AP5098-2014(44353)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP5098-2014  

Radicación N° 44353  

(Aprobado acta Nº 282)   

Bogotá, D.C., veintiocho (28) de agosto de  dos mil catorce (2014).   

La  Sala  se pronuncia sobre el impedimento  manifestado  por  el  Magistrado  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Barranquilla,    Doctor    Jorge   Eliécer   Cabrera  Jiménez,   para   asumir   el  conocimiento  de  la  actuación  adelantada  en  contra  de  GILBERTO LÓPEZ  GÓMEZ  y otros por   los   delitos  de  peculado  por  apropiación,  falsedad  en  documento público y fraude procesal.   

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

1.  Conforme lo expuesto en la sentencia de  primera  instancia,  las presentes diligencias tuvieron su origen en la denuncia  formulada  por  Fernando  Prada  Ortega con ocasión de la presunta comisión de  diversos  delitos  encaminados a la defraudación del erario, en suma superior a  los  $4.900.000.000, a través del pago de acciones de tutela instauradas por el  abogado  JAVIER ANTONIO MONTEALEGRE ORTIZ en  representación  de  un  gran  número  de presuntos servidores  públicos  del  Concejo  y  la Personería Distrital del Barranquilla, pagos que  fueron  ordenados  y  efectuados a personas que no aparecían en la relación de  acreedores.   

2. Cumplido el trámite correspondiente, el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  Adjunto de Barranquilla, el 27 de julio de  2013,    dictó    sentencia    absolutoria    en    favor    de    GILBERTO    LÓPEZ   GÓMEZ,       JAVIER       ANTONIO       MONTEALEGRE      ORTIZ,   VÍCTOR   ACUÑA   PORTA,      JOHANA      SMIT      ESCUDERO  AGUILAR, RAFAEL ARTURO DE LA  HOZ  RIVILLA, CINDY MARÍA DE  LA  ROSA  FONTALVO, CLAUDIA  PATRICIA      DULCEY     BERARDINELLY,        FELIPE        RAÚL       PALACIOS       BARRIOS,     KATIA    DEL    CARMEN    GÓMEZ  PADILLA,  SANDRA  YULISKA  GANEN  ELJAIEK, LAURA MARÍA  SOLANO  SOTO, CARLOS ALBERTO  ESCORCIA  QUIROZ,  CARMENZA  ELENA  RIVERA  SERNA, WILMAN  ENRIQUE   POLO   CONTRERAS,  ITALA  MARÍA CIANCY NARANJO,  LUIS  CLEMENTE PARRA PALACIO,  GLENDA    JOHANA    NARANJO    SÁNCHEZ,  EVA  MARÍA  PARRA  PALACIO,       MARÍA       EUGENIA       LAFAURIE       HURTADO, PEDRO AGUSTÍN LÓPEZ RUEDA,   LUIS   GONZÁLEZ   RAMOS,   IRMA  MIZUNO  DE  PICÓN,     GISELLE     MARÍA     PALACIOS  BARRIOS,  JUAN MIGUEL ASSIS  MONTES,   JORGE   MARIO  GOMEZAQUIRA  y  JOSÉ DUARTE  CARREÑO, respecto de los cargos que por el delito de  peculado  por  apropiación  formuló  en  su  contra  la Fiscalía. En la misma  decisión,         absolvió        a  GILBERTO  LÓPEZ  GÓMEZ  por  las  conductas  punibles  de  falsedad en documento público y  fraude  procesal,  a  AKEMI ADACHI CORRAL por  la primera de estas ilicitudes, y decretó la prescripción de  la  acción  penal  a favor de los otros mencionados tratándose de los últimos  injustos en mención.   

3.  Impugnada  esta  determinación  por la  Fiscalía,  fue  remitida  la  actuación  al  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial   de   Barranquilla  con  el  fin  de  que  se  resolviera  la  alzada,  correspondiendo   por   reparto   las   diligencias   al   Doctor   Jorge          Eliécer         Cabrera         Jiménez.   

