AP638-2017(49233)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP638-2017  

Radicación N°. 49.233  

(Aprobado acta N°. 25)  

Bogotá,  D.  C., primero (1°) de febrero de  dos mil diecisiete (2017).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Corte si es procedente admitir la  demanda    de    casación   presentada   por   la   defensa   de   Andrés  Felipe Cerón Rodríguez contra la  sentencia  dictada el 7 de julio de 2016 por la Sala Penal del Tribunal Superior  de  Cali,  que  confirmó  la  proferida  el  22 de abril de 2013 por el Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad, mediante la cual lo condenó en  calidad  de  autor  del delito de homicidio agravado1.   

HECHOS     Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal de la siguiente forma:   

De  acuerdo  con la información legalmente  obtenida,  el  24  de  agosto  de  2010,  siendo  aproximadamente las 4:10 de la  mañana,     en     la     carrera     3B     No.    13    Oeste    –  26  del  barrio  Bellavista de esta  ciudad  [Cali],  le fueron  propinados  al  señor  JOSÉ  LEONARDO  DUQUE  GARCÍA  múltiples disparos con  proyectil  de  arma  de  fuego, quien falleció luego de ser trasladado hasta el  Hospital Universitario del Valle en esa ciudad.   

Las circunstancias fácticas que rodearon el  hecho  de  sangre, se circunscribieron a que en la madrugada del 24 de agosto de  2010,  a  la hora y en el sitio señalado, la víctima se encontraba departiendo  e  ingiriendo  licor junto con un amigo en la vía pública, momentos en los que  observó  el arribo de la joven Leydi Yulieth Carrillo quien era su novia, en un  automóvil  marca  Renault  Clío, de color gris, de vidrios oscuros, situación  que  le  causó  malestar  arremetiendo en discusión contra las personas que se  encontraban  al  interior  del  automotor, rompiendo inclusive una botella en el  parabrisas  del rodante; no obstante, el vehículo partió de ese lugar para, al  cabo  de  un  tiempo,  retornar  al  mismo  sitio donde aún se encontraba DUQUE  GARCÍA,  siendo  atacado  por  uno  de  sus ocupantes, quien utilizando arma de  fuego  le ocasionó las lesiones que generaron su deceso. Según las actuaciones  investigativas       adelantadas,      el      agresor      de      (sic)   fue   ANDRÉS   FELIPE   CERÓN  RODRÍGUEZ,        alias        “Papaya”.2    

2.  El  29  de  octubre  de  2010,  el  Juez  Veinticinco  Penal  Municipal  con  funciones  de  control de garantías de Cali  legalizó  la  captura  y la imputación formulada por la Fiscal 13 Seccional de  esa    ciudad    contra    Andrés   Felipe   Cerón  Rodríguez,  en  calidad  de  autor  de los delitos de  homicidio       agravado      y      fabricación,   tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego,  accesorios,   partes   o   municiones   (artículos  103,  104.7  y  365  del  Código  Penal), así como le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva en establecimiento  carcelario3.   

3. El 29 de noviembre posterior se presentó  el  escrito  de  acusación  respectivo,  el  cual adicionó la circunstancia de  agravación  específica  descrita en el canon 104.44,   y   su  verbalización  se  surtió     el    18    de    enero    de    20115,   a  instancia  del  Juzgado  Cuarto    Penal   del   Circuito   con   funciones   de   conocimiento   de   la  capital.   

4. La audiencia preparatoria se llevó a cabo  el       16      de      febrero      siguiente6,   y   el   juicio   oral  se  desarrolló   en   varias  sesiones  (13  de  abril7,         208   y  31  de  mayo9   de   2011,  4  de  octubre  de  201210      y      511  y  7  de  febrero              de             201312).  Al cabo de la última, se  anunció  que  el  sentido  del  fallo  era  condenatorio respecto del delito de  homicidio  agravado y absolutorio en torno al de fabricación, tráfico, porte o  tenencia de armas de fuego, accesorios, partes o municiones.   

5.  De conformidad con lo anterior, mediante  sentencia  del 22 de abril de 2013, el Juez cognoscente absolvió a Andrés  Felipe  Cerón  Rodríguez por el  delito  lesivo  de  la  seguridad  pública y lo condenó por el aflictivo de la  vida  e  integridad  personal,  a  la  pena principal de cuatrocientos cincuenta  (450)  meses  y un (1) día de prisión y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el término de veinte (20)  años.  Igualmente  le  negó  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena      y     la     prisión     domiciliaria13.   

6. Inconforme con esta decisión, la defensa  la   apeló14  y  el  7  de  julio  de  2016 fue confirmada por la Sala Penal del  Tribunal        Superior        de        Cali15.   

