SP14839-2015(45682)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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                      República             de  Colombia      

Corte Suprema de Justicia  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado Ponente  

SP14839-2015  

Aprobado Acta No. 380  

Radicación: 45682  

Bogotá  D.C., veintiocho (28) de octubre de  dos mil quince (2015).   

VISTOS  

Luego  de admitida la demanda de casación  presentada  por  la apoderada de víctimas contra el fallo absolutorio proferido  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  procede la Sala a emitir la sentencia  respectiva  dentro  del  proceso que se adelanta a Carlos Emilio Ruíz Charry, a  quien  la  Fiscalía General de la Nación acusó como presunto autor del delito  de defraudación de fluidos.   

ANTECEDENTES  FACTICOS   

Los hechos que motivaron este proceso son los  siguientes:   

El  11  de abril de 2007, funcionarios de la  empresa  Codensa  realizaron  una visita al predio urbano ubicado en la calle 22  sur  No.30-43  de  esta ciudad, en donde funciona una fábrica de mangueras cuyo  propietario  y  representante  legal  es  el  señor Carlos Emilio Ruíz Charry,  encontrando  como  anomalía  un bajo porcentaje (88%) de consumo registrado por  el  medidor,  siendo necesario cambiar el equipo por otro que quedó en perfecto  estado de funcionamiento.   

El  medidor que fue retirado, se remitió al  laboratorio  contratado  por  la  empresa de energía, el cual está debidamente  certificado  por la Superintendencia de Servicios Públicos, estableciendo en su  estudio  técnico  que  uno  de los sellos de seguridad se encontraba ranurado y  roto el bloque de terminales del medidor.   

ANTECEDENTES    PROCESALES   RELEVANTES   

    

1. Por los anteriores sucesos, en el  mes  de  agosto  de  2007,  la  empresa afectada presentó denuncia penal contra  Carlos  Emilio Ruíz Charry, la cual fue ampliada mediante escrito allegado a la  Fiscalía 81 Local, el 11 de noviembre de 2011.     

    

1. Es así  que  el  2  de  octubre  de  2012 a instancia del Juzgado 56 Penal Municipal con  función  de  control  de  garantías,  la  Fiscalía  delegada  para audiencias  preliminares  formuló  imputación  a  Carlos  Emilio  Ruiz Carry como presunto  autor  del  delito de defraudación de fluidos, previsto en el artículo 256 del  Código  Penal,  sancionado  con prisión de 16 a 72 meses y multa de 1.33 a 150  SMLMV. El cargo fue rechazado por el imputado.     

          3.  Con  posterioridad, el 27 de diciembre  de  2012,  el ente persecutor presentó escrito de acusación ante el Juzgado 10  Penal  Municipal  de  Conocimiento,  en  cuya  relación de elementos materiales  probatorios  anunció  el  acta de conciliación fallida de fecha 30 de marzo de  2012.  La audiencia de formulación de acusación se llevó a cabo el 4 de junio  de 2013.   

          4.  Dicha  autoridad,  una  vez  agotó la  audiencia  preparatoria  y el juicio oral, emitió fallo el 13 de junio de 2014,  en  el  que  condenó  al  procesado  como  autor del delito de defraudación de  fluidos,  imponiéndole la pena de 28 meses de prisión y multa de 2 SMLMV. Como  pena  accesoria le irrogó la de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  sanción privativa de la  libertad.   

          La   sanción   de   prisión   fue   suspendida   condicionalmente.   

5.   Contra  la  sentencia  de  primera  instancia  el  defensor del acusado interpuso recurso de  apelación,  el  cual  fue  decidido por una Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá,  que en fallo de 16 de diciembre de 2014 revocó la sentencia de primer  grado   y,   en   su  lugar,  absolvió  a  Carlos  Emilio   Ruíz  Charry.   

          6.  El  fallo  de  segunda  instancia  fue  recurrido  en  casación por la apoderada de la empresa Codensa en su condición  de  víctima  reconocida  en  el  proceso,  demanda que fue admitida por la Sala  mediante auto de 11 de mayo del año que avanza.   

          7.  Como  consecuencia de la admisión del  libelo,  el  pasado 21 de septiembre se llevó a cabo audiencia de sustentación  del recurso extraordinario.   

LA DEMANDA  

          Indica  la  apoderada de la víctima que el Tribunal incurrió en un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de convicción, para cuya postulación y  acreditación  acude  a  la  causal  tercera  del artículo 181 de la Ley 906 de  2004.   

Sostiene que el fallador de segundo grado le  restó  poder demostrativo a las pruebas aportadas al juicio por el simple hecho  de  haber  sido  aportadas  por  la empresa Condensa quien ostenta la calidad de  víctima  en el proceso, especialmente a los testimonios que los técnicos de la  compañía  rindieron en el juicio, aduciendo que dada la dependencia económica  de  los  declarantes  con  la  prestadora  del servicio público de energía, su  versión  estaba  claramente  marcada por un interés de favorecer a la empresa.   

Precisa  que  si  bien  es  cierto  es  a la  Fiscalía  General  de  la Nación a quien corresponde desvirtuar la presunción  de  inocencia, de todas formas y en cualquier caso rige el principio de libertad  probatoria.  Adicionalmente,  la  titularidad  de  la acción penal en cabeza de  dicho  organismo  no  es  óbice  para que los intervinientes dentro del proceso  como  es  el  caso  de  la víctima, complementen la actividad investigativa del  ente  acusador,  tal como se desprende del literal d) del artículo 11 de la Ley  906 de 2004.   

Para la recurrente las pruebas aportadas por  la  empresa  Codensa,  concretamente las actas de inspección al inmueble en las  que  se  consignaron  las  visitas  que los técnicos hicieron al lugar, cumplen  todos  los  requisitos  para  ser  valoradas  como prueba documental, puesto que  fueron  incorporadas  al  juicio en original y a través de las personas que las  suscribieron.  El  mismo  razonamiento  expone  frente a los testimonios de Luis  Alberto   García  Cabrejo  y  Germán  Martínez  Valbuena,  pues  presenciaron  directamente  los  hechos  y  encuentran  respaldo  en  la  declaración  de  la  denunciante   Ingrid  Maritza  Lasprilla  Ávila,  tanto así que no fueron  tachadas  de  falsas,  ni  por la defensa ni por el juez de conocimiento, motivo  por  el  cual  debieron  ser  apreciadas  por  el  juzgador  de  segundo  grado.   

Pasa  a referirse al poder demostrativo de  los  medios  de convicción que fueron rechazados por el Tribunal para acreditar  la  materialidad  del  delito y la responsabilidad del acusado, afirmando que de  acuerdo  con  el  acta  de  inspección realizada por Luis García Cabrejo queda  acreditado  el  hallazgo  de  cuatro  anomalías  en  el  contador  de  la  luz,  indicativas  de  que  sí  hubo  una  clandestina apropiación del fluido, entre  ellas,  que  el  sello  estaba  roto  en la celda de medida, que es el acceso al  medidor,  la  acometida estaba pelada y empalmada en el piso con un tubo, con el  objeto  de que el contador no registrara el consumo real de energía eléctrica.   

Agrega  que  el testigo, como técnico de la  empresa,  adecuó  nuevamente  el  contador  para  que  funcionara  normalmente,  poniendo   unos   sellos   se   seguridad,   los  cuales  fueron  removidos  con  posterioridad,  según  se constató en la visita que realizó Germán Martínez  Valbuena  el  1º  de   marzo  de  2007.  En  una  tercera  inspección  se  encontraron  otra  vez  anomalías  en el medidor, lo que motivó su retiro para  que  fuera  inspeccionado en los laboratorios de la empresa, evidenciándose que  el  consumo  facturado  por el cliente a la empresa oscilaba entre 1.300 a 2.200  kilovatios,  pero  que después de las correcciones al medidor, éste aumentó a  3.752  kilovatios, con lo que se demuestra que sí hubo apropiación de energía  eléctrica.   

Frente  a  la  responsabilidad,  sostiene la  demandante  que  se  acreditó  a  través  de  estipulación  probatoria que el  acusado  era  el  propietario de la empresa que funcionaba en el inmueble al que  se  encontraba  adherido  el  contador  y  fue  quien  atendió las inspecciones  dispuestas  por  Codensa, siendo él la única persona que se beneficiaba con el  bajo registro de energía.   

