AP6863-2014(44376)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

AP 6863-2014  

Radicación N° 44376  

(Aprobado  Acta No.  385)   

Bogotá  D.C., noviembre doce (12) de dos mil  catorce (2014).   

VISTOS  

Aborda la Sala el estudio de admisibilidad de  la  demanda  de  casación  presentada  por la defensa del procesado  JORGE  RICARDO LÓPEZ CANTILLO contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Buga el 27  de  mayo  del  año en curso, por cuyo medio confirmó la dictada por el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la misma ciudad el 29 de enero  anterior,  que  condenó al mencionado por los delitos de tráfico, fabricación  o  porte de estupefacientes agravado; fabricación, tráfico y porte de armas de  uso  privativo  de  las  Fuerzas  Militares y utilización ilegal de uniformes e  insignias.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los   primeros   se  compendiaron  por  el  a     quo, de la siguiente forma:   

De acuerdo con la información suministrada  por  un  ex  integrante  de la organización criminal conocida como ‘Los       Rastrojos’,     la    Fiscalía    adelantó  investigación  en contra de JORGE RICARDO LÓPEZ CANTILLO, de quien se dijo era  conocido    con    el   alias   de   ‘Cenizas’,  siendo  señalado  por  ex integrantes de la organización como un comandante de  contraguerrilla,  quien  dentro  de  sus  labores  tenía bajo su mando a varios  hombres,  se  movilizaba por el Cañón de las Garrapatas, prestando seguridad a  los  laboratorios  donde  se  procesaba la hoja de coca; que en su labor portaba  armas  de  fuego  de largo alcance como fusiles y munición y vestía prendas de  uso privativo.   

Con  fundamento  en  los sucesos anteriores,  ante  el  Juzgado  Penal  Municipal  con Función de Control de Garantías   Ambulante  de  Buga,  el  15 de diciembre de 2011, se dispuso la realización de  audiencia  preliminar  concentrada  en donde la Fiscalía formuló imputación a  LÓPEZ  CANTILLO  por  los  delitos  de  tráfico,  fabricación  o  porte de estupefacientes; fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  uso  privativo  de  las  Fuerzas  Militares y  utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias,  los cuales no aceptó. En la  misma   diligencia,   se   impuso  en  su  contra  medida  de  aseguramiento  en  establecimiento carcelario.   

El  13  de  enero  de  2012,  el ente fiscal  radicó  escrito  de  acusación  en  contra  del  mencionado  y el 6 de febrero  ulterior   se  llevó  a  cabo  ante  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Buga  la  correspondiente  audiencia  de formulación por los  delitos   de   tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  agravado;  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  uso  privativo  de las Fuerzas  Militares y utilización ilegal de uniformes e insignias.   

El mismo despacho judicial, una vez realizó  las  audiencias  preparatoria  y  de  juicio oral, profirió sentencia de primer  grado   el   29   de   enero   de  2014,  a  través  de  la  cual  condenó  al  acusado   a   las   penas  principales  de  doscientos  ochenta  y  dos (282) meses de prisión y multa por  valor  de 3.000 salarios mínimos legales mensuales, así como a la accesoria de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el  término  de  quince (15) años, tras encontrarlo coautor penalmente responsable  de los delitos por los cuales se lo convocó a juicio.   

En  la  misma  decisión, dispuso negarle el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y el  sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

La  anterior  sentencia fue impugnada por la  defensa,  por  lo que se pronunció el Tribunal Superior del mismo lugar el 4 de  junio     postrero,     impartiéndole    confirmación.       

Inconforme  con  la determinación, la misma  parte   interpuso  y  sustentó  en  su  contra,  de  forma  exclusiva,  recurso  extraordinario   de   casación,   esto   último   mediante   libelo,  de  cuya  admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Formula  cuatro  censuras  contra  el  fallo  impugnado:  la  primera,  sustentada  en la causal segunda del artículo 181 del  estatuto  procesal penal por violación al debido proceso; la segunda y tercera,  por  el  motivo tercero de la misma disposición, por violación indirecta de la  ley  sustancial en virtud de errores de derecho por falso juicio de legalidad en  la  apreciación  probatoria  y,  la última, con base en la causal primera, por  transgresión directa de la ley sustancial.   

Con el objeto de no incurrir en reiteraciones  innecesarias,  la  Sala,  una  vez  sintetice el contenido de las censuras en el  siguiente   apartado   considerativo,   expondrá   su   criterio  en  torno  al  cumplimiento  de  los  presupuestos  de admisión. Dicha labor la emprenderá en  forma  conjunta respecto de los cargos segundo y tercero del libelo, sustentados  tanto  en  la  misma  causal  de  casación,  como  en  igual modalidad de yerro  valorativo de las probanzas.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

    

1. Cargo   primero.   Nulidad  por  violación del debido proceso y derecho de defensa:     

A  juicio  de la defensa, su patrocinado fue  acusado  por  los  delitos  de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes  del  artículo  376  del  C.P.,  agravado  conforme  al  numeral  3° del 384, y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  uso  privativo  de las Fuerzas  Militares   del   artículo  366  ibídem,  como  así se ratificó en la audiencia de formulación posterior  cuando se dio lectura al escrito acusatorio.   

En  la  sentencia  de  primer  grado, por su  parte,  al  puntualizar  la  actuación  procesal,  se indicó que la acusación  procedía  por  esas  conductas,  como  quiera  que    el juicio,  dice,  “se  adelantó con base en la posibilidad de  demostrar  los  extremos  subjetivo y objetivo de dichas conductas punibles y no  de  otras,  como  por ejemplo, concierto para delinquir, extorsión, homicidios,  cohechos,  que  igualmente  se  mencionaron  a  lo  largo  de ese trasegar y que  podrían    ser    imputadas    a    dicha    acción    criminal”.   

Por lo anterior, encuentra incuestionable que  el  delito  de  utilización  ilegal  de  uniformes e insignias consagrado en el  artículo   346   del  Código  Penal  “no  le  fue  formulado     en     la     acusación,    como    un    hecho    jurídicamente  relevante”.   

Más  aún  cuando,  añade,  la  evidencia  sometida  a controversia en el juicio, entendiéndose como tal los testimonios y  prueba  documental  de la Fiscalía, estuvo orientada a establecer objetivamente  la  preexistencia  de  actividad  de  narcotráfico  y  el porte de armas de uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas  sin  el  permiso  de autoridad competente.   

Empero,  añade, nada en esencia se debatió  respecto  del referido delito contra la seguridad pública, cuya coexistencia se  coligió  de la mención hecha por los testigos de cargo, quienes admiten que el  grupo  de  contraguerrilla  vestía  uniforme  militar, pero sin establecerse si  tales uniformes eran  genuinos.   

          Por   tal   situación,   advierte,  se  configura  vulneración  al  principio  de  congruencia entre acusación y sentencia, que da lugar, a su vez,  al  desconocimiento de la estructura del debido proceso y su legalidad, conforme  lo  prescribe  el artículo 448 del estatuto procesal, para lo cual no basta con  que  “se  hayan  mencionado  o  inferido  de  otros  hechos,  su  posible  consumación  o  ejecución,  en  donde  eventualmente  se  pretenda        la       participación       del       endilgado”.   

                Al  efecto  recuerda  cómo  la  congruencia    se   verifica   sobre   el   trípode   acusación-petición   de  condena-sentencia,  por  lo  que  al  faltar las dos primeras, o una de las dos,  “la   sentencia  indefectiblemente  no  puede  ser  condenatoria”.   