7.  El  procesado interpuso oportunamente el  recurso      extraordinario     de     casación16  y  su  defensor contractual  presentó,  en  tiempo, el libelo que hoy se examina17.   

LA DEMANDA  

Tras   identificar   a   las   partes   e  intervinientes  y  la  sentencia  impugnada,  el  censor  reproduce la cuestión  fáctica    como    fue    concebida   por   el   ad  quem y sintetiza la actuación procesal.   

La  finalidad del recurso la circunscribe al  restablecimiento  de  las  garantías de presunción de inocencia e in dubio pro reo.   

Enseguida,  anuncia  la  postulación  de un  único  cargo  al amparo de la causal tercera del artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  en el que acusa la «Violación Indirecta de la  ley  Sustancial, por aplicación indebida»18   de  los  artículos  103,  104.4.7,  9  y  12 del Código Penal, 380 y 381 del Código de  procedimiento   Penal   y  falta  de  aplicación  de  los  cánones  29  de  la  Constitución  Política,  7  de  la  Ley 599 de 2000 y 7 de la Ley 906 de 2004,  producto  de  errores  de  hecho por «Falso Juicio de  Raciocinio»19,  en  la apreciación de las  declaraciones  de Roberto Carlos Escobar Salazar, Leydi Julieth Carrillo Moreno,  Nubia Moreno Ñañez y Stephany Yuliza Gamboa.   

Según  el libelista, el Tribunal no tuvo en  cuenta  «la sana critica (sic), toda vez que (…) le  da   total   credibilidad  al  testimonio  de  una  persona  en  alto  grado  de  alicoramiento    como    lo   estaba   el   testigo   ROBERTO   CARLOS   ESCOBAR  SALAZAR»20,   quien   narró   que  el  procesado  descendió  del puesto de copiloto del vehículo y disparó contra la  víctima.   

Para   el   censor,   esa   versión   es  contradictoria   con   la   entregada  por  Nubia  Moreno  Ñañez  –madre   de   Leydi  Julieth  Carrillo  Moreno-  en  tanto  ésta  afirmó que cuando fueron a recoger a su hija, el que  conducía  era  el  acusado,  lo cual fue corroborado por Stephany Yuliza Gamboa  –testigo de descargo-, la  cual  señaló que en el momento de los hechos el que manejaba era el enjuiciado  y  el  que  le  disparó  al ofendido desde el puesto del copiloto del carro fue  Ricardo, alias “Piolín”.   

El  defensor  opina  que  el  testimonio  de  Roberto   Carlos   Escobar   Salazar   no   es  «del  todo»21  digno  de crédito dado que  estuvo  consumiendo  licor,  al  punto  que  el  occiso  reveló tercer grado de  embriaguez.   

En ese orden, el letrado es del criterio que,  al   confirmar   la   sentencia   de   primer   nivel,  la  colegiatura  ignoró  «las   reglas   de   la  lógica,  máximas  de  la  experiencia   y   leyes  de  la  ciencia»22  -no  las  identifica-,    pues    el    verdadero    responsable    es    Ricardo,   alias  “Piolín”.   

En el acápite de desarrollo del cargo, luego  de  resumir  sucintamente  los  testimonios  sobre  los que hace recaer el yerro  denunciado concluye que:   

i) José Leonardo Duque García (q.e.p.d.) y  su  amigo  Roberto  Carlos  Escobar  Salazar habían ingerido licor por cerca de  ocho  (8)  horas.  ii) Que la víctima José Leonardo Duque García (q.e.p.d.) y  su  amigo Roberto Carlos Escobar Salazar se encontraban ya embriagados entre las  10:00  P.M.  a  11:00 P.M. iii) Que el testigo Roberto Carlos Escobar Salazar al  momento  de  los  hechos estaba en estado de alicoramiento, y señaló que quien  disparó  a  la  víctima  fue  Andrés  Felipe Cerón, alias papaya, quien bajo  (sic)  de  la  parte de copiloto del vehículo. iv) Que la señorita Leidy (sic)  Julieth  Carrillo  Moreno  igualmente había ingerido licor, y no vio el momento  en  que  le  dispararon  a  la  víctima.  v) Que de acuerdo al testimonio de la  Señora  Nubia Moreno Ñañez y de la señorita Stephany Yuliza Gamboa indicaron  (sic)  quien  conducía el  vehículo  era  el  Señor ANDRÉS FELIPE CERÓN RODRÍGUEZ. VI) Que los únicos  testigos  presenciales  de  los  hechos  fueron Roberto Carlos Escobar Salazar y  Stephany           Yuliza           Gamboa.23   

En  este  punto, reprueba al juzgador plural  por  incurrir  en  falso raciocinio, «en razón de la  no  utilización  de  las  pautas de la sana critica (sic), dando como resultado  una  apreciación  equivocada  de  lo  que dijo la prueba, tomando una decisión  viciada.»24   

Censura,    asimismo,    «el  desvalor»25 conferido por la colegiatura  a  Stephany  Yuliza  Gamboa,  la cual no había ingerido licor y narró de forma  clara,  precisa  y  coherente  que  quien  disparó contra la víctima fue alias  “Piolín”, debido a los daños ocasionados a su vehículo.   

