “Piedras  blancas”, quienes declararon  que  en  las  reuniones  y  en  las  cuotas  entregadas  mediaba  la  amenaza de  muerte.   

    

1. Defensor de MAGALY PERALTA SANABRIA:     

Sobre  las  demandas  de  la  Fiscalía  y  Ministerio  Público,  pone  de  presente  cómo  estos  sujetos  procesales  no  interpusieron  apelación  contra la sentencia absolutoria proferida en favor de  su  prohijada,  actitud  que  adoptaron ante la demostración en el juicio de la  ajenidad de la aludida en los delitos objeto de imputación.   

En relación con el libelo del apoderado de  la  parte  civil,  solicita  se  inadmita el mismo, por no reunir los requisitos  mínimos  exigidos  para  sustentar  el  recurso.  Al respecto, considera que el  actor  incurre  en  deslealtad procesal cuando denuncia la falta de apreciación  de      las      grabaciones      realizadas      a      alias      “Pacho”, pues esa prueba no fue nunca  solicitada,  ni  decretada  ni  mucho  menos  trasladada  de conformidad con las  reglas de la Ley 600 de 2000, luego no existe en el proceso.   

A su turno, es del criterio que el reproche  relativo  a  la  falta de apreciación de testimonios y documentos el demandante  no  lo  sustentó  acorde  con  la  debida técnica, por cuanto omitió citar en  forma  integral  las  normas  infringidas, violando el principio de proposición  jurídica completa.   

Finalmente,  estima  que  la  prueba  no se  tergiversó  o  parceló,  como  lo  aduce  el  censor,  sino  que se valoró en  conjunto  con  el  material  probatorio existente, sin que, de otra parte, éste  haya  logrado  demostrar  los  juicios  de valor mediante los cuales el juzgador  desconoció los principios de la sana crítica.   

    

1. Defensor de LUZ MARINA SIERRA ESPITIA:     

Destacando,  igualmente, que la Fiscalía y  el  Ministerio  Público no apelación la sentencia absolutoria, coincide con el  anterior  togado  en  impetrar  la inadmisión de la demanda del apoderado de la  parte  civil,  por semejar un alegato de instancia, en cuanto los planteamientos  allí   expuestos   no   son  presentados  en  forma  ordenada,  lógica  y  con  suficiencia,   incumpliéndose   las  exigencias  formales  requeridas  para  su  admisión.   

En  particular,  cuestiona al libelista por  faltar  a  la  vedad  cuando  alude a la ausencia de apreciación de pruebas que  nunca  obraron  en  el  proceso  y,  en  fin,  por  no concretar los errores que  denuncia ni demostrar su incidencia en el fallo.   

    

1. Defensor de RAFAEL ACEVEDO LIÉVANO:     

En relación con la demanda de la Fiscalía,  estima  que  el  impugnante  omite  advertir  la  falta  de  credibilidad de los  testigos  de  cargo,  en cuanto sobre el secuestro incurren en contradicciones y  desconocimiento  de  las  reglas de la experiencia, mientras frente al concierto  para  delinquir  son  de  oídas,  no  han  sido corroborados, sus versiones son  mentirosas e incoherentes y no justifican la razón de su dicho.   

Refiere  que  su  procurado no tuvo ninguna  participación  en  los  hechos,  pues  no  tenía  la condición de empleado ni  accionista  de  TRASAN  S.A.  y  para  la  fecha  de  su  ocurrencia residía en  Venezuela.  De  todas formas, es de la opinión que en este caso no se probó la  entrega  de  dineros  a  las autodefensas, amén de que la presión ejercida por  esas  organizaciones  no  puede  confundirse con la financiación voluntaria. En  fin,   considera   que  el  único  testigo  creíble  es  el  comandante  alias  “Hernán”.   

Sobre la demanda del Ministerio Público, le  cuestiona   limitarse   a   transcribir   algunos  testimonios  sin  analizarlos  exhaustivamente  ni  desarrollar  las  causales  invocadas,  de  manera  que  ni  siquiera reúne los requisitos para su admisión.   

En   lo  correspondiente  al  libelo  del  apoderado  de  la  parte  civil,  sostiene  que  el  testimonio  de Hugo  Combariza  no  es  creíble por sus  contradicciones,  por  el  odio  que  demostró  hacia  la  familia ACEVEDO    y   por   ser  altamente  sospechoso.   Tampoco,   en   su  sentir,  es  digno  de  crédito  Jorge   Iván   Laverde  ni  los  demás  testigos  de  cargo,  pues  lo  único que buscan es obtener beneficios legales,  amén  de haber sido inducidos por la parte civil para comprometer a la referida  familia.  En  particular,  considera  que las declaraciones de los paramilitares  desmovilizados   se   contradicen,   amén   de   ser   de   oídas  y  bastante  vagos.   

Con  todo,  el  letrado  censura  las  tres  demandas  por  desatender los requisitos de fundamentación exigidos legalmente,  en  cuanto en ellos brilla por su ausencia una exposición lógica y sustentada,  de  modo  que  no demuestran los yerros enunciados ni su incidencia en el fallo,  resultando  inidóneas  para  desvirtuar  sus  conclusiones,  y  en  ese sentido  solicita inadmitirlas.   

    

1. Defensora de LUIS FRANCISCO RODRÍGUEZ BLANCO:     

Con argumentos similares a los expuestos por  el   defensor  de  CARLOS  ALBERTO  ACEVEDO  LIÉVANO  solicita,  en  primer  lugar,  rechazar la demanda del  apoderado de la parte civil, por presentación extemporánea.   

En segundo lugar, reclama su inadmisión por  falta  de interés, en cuanto el hecho punible por el cual la Fiscalía acusó a  RODRÍGUEZ  BLANCO para nada  se  relaciona  con  el  secuestro  que  Hugo Combariza  denunció,  al  punto que contra dicho procesado éste  nunca presentó demanda de parte civil.   

Por  último,  pide inadmitir la demanda de  casación  por  no  cumplir  las exigencias mínimas de forma y contenido ni los  requerimientos  de  la  técnica  casacional,  en  cuanto se trata de un alegato  más,   cuyos   argumentos  fueron  rebatidos  totalmente  por  el  Tribunal  de  instancia.   

    

1. El     apoderado     de    TRASAN    S.A.,    tercero    civilmente  responsable:     

Solicita   rechazar   las   demandas  por  presentación  extemporáneas,  en  cuanto  para  la  sustentación  del recurso  extraordinario  se contaba hasta el 15 de noviembre de 2012, pero los libelos se  allegaron en abril de 2013.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

         Inicialmente,  solicita  decretar  la  nulidad  del auto mediante el  cual  la  Corte admitió las demandas de casación y, consecuentemente, disponer  la     inadmisión     de    las    mismas    por    extemporaneidad    en    su  presentación.   

         Al  efecto,  advierte  que  el  término  para  sustentar el recurso  extraordinario  venció  el  15  de  noviembre  de  2012, no obstante lo cual la  secretaría   de   la  Sala  Penal  del  Tribunal,  sin  que  existiera  ninguna  circunstancia  o  motivo justificante, revivió la oportunidad para el efecto al  establecer  como  tal  del  1º  de marzo al 18 de abril de 2013, situación que  habilitó  a  los  recurrentes para presentar las demandas los días 16, 17 y 18  de  los  precitados  mes y año, implicando ello un presunto quebrantamiento del  debido proceso.    

         Con  todo,  pasa a pronunciarse acerca de las demandas de casación,  conforme a los fundamentos que a continuación se resumen:   

         DEMANDA INSTAURADA POR LA FISCALÍA.   

Destaca cómo el paramilitarismo arribó al  Norte   de  Santander  en  mayo  de  1999  a  través  del  Bloque  Catatumbo  o  “Frente   Fronteras”,  llegando  a  ejercer  total  control  territorial  en  la  ciudad  de  Cúcuta y  municipios  aledaños  y  cuya  financiación  la obtenían de las extorsiones o  vacunas  a  todos  los  gremios  productivos  del  sector,  aun  cuando también  utilizaron  a  la  empresa  TRASAN S.A., pues con la colaboración de la familia  ACEVEDO  y  sus directivos,  fijaron  primero una cuota mensual de $10.000.000, luego otra de $50.000.000 por  concepto  de  vacuna  a  todos  los  propietarios  de  busetas,  producto  de la  recolección  de  $7.000  semanales  por  vehículo  y, por último, una suma en  cuantía       variable       por      “favores  recibidos”,  así  como municiones, armas y material  de intendencia.   

         Según  el  representante  de  la sociedad, los anteriores hechos se  desprenden    del    recaudo   probatorio,   como   lo   ratifica   Hernando  Acevedo  Liévano, quien relató  que  su  progenitora lo sacó de la empresa con ayuda de los paramilitares, y lo  expusieron   DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR,  Rolando  Enrique  Bayona  Cárdenas,  Pedro José Nossa Gómez y  LUZ  MARINA  SIERRA ESPITIA,  quienes  refieren  la  presencia  del  grupo ilegal en la empresa, así como las  reuniones  con  sus  directivos  y  con  miembros  de  la  familia  ACEVEDO.   

         Alude  también a la declaración de paramilitares reinsertados como  Jorge  Iván  Laverde, quien  manifestó  que  la organización tenía compromisos directos con los dueños de  TRASAN  S.A.,  y  como  Óscar Ferney Sánchez, Golfan  Javier   Cruz,   Éver   Jesús   Sepúlveda,  Edwin  Arias  Vivas  y  Reinaldo  Ramírez  Ocampo,  quienes  dieron  cuenta  acerca  del  contacto  directo  con  los  directivos  de  dicha  empresa,  así  como  de los temas tratados y compromisos  adquiridos,  conllevando  a consolidar una alianza o ayuda mutua, respecto de la  cual  por  el  lado de la familia ACEVEDO estaban   AMINTA  LIÉVANO  DE  ACEVEDO,  CARLOS  ACEVEDO LIÉVANO, LUZ MARINA ACEVEDO LIÉVANO y  RAFAEL  ACEVEDO  LIÉVANO,  quienes  podían  y  tenían cómo hacer “aportes”  al   grupo   armado   ilegal,  por  cuya  razón  son  responsables  a  título  de  coautores  del  delito de concierto para delinquir  agravado por financiar dicha organización paramilitar.   

         Para  el  Ministerio Público, por tanto, el Tribunal no apreció la  prueba  de  forma  conjunta  y  desconoció  las  reglas  de la sana crítica al  conferirle      credibilidad      únicamente      a      alias     “Hernán”,  ignorando  que los hechos  punibles  sucedieron  en el contexto de una bien organizada estructura criminal,  que    los    procesados    utilizaron    en    beneficio    de    sus   propios  intereses.   

         En  cuanto  a  los demás procesados, empleados de la empresa TRASAN  S.A.,  avizora  la  existencia  de  dos  grupos,  uno integrado por DANIEL    VELÁSQUEZ    VILLAMIZAR    y  SONIA  RINCÓN SUÁREZ, cuya  participación    consistió    en   facilitar   a   la   familia   ACEVEDO    su    relación    con   los  paramilitares  al  omitir  contabilizar los pagos efectuados al grupo ilegal, lo  que  los  ubica  en  condición  de  cómplices  en  la ilicitud. El otro grupo,  añade,  está conformado por MAGALY PERALTA SANABRIA,  LUZ  MARINA SIERRA ESPITIA, LUIS FRANCISCO RODRÍGUEZ y  ALBERTO  CÁRDENAS  MONCADA,  quienes  no contaban con los medios económicos ni tenían interés en financiar  a  las autodefensas, amén de haber sido obligados a asistir a las reuniones con  los  miembros  de  esa  organización  ilegal,  por  lo  cual  fueron declarados  inocentes.   

         En  relación  con el delito de secuestro extorsivo, es del criterio  que  en  desarrollo  de  la  alianza o contubernio entre la familia ACEVEDO      y     el     “Frente  Fronteras”,  los miembros de  esa  agrupación  armada  ilegal  le prestaron un servicio especial a la empresa  TRASAN  S.A.,  al privar de la libertad a Hugo Antonio  Combariza    Rodríguez,   a   quien   llevaron   al  corregimiento   de   Juan   Frío   ante   el   comandante   alias  “Pacho”,  con  el  fin de obligarlo a  firmar  unos  documentos y a desistir de una demanda laboral. La presencia de la  víctima  en ese lugar, señala el Procurador Delegado, es corroborada por alias  “Hernán”,  aun  cuando  aduciendo  que  fue  voluntaria, postura desvirtuada con la prueba recaudada, la  cual  da  cuenta que Combariza Rodríguez no  había  planificado  tal  viaje, en tanto se hallaba sin camisa,  sin  calzado adecuado y sin las gafas que usaba, conforme lo corrobora su esposa  Alix  Sofía, quien además  confirmó  que  el  mismo  día  de  su retención aquél acudió a presentar el  desistimiento   de  la  demanda  laboral.   

         Cuestiona  de  esa  manera  al  Tribunal no examinar en contexto los  hechos  ni en forma conjunta las pruebas allegadas, desconociendo los principios  de  la  persuasión  racional  y  las  reglas de la sana crítica cuando otorgó  plena  credibilidad  a alias “Hernán”,  en  cuanto  afirmó  la  inexistencia  del  secuestro.  Sobre  la  responsabilidad  en  ese punible, señala como únicos interesados en el mismo a  los  propietarios  de  la  empresa  TRASAN  S.A.,  entre  quienes  se encuentran  AMINTA LIÉVANO DE ACEVEDO y  LUZ     MARINA     ACEVEDO    LIÉVANO.   

         DEMANDA INSTAURADA POR EL APODERADO DE LA PARTE CIVIL:   

         Reclamando  examinar  la  prueba  dentro  del  contexto  en  el cual  ocurrieron  los  hechos,  esto  es,  la  injerencia  de las A.U.C. en el ámbito  nacional  y  regional,  especialmente, en el Norte de Santander, sostiene que en  este  caso  resulta  indiscutible  el  contubernio  entre  los  paramilitares  e  integrantes  de  la  empresa TRASAN S.A., según así lo evidencia el testimonio  de    Jorge    Iván   Laverde   Zapata,  quien  dio  cuenta  de  las reuniones y los pagos que hacían los  miembros   de   la   familia   ACEVEDO  a  dicha  agrupación ilegal, así como las declaraciones del propio  hijo   de  AMINTA  LIÉVANO  DE  ACEVEDO,     de     nombre    CARLOS    ACEVEDO  LIÉVANO, quien narró la forma como su progenitora lo  sacó  de  la  empresa  con  ayuda  de  los  paramilitares  y  de otras acciones  ejecutadas  con  apoyo  de  ese  grupo  ilegal  para  arreglar  las  diferencias  familiares y financiar al mismo.   

         A   esas   probanzas   agrega   los   testimonios   de  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR,  Rolando  Enrique Bayona Cárdenas,  Pedro    José    Nossa    Gómez    y   LUZ  MARINA  SIERRA ESPITIA, a quienes les  constan   reuniones   de   Nelly   Acevedo  Liévano  con  los paramilitares, así como las declaraciones de  paramilitares    desmovilizados    como    es    el    caso    de   Óscar   Ferney   Sánchez,   Golfan   Javier   Cruz   y   Eivar  Solano  Rodríguez,  quienes dieron cuenta de las relaciones existentes con la empresa  TRASAN S.A.   

Para el Ministerio Público, los testimonios  de  los  desmovilizados,  incluido  el  de Jorge Iván  Laverde,  merecen  plena credibilidad, si se tienen en  cuenta  las  leyes  vigentes que los obligan a decir la verdad so pena de perder  los  beneficios  que  han  recibido.  Por tanto, juzga errada la valoración del  Tribunal   al  dar  crédito  a  alias  “Hernán”  y  desechar  las  versiones de los otros paramilitares  con   el   argumento   de   ser   testigos   de  oídas  y  haber  incurrido  en  contradicciones.   

Con  relación  a  las  declaración de los  empleados  o  asesores de TRASAN S.A., considera que existen serios motivos para  creerles,  pues  estuvieron  vinculados de manera directa con las actividades de  la  entidad,  conocieron  su  rol,  quiénes eran sus directivos, los conflictos  internos  de  poder  y la forma utilizada para solucionarlos, esto es, a través  de  los  paramilitares,  aspecto  evidenciado  también con la grabación de las  conversaciones  sostenidas  entre  alias  “Pacho”  y    MAGALY    PERALTA  SANABRIA  y  entre  el  primero  y una de sus amantes,  quien aspiraba a ingresar a TRANSA S.A.   

En su criterio, todas esas pruebas confirman  la   existencia  del  delito  de  concierto  para  delinquir,  cometido  con  un  propósito  delictivo  indeterminado,  así como la responsabilidad en cabeza de  los procesados.   

Estima que la prueba testimonial, documental  e  indiciaria también demuestra la ocurrencia del secuestro extorsivo objeto de  acusación.  Así,  dice,  se  desprende  de  la  declaración  de  Hugo   Antonio   Combariza,   deponencia  corroborada   por   Edwin   Arias  Vivas,  quien manifestó que a raíz de la deuda por $120.000.000 a cargo  de  TRASAN  S.A.,  Nelly, su  mamá  AMINTA, CARLOS  ACEVEDO,  RAFAEL  ACEVEDO,  DANIEL  VELÁSQUEZ,  LUZ MARINA  ACEVEDO,  LUZ  MARINA  SIERRA, MAGALY PERALTA, FRANCISCO RODRÍGUEZ y  SONIA RINCÓN  organizaron   y  dieron  orden  a  alias  “Pacho”  de planear el secuestro.   

La  ocurrencia del mencionado punible, para  el   Delegado,   es   confirmada   con   las   declaraciones   de   Benjamín     Eugenio,    Alix    Sofía   Guzmán,   Hugo  Alexánder Combariza, Dagoberto Colmenares Uribe y           del           mismo          alias          “Hernán”, quien aceptó la presencia  de  la  víctima  en  el  corregimiento  de  Juan  Frío  con alias “Pacho”.   

Las  aludidas  pruebas,  en  su concepto,  demuestran  que  la  finalidad  del secuestro era el desistimiento de la demanda  laboral,  el  cual  no  fue  voluntario  sino  obligado, conforme se infiere del  sentido  común, determinación que beneficiaba únicamente a los propietarios y  socios  de  la  empresa.  En  ese  sentido,  juzga contrario también al sentido  común,  así  como  a  las reglas de la lógica y la experiencia desestimar las  pruebas   de   cargo,   en   tanto   Hugo  Combariza  fue  arrebatado  de  su casa en pantaloneta, chanclas,  sin  camisa  y  gafas, amén de que el desistimiento de la demanda se presentó,  precisamente, una vez producida la liberación de la víctima.   

En  esas condiciones, no estima creíble el  testimonio    de   alias   “Hernán”,  respecto  de  quien  el Tribunal no efectuó un serio estudio del  por  qué  acogió  de  manera  exclusiva  su  versión, yendo en contravía del  accionar  de los grupos delincuenciales que recurren al secuestro extorsivo para  financiar su ilegal causa.   

DEMANDA      DEL      MINISTERIO  PÚBLICO:   

Remitiendo a las respuestas ofrecidas frente  a  las  anteriores  demandas,  el  Delegado de la Procuraduría considera que el  Tribunal  se  equivocó cuando concluyó en la inexistencia de la financiación,  pues  las  pruebas demuestran la indiscutible alianza de los directivos y socios  de  TRASAN  S.A.  con  los  paramilitares. Al efecto, alude a los testimonios de  Jorge  Iván  Laverde,  DANIEL VELÁSQUEZ VILLAMIZAR,  Luis  Hernando  Angarita  Mendoza,  Edwin Arias Vivas, Leonidas Orjuela Salazar,  Pedro   Enrique   Bautista,   José   Reinaldo   Ramírez   Ortega  y  Pedro  José  Nossa Gómez,    así   como   a   la   grabación   tomada   por   Hugo     Combariza    a    Daniel  Velásquez, en la que este último  informó   sobre   las   reuniones  y  colaboración  de  TRASAN  S.A.  con  los  paramilitares.   

Respecto  de la citada grabación, califica  de  equivocada  la  decisión  del  Tribunal  de  desecharla  por  ilegal, pues,  conforme  lo  tiene precisado la jurisprudencia de la Corte Suprema, la víctima  no  necesita  autorización de autoridad competente para preconstituir la prueba  del delito.   

Frente  a  las  tres demandas en cuestión,  incluida  la  del  apoderado  de  la parte civil, el Procurador Tercero Delegado  impetra,  en  todo  caso, casar la sentencia impugnada para que, su lugar, cobre  vigencia  el  fallo  condenatorio  de primera instancia.     

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Cuestiones previas:   

         1.  Sea  del  caso  advertir,  ante  todo, que la Sala no tendrá en  cuenta  los  alegatos  presentados, a modo de sujetos procesales no recurrentes,  por   los  procesados  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR  y   LUZ   MARINA  ACEVEDO  LIÉVANO,  por cuanto no acreditaron en el curso de la  actuación  su  condición  de  abogados.  Esa  la  razón  por  la  cual  no se  resumieron en el acápite pertinente de la presente decisión.   

         En  relación  con  lo anterior, es necesario señalar que así como  para  presentar  la  demanda  de casación se requiere, conforme lo establece el  artículo  209  de  la  Ley  600 de 2000, ostentar la referida condición, de la  misma  manera  resulta  imprescindible  reunir  tal calidad para responderla. El  fundamento  de  la  exigencia  establecida  en  esa  disposición lo explica: la  elaboración  del  libelo  casacional requiere unos conocimientos especializados  que  sólo  están  al  alcance  de los profesionales del derecho. Por lo mismo,  quien  pretenda  cuestionar  su  sustento deberá, igualmente, ser abogado, pues  únicamente  de  esa  manera  la  réplica  tendrá posibilidad de éxito.    

         2.  Ahora  bien,  atendidas las peticiones de algunos de los sujetos  procesales  no  recurrentes  y del Procurador Delegado, la Sala se pronunciará,  primeramente,   frente   a  la  afirmada  extemporaneidad  de  las  demandas  de  casación.   

De  conformidad  con  lo  establecido en el  artículo  101 de la Ley 1395 de 2010, modificatorio del artículo 210 de la Ley  600  de 2000, el recurso extraordinario de casación debe interponerse dentro de  los  quince  (15) días siguientes a la última notificación de la sentencia de  segunda  instancia,  mientras  la respectiva demanda habrá de presentarse en un  término común posterior de treinta (30) días.   

         En  el  presente  caso,  la última notificación de la sentencia de  segundo  grado se efectuó por edicto, fijado por la secretaría del Tribunal el  14  de  agosto  de 2012 y desfijado el 16 siguiente, luego el término de quince  días  empezó  a  correr  el  17  de  los  mismos  mes y año y venció el 7 de  septiembre  postrero.  El  31 de agosto de esa anualidad el fiscal delegado y el  apoderado  de  la  parte civil interpusieron el recurso extraordinario, mientras  el  5  de  septiembre  posterior  hizo lo propio el representante del Ministerio  Público,   lo   cual  significa  que  se  manifestaron  al  respecto  en  forma  oportuna.   

         Mediante  auto de sustanciación del 10 de septiembre del mismo 2012  el  Conjuez  ponente  concedió  las  impugnaciones, disponiendo notificar dicha  decisión,  lo  que,  en  efecto, se cumplió el 25 de febrero de 2013 a través  del  mecanismo  supletorio  del  estado,  produciéndose  su ejecutoria el 28 de  febrero  siguiente,  por  cuya  razón  el término para la presentación de las  demandas,  según  así  lo  informó  la secretaría del Tribunal en constancia  obrante  al  folio 477 del cuaderno # 2 de esa corporación, empezó a correr el  1º  de  marzo  y  venció el 18 de abril. En esa última data allegó el libelo  casacional  el Ministerio Público. Por su parte, la Fiscalía y el apoderado de  la  parte  civil  lo  entregaron  los  días  16  y 17 de los mismos mes y año,  respectivamente.   

