AP4149-2016(48026)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP4149-2016  

Radicación N° 48026  

(Aprobado acta N° 194)  

Bogotá, D. C., veintinueve (29) de junio de  dos mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Corte  examina  el  cumplimiento  de las  exigencias  de  orden  lógico,  jurídico  y  argumentativo  de  la  demanda de  casación  presentada por la defensa de Camilo Mosquera  Querubín  contra la sentencia dictada el 16 de febrero  de  2016,  en virtud de la cual la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín  confirmó  la  proferida por el Juzgado 4° Penal del Circuito Especializado con  funciones     de     conocimiento     de     esa     ciudad    y    condenó al acusado como autor del delito  de  fabricación,  tráfico  y porte de armas, municiones de uso restringido, de  uso   privativo   de  las  Fuerzas  Armadas  o  explosivos,  al  tiempo  que  lo  absolvió  del  injusto  de  fabricación,  tráfico,  porte o tenencia de armas de fuego, accesorios, partes  o municiones.   

LA SITUACIÓN FÁCTICA  

Fue   así  narrada  por  el  ad    quem   en   el   fallo   que   se  discute:   

En  horas  del  mediodía del 5 de enero de  201[4]1,  agentes  de la policía que  patrullaban  a  la  altura  de  la  carrera 53 con calle 33 del barrio Obrero de  Bello,  Antioquia, notaron la presencia de un joven en pantaloneta y sin camisa,  del  cual  requirieron  una  requisa,  pero  éste de inmediato emprendió veloz  huída  (sic), razón para  perseguirlo  pues  notaron  que portaba un arma de fuego, logrando darle alcance  en  el  segundo  piso  del  inmueble  ubicado en la carrera 53 No. 33-25, cuando  pretendía  ocultar  debajo  de  la mesa del comedor la pistola marca Taurus con  proveedor  para  20 cartuchos calibre 9mm y con 14 proyectiles de ese calibre en  su  interior.  En  la  misma mesa fue encontrado un revólver marca Smith Wesson  calibre  38  con  5  proyectiles de ese diámetro en su interior; un silenciador  color  gris;  un  proveedor  metálico  con  capacidad  para  15 cartuchos con 7  proyectiles  en  su  interior  calibre 9 mm; y, una vainilla percutida calibre 9  mm.   

El aprehendido responde al nombre de CAMILO  MOSQUERA  QUERUBÍN,  mientras  las  personas  que  ocupaban  la  casa  a la que  ingresó   fueron  identificados  (sic)  como  Edwin Mosquera Giraldo, Gloria Patricia Querubín Jaramillo y  un  menor  de  edad,  personas  individualizadas  y  puestas  a  órdenes de las  autoridades  competentes,  pues  aceptaron  que  las armas incautadas no tenían  salvoconducto.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia concentrada llevada a cabo el  6  de  enero  de 2014, en el Juzgado 11 Penal Municipal con funciones de control  de   garantías   de   Medellín,   se  legalizó  la  captura  de  Camilo  Mosquera  Querubín, Edwin Mosquera  Giraldo   y   Gloria  Patricia  Querubín  Jaramillo;  el  Fiscal  imputó  al  primero  la  autoría  en  la  conducta  punible  de fabricación, tráfico y porte de armas, municiones de uso  restringido,  de  uso  privativo  de  las  Fuerzas  Armadas  o explosivos, en la  modalidad  de porte, (artículo 366 del Código Penal), en concurso heterogéneo  con  la  de  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego,  accesorios,  partes  o  municiones,  en  la  modalidad  de  tener  en  un  lugar  (artículo  365  ibidem); el  Juez    impuso   a   Mosquera   Querubín    medida    de   aseguramiento   de   detención   preventiva   en  establecimiento              carcelario2,  la que fue revocada el 11 de  marzo  de ese año por el Juzgado 25 Penal Municipal con funciones de control de  garantías3     y    esta    decisión,  a  su  vez, la confirmó el Juzgado 7° Penal del Circuito el 4 de  junio  siguiente4.   