Precisa  que  la manipulación recayó sobre  las  conexiones  que  ingresan  al  medidor,  así  como  frente a los sellos de  seguridad  y no sobre dicho artefacto como erradamente lo entendió el Tribunal,  apreciación  a  partir de la cual el ad quem echó de menos un estudio sobre el  medidor para acreditar la defraudación.   

Concluye que el fallador de segunda instancia  no  podía  restar eficacia demostrativa a las pruebas simplemente porque fueron  aportadas  por  la  víctima,  pues  las mismas se incorporaron por conducto del  Fiscal,  para quien éstas eran suficientes, en orden a sustentar su teoría del  caso y la petición de condena.   

Solicita  que  se  case  la  sentencia  por  configurarse  la  violación  indirecta  de  la  norma sustancial derivada de un  error  de derecho por falso juicio de convicción y, en consecuencia, se deje en  firme  la  sentencia  condenatoria  de primer grado, proferida por el Juzgado 10  Penal Municipal de Conocimiento de Bogotá.    

AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

    

1. Intervención de la casacionista     

En   la  audiencia  de  sustentación,  la  recurrente  reiteró  que  la sentencia de segunda instancia adolece de un error  de  derecho  por  falso  juicio  de convicción, al haberse trasgredido en forma  indirecta  la  ley  sustancial,  puesto  que  al  momento de valorar las pruebas  practicadas   en   el  juicio  se  pasó  por  alto  el  principio  de  libertad  probatoria.   

Sustento de lo anterior, afirma, es el hecho  de  que  el  Tribunal  despreció  los  medios  de  conocimiento que ofreció la  Fiscalía,  solo  porque  provenían de la actividad probatoria realizada por la  víctima,  exigiendo  que  la  materialidad  del delito y la responsabilidad del  acusado  solo podían demostrarse a partir de pruebas producidas en la actividad  investigativa del ente acusador.   

Destacó  que  la  responsabilidad de Carlos  Emilio   Ruíz   Charry   estaba  acreditada  a  partir  de  las  estipulaciones  probatorias  en  las  que  las  partes  dieron  por cierto que el acusado era el  propietario  de  la fábrica que funcionaba en el inmueble, de donde, infiere la  demandante,  solo  a éste le reportaba un beneficio la defraudación del fluido  eléctrico,  debidamente acreditada por la empresa Codensa en las varias visitas  de  verificación  realizadas  al  lugar,  en  las que halló alteraciones en el  contador de la luz.   

            

    

1. Intervención     de     la     Fiscalía     como     parte     no  recurrente     

En  primer  término  el  Fiscal  delegado  considera  que  el  cargo  propuesto  corresponde  en  realidad  a la violación  indirecta  de  la  norma  sustancial,  derivada  de  un error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  el  cual  ocurre cuando el juez cercena o distorsiona el  contenido  de  una  prueba  pese  a haber sido legalmente incorporada al juicio.   

Añade que de todas formas la sentencia debe  ser  casada  al  haberse demostrado el yerro en el que incurrió el sentenciador  de  segunda  instancia, puesto que el libelo no expone simplemente la disparidad  de  criterios  que  surge  entre  la  valoración  de  la  prueba acogida por el  Tribunal  y  la  que  el censor considera correcta, sino que la demandante logra  identificar  el  medio indebidamente apreciado, su contenido, qué fue lo que de  éste  consideró  el  ad  quem  y cuál fue el mérito que le otorgó frente al  conjunto de la prueba incorporada al juicio.   

Agrega  que  debe  destacarse  el  rol de la  víctima  en  el  proceso  penal  actual,  dado  que  actúa  como interviniente  especial  con facultades probatorias, por lo que puede hacer causa común con la  Fiscalía,   apoyando   el  recaudo  de  evidencia  y  de  elementos  materiales  probatorios.   

Por  lo anterior, anota, resulta desacertado  el  planteamiento  del  fallo  recurrido  acerca  de  que la utilización de los  medios  de  persuación  aportados  por  la  víctima,  no  ofrecen  el grado de  convencimiento  suficiente  para  proferir  un  fallo  condenatorio, por la mera  circunstancia   de   que   se   originaron   en   la  actividad  de  la  empresa  afectada.   

Recuerda  que  el  papel  del  Fiscal  en el  procedimiento  penal acusatorio es diverso al del anterior proceso, toda vez que  ahora  el  ente  acusador  no  está  en  la obligación de recopilar prueba que  resulte   favorable  al  acusado,  por  tratarse  de  un  trámite  adversarial,  contrario  a  lo que sucede en procedimientos como el regulado por la Ley 600 de  2000, regido por el principio de investigación integral.   

Critica  la  pasividad  de  la defensa en el  recaudo  y  aporte de pruebas al juicio, lo cual es demostrativo, de acuerdo con  el   «principio   de   protección»,  de su conformidad con el aspecto objeto de debate.   

Pasa  a  referirse  al principio de libertad  probatoria,  invocado en la demanda, para indicar que la recurrente demostró de  qué  manera  fueron  indebidamente  apreciados  los testimonios de Luis Alberto  García  Cabrejo  y  Germán  Martínez Valbuena, puesto que es claro que éstos  fueron  testigos  directos  de  los  hechos,  señalando  a  su responsable, sin  embargo  el  Tribunal  supuso  su  contenido  apartándose  del conocimiento que  ofrecían dichas probanzas.   

Sostiene  que  lo que se detecta en el fallo  recurrido  es la «no consideración del efecto de las  pruebas  aportadas  por  la  víctima», además de la  apreciación  de  una  evidencia extemporánea que no fue sujeta a las reglas de  incorporación  y  controversia  en  el  juicio,  como  lo  fue  la  Resolución  200681439010311  de  9  de  marzo  de  2007,  emitida por la Superintendencia de  Servicios Públicos Domiciliarios.   

Concluye que el yerro del Tribunal consistió  en  que  pese  a  considerar  la prueba allegada por el acusador, aunque hubiera  cuestionado  que  para ello se valiera de la evidencia aportada por la víctima,  la  distorsionó  y  cercenó  en  su  expresión fáctica, haciéndole producir  efectos que no se derivaban de ésta.   

Solicita a la Corte que se case la sentencia  proferida por el Tribunal Superior de Bogotá.   

    

1. Intervención     de     la    Procuraduría    General    de    la  Nación     

Para la delegada del Ministerio Público el  ad  quem  creó una tarifa probatoria inexistente cuando sostuvo en su fallo que  las  pruebas  aportadas  por la víctima deben ser verificadas por actos propios  de  investigación  de la Fiscalía, es decir, que el material probatorio con el  que  cuenta  el  acusador para llevar al juicio no puede provenir de la víctima  del delito.    

Indica  que  el  Tribunal  olvida  que  la  confrontación  tiene  lugar  en  la  audiencia  de  juicio oral por la vía del  interrogatorio  cruzado  o  prueba de refutación y que el vínculo  de los  testigos  con  la víctima no los hace dudosos, puesto que es menester demostrar  respecto  de  cada  uno  de  ellos, cuál es el interés en mentir y la falsedad  concreta en sus versiones.   

Además,  no  pueden  descartarse  todos en  forma  general  con fundamento en una apreciación tarifada por ser empleados de  la   empresa   defraudada,  lo  que  impediría  desvirtuar  la  presunción  de  inocencia;  agrega  que el Tribunal olvida, tal y como lo destacó la Fiscalía,  que  en  el proceso penal tanto acusador como víctima tienen un interés común  que  puede  verse  reflejado  en  la  comunidad  de elementos probatorios que se  aportan al juicio.   

Califica  de  grave  el  error  en  el  que  incurrió  el  Tribunal,  pero  al  mismo tiempo lo tilda de intrascendente para  generar  la  casación  de  la  sentencia,  pues  considera  que al analizar los  elementos  del tipo penal por el que se procede, éstos no fueron acreditados en  el juicio.   

En efecto, sostiene la Procuradora Delegada  que  el  delito  de  defraudación  de fluidos requiere para su demostración la  determinación  del elemento económico defraudado, es decir, el monto y periodo  dentro  de los cuales los instrumentos de conexión estuvieron adulterados y que  permitieron  la  apropiación del fluido eléctrico sin reflejo en la factura de  cobro.   

Considera  que  la  Fiscalía  no llevó al  juicio  la  prueba de tales circunstancias, pues no queda claro si los hechos se  refieren  a los hallazgos efectuados por la empresa en seis visitas diferentes o  si  solo  se  hace  alusión  a  la última visita, en orden a establecer cuanto  tiempo  estuvo  alterado  el medidor y así fijar el monto del fluido recaudado.   