         En  decisión  del  22  de abril de 2013 dictada dentro del radicado  39055,  la  Sala  de  Casación  Penal de esta Corporación fijó el alcance del  artículo  101  de  la Ley 1395 de 2010, determinando que los lapsos de 15 días  para  la  interposición  del  recurso  de  casación  y  de  30  días  para la  presentación   de   la   respectiva   demanda   deben   transcurrir   en  forma  ininterrumpida,  esto  es,  sin  solución de continuidad, de manera que una vez  expirado  el  primero  empieza  a correr el segundo, sin necesidad de truncar el  trámite  para  enviar  el proceso al magistrado ponente a efecto de conceder la  impugnación.   

         Si   se   aplicara  a  pie  justillas  la  anterior  jurisprudencia,  resultaría  clara la extemporaneidad de las demandas presentadas en el presente  caso,  pues  los  30 días debieron empezar a contarse desde el 10 de septiembre  de  2012,  venciendo el 14 de noviembre siguiente, esto último por cuanto entre  el  17  de octubre y el 7 de noviembre se suspendieron los términos a raíz del  paro  judicial  llevado  a cabo en esa época, conforme la constancia obrante al  folio 406 del cuaderno # 2 del Tribunal.   

         Al  respecto, es necesario recordar el criterio de la Corte conforme  al  cual  las  constancias de los servidores judiciales dejadas en desarrollo de  sus  labores  no  revisten  la  virtualidad  para alterar los términos legales,  máxime  si  es deber de los sujetos procesales estar atentos a su cómputo (CSJ  AP,  11  de dic. de 2013, rad. 42678). Sin embargo, como lo ha dicho también la  Sala,  dicha  regla  se  excepciona cuando hay lugar a aplicar los principios de  buena  fe  y  confianza  legítima. Sobre estos axiomas, en CSJ AP, 2 de may. de  2011, rad. 35807, se expresó lo siguiente:   

“…  un  postulado  esencial de nuestro  ordenamiento  jurídico,  consagrado  en  el  artículo  83  de la Constitución  Política,  es  el de la buena fe, que se presume en todas las actuaciones entre  particulares  y  las  autoridades  públicas.  De  manera  pues que éstas deben  proceder  con  lealtad,  de  donde surge para los administrados confianza en sus  actos,  en  sus decisiones, hasta el punto que esa confianza puede ser reclamada  ante  aquéllas  cuando  se les pretenda imponer cargas innecesarias o que vayan  en   contravía   de   actos   desplegados   por   un  funcionario  que  generó  seguridad.   

   

La confianza legítima es, bajo ese orden,  consecuencia  directa  del  principio  de  la  buena fe, toda vez que permite el  control  del  abuso del derecho. Así, por ejemplo, la actuación del secretario  de         un        despacho        judicial1     compromete     a    la  administración  de  justicia,  hasta  el punto que sus errores pueden conllevar  responsabilidad  del Estado por falla en la prestación del servicio2.   

Bajo  ese  orden  -ha  sostenido  la Corte  Constitucional-  no  existe  justificación para que el equívoco del secretario  de  un  Juzgado,  en  torno  al  término de notificación, se le impute a quien  está  siendo  procesado, pues éste depositó su confianza en dicho funcionario  y  se  acogió a lo dispuesto en la constancia dejada por aquél. Por manera que  las  consecuencias del error cometido por el empleado del juzgado no se le puede  trasladar         a         las        partes3.  Si el empleado del despacho  judicial  informó mal sobre un término dentro del cual habría de interponerse  el  recurso,  ello  no  puede  ser  trasladado  a la parte que confió en ello y  actuó    dentro    de    los   parámetros   indicados   por   el   funcionario  judicial4.   

Como lo anunció la Corte Constitucional en  la  sentencia  T-538  de  1994,  el  legítimo derecho de defensa de los sujetos  procesales  no  puede  sacrificarse  por  el equívoco de un secretario o de una  autoridad   judicial.  Preciso  resulta,  entonces,  que  en  las  instancias  o  inclusive  en  sede  de casación se reconozca el error cometido pero se respete  la  actuación  de la parte que arropada por el principio de confianza legítima  actuó o dejó de hacerlo.   

Las autoridades judiciales deben responder  por  sus  errores,  de  donde se desprende que las consecuencias que de ellos se  generen  no pueden ser trasladadas a los administrados, en tanto se desconoce la  confianza  legítima  de  éstos en aquellas y se castiga el derecho de defensa.   

En   efecto,   el  administrado  confía  legítimamente  en  que el procedimiento que ha adelantado la administración se  halla  conforme  a  las  normas y que el mismo cumplió con todos los requisitos  exigidos.  De  modo  que  cuando  esa  confianza  se  desconoce,  es evidente la  trasgresión del debido proceso”.   

         Resulta  claro  que  la  extensión de los términos legales para la  presentación  de  las  demandas  de  casación  ocurrió  por  la decisión del  Tribunal   de   disponer   la  concesión  de  los  recursos  mediante  auto  de  sustanciación  y,  más  aún,  de ordenar la notificación de esa providencia.  Ello  obligó  al  secretario  de  la  mencionada  corporación  a  adelantar el  respectivo  trámite de comunicación que culminó con la fijación de estado el  25 de febrero de 2013.   

         Observa  la  Corte,  además,  que  el Tribunal optó por aplicar en  este  caso las normas legales vigentes antes de la expedición de la Ley 1395 de  2010,  sin  advertir  que la misma empezó a regir el 12 de julio de 2010, luego  sus  disposiciones  entraban  a  regular  este  proceso,  de  conformidad con lo  previsto  en  el  artículo  40  de  la  Ley 153 de 1887, acorde con el cual las  normas  de carácter procesal son de aplicación general inmediata y rigen hacia  el  futuro, salvo en los eventos en que los términos hubiesen empezado a correr  y  las  actuaciones  y diligencias hubiesen iniciado, caso en el que se regirán  por la ley vigente al tiempo de su iniciación.   

         Ciertamente,  antes  de  la expedición de la Ley 1395 lo relativo a  la  oportunidad  para  interponer  y sustentar el recurso de casación se regía  por  las  normas del Código de Procedimiento Penal de 1991 (Decreto 2700 de ese  año),  por  cuanto  las  mismas  revivieron  a  raíz  de  la  declaratoria  de  inexequibilidad  de  los  incisos  primero y segundo del artículo 210 de la Ley  600   de  20005.  El  artículo 224 del ordenamiento procesal de 1991, en su inciso  primero,   establecía  que  si  se  interponía  oportunamente  el  recurso  de  casación,   “quien  haya  proferido  la  sentencia  decidirá  dentro  de  los  tres  días  siguientes  si lo concede, mediante   auto   de   sustanciación”  (Destaca         la         Corte).   

         La  jurisprudencia  de  la Sala determinó en su momento que el auto  mediante  el cual se concede el recurso de casación debía notificarse. Así en  CSJ  SP, 29 de may. de 2003, rad. 20309, reiterada en CSJ SP, 3 de jul. de 2003,  rad. 19430, se dijo lo siguiente:   

“Sobre  este  punto no le asiste razón,  toda  vez  que,  como lo ha sostenido la Sala, el auto por el cual se concede el  recurso  de  casación  si  bien  es  de  sustanciación,  de  todos modos es de  aquellos   que  debe  notificarse  y,  por  ende,  cuenta  con  un  término  de  ejecutoria,  ya que constituye una garantía para los sujetos procesales conocer  sobre  la  concesión  y  trámite  del recurso interpuesto que se surte ante el  juzgador  de  segunda  instancia, con el fin de que el libelo se presente dentro  de  los  30  días hábiles y, además, los no recurrentes tengan la oportunidad  de   presentar,  en  los  15  días  siguientes,  las  alegaciones  que  a  bien  tengan”.   

         Fue,  pues, en tal contexto que el Tribunal decidió no sólo dictar  auto  de sustanciación para conceder los recursos sino ordenar la notificación  de  esa  providencia.  Pero, es de advertir, el yerro de la aludida corporación  lo  provocó  la  falta de claridad que en algunos operadores judiciales generó  el  texto  del  artículo  101  de la Ley 1395 de 2010, cuyo sentido, por tanto,  debió  ser  precisado  por  la  Corte  en  la decisión del 22 de abril de 2013  arriba  citada,  es  decir,  días  después de surtirse el traslado de 30 días  para presentar las respectivas demandas de casación en este caso.   

         Por   supuesto,  esa  equivocación  no  puede,  en  manera  alguna,  trasladarse  a  los sujetos procesales, quienes actuaron de buena fe y aferrados  al  principio  de confianza legítima, en cuanto entendieron que el proceder del  Tribunal  y,  consecuentemente,  el de su secretario, se sujetaba a la ley y, de  manera  concreta,  al procedimiento vigente, máxime cuando, ciertamente, era el  que  venía  aplicándose  por  esa corporación, con apego en la jurisprudencia  emitida hasta ese momento.   

         Siendo  así  la  situación,  resulta imperioso dar por presentadas  oportunamente  las  demandas  de  casación,  en  su  momento  admitidas  por la  Corte.   

         Decisión  de  fondo:            

         Habida  cuenta  que las demandas casacionales fueron admitidas en su  oportunidad,  los  desaciertos  advertidos  en  su  confección  se entienden ya  superados,  por  cuya  razón es deber de la Corte, conforme constituye criterio  ya  consolidado  de  su  jurisprudencia,  pronunciarse de fondo sobre los cargos  allí formulados.   

Ahora bien, como los errores denunciados en  las  tres  demandas  se  orientan  a  demostrar  que  el  Tribunal  efectuó una  equivocada  apreciación  del recaudo probatorio al punto de llevarlo a absolver  a  todos los procesados cuando, de acuerdo con los recurrentes, tal decisión no  procedía  en  este  caso, ya fuere totalmente (libelo del apoderado de la parte  civil)  o  bien parcialmente (libelos de la Fiscalía y Ministerio Público), la  Sala las examinará  en forma conjunta.   

         Para  ello, inicialmente resumirá los fundamentos de las sentencias  de  instancia.  Luego  verificará  si  los  juzgadores  incurrieron o no en los  yerros  que se les atribuye, cuyo análisis comprenderá la determinación de si  las  pruebas  demuestran  la ocurrencia de los delitos objeto de acusación y la  consiguiente  responsabilidad  de los procesados, empezándose por el punible de  concierto  para  delinquir  y  siguiéndose  por  el de secuestro extorsivo. Por  último,  de  ser  el  caso,  se  abordará  lo  relacionado  con las peticiones  adicionales   que   formula   el   apoderado   de  la  parte  civil.           

     

I. Fundamentos de las sentencias de instancia:     

     

a. El juzgado:     

1.  La  ocurrencia  del delito de secuestro  aparece  demostrada  con las versiones de Hugo Antonio  Combariza,  Benjamín  Eugenio,  Gonzalo  Laguado  Osorio,  Dagoberto Colmenares  Uribe,  Jorge  Iván  Laverde,  Armando Mejía Guerra, Hugo Alexánder Combariza  y     Alix     Sofía  Muñoz,  así  como  con  la  copia  del  escrito  de  desistimiento  presentado  ante  el  Juzgado  3º  Laboral  del  Circuito por el  afectado.   

         Sobre    el    testimonio    de   Mejía  Guerra,           alias          “Hernán”,     el     a   quo  rescata  su  afirmación  en  el  sentido    de    que    Hugo   Combariza,  efectivamente,  el  día  25  de  noviembre  de 2003 estuvo en el  corregimiento  de  Juan  Frío  y  fue  atendido  por el comandante “Pacho”.  Sin  embargo,  no le merece  credibilidad  cuando  señaló  que  la  víctima hizo presencia en ese lugar de  manera voluntaria   

         Con  las  reseñadas  pruebas  encuentra acreditado que Hugo  Combariza  fue secuestrado para ser  llevado  al  corregimiento  Juan  Frío, cuyo propósito era hacerle firmar unos  documentos  y  obligarlo a desistir de la demanda instaurada en contra de TRASAN  S.A.   

2.  El concierto para delinquir, a su tuno,  lo    declara    probado    con   el   escrito   presentado   por   Hernando  Acevedo  Liévano con destino al  proceso  ejecutivo  2005-00343,  así  como  con los testimonios de DANIEL    VELÁSQUEZ    VILLAMIZAR,    Rolando    Enrique    Bayona  Cárdenas, Pedro José Nossa  Gómez,  Jorge  Iván Laverde, Óscar Ferney Sánchez, Golfan Javier Cruz, Éver  Jesús  Sepúlveda,  Edwin  Arias  Vivas y Reinaldo Ramírez Ortega.   

Esas  pruebas  demuestran el contubernio de  los  paramilitares  con influencia en el departamento del Norte de Santander con  la  empresa TRASAN S.A., de la que aquéllos recibían apoyo económico, la cual  comprendía  una cuota mensual de 10 millones de pesos, otra cuota mensual de 50  millones  de pesos por concepto de vacunas a todos los propietarios de busetas y  otras  ayudas,  entre  ellas  suministro  de  municiones,  armas  y  material de  intendencia.   

3.  En  punto  a  la responsabilidad de los  procesados  por  el  delito  de  concierto  para  delinquir,  considera  que  el  testimonio   de   Jorge   Iván  Laverde,    corroborado    con    las    declaraciones    de   Óscar  Ferney  Sánchez  Sánchez, Golfan Javier Cruz Rubio, Éver  de  Jesús  Sepúlveda  Areiza,  José  Reinaldo  Ramírez  Ortega,  Edwin Arias  y     Eivar    Solano  Rodríguez,  demuestra el apoyo económico hecho a los  paramilitares   por  la  familia  ACEVEDO,  en  concreto  por  AMINTA, CARLOS, LUZ  MARINA  y RAFAEL,  no  producto  de  la  extorsión  o  la  amenaza,  sino  en forma  voluntaria        como        contribución        a       la       “causa”.   Tales   testimonios   son  coherentes  y  provienen  de  personas  que estuvieron en el lugar, pues hacían  parte  de  los  esquemas  de  seguridad  de  los  comandantes,  unos  como radio  operadores y otros como escoltas.   

         Respecto  de los demás procesados, empleados de TRASAN S.A., estima  que  las reuniones a las cuales asistieron con los paramilitares, por sí solas,  no  hacen  responsable a nadie de la financiación de ese tipo de organizaciones  ilegales,  máxime  cuando  concurrían  a  modo  de  convidados  de piedra y en  cumplimiento  de  órdenes  superiores. Al juez, de otra parte, le abrigan dudas  acerca  del  señalamiento  que  les hacen algunos testigos en el sentido de ser  quienes      confeccionaban      las     “listas  negras”  de  los deudores morosos y se la entregaban  al  comandante, pues los desmovilizados dejaron claro que las listas las llevaba  Nelly Acevedo.   

         Sin  embargo,  en lo concerniente a DANIEL  VELÁSQUEZ  y  SONIA RINCÓN  SUÁREZ,  como  eran  los  encargados  de  ejercer  el  control   sobre  los  dineros,  egresos  o  pagos  que  hacía  la  empresa,  el  a    quo    les   dedujo  responsabilidad  a  título de cómplices por prestar ayuda a los miembros de la  familia  ACEVEDO al permitir  que  los  aportes  entregados a los paramilitares no quedaran registrados en los  balances financieros de la compañía.   

         Frente  a  los demás empleados de TRASAN S.A. objeto de acusación,  no  evidencia  prueba  que  los comprometa en dicho delito. Así, a LUZ  MARINA  SIERRA ESPITIA únicamente se  le  puede  atribuir  la  asistencia  a  dos  reuniones,  pero,  insiste, ella no  intervino en ellas en favor de los paramilitares.   

A   ALBERTO  CÁRDENAS   MONCADA   ningún  testigo  lo  ubica  en  reuniones  celebradas  en  Agua  Clara  o  en  la  empresa,  con  excepción  de  José   Reinaldo   Ramírez,   Isael   Méndez  Daza  y     Jorge    Olaguer  Guerrero,  pero  en  cuanto  al primero su versión es  poco  creíble  por  entrar en contradicción con los demás testigos del hecho,  mientras  en  el  caso  del  segundo lo narrado por él lo sabe por “chismes”  y,  finalmente, el tercero  es  desmentido  por  los  comandantes  del  grupo  y,  en  especial,  por  alias  “Hernán”.   

         En    la    acusación    dirigida   en   contra   de   LUIS  FRANCISCO  RODRÍGUEZ,  advierte en  los  testigos  ánimo  incriminatorio  injustificado,  en  cuanto  le  atribuyen  funciones  que no le competían para comprometerlo en actividades vinculadas con  el  grupo  armado  ilegal,  lo  cual  le  resulta  explicable  pues como abogado  frustró  las  expectativas  económicas  de  muchos declarantes con ocasión de  demandas  laborales  incoadas  en  contra  de  la  empresa  cuyos  intereses él  defendía.   

         Por  último,  situación similar a la del anterior observa respecto  de  MAGALY PERALTA SANABRIA,  pues  como  jefe  de  recursos  humanos  tenía  a  su cargo las investigaciones  disciplinarias  contra los empleados de la empresa y conductores, luego fue ella  quien  más odios despertó en la planta de personal, amén de que la orden para  que  buses  de  la empresa transportaran paramilitares provino de las directivas  de la misma, quienes eran sus propietarias.   

         4.  En  relación  con la responsabilidad en el punible de secuestro  extorsivo,  destaca  cómo  si  bien  en  las versiones de los desmovilizados no  existe  consenso  sobre  quiénes exactamente participaron en la reunión del 20  de  noviembre  de 2003 realizada en Agua Clara, en la cual se planeó el plagio,  lo  único  claro  que  surge  de tales deponencias es que a la misma asistieron  LUZ  MARINA  SIERRA, además  de      todos      los      miembros      de     la     familia     ACEVEDO,  con  excepción de CARLOS.   

         Por    tanto,    a   DANIEL   VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR,  MAGALY  PERALTA  SANABRIA  y CARLOS   ACEVEDO  LIÉVANO  se  les  debe  absolver  por razón de dicha conducta delictiva. La no mención de este último  por  los  desmovilizados  no  obedeció a un olvido, sino a que efectivamente no  participó  en  la  reunión,  porque  para  entonces  ya no era ni directivo ni  empleado  de la empresa, a la cual le prohibieron ingresar a raíz del pulso que  perdió  con su hermana Nelly  por el control de la misma.   

Respecto  de  LUZ  MARINA  SIERRA, reitera, el sólo hecho de concurrir a  esa  reunión  no  la hace responsable, de manera automática, de ese punible. A  ella,  además, no le asistía ningún interés en determinar el secuestro, pues  ingresó  a  laborar  en  la empresa en abril de 2003, cuando ya no trabajaba en  ella  Hugo Combariza. Tampoco  la  perjudicaban  las acciones legales iniciadas por éste contra la compañía.   

         A  quienes  sí  les afectaba era a AMINTA  LIÉVANO,   LUZ   MARINA   ACEVEDO   y   Nelly  Yamir  Acevedo,  esta  última  ya  condenada  en  proceso  separado,  porque  se  trataba de las propietarias de la  empresa.  Respecto  de ellas entonces concurre, además del indicio de presencia  en  la  mencionada reunión, el móvil representado en el interés de lograr que  la víctima desistiera de sus pretensiones económicas.   

         En     cuanto    a    RAFAEL    ACEVEDO  LIÉVANO,  los  testigos dijeron haberlo visto poco en  la  empresa.  Además,  nunca  tuvo  cargo de dirección, manejo o confianza, ni  acciones  en  la  misma. El hecho de transportar a sus familiares a esa reunión  no es suficiente para enrostrarle responsabilidad en el secuestro.   

     

a. El Tribunal:     

1.  Frente  al  secuestro  extorsivo,  las  declaraciones   de   Benjamín  Eugenio  y    Gonzalo    Laguado    no   merecen   credibilidad.   El   primero  dijo  que  Combariza  volvió  a  su  casa,  el día  después  de  su  secuestro,  a las 11:30 a.m. Sin embargo, el desistimiento fue  presentado  en  el  juzgado  a las 11:22 a.m. y éste manifestó que después de  ello  volvió  a  Juan  Frío  a dejar ese documento. Por su parte, Laguado  rindió  el  testimonio  pasados  año y un mes de ocurridos los hechos.   

         Entre      los      testimonios     del     abogado     Dagoberto   Colmenares   y  Hugo     Combariza     se    presentan  contradicciones,  porque mientras el primero dijo que después de la liberación  éste  lo  buscó  en su casa, Colmenares expresó  lo  contrario en cuanto telefónicamente quedaron de verse  en el Palacio de Justicia.   

         Jorge  Iván  Laverde  no intervino en el  denunciado   secuestro,   recibiendo   la   información   de   los  comandantes  subalternos.  Sus  declaraciones no guardan concordancia. Así, primero dijo que  los   responsables   eran   “Gato”  y  “Pacho” y  luego  que  se  trataba  de  “Pacho” y   “Andrés   Bolívar”.  Además,  en  la declaración del 28 de agosto de 2007 señaló a  CARLOS    ACEVEDO    y  AMINTA  ACEVEDO como quienes  ordenaron  el  secuestro  y  en  la  del  6  de febrero de 2008 acusó a toda la  familia    ACEVEDO   sin  individualizar  a  nadie.  Igualmente, en la primera de esas deponencias afirmó  que    intercedió    para    obtener    la    liberación    de    Combariza,  lo  cual  no concuerda con lo  dicho por éste.   

         Óscar    Ferney   Sánchez   dijo   que  personalmente    no    estuvo    en    el   secuestro,   mientras   Golfan   Javier   Cruz   y  Éver  de  Jesús  Sepúlveda manifestaron  no  constarles  nada del secuestro. Además, llama la atención la forma como el  primero  de  ellos  acudió  a  declarar, es decir, a instancias de Hugo Combariza.   

         El    testimonio    de   Rafael   Mejía  Guerra,           alias          “Hernán”,  en cuanto declaró que el  secuestro  nunca  ocurrió,  es  digno  de credibilidad porque fue practicado en  audiencia  pública  y  además proviene de quien fungió como jefe o comandante  militar  de  la  zona  de  Villa  del  Rosario y Juan Frío. El denunciante y la  Fiscalía,  en  cambio,  nunca  trajeron  un testigo presencial y directo de los  hechos.  Precisamente,  por  no  haber  presenciado el presunto secuestro, deben  desestimarse   los  testimonios  de  Alix  Muñoz  de  Combariza  y Hugo Alexánder  Combariza   Muñoz.   Por   su   parte,  Yonis  Manuel González faltó a la verdad  al  contradecirse  abiertamente  con  lo  declarado  por su jefe inmediato alias  “Hernán”.   

         El  desistimiento no constituye prueba inequívoca del secuestro. No  hay  relación de causalidad entre un hecho y el otro. En fin, al analizar todas  las   declaraciones  recepcionadas  en  la  instrucción  y  en  el  juicio,  la  conclusión  es  que  no se ha establecido en forma indubitable la comisión del  delito  de  secuestro  extorsivo.  Ello  tanto  más  cuando  el denunciante fue  mudando  las  circunstancias  de  los  hechos  a  medida que declaró dentro del  proceso.   

2. En cuanto al concierto para delinquir, a  pesar  de  que  la Fiscalía investigó el manejo de las cuentas en los bancos y  en  la  DIAN,  nunca  encontró  dinero destinado a las autodefensas. El revisor  fiscal  permanentemente  afirmó  que  nunca  vio egresos para esos grupos, y su  declaración constituye fe pública.   

         El  mismo  denunciante reconoce que los grupos de autodefensas nunca  invitaron  amigablemente  a  prestar  una  colaboración  financiera; siempre lo  hicieron  con  amenazas  y a la fuerza. Además, los declarantes hablan de sumas  de dinero, pero ninguno vio tales valores.   

         La   grabación   tomada   por   el   denunciante   a   DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR  es ilegal  porque  se trata de una prueba provocada. De todas maneras, de ella no se deriva  que  al  aludido  le  conste  el  secuestro extorsivo ni la financiación de las  autodefensas por TRASAN S.A.   