En  relación  con los demás indiciados, la  Fiscalía,  en  la  misma  audiencia  preliminar,  desistió  de hacerles alguna  imputación,  así  como de pedir medida de aseguramiento, por lo que se dispuso  su            libertad           inmediata5.   

2.  La  Fiscalía  4ª Especializada radicó  escrito  de  acusación  el  25  de  febrero de 20146,   e   hizo  la  consiguiente  formulación  el  29  de mayo ulterior, bajo la dirección del Juzgado 4° Penal  del  Circuito  Especializado  de Medellín, momento en el que añadió, respecto  del  injusto  previsto  en  el  precepto 366, la modalidad de tener en un lugar,  así  como  la  circunstancia  de mayor punibilidad del artículo 58, numeral 10  ibidem    -obrar      en      coparticipación  criminal-7.   

3.  Las audiencias preparatoria y del juicio  oral   tuvieron   lugar   el   26  de  junio  sucesivo,  la  primera8;  y los días  18             de             septiembre9  y  14  de octubre10  de  igual  año,   y  511      y      27      de      febrero12      de     2015,     la  segunda.   

4. El 20 de marzo postrero la Juez profirió  sentencia    en    la    que   absolvió    a    Mosquera   Querubín   del  reato  descrito  en  el  artículo  365  y  lo  declaró   penalmente   responsable  del  contemplado  en  el  canon 366. En consecuencia, lo condenó a la pena principal  de  132  meses  de  prisión  y  a  las  accesorias  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  término  y  a  la  privación  del  derecho  a la tenencia y porte de armas por 3 años13. Le negó la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria  y   dispuso   el   comiso   de  los  elementos  bélicos  incautados14.   

5.  El  16  de  febrero  de 2016 el Tribunal  Superior  de  ese  Distrito Judicial, al resolver la apelación propuesta por la  defensa,       confirmó      la      decisión15.   

LA DEMANDA  

El   abogado   identifica   los   sujetos  intervinientes  y  la  sentencia  impugnada, hace una narración personal de los  hechos        objeto        de        proceso16 y un tangencial relato de la  actuación   surtida,   en   donde   exhibe  reparos  en  torno  a  las  pruebas  practicadas17,  para  luego  afirmar  que  acude  a  este  recurso por motivos de  justicia,  toda  vez  que  su  representado  es  inocente  y, además, según le  comentó   la   familia   de  aquél  –no   especifica   quiénes-,   los  policiales  que  adelantaron  el  procedimiento  ejercieron  violencia   física   y   sicológica   en su contra.   

Manifiesta que sus cuestionamientos se apoyan  en   los   numerales   primero  y  segundo  del  artículo  181  de  Código  de  Procedimiento        Penal       de       200418.  Aunque  no los rotula como  cargos, pueden sintetizarse así:   

Primero.  

Después  de  trascribir  el  contenido  del  primer      motivo     de     casación     (violación     directa), refiere que el proceso penal se basó en  el  informe  de policía que está «plagado de faltas  a  la verdad»19 y los testimonios son contradictorios.   

Héctor  Gutiérrez comunicó lo acaecido el  «4  de  enero  de 2015»20,  cuando    miembros   de   la   Policía   fueron   agredidos   por   una   banda  delincuencial, circunstancia  que  no tiene relación con este proceso. La defensa siempre ha afirmado que las  armas   fueron  ingresadas  a  la  vivienda  por  el  menor  Juan  P.M.Q.,    no    por    el    acusado,    pues    no   es   «idóneo    guardar    un    arma   si   nisiguiera   (sic) el agente tiene conocimiento de la  existencia    de    esos   elementos   guardados»21.   

Se  ignoraron los testigos de descargo y por  el          error          de          hecho22         –no   especifica-   se   violaron  los  artículos  9, 10, 11, 12, 22, 27 y 336 del Código Penal, y 1, 2, 4, 5, 6, 7, y  10    del    estatuto   procesal   penal.   Se   inadvirtió   la   «confesión  realizada  en  el  Instituto  Colombiano de Bienestar  Familiar  donde  el  menor  Juan Pablo Mosquera Querubín CONFIESA que es él el  único  responsable de los elementos encontrados por los policías»23.   

