SP14838-2015(42628)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrados Ponentes  

SP14838-2015  

Radicación No. 42628  

(Aprobado Acta No.380).  

Bogotá  D.C.,  veintiocho (28) de octubre de  dos mil quince (2015).   

Sería  del  caso  entrar  a  examinar  si la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado judicial de la empresa RADIO  TAXI  AEROPUERTO  S.A.  condenada  como  tercero  civilmente  responsable  en el  presente  asunto,  reúne los requisitos exigidos para su admisión, si no fuera  porque  se  advierte  que  antes  del fallo de segundo grado operó el fenómeno  jurídico  de  la  prescripción  de  la acción penal iniciada con ocasión del  delito de lesiones personales culposas.   

ANTECEDENTES FÁCTICOS  

Fueron  resumidos  por  los  juzgadores  de  instancia de la siguiente manera:   

«Los   hechos  génesis  del  proceso  acaecieron el día 06 de mayo de 2006, a la altura de la  intersección   de   la  carrera  68  D  con  calle  17  vía  pública.  Siendo  aproximadamente   las   5:45  A.M.  (sic),   momentos   en  que  el  señor  JAIRO  MANUEL  CABALLERO  NIÑO  conduciendo  un  vehículo Hyundai Atos de servicio público tipo taxi de placas  SIL382,     por    la    carrera    68    D,    sentido    norte    –   sur,   se   pasó  el  semáforo,  colisionando  con  la motocicleta de placas OSE 09ª, en la que se movilizaba el  señor  SAMAEL  VIUCHE  MORALES,  por  la  calle 17 sentido oriente – occidente, quien resultó gravemente  lesionado.   A  consecuencia de las lesiones sufridas el Instituto Nacional  de   Medicina   Legal  le  fijó  al  señor   SAMAEL  VIUCHE  MORALES  una  incapacidad  definitiva  de  cien (100) días y como secuelas deformidad física  que  afecta  el rostro de carácter permanente, deformidad física que afecta el  cuerpo  de carácter permanente, perturbación funcional de órganos múltiples,  así:  del  órgano dela visión, del órgano de la prensión, del órgano de la  marcha,  perturbación  funcional del miembro superior  izquierdo  y  del  miembro  inferior  derecho, todas estas secuelas de carácter  permanente.»1.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

El 11 de diciembre de 2008 ante el Juzgado 61  Penal  Municipal con Función de Control de Garantías de Bogotá, fue formulada  la  imputación2  en  contra  de  JAIRO  MANUEL  CABALLERO  NIÑO  como  presunto  autor  del  delito  de lesiones  personales   culposas,   cargo  que  no   fue  aceptado  por  el  imputado.   

En  audiencia  realizada  el  26 de enero de  2009,  la  Fiscalía  118  Local de Bogotá formuló acusación contra CABALLERO  NIÑO3   por  el  punible  de  lesiones  personales culposas, ante el  Juzgado 11 Penal Municipal de esta capital.   

El 31 de marzo de 2009, se surtió el juicio  oral4,  al  término  de  cual el Juzgado emitió el sentido condenatorio  del  fallo  y  ante  la  expresa  intención  de  la  víctima  de dar inicio al  incidente    de    reparación    integral,   el   a  quo   señaló   fecha   para  la  primera  audiencia  incidental      de      reparación     integral5  que se llevó a cabo el 24 de  abril  de  20096.   

El  22  de  mayo  de  2009 se desarrolló la  segunda     audiencia    incidental    de    reparación    integral7, en la que se  solicitó  y  declaró  la  nulidad  de  la  primera  audiencia  con  el  fin de  garantizar     el     derecho     de     defensa    del    tercero    civilmente  responsable.   

La  nueva  primera  audiencia  incidental de  reparación   integral   es  adelantada  el  19  de  marzo  de  20108  y la segunda  audiencia   de   la   misma  naturaleza  el  18  de  mayo  siguiente9,  en donde se  solicitó  declarar la nulidad de las audiencias actuadas para que se procediera  a vincular a otro tercero civilmente responsable.   

El 25 de agosto de 2010 se celebró una nueva  primera    audiencia    de   incidente   de   reparación   integral10,  el  24  de  noviembre  siguiente la segunda audiencia incidental11  y  el 9 de marzo de 2011 la  tercera  vista  incidental  de  reparación integral12.   