         La  jurisprudencia  de  la  Corte  Suprema  no  tiene  en cuenta las  segundas  versiones,  y  así  debe  procederse  con respecto a las rendidas por  Pedro   José   Nossa   y  DANIEL  VELÁSQUEZ, las que  pareciera  se  originaron  en  situación extraña o de supuesta amenaza. Por lo  demás,  sus  primeras  versiones  son  espontáneas  y  coinciden  “con  la  valoración  en  conjunto  que la sala hace del recaudo  probatorio”. Además, a ningún testigo le consta en  forma   personal  y  directa  que  la  empresa  TRASAN  S.A.  o  sus  directivos  voluntariamente financiaran a los grupos de autodefensas.   

         La   posible   presencia  de  dichos  individuos  en  la  mencionada  compañía,  la  cual tampoco se comprobó, simplemente constituiría una prueba  de  la  conducta extorsiva o coactiva. Ciprián Manuel  Palencia  González y Albeiro  Valderrama  Machado  dieron  cuenta acerca de que esas  reuniones se hacían bajo amenaza de muerte.   

         En  fin,  el estudio minucioso de las declaraciones recaudadas en la  instrucción  y  en  el  juicio permiten concluir que no se ciñen a la realidad  por lo contradictorias e ilógicas.   

     

I. Lo  relativo  al  concierto  para  delinquir  agravado:             

         

1. No se remite a discusión en este asunto  que  el  departamento  de  Norte  de  Santander  fue uno de los territorios más  duramente azotados por el fenómeno paramilitar.   

Allí  operó  el  denominado  “Frente   Fronteras”,   adscrito  al  “Bloque  Catatumbo”  y  cuyo   jefe   máximo   era   Jorge   Iván  Laverde  Zapata,    alias   “El  Iguano”.  Ese frente tuvo influencia en la ciudad de  Cúcuta  y  en  los  municipios  aledaños  de  Villa  del  Rosario, Juan Frío,  Pamplona,  el Zulia, Los Patios y Atalaya, entre otros y al mismo pertenecieron,  además,       Armando       Alberto      Pérez  Betancourth,         alias         “Camilo”,      Óscar     Ferney     Sánchez,     alias        “Ayuda”,  Golfan  Javier  Cruz Rubio,  alias “Jhon Gallo”, Éver de Jesús  Sepúlveda      Areiza,      alias     “Coyara”,   Campo   Alías   Galvis   Rodríguez,  alias        “Pacho”,      Armando      Rafael     Mejía  Guerra,           alias          “Hernán”,      entre      muchos  otros.   

         El  Tribunal  no  desconoce  la  anterior  realidad, como tampoco lo  hacen  los  sujetos  procesales  no recurrentes. Lo que discuten es la atribuida  alianza  del grupo paramilitar con los dueños y directivos de la empresa TRASAN  S.A.  En  ese sentido, la corporación de segundo grado concluyó que en momento  alguno  hubo  presencia  de  miembros  de esa organización armada ilegal en las  instalaciones  de  dicha  compañía  y  que  la  ayuda  financiera posiblemente  prestada  obedeció  a  la  amenaza  y a la fuerza, sin que a ningún testigo le  conste  de  manera personal y directa la existencia de la financiación en forma  voluntaria,  y  es  así  como  los  declarantes hablan de sumas de dinero, pero  ninguno vio tales valores.   

Resulta  incuestionable que el ad    quem,    para    efectuar   tales  afirmaciones,  incurrió,  como  lo denuncia el representante de la parte civil,  en  manifiestos  errores de hecho por falso juicio de identidad. Se recuerda que  ese  yerro  se estructura cuando el fallador, al apreciar la prueba, distorsiona  su  contenido  fáctico  para hacerle decir lo que ella no expresa, en cuanto la  cercena, adiciona o translitera.   

         En  el  caso  materia  de  análisis,  el  juzgador de segundo grado  cercenó  el  contenido  no  sólo de los testimonios a los cuales se refiere el  demandante  antes  mencionados,  a  saber, Jorge Iván  Laverde,  Edwin Arias vivas y  Eivar  Solano,  sino otros que se recaudaron también,  en  cuanto  omitió  los  apartes  en  los  cuales los declarantes dieron cuenta  acerca  de  la  financiación voluntaria y, además, de haber observado en forma  personal y directa las especies entregadas.   

         En    efecto,    Jorge   Iván   Laverde  Zapata,    alias   “El  Iguano”,  en declaración rendida el 28 de agosto de  2007,  manifestó  que  sostuvo  muchas  reuniones  con  miembros  de la familia  ACEVEDO,   porque   eran  “colaboradores  de  la  organización, tanto que le  colaboraban  con dinero al comandante financiero Andrés Bolívar”6. En esa misma  oportunidad  el  testigo  señaló  haber recibido de dicha familia en la vereda  Campo     Alegre     y    por    intermedio    del    comandante    “Pacho”, la suma de $50.000.000, cuyo  destino,  según  le  adujeron, “era para contribuir  con  la causa”7.   

         Óscar  Ferney  Sánchez  Sánchez, alias  “Ayuda”,    quien  perteneció   al  “Frente  Fronteras”,  testificó el 7 de julio de 2006 y expresó haber estado presente  en  una reunión celebrada a principios del mes de agosto de 2002 en Agua Clara,  en   cuyo   desarrollo  AMINTA  LIÉVANO  DE  ACEVEDO  se   comprometió   a   entregar  a  los  comandantes  “Gato”  y  “Pacho”  la  suma de $100.000.000 por  arrebatarle  la empresa TRASAN S.A. a su hijo Hernando  Acevedo8.   

Según   el  deponente,  el  dinero  fue,  efectivamente,  enviado  por  la  prenombrada  días  después,  y de ello está  seguro  porque, incluso, con el mismo “nos pagaron a  nosotros,  y  al grupo, a los que están en los pueblos las veredas (sic)”9,  pero, además, por cuanto al  día  siguiente  la  procesada en mención “bajó”  a  Agua  Clara  a reunirse nuevamente con “Gato”       y      “Pacho”        “y  a  confirmar  si  habían recibido ellos los cien millones de  pesos    que    habían    mandado…”10.  Precisó  Sánchez  Sánchez, en dicha  ocasión,   que   escuchó   eso   último   porque   la   propia   AMINTA  LIÉVANO,  al llegar al lugar, de  manera    pública    formuló    dicha   pregunta11.   

Alias “Ayuda”  también  testificó  que en el año 2003 CARLOS      ACEVEDO      “bajó…  en  una buseta blanca que traía cosa de militares,…  como  uniformes,  botas,  municiones,  él  me  dijo que esto era para el señor  Gato,  yo  en  el  momento llamé al comandante Gato y le dije…”12.   

Golfan  Javier  Cruz  Rubio,  alias    “Jhon   Gallo”,  quien  también  perteneció  al  citado frente, en el testimonio  rendido  el  7 de julio de 2006 dijo haber estado, igualmente, en la reunión de  Agua  Clara  en  cuyo  desarrollo  la  familia ACEVEDO  (menciona  a  Nelly, CARLOS,  LUZ   MARINA   y   RAFAEL)  hablaron   de   pagar   100  millones  de  pesos  por  “sacar”  a Hernando  Acevedo  de  la  empresa TRASAN  S.A.13.  De  acuerdo  con  el referido deponente, ese dinero lo recibieron  porque   con   él   “nos   pagaran   (sic)       la       nómina       a  nosotros”14.     

En  la  comentada declaración Cruz   Rubio   también   atestó  haber  presenciado  una  reunión  realizada  en el corregimiento Banco de Arena, en la  cual   CARLOS  ACEVEDO  les  llevó    unas    cajas    y    unos   costales   que   contenía   “munición   de   cuatro   calibres,   calibre   38,   calibre  9  milímetros,  calibre 7:62, calibre 5:56, chalecos, uniformes, botas, útiles de  aseo  para los grupos, material de guerra y material de intendencia, granadas de  mano           y           armamento…”15.   

      

Éver     de    Jesús    Sepúlveda  Areiza,           alias          “Coyara”,  así  mismo, exmiembro del  “Frente  Fronteras”, en  declaración  rendida  el 7 de julio de 2006 aseguró haber presenciado no sólo  cuando  “Pacho” le llevó  a   “Gato”  los  cien  millones   que  prometieron  los  ACEVEDO16  sino   también   el   momento  en  que  AMINTA  LIÉVANO  se  les  presentó para  preguntar    por    alias    “Gato”,  así  como para saber si habían recibido dicho dinero, a lo cual  éste  respondió  que  sí,  y  ella  “le  dijo al  comandante  que  cualquier favor que necesitara de ella o de la empresa estaba a  la    orden…”    17.   

         Eivar   Solano   Rodríguez,   quien  se  desempeñó  como  vigilante  en  TRASAN  S.A., en testimonios rendidos el 27 de  junio  y  5  de julio de 2006, manifestó haber presenciado el momento en que en  una  reunión  realizada  a  finales  del  mes  de  agosto  de 2002 AMINTA   LIÉVANO,   NELLY,   CARLOS,   LUZ   MARINA   y     RAFAEL    ACEVEDO    entregaron  en la portería de la empresa una caja con cien millones  de  pesos a los comandantes paramilitares “Pacho”,  “Arcángel”,    “Santiago”   y   “Piedras  Nuevas”, quienes la tomaron  y  la  colocaron  en  una  camioneta para llevársela al comandante “Gato”18.   

         Solano  Rodríguez  relató  también que  presenció    cuando    los   ACEVEDO   se      reunieron      con      los     comandantes     “Pacho”,              “Arcángel”              y     “Santiago”     en  el  lote  de  TRANS  OLIMPIA  y  les  pagaron $10.000.000 por el  secuestro  del  señor  Benjamín Herrera19.   

         El  prenombrado  testigo  también aseveró que encontrándose en la  parte  exterior  de  la  empresa  TRASAN  S.A.  lo mandaron llamar para buscar a  Edwin  Arias, a quien luego  le  entregaron  un  sobre  de manila “y le pregunté  para  qué  es  ese  sobre  y me muestra el dinero en el sobre y me dice que son  cincuenta  palos para sacar (a) CARLOS ACEVEDO de la subgerencia de la empresa y  montar  a  la  señora  NELLY como gerente y se los vamos a llevar a Gato a Agua  Clara,   eso   a   finales   de  marzo  de  2003”20.   

         

         Por     su     parte,    Edwin    Arias  Vivas,  en  declaración  rendida el 5 de diciembre de  2005,  dijo  que  por  el  secuestro  de  Hugo Antonio  Combariza  se  pagaron  diez millones de pesos. Según  expresó,  este  pago  ocurrió en la gerencia de TRASAN S.A. Agregó que cuando  ello  ocurría  “yo  en  ese  momento  entré  y la  señora  NELLY  le  estaba  entregando  el dinero al comandante Pacho, le estaba  entregando   seis   millones  de  pesos  y  los  otros  cuatros  era  para  unos  abogados…”21.   

         Como  se  observa,  algunos  de  los testigos hablan de haber estado  presentes   en   las   reuniones   en   las   cuales   la  familia  ACEVEDO   acordó  de  manera  voluntaria  suministrar  aportes  en dinero y otros dijeron que observaron cuando se hacían  las  entregas,  incluso,  algunas  de  éstas  representadas  en  especie,  como  armamento,  material  de  intendencia,  etc. Por tanto, se insiste, en cuanto el  Tribunal  pretermitió  esos apartes de dichas pruebas, incurrió en un evidente  falso juicio de identidad.   

         Ahora  bien,  en  la  sentencia el ad quem  sostuvo  que  la jurisprudencia de la Corte Suprema de  Justicia  no  tiene  en  cuenta  las  segundas  versiones, argumento con el cual  desestimó    las    ofrecidas   en   tales   oportunidades   por   Pedro   José   Nossa   y   DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR, aun cuando  también   le   pareció   que  las  rindieron  “en  situación  extraña  o  de  supuesta  amenaza”. Y es  más,  consideró  que las primeras versiones de los precitados coinciden con la  valoración   en   conjunto   de   la  prueba,  a  cuyo  tenor  no  “aparece  testimonio  alguno  que  le  conste en forma personal y  directa  que  la  empresa  TRASAN  o  sus directivos voluntariamente financiaron  económicamente  a  los  grupos  de autodefensa”.    

         En  el anterior razonamiento advierte la Sala el desconocimiento del  principio  lógico  de  razón  suficiente  que  constituye  criterio de la sana  crítica,  cuya  violación,  por  ende, da lugar a la incursión en un error de  hecho  por  falso raciocinio. Como se recuerda, ese dislate se configura cuando,  precisamente,  se  desatienden los criterios de la sana crítica, integrados por  las  reglas  de  la  experiencia,  los  postulados  lógicos  y  las leyes de la  ciencia.   

El  principio  lógico de razón suficiente  implica  que  “…para  aceptar  como verdadera una  enunciación,  debe estar sustentada en una razón apta o idónea que justifique  el  que  sea  de  la forma en que está propuesta y no de manera diferente; este  principio  se  refiere  a la importancia de establecer la condición o razón de  la     verdad     de     una     proposición”22.   

         Este   postulado  exige,  por  tanto,  que  toda  proposición  debe  sustentarse  en  premisas  verdaderas  en forma tal que la justifiquen de manera  apta e idónea.   

         En  el  presente  caso,  como  se dijo, el juzgador de segundo grado  desestimó  las segundas versiones ofrecidas por Pedro  José   Nossa   y   DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR, pero lo hizo con fundamento en  premisas  erróneas.  En  primer lugar, porque es inexacto que esta Corporación  haya  prohijado  una  jurisprudencia en la cual predique que todas las versiones  rendidas  en  tal ocasión no se deben tener en cuenta. Lo expresado al respecto  es,  contrariamente,  que frente a encontradas declaraciones de un mismo testigo  le  corresponde  al  sentenciador  apreciarlas de manera cuidadosa  para, a  partir  de  la  aplicación de los principios de la sana crítica, determinar en  cuál de ellas dijo la verdad. Obsérvese:   

“La  retractación no es por sí misma una  causal   que   destruya  de  inmediato  lo  sostenido  por  el  testigo  en  sus  afirmaciones  precedentes.  En  esta  materia,  como  en todo lo que atañe a la  credibilidad  del  testimonio,  hay  que  emprender  un  trabajo  analítico, de  comparación,  a fin de establecer en cuál momento dijo el declarante la verdad  en  sus  opuestas versiones. Quien se retracta de su dicho ha de tener un motivo  para  hacerlo,  y este motivo debe ser apreciado por el Juez, para determinar si  lo  manifestado  por  el  testigo  es verosímil, obrando en consonancia con las  demás  comprobaciones  del  proceso (….) si el testigo varía el contenido de  una  declaración  en  una  intervención  posterior, o se retracta de lo dicho,  ello  en  manera  alguna  traduce que la totalidad de sus afirmaciones deben ser  descartadas.  No  se  trata  de  una  regla  de  la  lógica,  la  ciencia  o la  experiencia,  en  consecuencia,  que  cuando  un declarante se retracta, todo lo  dicho   en   sus   distintas   intervenciones  pierda  eficacia  demostrativa”  (CSJ  SP, 28 de may. de 2008, rad. 27004. En el mismo  sentido, AP, 19 de sep. de 2012, rad. 34245).   

         En     segundo     término,     por    cuanto    la    “situación   extraña  o  de  supuesta  amenaza”  bajo  las  cuales,  según  el  Tribunal,  declararon  los  testigos  consistió  en la entrevista previa del denunciante con ellos y en la grabación  que   le   hizo   a  DANIEL  VELÁSQUEZ  a  una conversación que sostuvieron. Sin embargo, es claro que esas  actuaciones  no  revelan  de suyo la situación extraña o la amenaza que supone  el  sentenciador,  pues  se  trata del ejercicio legítimo de la actividad de la  víctima  en la búsqueda de pruebas que soporten los hechos denunciados. A este  respecto,  obsérvese  cómo el inciso primero del artículo 30 de la Ley 600 de  2000  establece  que  la  víctima o perjudicado puede aportar pruebas. Además,  conforme  lo  tiene  dicho  esta Corporación, la víctima está legitimada para  grabar  su  propia  voz  e,  incluso,  interceptar  su línea telefónica, y los  registros  así  obtenidos  tienen  vocación probatoria. Así, en CSJ AP, 22 de  marz.  de  2000, rad. 10656, reiterada en SP, 21 de nov. de 2002, rad. 13148, la  Corte expresó lo siguiente:   

“Con    la   actual   prefiguración  constitucional    del    Estado    como    Social    de   Derecho   –fundado en el respeto por la dignidad  humana-,  la  libertad  y  autonomía individuales cobran especial relevancia al  punto  de  garantizarse  a  la  persona  natural  el ejercicio de sus facultades  “sin  más  limitaciones  que  las que imponen los derechos de los demás y el  orden jurídico” ( art. 16 C.N.).   

“Siendo  ello  así,   mal  podría  esgrimirse  impedimento  alguno  o  exigir  autorización  judicial para que las  personas  graben su propia voz o su imagen, o intercepten su línea telefónica,  si  estas  actividades no se hallan expresamente prohibidas. Este aserto resulta  avalado  si se tiene en cuenta que quien así actúa es precisamente el afectado  con  la conducta ilícita, y por ende, eventualmente vulneradora de sus derechos  fundamentales,  por  lo  que  su  proceder  se  constituye en un natural reflejo  defensivo.   

“Los   registros   históricos   así  obtenidos,  naturalísticamente tienen vocación probatoria, pues corresponden a  medios  de  demostración  de los hechos, según el reconocimiento que al efecto  hace  el  legislador,  a  los cuales les da la categoría de documentos privados  aptos  para  ser apreciados judicialmente, conforme lo precisa en los artículos  225  del  C.P.  y 251 del C. de P. C., cuyo valor depende de la autenticidad, la  forma  de  aducción  al  proceso,  la  publicidad  del  medio y la controversia  procesal  del  mismo,  así  en  él  queden  adicionalmente  impresas  voces  o  imágenes ajenas.   

         Y  en tercer lugar, porque no resulta tampoco cierta la inexistencia  de  testimonio  personal  y  directo  acerca  de la financiación voluntaria. El  análisis  precedente de la Sala pone de presente la inexactitud de esa premisa,  al  punto  de  evidenciar  la  incursión  del  Tribunal  en  un falso juicio de  identidad cuando esa colegiatura predicó lo contrario.   

         Para  descartar  la  configuración  de  la  financiación de grupos  paramilitares     el     ad    quem    argumentó  también,  de  una parte, que la Fiscalía investigó el  manejo  de  las  cuentas  bancarias  de  TRASAN  S.A.,  así  como  los reportes  efectuados  a  la DIAN, sin encontrar dinero destinado a esa agrupación ilegal.  Y  de la otra, que el revisor fiscal permanentemente afirmó no observar egresos  con  tal  propósito,  y  su  declaración  constituye fe pública.            

         En  tales  afirmaciones  resulta palmar el desconocimiento por parte  del  Tribunal  de una regla de la experiencia y la edificación de otra en forma  equivocada,  incurriendo  así  en nuevos errores de hecho por falso raciocinio.   

         Como  lo tiene dicho la jurisprudencia, las reglas de la experiencia  son  todas aquellas “generalizaciones que se hacen a  partir   del   cumplimiento   establece   e   histórico  de  ciertas  conductas  similares”  (CSJ SP, 19 de nov. de 2003, rad. 18787),  de  modo  que  para  que ofrezca fiabilidad una premisa elaborada a partir de un  dato  o  regla de la experiencia ha de ser expuesta, a modo de operador lógico,  así:  siempre  o  casi siempre que  se da A, entonces sucede B (CSJ SP, 21  de nov. de 2002, rad. 16472),   

         La  regla  de  la  experiencia  desconocida  es aquella a la cual se  refiere    el   Procurador   Judicial   demandante,   es   decir,   normalmente  las contribuciones económicas efectuadas a los grupos  ilegales  no  quedan contablemente registradas para así evitar dejar rastro del  vínculo ilegal que tienen con esas organizaciones.   

         Ciertamente,  quienes  de  manera  voluntaria  efectúan  aportes  a  organizaciones  ilegales, buscan usualmente la clandestinidad, pues sólo de esa  manera  aseguran  que  no  puedan  ser  vinculados con tales organizaciones. Por  ende,   lo   último   que  harán  será  registrar  tales  erogaciones  en  la  contabilidad de sus empresas.   

         Ahora  bien,  de  acuerdo  con  la  sentencia  de  segundo grado, el  revisor  fiscal  de  una  compañía dice siempre la verdad cuando certifica que  ésta  no  ha  efectuado  aportes con destino a organizaciones ilegales. Tamaño  desaguisado  en  manera  alguna  se corresponde con una regla de la experiencia,  pues,  contrariamente,  el  comportamiento  cotidiano del ser humano enseña que  hay  muchas  ocasiones  en  que los revisores fiscales no dicen la verdad,   sobre  todo  cuando el propio declarante está de alguna manera vinculado con la  actividad de financiación.   

         En  presente  caso,  ciertamente,  DANIEL  VELÁSQUEZ   VILLAMIZAR,  revisor  fiscal  de  TRASAN  S.A.,      aseveró  insistentemente   no   haber  observado  tales  egresos.  Sin  embargo,  resulta  indiscutible          el   interés   que   le   asistía  al  prenombrado  de  hacer  tal  manifestación,  pues  a  él  se le atribuyó a lo largo del proceso cohonestar  con ese quehacer delincuencial.   

         Los   errores   en   que   incurrió  el  Tribunal  son,  sin  duda,  trascendentes,  pues lo llevaron a sostener, a espaldas de la realidad procesal,  que  en  esta  actuación  no  hay  elementos de convicción demostrativos de la  alianza   de   la   familia   ACEVEDO   con  la organización paramilitar que operó en la zona de Cúcuta y  sus  poblaciones aledañas. La prueba que conduce a acreditar lo contrario está  constituida  por  quienes,  como  quedó  visto  en  precedencia,  dijeron haber  presenciado  muchos  de  los  aportes  en dinero y en especie que miembros de la  citada  familia  hicieron  de  manera  voluntaria  a  miembros  de  la  referida  organización ilegal.   

         Pero,  además  por  las declaraciones de personas como DANIEL    VELÁSQUEZ    VILLAMIZAR    y  Pedro  José  Nossa  Gómez,  quienes  estuvieron  vinculados  laboralmente  con  la  empresa  TRASAN S.A., el  primero  como  revisor  fiscal  y  el segundo en calidad de abogado asesor de la  misma.  Estos  testigos, en sus segundas intervenciones, dieron cuenta acerca de  los   nexos   de   la  familia  ACEVEDO  con     los     paramilitares.     En    particular,    VELÁSQUEZ   VILLAMIZAR,  al  ampliar  su  indagatoria  el 12 de marzo de 2008 refirió acerca de una reunión realizada en  Agua  Clara  con  la  participación  de  alias  “El  Iguano”        y       alias       “Pacho”,   en   cuyo  desarrollo  se  acordó  que  de ahí en adelante asumiría la gerencia de la empresa la señora  NELLY  ACEVEDO.  Y  agregó  cómo  en  lo  sucesivo  observó  en  varias  oportunidades  al  segundo de los  comandantes  en  mención  en  las  instalaciones  de  TRASAN  S.A., tornándose  entonces   frecuente  su  presencia  en  ese  lugar23.   

         A  los  anteriores testimonios es necesario sumar el de Rolando  Enrique  Bayona  Cárdenas, quien  también  estuvo  vinculado  laboralmente  con la referida empresa, primero como  gerente  y  luego  como  asesor  de  tránsito  y  transportes de la misma. Este  deponente  manifestó  haber  estado,  igualmente,  en la reunión de Agua Clara  donde,    según    expresó,    alias   “Pacho”  afirmó  que “por orden de  la  señora  AMINTA  LIÉVANO  DE ACEVEDO, su hija NELLY ACEVEDO LIÉVANO sería  nombrada     gerente     de     la     empresa”24.   