Fabio Serna Santana rindió varias versiones  que    son    contrarias    a    las    de    otros    policiales   –no  los  individualiza-,  pues  no hay  coincidencia  en  punto  de  si la puerta de la vivienda estaba o no cerrada. Es  ilógico  que  una  persona  que  esté huyendo de la fuerza pública esconda un  arma   debajo   de   la   mesa.   Su   prohijado   estuvo  siempre  en  la  casa  durmiendo.   

De lo depuesto por Edison Patiño Salamanca,  emerge  clara la duda respecto de la tenencia del arma encontrada en el inmueble  de  su  protegido,  en  cuanto  éste no sabía sobre su existencia. Además, la  policía no tenía orden de allanamiento.   

Segundo.  

Luego de reproducir el contenido de la casual  segunda  de  casación,  el  jurista  asevera que se vulneró el artículo 9 del  Código  Penal,  toda  vez  que  se  condenó  a  un inocente. La presunción se  garantiza   en  los  preceptos  7  ibidem  y  29  de  la  Carta  Política,  lo  que  permite  inferir que se  infringió  el canon 232 del Código de Procedimiento Penal por falta de certeza  para declarar responsable a su cliente.   

Solicita  a la Corte casar la providencia de  segunda  instancia y «de conformidad con la causa del  numeral    primero   y   segunda   (sic)  del  artículo 180 del Código de Procedimiento Penal, la cual se  invoca  como  única,  solicita  a tan alta corporación dictar en reemplazo del  fallo  impugnado,  una  sentencia  donde  se EXONERE DE RESPONSABILIDAD PENAL, a  Camilo  Mosquera  Querubín,  en referencia a la duda que se presenta en torno a  la  actuación  o realización por parte del condenado de una actuación típica  antijurídica   (sic)  y  culpable»24.   

CONSIDERACIONES  

1. Con la expedición de la Ley 906 de 2004,  los  propósitos  del  medio  de  impugnación  extraordinario  adquirieron  una  connotación  relevante,  a tal punto que no  serán  seleccionadas  las demandas en las que se constate falta  de  interés  por  parte  del  actor,  ausencia  de  desarrollo  de los cargos o  «cuando  de su contexto se advierta fundadamente que  no   se   precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso»      (artículo     184     ejusdem).   

Bajo  ese  contexto, es indispensable que el  impugnante  haga  saber  a la Corte cuál es el propósito que, en los términos  del  precepto  180  ibidem,  pretende  alcanzar,  esto es: la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías, la reparación de los agravios inferidos a su representado o la  unificación de la jurisprudencia.   

Para  tales  efectos,  no  basta señalar el  derecho   o   la  garantía  desconocidos,  o  indicar  la  ofensa  sufrida,  es  indefectible  explicar cómo  ocurrió  la  violación  o  el  ultraje y,  si  lo  buscado  es la unificación de jurisprudencia, enseñar el  tema  respecto  del  cual se hace necesario el pronunciamiento y cuáles son las  posturas  disímiles o contradictorias que requieren ser precisadas o, de ser un  tema  no abordado con anterioridad, hacer tal salvedad revelando con claridad su  relevancia  no  solo  para  resolver  el caso concreto sino para la comunidad en  general.   

El  libelista  olvidó tal requerimiento. La  única  mención  que  al respecto hizo fue afirmar que quería justicia, habida  cuenta  que  su prohijado es inocente, pero no sustentó tal aserto. No explicó  y  menos  demostró  cómo  los  falladores  violentaron  esa garantía y cómo,  entonces, se hacía imperioso su restablecimiento por la Corte.   