El   28   de   julio  de  201113, el Juzgado  Once  Penal  Municipal  con  función  de  conocimiento  de  Bogotá,  profirió  sentencia  en  contra  de  JAIRO MANUEL CABALLERO NIÑO, condenándolo a la pena  principal  de  once  meses  de  prisión  como  autor  del  delito  de  lesiones  personales  culposas,  multa  equivalente  a  ocho  SMLMV,  y  a  las  sanciones  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   y  privación  del  derecho  a  conducir  vehículos  automotores  y  motocicletas   por   un   lapso  de  once  meses,  otorgándole  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

Así  mismo,  el  juzgador  de  primer grado  condenó  al  procesado  y  a  las personas jurídicas INVERSIONES HACOR LTDA. Y  ADMICAR  LTDA.  Como terceros civilmente responsables, al pago solidario a favor  de  SAMAEL  VIUCHE  MORALES   en  la suma de $177.200.778.oo y absolvió de  responsabilidad  civil  extracontractual  a  las  empresas RADIO TAXI AEROPUERTO  S.A.  y  ASEGURADORA  SOLIDARIA  DE  COLOMBIA  LTDA.14.   

En la misma fecha, tuvo lugar la audiencia de  lectura   de   fallo   de   sentencia  e  incidente15.   

Contra la decisión de primera instancia, se  interpuso       recurso      de      apelación16  por  parte del apoderado de  la  víctima17,           la          defensa18,   el  apoderado  de  HACOR  LTDA.19   y  el  apoderado  de  ADMICAR  LTDA.20;  salvo  el  apoderado de la  defensa,   los   demás   impugnantes   realizaron   la   sustentación   de  la  impugnación.   A  su  turno,  dentro  del término de traslado para los no  recurrentes,   la   apoderada   de   RADIO   TAXI   AEROPUERTO  S.A.                    21,   y   el   abogado  de  la  ASEGURADORA    SOLIDARIA    DE    COLOMBIA   LTDA.22,     presentaron     sus  argumentos.   

El  17  de  agosto  de  2012 el apoderado de  INVERSIONES  HACOR LTDA., desistió del recurso de apelación interpuesto contra  la  sentencia23,  solicitud  admitida  por  el  Tribunal  mediante  auto  de  24 de  septiembre             de            201224,  y  el 18 siguiente el juez  de   primer grado declaró desierto el recurso de alzada interpuesto por el  defensor  y  concedió  el  impetrado  por  los  demás  impugnantes25.   

El  5  de  septiembre  de  2013, el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá profirió la sentencia de segundo  grado26,  mediante  la cual se abstuvo de resolver el recurso de apelación  interpuesto  por  el apoderado judicial de INVERSIONES HACOR LTDA., por falta de  interés   para  recurrir,  revocó  la  absolución  de  responsabilidad  civil  extracontractual  de  RADIO  TAXI AEROPUERTO S.A. y, en su lugar, la condenó al  pago  solidario  a  favor  de  la  víctima,  de $177.200.778.oo, exigibles a la  ejecutoria de la decisión.   

El  24  de  octubre de 2013, el apoderado de  RADIO   TAXI   AEROPUERTO   S.A,   presentó  demanda  de  casación27, la cual fue  recibida  por  la  Secretaría  de  la  Sala  el  día  31  contiguo28  y allegada  por  asignación  al  Despacho  del  Magistrado  Ponente el 1º de noviembre del  mismo   año29.   En  ella, el actor propone cargos por violación directa de  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea  del Decreto 172 de 2001 que  reglamenta  el servicio público de transporte terrestre automotor individual de  pasajeros  en  vehículos  taxi,  de  la  Ley  336  de 1996 Estatuto nacional de  transporte,  y  el  artículo 2356 del Código Civil. Así mismo, propone cargos  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial por error de hecho derivado de  falso  juicio  de  existencia  respecto del testimonio de JAIRO MANUEL CABALLERO  NIÑO  y  FLOR  ÁNGELA HERNÁNDEZ; y por falso juicio de identidad del contrato  de  vinculación  del  taxi de placas SIL 382 a la empresa RADIO TAXI AEROPUERTO  S.A. y con relación a los seguros de responsabilidad civil.   