4. El Magistrado en cita, el 11 de julio de  2014,  se  declaró  impedido  para conocer el recurso de apelación en comento,  invocando  la  causal contemplada en el artículo 99, numeral 1º, de la Ley 600  de  2000,  esto es, cuando “El funcionario judicial,  su  cónyuge  o  compañero permanente, o algún pariente suyo dentro del cuarto  grado  de consanguinidad, segundo de afinidad o primero civil, tenga interés en  la  actuación procesal”. En ese orden, adujo que su  hermano  Miguel Cabrera Castilla, en desarrollo de su actividad como defensor de  JOSÉ        DUARTE        CARREÑO,  impugnó la  resolución  de  acusación emitida en primera instancia, por lo que  “estructuró  una  teoría del caso que tenía como teleología  el  que  la  fiscalía  delegada  ante  el  tribunal  [la]  revocara  […] y en  consecuencia  adoptara la preclusión de la investigación como bien puede verse  ostensible  en  el  libelo  de  apelación,  mismo  que  fue  respondido por esa  fiscalía  exponiendo razonadamente los argumentos para confirmar la acusación,  haciendo especial referencia a sus asertos”.   

Indicó que su consanguíneo culminó con el  mandato  conferido  el  30  de marzo de 2012, cuando fue desplazado por un nuevo  defensor,   lo  que  enerva  la  configuración  de  la  causal  de  impedimento  consagrada   en  el  numeral  3º  del  citado  canon,  es  decir,  “Que   el  funcionario  judicial,  o  su  cónyuge  o  compañero  permanente,  sea  pariente dentro del cuarto grado de consanguinidad, segundo de  afinidad  o  primero  civil,  del  apoderado o defensor de alguno de los sujetos  procesales”.  Sin  embargo,  asegura,  su relación  filial  se  ha  caracterizado  por  la  proximidad y el trato fraterno prodigado  desde  la  más  tierna edad, circunstancias de amplio conocimiento en la ciudad  de   Barranquilla  donde  aquel  se  ha  desempeñado  como  coordinador  de  la  Defensoría  Pública,  de  tal  forma  que, en su sentir, el interés en que se  defina  favorablemente  la  situación  procesal  de quien fuera su prohijado se  mantiene  latente,  pues  “de  seguro  que  no solo  objetivamente  (sic)  sino moral ha de estar expectante de que a este procesado,  le  asista  el  beneplácito  jurídico  que  no  pudo  conseguir con sus gestas  defensivas”.  Por  ende, solicitó ser separado del  conocimiento  de  las  diligencias  en  aras  de asegurar la imparcialidad en la  actuación de la judicatura.   

5.  Frente  a  esta  manifestación,  los  doctores  Luis  Felipe  Colmenares  Russo y Julio Ojito Palma, integrantes de la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Barranquilla, indicaron que el vínculo  familiar   aludido   por  el  funcionario  en  cuestión  es  insuficiente  para  configurar  la  causal  invocada, en tanto su hermano solo asistió al procesado  JOSÉ  DUARTE CARREÑO en un  interregno  de la fase instructiva, por lo que, en su criterio, ningún interés  podría   predicarse   y  el  denominado  “profundo  compromiso  moral”,  no  compromete  la ecuanimidad  necesaria  para que se resuelva la apelación. Así las cosas, al estimar que el  “interés”  al  que se  refiere  la  normatividad  debe  ser ostensible, lo que no apreciaron en el caso  concreto,  y aunado a que el tema objeto de la alzada no guarda relación con la  actuación   profesional   desplegada,   declararon  infundado  el  impedimento,  descartando  igualmente  la  procedencia  del  mismo  por  virtud  de  la causal  prevista  en  el  artículo 99, numeral 3º, de la Ley 600 de 2000, toda vez que  esta  supone  que la representación judicial del pariente del servidor público  sea  actual,  lo  que  tampoco ocurre en este evento. Por tanto, conforme con el  artículo  103  ibídem,  remitieron  el  trámite  a esta Corporación para que  dirima el particular.     

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

1.  La  Sala  es competente para resolver de plano el asunto sometido a  su  consideración,  ya que el artículo 103 de la Ley 600 de 2000, le asigna la  función  de  resolver  el  impedimento proveniente de un magistrado de tribunal  superior  cuando,  como  en  este caso, dicha manifestación ha sido previamente  declarada infundada.   