         Resulta  incuestionable  el  alto grado de credibilidad que ameritan  los  testimonios  de  VELÁSQUÉZ  VILLAMIZAR,  Nossa  Gómez     y    Bayona  Cárdenas,  no  sólo  por  concordar  con  los demás  declarantes  arriba  mencionados  en  punto  de  la  alianza  existente  con los  paramilitares,  sino  porque  sus  posiciones  privilegiadas  al  interior de la  empresa  TRASAN  S.A.  les  permitió  enterarse de primera mano acerca de dicha  relación ilegal.   

         Así  vista  la  situación,  es  claro  que  las  declaraciones  de  Ciprián   Manuel   Palencia   González,         alias         “Andrés  Palencia”,   y   Albeiro  Valderrama      Machado,     alias     “Piedras  blancas”, con las cuales el  Tribunal  pretendió  reafirmar  su conclusión acerca de la forma forzada como,  en  su  sentir,  actuaron  los  dueños  de  TRASAN  S.A.  frente  a la eventual  financiación  proporcionada a la organización paramilitar, muy escaso poder de  convicción  revisten.  Porque  aun  cuando  manifestaron  que  las autodefensas  siempre  obligaban  a  la  gente  a  asistir  a  las reuniones que citaban y las  exigencias  económicas las hacían bajo amenaza de muerte, lo cierto es que esa  afirmación  para  nada descarta la existencia de alianzas puntuales entre dicha  organización y algunas personas o empresas.   

         De     hecho,    obsérvese    cómo    el    propio    Palencia  González  reconoció que acerca  de  la  existencia de algún vínculo entre ellos y los funcionarios o empleados  de  TRANSAN  S.A.  sólo  tenía  capacidad  para  saberlo  su  comandante alias  “El     Iguano”25.  Y  es  de  tener en cuenta  cómo,   precisamente,  Jorge  Iván  Laverde  Zapata  es  uno  de  los  testigos  que  informan  sobre dicha  alianza,  al  punto  de  manifestar  que  sostuvo  reuniones con toda la familia  ACEVEDO  y  todos  ellos le  pedían favores.   

         Al  respecto,  es  necesario considerar, además, que ese nexo no se  limitó  a  la  simple  colaboración  económica  de  la  familia  ACEVEDO  para la organización ilegal sino  que  los  dueños de TRASAN S.A., en contraprestación, recibían favores de esa  agrupación,  según  así  lo  declaró  alias  “El  Iguano”,  quien  manifestó que a cambio de la ayuda  financiera  los paramilitares cobraban deudas para la empresa y solucionaban los  problemas  que  se  presentaban  al  interior de la misma, como lo relativo a la  demanda      laboral      instaurada      por     el     doctor     Combariza26  y  las   disputas   suscitadas  entre  los  miembros  de  la  familia  ACEVEDO  por  el manejo de la compañía,  “que  porque  había  que  sacar  a  alguien  de la  empresa  o  porque tocaba que montar a otra persona en la empresa, a eso bajaban  a         pedir        esos        favores”27.    

         No  hay  duda,  por  tanto,  que  en  el  presente evento hay prueba  suficiente  para  predicar  la ocurrencia del delito de concierto para delinquir  previsto  en el inciso segundo del artículo 340 del Código Penal, agravado por  el  inciso  tercero  ibídem,  en  virtud  de  tratarse  de financiación de una  organización  concertada  con  tal  fin.  Erró, se insiste, el Tribunal cuando  sostuvo lo contrario.   

         2.  Resulta incuestionable que el juzgador de segundo grado también  incurrió  en evidentes errores de hecho cuando relevó de responsabilidad a los  procesados  AMINTA  LIÉVANO  DE  ACEVEDO, LUZ MARINA  ACEVEDO  LIÉVANO,  CARLOS  ALBERTO  ACEVEDO LIÉVANO y  RAFAEL  ACEVEDO LIÉVANO por  el delito antes mencionado.   

         Ciertamente,  pretermitió  los  apartes de los testimonios rendidos  por   Óscar  Ferney  Sánchez  Sánchez,  alias  “Ayuda”, Golfan Javier Cruz  Rubio,    alias   “Jhon  Gallo”,  Éver  de Jesús  Sepúlveda      Areiza,     alias     “Coyara”      y      Eivar  Solano  Rodríguez, en donde éstos  señalan  a  los  procesados prenombrados de haber participado activamente en la  financiación de la organización paramilitar.    

         Es    así    como   Sánchez   Sánchez  afirmó  que  estuvo presente en la reunión realizada  en   Agua   Clara,   en   la   cual  AMINTA  LIÉVANO  se   comprometió   a   entregar  a  los  comandantes  “Gato”  y  “Pacho”  la  suma de $100.000.000 por  arrebatarle  la empresa TRASAN S.A. a su hijo Hernando  Acevedo28.  Y expresó también cómo la misma dama al día siguiente volvió  al  lugar  para  preguntar  si  ya  habían  recibido  dicho  dinero29, hecho este  último    también    declarado    por   Sepúlveda  Areiza30.   

Cruz Rubio, por su  parte,  refirió  que  en  dicha  reunión  también  estuvieron,  entre  otros,  CARLOS,   LUZ   MARINA   y  RAFAEL  ACEVEDO,  quienes,  igualmente,   hablaron   de   pagar  100  millones  de  pesos  por  “sacar”       a      Hernando  Acevedo  de  la  empresa TRASAN  S.A.31.     Solano    Rodríguez  manifestó  haber  presenciado  el  momento en que en una reunión  realizada  a  finales del mes de agosto de 2002 AMINTA  LIÉVANO,  Nelly,  CARLOS,  LUZ  MARINA  y RAFAEL  ACEVEDO entregaron en la portería  de  la empresa TRASAN S.A. una caja con cien millones de pesos a los comandantes  paramilitares     “Pacho”,    “Arcángel”,  “Santiago”  y “Piedras  Nuevas”      32.   

Óscar    Ferney   Sánchez   Sánchez  y   Golfan   Javier  Cruz  Rubio,   declararon,   así   mismo,  que  en  alguna  oportunidad     CARLOS     ACEVEDO    les  llevó  armas,  municiones,   material  de  intendencia e,  incluso,  según  lo  relató  el  segundo de ellos, útiles de aseo33.   

         Como  quedó  visto  atrás,  los  nexos  de la familia ACEVEDO  también  son  corroborados  por  DANIEL    VELÁSQUEZ    VILLAMIZAR    y      Rolando     Enrique     Bayona  Cárdenas,  en cuanto los aludidos relataron acerca de  la   reunión   con  alias  “Pacho”  en  la  cual  se  acordó  que  la nueva gerente sería Nelly  Acevedo. En particular, el primero  de  los prenombrados, cuya declaración el Tribunal desestimó como consecuencia  de  incurrir  en  los  graves  errores de hecho a los cuales se hizo mención en  precedencia,  precisó que en esa reunión estuvieron, entre otros, LUZ   MARINA,   CARLOS   y  RAFAEL ACEVEDO.   

         Como   se  observa,  los  yerros  del  ad  quem   lo   llevaron   a   absolver   a  AMINTA  LIÉVANO  DE  ACEVEDO,  LUZ MARINA ACEVEDO LIÉVANO, CARLOS  ALBERTO     ACEVEDO    LIÉVANO    y    RAFAEL  ACEVEDO  LIÉVANO por el delito de  concierto  para  delinquir  agravado,  cuando  las  pruebas  conducían a emitir  sentencia  condenatoria  en  contra  de  éstos,  conforme lo había resuelto el  juzgador  de  primer  grado  y  como  lo  solicitan  la Fiscalía, el Ministerio  Público  y  el  apoderado de la parte civil en las demandas de casación objeto  de estudio.   

         Los  errores  del  Tribunal  lo condujeron también a absolver a los  acusados  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR y   SONIA   RINCÓN  SUÁREZ,  a  quienes  el  juez  de  primer  grado declaró responsables del  precitado  comportamiento  punible  a  título  de  cómplices, al no ejercer el  control  que  les  correspondía  como revisor fiscal y contadora de la empresa,  respectivamente,  lo  cual  contribuyó  a  facilitar  la  financiación  de  la  organización paramilitar   

         3.  En  este  punto  la  Sala  abordará la situación de los demás  procesados,  tomando  en  consideración  el libelo casacional presentado por el  apoderado  de  la  parte civil, cuyo sustento lo confrontará con las sentencias  de  primera  y  segunda instancia, en cuanto, como se recuerda, en la primera de  ellas  también  se  absolvió  a  LUZ  MARINA SIERRA  ESPITIA,   ALBERTO   CÁRDENAS  MONCADA,  LUIS  FRANCISCO  RODRÍGUEZ  BLANCO  y MAGALY  PERALTA   SANABRIA,  luego  en  virtud  de  la  unidad  inescindible   existente   entre   ambas  decisiones,  para  derrumbarlas  será  necesario derruir los fundamentos que las sustentan.   

         La  Sala  también  determinará  si  a  los procesados DANIEL    VELÁSQUEZ    VILLAMIZAR    y  SONIA  RINCÓN  SUÁREZ  hay  lugar  a  condenarlos, no como cómplices del delito de concierto para delinquir  agravado,  conforme  lo  declaró  el  juez  de primer grado, sino en calidad de  coautores, como lo pretende el precitado demandante.   

         Previo  a  ello,  es  necesario  hacer  referencia  al argumento del  defensor     de     LUIS    FRANCISCO    RODRÍGUEZ  BLANCO,  conforme  al  cual  el  apoderado de la parte  civil  carece  de interés para recurrir en casación la absolución pronunciada  en  favor  de éste por el delito de concierto para delinquir agravado, pues ese  comportamiento  no  se  relaciona  con  el  secuestro  extorsivo  que  denunció  Hugo Antonio Combariza.   

         Al  respecto,  resulta  imperioso  recordar  cómo,  a  partir de la  sentencia  C-228 de 2002, la Corte Constitucional estableció que, además de la  reparación  económica,  a  las  víctimas  en los procesos penales se les debe  garantizar  los derechos de verdad y justicia, en procura de propender porque se  esclarezcan  los  hechos  en forma cabal y se sancione a sus responsables acorde  con las circunstancias ocurridas.   

         Pues  bien,  resulta palmar que esos derechos a la verdad y justicia  únicamente  se  materializarían  plenamente  en  este  caso si se permite a la  víctima    Hugo   Antonio   Combariza   Rodríguez  no  sólo  actuar  procesalmente  en  relación con el  secuestro  extorsivo  sino  también  frente al concierto para delinquir, habida  consideración  de  la  relación  de  causalidad existente entre uno y otro, en  cuanto  se afirma que, precisamente, la alianza con los paramilitares sirvió de  medio  para  ejecutar  el  atentado  contra  la libertad individual en mención.   

         Surge   así  evidente  que  el  esclarecimiento  de  esas  alianzas  constituye   elemento   importante   para   establecer  las  circunstancias  del  secuestro,  así  como  los  responsables  del  mismo,  de  manera  que  resulta  indudable  la  legitimación  del apoderado de la parte civil para cuestionar la  absolución   pronunciada   en  favor  de  RODRÍGUEZ  BLANCO.   

         Determinada   la  improcedencia  de  la  pretensión  del  precitado  defensor, se tiene lo siguiente:   

En el único cargo que formula, el apoderado  de  la parte civil denuncia la presencia de errores de hecho derivados de falsos  juicios  de  existencia,  identidad  y  raciocinio. La Corte en este acápite se  referirá  solamente  a  aquellos  que  se  relacionan con el atentado contra la  seguridad  pública  objeto  de  acusación  y  que, por supuesto, se orientan a  obtener  la  condena  de  los  seis  procesados antes nombrados en condición de  coautores,  sin  hacer  mención  a los relativos al secuestro extorsivo, que se  analizarán  más  adelante, ni a los yerros relacionados con los miembros de la  familia   ACEVEDO,  en  el  entendido  que  frente  a ellos la Sala concluyó ya en la necesidad de casar la  sentencia   del   Tribunal,  precisamente,  en  el  sentido  pretendido  por  el  mencionado libelista.   

     

a. Sobre los falsos juicios de existencia:     

         Sea   lo   primero   precisar   que,  como  lo  tiene  señalado  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  el referido error de hecho se configura  cuando  el  sentenciador,  al  apreciar  el  conjunto  probatorio, omite valorar  algún  medio de convicción obrante en el proceso o supone otro inexistente. En  el  caso  materia  de análisis, la queja del actor es por haberse presentado la  primera de esas modalidades.   

(i)  En  ese sentido, es imperioso señalar  que   frente  a  las  grabaciones  realizadas  a  las  conversaciones  de  alias  “Pacho”, en las cuales,  según  el  impugnante,  se  habla  sobre  las relaciones entre la organización  paramilitar  y  los  dueños  y  directivos  de  la  empresa  TRASAN S.A., no se  presentó  el  yerro,  pues  el  a  quo  sí  apreció dichos elementos de prueba sólo que los desestimó al  no  evidenciar  “un cotejo de voces que nos diga con  certeza  que los interlocutores en esos diálogos son los procesados que señala  la     Fiscalía     y    la    parte    civil”34.   

Ciertamente, se tiene que la transcripción  de  las  grabaciones aludidas por el casacionista se allegaron al proceso por el  apoderado  de  la  parte  civil,  quien  adujo  hacían parte de otra actuación  procesal,  sin  que  dentro  del  presente  expediente  se estableciera quiénes  exactamente  intervinieron en los citados diálogos, luego el mérito probatorio  arrojado  por  tales  transcripciones  resultaba bastante débil para efectos de  sustentar  la  responsabilidad  de  los procesados, como en efecto lo estimó el  juzgador  de  primera  instancia, quien entonces, se insiste, no pretermitió la  prueba        sino        que        la        justipreció       en       tales  términos.        

         (ii)  Es  cierto  sí, de otra parte, que los juzgadores no hicieron  mención  expresa  a  la  prueba  que  el  actor  identifica  como  “documento     declarativo    del    señor    Norberto    Puerto  Rodríguez”.   Sin  embargo,  ello  no  implica  la  ocurrencia  del yerro denunciado, pues, como lo tiene dicho la jurisprudencia de  la  Corte,  no  se  incurre  en falso juicio de existencia ni en falso juicio de  identidad  cuando  a pesar de no mencionarse expresamente una o varias pruebas o  algún  aparte  de  las  mismas,  el sentenciador asume el análisis del aspecto  cuya   omisión   se   aduce,   dándole   el   mérito   suasorio   que  estima  pertinente35.   

Tal  situación  es la que acontece en este  caso,  pues  en  el documento echado de menos Norberto  Puerto  Rodríguez  manifestó  que  tuvo conocimiento  acerca  de  reuniones  realizadas  con  paramilitares  y  miembros de la familia  ACEVEDO,    junto    a  “DANIEL VELASCO”, en las  cuales  “les  llevaban  dinero,  comida, munición,  celulares,  televisores, sillas de rueda”. Empero, el  a  quo  fue  reiterativo en  señalar  que  la  sola  participación  en  reuniones,  si no se demostraba una  intervención  activa en aras de promover o financiar la organización criminal,  no   es  suficiente  para  considerarlos  coautores  en  el  punible  objeto  de  acusación. Así razonó el fallador:   

“Se hace gran énfasis en la resolución  de  acusación  de  segunda  instancia,  para  imputar el concierto, el hecho de  haber  acudido  todos los procesados a reuniones con paramilitares, sin embargo,  considera  el  despacho  que  la  sola circunstancia de acudir a una reunión no  hace  responsable a nadie, de serlo, habría que investigar a la mayoría de los  que  fungen  en  este  proceso  como  testigos,  se  hace necesario que medie un  acuerdo,  que  haya  un  fin,  en  este  caso  concreto,  de  financiar o apoyar  económicamente     al     grupo     ilegal…”36.   

Y más adelante concluyó:  

“Como  se  señaló con anterioridad, se  muestra  la  asistencia  de los empleados a ciertas reuniones como indicio grave  de  responsabilidad en el delito de concierto, sin embargo, como se indicó, ese  indicio  de  presencia  en  el  lugar  de  la  reunión  no  puede  tener  dicha  connotación  porque  allí  eran llevados por los dueños de la empresa y en la  mayoría  de  las  ocasiones  nula era su participación en las mismas, entonces  mal  podría  deducirse  de  esa  participación  un  interés  o  ánimo de los  empleados     de     concertarse     con     el     grupo     y    ofrecer    su  financiación…”37.   

Como  se observa, en la medida en que en la  declaración  escrita  en  mención  se  habla  que  alguien identificado con el  nombre    de    “DANIEL    VELASCO”  (pareciera  hacerse  alusión  a  DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR)  estuvo en las reuniones donde  se  llevaba  dinero  y otros objetos a los paramilitares, pero sin precisarse la  actividad  concreta  desplegada  durante  su desarrollo por el aludido, es claro  que,  así  vista  la  situación,  la  prueba fue tácitamente apreciada por el  juzgado.   

En este punto, el actor también se queja de  la  falta  de valoración del “documento declarativo  testamentario   firmado   y   autenticado  por”  Éver  de  Jesús  Sepúlveda  Areiza,   así   como  de  la  constancia  escrita  y  autenticada  en  notaría  por  Neida  Ofelia  Henao.  En  cuanto  a  la primera de esas pruebas, se advierte  que    allí    Sepúlveda    Areiza   refirió  su  temor  de ser objeto de algún atentado y atribuyó su  eventual  autoría  a la familia ACEVEDO, porque    “declaré   en   contra   de  ellos”38.   

A  su  turno,  en  el  otro  documento  su  signataria,     señora    Neida    Ofelia    Henao  Cañas, se limitó a informar acerca de las relaciones  de    Nelly   Acevedo   y  AMINTA  LIÉVANO  con  los  paramilitares,  las  que,  según dijo, conoció a través de alias “Pacho”.   

Resulta,   por   tanto,   evidente   la  intrascendencia  de las omisiones recaídas sobre esos otros elementos de juicio  con  respecto  a  la  responsabilidad  de los procesados empleados de la empresa  TRASAN  S.A.,  pues el señalamiento que de ellos surge se dirige exclusivamente  contra los ACEVEDO.   

(iii)  Según el demandante, los falladores  pretermitieron   las  “confesiones”  de  Rolando  Bayona Cárdenas       y       DANIEL      VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR, refiriéndose en concreto a la indagatoria  ofrecida  por  el  primero  y  a  la  ampliación  de indagatoria rendida por el  segundo  el 12 de marzo de 2008. Sin embargo, resulta evidente que el yerro así  denunciado   no  tuvo  ocurrencia,  pues  tanto  el  Tribunal  como  el  juzgado  apreciaron dichos medios de prueba.   

De todas maneras, es preciso señalar que la  manifestación  atribuida  por  el  actor  a los mencionados declarantes, que de  haber  sido  omitida  por  los juzgadores habría constituido un falso juicio de  identidad, carece de fundamento.   

En   efecto,   según   el   impugnante,  Bayona    Cárdenas   y  VELÁSQUEZ    VILLAMIZAR  señalaron  a  ALBERTO CÁRDENAS MONCADA de   promover   una   reunión   con   el   comandante  “Pacho”  por órdenes de AMINTA  LIÉVANO.  Empero,  revisadas las  aludidas  piezas  procesales,  se  advierte  que  el segundo de ellos en ningún  momento  hizo mención a CÁRDENAS MONCADA39, mientras el  primero  se  refirió  a  él  sólo  cuando  le  preguntaron  si  lo  conocía,  oportunidad  en que respondió: “sí lo conozco, él  es  el  esposo  de  la señora Nayibe Acevedo Liévano hija de la señora AMINTA  LIÉVANO   DE   ACEVEDO,   no   sé   qué   hace  ese  señor…”40.   

(iv)   Sostiene   el  libelista  que  los  juzgadores  dejaron de apreciar los contratos de arrendamiento y de explotación  a   10   años   de   las   licencias   de  “TRASAN  TAXIS-MIXTOS-CARGA”,  cuya omisión impidió inferir  que   la  necesidad  de  exterminar  a  Hugo  Antonio  Combariza  tenía como móvil no solamente una demanda  laboral  sino  tomar  finalmente  el control total de la empresa TRASAN S.A. por  parte  de  los ACEVEDOS y sus  ejecutivos.   

Si  bien el yerro así denunciado ocurrió,  lo  cierto es que el actor dejó de explicar, y la Sala tampoco lo evidencia, de  qué  forma ese error demuestra el propósito de los empleados de TRASAN S.A por  tomar  el  control  de  la empresa y mucho menos por hacerlo para financiar a la  organización  paramilitar.  En  ese  sentido,  el  yerro  se  torna  claramente  intrascendente.   

(v) Atribuye el demandante a los juzgadores  no  apreciar  el  oficio  de la DIAN en donde se castiga la conducta ilícita de  llevar  doble contabilidad. En su criterio, ese documento contribuye a demostrar  la responsabilidad de todos los procesados.   

         Aun  cuando  la existencia de doble contabilidad constituye elemento  de  juicio  para  concluir que quienes tenían las funciones de revisor fiscal y  contadora  dentro  de  la empresa TRASAN S.A. colaboraron en la financiación de  la    agrupación    paramilitar,    tal    como    sucede    con   DANIEL    VELÁSQUEZ    VILLAMIZAR    y  SONIA  RINCÓN  SUÁREZ, por  cuya  razón  el  juez  de primer grado los condenó a título de cómplices por  esa  infracción  penal,  la  Sala  no  evidencia,  y el casacionista tampoco lo  explica,  cómo  ese  hecho también compromete la responsabilidad de los demás  empleados   de   la   compañía,  quienes  ninguna  relación  tenían  con  la  contabilidad   de   la   empresa.   Por   tanto,  el  yerro  se  torna  también  intrascendente.   

(iv) Predica el impugnante la no valoración  de  las  sentencias  de  tutela  con  las cuales se demuestra que TRASAN S.A. no  puede  contestar  derechos de petición para explicar el origen del cobro ilegal  por  concepto  de  planillas. Ese error, en su sentir, impidió demostrar que no  sólo    los    ACEVEDO  financiaban  a  los paramilitares sino también los directivos de la compañía.   

         El  actor,  al  respecto,  se  limita  a  efectuar  una apreciación  meramente  personal,  sin  demostrar la forma como la imposibilidad de contestar  unos  derechos  de  petición,  que  perfectamente  puede  derivar  de  diversas  razones,   conduce  a  afirmar  que  los  empleados  procesados  financiaban  la  organización paramilitar.   

         (v)  Cuestiona  el  censor  la  no  consideración  de  los escritos  presentados  por  Álvaro  Ortiz Moscote e    Isael   Méndez   Daza,   en   los   cuales  atribuyen  a  LUIS  FRANCISCO    RODRÍGUEZ   BLANCO,   el   primero   de  ellos,  pedirle retractarse  de  lo  dicho  por  él  y  viajar  a Bogotá a declarar a favor de Nelly  Yamir  Acevedo,  para  lo  cual le  pagaban  los  pasajes  y  los  viáticos  y  le  darían otras recompensas, y el  segundo  intimidarlo  para  que,  igualmente,  se  retractara de lo declarado en  contra de la prenombrada.   

         Aun   cuando   es   cierto  que  los  juzgadores  no  se  refirieron  expresamente  a  las  mencionadas pruebas, ello no significa su pretermisión en  los  fallos.  Al  respecto,  obsérvese  el siguiente análisis del a quo:   

“Analizado el bloque acusatorio señalado  por  la  fiscalía  para soportar la acusación de LUIS FRANCISCO RODRÍGUEZ, se  advierte  en  los  testigos un ánimo incriminatorio injustificado en contra del  procesado   atribuyéndole   funciones   que  no  le  competen  para  tratar  de  comprometerlo  en actividades que lo vinculen con el grupo ilegal y ello resulta  explicable  porque  en  cumplimiento  de su función como abogado de la empresa,  frustró  las  expectativas económicas que muchos de los declarantes tenían al  incoar  las  demandas  laborales  en  contra  de  la empresa cuyos intereses él  defendía…”41.   