          Acto  seguido  pregona  que  su  representado  no fue acusado por el  delito  de  utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias, sin que sea dable  inferirlo  del convencimiento del juzgador a partir de una inferencia general en  el  sentido  de  que,  por  pertenecer  al grupo delincuencial de Los Rastrojos,  está  incurso en esa conducta y en otras más “como  concierto  para  delinquir,  secuestro,  homicidios, etc., con base en la prueba  testimonial  de  la  cual deduce dicho convencimiento, así no haya sido acusado  por  estas conductas marginales, las cuales fácticamente se predican como parte  del     accionar     de     la    mencionada    banda    criminal”.   

          En  capítulo  ulterior,  destaca que en este caso resulta necesaria  la  intervención de la Corte por la vulneración de las garantías señaladas y  para  cumplir  así  con  los fines constitucionales previstos en los artículos  180  y 181 del estatuto procesal en orden a la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes y la reparación de los  agravios inferidos a estos.    

Finalmente  solicita  que,  acorde  con  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación, según la cual frente a situaciones como  la  denunciada no es viable la nulidad de lo actuado sino eliminar la conducta o  el  cargo  cuya  formulación en sede de acusación fue omitida, así se proceda  en este caso.    

          La Sala:   

Como   bien   lo  señala  la  defensa  de  JORGE    RICARDO    LÓPEZ    CANTILLO,  erige  motivo  para  casar el fallo, a tenor de la causal segunda  prevista  en  el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, la incongruencia entre  éste   y   la  acusación  (conformada  por  el  escrito  de  acusación  y  la  formulación  de  acusación),  así como la solicitud de condena elevada por la  Fiscalía  -referente  de  congruencia  según el artículo 448 de la Ley 906 de  2004-,  por  afectación  de  la estructura lógica del proceso y del derecho de  defensa,   en   cuanto  se  introducen,  fáctica  o  jurídicamente,  conductas  punibles,  circunstancias  específicas de agravación o de mayor punibilidad, o  se  desconocen las específicas de atenuación o de menor punibilidad tenidas en  cuenta  al  momento  de acusar, o se hace más gravosa la forma de intervención  en  el delito, en cuyo caso se impone una nueva sentencia que se sujete al marco  preciso de la acusación.   

            En la censura objeto de estudio, como se sintetizó en el acápite  previo,  se  afirma  el  quebranto  de  dicho  postulado  en  el  ámbito  de la  imputación  jurídica,  sobre la base de que  el delito de utilización de  uniformes  e  insignias  no  fue  objeto  de  acusación,  a pesar de lo cual se  condenó al procesado por dicha conducta.   

          Al  respecto,  comiéncese  por  señalar  que uno de los principios  tutelares  del ejercicio casacional es el de corrección material, estrechamente  vinculado  con  los de trascendencia y argumentación suficiente, de acuerdo con  el  cual  los  planteamientos de la demanda deben corresponderse con la realidad  del  fallo  y  de  la  actuación  procesal,  porque  de llegar a constatarse lo  contrario,  la  proposición  pierde la entidad de lograr el objetivo principal,  como   lo   es   el   decaimiento   del   fallo,   tornándose   imperativa   la  inadmisión.   

Precisamente  esa es la situación que aquí  se  verifica,  pues  tras revisar los registros de la actuación procesal emerge  diáfana  la  inveracidad de la premisa sobre la cual se edifica la vulneración  del  postulado  de  congruencia  y,  correlativamente  del  debido proceso y del  derecho de defensa, fundamento del reparo.   

En  efecto,  para  empezar,  no es cierta la  aseveración  de  la  defensa  en  sentido  de que la acusación, conformada, se  insiste,  por  la  conjugación  del  escrito  de  acusación  y la audiencia de  formulación  ante  el  juez  de  conocimiento,  no  comprendió  el  delito  de  utilización ilegal de uniformes e insignias.   

Lo  anterior,  porque el propósito evidente  del  ente  fiscal en tal acto siempre estuvo orientado a atribuir al justiciable  los  mismos  delitos  enrostrados en la formulación de imputación realizada el  15  de  diciembre de 2011, incluyendo, desde luego, el de utilización ilegal de  uniformes  e  insignias, como así se infiere de su relación en el primer folio  del     aludido     escrito     de     acusación1, de su enunciación durante la  audiencia   de   formulación  de  acusación  celebrada  el  6  de  febrero  de  20122  y de cuando, más adelante, en la misma diligencia, señala que lo  acusa  y  llama a juicio “como autor material de las  conductas     que     se     le     imputaron”3.   

Ello  se  ratifica con la alusión realizada  por  la  misma  parte  de  dicha  conducta  como  una  de las comprendidas en la  acusación    contra   LÓPEZ   CANTILLO,  efectuada  en  sus  alegatos conclusivos durante la audiencia del  juicio  oral,  en  la sesión del 5 de abril de 20134, al señalar que:   

El    señor   JORGE   RICARDO   LÓPEZ  CANTILLO  fue  acusado  en  esta   oportunidad   procesal   por  los  delitos  de  tráfico,   fabricación   o   porte   de   estupefacientes  (…)  en     concurso    heterogéneo    con  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  uso  privativo  de las Fuerzas  Militares  (…)  y utilización ilegal de uniformes e  insignias,  consagrado  en  el  artículo  346 del estatuto de las penas, con la  finalidad  de  portar  o  utilizar  prendas,  uniformes  e insignias o medios de  identificación  reales,  similares  o  semejantes  a las de uso privativo de la  Fuerza  Pública  o  de  los  organismos  de  seguridad  del  Estado, como en el  presente  caso portaba o utilizaba el señor JORGE RICARDO LÓPEZ CANTILLO, más  conocido  dentro  de  la organización criminal denominada Los Rastrojos, con el  alias   de  Cenizas;  en  efecto  (…)  de  igual  manera  se  conoció que tanto el acusado alias Cenizas,  como  el  personal que tenía bajo su mando, vestían en sus funciones laborales  dentro  de  la  estructura  de  Los  Rastrojos,  prendas de uso privativo de las  Fuerzas  Armadas, puesto que integraban una facción importante del brazo armado  de   la   mencionada   banda  criminal.  (subrayas           fuera           de           texto).                            

Y  cuando, más adelante en el decurso de la  misma  diligencia,  consecuentemente con la relación de los delitos por los que  el  procesado  fue acusado, concretó su petición de condena por dicha conducta  punible,  tópico  que,  como  ya  se  dijo  en  armonía con lo expuesto por la  defensa,  por  disposición  del legislador también se yergue como referente de  congruencia  a  la  luz  del  artículo  448  de  la  Ley 906 de 2004). Adujo el  representante de la Fiscalía:   

Es   claro,   su   señoría,  que  aquí  existe  prueba  para condenar por los delitos por los  cuales  fue  acusado  el  señor JORGE RICARDO LÓPEZ  CANTILLO  (…)5.       

Por  todo  lo  anterior  su  señoría, muy  respetuosamente  y corriéndole al tiempo, le solicito  en  el  momento  de  tomar su decisión sea ésta de carácter condenatoria, por  los  delitos  por  los  cuales  fue  acusado el señor  JORGE  RICARDO LÓPEZ CANTILLO, ya que se reúnen los requisitos establecidos en  el  artículo  381  y  demás normas concordantes y pertinentes y sin que exista  causal  de  justificación  o de inculpabilidad que lo exculpe de su procederes.  Eso   es   todo   su  señoría  y  muchas  gracias6        (subrayas           fuera           de           texto).                                