Concluye  que la sentencia no debe casarse,  pero  no  porque no se demostrara el error que se plantea en la demanda y que en  efecto  se  configura,  sino  porque  no se acreditaron dos de los elementos que  comportan  el  delito  por  el  que  fue  acusado  Carlos  Emilio  Ruíz Charry.   

    

1. Interpelación de la Defensa     

Estima el defensor que la sentencia no debe  casarse,  ya  que  la  postulación  del  cargo,  como lo apreció el Fiscal, es  equivocada,  y  lo  que  correspondía invocar era un error de derecho por falso  juicio  de  identidad, razón por la que la Corte estaría inhibida para decidir  de fondo en razón del principio de limitación.   

De otra parte, afirma que el Tribunal halló  duda  probatoria  para dar por demostrada la materialidad del delito, apreciando  todos  los  testimonios,  incluidos  los  de  la víctima, partiendo de un hecho  objetivo  de  que  por  ser  dependientes  de  la  empresa  tienen  un interés.   

El  otro  elemento que tuvo en cuenta el ad  quem   es   que  de  todas  formas  esas  probanzas  no  lograron  demostrar  la  materialidad  del ilícito por no haber sido corroboradas, ni los  informes  que  daban cuenta de la tarea efectuada por el laboratorio de Codensa, aportados  al juicio.   

Acoge  la  defensa  lo expuesto por el juez  colegiado  acerca  de  la existencia de duda probatoria en torno a la ocurrencia  del  ilícito de defraudación de fluidos, por lo cual reitera que no se case la  sentencia.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

         

Cuestión previa   

          Debe  precisar  la  Sala  que el delito de defraudación de fluidos,  para  la  fecha  en  la  que  se formuló imputación (2 de octubre de 2012), de  acuerdo  con  el artículo 74 de la Ley 906 de 2004, modificado por el artículo  108  de  la Ley 1453 de 2011, es un delito querellable y por lo mismo exigía la  convocatoria  a audiencia de conciliación como requisito de procedibilidad para  el ejercicio de la acción penal.   

          Al  respecto habrá de indicarse que en la audiencia de formulación  de  imputación ninguna verificación hizo la juez de control de garantías para  establecer  el cumplimiento de tan importante exigencia, ni tampoco la Fiscalía  se  manifestó  sobre  el  particular, siendo ese el momento oportuno para ello.   

No  obstante,  el  escrito de acusación da  cuenta  de  la  existencia de un acta de conciliación fechada marzo 30 de 2012,  que  aunque  no  fue  incorporada  al  proceso,  concluye   la Corte que se  refiere  a  la diligencia previa y obligatoria que debe cumplirse en tratándose  de  delitos  querellables; además porque ninguna de las partes o intervinientes  ha  señalado  lo  contrario, motivo por el cual, infiere la Sala que el proceso  penal   que   se   adelantó   contra   el   acusado  estuvo  precedido  de  tal  requerimiento.   

        Error de derecho por falso juicio de convicción   

Se precisa, en primer lugar, que la censura  enunciada  y  que  se  formula como único reparo en la demanda de casación, se  presenta  cuando  quiera  que  «el juez le niega a la  prueba  el  valor  asignado  por la ley o  le  da  uno  que  legalmente  no  le  corresponde.  Presupone  la  existencia de una tarifa legal, o lo que es lo mismo,  desconoce  la  asignación  de  un  valor  demostrativo o de persuasión único,  predeterminado   por   el   legislador,   que  no  puede  ser  alterado  por  el  intérprete»1.   (CSJ   AP   17   jun.   2015,   rad.  40889).   

Sobre  este  tipo  de desconocimiento de la  Ley,  ha  señalado  la jurisprudencia como presupuestos para su configuración,  los siguientes:   

En  cuanto  se  relaciona  con  el segundo  reproche   por   violación   indirecta   de  la  Ley  sustancial,  dígase  ante  todo  que  en sede de casación penal, por principio  general,  no es apropiado hablar de falso juicio de convicción, debido a que en  materia  de apreciación probatoria desde hace ya varios lustros rige el método  apreciación   racional   con   sujeción   a   los   postulados   de   la  sana  crítica.   

Sin  embargo,  de  restringida ocurrencia,  esta  modalidad  de dislate se presenta, como lo destaca el recurrente con apoyo  en  diversas  decisiones  de  la  Sala  de  Casación  Penal, cuando el juzgador  confiere  a  un  determinado medio de prueba un grado de persuasión distinto al  fijado  por  la  ley  o  cuando  ignora el que aquella expresamente le reconoce.   

En    otras   palabras,   el  falso  juicio  de  convicción  consiste  en  una  actividad de  pensamiento  a  través  de  la cual se desconoce el valor que la norma asigna a  determinadas  pruebas y presupone la existencia de una “tarifa legal”  en  la  cual por voluntad de la ley a  aquellas  corresponde  un  mérito  demostrativo  único y predeterminado que no  puede   ser   alterado   por  el  intérprete,  y  en  consecuencia  se incurriría en falso juicio de convicción cuando se niega a la  prueba  esa  valía  que  la  ley  le  atribuye,  o  se le hace corresponder una  distinta de la que esta le señala.   

En  tales  condiciones,  el  principio  de  libertad  probatoria  que  rige en nuestro ordenamiento procedimental penal para  formarse  un  convencimiento  racional,  razonado  y  seguro  sobre  los  hechos  investigados,   no  es  absoluto  sino  que  admite  excepciones  en  ciertos  y  determinados  casos  en que la ley exige prueba especial para acreditar un hecho  en   particular.   (CSJ   AP,   25  may.  2015,  rad.  43460)-(Negrilla fuera de texto)   

            En  nuestro  ordenamiento  procesal  penal,   regido   por  el  principio   de   libertad   probatoria,  (artículo    373   del   Código   de  Procedimiento            Penal),    según   el   cual   los   hechos   y   circunstancias   que  interesan  al  proceso  pueden  demostrarse     a     través     de    cualquier    medio    de   prueba  siempre    que   cumpla  las exigencias de legalidad  y  licitud,  solo  se  prevé  una  tarifa  legal en sentido negativo,  la  cual  se  encuentra  regulada  en forma expresa       en       el      artículo 381  ibídem,  según el cual la  sentencia    condenatoria    no    puede   fundarse   exclusivamente en prueba de referencia.   

        Esta  es  la  única  tarifa  legal  probatoria  que  contempla  el  ordenamiento   jurídico,  puesto  que  no  se  exige  que  determinado hecho se  acredite   a   partir  de  un  medio  de  prueba  en  particular,  tampoco se le  asigna   a   uno   un  poder  demostrativo  especial  o  se  le  resta mérito a  otro.   

        En   el  presente  caso  justamente  el  fallador  de  segunda  instancia incurre en varios de  los  supuestos  mencionados  que  dan origen al yerro  denunciado        (falso        juicio       de  convicción),   pues  acudiendo  a  una  tarifa  legal      negativa  inexistente,  sostiene  que los medios de convicción  aportados   por   la  víctima  tienen  un  poder  de  convicción  menguado  por el simple hecho  de  que se obtuvieron en razón de su actividad y no por la labor  de   la   Fiscalía,  resultando  insuficientes  para  desvirtuar  la  presunción de inocencia,    y    por    contera,        para        sustentar un fallo de condena.   

       Lo  anterior  se  observa en  apartes de la sentencia  de segundo grado que oportuno resulta  citar:   

Sin    embargo,    la    participación   de  la  víctima por sí misma o en compañía  de   la   fiscalía,  no  exime al ente acusador de  la  debida  investigación  que  le  permita  recaudar  los elementos materiales  probatorios     para    demostrar    la    materialidad    del    ilícito   y   la   responsabilidad   del   acusado,  pues  la  sola  utilización  de  los  medios de prueba allegados por  el  afectado,  no ofrecía el grado de convencimiento  suficiente para proferir un fallo condenatorio.   

Lo   anterior   significa   que   aun  cuando   el afectado  aduzca    ciertos    elementos    como    evidencia    para   comprobar  la  ocurrencia  del  delito,  incluyendo  testimonios, prueba  documental  o  incluso  pericial, lo cierto es que la fiscalía está obligada a  verificar,  mediante  sus  propios  actos  investigativos  las  afirmaciones que  realiza el denunciante.   