2. Hecha esta salvedad, debe señalarse que  los   motivos   específicos  constitutivos  de  impedimento  o  recusación  se  estatuyeron  en  desarrollo  del  principio  de  imparcialidad,  con  el  fin de  garantizar  al  conglomerado  social  que  el  funcionario  judicial  llamado  a  resolver  el conflicto jurídico es ajeno a cualquier interés distinto al de la  recta administración de justicia.   

Por  consiguiente,  la  manifestación  de  impedimento  debe  ser  un  acto  unilateral, voluntario, oficioso y obligatorio  ante  la  convergencia  de  cualquiera  de  las  causales  que  de modo taxativo  contempla  la  ley  para  negarse  a  conocer de un determinado asunto y, por lo  mismo,  debe  estar  soportada  dentro  de  los cauces del postulado de la buena  fe1,  ya  que el instituto no debe servir para entorpecer o dilatar el  transcurso  normal  del  proceso  penal  o para sustraerse, indebidamente, de la  obligación de decidir.   

3.  Al analizar los motivos aludidos por el  Magistrado   del   Tribunal   Superior   de   Barranquilla  para  apartarse  del  conocimiento  de  las  diligencias,  estos  se contraen a que su hermano fungió  activamente  en  un  lapso  de la fase de investigación como defensor de uno de  los  implicados,  en  concreto,  previo  a  la  ejecutoria  de la resolución de  acusación.  En  ese  sentido,  consideró que existe un interés de aquel en el  resultado  del  trámite  al  estimar que su pretensión persiste, aun cuando no  ostente  en la actualidad la representación del procesado, por razón de lo que  ha  calificado  un  objetivo  perenne  que  se  explica  en  el desempeño de su  profesión  en  el  litigio,  “sin importar en quien  recaiga  la  nueva  defensa  técnica,  que igual que la defensa de instrucción  busca en el juicio similares objetivos que unidos son uno solo”.   

         Frente  a  ello ha de decirse, conforme lo anotaron los Magistrados  disidentes   con  dicha  postura,  que  tal  afirmación  es  insuficiente  para  materializar  una  situación  constitutiva  de  impedimento, resultando además  genérica  y  abstracta, pues el simple hecho de que el familiar del funcionario  hubiese  sido  apoderado  en  algún  momento  de  la  actuación  de uno de los  múltiples   implicados   no  es  suficiente  per  se  para  advertir  viciada  su ecuanimidad, en la medida  que  esta  no  puede verse afectada por supuestos inanes que nada tienen que ver  con la autonomía de la función pública. Véase:   

         3.1.  Si  bien  es  cierto  no  puede  pasar  desapercibido  que el  ejercicio  del  derecho  involucra  la gestión de asuntos particulares y que en  los  mismos pueden verse inmersos togados que guardan nexos familiares con otros  profesionales  vinculados  a  la administración de justicia, ello solo comporta  un  acontecimiento  con  la capacidad de poner en entredicho la imparcialidad de  aquellos  siempre  y cuando el mandato conferido coincida con el cumplimiento de  sus  funciones constitucionales y legales (artículo 99, numeral 3º, Ley 600 de  2000),  hipótesis  que  en  este  evento  no  se  verifica  y  que  incluso fue  descartada   expresamente   por   el   Doctor  Cabrera  Jiménez,  situación  que,  en  ese  entorno,  bien  podría  aparejar,  según  lo  consignó en la declaratoria de impedimento, una  naturaleza objetiva.   

3.2.   Ahora,   en   cuanto   al  llamado  “interés  moral” que a  su  juicio pervive, este constituye únicamente una mera expectativa tratándose  de  la  deferencia  particular que respecto del presente caso llegaría a asumir  potencialmente  su  consanguíneo, pero además de remitirse este sentimiento de  solidaridad  a  la  esfera  subjetiva  de  aquel,  o sea, al fuero interno de un  tercero,  se deja de considerar, en gracia a discusión, que sobre el Dr. Miguel  Cabrera    Castilla    recae    el    deber   como   abogado   de   “Mantener  en  todo  momento su independencia profesional, de tal  forma  que las opiniones políticas propias o ajenas, así como las filosóficas  o   religiosas  no  interfieran  en  ningún  momento  en  el  ejercicio  de  la  profesión,  en  la  cual  solo deberá atender a la Constitución, la ley y los  principios       que       la      orientan”.2       