Con  fundamento  en  lo  expuesto,  la  Sala  encuentra  que,  como  ya  se  anunció,  la  premisa  sobre  la cual la defensa  sustenta  la  censura  no  hace  eco  de  la  realidad  procesal, situación que  determina  su  inadmisión,  ante  el  evidente yerro de argumentación que ello  connota.       

    

1. Cargos segundo y tercero. Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de derecho derivados de falsos  juicios de legalidad:     

En   el   cargo  segundo  la defensa empieza por señalar que el delito  de  fabricación, tráfico o porte de armas de uso privativo de Fuerzas Armadas,  tipificado  en  el  artículo  366  del  Código  Penal, comporta el ingrediente  objetivo   del   tipo  “sin  permiso  de  autoridad  competente”,  el  cual debe ser demostrado a través  de   elementos   materiales   probatorios,   evidencia  física  o  información  legalmente  obtenida, lo cual  “implica    libertad    probatoria”.   

Sin  embargo, advierte, pacíficamente se ha  considerado  por  la jurisprudencia que el elemento idóneo para demostrar dicho  ingrediente  objetivo  es  la  certificación expedida por el CINAR, bien de las  Fuerzas  Armadas  o  del Ejército Nacional, en cuya base de datos se encuentran  registrados  los  nombres  de  los  ciudadanos  a  quienes se les ha expedido el  permiso  o  salvoconducto  para  porte  o conservación de armas de fuego de uso  personal o de uso privativo de las Fuerzas Armadas.   

En  este  caso, sostiene, en la audiencia  del  10  de  agosto de 2012 fue  introducida  a  través  de la investigadora criminalística 7, perteneciente al  Cuerpo   Técnico   de   Investigación  Unidad  Bacrim  de  Cali,  Francy  Villarraga  Bombiela,  constancia  calendada  23  de  marzo  del  2012,  por  medio  de  la  cual dicha funcionaria  expresó que ese mismo día  estableció  comunicación  con  el abonado telefónico  2660463,  de  la  ciudad de Bogotá, siendo atendida por el sargento viceprimero  Baena  Bermudes Helmer, Jefe  de     la     Sección     del    Centro    de    Información    Nacional    de  Armas             -CINAR-,    quien  informó   que   el   señor   JORGE  RICARDO  LÓPEZ  CANTILLO registra en la base de datos como no portador  de  armas  de  fuego  y  bloqueado  por  la  Ley  de  Justicia y Paz.   

Para la defensa, esta evidencia es ilegal en  la  medida  en  que  no  fue solicitada por el órgano de persecución penal, ni  decretada  por  la  juez  de conocimiento en la audiencia preparatoria del 11 de  abril  de  2012.  Tampoco fue descubierta por la defensa en la formulación  de  la  acusación  celebrada  el  6  de  febrero  de  2012,  ni  en alguna otra  oportunidad,  dentro del trámite procesal subsiguiente, por lo que “no  puede  constituirse  en  prueba de la demostración de dicho  ingrediente  objetivo,  precisamente  porque  sobre  ella recae sanción legal y  constitucional    que    impide    su    admisión   y   valoración   jurídico  probatoria”.   

Lo anterior, dice, con sujeción a lo normado  en  los artículos 346, 360 y  23  del  Código  de Procedimiento Penal y 29 de la C.P., por ser prueba nula de  pleno  de  derecho  en tanto  obtenida       con       violación      al      debido      proceso.   

El yerro resulta incidente, acota en acápite  posterior,  por  cuanto el restante material probatorio de cargo no reemplaza el  vacío  que  deja  la prueba excluida, “toda vez que  los  testigos  de  cargo,  por  ejemplo,  no  certificaron  ni  siquiera les fue  cuestionado   sobre  este  aspecto  objetivo,  en  punto  de  discernir  con  un  conocimiento  más  allá  de toda duda, que tales armas de uso privativo de las  fuerzas  armadas  tuviesen  permiso para su porte o conservación”.   

Especialmente  cuando,  asegura,  dentro del  presente  asunto  no  ingresó evidencia o prueba de incautación de armas sobre  las  cuales se hubiese llevado a cabo dictamen de laboratorio balístico que las  individualizara  en  sus  guarismos  de  identificación,  origen y fabricación  para   suponer  su borrado o alteración, y de ahí sí inferir su ilícita  procedencia.   

En  ese  sentido, recuerda cómo doctrinal y  jurisprudencialmente  se ha indicado que si bien la ausencia del certificado del  servidor  público a cargo del registro de permiso para porte de armas puede ser  suplida  por  la  propia  evidencia  material  cuando se ha incautado el arma de  fuego  y  ésta  aparece,  por  ejemplo,  con  los  números  de identificación  alterados  o  limados, de lo cual se colige su porte ilegal, porque no existirá  un permiso en tales condiciones.   

Sin   embargo,   añade,   cuando  no  hay  aprehensión  en flagrancia, como en este caso, ni existe constancia introducida  legalmente  al  juicio  sobre  incautación  o  decomiso  de  arma  de  fuego de  cualquier  característica  que  de  alguna forma la identifique como la portada  por   JORGE   RICARDO   LÓPEZ  CANTILLO,   se   hace   indispensable,   por  otro  medio,  cumplir  con  la  demostración  de  este elemento del tipo penal, para inferir la tipicidad de la  conducta descrita en el artículo 366 del Código Penal.   

Ahora,  el  solo hecho de que el justiciable  hiciera  parte  como  comandante  de  un  frente  militar de Los Rastrojos, cuya  actividad  central  se  dice  fue el narcotráfico, no puede fundar la ilicitud,  por   ser   eventualmente  utilizada  material  o  potencialmente  en  conductas  ilícitas,  lo  cual  desconoce  el sentido estructural de la conducta imputada,  porque  se  hace  necesario demostrar dicho ingrediente objetivo del tipo, amén  que  llevaría  al  extremo  de  pensar  que  las  organizaciones  criminales no  utilizan armas de fuego legalmente amparadas en su accionar.   

Al  no estar demostrado el elemento del tipo  aludido,    indica,    deviene   atípica   la   conducta,   ante   “la  exclusión  probatoria  de ese elemento material introducido  en   su   práctica   o   incorporación,  sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley,  sin  que  de  otro lado surja o se precise de algún  elemento  probatorio  que  específicamente  demuestre  el  denotado ingrediente  objetivo, de manera supletoria”.   

En virtud de lo expuesto, la defensa solicita  casar  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar, se absuelva a su prohijado de la  conducta   de   fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  de  uso  privativo.   

En   el   cargo  tercero,  por  su  parte,  con  fundamento en el mismo  yerro   valorativo,   expresa   que  la  condena  por  el  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte de estupefacientes del art. 376  del   C.P.   tuvo   como  base,  fundamentalmente,  la  presentación  en  juicio de testigos que fungieron como “desmovilizados” de  la  banda  criminal  Los  Rastrojos,  esto  es,  José  Aníbal  Herrera  Ballestas,  Jonier  Perea Hincapié y  José  Gerardo  Bueno Bueno,  este  último  quien  fuera  presentado  como  tal  por  parte  del investigador  judicial    César   Pedraza   Tangarife,  ex  funcionario  del  DAS,  y  quien aseguró en el juicio que la  supuesta  entrega  voluntaria  realizada  por el último en mención se llevó a  cabo  en el marco de operativos en los que participó (SOCRATES y ELIMINATOR I),  para el mes de septiembre de 2009.     