A  juicio  del  jurista  es  «increíble»26  que  se  le  haya  otorgado  credibilidad  al  dicho de Roberto Carlos Escobar Salazar, pese a su alto estado  de  alicoramiento,  que impidió tomarle entrevista el día de los hechos, y que  no  pudo identificar al agresor en un primer reconocimiento fotográfico sino en  el segundo, lo cual genera duda.   

En  criterio  del  demandante «[e]s  claro  que  una  persona en estado de embriaguez, después de  haber  tomado  licor  por 8 horas, sus sentidos no se encuentran bien, pues como  todos  lo  sabemos  no  pueden  siquiera caminar bien, no pueden hablar bien, su  conciencia  no  está  bien,  el  efecto del alcohol produce efectos dañinos al  cerebro,  alterando  su  metabolismo  afectando las facultades normales del tipo  intelectivo,  al  punto  que,  en  algunas  ocasiones su conducta en este estado  puede     ser     causal    de    declaratoria    de    inimputable.»27   

Además,  el  aludido testigo no conocía al  procesado  «pero  de  manera  mágica sabía que era  alias   piolín,   y  lo  sabía  porque  se  lo  dijo  un  policía»28,  lo  cual significa, opina,  que   dado   su   estado   de   embriaguez   fue  inducido  para  incriminar  al  encartado.   

Para finalizar, previa transcripción de las  normas  que  consagran la presunción de inocencia, de doctrina extranjera (Joan  Picó  I  Junoy) y jurisprudencia constitucional y penal (CC C-774-2001, CSJ SP,  9  mar.  2006,  -sin  radicado-)  sobre el particular, invoca la aplicación del  principio    de   in   dubio   pro   reo  y  solicita  casar  la  sentencia  impugnada  y  emitir  fallo  de  reemplazo absolutorio a favor de su asistido.   

          CONSIDERACIONES   

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con tal propósito, el inciso 2º del canon  184   ejusdem  fijó  las  reglas  mínimas  de  admisión de la correspondiente demanda, estableciendo que  no  se seleccionará aquella en la que i) el impugnante carezca de interés para  acceder  al  recurso,  ii) no se invoque la causal conforme a la cual se edifica  el   reproche   de   las   contempladas   en   el   artículo  181  ibidem,   iii)  omita  desarrollar  los  cargos  correspondientes  o,  iv)  fundadamente  se  logre  establecer que no se  requiere  de  la  sentencia para cumplir las referidas finalidades; lo anterior,  salvo  que  alguno  de  esos  fines  permita  superar los defectos técnicos que  exhiba el libelo y decidir de fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que,  la demanda debe ser íntegra en su formulación,  suficiente  en  su  desarrollo  y eficaz en la pretensión, de tal suerte que se  debe  soportar  en  los  principios  que  rigen  el  recurso  extraordinario, en  especial,  los  de  claridad,  precisión, fundamentación debida, prioridad, no  contradicción,  corrección  material, crítica vinculante, razón suficiente y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar  a  la  manera  de  un alegato de  instancia.    

La  proposición de los cargos exige escoger  adecuadamente  la  causal  y el sentido de la violación y, concretar el disenso  en términos de trascendencia.   

2. El libelo que nos ocupa, no satisface los  requisitos  mínimos  que  exige  el referido precepto 184 para su admisión, y,  por   lo   tanto,   no   puede   ser   seleccionado.   Las   razones   son   las  siguientes:   

No   obstante   que   el  censor  acudió  adecuadamente  a la causal tercera, que corresponde a la violación indirecta de  la  ley  sustancial,  para  denunciar  presuntos  errores  de  hecho  por  falso  raciocinio,  en su propuesta no solo no satisfizo los presupuestos demostrativos  de  dicho  tipo  de  ataque para cuestionar puntuales aspectos probatorios, sino  que     dejó     de     atender    –como  lo  exige  la  jurisprudencia-,  aspectos específicos de los  postulados  de  trascendencia y corrección material que rigen este mecanismo de  impugnación.   