       (…)   

Admitir  como  únicas  pruebas  de cargo  aquellas  aducidas  por la víctima aun cuando resulten creíbles, no desvirtúa  per  se   la  presunción  de  inocencia  que  cobija al procesado, pues la  exigencia  legal  es  que  haya objetividad en la determinación de los hechos y  sus consecuencias jurídicas.   

         

       No   se   trata  aquí  de  que  el  Tribunal  hubiera   demeritado   la  prueba  de  cargo,  constituida   en   su   gran   mayoría   por   los  elementos     de    convicción    allegados      por     la     empresa  ofendida,  por  considerar que era vaga o imprecisa,  o         porque        confrontada   con   otras  pruebas   no   tuviera   el   poder  suasorio  de  esclarecer  de  manera  contundente la ocurrencia  del  hecho o la responsabilidad del acusado, sino que  en   efecto   su   contenido  ni  siquiera  fue  apreciado,   en  tanto  luego  de  citar algunos  apartes  de lo que dijeron  los  testigos  aportados  por  la  Fiscalía    (técnicos   de   la   empresa  Codensa),  éstos  fueron  desechados    al  considerar  el  ad  quem  que  su  mérito  se menguaba por porvenir del directo  afectado   con   la   ofensa   penal.   Lo  siguiente  fue  lo  que  indicó  el  Tribunal:   

«aun  cuando  los  relatos  de  los  técnicos   permiten  una  inferencia  sobre posible  manipulación    de    los    contadores,   y   el   correspondiente   acto   de  defraudación   de   fluidos,  lo  cierto  es  que,  solamente  con  esos  medios  de  convicción,  por  un lado, no se establece de  manera  objetiva  la ocurrencia del hecho y por otro,  permite  que  persista una duda razonable sobre la materialidad del ilícito. Lo  anterior  es  así porque  al  juicio solo se allegó  por  el  ente  acusador  el  material  probatorio  de  la  empresa supuestamente afectada, pues se trata de  expertos  que  de una u otra forma, dependen de ella,  pues  de  lejos  está  demostrado  que  Codensa aportó al trámite    de  la  investigación  interna  realizada,  las pruebas  obrantes  y  sus  resultados,  pero  más  allá  de  estos se considera que hay  orfandad  en la demostración penal de la tipicidad de la conducta, inclusive de  su materialidad.   

       En  tal  medida, mal podría haberse configurado un error de hecho  por    falso   juicio   de   identidad,  como  equivocadamente lo planteó el  delegado  Fiscal en la audiencia de sustentación del  recurso  de  casación en  su  calidad  de  no  recurrente,  en tanto el fallo en cuestión es huérfano en  motivos  para  demeritar el contenido de las pruebas y concretar las razones por  las  cuáles  el dicho de cada uno de los testigos o los documentos allegados       por      la      empresa      afectada,    no  resultan     creíbles     o    carecen  de  mérito,  a  parte de la causa  genérica  que  se  expresa  a  lo  largo  de  dicho  proveído, que no es otra  que  el  origen de tales  medios   de   convicción   por   proceder   de  la  víctima.   

       Para  acreditar la distorsión, tergiversación o cercenamiento de  una     prueba     es    menester    conocer    su  contenido  al tiempo que  identificar  cual es la afirmación que el juez hace a partir de éste;    labor    de   comparación  que debe poner   en  evidencia  que  realmente  el  fallador    partió   de   premisas   que   no   se  derivan      del  tenor de la prueba. Aquí  ninguno  de tales aspectos fue abordado por quien alega la indebida postulación  de  la  censura  en  la  demanda  presentada por la apoderaba de la parte civil,  para    en    su    lugar    ajustarla  a  un yerro de hecho por falso juicio de identidad, puesto  que  la  Fiscalía se conforma  con               señalarlo,     pero     sin     precisar     la     prueba     sobre    la    cual    recayó  ni  la forma concreta en  que    ésta    fue  cercenada o tergiversada.   

       Y  si  bien  en  el fallo se alude a un  estado  de  duda, lo que  podría    llevar    al   equívoco   de  trasladar la discusión a un error  de   hecho   y   no  de  derecho, al considerarse  que  el  desconocimiento del principio de   in   dubio   pro   reo  solo  se  da  en  el  plano  de  los  primeros  tipos  de yerro,  siendo  este el motivo por  el     que    posiblemente    la    Fiscalía    funda    su    solicitud    de    que   se   case   la  sentencia   por  falso  juicio  de  identidad, es  de   resaltar   que   tal   estado   de  duda  lo  soporta  el  Tribunal en  que   la   víctima   por   tener   un  interés  en  el  proceso  no puede ser  imparcial  en  la  narración  de un hecho, generando  incertidumbre  sobre  su ocurrencia, razonamiento de  donde  no  surge  el cercenamiento o la trasmutación  de   las   probanzas   que   refiere   el  delegado  Fiscal,   simplemente  porque  el  ad quem ninguna apreciación particular y  específica   hizo   sobre   cada   uno  de  los  medios  probatorios, puesto  que    descartó   en  conjunto          los          elementos  de  convicción llevados al  juicio    por    el    ente   acusador     al     estimar    de    manera  genérica    que    no    eran    idóneos    para  desvirtuar la presunción  de   inocencia   por   haber   sido  acopiados  por  la  empresa afectada.   

       Sobre   los  motivos  que  tuvo  el  juez  colegiado  para  sustentar  la existencia de duda,  se destaca:   

En efecto, nótese que los testimonios de  Luis  Alberto  García  Cabrejo  y  Germán Martínez Valbuena, en su calidad de  trabajadores  directos  o  indirectos  de Codensa, permiten demostrar que en las  distintas  visitas  se  encontraron  irregularidades en los sellos de seguridad,  pues   en   algunas   ocasiones  no  se  encontraban  y  en  otras  estaban   sucios  o  manipulados;  sin  embargo,    ello    no   implica   que   los   medidores   o   contadores  hubiesen  sido  manipulados, que  los    mecanismos    de    control    hayan    sido    burlados   con   sistemas  fraudulentos  y  mucho menos que exista una efectiva  apropiación  de  energía  eléctrica.  ¿Son  o  dan fe de la defraudación de  fluidos  estos  informes?  En  realidad  no.  Son  medios  de  conocimiento  que  muestran  un  estado  de cosas, pero ¿Puede  soportarse  una condena por este delito solamente con lo que  informe  o  demuestre  la  víctima,  cuando  el asunto es de orden técnico que  requiere  peritaciones?, incluso ¿da plena cuenta de  la  defraudación  el dicho de un perito que tiene una dependencia económica de  la  víctima.  A estos interrogantes no dio respuesta la fiscalía en la teoría  del caso.    

       (…)   

Por  ello,  incluso en la eventualidad de  aceptar  únicamente  las  pruebas  allegadas por Codensa, subsistiría una duda  razonable  sobre  la real ocurrencia del delito y la  responsabilidad de Ruíz Charry.   

       De   la   argumentación  expuesta  en  la  sentencia  de  segunda  instancia      emerge     claro     que     la     supuesta   duda  probatoria  que  concluye  el  fallador, la  funda solo en que la prueba de cargo, integrada por los  testimonios  e  inspecciones  practicadas por empleados de la  empresa   presuntamente  defraudada,    carecen    de   todo   mérito  por  tener un marcado interés  en     beneficiar    los    intereses    de    la  compañía  con  quien  tienen dependencia laboral o  económica,      lo      cual     resulta     un  contrasentido.   