CONSIDERACIONES  

El  derecho  del  Estado  a  perseguir  y  a  castigar  el  delito  no es absoluto; contrario a ello, se halla limitado, entre  otras   formas  por  el  tiempo,  con  el  propósito  de  que  el  ius  puniendi se realice conforme con los  postulados  democráticos de carácter constitucional, que permiten garantizarle  a  los  asociados  los  derechos  fundamentales  establecidos  en  la ley, en la  Constitución  Política  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos  humanos que integran el bloque de constitucionalidad.   

La  prescripción de la acción penal, es la  institución  jurídica  que  regula  el  tiempo  durante  el cual el legislador  faculta  al  Poder  Judicial  para  ejercer  la  persecución penal; por ello se  afirma  que  es  un  límite  temporal  al ejercicio de la potestad punitiva del  Estado30.  En  este  sentido, la prescripción es un fenómeno eminentemente  procesal que corre por ministerio de la ley.   

Es  evidente, entonces, que la prescripción  de  la  acción  penal  se  halla  estrechamente  vinculada  con  el  propósito  constitucional  de  que  el  proceso  se  defina  dentro de un término sensato,  prudente  y moderado, para dar cumplimiento al derecho  a  ser  juzgado sin dilación injustificada, consagrado  en  el  artículo  25 de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del  Hombre,  o  en  términos  del artículo 9.3 del Pacto Internacional de Derechos  Civiles  y Políticos y del canon 7.5 de la Convención Americana sobre Derechos  Humanos,  a ser juzgado dentro de un plazo razonable,  o  sin dilaciones indebidas,  como   señala   el   precepto   14.3.c)   del  Pacto  Internacional  anteriormente  referido,  fórmula recogida por el inciso 4º del  artículo  29  de la Constitución Política nacional, texto fundamental que por  medio  de  su  artículo  28 también establece que en  ningún  caso  podrá haber detención, prisión ni arresto por deudas, ni penas  ni medidas de seguridad imprescriptibles.   

Es así como, la fijación de un término de  duración  máximo  en  que es tolerable la persecución delictiva por parte del  Estado  tiene  un  claro origen constitucional y se halla directamente vinculado  con   el   derecho   al   debido  proceso,   del   cual  forma  parte  integrante,  razón  por  la  cual  su  desconocimiento  acarrea  su  violación,  conllevando incluso la posibilidad de  que  en  firme  la  sentencia proferida con su inadvertencia, sea susceptible de  ser   atacada  mediante  la  acción  de  revisión31.   

En  este sentido, la Corte Constitucional ha  destacado  las  consecuencias  de  su inobservancia al sostener que el respeto a  los  términos  procesales  constituye  un  factor  esencial  para garantizar el  debido                    proceso32    y    que   la   indeterminación   de   los   términos   para  adelantar  las  actuaciones  procesales  o  el  incumplimiento  de  éstos  por  las autoridades  judiciales,  puede  configurar  una  denegación  de  justicia  o  una dilación  indebida    e    injustificada    del   proceso,   ambas   proscritas   por   el  constituyente33.   

Así,  la  duración  razonable  del proceso  constituye  una garantía para las partes, pero especialmente para el procesado,  a  quien  la  ley  le  concede  la posibilidad de invocar la prescripción de la  acción  como  mecanismo  para  combatir  la  lentitud  del  proceso y evitar la  posibilidad  de  que  el  Estado  persiga  las  conductas  criminales  de  forma  temporalmente   irrestricta   violando   el   derecho  de  los  asociados  a  la  no perpetuatio iurisdictio.   

Igualmente,   la   prescripción  ha  sido  relacionada  con   el  principio de presunción de  inocencia  previsto  en  el artículo 29 superior, que  comporta  la  exigencia  de  que  la  demostración  de responsabilidad penal se  realice  dentro  de  los  causes  temporales legalmente trazados para ello y, en  caso  de  que  no se logre dentro de estos estrictos parámetros, la presunción  de inocencia deba mantenerse incólume con todas sus consecuencias.   