En   efecto,  cuando  se  predica  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  se  debe  demostrar  que  el  ejercicio  valorativo del funcionario  judicial  es  trasgresor  de  los  postulados  de la lógica, de las leyes de la  ciencia  o  de  las  reglas de la experiencia, es decir, de los principios de la  sana crítica como método de apreciación probatoria.   

Con tal fin, el demandante debe señalar, con  exactitud,  el  medio de prueba sobre el que recae el yerro, identificar aquello  que  expresamente  dice  y  se  deduce de él, el mérito persuasivo otorgado al  mismo  por  el  juzgador, indicar y desarrollar con precisión la regla lógica,  la  ley  de  la  ciencia  o la máxima de la experiencia aplicada erradamente al  realizar  el  proceso  valorativo,  así  como  la  que apropiadamente le debió  servir  de  apoyo,  la  norma  de derecho sustancial que indirectamente resultó  excluida  o  indebidamente aplicada o interpretada y, finalmente, demostrar que,  de  no  haberse  incurrido  en  el  defecto,  el sentido de la decisión adversa  habría sido sustancialmente opuesto.   

En  el caso de la especie, los dislates del  defensor  son  profusos.  En  efecto,  como  si  se  tratara  de  un  alegato de  instancia,  el  censor,  sin  más,  reprueba  la  credibilidad  conferida a los  testimonios  de  cargo (Roberto Carlos Escobar Salazar,  Leydi  Julieth  Carrillo Moreno, Nubia Moreno Ñañez)  y    el    mérito    negativo    conferido   al   de   descargo   (Stephany  Yuliza  Gamboa), desconociendo  que  el  valor  probatorio  conferido  a  las  pruebas por los juzgadores, no es  susceptible  de  ser  acusado  en  sede de casación, sino cuando se acredita la  lesión del método de persuasión racional.   

Y  es  que,  aunque  el  defensor  entiende  vulnerados     los    postulados    de    la    sana    crítica    –de  la  lógica,  la experiencia y la  ciencia-,  no  indica  cuál  de  ellos, ni explica con suficiencia por qué las  estimaciones    del    Tribunal    se   apartan   de   los   criterios   de   la  razonabilidad.   

Ciertamente, cuando el censor descalifica el  testimonio   directo   de   Roberto  Carlos  Escobar  Salazar  -quien reconoció al acusado como el agresor  de  su amigo José Leonardo Duque García-,  asegurando para el efecto que su narración no es «del  todo»29  digna de crédito, dado su  alto  estado  de  alicoramiento  para el momento de los hechos y que una persona  «después  de  haber  tomado  licor por 8 horas, sus  sentidos  no  se  encuentran bien, pues como todos lo sabemos no pueden siquiera  caminar  bien, no pueden hablar bien, su conciencia no está bien, el efecto del  alcohol  produce efectos dañinos al cerebro, alterando su metabolismo afectando  las  facultades  normales  del  tipo  intelectivo,  al  punto  que,  en  algunas  ocasiones  su  conducta  en  este  estado  puede  ser  causal de declaratoria de  inimputable»,   podría   inferirse,   apelando  al  principio  de  caridad,  que el censor pretende involucrar en su discurso algún  postulado de la ciencia, o quizás de la experiencia.   

No obstante, no comprueba la universalidad,  generalidad  y  factibilidad  de  comprobación de su premisa. Desconoce de esta  manera,  los  parámetros  que  sirven  a  la enunciación de las máximas de la  experiencia,  los  postulados  de  la  lógica  y  las  leyes de la ciencia (CSJ  AP4220-2016):   

Ahora,  en tanto  referente   de   valoración   probatoria,  cabe  precisar,  las  reglas  de  la  experiencia  no  pueden  invocarse  de cualquier manera. La construcción de una  máxima  fundada  en  el  ordinario devenir de los acontecimientos de la vida en  sociedad  requiere  de una estructura general y abstracta, definida por la Corte  en        los       siguientes       términos30:   

[L]a  experiencia  forma conocimiento y los  enunciados     basados     en     ésta     conllevan    a    la    generalización,   lo   cual  debe  ser  expresado    en   términos   racionales   para   fijar   ciertas   reglas  con pretensión de universalidad,  por  cuanto  comunican determinado grado de validez y facticidad, en un contexto  socio histórico específico.   

En ese sentido, para que ofrezca fiabilidad  una   premisa  elaborada  a  partir  de  un  dato  o  regla  de  la  experiencia  ha   de   ser   expuesta,   a   modo   de   operador  lógico,  así:  siempre  o  casi  siempre  se  da A,  entonces sucede B.   