       Ha   sido  reiterada  la  postura  de  la  Corte  en  torno  a  la  apreciación  de  la prueba testimonial, la cual debe  regirse  por  las  pautas  que  fija la sana crítica, sin que el fallador pueda  recurrir     a     criterios    distintos    a    éstos    para    descartar    de    plano    su   fuerza   demostrativa    como,   por   ejemplo, su condición de víctima o afectado  o la relación del testigo con éstos:   

Contrario   entonces,  al  parecer  del  demandante,  salvo  los  casos  a  que  se  ha hecho  referencia,  en el procedimiento penal colombiano no  existe  norma  alguna que asigne al testimonio un valor probatorio determinado o  prevalente   sobre   otras   pruebas,  o  que limite su eficacia demostrativa,  ni  mucho  menos  que  establezca que los resultados o el contenido de la prueba  testimonial    vinculan   al   juzgador,   como   se   da   a   entender por el casacionista. La  valoración de su mérito, al igual  que  el  de  las  demás pruebas, está deferida al juez, quien al cumplir dicha  función  goza de autonomía y libertad, estando solo  limitado  por  las  reglas  de  persuasión racional  fundada    en    la    sana   crítica.   (CSJ   SP,   4   abr.  2003,  rad.  14636)-(Negrilla    y    subrayado    fuera    de  texto)   

       Y   sobre  el  interés  del  testigo  en  el  proceso,  dada  su  calidad de víctima se ha  indicado:   

Con todo, como quiera que el censor alega  que  el  sentenciador no tuvo en cuenta la regla de la experiencia conforme a la  cual,  cuando  el  testigo  querellante  tiene  interés en el proceso ajusta su  dicho  a lo que le conviene frente al mismo; no sobra indicar que tal visión es  el  resultado de la simple apreciación personal del libelista mas no constituye  una  máxima de la experiencia, pues no debe perderse de vista, contrario sensu,  de  un  lado,  que  de  acuerdo con la ley, todo declarante está en el deber de  ajustar  su  relato  a la verdad a pesar de que, como en el caso de la víctima,  tenga  interés  en  el  proceso  en  aras de que se determine si se cometió el  delito  y  se  establezcan  los  responsables y, de otra parte, que es tarea del  juzgador  examinar  el  testimonio  de  la  persona ofendida para concluir si es  creíble,    frente    a    lo    cual    la   Corte   ha   expuesto:    (CSJ    AP,    22   Oct   2014,  rad.42885)   

De  esa  manera,  como  también  lo  ha  señalado  la  Delegada,  tanto la doctrina como la jurisprudencia han señalado  ciertas  pautas  para  llegar al grado de conocimiento de certeza, en torno a la  existencia   del   hecho   y   la  responsabilidad  del  infractor.  Tales  son:   

a) Que no exista incredibilidad derivada de  un  resentimiento  por las relaciones agresor-agredido que lleve a inferir en la  existencia  de  un posible rencor o enemistad que ponga en entredicho la aptitud  probatoria de este último.   

b)  Que  la  versión de la víctima tenga  confirmación  en  las  circunstancias  que rodearon el acontecer fáctico, esto  es, la constatación de la real existencia del hecho; y   

c)  La  persistencia en la incriminación,  que  debe  ser  sin  ambigüedades  y  contradicciones.  (CSJ SP, 7 Sep. 2005, Rad. 18455)   

         

       También     la    Sala  ha  afirmado  que  el  testimonio de  cualquier   tipo   de   declarante  debe  valorarse  conforme  a  los  criterios  que  establece  el  artículo  404  del ordenamiento  procesal  penal,  sin  que el juez pueda desecharlos  por  la  mera  circunstancia de tener algún tipo de relación con cualquiera de  las partes:   

De igual modo, aunque bien ha sostenido la  jurisprudencia,  no  es  viable  repudiar de plano el testimonio de familiares o  amigos     de     alguna     de    las    partes    involucradas    –víctima  o victimario-, porque pese  a  la  probable  falta de objetividad que pudiera surgir del interés natural de  favorecer  a  los  consanguíneos  y allegados, algún contenido de verdad puede  estar   inmersa   en   su  versión,  las  reglas  de  apreciación  de  este  tipo  de  prueba,  recomiendan  someter a ese testigo un  exhaustivo  análisis, en los términos del artículo 404 de la Ley 906 de 2004,  el  cual  atiende  a  “la  naturaleza  del  objeto  percibido,  al  estado  de sanidad del sentido o sentidos por los cuales se tuvo  la  percepción, las circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se percibió,  los  procesos  de  rememorización,  el  comportamiento  del  testigo durante el  interrogatorio  y  el  contrainterrogatorio,  la  forma  de  sus respuestas y su  personalidad”, hecho lo cual, se debe avanzar hacia  un  estudio  concatenado  de  dicho  medio  de  convencimiento  con  los  demás  practicados  en  el  juicio, para de esta manera, identificar si la declaración  es  digna  o  no  de  crédito.  (CSJ  SP  6  mar 2013  rad.34536)-(Negrilla fuera de texto).   

       Para  el  caso  objeto  de  estudio,  siguiendo  la jurisprudencia  citada,  aceptar  el  razonamiento del Tribunal         sería       tanto      como      permitir     que   el   intérprete   de     la    ley    fije  como  regla aquella según la cual la  sentencia  condenatoria  no  puede  fundarse  en  pruebas  que  provengan  de la  víctima   o   de   personas   que   tengan   interés   en   el  resultado  del  proceso,      sin      que     el     legislador  establezca    esta    tarifa    legal.   

       Y   en   los   mismos   términos  se  desconocerían    las  facultades  probatorias  que  se  le  han  otorgado  a  la  víctima  de  acuerdo  con  la  interpretación  constitucional  que se ha  vendido    desarrollando   de   la   Ley   906   de  2004,       concretamente       las      sentencias     C   -454   de   2006,   C-290,   C-343   y   C-516  de  2007,  en  las  que  se  indicado  que  la víctima tiene el  «derecho        a        probar»     lo    que   «conlleva  a  que el derecho a aportar y solicitar pruebas en torno  al  hecho  mismo,  las  circunstancias,  la  determinación  de  los  autores  o  partícipes,   y  la  magnitud  del  daño,  se  constituya  en  un  presupuesto  inexcusable  del  derecho  de las víctimas a acceder  efectivamente     a    la    justicia»    (  Sentencia C-454 de 2006).   

       En  esa  medida,  aceptar  la  postura  del   juez   ad  quem,  impondría además de una  tarifa   legal   no   prevista   en   el   procedimiento   penal,   el      desconocimiento  del  derecho  a  probar  que  le  asiste a la víctima, pues los  medios  de convicción que recaude y aporte, en todo  caso  serían  rechazados por la sospecha de falta de  objetividad  a  la  que  alude  el Tribunal,   pasando  por  alto,  que  en todo caso, cualquier elemento  de  convicción  que  pretenda  llevarse  al juicio,  tendrá    que    cumplir   con   los   requisitos  de  legalidad,  licitud,  pertinencia,               utilidad        y       conducencia,     verificado     lo  cual  habrá  de  apreciarse  en  forma  racional de  acuerdo con la sana crítica.   

       De    otra    parte,    incurriendo  nuevamente en un error de derecho por falso juicio de  convicción  el  Tribunal  también   exige   la  demostración  del suceso delictivo a través de un único medio de convicción,  esto    es,   prueba  pericial,   imponiendo   una   tarifa   probatoria  que  tampoco contempla el  ordenamiento  procesal  penal, pues los elementos del  delito, cualquiera que se  trate,  pueden  acreditarse  a  través  de  alguno de los medios de convicción  previstos  en  el  ordenamiento  procedimental  por razón del principio de  libertad probatoria.   

       Corolario  de  lo  expuesto  el  cargo  presentado  por  la recurrente en casación,  ha sido demostrado y,      por      tanto,             corresponde  verificar  a la Sala si el  yerro  en  el  que  incurrió  el sentenciador de segunda instancia es    idóneo    para    quebrar   el   fallo   absolutorio adoptado por el Tribunal Superior de Bogotá.   

       Trascendencia del yerro demostrado   

       Corresponde  abordar a continuación la  discusión  propuesta por la delegada del Ministerio Público, quien estimó que  pese  a  que efectivamente  el  Tribunal  incurrió  en un error de derecho por  falso  juicio  de  convicción, de todas formas no era posible mantener el fallo  condenatorio  de  primera  instancia,  habida  cuenta  que no se demostraron los  elementos que componen el delito de defraudación de fluidos.   

       Debe  entonces  la Corte adentrarse en el estudio de los elementos  del delito, en particular  de  la  materialidad  de  la  conducta, luego    de    constatado    que   el  Tribunal   incurrió  en  el  error  de derecho  objeto   de   acusación  por  el   casacionista,  en aras de establecer  si   el   mismo   tiene   tal  incidencia  en  la  conclusión  absolutoria  del  Tribunal     como  para   revivir  el  fallo  condenatorio  de  primer  grado,   o   si   aun   habiéndose   demostrado  el  error,  de  todas  formas no hay lugar a tener por  acreditada  la  materialidad  del  hecho  y  la  responsabilidad del  Carlos Emilio Charry en su comisión.   