Acto  seguido,  recuerda  cómo  el delator  José  Gerardo  Bueno  Bueno  aseguró  que  al  momento  mismo  en  que tuvo realización el operativo llegó  hasta  el  lugar  donde  se  encontraba en compañía de otros miembros de dicho  grupo   delincuencial,   dirigiéndose   hacia   el   investigador  Pedraza  Tangarife exponiéndole, a manera  de   confesión,   su   participación   como   integrante  de  la  misma  banda  delincuencial,  al  tiempo  que  le  hizo entrega de sobre sellado contentivo de  unas  USB,  al  parecer  tres,  que  demostraban  puntualmente  la verdad de sus  aserciones,  amén  de  señalar  las  caletas donde se encontraban armas de uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas, chongos o laboratorios de procesamiento de  droga  y múltiples elementos y objetos que demostraban la infraestructura de la  organización.   

También  sostuvo  este  testigo  que  fue  sometido  por  la Fuerza Pública a aprehensión física, al punto que le fueron  puestas  esposas  por  un  lapso  de  2  horas,  con lo cual, afirma la defensa,  “se despeja toda duda sobre el estado de captura de  dicho  componente”. Por  lo anterior, alude, el  mencionado  funcionario  “al  parecer  prevalido de  facultades  de  Policía  Judicial,  decidió  dejarlo  en  libertad y oponer su  propio  criterio  sobre  la  Constitución y Ley, usurpando las funciones en ese  sentido  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación.  Es  decir,  se abstuvo de  judicializarlo   como  era  su  deber,  justificando  su  comportamiento  en  la  cimentada  idea  de  que  este  miembro  de Los Rastrojos, a pesar de haber sido  capturado  en  estado  de  flagrancia, podía ser beneficiado con una pretendida  ‘desmovilización’  a  través  de una entrega, supuestamente voluntaria, con lo cual  obtendría  beneficios  por permitirle el descubrimiento o delación respecto de  otros     miembros     de    dicho    componente    delincuencial”.   

         Y  es  allí,  agrega  la defensa, donde precisamente se presenta el  problema  de  ilegalidad  denunciado  en la censura, pues la actuación de dicho  investigador  judicial,  ahora  integrante del CTI de la Fiscalía General de la  Nación,  no  se  ajustó a derecho, pues no podía abstenerse de judicializar a  dicho  sujeto,  activo  para  ese  momento de la mencionada banda criminal, como  tampoco  “tenerlo  bajo el sistema de protección a  testigos,  brindarle  beneficios sucedáneos con dicha situación fáctica, como  los  de  no estar privado de su libertad a partir de dicho estado de flagrancia,  y  ulteriormente,  como  lo  admitió  el mismo Bueno Bueno, poder aplicar en su  favor  el  ‘principio de  oportunidad’…”.   

         En   cuanto   al   material   entregado   por  el  mismo  individuo,  explícitamente   las   memorias  USB,  “no  podía  dárseles  un  tratamiento  de incautación por la simple entrega voluntaria que  realizó  dicho  testigo,  sino, sencillamente someterlas a cadena de custodia y  enviarlas  al  almacén  de  evidencias  de  la  Fiscalía  como  lo  denota  la  declaración de César Augusto Pedraza Tangarife”.   

    

         A  juicio  de  la  defensa,  entonces, el disco compacto  donde  obran  las  afirmaciones  referidas  de  Bueno  Bueno  y  que  fue  utilizado por la defensa para impugnar la  credibilidad  de  su  dicho,  evidencia los manejos irregulares alrededor de ese  acto  inicial de captura, por desconocimiento del artículo 302 del ordenamiento  procesal,  referente al procedimiento en caso de flagrancia, en cuanto ha debido  el  investigador  dejarlo a disposición de la autoridad competente, esto es, de  la  Fiscalía  General  de la Nación dentro de un término no mayor de 36 horas  para  luego  legalizar  su  captura  ante  un  juez  de  control  de garantías.   

Así mismo, implicó vulneración del 303 de  la  misma codificación, puesto que también le era imperativo dar lectura a los  derechos  del  capturado, advertirle del derecho a guardar silencio e informarle  del  motivo  de  su  captura,  del  derecho a indicar la persona a quien podría  comunicar  su  aprehensión  y del derecho que tenía a designar y entrevistarse  con un abogado de su confianza en el menor tiempo posible.   

         Al   omitir  esas  formalidades  legales,  se  conculcó  el debido proceso, el derecho de defensa  y   la   legalidad,   según   lo   establece   el   art.   29   de   la   Carta  Política. De otro lado, la  legalización  de la captura comportaba así mismo la de los elementos u objetos  incautados  durante  la  operación  y que pudiesen ser adoptados como elementos  materiales  de  prueba,  evidencia  física  o información legalmente obtenida,  pues  no  de  otra  forma  pueden  ingresar  legalmente  a  la  investigación y  particularmente  al  juicio  oral, dado que el sometimiento a cadena de custodia  es  un  instrumento  procesal  cuyo  propósito es demostrar la autenticidad del  objeto  aportado  a  la  actuación,  pero  que  por  sí  mismo no reemplaza el  procedimiento de legalización establecido en la ley procesal.   

Ahora,  como en las sentencias bajo censura  fueron  tenidas  en  cuenta  además  de las fotografías del reconocido “señor  cenizas”  y sus demás datos personales, tales como su nombre completo y número  de  cédula  e, igualmente, otros civiles y personales extraídos exclusivamente  de      dichas      memorias      –concretamente  de  las  hojas  de  vida que allí aparecen-, con los  cuales  se llevaron a cabo diligencias de “reconocimiento”, precisamente por  los   testigos  de  cargo,  las  cuales  dieron  resultados  positivos  para  su  defendido,  también  deberán  ser  consecuencialmente  excluidas  “en  tanto  derivadas de la anterior deben correr la misma suerte  de  ilegalidad  y  exclusión  de  la  prueba referida como documental y que fue  extraída  de  dichas  memorias,  pues  resulta  evidente  que las mismas son su  consecuencia     y     sólo    pueden    explicarse    en    razón    de    su  existencia”.   

En virtud de las exclusiones antedichas por  ilegalidad,  la  actuación,  pregona,  sólo  cuenta con los testimonios de los  presuntos  testigos directos Jose Gerardo Bueno Bueno,  Jonier   Perea   Hincapié   y   José   Aníbal  Herrera  Ballestas,  quienes  afirmaron que como desmovilizados de la organización de  Los  Rastrojos  pudieron conocer que el sujeto conocido con la chapa de “cenizas  o  cenizo”,  hizo parte de ella, dado que además fue uno de los comandantes del  frente  militar,  pero a quien nunca conocieron por su nombre de pila, salvo por  su  conocimiento  ulterior  luego  de  habérseles puesto de presente la hoja de  vida  extraída  de  la prueba ilegal y que supuestamente pertenece al nombre de  JORGE    RICARDO    LÓPEZ    CANTILLO,   como   allí   mismo  se  dice,  peor  aún  cuando  nunca  hubo  reconocimiento    directo    y    personal    por    parte    de    éstos   del  procesado.   