Bien  se  ve, por lo tanto, que el punto de  partida   formal   para   analizar   la  incursión  en  falso  raciocinio,  por  desconocimiento  de  las  máximas  de la experiencia, es la formulación de una  proposición  con  estructura  de  regla,  apta  para  ser aplicada en términos  generales  y abstractos, con pretensión de universalidad. Sólo a partir de tal  referente  de  valoración  es dable verificar si, al analizar el mérito de las  pruebas, el razonamiento del juzgador deviene falso.   

De  otro lado, como lo ha destacado la Sala  (CSJ  AP  25.03.2015,  rad.  45.235),  la lógica concierne a la corrección del  proceso  completo  del  pensamiento.  Tal  disciplina  comprende,  entonces,  el  estudio   de   los  métodos  y  principios  que  se  usan  para  distinguir  el  razonamiento  bueno (correcto) del malo (incorrecto)31.    Los    errores    de  razonamiento,   en   términos  de  lógica  formal,  se  denominan  falacias  o  silogismos  aparentes  o  sofísticos, los cuales no implican cualquier yerro en  el  raciocinio  o  una  idea  falsa,  sino  errores  típicos  en las relaciones  lógicas   entre  las  premisas  y  la  conclusión32.   

A  su  vez,  como  componente  de  la  sana  crítica,  la  ciencia corresponde a un “conjunto de  conocimientos   obtenidos   mediante   la   observación   y   el  razonamiento,  sistemáticamente  estructurados,  de  los  que  se  deducen  principios y leyes  generales”33.  Como  lo  ha  puntualizado  la  Sala  (CSJ  SP  15.09.2010, rad.  32.488),  tales  máximas  científicas, a partir de las cuales se generalizan e  interpretan  los  fenómenos,  permiten  su  explicación  y comprensión en sus  distintos  ámbitos,  a  partir  del  cómo y el por qué un hecho se realiza de  determinado  modo,  pues  su  función  no se reduce simplemente a su registro y  acumulación  de  datos.  Para que el sistema de conocimientos en un área de la  ciencia  deduzca  una  ley  o un principio con carácter universal, los métodos  cognoscitivos  dirigidos  a  ese  fin  deben  encontrar  fundamento en conceptos  exactos,    cuya    veracidad    sea   comprobable   y   demostrable34  mediante  métodos aceptados y estandarizados.   

Además,  de modo alguno refuta, conforme a  alguna     máxima     concreta     –científica,  lógica o de la experiencia- los motivos que llevaron  a  los  juzgadores  a conferirle mérito positivo a dicho deponente –Escobar      Salazar-  pese  a  que  él  admitió  haber ingerido bebidas alcohólicas  antes de que ocurrieran los hechos.   

Así, por una parte, el juez de primer nivel  abordó el tema en discusión de la siguiente manera:   

Por  otro  lado  se  ha  cuestionado  el  testimonio  del  señor  ROBERTO  CARLOS  ESCOBAR  SALAZAR,  debido  a que éste  aquella  madrugada  había  consumido  cierta cantidad de licor, cuestionamiento  que  parte de lo indicado por la perito CATERIN QUEVEDO CASTRO quien realizó el  análisis  de  alcoholemia  en  el  cuerpo  de la víctima, quien manifestó que  según  el  resultado  del  examen que fue de 164/100 mg de etanol en la sangre,  que   según   la  resolución  414  del  2002  pertenece  al  tercer  grado  de  alcoholemia35,  es  bueno  precisar  que éste no fue un análisis practicado al  señor  ROBERTO  CARLOS  ESCOBAR  SALAZAR  y  por  lo mismo no podemos partir de  supuestos  para  determinar que dicho resultado debe ser extensivo al testigo en  mención.  Es  decir, no podemos concluir que ambas personas alcanzaran el mismo  grado  de  alcoholemia.  Sucede  a  menudo  que varias personas pueden compartir  momentos  y  no ingieren la misma cantidad de licor, premisa a partir de la cual  no  es  posible  extender  dicho  resultado  al  señor  ROBERTO  CARLOS ESCOBAR  SALAZAR.   

Por  otro  lado,  no  es  cierto  que haya  indicado  el  testigo ROLANDO MAURICIO BETANCOURT LUNA, investigador de policía  judicial  que  aquella noche no entrevistó formalmente al señor ROBERTO CARLOS  ESCOBAR  SALAZAR  porque  éste se encontraba borracho, claramente expuso que ni  siquiera  concluyó  la  entrevista  informal  que aquella madrugada realizó al  señor  ESCOBAR  SALAZAR  porque  éste  se  encontraba  muy  depresivo y aunque  reconoció  que  el  testigo en mención se encontraba tomado, también resaltó  su  capacidad  para  relatar  la  forma  como sucedieron los hechos; pues aunque  percibió  el  olor  a licor, también observó que el testigo tenia (sic) buena  percepción        de        los        hechos36.   