Del  mismo  modo,  la  prescripción  de  la  acción  penal  tiene un estrecho nexo con el principio  de  seguridad jurídica, pues el margen temporal dentro  del  cual  el  Estado  puede ejercer su poder represivo debe estar estrictamente  delimitado,  de  forma  tal, que la prescripción de la acción penal se traduce  en  un  instrumento  procesal  que le garantiza al ciudadano que la persecución  del   delito   se   llevará   a  cabo  dentro  de  los  parámetros  temporales  objetivamente  establecidos  por  el  legislador,  lo  que  le permite prever el  momento   máximo   en  el  cual  la  decisión  debe  ser  adoptada34,  protegiéndolo  así  de  la  arbitrariedad,  al  brindarle certidumbre sobre el  lapso   que   el  Estado  tiene  para  decidir  el  asunto  por  el  que  se  le  procesa.   

Así   mismo,  es  necesario  tener  en  cuenta    que    en   el   ámbito   penal    predomina   la   interpretación  restrictiva que impone el  principio  pro  libertatis,  que   implica   que    todas  las  disposiciones  que  coarten  el  derecho  fundamental  a  la  libertad personal deben ser aplicadas de forma excepcional y  restringida  a  los  presupuestos  expresamente  previstos por la ley.  Con  fundamento  en lo anterior, no es posible aplicar analógicamente y in  malam  partem,  las disposiciones que  regulan  los  plazos  o  las  causales  de  suspensión  o  interrupción  de la  prescripción  de  la  acción  penal,  ni interpretarla de manera amplia, ni en  perjuicio  de  los  derechos de la persona enjuiciada, o suplantando la estricta  legalidad  que  rige  la  materia  por interpretaciones derivadas de fuentes del  derecho  distintas  a la ley, debido a la existencia de reserva legal sobre este  aspecto procesal.   

En  el  presente  asunto,  la Sala ha podido  determinar  que  la  prescripción  de  la  acción penal por delito de lesiones  personales  culposas  por  el  que fue condenado el procesado, se configuró con  anterioridad  a  que  se  profiriera  la  sentencia de segunda instancia, lo que  implica  que  tal  decisión  se  produjo  cuando el Estado ya había perdido su  potestad  sancionatoria,  por  extinción  de  la acción penal, momento para el  cual  se  hallaba  en la obligación de declarar el fenómeno prescriptivo, pues  en  caso contrario se incurriría en la violación de los derechos anteriormente  relacionados, como ciertamente ocurrió.   

De  manera,  que  ante  el decaimiento de la  facultad  sancionadora del Estado, conforme con lo normado por los artículos 83  y  86  de la Ley 599 de 2000 y 292 de la Ley 906 de 2004, el juzgador de segundo  nivel   debió   declarar   la  prescripción  y  la  consecuente  cesación  de  procedimiento,  de  acuerdo  con  el  precepto  331,  numeral 1º del Código de  Procedimiento Penal por el que se rigió el asunto.   

Por  consiguiente,  y  en aplicación de las  normas  de  garantía  precedentemente relacionadas, debe la Corte oficiosamente  dictar  fallo  de sustitución y casar la sentencia impugnada, profiriendo en su  lugar  la  decisión  que  en  derecho  corresponde e inadmitir, por carencia de  objeto  y evitando un mayor desgaste del servicio público de administración de  justicia,  la  demanda  de  casación  presentada,  criterio  que  consulta  los  recientes  desarrollos  jurisprudenciales  vinculados a este tema (CSJ. SP de 21  de   agosto   de   2013,  Rad.  40587  y  AP.  de  2  de  abril  de  2014,  Rad.  43328).   

En  esta  línea  de  actuación, es preciso  señalar  que  de  acuerdo  con  lo previsto en el artículo 83 de la Ley 599 de  2000  la acción penal prescribe en un tiempo igual al máximo de la pena fijada  en  la  ley,  si  fuere privativa de la libertad, pero en ningún caso ese lapso  puede  ser  inferior  a cinco (5) años, salvo cuando se trate de los delitos de  genocidio,  desaparición  forzada,  tortura y desplazamiento forzado, supuestos  para  los  que,  según  la  legislación  vigente  al momento de los hechos, el  tiempo máximo de prescripción es de treinta (30) años.   

Ahora bien, de conformidad con el precepto 86  de  la  Legislación  Penal  Sustantiva,  modificado en su inciso primero por el  artículo  6  de  la Ley 890 de 2004, el término de prescripción de la acción  penal  se  interrumpe con la formulación de imputación y, una vez ocurrida esa  circunstancia,  acorde  con el artículo 292 de la Ley 906 de 2004, comenzará a  correr  de  nuevo por un término igual a la mitad del señalado en el artículo  83  del  Código  Penal,  pero  en  ningún  caso podrá ser inferior a tres (3)  años.   