         En  cuanto,  conforme  se  deduce  de  los  escritos presentados por  Ortiz Moscote y Méndez   Daza,  se  trataba  éstos  de  trabajadores  de la empresa, quienes, según lo manifestaron, tuvieron problemas  laborales         con         la        misma42,   surge  claro  que el  juzgado  contempló  en  su  análisis las referidas pruebas para desestimarlas,  frente  a  cuyo  propósito,  es  necesario  señalarlo también, el funcionario  ponderó  otros  fundamentos  probatorios  que  el  censor,  en todo caso, no se  esforzó por rebatir.    

         (vi)  Como  se  acotó  en precedencia, los juzgadores apreciaron en  forma   expresa   la   ampliación   de  indagatoria  rendida  por  DANIEL   VELÁSQUEZ   VILLAMIZAR,  luego  resulta  infundado  el  falso  juicio  de existencia denunciado por el libelista  respecto de ese elemento de juicio.   

Ahora bien, si lo que pretende el apoderado  de  la  parte  civil  es  demostrar  un  falso  juicio  de  identidad porque los  falladores  no  valoraron  el  aparte de la prueba en la cual el aludido habría  afirmado  que  LUZ MARINA SIERRA ESPITIA estuvo  presente  en  varias  reuniones  con  los  paramilitares, es  imperioso  responder que el yerro así presentado tampoco se presentó, pues, de  una   parte,   VELÁSQUEZ   VILLAMIZAR  solamente  ubicó  a  la  procesada  en mención como asistente a la  reunión  realizada en Agua clara, en cuyo desarrollo se determinó que quien en  adelante   asumiría   la   gerencia   de   la   empresa   sería   Nelly              Acevedo43.   

Y,  de otro lado, por cuanto el juzgado sí  ponderó   ese  aspecto  de  la  declaración  de  indagatoria  de  DANIEL       VELÁSQUEZ       cuando  expresó:   

“… LUIS MARINA SIERRA ESPITIA ingresó  a  Trasan  a partir del 1º de abril de 2003, siendo gerente de la empresa Nelly  Acevedo  como  asesora  de  Transportes,  eso significa que las reuniones que se  celebraron  con  anterioridad a esa fecha no contaron con su presencia y los que  la  ubican  en  reuniones en el año 2002 en Agua Clara con los paramilitares no  dicen  la  verdad.  Le surge duda al despacho sobre la  afirmación  de  DANIEL  VELÁSQUEZ  que ella asistió a la reunión de marzo de  2003  en  Agua  Clara  con  Iguano,  Gato y Pacho donde se designó a Nelly como  gerente  de  la  empresa  y  se expulsó a CARLOS ACEVEDO como subgerente, en el  entendido  que  ella  hace  su  ingreso  a  la empresa por invitación de Nelly,  siendo  ella  gerente,  por  ello  queda  la duda de que ella efectivamente haya  asistido   a   esa   reunión   cuando  aún  no  tenía  vínculo  laboral  con  Trasan”44         (las subrayas son de la Corte).   

         La  valoración  del  juzgador, en virtud de la doble presunción de  acierto  y  legalidad  de que está revestida, prevalece sobre la de los sujetos  procesales,  salvo si se demuestra la incursión en un falso raciocinio, lo cual  hasta ahora no ha hecho el libelista.   

         (vii)  Acusa  el demandante la no apreciación de la declaración de  Yonis  Manuel  González. El  yerro,  sin  embargo,  no  ocurrió,  pues  el  a quo  en  forma  expresa  ponderó  esa  prueba45.   

         Según   el   actor,   dicho   testigo   señaló   a   LUIS  FRANCISCO,  MAGALY,  LUZ  MARINA  SIERRA  y DANIEL VELÁSQUEZ  haber  participado  en varias reuniones sostenidas con  los  paramilitares.  Siendo  así la situación, lo pertinente sería afirmar la  presencia  de  un  falso  juicio  de  identidad.  Empero, tampoco ese yerro tuvo  ocurrencia  en  este  caso.  En  primer  lugar,  porque  en  cuanto se refiere a  LUIS    FRANCISCO   RODRÍGUEZ   BLANCO, el juzgado señaló lo siguiente:   

“Entre  los paramilitares desmovilizados  que  han declarado en este proceso y que tuvieron acceso a las reuniones en Agua  Clara  y  sectores  de Puerto Santander porque formaban parte de los esquemas de  seguridad  de  los  comandantes  paramilitares  Iguano  y  Gato,  refieren  qué  personas  asistían y ninguno menciona la presencia de Luis Francisco Rodríguez  con  excepción  de  Yonis  Manuel González, quien se refiere al procesado como  “Chiqui  Peralta”,  sin embargo, al describirlo físicamente lo señala como  bajito,  acuerpadito, moreno, como calvito con entradas en la frente, de 35 a 40  años,   características   que   difieren   de   las   reales  características  morfológicas  del  procesado, pues no es calvo, no tiene entradas en la frente,  tiene  56  años  de  edad,  es  alto  y  delgado”46.   

         Y,  en  segundo  lugar,  porque respecto de los cuatro procesados en  mención  hubo  una referencia tácita en la sentencia de primera instancia a la  declaración  echada  de  menos,  al  reconocerse  la  asistencia de aquéllos a  algunas  reuniones con los paramilitares, sólo que por ese hecho no les derivó  consecuencia  negativa  al  no  evidenciar  en  su  actuación una intervención  activa orientada a financiar a la organización paramilitar.   

(viii)    Respecto    de   LUIS    FRANCISCO   RODRÍGUEZ   BLANCO,  cuestiona  al  sentenciador de primera instancia ignorar la grabación del 26 de  noviembre  de  2003,  en  la  cual  en mensaje cifrado un paramilitar comunica a  “Andrés  Bolívar”  la  ejecución    exitosa    del   secuestro   de   Hugo  Combariza  y  comentan sobre la necesidad de avisar de  ello al procesado antes mencionado.   

         El  compromiso penal que con esta prueba pretende el apoderado de la  parte  civil  atribuir  al  mencionado  procesado en el delito de concierto para  delinquir  carece  de  fundamento,  pues en la grabación del 26 de noviembre de  2003,  cuya  transliteración  se  aportó  al  proceso,  en  momento  alguno se  menciona     a     RODRÍGUEZ    BLANCO.  Es  cierto  que  en ella uno de los intervinientes en el diálogo  afirma  lo siguiente: “Sí señor, entonces yo hablo  con  este otro doctor y en después (sic) miro estala (sic) otra semana lo llamo  de    nuevo    para   qué   pasos   a   seguir”47.        Pero  ni  de  esa aseveración ni de la restante conversación allí  registrada       es       dable       inferir      que      el      “doctor”   al  cual  se  hace  allí  alusión  corresponda  a  LUIS  FRANCISCO  RODRÍGUEZ  BLANCO.   

         El   error  denunciado,  por  tanto,  no  reviste  la  trascendencia  asignada por el impugnante.   

         (viii)  Afirmó  el  libelista  que el juzgador dejó de edificar en  contra  de  MAGALY PERALTA el  indicio  de  mala  justificación, pese a las absurdas argumentaciones expuestas  por  su  defensor  para explicar su no presencia en la reunión de Agua Clara en  marzo de 2003.   

         Lo  primero  a advertir es que, como lo tiene clarificado la teoría  del  derecho probatorio, el indicio de mala justificación se construye a partir  de  las explicaciones dadas por el propio procesado, luego lo argumentado por su  defensor  en  el  curso  de  la actuación en ejercicio de su representación no  tiene   por   qué   constituir   motivo   para  fundamentar  la  existencia  de  circunstancia indiciaria de dicha naturaleza.   

         En  todo  caso,  es  claro  que el indicio de mala justificación lo  pretende  edificar  el  censor  con fundamento en una reunión realizada con los  paramilitares,  por  cuya  razón  el  yerro  denunciado se torna intrascendente  frente  a  la  decisión  absolutoria, pues el juez de primer grado arribó a la  conclusión  que  su sola asistencia no daba lugar a condenar a la procesada por  el delito de concierto para delinquir agravado.   

(ix) Tampoco tuvo ocurrencia el falso juicio  de  existencia  denunciado  respecto  del  escrito  presentado  por José   Francisco   Mejía  Rojas  y  del  testimonio   rendido   por   Jesús   Antonio   Alba  Martínez.  El  segundo  de  ellos  fue  expresamente  apreciado  por el a quo en su  fallo48,  haciendo  referencia,  incluso, al aspecto echado de menos por el  actor,  esto  es,  la  asistencia a reuniones con los paramilitares por parte de  LUZ  MARINA  SIERRA,  MAGALY  PERALTA, LUIS FRANCISCO  RODRÍGUEZ    y   DANIEL  VELÁSQUEZ.   

En   cuanto  al  escrito  presentado  por  Mejía  Rojas,  si  bien el  a   quo  no  lo  mencionó  expresamente,  debe  tenerse  en  cuenta  que  el libelista también denuncia la  falta  de  apreciación  del  aspecto antes referido, luego frente al mismo hubo  también una valoración tácita.   

     

a. Sobre los falsos juicios de identidad:     

(i)  Para  el  demandante, el juzgador no  apreció  los  apartes del testimonio de Pedro Antonio  Palencia  Pérez  en  donde  señaló, de una parte, a  DANIEL  VELÁSQUEZ,  MAGALY  PERALTA,  LUIS FRANCISCO  RODRÍGUEZ  y  LUIS  MARINA  SIERRA  de  elaborar  una lista negra y a ALBERTO   CÁRDENAS   MONCADA   de   ser  paramilitar.   

         El  yerro  tampoco  tuvo  ocurrencia.  En  lo  relativo a las listas  negras  el  a quo abordó el  tema cuando sostuvo lo siguiente:   

“Existen unos testigos que dan cuenta de  las  listas  negras,  las  cuales  definieron como aquella relación de deudores  morosos  por  concepto  de  ausentes y cuentas por pagar a favor de la empresa y  cuyo  cobro  se  ejecutaba  a  través  de  los  paramilitares  y se atribuye la  elaboración  a varios de los empleados de la empresa, sin embargo, considera el  despacho  que  esa  atribución  de  autoría  en  forma indiscriminada a varios  empleados  obedece al desconocimiento que tienen del organigrama de la empresa y  de  las  funciones propias de cada cargo. Como es sabido existen las secciones o  departamentos  y  cada  una tienen una misión excluyente y específica quedando  claro  que  en  el departamento de cartera era donde se llevaba el control sobre  los  deudores  de  la  empresa,  que al software allí implementado sólo tienen  acceso  con  su  respectiva  clave  la  persona  de dicho departamento y, por lo  tanto,  mal puede atribuirse la consolidación de dichos listados a las personas  encargadas  de  otros  departamentos  diferentes.  Qué  relación  pueden tener  DANIEL  VELÁSQUEZ,  SONIA  RINCÓN, LUIS FRANCISCO RODRÍGUEZ, MAGALY PERALTA y  LUZ   MARINA   SIERRA   con   los   deudores  de  la  empresa?…”49.   

         En      particular,      sobre     el     procesado     RODRÍGUEZ   BLANCO   el   juzgado  más  adelante   señaló:  “Pedro  Antonio  Palencia  lo  involucra   con   la   elaboración   de   las  listas  negras…”50.   Y   frente   a   ese   señalamiento  razonó:   

“Sobre las listas de deudores morosos de  Trasan,  alias  Ayuda,  Coyara, Jhon Gallo dan cuenta que éstas eran entregadas  por  Nelly  al  comandante  Gato  para  que  le ordenara a Pacho su cobro, a las  buenas  o  a  las  malas,  José  Reinaldo Ramírez, alias el Indio, también da  cuenta  que  Carlos  Acevedo  hizo  entrega  de  estas listas de deudores en las  reuniones  que  hacía frente al CAI de Niza, por lo que no resulta creíble que  el  procesado  LUIS FRANCISCO RODRÍGUEZ las elaborara porque no trabajaba en el  departamento  de  cartera  y  menos que las entregara a Pacho, porque como se ha  explicado  con  anterioridad,  la  relación  de  los  paramilitares era con los  Acevedo     y    no    con    los    empleados”51.   

         En   relación   con   ALBERTO  CÁRDENAS  MONCADA,  encuentra  la  Sala  que  el  juzgado  hizo  alusión   a   la   imputación   que   le   formuló  el  testigo  Palencia   Pérez   cuando  justipreció  señalamiento     similar     proveniente     del     declarante    Jorge  Olaguer  Guerrero,  oportunidad en  que reflexionó en los siguientes términos:   

“…  Se pregunta el despacho si ALBERTO  CÁRDENAS,  según  el  testigo  era  persona importante de los paramilitares de  Juan  Frío,  por  qué el Iguano, jefe del bloque, dice no conocerlo y también  alias  Hernán,  comandantes  de  los  paramilitares  de  Juan  Frío,  donde el  procesado  era  persona  de relevancia, tampoco lo conoce, así lo afirmó en la  audiencia  pública  y  demás desmovilizados que rindieron declaración en esta  etapa                   procesal”52.   

         Y enseguida concluyó sobre el tema:   

“…  Jorge  Olaguer  Guerrero, quien le  atribuye  relevancia,  es desmentido por los comandantes del grupo y en especial  por  el  jefe de Juan Frío, Armando Mejía Guerra, alias Hernán, por lo que le  queda  la  duda  al  despacho  que  efectivamente el procesado CÁRDENAS MONCADA  tenga  vínculos  con  el  grupo  armado  y  que la acusación sólo obedezca al  parentesco   de   afinidad   con   la  familia  Acevedo  Liévano”53.   

         (ii)                       Para  el  actor,  los  falladores  cercenaron la  declaración  de  Eiver Solano Rodríguez y  el  escrito por él dirigido a la Fiscalía General de la Nación  donde   denuncia   que   Nelly  Acevedo  se  unió  con  los  paramilitares  y  con  la empresa de vigilancia  Capricornio  para,  utilizando  la  amenaza  y el terror, tomarse las riendas de  TRASAN  S.A. con el apoyo de DANIEL VELÁSQUEZ, MAGALY  PERALTA y su esposo.   

         

         Si  bien la omisión es cierta, la verdad es que el demandante no se  ocupa  de  derruir los fundamentos probatorios del fallo de primer grado con los  cuales  el a quo arribó a la  concusión   según  la  cual  ni  DANIEL  VELÁSQUEZ  ni    MAGALY    PERALTA  realizaron  actuación  orientada  a  financiar  a  la  organización  paramilitar, distinta a la desplegada por el primero de ellos que  le   valió   para   ser  condenado  a  título  de  cómplice  en  ese  acaecer  delincuencial.   

         (iii)   Según  el  censor,  el  ad  quem  tergiversó    las   confesiones   de   DANIEL    VELÁSQUEZ    VILLAMIZAR    y  Pedro  José  Nossa  Gómez,  pues     las     desestimó     porque     se     hicieron    en    “situación   extraña   o   de  supuesta  amenaza”,  cuando  en  esas  piezas  procesales  para  nada  aparecen  tales  circunstancias   

         En  realidad, en la apreciación de los citados elementos de juicio,  conforme  quedó visto atrás, el Tribunal incurrió en un falso raciocinio, que  lo  llevó  a  desechar el mérito probatorio que arrojan frente a los vínculos  de  la familia ACEVEDO con la  organización   ilegal.   Sea   como   fuere,  en  su  indagatoria  VELÁSQUEZ    VILLAMIZAR   no   admitió  alianzas  de  su  parte,  luego  resulta  equivocado  señalar  que  su versión  constituye una confesión.   

(iv)  Denuncia también el cercenamiento de  la   grabación  realizada  a  la  conversación  sostenida  entre  Hugo     Combariza    y    DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR, en cuanto  dicho  diálogo  confirma la existencia de la reunión celebrada en las oficinas  de  TRASAN con los paramilitares, en donde Nelly Yamir  Acevedo  Liévano  reconoce que ella pagó 10 millones  por    el    secuestro   de   Combariza.   Según   el  actor,  esa  prueba  demuestra  la  alianza  de  los  ACEVEDOS  y  ejecutivos  de  TRASAN con los paramilitares.   

         En  lo  relativo  al  procesado VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR,   resulta   imperioso   concluir  que  la  grabación     resulta    per    se    intrascendente  para  atribuir  al aludido responsabilidad a título  de  coautoría  en  el  delito  de concierto para delinquir agravado, pues en el  curso  de  esa  conversación  no  reconoció  tampoco  tener alianzas con dicha  organización paramilitar.   

         (v)  El  actor  atribuye  a los juzgadores tergiversar el informe de  Luz       Estella       Viera,      funcionaria  del  Ministerio  de la Protección Social. Sin embargo,  más  allá  del error así presentado, que en realidad se trataría de un falso  juicio  de  existencia,  lo  pretendido  en  la demanda es que la Corte acoja la  apreciación  del  libelista,  según  la  cual  como en la visita realizada por  dicha  funcionaria  a  las  instalaciones  de  TRASAN  el procesado RODRÍGUEZ  BLANCO  asumió  una  actitud  desobligante  para  con  la servidora pública en mención, entonces el trato de  aquel  debía  ser  similar  para  con  los  trabajadores  de  la  empresa y esa  situación demuestra su vinculación con los paramilitares.   

         Se  trata  entonces  de  una  inferencia  netamente  particular  del  impugnante   que   opone   a   las  conclusiones  valorativas  del  a  quo,  quien  no encontró el atribuido  nexo,  sin  que aquél demuestre la existencia de yerro casacional alguno en tal  apreciación.   

         El  censor  también  denuncia  la tergiversación del testimonio de  Edwin   Arias  Vivas,  por  cuanto  no  se  tuvo  en  cuenta  que  el  motivo  de enemistad con RODRÍGUEZ   BLANCO   es   porque  éste  pretendió  que  aquél  sirviera  de testigo falso y al negarse le “montaron”  un proceso de despido. Sin  embargo,  claramente  se advierte que el juzgador de primer grado no omitió ese  aparte  de  dicho  testimonio,  sino  que  no  lo  estimó  digno de crédito al  considerar,  conforme  quedó  visto atrás, que las acusaciones provenientes de  trabajadores    como    Arias   Vivas   obedecieron  a  la  actuaciones  del  procesado,  quien “como   abogado   de   la   empresa,  frustró  las  expectativas  económicas  que  muchos  de  los  declarantes  tenían  al  incoar las demandas  laborales  en  contra  de  la  empresa  cuyos intereses defendía”54.   

         (vi)  De  acuerdo con el libelista, el sentenciador distorsionó las  declaraciones  de Pedro José Nossa Gómez,  abogado y compañero de oficina de LUIS  FRANCISCO  RODRÍGUIEZ  BLANCO,  así  como las de los  desmovilizados  Yonis  Manuel  González y   Jorge   Iván   Laverde,  pues  éstos  también  refirieron  su participación en diversas  reuniones, y no solamente los trabajadores de la empresa.   

         El   yerro   tampoco   tuvo   ocurrencia,   pues   el   a   quo   en  forma  expresa  abordó  lo  referente  a  los señalamientos provenientes de los desmovilizados en mención,  como  quedó  visto  atrás en el caso de Yonis Manuel  González  y  conforme  se  evidencia  a continuación  respecto   de   alias   “El  Iguano”:    

“Jorge  Iván  Laverde  Zapata,  en  la  declaración  rendida el 6 de febrero de 2008, al preguntarse en forma genérica  por  los  empleados  manifestó  conocerlos  a  todos, sin embargo, en posterior  ampliación  rendida el 5 de junio de 2008, al preguntarse en forma concreta por  LUIS  FRANCISCO RODRÍGUEZ, manifestó no saber quién era él…”55.   

         En  lo correspondiente a Pedro José Nossa  Gómez,  resulta  imperioso acotar que la apreciación  del  segmento  echado  de menos por el actor se produjo de manera tácita cuando  el  fallador  de primer grado dio por probada la asistencia de los procesados en  algunas  reuniones,  sin derivar de ese solo hecho compromiso penal alguno, dada  la  inexistencia  de  prueba  que  indicara  su  intervención activa durante su  desarrollo.   

         (vii)  Según  se  infiere de la demanda, el sentenciador tergiversa  el  testimonio  de  Jorge  Iván  Laverde,  porque  sostiene  que  MAGALY  PERALTA  SANABRIA,  LUZ  MARINA  SIERRA  ESPITIA,  ALBERTO CÁRDENAS MONCADA y   LUIS   FRANCISCO  RODRÍGUEZ  BLANCO  intervinieron   en   una  sola  reunión,  cuando  el  declarante habla de múltiples reuniones.   

         Carece   de   fundamento   el   reproche,   pues   el   a   quo  contempló  la  celebración  de  varias  reuniones,  como  se deduce de la siguiente reflexión, ya transcrita en  otro aparte del presente fallo de casación:   

“Como  se  señaló  con  anterioridad,  se  muestra  la  asistente de los empleados a ciertas  reuniones como indicio grave de responsabilidad en el  concierto  para  delinquir,  sin  embargo,  como  se  indicó,  ese  indicio  de  presencia    en    el    lugar   de   la   reunión   no   puede   tener   dicha  connotación…”  (subraya  la  Corte)56.   

         De  todas  maneras,  la  discusión  planteada  por el demandante se  torna  irrelevante, pues trátese de una o varias reuniones, lo cierto es que el  juzgado  le  restó  fuerza  probatoria a la asistencia de los procesados en las  mismas,  no  por  la cantidad realizada, sino por cuanto en su desarrollo éstos  no  desplegaron  actividad  dirigida  a  promover  o  financiar,  a  título  de  coautores, a la organización paramilitar.   

         (viii)  Para  el  actor,  el  juzgador  de primer grado incurrió en  falso  juicio  de  identidad cuando concluyó que LUIS  FRANCISCO      RODRÍGUEZ      y      ALBERTO     CÁRDENAS     MONCADA    no  intervinieron  en  la  elaboración  de  las listas negras, porque el primero no  tenía   funciones   de   cartera   y   el   segundo   no  era  empleado  de  la  empresa.   

         El  libelista omite precisar la prueba o pruebas que el sentenciador  distorsionó   o   cercenó,   limitándose   a  mostrar  inconformidad  con  la  conclusión  de éste, sin demostrar la vulneración de los criterios de la sana  crítica  en  ese  ejercicio  apreciativo,  con  lo  cual olvida que tal tipo de  postulaciones  no  son  válidas en sede de casación, dada la doble presunción  de acierto y legalidad que acompaña al fallo impugnado.    

         (ix)   Cuestiona   al   fallador   tergiversar   el   testimonio  de  Jorge  Olaguer  Guerrero, al  atribuir     señalar     a    ALBERTO    CÁRDENAS  MONCADA  de ser paramilitar, cuando lo manifestado por  el  testigo  es  que  se  trataba de “una persona de  mucha    relevancia    o    importancia    en    los   paramilitares   de   Juan  Frío”.   

         El  error  así denunciado no tuvo ocurrencia, pues, conforme quedó  visto  atrás,  el  a quo sí  tuvo  en  cuenta  la  afirmación  echada  de  menos  por  el  actor. Obsérvese  nuevamente lo expresado por el funcionario judicial al respecto:   

“…  Se pregunta el despacho si ALBERTO  CÁRDENAS,    según    el   testigo   era   persona  importante  de  los  paramilitares de Juan Frío, por  qué  el  Iguano,  jefe  del bloque, dice no conocerlo y también alias Hernán,  comandantes  de  los paramilitares de Juan Frío, donde el procesado era persona  de  relevancia,  tampoco  lo  conoce, así lo afirmó en la audiencia pública y  demás    desmovilizados    que    rindieron    declaración   en   esta   etapa  procesal”57.   

“… Jorge Olaguer Guerrero, quien   le   atribuye   relevancia,  es  desmentido  por  los  comandantes  del  grupo  y en especial por el jefe de Juan  Frío,  Armando  Mejía  Guerra,  alias  Hernán, por lo que le queda la duda al  despacho  que  efectivamente  el procesado CÁRDENAS MONCADA tenga vínculos con  el  grupo  armado  y  que la acusación sólo obedezca al parentesco de afinidad  con     la     familia     Acevedo    Liévano”58         (subraya     la    Corte).   