En ese orden, sostiene, surge duda razonable  por  ausencia  de  otros medios de prueba que permitieran establecer con certeza  que  “el procesado JORGE RICARDO LOPEZ CANTILLO, se  trata  de  la  misma  persona  a  quien  dichos  ex  miembros  de  Los Rastrojos  conocieron  como  ‘cenizas  o   cenizo’´  y  quien  participó  como  subordinado, auxiliador o colaborador de alguna importancia en  el campo militar…”.   

Por razón de lo expuesto, depreca casar la  sentencia,   “para   restablecer   las  garantías  conculcadas   a   la   legalidad,   el   debido   proceso  y  el  derecho  a  la  defensa”,   imponiéndose   la  absolución  de  su  prohijado  “por  todas  y cada una de las conductas  imputadas   y   por   las   que   se   emitió   sentencia   de  condena  en  su  contra”.   

La Sala:  

Como  quiera que las dos censuras objeto de  análisis  tienen sustento en el denominado error de derecho por falso juicio de  legalidad  en  la  apreciación  probatoria, bien está empezar por rememorar su  esencia  y  la  forma correcta de acometer su ataque en esta sede, acorde con la  jurisprudencia  reiterada  de  esta  Colegiatura, para tenerlo por adecuadamente  sustentado.   

En tal dirección, se ha de tener en cuenta  que  dicho  yerro se presenta por doble vía. La primera, también conocida como  aspecto  positivo,  se  verifica  cuando  a  un  medio  de prueba se le confiere  validez  jurídica  tras  suponer  que  satisface  las  exigencias  formales  de  producción  sin  que  en realidad las cumpla y, la segunda, o aspecto negativo,  se  configura frente a la situación contraria, esto es, porque se considera que  no las reúne, cumpliéndolas.   

En   ambos   casos  se  exige  del  actor  individualizar  la  prueba  sobre  la  cual recae el vicio, especificar cuál la  formalidad  legal  omitida,  por  lo  que  es  necesario  referir a la norma que  contiene  la  formalidad,  y señalar su trascendencia en relación con el fallo  o,  dicho  de otro modo, que al marginarla y confrontarla con las demás pruebas  cuya  validez  no  se  encuentra  comprometida,  en  caso  de  que  existan, las  conclusiones  y  el  sentido  de  la  sentencia  sufren  modificación de manera  favorable para el interesado.   

Si  lo decidido no varía, la invalidación  del  medio  de  prueba  carece  de  trascendencia  para  casar el fallo; pero si  conduce  a  una  providencia  diversa,  el  yerro se torna trascendente e impone  casarlo  y  proferir  en  su  reemplazo  la  decisión  que se ajuste a la nueva  valoración  probatoria.   No  escapa  a  su demostración, por último, la  obligación  de  corroborar que con el defecto se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

Pues  bien,  en  la  estructuración  del  cargo  segundo  la  defensa  incurre  en  una  falencia que determina la intrascendencia del planteamiento y,  por  lo  mismo,  atenta  contra la suficiencia del argumento, malogrando así la  posibilidad de admisión.   

La  incorrección  a  que  se hace alusión  tiene  que  ver  con  la naturaleza de la prueba sobre la cual recae la censura,  pues  se  deja  de  lado  que  la  aludida  constancia,  en este caso particular  simplemente refleja el contenido de la prueba testimonial.   

En efecto, al consultar el texto del aludido  documento  incorporado  al  juicio  y previamente rotulado por la Fiscalía como  evidencia             No.             127,  se  logra  determinar que se  suscribe  por  la misma testigo de la Fiscalía Francy  Villarraga  Bombiela,  investigadora  perteneciente al  Cuerpo  Técnico de Investigación, Unidad Bacrim de Cali, calendada 23 de marzo  del  2012,  por  medio  de  la  cual certifica que ese  mismo    día    estableció   comunicación   con   el   abonado   telefónico  2660463 de la ciudad de Bogotá, siendo atendida por el  sargento      viceprimero      Baena     Bermudes  Hélmer,   Jefe   de   la   Sección  del  Centro  de  Información  Nacional  de  Armas  -CINAR-,  quien  le  informó  que  el señor  JORGE    RICARDO    LÓPEZ    CANTILLO,  registra en la base de datos como no portador de armas de fuego y  bloqueado por la Ley de Justicia y Paz.   

Ahora,  como  el documento en cuestión fue  incorporado  al  juicio  a  través  de  la aludida funcionaria que lo suscribe,  luego  de  que  durante  el  interrogatorio  en el juicio oral a instancia de la  fiscalía  ella  misma  procedió  a  dar  lectura  a  su contenido total y acto  seguido      a     reconocerlo     como     suyo8,  se  debe  entender  que  ese  contenido también hace parte de su testimonio.   

En  tales condiciones, resulta obvio que de  cara  a construir una crítica suficiente en punto de cuestionar la legalidad de  la   prueba   necesariamente  se  ha  debido  involucrar  el  testimonio  de  la  investigadora  y  no  circunscribirse  a  la  mera  constancia.   No  haber  procedido  de  esa forma deja a medio camino la proposición defensiva cimentada  sobre  la  base de que la prueba no fue previamente anunciada ni descubierta por  el  ente  acusador,  defecto  que  revierte  en  menoscabo de la suficiencia del  argumento.   

De  cualquier  forma, para la Sala es claro  que    el    solo    testimonio    de    Villarraga  Bombiela  en  torno  a la forma como pudo establecerse  que  el  procesado  no  contaba  con registro autorizado para portar o conservar  legalmente  armas,  consultando  en  desarrollo  de sus funciones a la autoridad  encargada   de   así  certificarlo,  acredita  fehacientemente  el  ingrediente  normativo  del  tipo de fabricación, tráfico y porte de armas de uso privativo  de  las  Fuerzas  Militares  del  artículo  366  del  estatuto sustantivo penal  consistente   en   “sin   permiso   de   autoridad  competente”     que     echa    de    menos    la  defensa,  en atención, como  se  reconoce en la misma demanda, al principio de libertad probatoria consagrado  en  el  artículo 373 de la  Ley  906  de  2004,  toda vez que en esta materia no resulta válido pregonar la  existencia de tarifa legal probatoria. Dicha disposición señala:   

Los  hechos  y  circunstancias de interés  para  la  solución  correcta  del caso, se podrán probar por cualquiera de los  medios  establecidos  en  este  código  o  por  cualquier otro medio técnico o  científico, que no viole los derechos humanos.   

Tal conclusión, además, resulta coherente  con   la  postura  que  de  antaño  ha  expuesto  esta  Corporación  sobre  el  particular:   

En  virtud  del  principio  de  libertad  probatoria,  todas  las  exigencias  del  delito  y de la responsabilidad pueden  acreditarse  con diferentes medios de prueba, sin que sea menester en el punible  de   porte   ilegal   de   arma   la   existencia   de   la  misma  (CSJ,  AP  sep.  29  2010,  rad.  34772.  En el mismo sentido, entre  otras,  AP   nov.  10 2005, rad. 20174; AP  jun. 17 2009, rad. 31122 y  AP jun. 14 1995. Rad. 9094).   

Postura  que, además, ha recalcado la Sala  dentro  de  la  dinámica  propia  del sistema procesal acusatorio, como así se  precisó en una de las decisiones remembradas en la demanda:   

En  lo  que  a  este  último  elemento se  refiere  (sin  permiso  de  autoridad    competente,    se   aclara),   salta  a  la  vista  que  para  su  corroboración  es  menester  partir  de  unos  datos  o  hechos  de  naturaleza  objetiva,  derivados de los medios probatorios recaudados durante la actuación.  (Lo  mismo puede predicarse con cualquier otro elemento del tipo, incluso de los  subjetivos o eminentemente normativos.)   