No  se  debe  pasar  por  alto  que  fue  persistente  el  togado  de la defensa en el contra interrogatorio para resaltar  el  estado  de  embriaguez  del  testigo de cargo, al punto que incluso impugnó  credibilidad  con  un  aparte  el  informe ejecutivo admitido como prueba No. 9,  pero  claramente  expuso  el  investigador  de  Policía  judicial que el señor  ROBERTO  CARLOS  ESCOBAR SALAZAR presentaba una alta depresión, y aunque estaba  tomado,        no        estaba       borracho37.   De   allí   que   este  argumento  para  desdibujar los dichos de esta persona no sean acogidos por este  funcionario.38   

Y,    por    otra,    el    Tribunal  expresó:   

Este     testimonio     [refiriéndose   a   ROBERTO  CARLOS  ESCOBAR  SALAZAR]  ha  sido  recriminado  por el defensor Técnico, aduciendo que el  estado  de  alicoramiento del deponente es factor determinante para no otorgarle  credibilidad,  sin  realizar análisis particular al respecto, y, especialmente,  sin  aportar  elementos  de  juicio  científicos  que permitan tal conclusión;  simplemente su opinión personal.   

Al  respecto,  el  juez  de  instancia al  disertar  sobre  esta  crítica precisó que no era posible suponer el estado de  alicoramiento  del  declarante,  pues la prueba que hacía referencia a 3 grados  de  alcoholemia  fue  practicada  a  la víctima y no al señor Escobar Salazar,  argumento  que  tiene toda la contundencia del caso, pues si bien el funcionario  de    Policía    Judicial    expresó    que   en   un   momento   –de  entrevista- el testigo no quiso  aportar  más  datos por su alto estado de alicoramiento, debe tenerse en cuenta  también  que  en  juicio  oral  se  hizo precisión en el sentido que no podía  precisar  el  verdadero  estado  de  alicoramiento por no ser especialista en la  materia  y, además, precisó que percibió en el testigo fue su gran aflicción  por la muerte de su amigo.   

Ahora, es claro que el testigo en ningún  momento  ocultó  que había ingerido alcohol, indicó que él había compartido  con   su   amigo  desde  las  10:00  de  la  noche39,  es  decir,  que habiendo  libado,  dentro  de  las probabilidades se encontraba que no hubiese ingerido la  misma  cantidad de alcohol que la víctima o que dicha bebida no hubiese causado  efectos  en  su humanidad, entre otras razones, porque quedó demostrado que una  vez  ocurrieron  los  hechos socorrió a la víctima,  transportándola    inclusive    en    su    motocicleta    hasta    el   centro  asistencial  donde  desafortunadamente  llegó  sin  signos  vitales,  lo  cual demuestra que el estado de coordinación y motricidad  del   ciudadano   no   estaban   afectados  profundamente  ante  la  ingesta  de  licor40.   

Agréguese  que  el  servidor de Policía  Judicial      ROLANDO     MAURICIO     BETANCOURT  LUNA,  precisó  que pese al estado de alicoramiento  de   Roberto   Carlos   Escobar,   sus  atestaciones  iniciales  fueron  claras,  ya  que  tenía  buena  percepción de lo que había  ocurrido41;  empero,  al  sentirle  cierto  aroma  a  licor, aunado a que se  encontraba  en  un estado depresivo por la muerte de  su  amigo,  decidió  no registrar sus dichos en una  entrevista formal.   

Vale  la  pena  precisar que el defensor,  haciendo  uso de la impugnación de credibilidad, puso de presente al testigo el  informe  que  suscribió,  y  le increpó que hubiese plasmado que el testigo se  encontraba   en   alto   estado  de  alicoramiento;  sin  embargo,  ante  ese cuestionamiento el servidor de policía fue enfático en  señalar   que   el   entrevistado   no   se   encontraba   borracho, ya que encontró coherencia en su declaración.   

Téngase  en  cuenta,  además,  que  la  censura  procura  restar  credibilidad al testigo por haber ingerido licor antes  de  percibir  los  hechos,  afirmando  el  testigo no tenía la capacidad mental  psíquica  y  de  memoria para grabar puntualmente los acontecimientos, a partir  de  meras  hipótesis sin fundamento probatorio, pues la narrativa realizada por  el deponente, demuestra todo lo contrario.   

