AP4142-2016(48133)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP4142-2016  

Radicación N° 48.133  

(Aprobado acta N° 194)  

Bogotá, D. C., veintinueve (29) de junio de  dos mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Edwin   Fernando   Gutiérrez   Torres  y  Rubén  Darío Sabogal Mateus  contra  la  sentencia del 14 de marzo de 2016, de la Sala de Decisión Penal del  Tribunal  Superior  de  Bogotá, que confirmó la proferida el 10 de febrero del  mismo  año  por  el Juzgado 33 Penal del Circuito con funciones de conocimiento  de  la  capital,  mediante  la  cual  los  condenó  por el delito de extorsión  agravada, en grado de tentativa.   

HECHOS     Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal en los siguientes términos:   

Los hechos ocurrieron el 14 de marzo de 2014,  en    la    carrera   27   sur   Nro.   15A-39   [de  Bogotá],   cuando   JEREMÍAS   ORTIZ   ORTIZ   fue  interceptado  en  la  puerta  de  su  local  comercial por varios sujetos que se  movilizaban  en dos camionetas, quienes llegaron armados y se identificaron como  miembros  de  las  Autodefensas  requiriendo  el pago de cien millones de pesos,  bajo  amenazas  de  muerte;  sin  embargo,  cuando  procedían  a llevarlo a una  cafetería   cercana   al   lugar   hizo  presencia  la  policía,  evitando  la  consumación          del          ilícito1.   

2.  El  15 de marzo de 2014, ante el Juez 47  Penal  Municipal  con  funciones  de control de garantías de Bogotá,  por  solicitud  de  la Fiscalía 228 Local, se celebraron las audiencias preliminares  concentradas  de legalización de captura en flagrancia; incautación, con fines  de  comiso,  de  los vehículos de placas EWT839 y ZIR707 y de un arma de fuego;  formulación  de  imputación  contra  Edwin  Fernando  Gutiérrez  Torres, Eddie Sinisterra Paz y Rubén   Darío   Sabogal   Mateus   como  presuntos  autores  responsables  del  delito de extorsión agravada (artículos  244  y  245.3  del  Código  Penal)  -cargo  que no aceptaron-, e imposición de  medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva   en  establecimiento  carcelario2.     

3. El 9 de junio de ese año se presentó el  escrito  de  acusación con la modificación consistente en endilgar la referida  conducta      en      grado     de     tentativa3.   

4.   La  audiencia  de  formulación  oral  respectiva  se  llevó  a  cabo el 25 de julio siguiente, bajo la dirección del  Juez   33   Penal   del   Circuito   con   funciones   de   conocimiento  de  la  capital4.     

5.  El  14  de  enero  de 2015 tuvo lugar la  audiencia                preparatoria5   y   el   10   de  noviembre  posterior,   cuando   estaba   por   iniciar   el   juicio   oral,  Edwin   Fernando   Gutiérrez   Torres  y  Rubén  Darío Sabogal Mateus  aceptaron  el  cargo  formulado  por la Fiscalía, razón por la que el juzgador  emitió  sentido  del  fallo  condenatorio,  dispuso  la  ruptura  de  la unidad  procesal  respecto  del  otro coprocesado, disponiendo, previa manifestación de  impedimento,  la remisión del proceso a reparto y, por petición de la defensa,  ordenó    la    apertura    anticipada    del    incidente    de    reparación  integral6,  el  cual  se  tramitó  el  20 del mismo mes, llegando al acuerdo  mutuo  de  pagar  la suma de $8.500.000 por concepto de perjuicios causados a la  víctima7,  los  que  efectivamente  fueron  satisfechos como lo acreditó el  defensor  en  la  sesión  del  14  de enero de 20168.   

6. En la última fecha mencionada se celebró  la  audiencia  de individualización de pena de que trata el artículo 447 de la  Ley  906 de 20049.   

7.  Mediante  sentencia  del  10  de febrero  hogaño,  el  Juez  de  conocimiento  condenó  a Edwin  Fernando         Gutiérrez        Torres  y  Rubén  Darío   Sabogal   Mateus,   en  calidad  de  autores  responsables  del  injusto  de extorsión agravada, en grado de tentativa, a las  penas  principales  de  treinta  y  seis  (36)  meses  de prisión y setecientos  cincuenta  (750)  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual término de la sanción privativa de la libertad. Además,  les  negó  la suspensión condicional de la ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria10.   