Lo  anterior significa que, para demostrar  en   un  asunto  concreto  la  falta  de  autorización  legal  para  comerciar,  distribuir,  llevar  consigo,  etc.,  un  arma de fuego, deberá introducirse al  juicio  oral  prueba  (o,  por  lo menos, una estipulación de las partes en ese  sentido)  de la cual pueda colegirse, de manera razonable, que el comportamiento  descrito  en  la  ley  no  estaba  amparado por el orden jurídico. Ello,  claro  está,  sin perjuicio de la aplicación del principio  de  libertad  probatoria (artículo 373 de la Ley 906 de 2004), por lo que no es  obligación   ineludible  de  la  Fiscalía  aportar,  mediante  un  testigo  de  acreditación,  el  documento  público  que  certifique la ausencia del permiso  correspondiente,  siempre  y  cuando  recurra  a cualquier otro medio pertinente  para hacerlo.   

Sin  embargo,  si  no  se  parte  de  una  circunstancia   o   fundamento   fáctico   claro  para  decidir  acerca  de  la  configuración  de  tal ingrediente típico, es incuestionable que su existencia  tampoco  podrá  presumirse, ni siquiera argumentativamente, pues de ser así se  estaría  ignorando  la  norma  según  la  cual “corresponderá al órgano de  persecución  penal  la  carga de la prueba acerca de la responsabilidad”, tal  como   lo   prevé   el   inciso  2º  del  artículo  7  del  Código  Procesal  Penal.  (subraya  fuera de texto, CSJ, SP nov. 2 2011,  rad. 36544).   

En   consideración,   entonces,   a  las  reseñadas  deficiencias  argumentales  de  la  censura  objeto de análisis, se  impone su inadmisión.   

A  igual  conclusión,  pero por diferentes  motivos,   se   arriba   en  relación  con  el  cargo  tercero  postulado por idéntica causal y modalidad de  yerro     valorativo     de    la    prueba,    conforme    se    expondrá    a  continuación:       

En  primer  lugar,  porque  en  su interior  evidencia  confusión, a pesar de que, como bastante lo ha pregonado la Sala, en  las  censuras  el  actor  debe  sujetarse  a  un  rigor  argumental, en tanto la  propuesta  debe ser concisa, suficiente y clara, pues no le corresponde, dado el  carácter    eminentemente   rogado   del   recurso,   ocuparse   de   confusos,  contradictorios  o  ininteligibles  planteamientos, como así se desprende de lo  previsto  en  los  artículos183, modificado por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y  184 de la Ley 906 de 2004.   

Ciertamente,  tal como quedó consignado en  el  acápite  precedente,  a  pesar  de que se invoca como sustento del cargo la  causal  tercera  del artículo 181 por violación indirecta de la ley sustancial  originada  en  error de derecho por falso juicio de legalidad, a la par se alude  a  la  transgresión  del  debido proceso y del derecho de defensa, demandables,  acorde  con  los  términos  del  cargo,  por  el  motivo  segundo  de  la misma  preceptiva.   

Al  respecto,  no  se  repara  que esas dos  propuestas  no  sólo  son  conceptualmente  diversas,  sino  que  también  son  contradictorias  y hasta excluyentes, porque cuando se cuestiona la apreciación  probatoria  en  el  fallo  se  acepta  la  validez  de  la  actuación  procesal  centrándose  el  ataque  en  errores  de  juicio o in  iudicando,  mientras que en la nulidad precisamente se  discute  ese  aspecto  -la  validez  del proceso o de la sentencia- a través de  yerros  in  procedendo  o de  procedimiento.   

Es  claro  que  tal  forma  de concebir las  censuras,   introduce  total  confusión  y  ambigüedad,  amén  de  que  torna  incomprensible  la  propuesta, evidenciando quebranto de principios basilares de  la  actividad  casacional  en  procura  de conseguir demandas que satisfagan las  exigencias  argumentativas  propias de este medio extraordinario de impugnación  de  naturaleza  rogada, tales como los de sustentación suficiente, limitación,  crítica  vinculante, autonomía de las causales, coherencia, no exclusión y no  contradicción.                 

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

         En  todo caso no se debe perder de vista que, como también lo tiene  dicho  la  Sala,  excepcionalmente, cuando se trate de  una  prueba ilícita obtenida mediante actos constitutivos de graves violaciones  a  los  derechos  humanos,  verbi  gratia,  la tortura, desaparición forzada o ejecución extrajudicial, se  genera  la  nulidad  de  todo  lo  actuado,  tal  como  se  ha  sostenido por la  jurisprudencia    de    la   Corte   Constitucional   (C-591/05);   empero,  en  los demás eventos, como el  aquí  propuesto por el actor, la consecuencia será la  exclusión del medio probatorio en el fallo.   

A  dicha  falencia, de suyo suficiente para  sustentar  la  decisión  de  inadmitir la censura, se suman otras que refuerzan  esa determinación.   

Así,  y  en  segundo  lugar,  dado  que el  fundamento  del vicio de legalidad postulado en este reproche está cimentado en  conjeturas y especulaciones.   

En  efecto,  conforme  lo  expuesto  en  el  reparo,  la  ilegalidad  de  la  prueba sobre la cual está fincado el juicio de  responsabilidad   deriva   del   irregular   procedimiento   desplegado  por  el  investigador      judicial      César     Pedraza  Tangarife    al    momento   en   que   José  Gerardo Bueno Bueno, integrante del  grupo  delincuencial  de  Los  Rastrojos,  en  desarrollo  de  un  operativo, se  sometió  voluntariamente  e  hizo  entrega  de  las memorias USB contentivas de  información,  la  cual a la postre fue determinante para sustentar el juicio de  responsabilidad  en  contra  del aquí procesado JORGE  RICARDO   LÓPEZ  CANTILLO  por  todas  las  conductas  punibles  atribuidas  (hojas  de  vida  y  fotografías  de otros miembros de la  organización,  con  las cuales, a su vez, se lograron reconocimientos y pruebas  periciales).   

En  tal  dirección,  refiere  que  no hubo  sometimiento  libre  por parte del aludido integrante del grupo delincuencial de  Los  Rastrojos  ni  incautación  del material informático, sino que se trató,  como  se  infiere  de  lo  dicho  por el mismo deponente, de un procedimiento de  captura  donde se pretermitieron las formalidades legales previstas y el control  posterior  de  legalidad,  como igual sucedió con las evidencias entregadas por  el  mismo  individuo,  por  cuenta  de  un  juez  de  garantías,  cuya ausencia  determina la exclusión de dichas probanzas.   

Pues  bien, a partir del mero testimonio de  José Gerardo Bueno Bueno no  se  colige,  ni  tampoco  así  lo  evidencia la censura, las premisas sobre los  cuales  se  edifica  el  deprecado vicio de legalidad, esto es, que realmente no  hubo  entrega voluntaria del mencionado sino que fue capturado y mucho menos que  no  se  realizó  control  de  legalidad  por  cuenta de la mencionada autoridad  judicial   tanto   de   la   supuesta   captura   como   de   los   elementos  entregados o recogidos, y ello, fundamentalmente, porque  hacen  parte  de una actuación distinta al asunto sub  exámine,    de    la    cual    no    se    tiene  información.   