         (x)    Reprocha   distorsionar   el   testimonio   de   José  Reinaldo Ramírez Ortega, al omitir  que   el  declarante  señaló  a  CÁRDENAS  MONCADA  haber  asistido  a  la  reunión  realizada en casa de  AMINTA  LIÉVANO, situada en  Cúcuta,     en    la    cual    se    hizo    presente    alias    “Pacho”.   

         El  mencionado  yerro  tampoco  se  presentó,  pues el a  quo  se refirió expresamente al aparte  del   testimonio   de   Ramírez  Ortega,   considerando   sobre   la  reunión  realizada  en  la  casa  de  AMINTA       lo  siguiente:   

“Frente  a  esa  circunstancia la única  referencia  que  obra  en  el proceso es la versión de José Reinaldo Ramírez,  sin  embargo,  le  queda  duda  al despacho que la misma haya ocurrido, primero,  porque  en  su  inicial  versión  narra  lo  mismo  pero  no  incluye a ALBERTO  CÁRDENAS  como  intermediario  entre  ella  y Pacho; segundo, porque el testigo  señala  que  la  gerencia  la  ejercía  Jorge  Liévano, hermano de la señora  AMINTA,  quien  desempeñaba desde Bucaramanga porque Carlos lo amenazó con los  paramilitares  y  lo  hicieron  ir  de  Cúcuta con la intención de él pasar a  desempeñar  ese  cargo,  entonces,  si  la señora AMINTA no ostentaba cargo de  dirección  de la empresa, por qué tenía que José Reinaldo ir a su casa a que  le         firmara         documentos?…”59.   

         (xi)       Según      el      demandante,      el      “defensor”     de     MAGALY  PERALTA  tergiversó el testimonio  rendido   por   alias  “El  Iguano”  el  6  de  febrero de 2008 cuando señaló que éste no la menciona,  lo cual no es cierto.   

         A  este respecto, es claro que el actor erra acerca del destinatario  del   recurso  extraordinario  de  casación,  pues  los  reproches  corresponde  dirigirlos  contra  las  sentencias  de  instancia,  mas  no  en desmedro de las  argumentaciones  que  ofrecen  los  sujetos  procesales.  Por  tanto,  carece de  idoneidad  una  postulación  de  tal  jaez para derruir las conclusiones de los  juzgadores.   

En  este  punto, el impugnante cuestiona al  sentenciador,  ahora  sí,  por  distorsionar el testimonio antes mencionado, al  predicar  que el declarante no atribuye a  MAGALY  PERALTA  función  alguna en las reuniones, situación  inexacta,  pues  su presencia, según éste, tenía como fin recibir el aval del  jefe paramilitar para el manejo de la empresa.   

         Para  determinar  si  se  produjo  el yerro denunciado, es necesario  reproducir  el texto de la declaración de alias “El  Iguano”     que,     según    el    actor,    se  distorsionó:   

“CARLOS    los    llevó60 porque él  iba  a  tomar  la  dirección de la empresa TRASAN, entonces delante de nosotros  explicó  cómo iba a quedar la empresa, el fin de llevar los empleados creo que  era  para  que  nosotros  lo  avaláramos,  es  que  El  INDIO los bajaba en una  camioneta”61.   

Frente a esa manifestación del testigo, el  a   quo   razonó  en  los  siguientes términos:   

“… el comandante Iguano, al referirse a  DANIEL  VELÁSQUEZ  aclara  que  solo  lo observó en una ocasión, cuando  CARLOS  ACEVEDO  los  hizo bajar para dejarles claro quién  tomaba  las riendas de la empresa, para amedrentarlos y que se dieran cuenta que  estaba  apoyado  por  el  grupo armado” (subraya        la        Corte)62.   

         Como  se  observa,  no hubo distorsión del texto de la declaración  de  Jorge  Iván Laverde. Se  trató,  contrariamente,  del  mérito que el juzgado le asignó a la prueba, en  cuanto  al  evidenciar  que  si los empleados (habla en plural) eran llevados en  una  camioneta  para  ser enterados por uno de los dueños de la empresa, con la  presencia  del  jefe  paramilitar de la zona, acerca quién iría a regentar sus  destinos  en  adelante, concluyó que no estaban allí voluntariamente y que, en  general,  como  lo refirió en otro aparte del fallo, su situación “era   de  convidados  de  piedra”63.   

         (xii)   En   criterio   del  libelista,  el  fallador  cercenó  las  declaraciones  de Jorge Olaguer Guerrero, Yonis Manuel  González   y  Jorge  Iván  Laverde,  en  el aparte donde dijeron que DANIEL     VELÁSQUEZ,     MAGALY     PERALTA,    LUIS    FRANCISCO  RODRÍGUEZ,    ALBERTO  CÁRDENAS   y  LUZ  MARINA  SIERRA      asistieron     a     reuniones     con  paramilitares.   

         Como  quedó  expresado  en  precedente,  el  juez  de  primer grado  admitió  que los procesados antes mencionados, salvo en el caso de ALBERTO  CÁRDENAS, asistieron a reuniones  con  paramilitares,  sólo  que  no derivó de ese sólo hecho compromiso penal.  Siendo   así   la   situación,   carece   de   fundamento   el   reproche   en  cuestión.   

         Denuncia  también  el  censor  el  cercenamiento  del testimonio de  Jorge      Olaguer      Guerrero     cuando   indica  que  los  antes  mencionados  acusados,  así  como  SONIA RINCÓN, financiaban y  colaboraban a los paramilitares.   

         Si  bien  no  hay  en  la  sentencia  una mención expresa al citado  segmento    de    la    declaración    de   Olaguer  Guerrero, la Sala encuentra que el juzgado se refirió  tácitamente  a  ese  aspecto  cuando  demeritó  su  credibilidad en punto a la  sindicación   que   hizo   en  contra  de  CÁRDENAS  MONCADA. Al respecto, señaló:   

“… El testigo narra una serie de hechos  y  es  testigo  de una serie de circunstancias que darían para creer que pasaba  mucho  tiempo  en  la  empresa, sin embargo, estos controles no tenían vínculo  laboral  con  la  empresa,  su contacto era el jefe de controles, lo que permite  concluir  que  todo  lo  señalado lo conoció por comentarios…”64.   

         No   se   presentó,   por   tanto,   el   yerro.   El  a   quo   sometió   a   valoración  el  testimonio    de    Olaguer   Guerrero,  incluido el aparte echado de menos por el impugnante, sólo que no  lo  estimó  digno de crédito, conclusión que debió éste rebatir demostrando  la   violación   de   los   criterios  de  la  sana  crítica,  a  lo  cual  no  procedió.   

     

a. Sobre los falsos raciocinios:     

(i)  Para  el  libelista,  la  experiencia  enseña     que     tanto    los    paramilitares    como    los    ACEVEDO e, incluso, los mismos directivos  de  TRASAN  S.A.  se jactaban de sus delitos, en cuanto les generaba prestigio y  temor  entre  sus  amigos  y  enemigos,  luego  la  sentencia se equivoca cuando  concluye que actuaban escondidos en la ciudad.   

         En  la  proposición  del  anterior  enunciado  el  actor  parte  de  considerar  que  los  empleados procesados de TRASAN S.A. están involucrados en  las  actuaciones  delincuenciales  realizadas  por  los  paramilitares,  de cuya  premisa  concluye que cometían acciones en contra del gremio de transportadores  en  forma  pública,  cuando  el  fallador en momento alguno admitió ese hecho.   

El demandante entonces no hace sino postular  su  particular valoración probatoria, la cual opone al criterio apreciativo del  juzgador,  olvidando  así  que,  como  se  expresó en precedencia, ese tipo de  controversias  probatorias  no  es admisible en sede de casación, atendiendo la  doble   presunción  de  acierto  y  legalidad  que  acompaña  a  la  sentencia  impugnada.   

         (ii)  Considera  el actor que los falladores inaplicaron la regla de  la  experiencia  y  de la lógica, conforme a la cual el contacto permanente con  los  grupos  al  margen  de  la ley demuestra la aceptación tácita del acuerdo  criminal de esas organizaciones.   

         Lo  primero  que  se advierte es la falta de claridad del impugnante  al  diseñar el reproche, pues habla indistintamente de reglas de la experiencia  y  postulados  de  la  lógica, olvidando que se trata de conceptos diversos. Se  recuerda    que    las    primeras    son    todas    aquellas   “generalizaciones  que  se hacen a partir del cumplimiento establece  e  histórico  de  ciertas  conductas similares” (CSJ  SP, 19 de nov. de 2003, rad. 18787).   

Los  postulados  lógicos,  en  cambio, son  “son  proposiciones  que  responden al principio de  conocimiento  y  que,  por  lo tanto, representan adecuadamente la realidad y la  verdad  a  partir de la verificación de las alternativas posibles de inferencia  racional”.  (CSJ  SP, 5 de jun. de 2013 rad. 34134).  Tales  principios de la lógica son los de identidad, no contradicción, tercero  excluido   y   razón   suficiente   (CSJ   SP,   24   de  sep.  de  2014,  rad.  42606).   

         Ahora  bien,  para  la construcción del citado enunciado, en lo que  se  refiere  a  los  procesados  empleados  de  TRASAN,  el  actor desconoce las  conclusiones  del  a  quo, a  cuyo  tenor  en  las  reuniones  a  las  cuales asistieron con los paramilitares  asumieron  una actitud pasiva, sin realizar entonces actuación alguna orientada  a  promover  o  financiar esa organización ilegal. La pretensión del libelista  es,  por tanto, hacer valer su propio criterio apreciativo, situación que, como  ya se dijo, resulta inadmisible en sede de casación.   

         Como    lo    ha    expresado    esta   Corporación,   “la   sola  elaboración  de  máximas  a  partir  de  hechos  no  admitidos  por  las  instancias  carece de idoneidad para desvirtuar el valor de  verdad   de   las   conclusiones   fácticas   de   los  fallos”  (CSJ SP, 12 de sept. de 2012, rad.36824).   

         (iii)  Censura  el  casacionista a los sentenciadores por desconocer  la  regla  de  la  experiencia,  según la cual ni siquiera los militares pueden  aceptar  la  obediencia ciega de órdenes de carácter ilegal, esto por sostener  que  los  procesados  MAGALY  PERALTA  SANABRIA,  LUZ  MARINA  SIERRA  ESPITIA,  ALBERTO  CÁRDENAS  MONCADA y  LUIS    FRANCISCO   RODRÍGUEZ   BLANCO,  por  ser  empleados  de  TRASAN  S.A.,  se  limitaban  a obedecer  órdenes superiores de sus patrones.   

         

         La  proposición  referida  por el actor, en realidad, no constituye  una  regla  de la experiencia sino la norma que se deriva del artículo 91 de la  Constitución  Política,  acorde  con el cual en caso  de  infracción  manifiesta  de  un  precepto  constitucional  en detrimento de  alguna  persona,  el mandato superior no exime de responsabilidad al agente que  lo  ejecuta.  En  ese  orden,  si  su  pretensión era  demostrar  el  desconocimiento  de esa disposición a partir de las conclusiones  probatorias  del juzgador, le correspondía acudir a la violación directa de la  ley para denunciar su falta de aplicación.   

         Pero,  bajo  el  supuesto  de  que ese fue el querer del impugnante,  advierte  la  Sala  que  el sustento esencial de la decisión del juez de primer  grado  no  se  fundamentó  en  el  cumplimiento  por  parte  de  los precitados  procesados  de órdenes superiores sino, como se ha expresado repetitivamente en  el  presente  fallo,  en  la  asistencia  de  éstos  a  las  reuniones  con los  paramilitares   a   manera   de   “convidados   de  piedra”,  es  decir,  sin realizar actuación alguna  orientada a promover o financiar esa agrupación ilegal.   

         Es  necesario  señalar  que,  en todo caso, la discusión jurídica  esbozada  por  el  actor,  en rigor, no tiene aplicación en el presente evento,  pues   la   norma  constitucional  en  cita  regula  las  relaciones  entre  las  autoridades  públicas  y sus subalternos, mientras la situación aquí debatida  se  contrae  a  la  presunta  intervención  de  empleados  pertenecientes a una  empresa privada en actividades delincuenciales.   

         (iv)   Acusa  el  libelista el desconocimiento de las reglas de  la  experiencia  y  de  la  lógica cuando descartó la versión de Isael   Méndez  Daza  por  el  hecho  de  afirmar  que DANIEL VELÁSQUEZ VILLAMIZAR se  desplazó al Catatumbo con el fin de acusarlo de guerrillero con  alias   “Gato”.  En  su  criterio,  dicho  viaje  no  tenía  como único propósito tal situación, sino  otros objetivos.   

         Nuevamente,  el  demandante en forma desacertada refunde en un mismo  concepto  las  reglas  de  la  experiencia y los postulados de la lógica. Y, de  todas  maneras, no fundamenta y mucho menos demuestra ninguno de ellos, sino que  propende  porque  se  rechace  el mérito probatorio asignado por el fallador al  testimonio  de Isael Méndez,  argumentando  que  éste  tenía  otros  objetivos  al  viajar  a la región del  Catatumbo,  y  no  únicamente  acusar  a  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR  de  guerrillero  ante  alias  “Gato”.    

         (v)  En criterio del impugnante, va en contra de la lógica y de las  reglas  de  la  experiencia  exigir, como lo hizo el a  quo  en  relación  con LUIS  FRANCISCO      RODRÍGUEZ      y      ALBERTO   CÁRDENAS   MONCADA,  que  para  cometer  el delito de concierto para delinquir se requiere tener un cargo en una  empresa,  o ser socio, accionista o directivo, pues lo cierto es que corresponde  a  un  tipo  penal  con sujeto activo indeterminado, de manera que se incurre en  ese  punible  así  ni  siquiera  se  encontrara  laborando en la compañía con  anterioridad   al   1º  de  abril  de  2003,  como  ocurrió  con  LUZ  MARINA SIERRA ESPITIA, quien antes de  vincularse     a    la    misma    ya    trabajaba    con    los    ACEVEDO.   

         Una  vez  más,  el  censor  incorrectamente habla de los postulados  lógicos  y  de  las reglas de la experiencia como si se trataran de uno solo. Y  tampoco  aquí  concreta  el  enunciado constitutivo de la vulneración de uno u  otro criterio de la sana crítica.   

En  realidad,  nuevamente se circunscribe a  postular  su  propio  enfoque  apreciativo,  considerando  que  el  hecho  de no  ostentar  dichos  procesados  cargo  en  la empresa, o ser socios, accionistas o  directivos,  como  era  el  caso  de  LUIS  FRANCISCO  RODRÍGUEZ    y   ALBERTO  CÁRDENAS  MONCADA,  o  no estar vinculada a la misma,  conforme    sucedía    con    LUZ   MARINA   SIERRA  ESPITIA,  no impedía responsabilizarlos del concierto  para   delinquir   imputado,   controvirtiendo  de  esa  manera  la  valoración  probatoria  del  fallador,  quien  a  partir  del  examen  de  los  elementos de  convicción  arrimados  a  la  actuación no halló mérito para condenarlos por  ese punible.   

         (vi)  Atribuye  desconocer  reglas  de la experiencia la afirmación  del    juez,   según   la   cual   el   hecho   de   que   alias   “Pacho”  se  hubiese  sentado  en  la  silla    de    RODRÍGUEZ    BLANCO    no  indica  su  relación  con  el  financiamiento  del grupo armado  ilegal   

         El  actor,  empero, no precisa cuál es el comportamiento repetitivo  que  constituye  la  regla universal. Pareciera que el enunciado postulado en la  demanda  se  contrae  a  señalar  que  siempre  o  casi  siempre  que  un  jefe  paramilitar  se  siente  en la silla de alguien, es porque este último financia  el  grupo  ilegal  al  cual  pertenece  aquél.  Pero  en la elaboración de esa  hipótesis  el demandante pasó por alto que el fallador no encontró demostrado  que      RODRÍGUEZ      BLANCO      tuviera  oficina  propia  en las instalaciones de la empresa TRASAN,  es  decir,  construye  la  máxima  a  partir  de  un  hecho  no  admitido en la  sentencia.   

(vii)  Según  se infiere de la demanda, se  desconocieron  las reglas de la lógica y de la experiencia cuando se consideró  que  los  ejecutivos de TRASAN S.A. eran obligados a asistir a las reuniones con  la organización delincuencial.   

         Refundiendo  de  nuevo en uno solo los aludidos criterios de la sana  crítica,  tampoco  aquí el actor precisa el postulado lógico o la regla de la  experiencia  desconocidos  por  el  juzgador.  De todas formas, el enunciado que  plantea  no reviste trascendencia para mudar el sentido de la decisión adoptada  en  el  caso  de  los  procesados  empleados  de  TRASAN,  pues, conforme quedó  suficientemente  reseñado en precedencia, el juzgador admitió la asistencia de  éstos  a  algunas  reuniones,  sólo  que no halló prueba de su participación  activa  en  la  financiación  del  grupo paramilitar, excluida, desde luego, la  situación   de   DANIEL   VELÁSQUEZ   y  SONIA RINCÓN,  respecto   de   quienes  evidenció  actos  de  colaboración  en  ese  quehacer  delincuencial.   

         En  consecuencia,  la  Corte no casará la sentencia impugnada en lo  referente  a los procesados LUZ MARINA SIERRA ESPITIA,  ALBERTO     CÁRDENAS     MONCADA,     LUIS  FRANCISCO  RODRÍGUEZ y MAGALY  PERALTA  SANABRIA,  a  quienes se  absolvió   por   el   punible  de  concierto  para  delinquir  agravado.  Igual  determinación  adoptará  en  relación  con  DANIEL  VELÁSQUEZ      VILLAMIZAR      y     SONIA   RINCÓN   SUÁREZ,  respecto  de  quienes,  por  tanto,  se mantendrá la condena proferida en el fallo de primera  instancia   por   esa   misma  conducta  delictiva,  a  título  de  cómplices.   

     

I. Lo relativo al secuestro extorsivo agravado:     

1.  Para  el Tribunal, analizadas todas las  declaraciones  recepcionadas  en  la instrucción y en el juicio, la conclusión  que  se  impone  es la no acreditación en forma indubitable de la comisión del  delito   de  secuestro  extorsivo.  A  este  respecto,  recalca  en  que  ni  el  denunciante  ni  la  Fiscalía  trajeron  a  la  actuación testigo presencial y  directo de los hechos.   

         En  relación  con lo anterior, el apoderado de la parte civil acusa  al  ad  quem  de incurrir en  falso  raciocinio  al  estimar  como  testigos  de  oídas  a los desmovilizados  Éver  de  Jesús  Sepúlveda  Areiza,  Óscar Ferney  Sánchez  Sánchez  y Golfan  Javier  Cruz  Rubio, pese a que presenciaron los actos  iniciales  del  secuestro. Por su parte, el Delegado de la Fiscalía le reprocha  pasar  por  alto  las  citadas declaraciones, así como la de alias “El  Iguano”,  quienes  dieron cuenta  acerca de la existencia del referido delito.   

         Pues  bien,  en  realidad,  en la apreciación de los testimonios de  Éver  de  Jesús  Sepúlveda, Óscar Ferney Sánchez  y   Golfan   Javier  Cruz  la  corporación  de  segundo grado incurrió en falso  juicio  de  identidad, al dejar de apreciar los apartes de esas declaraciones en  las  cuales  los  deponentes  dijeron  haber  presenciado  el  momento en que se  ordenó  y  planeó  el  secuestro  de  Hugo  Antonio  Combariza.   

         En  efecto, Sepúlveda Areiza declaró  que  estuvo presente en la reunión del 20 de noviembre de  2003  realizada  en Agua clara, en la cual los ACEVEDO  y        el        comandante       “Gato”  planearon  el  secuestro  de  Hugo  Combariza,  y es así  como  observó cuando, ese mismo día, dicho jefe paramilitar le ordenó a alias  “Pacho”   “que  cogieran  a  ese  viejo  y  lo  secuestraran  y lo subieran a Juan Frío y que lo hicieran firmar un paz y salvo  y  que  retirara  la  demanda  que tenía en un juzgado y que entregara las tres  empresas   que   tenía,   que   eran   CARGA   MIXTA  Y  TAXI…”65.   

Por     su     parte,    Sánchez  Sánchez testificó haber estado  presente  en  la  mayoría  de  las  reuniones realizadas en Agua clara entre la  familia  ACEVEDO y los jefes  paramilitares,  y  en  ese  sentido  pudo  darse  cuenta  cuando  el  comandante  “Gato”,   el   20  de  noviembre      de      2003,      ordenó     al     comandante     “Pacho”  secuestrar  a  Combariza66.  Manifestó  también  que  conoció  a  la víctima a través de un video que le tomaron por orden de alias  “Gato”67.   

         Cruz  Rubio,  a  su  turno, afirmó haber  estado    presente    en    las   reuniones   que   hacían   los   ACEVEDO  con los comandantes guerrilleros,  entre  ellas,  aquella  en  la  cual  se  planeó  el  secuestro de Combariza,  y  otra  en  que acordaron el  pago  de  diez  millones  de  pesos  por  su  ejecución.  Incluso, aseveró que  escuchó  por  radio  cuando  se reportó “que ya lo  habían                 capturado”68.    

         Es    de    precisar    que    en    los   casos   de   Sepúlveda       y      Cruz  el  falso  juicio  de  identidad en  mención  se  presentó,  pues  así  el  Tribunal  haya  transcrito en su fallo  algunos  de  los  segmentos  antes  citados,  lo  cierto es que los pretermitió  cuando,  sin  más,  sentenció  que  a  la  actuación  no  se  allegó testigo  presencial y directo de los hechos.   

         El  yerro  de  contemplación  objetiva  del  Tribunal  no  sólo se  produjo  al  apreciar  los  señalados  testimonios sino también al valorar las  declaraciones  de  Yonis Manuel González y    Edwin    Arias   Vivas.   

         Obsérvese  cómo  el  primero  de  los  mencionados testigos, quien  también  perteneció a la organización paramilitar, expresó que se encontraba  en  Juan  Frío cuando alias “Balín” y    alias   “Chimú”   llevaron  secuestrado  a  Hugo  Combariza  y     se     lo     entregaron    a    “Pacho”,  quien  lo  hizo firmar unos  pagarés.  Precisó  el  declarante  que  él  estaba  cerquita  cuando el antes  nombrado  lo  “obligó” a  firmar           dichos          documentos69.   

         Arias  Vivas,  a su turno, manifestó que  presenció  el  momento en el cual Nelly Yamir Acevedo  pagó       al       comandante      “Pacho”  la suma de diez millones por  el   secuestro   de   Hugo  Combariza.  Textualmente,  dijo el testigo: “… eso  fue  en  la gerencia de la empresa y yo en ese momento entré y la señora Nelly  le  estaba  entregando  el dinero al comandante Pacho, le estaba entregando seis  millones  de  pesos  y  los  otros  cuatro era para unos abogados, eso fue a los  primeritos      días      de      diciembre”70.   

         Como  se  advierte, si bien resulta cierto que los declarantes antes  reseñados  no presenciaron el momento en que se produjo el acto de aprehensión  o  arrebatamiento de la víctima, como incluso de manera expresa lo reconocieron  algunos  de  ellos,  lo cierto es que sí observaron circunstancias anteriores y  posteriores  a  ese  concreto  suceso, como lo fueron la orden del secuestro, la  planeación  del  mismo,  la  entrega  del  plagiado  al comandante “Pacho”,  la  violencia  ejercida por  éste  para obligarlo a firmar algunos documentos y el pago de los diez millones  de  pesos  por  la  realización  del  atentado contra la libertad individual en  cuestión.   