         Por  lo  anterior, surge ostensible que el pregonado interés no se  devela  de  manera  fehaciente  para  colegir que el ánimo del Dr. Jorge  Eliécer  Cabrera  Jiménez  se ve  perturbado  por  la  insular  actuación de su hermano, en magnitud tal que deba  ser  separado  del  conocimiento  del  asunto,  pues  la relación filial en ese  contexto  no  es  suficiente  para  minar  la  integridad que debe imperar en el  cumplimiento  de  su  rol  como  integrante  de un cuerpo colegiado encargado de  administrar  justicia,  sin  que  se  vislumbre  qué utilidad o menoscabo puede  derivarse  del  ejercicio de su cargo al resolver la apelación formulada contra  la decisión absolutoria de primer grado.   

4. De otra parte, tampoco puede vaciarse de  contenido  el  principio de taxatividad que rige las causales de impedimento, de  acuerdo  con  el  cual  “las causas que dan lugar a  separar  del conocimiento de un determinado asunto a un funcionario judicial, no  pueden  deducirse por similitud ni ser objeto de interpretaciones subjetivas, en  tanto  se  trata  de reglas de garantía en punto de la independencia judicial y  de   vigencia   del   principio   de   imparcialidad  del  juez”  (CSJ  AP,  17  Abr  2013,  Rad.  41080),  toda  vez  que la lectura  extensiva  que  se  efectuó  de  la  causal  invocada  no  se  compadece con la  finalidad  del instituto, por cuanto la excepción para los servidores públicos  es  alejarse  de  los  asuntos  sometidos  a  su  consideración siendo anejo al  desempeño  de  su  misión,  se  insiste,  la  capacidad  de  apartarse  de las  convicciones  y  sentimientos  personales  que  puedan  emerger  a  la  hora  de  abordarlos.   

En  ese  sentido, resulta improcedente como  motivo  para  darle  viabilidad a la mencionada manifestación evocar el estudio  realizado    en    el   precedente   citado   por   el   funcionario3,  ya  que la  hermenéutica   que  orientó  dicho  pronunciamiento  versó  sobre  situación  diversa  a  la  aquí  analizada,  en  tanto  quien  allí se declaró impedido,  sostenía  amistad  íntima  con  uno de las integrantes del núcleo familiar de  una  de  las  partes  que actuaba en el proceso, coyuntura que en este evento no  aplica   porque   el   hermano   del   Doctor  Cabrera  Jiménez,   se   recalca,  ya  no  ostenta ninguna condición en el trámite que  se  marginó  de  conocer,  debido  a que el vínculo contractual que lo ataba a  este ya no tiene vigencia alguna.   

5. En suma, el impedimento expresado en esta  oportunidad  no  se  apoya en elementos de juicio válidos que permitan concluir  sin  dificultad  alguna que concurre una circunstancia actual, cierta y concreta  que  ponga  en  tela  de  juicio  la  objetividad  de quien lo puso de presente,  atendiendo  que  no  se  avizora  ningún  interés particular con la entidad de  afectar  el  cabal  desempeño  de  la  función pública, la cual demanda a los  encargados  de  la  misma  asumir  con  entereza  su ejercicio independiente. En  consecuencia,  no  se  colige  la configuración de la causal invocada y así se  declarará.       

En  mérito  de  lo  expuesto, LA    SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,   

R E S U E L V E  

DECLARAR INFUNDADO  el   impedimento   manifestado  por  el  Doctor  Jorge  Eliécer  Cabrera  Jiménez para conocer las presentes  diligencias.  En  consecuencia,  remítase  la actuación a su despacho para que  continúe el trámite correspondiente.   

Contra esta decisión no  procede recurso alguno   

Comuníquese    y  cúmplase   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Ley 600 de 2000, artículo 17   

2  Ley   1123   de   2007,   artículo   28,   numeral  12   

3  CSJ AP, 04 Dic 2013, Rad. 42801     

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