2. Aun de pasar por alto tal desacierto, las  ostensibles  fallas  formales  y sustanciales de la demanda impiden darle curso.  Obsérvese:   

2.1. En primer lugar, llama la atención que  el  actor  no  atendió  los  hechos  penalmente  relevantes  para  proferir  la  sentencia,  sino  que  hizo  una  narración  en  la que creó, a su acomodo, el  acontecer  fáctico  y  el  procesal,  faltando  así  a  la  objetividad,  para  presentar una realidad acomodada y fragmentada.   

2.2. En segundo término, pasó por alto las  exigencias    mínimas    en    la    propuesta    de   los   cargos,  pues  ignoró  que  las  críticas  por  nulidad  y  por  violación directa son excluyentes entre sí, habida cuenta que  esta  última,  en  contravía  con la primera, implica total aceptación de los  hechos  y  de  las pruebas en la forma en que fueron declarados y apreciadas por  el  Tribunal. Por consiguiente, le correspondía plantearlas de manera principal  y      subsidiaria,      dependiendo     de     sus     pretensiones.   

2.3. De otro lado, su libelo es abiertamente  desordenado  y  confuso,  lo  que  impide  entender  la  falencia  judicial y su  trascendencia en el caso concreto.   

La  jurisprudencia  ha  sido  consistente en  sostener  que  la demanda no puede consistir en un escrito de libre confección,  en  el  que  de  forma  atropellada,  deshilvanada y vaga se hagan toda clase de  reparos  sin técnica ni controversia jurídica alguna, con la única intención  de lograr imponer el criterio propio sobre el del Tribunal.   

Al  actor  le  compete  detectar  la  falla  judicial  a  denunciar,  luego  analizar,  con  especial  cuidado,  el motivo de  casación  a  cuyo  amparo  propondrá  la  crítica,  exhibir, de manera clara,  precisa  y  lógica,  sus  fundamentos  y,  finalmente, revelar su trascendencia  frente    a    la    decisión    que   objeta,   esto   es,   cómo,  de  no  haber  recaído en el error, el  sentido  de  la  sentencia  sería  distinto  y  favorable a los intereses de su  cliente.   

En esta ocasión, pese a que en el relato que  se  hizo  del  libelo,  la  Corte  adujo  la formulación de dos cargos, importa  destacar  que  con  tal  especificidad  no fueron presentados por el actor, pues  éste,  inicialmente, aseveró  controvertir  la  providencia con apoyo en dos causales de casación, tanto así  que  reprodujo  los  contenidos de los numerales primero y segundo del artículo  181  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  seguidos  de una escueta  exposición,  pero,  al  final  de  su  discurso,  manifestó  invocar un único  motivo,  lo  que  denota  desconocimiento  del  rigor  jurídico y argumentativo  mínimo para una adecuada postulación.   

2.4. En lo que podría llamarse primer  cargo,  por  violación  directa,  cómodamente   emerge   la   desatención,   por   parte  del  jurista,  de  los  requerimientos    exigidos    por    la    jurisprudencia   para   un   adecuado  planteamiento.   

En  efecto,  cuando se elige este sendero de  ataque  (numeral 1 del artículo 181 del Código de Procedimiento Penal de 2004)  el  impugnante  debe  ser  claro en señalar si el error tuvo lugar (i)  por  falta  de          aplicación,          (ii)        por        interpretación  errónea, o (iii)        por       aplicación  indebida  de  una  norma del  bloque  de constitucionalidad, de la Carta Política o de la ley que sea llamada  a regular el caso.   

Así  mismo,  ha  de  tener en cuenta que la  falta  de  aplicación surge  cuando  el  juzgador  reconoce  una  situación  de  hecho  pero  no  asigna  la  consecuencia  en  el  derecho,  de modo que deja de aplicar la norma que rige el  asunto,  ya  sea  porque  la  olvida,  la  desconoce,  la  tiene  por derogada o  inexequible    o   simplemente   no   es   de   su   recibo.   La   indebida  aplicación  tiene lugar cuando  el  juez se equivoca en el proceso de adecuación típica, esto es, entre varias  disposiciones  válidas  escoge aquella que no corresponde al caso; y, si lo que  refuta  es  la  interpretación  errónea,  debe  aceptar como correcta la selección que de la norma hizo el  sentenciador,  pues la discusión está en cómo, al interpretarla, le atribuyó  un  sentido  que  no  tiene  o  le  asignó  efectos distintos o contrarios a su  contenido.   