         Resulta  indiscutible, por tanto, el grave yerro en que incurrió el  ad  quem  cuando sostuvo que  en  este  caso  no  obran  testigos  directos  de  la  existencia  del secuestro  extorsivo.  Al  respecto,  es  necesario tener presente cómo la comisión de un  punible  de  esa naturaleza no se limita al acto de aprehensión de la víctima,  sino  que  comprende  las  diversas  fases  del  iter  críminis,  es  decir,  que  va desde su ordenación y  planeación,  hasta  su  retención e, incluso, las exigencias que se hagan como  condición  para su liberación cuando el secuestro reviste carácter extorsivo,  conforme ocurre en el presente evento.   

         El  error  del  Tribunal  es  todavía  mayor cuando, a partir de la  pretermisión  de  las  circunstancias  antes  referidas,  dejó  de realizar el  razonamiento  lógico  que  se  desprende  sin  dificultad  de ellas. Ni más ni  menos,  por  cuanto  si  aparece  demostrada  la ordenación y planeación de un  secuestro,  y  posteriormente  surge  acreditado  que quienes participan en esos  actos  mantienen privado de la libertad al plagiado para obligarlo a firmar unos  documentos,  la  conclusión no puede ser otra diversa a la de que efectivamente  se  produjo  la  aprehensión previa de la víctima. Y ese razonamiento se torna  aún   más  sólido  cuando  se  advierte  que  quienes  instigaron  el  plagio  cancelaron  por  esa  acción una importante suma de dinero a los ejecutores del  mismo.   

         Para  el  juzgador  de segundo grado, en este caso, en relación con  el  secuestro  solamente  es  digno  de  credibilidad el declarante Rafael  Mejía  Guerra, alias “Hernán”,  quien  aseguró  que  ese  punible  nunca  ocurrió.  Funda  ese  aserto  en  dos razones; en primer lugar,  porque  se  trató  del  único  testigo  que  depuso  al  respecto en audiencia  pública  y,  en  segundo  lugar, dado que proviene de quien fungió como jefe o  comandante militar de la zona de Villa del Rosario y Juan Frío.   

         Como  bien  lo  sostiene  la  Fiscalía,  en  la  argumentación del  Tribunal  se advierte la desatención del principio lógico de razón suficiente  y, por consiguiente, la incursión en un falso raciocinio.   

         Lo   anterior   por   cuanto   el  sentenciador  parte  de  premisas  equivocadas  para  atribuir  credibilidad al mencionado testigo. En primer   lugar,  considera que en este caso sólo es factible tener en cuenta las pruebas  recaudadas  por el juez en audiencia pública, olvidando que en el marco del Ley  600  de 2000, procedimiento con sujeción al cual se tramita este proceso, opera  el  principio  de  permanencia  de  la  prueba,  a  cuyo  tenor los elementos de  convicción  practicados  tanto  en  la  investigación  como  en  el juicio son  idóneos  para  demostrar  los  diversos  elementos  del  delito,  así  como la  responsabilidad de los procesados.   

         Y,  en  segundo  lugar,  por  cuanto  estima  que alias “Hernán”   es   el  único  testigo  presencial  y  directo  de los hechos cuando, conforme quedó visto atrás, ello  no  es  cierto, si se tiene en consideración que militan en el paginario varios  declarantes,  quienes,  de  acuerdo  con sus versiones, apreciaron de una u otra  manera  la  forma como se ordenó y planeó el secuestro, se retuvo al plagiado,  se  lo presionó para la realización de algunas actividades como condición por  su liberación y se pagó por la ejecución misma del plagio.   

         Es  necesario  señalar  que  en  el  expediente  obran consistentes  elementos   de   juicio   que  permiten  otorgar  credibilidad  a  los  aludidos  declarantes.  De una parte, Éver de Jesús Sepúlveda  Areiza,  Óscar  Ferney Sánchez Sánchez, Golfan Javier Cruz Rubio y  Yonis  Manuel  González  integraban      las      filas      del      frente     “Fronteras”  y  operaban  en  la zona  donde  ocurrieron  los hechos. Además, los dos primeros eran radio-operadores y  tenían  como  misión  atender a las personas que asistían a reuniones con los  jefes                  paramilitares71.   Entre   tanto,  mientras  Cruz Rubio era el escolta de  alias    “El   Gato”,   González   fungía   como   tal  respecto  de  “El  Iguano”,  aun  cuando también permanecía con alias  “El   Gato”   y  alias  “Pacho”72,  según así lo refirió el  propio   testigo   en   mención.   Es  decir,  los  cuatro  desempeñaban  unas  privilegiadas  labores al interior de la agrupación ilegal que les posibilitaba  percibir los hechos por ellos relatados.   

         A    su   turno,   Edwin   Arias   Vivas  fue  conductor  de  TRASAN y luego jefe de rutas de la  misma  empresa, y como tal visitaba con frecuencia sus instalaciones73,   luego  también  contaba con capacidad para enterarse de lo sucedido al interior de esa  compañía.   

Y   de   la  otra,  por  cuanto  aparecen  corroborados  entre  sí  y  además  con  otros medios de convicción. Sobre el  particular,  obsérvese  cómo  la  cantidad  de dinero (diez millones de pesos)  que,   según   el  testigo  Arias  Vivas,  se  pagó por el secuestro coincide  con  lo  dicho por Golfan Javier  Cruz  Rubio,  en  el  sentido  de  que  ese valor fue,  precisamente, el acordado por la ejecución de dicha acción.   

         Ahora    bien,   Jorge   Iván   Laverde  Zapata,    alias   “El  Iguano”,  quien,  como  se  recuerda, era el máximo  jefe   del   frente   “Fronteras”   de  la  organización  paramilitar,  manifestó que fue enterado del  secuestro    de    Hugo    Combariza   cuando  ya estaba retenido. Según precisó, el plagio lo ordenó el  comandante  “Gato”  por  cuestiones  relacionadas  con  TRASAN  y tenía como fin obligarlo a desistir de  una    demanda    laboral   que   instauró   en   contra   de   la   mencionada  empresa74.   

         Es    verdad    que    “El   Iguano”  no  presenció  el  secuestro.  Sin  embargo,  en  su  condición   de  máximo  jefe  de  la facción paramilitar que ejecutó el  plagio,  tenía  por  qué  saber  acerca  de  ese hecho. Es más, nótese cómo  señaló  que  su  conocimiento  llegó  a  tal  grado,  que al enterarse de los  motivos  del  secuestro,  en  tanto  se trataba de problemas relacionados con la  empresa   de   propiedad   de   la   familia  ACEVEDO  y  que  no  competían a la organización misma, optó  por  interceder  por  el señor Combariza a  fin  de  “que  no  fueran a proceder  contra  él”75.   

         Al  proceso  se  allegó la copia del desistimiento presentado el 25  de  noviembre  de  2003  por  el  doctor  Hugo Antonio  Combariza  Rodríguez respecto de la demanda instaurada  en    contra    de    la   empresa   TRASAN   S.A.76   

         Es  cierto que ese hecho, por sí solo, como lo refiere el Tribunal,  no  constituye prueba del secuestro. Sin embargo, si se concatena con los demás  elementos   probatorios   allegados   a  la  actuación,  la  situación  varía  totalmente.  En  efecto,  de  acuerdo  con  los  testigos  de  cargo, uno de los  propósitos  del  plagio  era  obtener  que  Combariza  Rodríguez  desistiera de la demanda laboral instaurada  contra  la  empresa  TRASAN S.A. El demandante, ciertamente, así procedió y lo  hizo  el  mismo  día  en  que,  según  lo  relató  el  afectado, ocurrió ese  reprochable  crimen; es más, después de ser liberado, aunque condicionado para  actuar en ese sentido.    

         Siendo  así  la  situación, es claro que el desistimiento se erige  en  hecho  indicador  del  cual  se  deriva  el  revelador indicio de móvil del  delito,  que  contribuye  a  demostrar  la  existencia  del  secuestro extorsivo  agravado objeto de acusación.   

         Frente  a  tal  panorama  probatorio,  constituyó  un  craso  error  desestimar   la  credibilidad  de  las  declaraciones  del  propio  Hugo  Antonio  Combariza y de Benjamín   Eugenio,  como  lo  hizo  el  ad   quem   a  partir  de  incoherencias  que  tocan  con aspectos meramente accesorios de sus relatos y no  con  lo  esencial de los mismos, como corresponde cuando se trata de valorar las  pruebas.  Ciertamente,  en  modo  alguno resulta trascendental que el primero de  los  aludidos no coincida en cuanto a la hora en que regresó a su casa después  de  ser  liberado  y aquella en la cual presentó el desistimiento, como tampoco  en  lo  referente  al  lugar  donde  se  encontró  con  el abogado Colmenares  para  dirigirse  al juzgado a  realizar esa diligencia judicial.   

         Se  trata  de  aspectos  poco significativos frente a la gravedad de  los  hechos  que debió soportar la víctima, al punto de resultar apenas normal  que   se   presenten   dificultades   en   su  rememoración  con  el  paso  del  tiempo.   

         Lo  importante  es que los testigos en mención en forma coherente y  concatenada  relataron las circunstancias en las cuales se produjo el secuestro.  Obsérvese  cómo  Hugo Antonio Combariza fue  enfático  en  declarar  que  el  día 25 de noviembre de 2003,  siendo  las  siete de la mañana, cuando se encontraba en la parte externa de su  casa  regando el jardín, tres sujetos que arribaron en un taxi lo interceptaron  y  bajo  intimidación  de arma de fuego lo hicieron abordar el mismo vehículo,  tras  lo cual lo condujeron hasta el corregimiento Juan Frío, jurisdicción del  municipio  de  Villa de Rosario, donde lo esperaba un sujeto, quien lo obligó a  firmar  unos documentos y luego le ordenó retirar la demanda laboral que había  promovido  en  contra  de la empresa TRASAN, para cuyo acatamiento le fijó como  plazo  perentorio  hasta  el  medio  día,  so pena de perder la vida. Según el  denunciante,  después  de  ser  liberado, procedió a cumplir la imposición de  sus  plagiarios,  y  es así como elaboró el desistimiento y luego lo presentó  en  el juzgado77.   

         Por      su      parte,      Benjamín  Eugenio,  quien  se  desempeñaba como vigilante en la  urbanización   en   la   cual   residía   Combariza  Rodríguez,  testificó  que observó cuando arribó a  ese  lugar un taxi ocupado por aproximadamente tres sujetos, quienes obligaron a  aquél  a abordar el vehículo, tras lo cual desaparecieron de allí78.    

        Se  sigue  de  lo  expuesto  que  también en el proceso obra prueba  irrefutable  demostrativa  de  la  ocurrencia del punible de secuestro extorsivo  agravado,   luego   erró  el  ad  quem  cuando arribó a conclusión diversa.   

        2.  Como  la  decisión  absolutoria  del  Tribunal  se fundó en la  inexistencia  del  delito  en  mención,  la infirmación de ese pronunciamiento  conduce  per se a revivir la  sentencia  de  primer  grado,  acorde  con  la  cual  quienes determinaron a los  paramilitares   a   ejecutar   el   mencionado   punible   fueron   Nelly   Yamir   Acevedo   Liévano,   AMINTA  LIÉVANO  DE  ACEVEDO  y   LUZ   MARINA  ACEVEDO  LIÉVANO.   

        De  todas  maneras,  resulta imperioso acotar que la conclusión del  a  quo  tiene como sustento  las  declaraciones de los desmovilizados Óscar Ferney  Sánchez,   Golfan   Javier   Cruz   y   Éver  de Jesús Sepúlveda, cuyos apartes  pertinentes,  por  ende,  pretermitió  la corporación de segundo grado. Dichos  testigos  señalaron  a las precitadas damas de haber asistido a la reunión del  20  de  noviembre  de  2003,  en la cual se planeó el secuestro de Hugo Combariza.   

        A  lo  anterior añadió el juzgado el indicio derivado del interés  que   les  asistía  a  AMINTA  LIÉVANO  DE  ACEVEDO  y   LUZ   MARINA  ACEVEDO  LIÉVANO  de  obtener  el  desistimiento  por parte de  Hugo   Combariza   de  sus  pretensiones  económicas,  en  tanto tenían la condición de accionistas de la  empresa TRASAN.   

        Como  los  citados elementos de prueba revisten la fuerza suficiente  para  soportar  el referido juicio de reproche, la Corte casará la sentencia de  segunda  instancia para, en su lugar, mantener la de primer grado que condenó a  AMINTA LIÉVANO DE ACEVEDO y  LUZ    MARINA    ACEVEDO    LIÉVANO   por el punible de secuestro extorsivo agravado.   

         

        3.  En  este  acápite  la  Sala  abordará  el examen de la demanda  instaurada  por  el  apoderado  de  la parte civil, en los apartes en los cuales  propende  por  la  condena  de  CARLOS ALBERTO ACEVEDO  LIÉVANO,  RAFAEL  ACEVEDO  LIÉVANO,  LUZ MARINA SIERRA ESPITIA, MAGALY PERALTA  SANABRIA  y DANIEL VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR   por   el  atentado  contra  la  libertad  individual objeto de imputación.   

        El  precitado  sujeto procesal denunció errores de hecho por falsos  juicios  de  existencia,  falsos  juicios de identidad y falsos raciocinios. Tal  como  se  precisó  con  ocasión  del  ilícito de concierto para delinquir, el  análisis   solamente   comprenderá   lo   relativo   a  los  procesados  antes  mencionados,  pues en relación con AMINTA LIÉVANO DE  ACEVEDO  y LUZ MARINA ACEVEDO  LIÉVANO   la   decisión   a  adoptar  satisface  la  pretensión de dicho casacionista.   

            

a. Los falso juicios de existencia:     

(i)   Según   el   demandante,  en  las  grabaciones    realizadas   a   las   conversaciones   de   alias   “Pacho”  se alude al secuestro de que  se  hizo víctima a Hugo Antonio Combariza   ejecutada   por   la   organización   paramilitar   a  solicitud  precisamente   de   los   dueños   y  directivos  de  la  empresa  TRASAN.   

        Sobre  el  particular,  ya  la  Sala,  en  el  acápite destinado al  estudio  del  delito  de  concierto  para  delinquir, descartó la presencia del  yerro,  en  tanto  el  juzgado sí apreció dichos elementos de prueba sólo que  los  desestimó al no evidenciar “un cotejo de voces  que  nos  diga  con  certeza  que  los  interlocutores en esos diálogos son los  procesados   que   señala   la   Fiscalía   y  la  parte  civil”79   

        (ii)   Para   el   libelista,  el  a  quo  ignoró    las  versiones  libres  de  Nelly Acevedo  Liévano  y  CARLOS ALBERTO  ACEVEDO  LIÉVANO  rendidas  el  13 y 14 de octubre de  2004,   respectivamente,  así  como  el  escrito  presentado  por  Yonis  Manuel  González y la declaración  de  Guillermo  Santos del 27  de  mayo  de 2005, pruebas demostrativas de que CARLOS  ACEVEDO    vivía   en   Cúcuta   para   los   años  2003-2004.   

        Aun    cuando    el    yerro   en   lo   relativo   a   Guillermo  Santos no tuvo ocurrencia, pues  el  juzgado  sí  sometió a ponderación ese testimonio, se impone señalar que  la  omisión  en la valoración del aspecto referido por el casacionista refulge  intrascendente,   pues  la  absolución  pronunciada  a  favor  de  CARLOS  ALBERTO  ACEVEDO  LIÉVANO  no se  fundamentó  en  el  hecho  de  no residir en la precitada ciudad sino en que no  asistió  a  la  reunión en cuyo desarrollo se planeó el secuestro y, además,  porque   a   partir   de   aquella   en   la   cual  se  ungió  a  Nelly  Acevedo  como gerente de TRASAN se  le  prohibió  su  ingresó  a  las  instalaciones  de  esa  empresa.  Sobre  el  particular, el sentenciador de primer grado expuso:   

“…  Carlos  Acevedo  Liévano…  no  participó  en  esa  reunión,  y  esa  omisión  de  su nombre por parte de los  testigos  presenciales  considera  el despacho que no obedece a un olvido, o que  no  lo  conocían,  todos  los  Acevedo eran ampliamente conocidos por ellos (se  refiere  a los desmovilizados), así lo ratifican cuando sostienen que eran como  una  sola  familia,  al  despacho le queda la convicción que ello obedece a que  para  esa  época  Carlos Acevedo ya no era directivo ni empleado a TRASAN, como  lo  sostienen  Rolando  Enrique  Bayona, en la reunión les prohibieron volver a  pisar  las  puertas  de  la  empresa,  sin embargo, Carlos pretendió a la brava  hacerse  al  cargo  de  jefe  de  controles,  lo  que hizo necesario que Nelly a  través   de  Edwin  Arias  en  compañía  de  otros  controles  expusieran  la  problemática  ante el Iguano en Agua Clara, quien ordenó correrlo y designar a  Edwin        en        ese        cargo…”80.   

        (iii)   Reprocha  el  casacionista  la  falta  de  apreciación  del  testimonio    de   Edwin   Arias   Vivas,  quien  afirmó que el secuestro de Hugo  Combariza    lo    organizó    alias   “Pacho”  por  orden  de  Nelly  Acevedo,  AMINTA  LIÉVANO,  CARLOS ACEVEDO, RAFAEL ACEVEDO,  DANIEL  VELÁSQUEZ, LUZ MARINA ACEVEDO, MARINA SIERRA, MAGALY PERALTA, FRANCISCO  RODRÍGUEZ    y  SONIA  RINCÓN.   

        Este   yerro   tampoco   tuvo   ocurrencia,   pues  el  a  quo  ponderó del testimonio de manera  expresa  al  señalar  que  si bien el declarante inicialmente testificó que el  secuestro  lo  organizó  el  comandante  “Pacho”  junto   con  los  antes  mencionados,  posteriormente  aclaró   que  los  autores  intelectuales  fueron  solamente  los  ACEVEDO.  Adicionalmente, el sentenciador  de primer grado razonó en los siguientes términos:   

“Este testimonio de Arias Vivas hay que  recibirlo  con  beneficio  de  inventario,  si bien da cuenta de unos hechos que  presenció  personalmente, como la reunión de Agua Clara en marzo de 2003 donde  se  designó  a  Nelly como gerente, de la entrega de algunos dineros enviados a  los  paramilitares,  del  pago  por  concepto del secuestro de TRASAN y de otras  reuniones  en  Agua  Clara  donde  se  trataron  temas relacionados con rutas de  TRASAN,  hechos  que  tienen  respaldo  probatorio en otros medios de prueba, la  versión  que  ofrece  sobre  los autores intelectuales del secuestro no reviste  mayor  credibilidad  para  el  despacho.  Si  bien  es cierto limita la autoría  intelectual  del  secuestro  a  los  miembros  de  la familia Acevedo, incluye a  Carlos  Acevedo cuando ninguno de los testigos presenciales lo menciona, pero no  lo  incluye  en  la supuesta reunión de octubre de 2003, donde según él Pacho  tomó  la  decisión de secuestrar a Combariza…”81.   

        (iv)  Aduce  la  no valoración de la grabación del 26 de noviembre  de  2003,  en  la cual en mensaje cifrado un paramilitar comunica a “Andrés   Bolívar”   la  ejecución  exitosa  del  secuestro  de Hugo Combariza  y  comentan  sobre  la  necesidad  de  avisar de ello al procesado  LUIS FRANCISCO RODRÍGUEZ BLANCO   

        Aparte  de  lo  dicho cuando se abordó el examen del concierto para  delinquir  acerca de la falta de trascendencia de la referida prueba, pues en la  grabación  en momento alguno se menciona a RODRÍGUEZ  BLANCO,   resulta   imperioso   destacar   la   total  improcedencia  de  la  pretensión  del  actor cuando propende por la condena en  contra  del  prenombrado  por  el  delito de secuestro extorsivo agravado cuando  éste   ni   siquiera  fue  objeto  de  acusación  por  esa  conducta  punible.   

     

a. Los falsos juicios de identidad:     

(i) En criterio del actor, el sentenciador  cercenó     el     testimonio     de     Leonidas  Orjuela,  quien  dijo haber escuchado que el secuestro  de   Hugo   Combariza   lo  ejecutaron  los  paramilitares  por  orden  de  AMINTA  LIÉVANO   DE   ACEVEDO,   CARLOS   ACEVEDO   LIÉVANO,   LUZ   MARINA   ACEVEDO  LIÉVANO,  DANIEL,  MARINA  SIERRA     y    MAGALY  PERALTA.   

Si bien el a quo  no  se  refirió de manera expresa al aspecto referido  por  el  precitado  testigo,  sí asumió el análisis del señalamiento hecho a  CARLOS  ACEVEDO  LIÉVANO,  DANIEL  VELÁSQUEZ,  LUZ  MARINA  SIERRA y      MAGALY     PERALTA,  como  también  determinadores  del  secuestro  extorsivo.  Así,  aparte  de  lo  expresado  frente  al  primero,  a  lo  cual se hizo alusión en  precedencia, el sentenciador de primer grado expuso también:   

“La   prueba   testimonial   de   los  desmovilizados  nos  deja  claro  que  la  única empleada que participó en esa  reunión82  fue LUZ MARINA SIERRA y también deja claro de los miembros de la  familia  ACEVEDO el único que no participó fue CARLOS ACEVEDO, esa convicción  nos  lleva  a  afirmar desde ya que DANIEL VELÁSQUEZ VILLAMIZAR, MAGALY PERALTA  SANABRIA  y  CARLOS  ACEVEDO  LIÉVANO  no son partícipes del secuestro de Hugo  Combariza  y  por  tal  motivo  se  les  debe  absolver de dicho cargo imputado.  Además  porque  Magaly  demostró a través de la historia clínica que para la  fecha  de  la  reunión  estaba  incapacitada  médicamente por haber sufrido un  accidente  en su pie que le imposibilitaba el desplazamiento y que la mantuvo en  terapias por largo tiempo.   

Quedan entonces como probables partícipes  AMINTA  LIÉVANO  DE ACEVEDO, LUZ MARINA ACEVEDO LIÉVANO, RAFAEL LIÉVANO y LUZ  MARINA  SIERRA ESPITIA. Sin embargo, se interroga el despacho, es suficiente ese  indicio  de  presencia  en la reunión para enrostrarle a todos el secuestro? En  el  estudio  de  la  responsabilidad  por  el delito de concierto para delinquir  expuso  el  despacho como criterio que el simple hecho de asistir a una reunión  no  hacía,  en  forma  automática,  responsable  a  nadie  sino  que se hacía  necesario  establecer  los  móviles,  la  intención,  la  intervención,  como  aspectos  objetivos  que  permitieran  deducir ese acuerdo de hacer parte de esa  cofradía  criminal.  LUZ  MARINA  SIERRA ESPITIA ingresó a laborar a TRASAN en  abril  de 2003, fecha en la cual Combariza ya no laboraba en las dependencias de  esa  empresa,  como  ella  lo  señala,  no se conocieron, qué interés podría  tener  ella  en  determinar  su  secuestro  si  las  consecuencias  jurídicas y  económicas  de  las  acciones  legales  incoadas  por Combariza en contra de la  empresa   TRASAN  en  nada  la  perjudicaban?…”83.   

        Pero  es  más,  el  a  quo  más  adelante  hizo alusión a las declaraciones de ex empleados de  la   empresa   TRASAN,   condición   que   ostentó   el  testigo  Leonidas  Orjuela,  pues  un  bus  de  su  propiedad   estaba  afiliado  a  esa  compañía,  para  considerar  que  en  lo  relacionado  con  las  circunstancias  del secuestro, distintas a las declaradas  probadas  en  el  fallo, son producto de conjeturas y especulaciones84,  calificación  perfectamente  predicable  respecto  del  prenombrado,  pues  los  referidos  señalamientos,  según  así  lo  precisó el propio declarante, los  conoció   por  voces  de  terceros,  a  quienes  nunca  identificó85.   

(ii) Denuncia también el cercenamiento de  la   grabación  realizada  a  la  conversación  sostenida  entre  Hugo     Combariza    y    DANIEL  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR, en cuanto  dicho  diálogo  confirma la existencia de la reunión celebrada en las oficinas  de  TRASAN con los paramilitares, en donde Nelly Yamir  Acevedo  Liévano  reconoce que ella pagó 10 millones  por    el    secuestro   de   Combariza.  Según  el  actor, esa prueba demuestra la existencia del atentado  contra la libertad individual en mención.   