       El         análisis        que  corresponde  en  esta  sede con el fin de determinar  la   incidencia   del   vicio   advertido   por  la  Sala   obliga  examinar  los    presupuestos    probatorios    que   permitirían   dejar   vigente   la  sentencia  condenatoria       de      primer  grado, como efecto de la  casación  del  fallo  proferido  por el Tribunal de  Bogotá  que la revocó.   

       En  ese  orden,  lo  primero  que debe  precisarse es que los hechos a los que se remonta la  imputación    del    delito    de   defraudación   de   fluidos   en     contra    de    Carlos           Emilio          Ruíz          Charry,    se  relacionan  con  los hallazgos registrados por los técnicos de Codensa el 11 de  abril  de  2007,  en  el  medidor  instalado  en  el predio donde funcionaba  la  empresa  de fabricación de mangueras propiedad            del           acusado,           esto   último   de  acuerdo  con  la  estipulación  probatoria  número  dos,  en  la que las partes acordaron tener  por  demostrado que dicha  sociedad   mercantil   estaba  en  cabeza  de  Ruíz  Charry.   

       En  la  audiencia  de  formulación de  imputación, se precisó  que  el  11  de  abril de  2007  se hizo una revisión al contador del servicio  de  energía del referido  inmueble,               encontrando  los  técnicos que el medidor solo estaba registrando  un  88%  del consumo real debido a alteraciones en el  equipo de medición.   

       Sin         embargo,        el        juez  de  primera instancia  reprochó  hechos  anteriores a esta  fecha,  los  cuales  fueron el resultado de varias visitas técnicas   realizadas  desde  el  año   2005   al   predio   en  donde  la    compañía    de   luz   siempre    registró   anomalías   en   el  medidor    de    energía   eléctrica,   sin   que   tales  circunstancias  hubieran  sido  endilgadas  al  procesado  desde  su  vinculación    al    proceso    penal,  como  correspondía, por ser este el  momento  en  el  que se fija la imputación fáctica,  la cual se torna inmodificable.   

       En  el  escrito de acusación se mantuvo la atribución del citado  hecho,   pero   adicionando   uno   ocurrido   en   marzo   de  2011    también    por    razón    de   una   visita   técnica  de  la  empresa Codensa, en la  que  se  advirtió la manipulación en el contador de  energía,  pues  al  medir  el  consumo  que  el  equipo  estaba  reportando  se  estableció  que  el  mismo  no correspondía con el  fluido que requerían las máquinas que funcionaban en el lugar.   

       Y   al   exponer   la   teoría   del   caso   y   la   alegación  final,   la   Fiscalía  señaló     que     el     procesado     había     manipulado     el contador  con  la  intención de no pagar la energía realmente consumida, a partir de los  múltiples  hallazgos  reportados por los técnicos en las inspecciones de fecha  7  de  enero y 30 de agosto de 2005, 29 de agosto y 7  de  septiembre  de  2006  y  11  de  abril  de  2007,  en  varias  de las cuales se registraron empalmes en  la  acometidas,  conexiones  directas,  retiro  de  sellos  de  seguridad, entre  otras.   

       Como     se     observa,    la    imputación   fáctica   realizada   en   la   audiencia  correspondiente, respecto  de   la   atribuida  en  la  acusación,  en  la  presentación de la teoría del caso y en el alegato de  cierre,  fue   variada,   o   mejor   adicionada,  insertando     una     serie    de    circunstancias  que  no  hicieron parte de la hechos  inicialmente endilgados.   

       En      tal     medida,    para    efectos    del    análisis    que    le   corresponde  desplegar  ahora  a  la  Sala,  los hechos en los  que  se  enmarcará  dicho  estudio,  serán los que  fundaron  la formulación de imputación,       esto       es,  los  sucedidos  el  11  de abril de  2007,  pues se reitera, es  este  el  momento en el que se fijan los presupuestos fácticos sobre los que se  desarrollará  el  juicio  y  no pueden  luego  cambiarse, so pena  de   trasgredir   el   debido  proceso  por  desconocimiento  del  principio  de  congruencia.   

       Sobre  tal  aspecto  oportuno  es  referir el criterio  de  esta  Corte:   

La  congruencia  es  una  garantía  del  derecho  a  la  defensa  porque  la exigencia de identidad subjetiva, fáctica y  jurídica  entre  los  extremos  de  la imputación penal, asegura que una misma  persona  sólo  pueda  ser condenada por hechos y delitos respecto de los cuales  tuvo  conocimiento  y,  por  ende,  efectiva  oportunidad de contradicción. Tal  garantía  se  manifiesta  como la necesaria correlación que debe existir entre  la  acusación y la sentencia, con mayor ahínco en aquellos sistemas procesales  que  han  adoptado  como  principio  rector  el  acusatorio.  En  todo  caso, la  congruencia  implica  una  delimitación  del objeto inmutable del proceso penal  que  tiene,  en  lo  fundamental,  una  connotación  fáctica:  los  hechos que  habilitan la consecuencia jurídico-penal.   

En  nuestro país, el artículo 250 de la  Constitución  Política  define el objeto del ejercicio del poder punitivo como  “los   hechos   que  revistan  las características de un delito”. Son éstos los que determinan la  extensión  de  la  investigación  y  conformarán el sustrato de la acusación  cuya  confección está a cargo exclusivo de la Fiscalía General de la Nación.  Sobre  el hecho histórico fundamental, entonces, girará el debate en el juicio  oral  sin  que exista la posibilidad de que el mismo pueda ser variado, de allí  la  prohibición  contenida  en  el artículo 448 del C.P.P./2004 según la cual  “El  acusado  no podrá ser declarado culpable por hechos que no consten en la  acusación,…”-.  De  esa manera, se ha concluido  que  la  congruencia  fáctica  entre  la  acusación  y  la  sentencia debe ser  absoluta,   así  también  que  tal  garantía  se  extiende  al  acto de imputación inicial para una mayor protección del derecho  a        la        defensa.       –            Resaltado     fuera     de    texto-  (CSJ   SP,  24  Jun  2015, rad.45043)   

       Así  las  cosas,  la  Fiscalía con el  fin  de  acreditar  las  irregularidades  denunciadas  por  la  empresa Codensa,  ofreció  como testigo a  Germán   Martínez   Valbuena,  persona  vinculada  laboralmente  con  la  compañía  contratada  por la  empresa   de   energía   para   inspeccionar   los  inmuebles  en  los  que  se  sospechaba,     se  cometía fraude, por ser  esta  la  persona  que  realizó la visita del 11 de  abril  de  2007, a la que  debe  remontarse  la  imputación  fáctica base de  este proceso.   

       Aunque   el   ente   acusador   también   llevó   como   testigo  a  Luis  Alberto  García  Cabrejo,  su  declaración no resulta pertinente para  acreditar   los   hechos   que   fueron   objeto  de  imputación,  esto  es  los  sucedidos  el  11  de  abril  de 2007, toda   vez  que  la  finalidad  de  su  testimonio   fue  la  de  demostrar    una    serie    de    irregularidades  que  como  técnico  de  Codensa   reportó  para  el  año  2006.   

         En  ese  orden,  lo primero que debe  aclararse  es  que  Germán  Martínez Valbuena ostenta la condición de testigo  técnico,  puesto  que  dada  su  especialidad  como  tecnólogo en mantenimiento  eléctrico  industrial y  en    ejercicio    de   su   labor   fue  que  pudo  percibir en forma directa  el   hecho  presuntamente  constitutivo  del  punible  en  cuestión,   para   cuya   narración   en  el  juicio debió utilizar la terminología propia de su  oficio  en aras de explicar los hallazgos que reportó en el acta de inspección  que  fue  incorporada con  su declaración.   

          La  condición  de  testigo  técnico de German Martínez Valbuena emerge clara, por  cuanto  «es una persona  experta  en una determinada ciencia o arte que lo hace especial y que al relatar  los   hechos   por   haberlos   presenciado  se  vale  de  dichos  conocimientos  especiales».    (CSJ    SP    17   sept.   2008,  rad.30214)   

       El  citado indicó que la empresa para  la  cual  labora  recibió  el  requerimiento  por  parte  de  Codensa  para que  inspeccionara  el  medidor  del  inmueble  en  el  que funcionaba la fábrica de  mangueras  del aquí acusado, explicando que la escogencia del predio la hace la  empresa  de  energía  al  constatar  las  pérdidas  registradas   con   el   consumo   que  reporta  el  transformador  del  que  se  surten  de energía varios inmuebles y así    establecer    en   cual   de  tales  predios  se puede  estar  generando  el  consumo  no  registrado  en la  facturación.   