Adicionalmente, sostiene el Letrado que de  acuerdo  a  la  (sic)  “reglas de la Lógica, máximas de la experiencia y las  leyes  de  la  ciencia”,  sin precisar alguna de ellas, difícilmente, pudiera  detallar sin margen de error los pormenores del hecho.   

Olvida  el profesional del Derecho que el  licor  no  tiene  igual efecto en todos los organismos, así mismo, que no todas  las  personas  tienen  las  llamadas  lagunas  de  memoria  y  que  en este caso  particular  no  hay  prueba  alguna  que  pueda  determinar la cantidad exacta o  aproximada  de  licor  que ingirió el testigo, luego, tales manifestaciones son  meramente   hipotéticas   y   especulativas,   de   suerte  que  no  tienen  la  potencialidad   de   restar   mérito   probatorio   a  un  testimonio  rico  en  circunstancias   de   tiempo,   modo  y  lugar,  antecedentes,  concomitantes  y  subsiguientes   al   luctuoso   hecho   por   el  cual  se  procede.42  (Negrillas originales).   

De  otra parte, aunque el censor advierte  una   contradicción   en   el   dicho   del   referido   testigo   –Roberto  Carlos Escobar-  respecto  a  lo  sostenido por Nubia  Moreno  Ñañez y Stephany  Yuliza  Gamboa-  en  relación  con  el  puesto  del  vehículo  del que descendió el homicida, pues el primero manifestó que lo fue  desde  el lugar del copiloto mientras las otras dos personas habrían ubicado al  acusado  en  el  asiento  del conductor, es lo cierto que, el demandante no hace  más  que  anteponer  su  particular  percepción de las pruebas, sin establecer  cuál  es  el  yerro en el que habrían incurrido los juzgadores, atendiendo las  leyes de la sana crítica.   

En  efecto,  el reproche no confronta los  fundamentos  de  los  fallos de instancia en los que claramente se lee que i) la  narración     de    Roberto    Carlos  aparece  refrendada  por  la de Leydi  Julieth    Carrillo,   quien   -habiendo   estado,  precisamente,   dentro  del  vehículo en el que se transportaba el agresor  momentos  antes  del  homicidio  (entre  5  y  10 minutos)- contó que el que lo  pilotaba  era  alias “Piolín”, que el acusado ocupaba el puesto de copiloto  y  que las mujeres –ella  y  otra dama- se sentaron en la parte de atrás, al punto que, ante un retén de  la  policía, aquellos, desde la parte delantera pasaron hacia atrás un arma de  fuego,   ii)   Nubia   Moreno   Ñañez  –madre  de   Leydi-   vio   al  sentenciado  manejando  el carro cuando recogió a su hija para ir a bailar pero  no  cuando  ella  retornó  a  su  casa-  y  iii)  el testimonio de Stephany  Yulisa  Gamboa según el cual  quien  disparó  contra  la víctima fue alias “Piolín” -para el tiempo del  juicio  fallecido-  no  merece  credibilidad  en  tanto fue desmentida en varios  aspectos    por    los   demás   testigos   (verbi  gratia,   quién   llamó   a  quién  –Andrés      Felipe  a  Leydi o  viceversa-  para  salir a bailar, acompañamiento o no por parte de Stephany      a      Leydi  hasta  la  puerta  de  su casa,  posición   del   conductor   y  los  pasajeros  dentro  del  carro)  reflejando  «amaño  a  favor  del  acusado para establecer una  coartada  que  deje  impune su conducta»43.   

Así  mismo, tampoco señala el libelista  por  qué  causa  incertidumbre  que  Roberto Carlos  Escobar  no  haya  reconocido  fotográficamente  al  agresor  de  su amigo en la primera diligencia programada con tal fin sino en la  segunda,  ni  controvierte los argumentos de los jueces, quienes discurrieron en  el siguiente sentido:   

(…)  se  debe  recordar  que  el perito  morfólogo  del  CTI Henry Niño Hernández, explicó claramente que si bien era  posible  hacer  un  reconocimiento fotográfico con imágenes en blanco y negro,  este  tipo  de fotografías no permiten ver con claridad determinadas zonas, por  los  blancos,  negros  y  grises  que  representan44.   