8.  Recurrido el fallo por la defensa, el 29  de   igual  mes  fue  anulado  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá11.  No  obstante,  esta decisión fue revocada el 9 de marzo ulterior  al  desatar  la reposición formulada por la defensa, teniendo en consideración  que  ninguno  de  los  motivos  aducidos por la colegiatura en la determinación  acusada  generaba  el  remedio extremo de la nulidad12.   

9.  En  consecuencia,  el  14 de ese mes, el  ad   quem   confirmó  la  providencia       objeto       de       alzada13.   

10.  La  defensa  interpuso oportunamente el  recurso      extraordinario     de     casación14   y   presentó  el  libelo  correspondiente15.   

LA DEMANDA  

Tras  identificar  a  las  partes, el censor  sintetiza  los  hechos y la actuación procesal y al amparo de la causal primera  del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, postula la violación directa de la  ley  sustancial  «por  aplicación  indebida  y  por  interpretación  errónea del artículo 63 del código (sic) Penal norma llamada  a   regular   el   caso»16.   

En  el  único cargo propuesto, el libelista  precisa  que éste no girará en torno a los hechos o las pruebas, sino respecto  a  «la  falta de aplicación del numeral tercero del  artículo    3ro    de    la   ley   (sic)   599   del   200   (sic)»17.   

A  continuación,  reproduce el canon 63 del  Estatuto  Penal  Sustantivo, y recuerda que las instancias dejaron de aplicarlo,  en  particular,  su  numeral  3º,  cuando  aludieron a la expresa prohibición,  consagrada  en  el artículo 68A de la Ley 1709 de 2014, de otorgar beneficios o  sustitutos  en tratándose del delito de extorsión por el que se condenó a los  acusados.   

A juicio del impugnante, a pesar del numeral  2º  del  referido precepto 63 y de que el punible de extorsión esté enlistado  entre  los  que  no  admiten  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  es  posible  acceder  a ella de conformidad con el numeral 3º que indica  que  «[s]i  la  persona condenada tiene antecedentes  penales  por  delito  doloso  dentro  de los cinco (5) años anteriores, el juez  podrá  conceder  la  medida  cuando  los  antecedentes  personales,  sociales y  familiares  del  sentenciado  sean  indicativos  de  que  no existe necesidad de  ejecución de la pena».   

Para    el    censor,    «se  incurre  en  el  yerro de creer que aún que (sic) no exista la  necesidad  de  la  ejecución  de  la  pena,  porque  el  condenado  no necesita  tratamiento  intramural,  este hay que descartarlo, porque hay un artículo como  el     68ª     (sic)    del    C.P.    que    así    lo    ordena.»18   

Resalta que, en la exposición de motivos de  la  Ley  1709  de 2014, el Ministerio de Justicia señaló que, bajo la idea del  derecho    penal   como   ultima   ratio,  la  privación  intramural  de  la  libertad  debe ser el último  recurso,  de  tal  forma  que  basta cumplir con los requisitos objetivos de ley  para  recobrar  la libertad. Tal postura tenía por propósito la descongestión  del  sistema  carcelario,  humanizar  la situación de los reclusos y limitar la  discrecionalidad  de los jueces que, valiéndose del factor subjetivo, impedían  su otorgamiento.   

Pese   a   ello,   dice,   el   legislador  «incurrió   en   errores   o   yerros»19   inadvertidos   por   las  comisiones  conciliadoras  producto  de  la  contradicción  existente entre los  numerales  2º  y 3º del artículo 63, «por ende tal  como  lo  explico (sic) el H. Tribunal Superior de Bogotá, sala de decisión lo  que  se  tiene  que  hacer  es valorar si objetivamente se cumplen (sic) con los  requisitos  para  el  otorgamiento  de  este instituto, es decir, la suspensión  condicional  de la ejecución de la pena.»20   

A juicio del censor, aunque de forma correcta  el  ad  quem seleccionó el  artículo  63  del  Código  Penal, lo interpretó erróneamente pues le asignó  efectos  distintos a los que surgen del real contenido de su numeral 3º, ya que  sus   asistidos  no  requieren tratamiento penitenciario y, sin embargo, se  los  obliga  a  purgar  la  pena de prisión de manera intramural porque así lo  ordena ley.   