Adicionalmente,  le asiste la obligación de  aceptar  la  valoración  probatoria y los hechos en los términos en que fueron  consignados  por  el  fallador, en cuanto la discusión se centra en aspectos de  puro derecho.   

Basta  una  simple mirada a la demanda para  advertir que el censor no procedió conforme a lo expuesto.   

Inició  su  discurso  reparando  en que el  informe   de   policía   falta   a   la   verdad  y  que  los  testimonios  son  contradictorios,  aspectos  que  permiten evidenciar su total descontento con la  situación    fáctica   declarada   por   ad   quem  y  con  la  forma  en  que  se apreciaron las pruebas.   

De  otra  parte, ignorando la vía elegida,  amonestó  a  la  colegiatura porque, supuestamente, ignoró algunos elementos y  evidencias  físicas.  Por  manera  que  si  se  encontraba en desacuerdo con el  análisis  que de las pruebas hizo el fallador, ha debido proponer sus reproches  al  amparo  de  la  causal  tercera de casación -violación indirecta de la ley  sustancial-,  especificando  si  la  infracción acaeció por un falso juicio de  existencia,  uno  de  identidad  o  uno de raciocinio. La simple oposición a la  valoración  realizada  por el sentenciador y a las inferencias extraídas no es  susceptible  de constituir cargo en casación, salvo que el impugnante demuestre  que  se ignoraron las reglas de la sana crítica, lo que le impone indicar cuál  fue  la  máxima  de  experiencia,  de  la  lógica  o  la  ley  de  la  ciencia  desconocidas.   

Nada  de  ello hizo el defensor.   

Sin  decirlo expresamente, el letrado quiso  delatar  un  falso  juicio  de  existencia  por  omisión, al sostener que no se  tuvieron  en cuenta los testigos de descargo ni una confesión del menor ante el  ICBF,  sin  embargo, no dijo quiénes eran aquellos, tampoco cuál fue su relato  y  menos  cómo  su  contenido  habría  conducido  a  una  conclusión judicial  distinta a la plasmada en la sentencia de la cual discrepa.   

Es más, en los fallos de instancia se dejó  claro  que  tales  declaraciones fueron apreciadas, solo que no lograron derruir  la    teoría   de   la   Fiscalía,   por   resultar,   algunas,   «inverosímiles»25,  otras, entre ellas las del  adolescente,  contradictorias,  y las restantes no dan cuenta de la forma en que  se      halló      el      material     bélico26.   

El  abogado trajo a colación el nombre del  testigo  Edison  Patiño  Salamanca,  para  aseverar que de sus dichos emerge la  duda.  Sin  embargo, no reveló el contenido de su testimonio y tampoco expresó  cómo  los  demás elementos probatorios resultan insuficientes para sostener la  condena.   

Con  todo,  vale  acotar  que  el  Tribunal  reconoció  algunas  refutaciones en los relatos de los policías, empero, adujo  que  ellas  no  eran  sustanciales,  toda  vez  que  las  narraciones encuentran  «respaldo probatorio en otros elementos documentales  aportados  a la actuación y demás testigos de cargo, con los que efectivamente  se  corroboran  circunstancias  anteriores  a la persecución y posteriores a la  captura,  como  lo  pone  de presente la a quo en el fallo atacado»27.   

2.5. En la segunda  crítica,  apoyada  en  la  causal segunda28,    el  demandante  no  señaló  cuál es la irregularidad advertida y menos si ella es  de estructura o de garantía.   