En  el  presente  asunto,  JAIRO MANUEL  CABALLERO  fue  procesado  y  condenado  por  el  delito  de lesiones personales  culposas,  consagrado  en  el  inciso  2º  del  artículo 114 -reformado por el  artículo  14  de  la Ley 890 de 2004-, en concordancia con el artículo 120 del  Estatuto  Punitivo,  que  contempla  una pena de nueve (9) meses, dieciocho (18)  días a treinta y seis (36) meses de prisión.   

Teniendo  en  cuenta  que los acontecimiento  ocurrieron  el  6  de mayo de 2006  y que la formulación de imputación se  llevó  a cabo el 11 de diciembre de 2008, se desprende que desde esa fecha, los  tres  años  necesarios  para  configurar el fenómeno de la prescripción de la  acción  penal,  se  cumplieron  el  día  doce (12) de diciembre de 2011, fecha  anterior  al  fallo de segunda instancia que se produjo el 27 de agosto de 2013.   

         Consecuente  con  las  argumentaciones expuestas en este proveído,  la  Sala  procederá  de  oficio  a  casar  la  sentencia impugnada y a declarar  prescrita  la  acción  penal  derivada  de la conducta punible, al igual que la  prescripción  de  la  acción civil, aclarando que solo respecto del penalmente  responsable,  pues  de  acuerdo  con  artículo  98  de  la  Ley  599  de  2000,  «la   acción  civil  proveniente  de  la  conducta  punible,  cuando  se  ejercita  dentro del proceso penal, prescribe en relación  con  los  penalmente  responsables, en tiempo igual al de la prescripción de la  respectiva  acción  penal.  En  los  demás  casos,  se  aplicarán  las normas  pertinentes de la legislación civil.».    

         En  relación  con  los  terceros civilmente responsables que fueron  debidamente  vinculados  a  la presente actuación, será la jurisdicción civil  la  que  deberá pronunciarse al respecto, pues la prescripción con relación a  ellos  se  ajusta  a  lo  previsto en la legislación de esa especialidad, tal y  como   lo   ha  sostenido  esta  Corporación  en  su  pacífica  jurisprudencia  (CSJ.  SP.   de  23 de  agosto  de  2005, Rad. 23718; AP de 20 de febrero de 2008, Rad. 29235; AP. de 20  de  octubre de 2008, Rad. 30249; AP. del 18 de enero de 2012, Rad. 36841; AP. de  9  de  septiembre  de  2015,  Rad.  38878; AP. de 16 de septiembre de 2015, Rad.  46752, entre otros).   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República de Colombia y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero: Casar de  oficio  la sentencia de 27 de agosto de 2013, proferida por el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  mediante  la  cual  confirmó  la condena  impuesta  a  JUAN  MANUEL  CABALLERO  NIÑO por el delito de lesiones personales  culposas.   

Segundo: Declarar  prescrita  la acción penal originada con la comisión de la conducta punible de  lesiones   personales  culposas  y,  en  consecuencia,  CESAR  el  procedimiento  adelantado    contra    JUAN    MANUEL   CABALLERO   NIÑO   por   el   referido  delito.   

Tercero: Declarar  prescrita  la acción civil derivada del delito de lesiones personales culposas,  a  favor  del  mencionado  acusado  y que es la jurisdicción civil la  competente para pronunciarse respecto  de  la responsabilidad civil  de los terceros civilmente responsables.   

Cuarto:    Abstenerse    de  calificar  la  demanda de casación presentada por el apoderado  de  la  empresa  RADIO  TAXI AEROPUERTO S.A., por carencia de objeto y economía  procesal.   

Quinto:  Disponer  que  por  el  juzgado  de  primera  instancia  se  realicen  las  anotaciones  y  cancelaciones pertinentes.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Con salvamento parcial de voto  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

Con  el  debido respeto que la decisión de  mayoría  merece,  procedo  a  consignar las razones por las cuales me separo en  forma  parcial  de  la  decisión  que  declara la prescripción de las acciones  penal  y civil surgidas con ocasión del delito de lesiones personales culposas,  atribuido   al   procesado   Jairo  Manuel  Caballero  Niño.   