Explica  que, como los procesados carecen de  antecedentes,  «no  se  debe  entrar  a  estudiar el  segundo  aspecto  porque se ha de aplicar en ese evento al (sic) numeral 3ro del  artículo  68A  y  nunca limitado al listado de delitos. Otra posición, como la  asumida  por  el Tribunal, le asigna a la norma un contenido que no tiene porque  incluye  en  la  prohibición  a  quienes  delinquen por primera vez»21.   

Si el juez plural no hubiera incurrido en el  yerro  denunciando,  opina, el mencionado subrogado habría sido concedido a sus  prohijados.   

En  un  acápite  intitulado  «Alcance  de  la impugnación»22, el jurista  dice  pretender  la  unificación  de la jurisprudencia, el restablecimiento del  derecho  material  y el respeto de las garantías debidas a sus asistidos, a los  que   se   les   negó  la  condena  de  ejecución  condicional  «por  una  aplicación indebida e interpretación errónea de la Ley  1709  de  2014, cuando la mencionada ley, a pesar de tener un listado de delitos  qua  (sic)  los  cuales  en  principio  no  se  les otorgaría la aplicación de  beneficios  o  sustitutos  esta  misma  ley,  introdujo  que  cuando el operador  judicial,   observe  que  a  los  condenados  no  es  necesaria  la  aplicación  intramural  de  la  condena,  es  procedente  el  otorgamiento de la suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena»23.   

Solicita admitir la demanda, revocar y casar  el  fallo impugnado y emitir otro de carácter sustitutivo que les conceda a sus  representados el subrogado reclamado.   

CONSIDERACIONES  

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º  del  canon  184  ejusdem  fijó  las  reglas  mínimas de  admisión  de  la correspondiente demanda, estableciendo que no se seleccionará  aquella  en la que i) el impugnante carezca de interés para acceder al recurso,  ii)  no  se  invoque  la causal conforme a la cual se edifica el reproche de las  contempladas  en el precepto  181  ibidem, iii) se omita  desarrollar  los cargos correspondientes o, iv) fundadamente se logre establecer  que  no se requiere de la sentencia para cumplir las finalidades previstas en el  aludido  artículo  180;  lo  anterior,  salvo  que  alguno  de esos propósitos  permita  superar  los  defectos  técnicos  que  exhiba  el  libelo y decidir de  fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que,   dicho   escrito   debe   ser  íntegro  en  su  formulación,  suficiente  en  su  desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal  suerte  que  ha  de  estar  soportado  en  los  principios  que rigen el recurso  extraordinario,  en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación  debida,  prioridad, no contradicción, corrección material, crítica vinculante  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar  a  la manera de un alegato de  instancia.  La  proposición de los cargos exige escoger adecuadamente la causal  y  el  sentido  de  la  violación  y,  concretar  el  disenso  en  términos de  trascendencia.   

2.  La  demanda  que  nos ocupa omitió  la  ineludible labor de señalar razonadamente cuál es la  finalidad  concreta  de  la  impugnación,  de aquellas descritas en el referido  canon  180,  puesto  que  tal  presupuesto  no  se  suple  con  su   sola   mención.  Así,  con  independencia  de los argumentos empleados para fundamentar la  censura,  si  el libelista pretendía la unificación  de  la  jurisprudencia  estaba obligado a señalar las  decisiones   de  la  Corte  enfrentadas  en   torno   a  idéntico  aspecto  jurídico  que  ameritan una única solución y,  la forma en  que     ello    debía  definirse; si lo procurado  era         salvaguardar        las          garantías          esenciales           debidas   a   sus   procurados   ha  debido especificar cuál de ellas ha sido lesionada   y  si  se  buscaba  el  restablecimiento  del  derecho  material  le  compelía  clarificar  la  razón por la que dicha  prerrogativa  resultó  amenazada  o  conculcada  y la forma de restituirla a su  estado original.   

Si ello es así, ninguna argumentación por  fuera  de los estándares normativos del anotado canon  180,  se  adecua  al propósito de habilitar en favor  del procesado el recurso de casación.    