        Al  igual  que  se  señaló  respecto  del delito de concierto para  delinquir,   la  mencionada  grabación  refulge  también  intrascendente  para  atribuir   responsabilidad  a  VELÁSQUEZ  VILLAMIZAR  en  el  punible  de  secuestro extorsivo, pues tampoco  allí  éste  admitió  conformar  el  grupo  de  personas  que  determinaron su  ejecución.   

     

a. Los falsos raciocinios:     

(i) Según el actor, la sentencia vulneró  la  máxima  de la experiencia conforme a la cual “a  explicación   no   pedida  confesión  manifiesta”,  cuando  pasa  por  alto que el testigo Gonzalo Laguado  no  acusó  a  nadie en particular, pese a lo cual los  acusados salieron a defenderse de lo dicho por él.   

        El   anterior  enunciado  carece  de  relevancia  para  erigirse  en  elemento  de  prueba  en materia criminal, pues es claro que quien es acusado de  la  comisión  de  un  delito  goza  del derecho constitucional a la defensa, en  desarrollo   del  cual  está  legitimado  para  controvertir  las  pruebas  que  demuestran  tanto  la  existencia  del punible como la responsabilidad que se le  atribuye.    

        (ii)   Cuestiona,   finalmente,   al  sentenciador  por  absolver  a  CARLOS    ALBERTO    ACEVEDO   LIÉVANO  sobre  la  base  de  encontrarse  viviendo  en  Venezuela, pues se  trataba  de  San  Antonio  de  Táchira,  constituyendo un hecho notorio que esa  población   está   junto   a   Juan   Frío,   separándolos   sólo  el  Río  Táchira.   

        Aun  cuando  el  libelista  no indica ni concreta el principio de la  sana  crítica vulnerado de esa forma por el fallador, es lo cierto que parte de  un  hecho  equivocado,  y  es  el de considerar que la absolución del procesado  antes  mencionado  por  el  delito  de  secuestro  extorsivo  se  fundó  en  la  circunstancia  de estar viviendo en Venezuela, cuando, conforme quedó reseñado  atrás, tal decisión tuvo un sustento probatorio muy diverso.   

        Por  tanto,  la  Corte  no  casará  la  sentencia  impugnada  en lo  referente    a    la   absolución   pronunciada   a   favor   de   CARLOS  ALBERTO  ACEVEDO  LIÉVANO,  RAFAEL  ACEVEDO  LIÉVANO, LUZ  MARINA  SIERRA  ESPITIA,  MAGALY  PERALTA  SANABRIA  y  DANIEL      VELÁSQUEZ     VILLAMIZAR, por el delito de secuestro extorsivo agravado.   

     

I. Sobre   las   peticiones   adicionales   formuladas  por  la  parte  civil.     

Sea  del  caso precisar, ante todo, que la  prosperidad  de  los  cargos  formulados  en contra de la sentencia del Tribunal  torna  imperioso  que  la Corte, convertido en esos términos en juez de segundo  grado,  se  pronuncie sobre las peticiones en mención que, en todo caso, fueron  formuladas  por  el  apoderado  de  la  parte  civil  al momento de sustentar el  recurso  de  apelación  que  interpuso  contra  el  fallo de primera instancia,  exponiendo  idénticos fundamentos a los plasmados en la demanda de casación. A  ello entonces se procede:   

        a)  Pide el letrado declarar la extinción de dominio y el comiso de  la  sociedad  TRASAN  S.A., de conformidad con lo establecido en el artículo 67  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, dado que dicha empresa sirvió de  instrumento para cometer la conducta punible.   

        En  la  sentencia,  el  juzgador  de  primer grado consideró que el  apoderado   de  la  parte  civil  carece  de  legitimación  para  solicitar  la  extinción  de dominio de la mencionada empresa. La Sala comparte este criterio,  pues,  ciertamente,  una pretensión de esa naturaleza no tiene relación alguna  con    la   indemnización   de   perjuicios   perseguida   por   dicho   sujeto  procesal.   

        No  escapa a la Sala, desde luego, que hoy en día las facultades de  las  víctimas,  conforme  se destacó en aparte precedente de este fallo, no se  restringen  al  tema netamente económico, pues les asiste también los derechos  a  la  verdad y la justicia, en cuyo ejercicio están legitimadas para buscar el  esclarecimiento  cabal  de los hechos y propender por la sanción de sus autores  acorde con las circunstancias de la conducta cometida.   

        No  obstante,  es  claro que la extinción de dominio o el comiso no  se  relacionan  con  tales  derechos, pues en tanto esas medidas implican que la  propiedad  de  los  bienes sobre los cuales recaen pase a poder del Estado, para  nada  una decisión de dicha naturaleza redundaría en favor de los intereses de  la  víctima del delito, en cuanto ello ni contribuiría a la reparación de los  perjuicios  causados  ni comportaría la modificación de la atribución penal o  la imposición de una sanción mayor.   

A este respecto, bien es recordar que esta  Corporación  “ha  hecho  énfasis  en  que  si  la  intervención  de  la  parte  civil  está  encaminada  a  la protección de sus  derechos  a  la  verdad,  la  justicia y la reparación, debe acreditar un daño  concreto  que  amerite  la  defensa de los mismos…”  (CSJ  AP, 11 de nov. de 2009, rad. 32564). Ese daño, como se sigue de lo dicho,  no  aparece  acreditado  en  lo atinente a la pretensión de obtener el comiso o  extinción  de  dominio  de  la  empresa  TRASAN  S.A.   

b)  Solicita el profesional del derecho en  cita  que  como  restablecimiento  del derecho se le restituyan las licencias de  explotación  de  las empresas CARGA, MIXTOS y TRASAN RADIO S.A. Adicionalmente,  propende  porque  se  devuelva a todos los afiliados de TRASAN S.A. el dinero de  las cuotas que se les han cobrado ilegalmente.   

        Encuentra  la  Sala  que  sobre  tales  aspectos no se pronunció el  a  quo. En lo referente a la  restitución  de  las licencias, tal parece que esa omisión obedeció a que, de  una  parte,  esa  pretensión  no  se incluyó en la demanda de constitución de  parte  civil  y,  de la otra, por cuanto en el alegato de conclusión presentado  en  la  audiencia  pública el apoderado de la parte civil se limitó a quejarse  de  la  afirmación  de  los  funcionarios  judiciales  por  no  proceder en ese  sentido,   sin   formular   petición  expresa  al  respecto  tampoco  en  dicha  oportunidad.   

        Sea  como  fuere,  lo  cierto  es  que el juez de primer grado no se  pronunció  sobre  tal  aspecto,  así  aduzca lo contrario en el auto del 14 de  febrero  de  2011,  que  emitió  con  ocasión de la solicitud de adición a la  sentencia  elevada,  entre otros, por el apoderado de la parte civil86.    Esa  omisión  impide  a  esta  Corporación  abordar  el  asunto,  pues lo contrario  implicaría  pretermitir  el  principio  de  la  doble  instancia  y  conculcar,  consecuencialmente,   el   derecho  de  contradicción  de  los  demás  sujetos  procesales,  quienes  no tuvieron oportunidad de oponerse a las pretensiones del  letrado solicitante.   

        Por  lo  demás, en cuanto se refiere a la devolución de las cuotas  cobradas  a  los  afiliados a la empresa TRASAN S.A., resulta palmar la carencia  de  legitimación del apoderado de la parte civil para formular petición de esa  naturaleza,  pues la reclamación de tales dineros le corresponde exclusivamente  a   quienes   los  cancelaron  que  son,  entonces,  los  afectados  con  dichos  comportamientos.   

        c)  Según el recurrente, los dineros embargados deben permanecer en  ese  estado  hasta  tanto las personas con disponibilidad sobre los mismos, como  son   AMINTA   LIÉVANO  y  LUZ    MARINA    ACEVEDO    LIÉVANO   se   sometan   a   la   justicia  y  cumplan  la  orden  de  captura  vigente.   

        Aun  cuando  el  togado  no lo dice expresamente, todo indica que se  refiere  a los dineros depositados en las cuentas 600-84956-6, 84957-4 y 84958-2  del  Banco  Occidente, pues en el fallo de primer grado se dispuso el desembargo  de  las  mismas,  manteniéndose  la  medida  respecto  de  los restantes bienes  embargados.   

        Pues  bien,  observa  la Sala que el desembargo se fundó en que los  dineros  depositados  en  dichas cuentas corresponden al Fondo de Reposición de  la  empresa  TRASAN  S.A.  y  pertenecen  a  los  propietarios de los vehículos  afiliados a la misma, constituyendo un patrimonio autónomo.   

        Tal  sustento no es rebatido por el recurrente, y tiene como soporte  probatorio,  entre  otros,  el reglamento del Fondo de Reposición, así como la  resolución  364  de  2000  expedida  por  el  Ministerio de Transporte, en cuyo  artículo  1º  señala: “Los valores recaudados por  las  empresas  con fundamento en lo previsto en la Resolución 709 de 1994, así  como  los  rendimientos  financieros  generados  por  los mismos, constituyen un  patrimonio  autónomo.  Dichos  recursos  deberán aplicarse exclusivamente para  reposición  o  renovación  de los vehículos automotores que hayan aportado al  respetivo   fondo   según   las   normas   legales   vigentes”.  Precisamente,  en  la  resolución  709  en  cita  se estableció el  manejo  de  los  recursos  destinados  a  la  reposición  del  parque automotor   

        Si,  de  acuerdo  con  el  artículo  60  de la Ley 600 de 2000, las  medidas   de  embargo  y  secuestro  tienen  como  fin  garantizar  el  pago  de  perjuicios,  es claro que las mismas solamente pueden recaer sobre los bienes de  quienes  están penal y civilmente llamados a responder por tales perjuicios, no  así  respecto  de personas ajenas, como en este caso acontece con los afiliados  a la empresa TRASAN S.A.   

        El  apoderado  de  la  parte  civil  sostiene  que  en el manejo del  mencionado  Fondo  de Reposición se han presentado irregularidades que ameritan  investigar  por  separado las conductas de falsedad en documento privado, fraude  procesal   y  abuso  de  confianza.  Sin  embargo,  es  evidente  que  esa  sola  afirmación  no  constituye  argumento  suficiente para mantener embargados unos  bienes  pertenecientes  a personas no vinculadas a la presente actuación. Desde  luego,  si  considera  que  se  han  presentado  los  comportamientos delictivos  aludidos,  bien  puede  acudir a la justicia para bajo la gravedad del juramento  denunciarlos.   

          En  consecuencia,  se  confirmará  la  decisión  en  tal sentido  adoptada por el a quo.   

d)  Demanda  informar al gerente de TRASAN  S.A.  abstenerse  de  aceptar  solicitudes,  requerimientos u órdenes de pago a  terceros  que  no  se relacionen con la sociedad, menos si provienen de personas  con orden de captura.   

        El  impugnante  también  carece de legitimación para formular esta  petición,  pues la misma no se relaciona con los derechos a la verdad, justicia  y  reparación  de  que es titular. Sobre esta última, es de señalar que, como  lo  destacó  el  juez  de  primer  grado,  se  embargaron  varios bienes de los  procesados   que  garantizan  con  suficiencia  los  perjuicios  causados  a  la  víctima,  luego  no  hay  razón  para  disponer la limitación de la actividad  comercial  de  la  empresa,  en la forma pretendida por el apoderado de la parte  civil.   

        e)  Solicita  ordenar  la  reparación por los perjuicios materiales  causados  con  el  delito y modificar el monto de los daños morales reconocidos  para  en  vez  de 100 salarios mínimos legales mensuales imponer 1.000 salarios  de  la  misma especie. Además, reclama condenar a los procesados al pago de las  costas procesales.   

        Es  de anotar que el juez de primer grado se abstuvo de condenar por  concepto  de  daños  materiales  y  daños  morales susceptibles de valoración  pecuniaria,  al  no  hallar  prueba en el proceso de su causación, acogiendo de  esa  forma  el  dictamen  del  perito  avaluador que se designó para el efecto,  quien  arribó  a  dicha conclusión. Por su parte, discrecionalmente condenó a  100  salarios  mínimos  legales mensuales por concepto de los daños morales no  susceptibles de valoración pecuniaria.   

        Como  lo  establece  el  inciso  final  del artículo 97 del Código  Penal,   los   perjuicios   materiales   deben   probarse   en  el  proceso.  La  jurisprudencia   extiende   esa   carga  probatoria  a  los  perjuicios  morales  objetivables,  que  corresponden a las repercusiones económicas derivadas de la  aflicción  síquica causada a la víctima con la conducta delictiva (CSJ SP, 27  de abril de 2011, rad. 34547).   

        En  el  presente  caso, el recurrente expresa varios argumentos para  soportar  su  solicitud,  entendiéndose  que,  en  lo relativo a los perjuicios  materiales  y  a  los morales objetivables, sostiene que al ser despojado de las  tres  empresas  por  él  explotadas  quedó  sin  recursos  para solventar a su  familia,  sin  que  durante  los  ocho  (8)  años  siguientes pudiera trabajar.   

Sin  embargo, es claro que en el curso del  proceso  no  se  demostró  si  las  empresas  en mención le estaban reportando  ganancia  alguna, y en el caso de generarla tampoco se acreditó su monto. Menos  aún  aparece  prueba acerca de los dividendos que eventualmente le producirían  esas  compañías  durante  el  tiempo  de vigencia de los contratos. Tampoco se  demostró  la  incapacidad  para laborar aducida por el letrado, y menos aún la  relación  de  causalidad  entre  el  secuestro  y  la  alegada imposibilidad de  realizar  actividades  de  la mencionada naturaleza. En ese sentido, advierte la  Sala  que no obra elemento de juicio que permita desvirtuar el dictamen pericial  con fundamento en el cual se pronunció el juez de primer grado.   

        Con   el   mismo  propósito  argumenta  que  con  posterioridad  al  secuestro  ha  sido  objeto  de  tres  atentados,  uno  de  los  cuales lo dejó  semi-inválido.  No  obstante,  resulta evidente que se trata de hechos respecto  de  los  cuales no se demostró en el paginario relación causal con los delitos  objeto  de juzgamiento. Por tanto, no revisten capacidad para mudar la decisión  del a quo.   

        En  relación  con  los perjuicios morales, el apoderado de la parte  civil  señala  que  el  secuestro  ocurrió  cuando presentaba cáncer, en cuyo  estado  debió padecer la angustia de ese acto delincuencial. Pero pasa por alto  que  el sentenciador de primer grado contempló la zozobra e incertidumbre que a  la  víctima  generó su ilegal privación de la libertad para determinar en 100  salarios  mínimos  legales  mensuales el monto de esta clase de daños, sin que  el  impugnante  se  haya  esforzado  por  acreditar  el ejercicio indebido de la  facultad discrecional deferida al juzgador en esa materia.   

        Sobre   las   costas  procesales  ocurre  situación  similar  a  la  presentada  con  la  pretendida  restitución  de  las  empresas CARGA, MIXTOS y  TRASAN  RADIO S.A., es decir, frente a ese tema no hubo pronunciamiento del juez  de  primer grado, omisión determinada, en esta ocasión, porque el apoderado de  la  parte  civil  no  las  reclamó  ni en el alegato presentado en la audiencia  pública  ni  en  la demanda de constitución de parte civil. Por tanto, tampoco  la  Sala puede ocuparse de ese tema, so pena de vulnerar los principios de doble  instancia y contradicción.   

        f)  Reclama,  finalmente,   declarar  a la sociedad TRASAN S.A.  tercero  civilmente  responsable  y  condenarla  al  pago solidario de todos los  perjuicios.   

         

        El  apoderado  de  la  parte  civil carece de interés para recurrir  respecto  de  este  tema,  pues  el a quo en  forma expresa, en el numeral decimoquinto de la parte resolutiva  de  su sentencia, dispuso hacer extensiva a la empresa TRASAN S.A., como tercero  civilmente      responsable,     la     condena     por     perjuicios     allí  determinada.   

        Cuestiones finales:   

1.  Como  consecuencia  de  la prosperidad  parcial  de los cargos formulados, se dispondrá librar las respectivas órdenes  de  captura  en  contra  de AMINTA LIÉVANO DE ACEVEDO  LUZ  MARINA  ACEVEDO  LIÉVANO,  CARLOS  ALBERTO  ACEVEDO  LIÉVANO y RAFAEL ACEVEDO LIÉVANO.   

No  se  procederá  en  igual  sentido  en  relación    con    DANIEL   VELÁSQUEZ   VILLAMIZAR  y     SONIA    RINCÓN  SUÁREZ,    pues    al   primero   el   a  quo  le  concedió  libertad  por pena  cumplida,  mientras  a  la  segunda  le otorgó la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

2.  La  Sala  compulsará  copias  de  lo  pertinente  de lo actuado con destinado a la Unidad de Fiscalías Delegadas ante  la  Corte  Suprema de Justicia, a fin de que se adelante la investigación penal  del caso y adopte las decisiones que en derecho corresponda.   

3.  De  igual  manera,  como varios de los  testigos  que  declararon  en  este  proceso dan cuenta acerca del secuestro del  señor   Benjamín  Herrera  realizado  por los paramilitares por orden de algunos dueños y directivos de la  empresa  TRASAN,  se  dispondrá compulsar copias de la actuación con destino a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  para  que se investigue dicha conducta  punible, si hasta ahora no se ha hecho.   

        En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

        Primero.-  CASAR parcialmente la sentencia impugnada.   

Segundo.-        CONFIRMAR   la   sentencia   de   primera  instancia,  de  origen  y  data reseñados en la presente providencia, en cuanto  condenó  a  AMINTA  LIÉVANO DE ACEVEDO y    LUZ   MARINA   ACEVEDO   LIÉVANO,  como  determinadoras del delito de secuestro extorsivo  agravado  y  coautoras del punible de concierto para delinquir, y a CARLOS    ALBERTO    ACEVEDO   LIÉVANO,  RAFAEL ACEVEDO LIÉVANO, DANIEL VELÁSQUEZ VILLAMIZAR  y     SONIA    RINCÓN  SUÁREZ,  a los dos primeros como coautores del delito  de  concierto  para  delinquir  agravado  y  a  los  dos  restantes a título de  cómplices del mismo punible.   

        Tercero.-  NO CASAR el fallo de segundo grado en los demás aspectos  impugnados por el apoderado de la parte civil.   

Cuarto.- DECLARAR  que  los  restantes  ordenamientos  de  la  sentencia  impugnada se mantienen incólumes.   

        Quinto.-    Por    la   secretaría   de   la   Sala,   librar  las respectivas órdenes de captura  en  contra  de  AMINTA LIÉVANO DE ACEVEDO, LUZ MARINA  ACEVEDO  LIÉVANO,  CARLOS  ALBERTO  ACEVEDO LIÉVANO y  RAFAEL ACEVEDO LIÉVANO.   

        Sexto.-   COMPULSAR  COPIAS  de  lo  actuado  con  destino  y  para  los  fines  referidos  en el  capítulo denominado cuestiones finales, puntos 2 y 3.   

Contra  esta  sentencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada  

ABEL DARÍO GONZÁLEZ SALAZAR  

Conjuez  

RAMIRO ALONSO MARÍN VÁSQUEZ  

Conjuez  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado  

RICARDO POSADA MAYA  

Conjuez  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada  

JULIO ANDRÉS SAMPEDRO ARRUBLA  

Conjuez  

CARLOS      ROBERTO     SOLÓRZANO  GARAVITO   

Conjuez  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Ver  la   sentencia   T-1295   del   7   de   diciembre   de   2005   de   la   Corte  Constitucional.   

2  Artículo 90 de la Carta Política.   

3 Puede  consultarse la sentencia T-744 de 2005 de la Corte Constitucional.   

4 Ver  la sentencia T-538 de 1994 de la Corte Constitucional.   

5  Sentencia C-252 de 2001.   

6 Folio  257 cuaderno # 8.   

7  Folios 257 y 259 ídem.   

8 Folio  52 cuaderno # 6.   

9 Folio  60 cuaderno ídem   

10  Folio 52 cuaderno # 6.   

11  Folio 60 ídem.   

12  Folio 52 ídem.   

13  Folio 71 cuaderno # 6.   

14  Folio ídem.   

15  Folio 72 ídem.   

16  Folio 84 ídem.   

17  Folio 83 ídem.   

18  Folio 199 cuaderno # 5 y folio 45 cuaderno # 6.   

19  Folios ídem. Además, 46 cuaderno # 6.   

20  Folio 46 cuaderno ídem.   

21  Folio 66 cuaderno # 3.   

22  Sentencia del 13 de febrero de 2008, radicación 21844.   

23  Folios 181 y 185 cuaderno # 13.   

24  Folio 286 cuaderno # 15.   

25  Declaración  rendida  en  la  audiencia  pública,  sesión del 1º de julio de  2010.   

26  Folios 256 a 260 cuaderno # 8.   

27  Folio 8 cuaderno # 13.   

28  Folio 52 cuaderno # 6.   

29  Folio 52 cuaderno # 6.   

30  Folio 83 ídem.   

31  Folio 71 cuaderno # 6.   

32  Folio 199 cuaderno # 5 y folio 45 cuaderno # 6.   

33  Folios 52 y 72 ídem.   

34  Página 104 del fallo de primera instancia.   

35  Cfr.  Sentencias  del   3  y  24  de  octubre de 2002, radicaciones 15927 y  15298.   En  el  mismo  sentido  auto  del  30  de  mayo  de  2007,  radicación  27174,   sentencia  del  1º  de  noviembre  de  2007,  radicación 25236 y  sentencia del 21 de julio de 2009, radicación 32099.   

36  Página 77 del fallo de primera instancia.   

37  Página 81 ídem.   

38  Folios 94 y 95 cuaderno # 7.   

39  Folios 180 a 185 cuaderno # 13.   

40  Folio 150 ídem.   

41  Página 89 del fallo de primera instancia.   

42  Folios 165 a 168 cuaderno # 4.   

43  Folio 182 ídem.   

44  Páginas 81 t 82 del fallo de primera instancia.   

4545 Página 87 ídem.   

46  Páginas 86 y 87 ídem.   

47  Fol. 130 cuaderno # 9.   

48  Páginas 87 y 89 ídem.   

49  Página 80 ídem.   

50  Página 88 ídem.   

51  Página ídem.   

52  Página 86 ídem.   

53  Página ídem.   

54  Página 89 ídem.   

55  Página 87 ibídem.   

56  Página 81 ídem.   

57  Página 86 ídem.   

58  Página ídem.   

59  Páginas 82 y 83 ídem.   

60 Se  refiere a los empleados de TRASAN.   

61  Folio 9 cuaderno # 13.   

62  Página 78 fallo de primera instancia.   

63  Página 79 ídem.   

64  Página 85 ídem.   

65  Folios 83 y 84 cuaderno # 6.   

66  Folio ídem.   

67  Folio ídem.   

68  Folios 74 y 77 cuaderno # 6.   

69  Folios 45 y 49 cuaderno # 13.   

70  Folio 66 cuaderno # 3.   

71  Folios 52 y 82 cuaderno # 6.   

72  Folios 45, 48 y 51 ídem.   

73  Folio 257 cuaderno # 14.   

74  Folios 255 cuaderno # 8 y 8 cuaderno # 13.   

75  Folios 256 y 257 cuaderno # 8.   

76  Folio 222 cuaderno # 5.   

77  Folios 3 a 5 del cuaderno # 1.   

78  Folio 7 ídem.   

79  Página 104 del fallo de primera instancia.   

80  Páginas 101 y 102 ídem.   

81  Página 98 ídem.   

82 Se  refiere  a  la  realizada  el  20 de noviembre de 2003, en la cual se planeó el  secuestro.   

83  Página 99 ídem.   

84  Página 102 ídem.   

85  Página 102 ídem.   

86 Fl.  134 cuaderno # 42.     

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