En  ese  propósito  reitero  mi  criterio  expuesto  en precedentes salvamentos frente a las providencias con las cuales la  Corte  adoptó similares determinaciones a las asumidas en esta especie, el cual  sintetizo señalando que,   

“…  mi  discrepancia  es  frente  a  la  oportunidad  en  que  se hace la declaración de prescripción civil y por quien  la  hace,  y  no  en cuanto se relaciona con la cesación de procedimiento penal  por  el  delito  de  (…)  pues,  en  verdad,  a  partir de la ejecutoria de la  resolución   de   acusación   hasta  la  fecha  de  este  pronunciamiento,  ha  transcurrido  de  manera  ininterrumpida  un  término  superior  a cinco años,  suficiente   para  que  el  Estado  perdiera  toda  oficiosidad  para  continuar  ejerciendo  la acción penal, ya que tal determinación no amerita reparo alguno  de mi parte.   

Tal  y  como  lo  expuse en el curso de los  debates  orales  en  el  seno  de  la  Sala, no puedo prohijar la providencia en  comento  sin  referirme  a  la decisión de declarar prescrita la acción civil,  pues  si  bien ella corresponde a una interpretación literal de la norma que la  establece  (Art. 98 del C. Penal), su aplicación inmotivada no se compadece con  el  deber  de  establecer  primero  la  razón  de  ser  de  la disposición, su  conformidad  con  la  Carta  Política,  o  al  menos con el principio rector de  aplicación  prevalente relativo al restablecimiento del derecho, según el cual  los  funcionarios  judiciales  deberán  adoptar las medidas necesarias para que  cesen  los  efectos  creados  por la comisión de la conducta punible, las cosas  vuelvan  al  estado  anterior, y se indemnicen los perjuicios, pues es claro que  el  delito  -como  fuente  de  obligaciones-,  ni,  por  supuesto,  sus  efectos  materiales,  económicos  y sociales, desaparecen por haber operado el fenómeno  de la prescripción de la acción penal.   

No  se  tuvo en cuenta, que la disposición  aplicada  al  caso  sin  consideración  al  sistema  a que pertenece, se ofrece  excesivamente  gravosa  para  los intereses particulares de los perjudicados con  el  delito,  que  ven  frustradas  sus  expectativas  y  resultan  sancionados a  consecuencia de la inactividad del Estado.   

Esto,  si  se  considera  que  en el evento  presente  la  parte  civil ejerció la acción en oportunidad y acudió a uno de  los   mecanismos   previstos  por  el  ordenamiento  jurídico  para  lograr  el  restablecimiento de su derecho.   

Con la decisión mayoritariamente adoptada,  no  sólo  se  exonera, sin más, de toda responsabilidad civil a la persona que  ha  sido acusada, sino que deja a la afectada sin instrumentos para perseguirla,  tan  sólo  por  haber optado por pretender la indemnización dentro del proceso  penal,  y  no  por  la  vía civil donde la prescripción de la acción opera en  términos  mucho  más  amplios,  se  interrumpe  con  la notificación del auto  admisorio  de  la  demanda  y  no hay lugar a declararla como consecuencia de la  simple y llana inactividad del órgano judicial.   

Y  si  bien  no  desconozco que el Tribunal  Constitucional  mediante Sentencia C-570 de 2003 declaró exequible el Artículo  98   de   la   Ley  599  de  2000,  bajo  el  supuesto  de  que  “la  medida  de  ligar  el  término  de prescripción de la acción  civil  al  de  la  acción  penal, cuando la primera se ejerce en el marco de la  segunda,  es proporcional y ajustada a la exigencias propias del proceso penal y  a  las  características  que  identifican  al  papel  de  la parte civil en las  últimas  diligencias”, tampoco puedo pasar por alto  que  el  pronunciamiento  del Tribunal Constitucional, pese a haberlo anunciado,  desconoció  que “en cuanto hace a la acción civil,  el   objetivo   de   la  prescripción  es  extinguir  el  derecho  de  reclamar  judicialmente  el  crédito  como consecuencia de la inactividad del acreedor en  demandar      el      cumplimiento      de     la     obligación”.   