Por   lo   demás,   el  jurista  tampoco  satisfizo   los  requisitos  mínimos  que  exige  el  precepto  184  para  su  admisión  y,  por  lo  tanto,  el  libelo no puede ser  seleccionado. Las razones son las siguientes:   

2.1.  Recuérdese  que, cuando se intenta la  postulación  de  la  censura  por  la  ruta  de la violación directa de la ley  sustancial,  el  actor  debe  hacer  completa  abstracción  de  lo  fáctico  y  probatorio  y,  en  ese  sentido,  admitir  los  hechos y la apreciación de los  medios  de  convicción  fijados  por  los  sentenciadores, de manera tal que le  corresponde  desarrollar  el  reproche  a  partir  de un ejercicio estrictamente  jurídico,  en  el  que establezca la vulneración de la disposición en el caso  concreto,  por  medio  de  cualquiera de las tres modalidades de error: falta de  aplicación,  aplicación  indebida  o interpretación errónea y, seguidamente,  demuestre    la    trascendencia    del   yerro   de   cara   a   la   decisión  impugnada.   

Mientras  que  la falta de aplicación opera  cuando  el  juzgador  deja  de  emplear  el  precepto  que  regula el asunto, la  aplicación  indebida,  deviene  de  la  errada elección por el fallador de una  disposición  que  no  se ajusta al caso, con la consecuente inaplicación de la  que  recoge de forma correcta el supuesto fáctico. La interpretación errónea,  en  cambio,  parte  de  la  acertada  selección de la norma aplicable al asunto  debatido,  pero  conlleva  un  entendimiento equivocado de la misma, que le hace  producir efectos jurídicos que no emanan de su contenido.   

2.2.  En  el asunto de la especie, el censor  vulnera,  con suficiencia, los principios de no contradicción y claridad porque  al  tiempo  que afirma que el Tribunal seleccionó correctamente el artículo 63  del  Código  Penal  -con la modificación introducida por la Ley 1709 de 2014-,  pero  lo  interpretó  de manera errada, en otros apartes del libelo asevera que  dicha    norma    no    fue    aplicada   cuando   debió   serlo   –particularmente  su  numeral  3º-  y,  luego,  también  dice,  sin embargo, que sí se aplicó de manera indebida y se  interpretó  equívocamente,  proposición  esta  que,  a su turno, contrae otra  nueva  divergencia  argumentativa pues, no puede sostenerse válidamente que una  disposición   no   es   la  que  rige  el  asunto  y  simultáneamente  que  su  hermenéutica  fue  errada,  pues  esto  demandaría  aceptar  que  el  precepto  seleccionado  sí  regía  el  diligenciamiento  pero  fue  mal entendido por la  judicatura.   

La confusión del libelista no termina aquí,  ya  que  con  el  propósito  de  reprobar  que los juzgadores se valieran de la  prohibición  descrita  en  el  numeral  2º  del  canon  63 actual, respecto de  algunos  punibles  como  el  de extorsión tentada, para negarles la suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena, intenta sobreponer una hermenéutica  del  todo  sofística  que  vincula  un  fragmento normativo del numeral 3º del  mismo  artículo,  referido  a  la  valoración  de los antecedentes personales,  sociales   y   familiares   del   sentenciado,  cuando  quiera  que  este  tiene  antecedentes  penales, a efecto de hacer nugatorios los efectos de la mencionada  restricción definida en el numeral 2º para el no reincidente.   

En efecto, partiendo de que sus representados  satisfacen     el     criterio     objetivo     relativo     al     quantum  punitivo inferior a cuatro años  y  carecen de antecedentes penales, el letrado es de la idea que la prohibición  de  conceder el subrogado, con ocasión de la condena por el reato de extorsión  agravada,  en  grado  de tentativa, no aplica en este caso, porque el inciso 3º  de   esa  disposición,  modificado  por  la  Ley  1709  de  2014,  señala  que  «[s]i   la  persona  condenada  tiene  antecedentes  penales  por  delito  doloso  dentro  de los cinco (5) años anteriores, el juez  podrá  conceder  la  medida  cuando  los  antecedentes  personales,  sociales y  familiares  del  sentenciado  sean  indicativos  de  que  no existe necesidad de  ejecución de la pena.»   