Luego entonces, el segundo reconocimiento  fotográfico  que  realizó  el  testigo no puede considerarse anómalo, pues en  él  se  utilizó  una  fotografía a color, más reciente, si bien no por mucho  tiempo  de diferencia con la toma a blanco y negro que fue producto de la imagen  de  preparación  de  la  cédula de ciudadanía del procesado, sí permitió al  testigo          su         reconocimiento.45   

Finalmente, además que el censor vulnera  el  principio  de  corrección  material  al  aseverar  que  el referido testigo  incriminó  a  alias  “Piolín”,  cuando,  en  cambio,  a  lo  largo  de las  providencias  se  lee  que  aquél se refirió a alias “Papaya”, es palmario  que,  el  defensor  no explica por qué este deponente habría sido inducido por  la   policía   para  incriminar  falsamente  al  acusado,  máxime  cuando  los  falladores  fueron  enfáticos  en  señalar que «el  declarante  no  residía  en  el  sector,  y  vino a enterarse de que uno de los  ocupantes  del  vehículo  era conocido con el remoquete “papaya”, porque la  policía  le  indagó  sobre ese aspecto; no obstante como lo indicó al momento  de  rendir  su  testimonio, no lo conocía con anterioridad a los hechos y sólo  lo   volvió  a  ver  al  momento  del  reconocimiento  fotográfico»46.   

Por manera que, no hay lugar a admitir la  demanda.   

La Sala no observa flagrantes violaciones de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad,  ni  motivos que conduzcan a la  necesidad  de  un pronunciamiento de fondo frente al expediente en razón de las  finalidades    de    la   casación,   por   lo   que   el   libelo   debe   ser  inadmitido.   

3.  En todo caso, es indispensable recordar  que,  al  amparo del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide  no  darle  curso a una demanda de casación, es procedente la insistencia, cuyas  reglas,  en  ausencia  de disposición legal, fueron definidas por la Sala desde  el  auto  del  12  de diciembre de 2005, radicación 24.322 y precisadas en auto  CSJ AP, 25 jun. 2014, rad. 42.597.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por   la  defensa  de  Andrés         Felipe         Cerón         Rodríguez,   contra  la  sentencia  dictada el 7 de julio de 2016 por la Sala Penal del Tribunal Superior  de Cali.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 En la  misma  decisión  lo  absolvió por el delito de fabricación, tráfico, porte o  tenencia de armas de fuego, accesorios, partes o municiones.   

2  Cfr. folio 248 del cuaderno  original 2.   

3  Cfr.   folios   5-6  del  cuaderno original 1.   

4  Cfr.    folios   17-23  ibidem.   

5  Cfr.    folios   35-38  ibidem.   

6  Cfr.    folios   44-53  ibidem.   

7  Cfr.    folios   81-83  ibidem.   

8  Cfr.    folios   91-92  ibidem.   

9  Cfr.    folios   96-97  ibidem.   

10  Cfr. folio 156 ibidem.   

11  Cfr.   folios   158-159  ibidem.   

12  Cfr. folio 161 ibidem.   

13  Cfr.   folios   164-188  ibidem.   

14  Cfr.   folios   191-200  ibidem.   

15  Cfr.  folios  217-249  del  cuaderno original 2.   

16  Cfr. folio 263 ibidem.   

17  Cfr.   folios   265-282  ibidem.   

18  Cfr.   folios   276-277  ibidem.   

19  Cfr. folio 276 ibidem.   

20  Ibidem.   

21  Cfr. folio 275 ibidem.   

22  Ibidem.   

23  Cfr. folio 272 ibidem.   

24  Cfr. folio 272 ibidem.   

25  Ibidem.   

26  Cfr. folio 271 ibidem.   

27  Ibidem.   

28  Ibidem.   

29  Cfr. folio 275 ibidem.   

30 CSJ  SP 07/12/11, rad. N° 37.667.   

31  COPI  M.,  Irving  y  COHEN,  Carl. Introducción a la  lógica,  8ª  edición,  México,  Limusa, 1997, pp.  17-19.   

32 Al  respecto,   Cfr.,  entre  otros,  ídem,  pp.  125-126  y  KLUG, Ulrich. Lógica  Jurídica, Bogotá: Temis, 1990.   

      33 Diccionario Esencial de  la lengua española, Real Academia Española, 2006.   

      34 La Ciencia, M.B. Kédrov  y A. Spirkin; Ediciones Grijalbo.   

35  Minuto 11-12:22 31-05-11 cd 3.2.   

36  Minuto 32:40-46 31-05-11 CD 3.2.   

37  Minuto 44:38-59 31-05-11 CD 3.2.   

38  Cfr.  folios  175-176  del  cuaderno original 1.   

39  Ver, registro 1:57:31   

40  Ver, registro 1:54:50.   

41  Ver, audiencia del 31 de mayo de 2011, registro 33:16.   

42  Cfr.  folios  225-227  del  cuaderno original 2.   

43  Cfr. folio 220 del cuaderno  original 2.   

44  Ver, registro audiencia del 20 de mayo de 2011, 2:44:00.   

45  Cfr.  folios  223-224  del  cuaderno original 2.   

46  Cfr. folio 224 del cuaderno  original 2.     

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