       Agregó  que  al hacer la constatación  del  consumo  que estaba reportando el medidor de dicho predio, encontró que el  mismo      solo  estaba     registrando     el     88%.  Y sobre la manera en que         estableció   que   el  consumo  registrado  no  era  el  real,  sostuvo  que  debido  al  uso  para  el  que  estaba  destinado el  inmueble  y  las  máquinas que estaban allí, no era posible que los kilovatios  reportados   por   el   contador   correspondieran   con   la  energía  que requerían esas máquinas para  funcionar, motivo por el que retiró el medidor y lo  envió a inspección al laboratorio.   

       Sobre          la         inspección         referida,  cuya  acta fue aportada    a    la    Fiscalía  por  el  apoderado  de  Codensa en un  escrito  complementario  a  la denuncia, la   Fiscal  del  caso  solicitó  la  práctica   del  testimonio  de  Carlos  Alayon  y  Deofre  Caro  Suárez,          peritos  de la compañía que realizó la  inspección  técnica al medidor con la intención de  incorporar   dicho   documento  al  juicio,  siendo  decretados  dichos  medios  de  convicción para ser  practicados en el juicio.   

       No  obstante  la delegada del   ente   acusador   desistió   de   su   práctica,  es decir, la inspección que se hizo al medidor para establecer  los  motivos  por  los  cuales estaba reportando bajo  consumo  nunca fue incorporada como prueba al juicio  y, por tanto, sobre ella  no    se    ejerció   la   controversia   debida,  ni podía ser apreciada por los jueces de instancia.   

       Ello      es      así,   por   cuanto   el   estudio   que   hizo   el   laboratorio  contratado por Codensa, tiene  vocación  de pericia, luego no puede ser estimado si  al  juicio  no  comparece  el  experto  y  rinde  su  concepto  especializado,  razón  por  la  cual dicha regla probatoria no puede  suplirse  por  la referencia que hizo la denunciante  acerca  de la existencia de dicho informe    y    su    precisión    acerca    de   los   resultados   que  arrojó.    

       Así  las cosas, la única prueba de la  posible  ejecución  del  delito la constituye el testimonio del técnico German  Martínez   Valbuena,   pues   como  se  indicó  en  precedencia,  aunque  también rindió su testimonio  la     jefe     de    investigaciones    especiales    de    Codensa,  Ingrid  Maritza  Lasprilla, quien  como  tal  y  en  representación de la empresa suscribió la querella, narrando  las  irregularidades  reportadas  desde el año 2005,  no     presenció     directamente    el    hecho,  obteniendo         el        conocimiento  del  suceso  a partir de las  referencias               consignadas  en   los   documentos   que  llegaron  a  su  poder,  básicamente  la  actas  de inspección de enero 7 de  2005,  30  de  agosto  de  2005,  29  de  agosto  de  2006,  7  de septiembre de  2006 y 11 de abril de 2007.   

       Sobre  esta  última  acta  que fue el  referente  de la Fiscalía  para   delimitar   la   imputación   fáctica,  la  funcionaria  de Codensa se enteró que de acuerdo con  la   verificación   que   hizo   al   lugar   del  hecho  el  técnico  Germán  Martínez    Valbuena,    el    medidor    estaba  registrando   solamente   el   88%   del   consumo,  circunstancia   que   reprodujo   en  la  denuncia.   

       En  tal  medida,  lo que arroja la prueba es que el único testigo  directo  del  hecho  fue  Germán Martínez Valbuena  y que su conocimiento se remonta al bajo consumo que  registraba  el  medidor  para el momento de la inspección, conclusión a la que  llegó  luego  de  hacer el cálculo de cuál sería el consumo de las máquinas  que    funcionaban    en    la   fábrica   si   se  utilizaran  doce horas al  día    durante    cinco    días    a  la semana,  multiplicadas por cuatro  para    obtener    un    estimativo   del consumo del mes.   

       Como  se  observa,  lo  que  se  probó  en el juicio frente   a   los  acontecimientos  que  interesan  a  este  proceso, guardando la congruencia  de  los  hechos  fijada por el ente acusador, fue que  para  el  11  de  abril  de 2007 el medidor de la luz  instalado  en  el predio  arrendado     por     el    procesado,       no      reportó      la      totalidad      del      consumo,      conclusión  a  la que arribó el testigo técnico con base en los  promedios    que   se  utilizan  en  este  tipo  de inspecciones, esto es, presumiendo que como en el  predio  funcionaba una fábrica, la misma   se   mantenía  activa  durante  la  jornada  laboral  de doce horas diarias durante cinco  días      a      la     semana     y,      por      tanto,    las    máquinas   operaban  durante todo ese tiempo, pero  sin  que  tal  aspecto  esté  soportado  en  cosa  distinta que la suposición   que   hizo   el  testigo  basado    en   su   experiencia   como   inspector  eléctrico.   

       Adicional   a   lo  anterior,  el  mismo  declarante  precisó  que  no constituye irregularidad que en el momento de la  inspección  el contador  reporte  un  90%  del  consumo, es decir,  que  no  esté  registrando  un  10%,  pues  de  acuerdo con las  pautas   que  les  fija  Codensa,  esto  es  considerado  normal,  pero  cuando  es  inferior al 90% debe  hacerse  el  reporte  a  la  empresa por sospecha de  fraude,  lo  que  significa  que  para  el  presente caso la diferencia    del    2%,   junto   con   la  probabilidad  planteada  por  el testigo     de     que     las    máquinas  funcionaban  doce  horas  diarias    durante    24    días   al   mes,   se  constituiría en el hecho  indicativo  de  que  se  está  incurriendo  en  el  delito  de defraudación de  fluidos,  pues  se  reitera,  los datos suministrados  por  el  testigo  Martínez  Valbuena son los únicos  que     llevó     la    Fiscalía    para             acreditar             la             ocurrencia  del  hecho  que        interesa        a        este       trámite.   

       Y  se  afirma  lo  anterior,  habida cuenta que aunque también se  practicó   el   testimonio   de  la  denunciante  Ingrid  Maritza  Lasprilla,  su conocimiento frente a los hechos es indirecto, pues  no    fue    ella    quien    realizó    la    visita    del    11    de   abril   de   2007,   donde  se  advirtió  la  falla  en  el  medidor. Lo que si  constató,   dado   el  seguimiento  que  venía  haciendo al inmueble en el  que  el  acusado  hacía  funcionar  su  industria,  es  que una vez se hicieron las correcciones debidas y se cambió el medidor, el  consumo  se  duplicó  frente al que registró la factura en el mes de abril que  fue  de 1.300 a 2.200 kilovatios, ya que después fue  de 3.152 kilovatios.   

       Esta  circunstancia,  sumada  a  lo  manifestado  por  el  testigo  técnico,  a  la  única  conclusión  que  lleva  es  que  para  el  11 de  abril   de   2007   el   contador  de  la  energía  eléctrica   no  estaba  registrando   el   consumo   que  el  técnico  consideró  adecuado  según  la  destinación  que  se  le  estaba  dando al predio,  existiendo      una      diferencia      del     2%     frente     al            porcentaje    que    Codensa   consideraba   conforme,  sin que emerjan otros elementos de juicio para deducir que esa  anomalía  provenía  de  la manipulación o adecuación intencional al contador  de   la  luz  por  parte  de  Carlos  Emilio  Ruíz  Charry,     pues     se     reitera,  el  estudio de laboratorio que se  ofreció        para       acreditar       tal  eventualidad     no     fue    incorporado    el  juicio,  puesto que la  Fiscalía  renunció  a  la  práctica  del  testimonio  del experto  con   quien   se   incorporaría   tal pericia.   

       Los  medios  de  convicción  aportados por la Fiscalía   no   acreditan   el  punible de defraudación de fluidos en la única conducta que  podría  reprochársele al procesado, en apego al principio de congruencia en su  dimensión  fáctica, puesto que aunque se allegaron otros medios de convicción  los  mismos  no pueden  valorarse   por   estar   encaminados  a  acreditar  sucesos  que  desbordan  la  imputación   del  marco  fáctico  que  fijó  la  fiscalía desde la formulación de imputación.   