De  ahí que, con todo y el pronunciamiento  de  la  Corte Constitucional en torno a la exequibilidad del precepto, considero  que  cuando  el  legislador  precisa  en  el  artículo 98 del Código Penal que  “la  acción  civil  proveniente  de  la  conducta  punible,  cuando  se  ejercita dentro del proceso penal, prescribe, en relación  con  los  penalmente  responsables, en tiempo igual al de la prescripción de la  respectiva  acción  penal”, debe ser entendida en el  sentido  de que el juez penal no puede proferir el fallo civil correspondiente a  la  demanda  de constitución de parte civil, y el afectado queda en libertad de  reclamar  los  perjuicios ante la jurisdicción civil mientras que la acción se  encuentre  vigente,  pues,  en  palabras de la propia Corte Constitucional en la  sentencia  en  comento, “no sería razonable que el  juez  penal  dictara  la  condena  en  perjuicios si la acción penal ya ha sido  prescrita”.   

Lo   contrario   implicaría   victimizar  nuevamente  al  sujeto  pasivo  de  la  infracción  penal  por  incurrido en el  desacierto  de  acudir a la jurisdicción penal con la esperanza de que allí se  produjera  en  un  tiempo menor la reparación por el agravio recibido, frente a  la  opción  de ir ante la jurisdicción civil, ya que a pesar de haber ejercido  en  tiempo  el  derecho  de  reclamar  el  pago por los perjuicios recibidos, la  lentitud  del  aparato  judicial  en  el trámite de su pretensión, le implicó  perder  el  derecho  frente  al penalmente responsable, para obligarlo acudir al  inicio  de  un proceso contencioso administrativo en contra del órgano judicial  que  frustró  sus  expectativas,  nada  de  lo  cual  hubiera ocurrido de haber  presentado la demanda ante la jurisdicción civil.»   

Son estos razonamientos los que me llevan a  discrepar respetuosamente de la decisión mayoritaria.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado  

Fecha ut supra.  

    

1 Cfr.  Folio 165 de la carpeta 1.   

2 Cfr.  Folios 13 y 14 ibídem.   

3 Cfr.  Folios 31 y 32 ibídem.   

4 Cfr.  Folios 123 y 124 ibídem.   

5 Cfr.  Folio 122 ibídem.   

6 Cfr.  Folios 132 y 133 ibídem.   

7 Cfr.  Folios159 y 160 ibídem.   

8 Cfr.  Folios 237 y 238 ibídem.   

9 Cfr.  Folios 251 y 252 ibídem.   

10 Cfr.  Folio 293 y 296 ibídem.   

11  Cfr. Folios 19 a 22 de la carpeta del proceso 2.   

12  Cfr. Folios 47 y 48 ibídem.   

13  Cfr. Folios 142 a 165 ibídem.   

14  Cfr. Ídem.   

15  Cfr. Folios 166 a 168 ibídem.   

16  Cfr. Folio 167 ibídem.   

17  Cfr. Folios 177 a 191 ibídem.   

18  Interpuesto pero no sustentado.   

19  Cfr. Folio 169 a 172 ibídem.   

20  Cfr. Folios 173 a 176 ibídem.   

21  Cfr. Folios192 a 198 ibídem.   

22  Cfr. Folios 199 a 204 ibídem.   

23  Cfr. Folio 6 de la carpeta de casación.   

24  Cfr. Folios 14 a 17 del cuaderno de casación.   

25  Cfr. Folio 205 de la carpeta 2.   

26  Cfr. Folios 41 a 72 de la carpeta de casación.   

27  Cfr. Folios 81 a 108 ibídem.   

28  Cfr. Folio 1 del cuaderno de la Corte.   

29  Cfr. Folio 4 ibídem.   

30  Cfr.  Binder,  Alberto  M,  Introducción  al Derecho  Penal,  Ed. Ad Hoc, Buenos Aires, 1999, pp. 223 y 224  2.   

31  Cfr.  Ley  906  de  2004,  numeral  2º,  art  192, procedencia de la acción de  revisión  “2. Cuando se hubiere dictado Sentencia condenatoria en proceso que  no  podía iniciarse o proseguirse por prescripción de la acción, por falta de  querella  o  petición  válidamente  formulada,  o por cualquier otra causal de  extinción de la acción penal.”.   

32  Cfr.  Corte  Constitucional,  Sentencias  T-292/99,  T-1226/01,   T-612/03,  T-493/03, y T-1043/03.   

33  Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-416/94.   

34  Cfr. Ibídem, Sentencia C-250/12.     

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