En  ese  orden  de  ideas,  todo  cuanto  in  extenso se expone en el  cargo  para  soportar  la  ilegalidad de los medios de prueba dimana de premisas  inciertas,   especulativas   y   conjeturales,  cuya  demostración  no  aparece  corroborada   en   la  actuación  y,  se  reitera,  tampoco  se  evidencia  del  reparo.   

Por  último,  se  ha  de  reseñar que la  inconformidad  expuesta  sobre  la base de que los referidos elementos de prueba  (las  USB)  debieron  someterse a cadena de custodia no tiene cabida, como lo ha  señalado  esta  Sala,  por  la  senda  del error de derecho por falso juicio de  legalidad  sino por la vía del error de hecho por falso raciocinio, en tanto la  discusión  se  centra,  al margen del desconocimiento de tales formalidades, en  torno  a su valoración o ponderación, como así se indicó en CSJ SP 19 feb. 2009, rad. 30598:   

Los  yerros  en  el curso y respeto de los  protocolos  derivados  de  la  denominada  cadena  de  custodia  no comportan la  exclusión  de  la prueba, en cuanto no se trata de un  asunto  de legalidad del medio de convicción, sino de  valoración  y  ponderación  judicial del mismo, en cuanto puede verse afectado  lo  genuino, fidedigno y auténtico del elemento probatorio, de modo que aún en  aquellos  casos  en  los  cuales se constate la ruptura efectiva de la cadena de  custodia,  no  por  ello  debe  automáticamente marginarse la prueba del acervo  probatorio,  sino  que  corresponde al juez verificar hasta qué punto y en qué  medida,  ello  compromete  la  acreditación  o  autenticidad  de la evidencia o  elemento    probatorio    en    punto    de    su   credibilidad   y   potencial  persuasivo”   (subrayas  fuera de texto).   

En  la  misma  providencia  igualmente  se  puntualizó que:   

Si la cadena de custodia fue establecida en  procura   de   asegurar  pruebas  fidedignas  y  genuinas  dentro  del  proceso,  garantizando  con  ello los derechos no sólo del sindicado sino también de los  demás   intervinientes,   es   evidente   que  dicha  teleología  no  permite  transformarla  en  herramienta  para  obstaculizar  el  trámite  o  peor  aún,  en instrumento para conseguir la impunidad mediante la  utilización  irracional  de las formalidades, siempre  que,  se  reitera,  se  preserve  su  razón  de  ser y se cumplan los cometidos  garantistas  que  le dan sentido a su institucionalización por vía legislativa  en  el  estatuto  procesal  penal  (subrayas  fuera de  texto.  En  igual  sentido,  cfr.,  entre  otras,  CSJ  AP   9   oct.   2013,   rad.   41915;   AP 24 jul. 2013, rad. 38171; AP   10   dic.   2012,   rad.   40101  y  AP  24  ago.  2011,  rad.  36958).      

     

   Al igual  que  el  cargo  precedente, las falencias argumentales de éste también imponen  su inadmisión.   

    

1. Cargo cuarto. Violación directa de  la ley sustancial (subsidiario):     

A  juicio de la defensa, en la sentencia se  incurrió  en  “aplicación  indebida  de una norma  legal  llamada  a  regular  el caso. Vulnerados los artículos 29 de la CN; 29 y  30,  del  Código Penal y 7°. Del Código de Procedimiento Penal”.   

Ello,  señala,  porque  a  partir  de  las  afirmaciones  del  ad quem en  el  sentido  de que la organización de Los Rastrojos, para la cual trabajaba el  procesado,  “se caracteriza por la existencia de una  relación  jerárquica,  de mando de tal rigidez y verticalidad que las órdenes  emanadas  de  la  cúpula  encuentran  la  seguridad  en su ejecución, pues, no  serán   objeto   de  discusión.  Su  cumplimiento  está  garantizado  por  el  automatismo  de los subordinados, quienes de manera voluntaria han conformado la  organización  a  sabiendas  de que con su ingreso se someterán a ese régimen,  obteniendo  por  ello  una  remuneración de carácter económico”,  tácitamente  se  está admitiendo que su responsabilidad no es a  título   de   coautor   material   impropio,   como   así  se  declara  en  el  fallo.   

Lo  anterior,  agrega,  dado  que  no  se  satisfacen  en  la  conducta  de  su  prohijado los presupuestos de esta figura,  tales  como  la  existencia  de acuerdo común, división del trabajo criminal e  importancia  del  aporte,  conforme  los  términos del inciso 2 del art. 29 del  C.P.,  sino  los  de  la  complicidad,  establecidos  en  igual  inciso del art.  30  ibídem,  “toda  vez  que  el comportamiento reconocido desde la acusación  hasta   las   sentencias   de  instancia  se  refieren  en  mejor  forma  a  una  contribución  a  la realización de la conducta antijurídica, por virtud de la  cual  el  sujeto  activo  prestó  una ayuda en calidad de subordinado, como una  especie  de  trabajador  que  aparecía en nómina y recibía periódicamente un  salario,  como  quedó  establecido  a  través  de la información documental  y  testimonial  introducida  al mencionado juicio oral,  por  un  acuerdo  concomitante  o  posterior,  con la  ejecución      de      la      conducta     de     narcotráfico”.   

                       Además,  porque  el aporte se efectuó en la fase ejecutiva del delito que no entraña un  requisito  indispensable  para  la consecución del resultado perseguido, siendo  otras    personas   las   dueñas   de   la   empresa   criminal,   “entre       otros       los       denominados       ‘hermanos       Comba-  Calle Serna,  Diego    Rastrojo    –  Diego    Pérez   Henao  –’,   ‘chorizo’,             ‘tata’,             ‘piolín’,             ‘Pizarra         31’,             ‘Harold        pato’,  según  lo  admitido por dichos ex  miembros del grupo delincuencial”.   

         

Y aunque, prosigue, su cargo era    “comandante    de    zona”,   no  necesariamente     ello     implica     que     su  contribución,    por  importante  que  fuera, no  podía  ser  ejecutada por otro integrante. Ahora, el hecho de que alias “cenizo  o  cenizas”,  tuviera  algún  tipo  de  dominio  funcional,  se  entendía como  incorporado   al  plan  común  elaborado,  diseñado  y  ejecutado  por  dichos  cabecillas  máximos,  con  quienes  tenía  una  relación  de  subordinación,  “por  ello  es  que  la  Fiscalía  nunca  le imputó los delitos de secuestro, homicidios, extorsiones y  toda  dase  de  delincuencia  como  se  denota  en  dichos fallos”.   

En  ese  orden,  solicita  casar  el fallo  impugnado  y,  en  su lugar,  se  dicte  uno de reemplazo por cuyo medio se condene   a su prohijado  como          cómplice          “con  los  ajustes  punitivos,  allí  consagrados”.   

     

La Sala:  

Esta  censura también debe ser inadmitida,  por  cuanto  el  casacionista  carece  de interés para impugnar la sentencia en  relación  con  el  específico  aspecto postulado, como así lo exige el inciso  segundo del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, al señalar que:   

“..no  será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre   en   alguno   de   los   siguientes   supuestos:   Si  el  demandante  carece  de  interés,  prescinde    de    señalar   la   causal,   no   desarrolla   los   cargos   de  sustentación,  o cuando de  su  contexto  se  advierta fundadamente que no se precisa del fallo para cumplir  alguna  de  las  finalidades  del  recurso” (subraya  fuera de texto).   