       En  efecto  el  punible en cuestión, descrito en el artículo      256     del     Código     Penal     puede    cometerse   bajo   varias  modalidades,   una   de   ellas   consiste  en  la  alteración  de  los  sistemas  de  conducción de cualquiera de los fluidos que señala el tipo penal  (agua,   gas,  energía  eléctrica  o  señal  de  comunicaciones),  con el fin de evadir el verdadero  registro  consumido  e inducir en error a la empresa  prestadora  del  servicio,  puesto  que  el  cobro  se  realiza sobre un consumo  irreal.   

       Es  así  que  para  acreditar  la  materialidad  del  delito  es  menester  demostrar la manipulación del medidor del  fluido   o  la  alteración  de  los  sistemas  de  control   de   su  consumo,  acción  que   para   el   presente  caso  no  fue  acreditada,   si   en  cuenta  se  tiene  que  además de que no se practicó la prueba encaminada  a  demostrar  dicho  elemento  del tipo,  el  testigo  ofrecido  por el ente  acusador    ningún  hallazgo reportó en su  inspección  del  11  de  abril de 2007,  del  que   se   pudiera   inferir  la  modificación  a  los  sistemas  de  medición  del  contador, pues según se lee del contenido del  acta  de  dicha  visita,  la  cual  se  incorporó a su testimonio, el   procedimiento   realizado  y  la  irregularidad  encontrada,  se  describieron  así:   

« 1) Pruebas  con  carga de predio más resistencia; 2) se toman fotos; 3) medidor registra el  88%  se  retira  para ser enviado a laboratorio; 4)  medidor  resellado  con sellos AND N.16942409/10; 5)  medidor  instalado  se  resella;  6)  medidor  retirado con lectura 35059-5;  7) todo queda funcionando normal; 8) sobre va dentro de  tula;  9)  cliente no firma; 10) evaluación del medidor el día martes 17/04/07  a   las   7:45  a.m.»   

       Como   se  advierte,  en  manera  alguna  el  testigo   dio   cuenta   de   señales   de  manipulación  del  medidor,  motivo por el cual no  emerge  prueba  indicativa  que  el  bajo porcentaje  que            fue           presumido    por    el    testigo,  se  explicara  en  una  acción   del  aquí  acusado  para  apropiarse  de  fluido  eléctrico sin  pagar  a la empresa el consumo verdadero, por lo que  debe  mantenerse  el  fallo absolutorio proferido en  segunda     instancia,     pero    no   por   las   razones  allí  consignadas  las  cuáles  configuran  un  yerro de derecho  por  falso  juicio de convicción, sino por los motivos que en sede de casación  ha expuesto la Corte.   

       Queda   por  señalar  que  la  Sala  advierte  un  descuidado  manejo  del  trámite por  parte     de     los     funcionarios  que  asumieron  el ejercicio de la acción penal, como de los  que  ejercieron  la  función  de  control  de  garantías  y  de  conocimiento,  pues véase,     por    ejemplo,       cómo       en    la    fase    previa    al    juicio    la    Fiscalía   no   se   preocupó  por  demostrar  los  requisitos  de  procedibilidad  para  ejercer  la potestad punitiva del Estado, ni tampoco  la   juez   de  control  de  garantías    los    verificó,  siendo  la  audiencia de formulación de imputación el momento  oportuno    para    fijar   tan   trascendentales  aspectos  del procedimiento como lo era    establecer    la    existencia  de  querella  promovida en término y que se había  agotado  el  requisito  de la convocatoria a audiencia de conciliación,  dada     la     naturaleza    querellable    del  delito  de la defraudación de fluidos,  aspecto  que  debió clarificar la  Corte   en   sede   extraordinaria,  tomando  como  fundamento  la mención que sobre la existencia del  acta  de  conciliación  se  hizo en el escrito de acusación.    

       Adicionalmente,   la  Fiscalía  fue  deficiente    al    momento    de    fijar    con  claridad  los  hechos  en  los  que se soporta  la  imputación  fáctica, pues dejó de considerar  la   mayoría  de  los  sucesos  narrados  en  la  denuncia  como  presuntamente  constitutivos   de   la  ofensa  penal,       limitándolos  a  un  solo acontecimiento cometido  en  un único momento, a  pesar   de   que   se  denunció  una  sucesión  de actos realizados desde  el año 2005.   

       También   se   advierte   que   en  el   juicio  el  ente  acusador   hizo   una  modificación  a    la    dimensión    fáctica   de   la   conducta,  que  no  podía  hacer  dada  su  irreformabilidad,   añadiendo  en  el  escrito  de  acusación  un  suceso que ni siquiera mencionó en  la   formulación   de  imputación  (visita  de  1º  de  marzo  de  2007),  y  en  la  teoría del  caso   relacionó   una  serie  de  circunstancias  advertidas  por  la  empresa  en  visitas efectuadas  desde  el año 2005, que  tampoco    fueron   puestas   de   presente   al   acusado   en   la   audiencia  preliminar.   

       Y  frente  a  su  actividad  en  torno a la práctica probatoria,  en   primer   lugar  solicitó  pruebas dirigidas a demostrar hechos que  no  hacían  parte del marco fáctico por el que se llamó a juicio al acusado y  renunció     a     la    prueba    técnica  que había solicitado para  acreditar    la    alteración    del    sistema   de   medición   del  fluido  eléctrico,    cuando    este    era   uno   de  los  elementos  del  delito  que  tenía   que   demostrar  a  cabalidad.   

       Por     su     parte,   el   juez   de  conocimiento  de  primer  grado,  decretó  pruebas  que no estaban encaminadas a demostrar     el     suceso     imputado    por    la    Fiscalía  a  Ruíz Charry,        y        desbordando  la imputación fáctica,  responsabilizó  al acusado de hechos que no hicieron parte de los atribuidos en  la   audiencia   preliminar,  además  incrementó   la   pena   por   haberse   vulnerado  en  más  de  una oportunidad el bien  jurídico  tutelado, cuando ni siquiera se endilgó,  fáctica  o jurídicamente, un concurso de conductas  delictivas.   

       Y  por  último,  el  juez de segundo grado incurrió en un falso  juicio  de  convicción  derivado  de un error de derecho, al imponer una tarifa  legal    no    prevista    en   el   ordenamiento  jurídico, sin  advertir  un  aspecto  tan  trascendental  como  lo  era  el  desconocimiento  del principio de congruencia por parte del a quo. Conclusión   a  la  que  arribó  la  Corte   de   acuerdo   con   las  razones  que  se  expusieron con amplitud en el capítulo pertinente.   

       Las  irregularidades  advertidas  habrían  podido  corregirse en  sede  de  casación, pues de haber lugar a emitir el  fallo  de  reemplazo, correspondería a la      Corte      ajustar  la  imputación  fáctica  y  jurídica  objeto  de  reproche,  al  marco  fijado      por     la     Fiscalía,   haciendo   que   la   sentencia  resultara   congruente   con  lo  endilgado  en  la  audiencia   de   imputación  y  en  la      acusación     esto   último   en   lo   relativo   a  los  hechos,   pues   dicho   ajuste   le  resultaría  favorable  al  procesado  de  no  ser  porque  concluyó  la Sala que  no  logró  desvirtuarse la presunción de inocencia  que  lo cobija, en tanto  que   una  vez  advertido  cuál  fue  en  realidad  el marco fáctico de la  imputación   y   las   pruebas   aportadas   para   su   demostración,  es  dable  concluir  que  el  delito  de  defraudación  de  fluidos,  según   el   hecho  atribuido,  no      fue      demostrado      y,  por  tanto,  debe  mantenerse  la  absolución.   

       Por   lo   expuesto,   pese   a  que  la  Corte  halló  probado  el  error  de  derecho  propuesto en la demanda,  no   hay   lugar  a  casar  el  fallo  absolutorio  de  segunda  instancia,  por  cuanto, se itera, no se  acreditó  la  materialidad  del delito achacado al  procesado   conforme  al  marco  fáctico  delimitado  por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  y la prueba aportada por ésta con la que fallidamente  pretendió  acreditar  la ocurrencia del hecho, así  como  la  responsabilidad  del  mismo  en cabeza de  Carlos Emilio Ruíz Charry.   

       En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando justicia en nombre de la República de Colombia  y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE   

NO  CASAR    la    sentencia  impugnada.   

Contra  esta  providencia  no  procede  ningún recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria   

    

1                     CSJ SP, 11 feb. 2004, Rad.19614     

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