En este tipo de censuras se exige demostrar  que  se  lesionó  el  debido  proceso, ya sea por afectación de su estructura,  esto  es,  de alguna de las actuaciones concatenadas, sucesivas y armónicas que  lo  componen;  o  porque  se  desconoció  una  garantía,  con  la  consecuente  comprobación  de  la  trascendencia de la anomalía, de modo que si no se sanea  es  totalmente  inviable  mantenerlo incólume. En cualquier caso, es importante  indicar  la  fase desde la cual debe retrotraerse la actuación para remediar el  defecto.   

El  jurista  no  siguió  los  parámetros  descritos  y  solo  hizo  explícito  su  desacuerdo  porque, según dijo, no se  llegó  al  grado  de  certeza  necesario para declarar la responsabilidad de su  prohijado. Tal crítica escapa a esta causal de casación.   

Ahora, teniendo en cuenta que su descontento  parece  residir  en  la  valoración  probatoria,  lo  correcto era –insiste la Sala- formular el cargo por  la  senda  de  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, toda vez que la  presunción  de  inocencia, salvo que se haya reconocido en la sentencia y no se  le  haya  otorgado  la correspondiente consecuencia jurídica, es demandable por  la    causal    tercera.   

El  letrado  no  procedió  así  y ningún  argumento,  orientado  a sustentar sus manifestaciones, esbozó, lo que impide a  la Corte comprender el desatino judicial.   

Las   precedentes   consideraciones   son  suficientes  para  inadmitir  el  libelo  y la Sala ha revisado íntegramente la  actuación  y  no ha encontrado causales de nulidad ni flagrantes violaciones de  derechos  fundamentales,  razón  por  la  cual  no  puede penetrar al fondo del  asunto oficiosamente.   

3.  Al amparo del artículo 184 del Código  de  Procedimiento  Penal de 2004, es procedente la insistencia, cuyas reglas, en  ausencia  de  disposición legal, han sido definidas por esta Sala desde el año  2005,  en  CSJ  AP,  12  dic.  2005,  rad.  24322,  y  precisadas  luego  en CSJ  AP3481-201429.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR  la   demanda   de   casación   presentada   por   la  defensa  de  Camilo   Mosquera   Querubín   contra  la  sentencia  proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial de Medellín.   

Segundo.  Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Se  corrige    el    año    porque    el    Tribunal,    equívocamente, refirió el 2015.   

2 Acta  y  disco  compacto  visibles  a  folios  3 y 151, respectivamente, de la carpeta  principal.   

3 Folio  9 de la carpeta de sustitución de medida “Apelación”.   

4 Folio  17 Id.   

5 Acta  y  disco  compacto  visibles  a  folios  3 y 151, respectivamente, de la carpeta  principal.   

6  Folios 16 a 23 de la carpeta principal.   

7  Folios  63  y  64  Id.  Esa  audiencia  se  instaló  el  11  de  abril de 2014, sesión en la que la defensa  recusó   a   la   Juez   (folio  49  Id.),  sin  embargo,  el  Tribunal Superior de Medellín, en proveído  del  12  de  mayo de esa anualidad, declaró no probada la causal aducida (folio  56 a 59 Id.)   

8  Folios 65 a 67 de la carpeta principal.   

9  Folios 79 a 81 Id.   

10  Folio 85 Id.   

11  Folio 103 Id.   

12  Folio 104 Id.   

13  Descartó circunstancias de mayor punibilidad.   

14  Folios 107 a 125 de la carpeta principal.   

15  Folios 167 a 176 Id.   

16  Folio 184 Id.   

17  Como  aducir  que  se acomodaron a los intereses de la  fiscalía    y    la   Juez   a   quo   desestimó    las    de    descargo    (folio    186   Id.).   

18  Folio 187 Id.   

19  Id.   

20  Id.   

21  Id.   

22  Id.   

23  Folio 188 Id.   

24  Folio 189 Id.   

25  Página 15 del fallo del Tribunal.   

26  Páginas 15, 17 y 18 del fallo.   

27  Página 13 del fallo de segunda instancia.   

28  «Desconocimiento  del debido proceso por afectación  sustancial  de  su  estructura  o  de  la  garantía  debida a cualquiera de las  partes».   

29  Radicado 42597.     

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