Conforme  lo  establece  esta disposición,  sólo  se  admitirán  las  demandas  presentadas  por  quien  tenga interés y,  además  de  ello,  exhiba  adecuada estructura lógica y argumentación mínima  tendiente  a ofrecer las razones de disenso frente al fallo impugnado, a más de  persuadir  que  se  precisa  de la decisión de la Corte para realizar alguno de  los   fines   del   recurso   contemplados  en  el  artículo  180  ibídem.   

En  efecto, sabido es que erige presupuesto  del  derecho  a  impugnar  el  interés  jurídico del sujeto procesal, en tanto  persiga,  a través del ejercicio de los recursos, la reparación de un desmedro  causado  con  una  decisión judicial a fin de que se remueva, mejore o atempere  la situación en ella declarada por cuanto le resulta gravosa.   

         En  esa dirección, la jurisprudencia de la Sala ha sido reiterativa  en  precisar  que  la  no interposición o sustentación adecuada del recurso de  apelación  respecto  de  la sentencia de primer grado evidencia conformidad con  tal  providencia,  razón  por  la  cual  carecerá  de  interés jurídico para  impugnar  la  de  segunda instancia quien haya omitido este paso para reclamar a  última   hora   un   agravio   y   así   pretender   legitimarse  en  sede  de  casación.   

Dicho  de  otro modo: si cualquiera de las  partes  se  abstiene  de  interponer  o  sustentar  en tiempo o adecuadamente el  recurso  de  apelación  contra  la  sentencia  de primera instancia, estando en  condiciones  de  hacerlo,  se  ha  de  entender  que  se muestra conforme con la  decisión   proferida   y  el  ad  quem  no    puede,    por   su   iniciativa,   entrar   a   examinar   su  situación.   

La anterior regla general, como también lo  ha   reiterado  la  Sala,  se  excepciona  cuando  (i)  aparece  demostrado  que  arbitrariamente  se  impidió  el  ejercicio  del  recurso de instancia, (ii) el  fallo  de  segundo  grado  modifica la situación jurídica, de manera negativa,  desventajosa  o  más  gravosa  (iii) se trata de fallos consultables que causan  perjuicio  al impugnante, para los eventos en que aún resulta procedente y (iv)  el sujeto procesal propone nulidad por la vía extraordinaria.   

Pues  bien,  a  partir  del anterior marco  conceptual,  precisa  la  Sala  que,  en este caso, la  defensa  no  cumplió con la carga de interponer recurso de apelación contra el  fallo  de  primera  instancia  en  relación  con  el tema específico que ahora  cuestiona   a   través   de   este   último   cargo  formulado  en  el  libelo  casacional.   

Ciertamente,  en  dicho reparo se invoca la  causal  segunda  de  casación,  por violación directa de la ley sustancial por  aplicación  indebida  del  inciso  segundo del artículo 29 del Código Penal y  falta  de  aplicación  del  inciso ídem del  mismo  ordenamiento,  concretamente  en  cuanto  estima  que su  defendido  no  debe  responder a título de coautor material impropio, sino como  cómplice.   

Pues  bien,  la  defensa  del  procesado en  sustento  del  recurso  de  apelación  que  interpuso contra el fallo de primer  grado  no  planteó  esa  temática, al cabo que su discursiva giró en derredor  (i)  del  mérito  otorgado  a  la  prueba  que sirvió de base para edificar la  condena,   principalmente  de  índole  testimonial  a  partir  de  la  cual  se  estableció    que    alias       “cenizo   o   cenizas”  correspondía  a  la  persona  del  procesado,  sin concederle credibilidad a la  prueba  presentada  por  la  defensa;  (ii)  en  el  proceso  se utilizaron unas  memorias  USB que no fueron sometidas control de garantías y (iii) se violó el  derecho  de  defensa  por  la  injerencia del delegado de la Procuraduría en la  práctica  probatoria  durante  el  juicio  oral. Con fundamento en lo anterior,  deprecó  (i)  “nulidad  de  la utilización de las  USB”;    (ii)  nulidad por transgresión del derecho de defensa y (iii) darle  aplicación   a  la  figura  del  in  dubio  pro  reo  absolviendo   a   LÓPEZ  CANTILLO  de  los  cargos9.   

De  dichas temáticas, por tanto, se ocupó  el   ad   quem,  sin  que  abordará  el  punto  que  ahora  se plantea en sede de casación, de lo cual se  colige  que  no  existe  la  necesaria  identidad  para  tener por satisfecho el  presupuesto  del  interés  que  franquee  el  acceso al medio extraordinario de  impugnación.   

         

Ello,  se  reitera,  porque  sobre  el tema  específico   ahora  planteado  en  sede  extraordinaria,  la  defensa,  en  esa  oportunidad,   no   se  ocupó  y,  por  lo  mismo,  el  Tribunal  tampoco  pudo  pronunciarse  en  virtud  de  la competencia restringida que le asiste, sobre lo  cual  la  Sala  ha señalado que si bien no existe norma específica referente a  la  competencia  del  superior  para resolver el recurso de apelación en la Ley  906  de  2004,  como  sí  ocurría  con  la Ley 600 de 2000, se entiende que la  ostenta  exclusivamente  para  pronunciarse sobre los aspectos impugnados por el  apelante (Cfr. CSJ, SP 11 abr. 2007, rad. 26128).   

Así  las cosas, evidente resulta que no se  agotó  la  instancia  en  relación  con  el argumento ahora propuesto, pues la  inconformidad  del  impugnante  en  casación  gira  en  torno  de un aspecto no  comprendido  en el recurso de apelación instaurado por el mismo sujeto procesal  contra la sentencia de primer grado.   

Además,  no concurre ninguna de las cuatro  hipótesis  referidas  en  precedencia como excepción a la carga de impugnar la  sentencia  de  primer  grado  sobre  el  mismo  tópico  que sustenta el recurso  extraordinario de casación.   

El  cargo,  por  consiguiente,  también se  inadmitirá.   

Corolario  de las incorrecciones advertidas  respecto  de    cada  uno  de  los  reparos,  las cuales no pueden ser  subsanadas  por  la  Sala en virtud del principio de limitación que regula este  medio  extraordinario  de  impugnación,  deviene  forzosa  la  inadmisión  del  libelo,  en  atención  a lo normado en los  citados  artículos  183  y  184 de la Ley 906 de 2004, debiendo  enfatizar  la  Sala  que  ni  del contenido de la demanda ni de la revisión del  proceso  surge  la  necesidad  de  superar  tales defectos en procura de cumplir  alguno  de  los  fines  del recurso extraordinario previstos en el artículo 180  ibídem   o   que   haga  imprescindible activar la casación oficiosa.    

Ahora  bien,  habida cuenta que contra esta  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  último  artículo referido, impera precisar que como dicha legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para  que  se aplique el referido instituto  procesal,   habrán   de  acatarse  las  reglas  fijadas  por  la  Sala  en  tal  sentido10.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por la defensa del procesado JORGE RICARDO  LÓPEZ  CANTILLO, en virtud de las razones consignadas  en la anterior motivación.   

         

          De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta   determinación,   contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Fol.  1 del c.o 1.   

2  Récord.               20’21’’.   

3  Récord.               25’25’’.   

4  Récord.  4’25’’.   

5  Récord.               30’03’’.   

6  Récord  31’30’’.   

7 Fol.  188 del c.o. 1.   

8  Récord              1h.53’30’’ de la  primera sesión del juicio oral de fecha agosto 10 de 2012.    

9 Fols.  38 y ss. del c.2.   

10  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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