Tal  propuesta no solo se presenta al margen  de  los  razonamientos de los falladores, para quienes la prohibición legal del  inciso  2º  del precepto 68A impide la concesión de la suspensión condicional  de  la  ejecución de la pena en todos los casos en que esté involucrado alguno  de  los delitos del catálogo de conductas allí mencionadas, entre ellos, el de  extorsión,  sino  que  resulta desafortunada desde su propia concepción, en la  medida  que  es  el  mismo  numeral  3º  -también  su  parágrafo, introducido  mediante  el  canon  32  de  la Ley 1709 de 2014- el que obliga a la valoración  adicional  de  las  condiciones  particulares  del sujeto condenado sólo cuando  éste  tiene  antecedentes  penales  por  delito  doloso  dentro  de los 5 años  anteriores,  lo  que  no exonera, de ningún modo, la verificación de los otros  supuestos,      es     decir,     el     requisito     objetivo     –pena  impuesta  de  prisión  que  no  exceda  de  4  años-  y  que  la  infracción  penal no esté contemplada en el  referido listado del numeral 2º del canon 68A.   

Así mismo, de cara a la acreditación de la  transcendencia,  el  censor  concluye  que  el  internamiento  intramural  es el  último  recurso  que  debe  ser  aplicado a sus mandantes, máxime cuando no se  aviene  a  los  nuevos  criterios  penitenciarios. Sin embargo, esta tesis no va  mucho  más  allá  de  una  simple  conjetura  que no tiene nada que ver con la  demostración  objetiva  del  yerro  demandado,  en la medida que si bien la Ley  1709  de  2014  responde  a  ciertos  parámetros de flexibilidad carcelaria, no  acabó  con  los  institutos  de  la  prisión  domiciliaria  y  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  sino  que matizó los requisitos  objetivos  y  subjetivos  de  una  y  otro,  atendiendo la existencia de algunas  conductas  punibles  que en el criterio del legislador merecen un mayor reproche  jurídico penal.   

Al  respecto, oportuno se ofrece reiterar la  interpretación  que  respecto  de  las  normas en comento ha venido haciendo la  Corte        (CSJ       AP3358-2015):   

1.  Como  se  observa, el segundo inciso del  último  precepto  citado [artículo 68A] expresamente  excluye la concesión de toda clase de beneficios y de  subrogados   penales,   salvo   los   que  deriven  de  las  formas  legales  de  colaboración  efectiva,  en  relación a una serie de conductas punibles, entre  las  cuales se encuentra la de Tráfico, fabricación y porte de estupefacientes  [también la de extorsión].  De  esa  manera,  emerge  diáfana  la  restricción  legal  a  partir del tenor  literal.   

2.  Además,  desde  el  punto  de  vista  estrictamente  gramatical es incorrecto afirmar, como lo hace el demandante, que  la  expresión  “hayan  sido” contenida en el párrafo 2º del artículo 68A  sea  una forma verbal en pretérito perfecto simple, es decir, que unívocamente  indique  un tiempo pasado. Por el contrario, es un pretérito perfecto compuesto  de  subjuntivo  que  admite  la  interpretación  retrospectiva pero también la  prospectiva.  Obsérvese  que  en el mismo artículo, cuando se utiliza “hayan  sido”  en  dimensión  retrospectiva  (inciso  1º),  se le ata a la locución  preposicional    “dentro   de”   y   al   adjetivo   “anteriores”,   que  inexorablemente   remiten   al   pasado,   lo   que  no  ocurre  en  el  segundo  inciso.   

3.  La  prohibición contenida en el inciso  normativo   analizado   se   refiere  a  los  delitos  objeto  de  la  sentencia  condenatoria  en  el  proceso  actual  y  no  a los que constituyan antecedentes  penales,  pues  en  relación  a  éstos  últimos la exclusión ya se encuentra  contemplada  en  el  inciso 1º del artículo 68A sustantivo cuando se refiere a  condenas   por   delitos   dolosos   dentro  de  los  5  años  anteriores.  Una  interpretación  diferente  tornaría  en  repetitivo  y,  por  ende, inútil el  segundo  párrafo  de la norma en cita, por lo que sería el entendimiento menos  racional.   

4.   El   artículo  68A  original  sobre  “Exclusión  de  beneficios y subrogados” fue introducido por la Ley 1142 de  2007  y  su presupuesto exclusivo era la reincidencia, tal y como lo declaró la  Corte  Constitucional  en la sentencia C-425 de 2008. Luego, la Ley 1474 de 2011  incluyó  un  criterio  restrictor adicional al de la existencia de antecedentes  penales:  la  naturaleza del delito objeto de sanción. De esa manera, una serie  de  conductas  ilícitas  especialmente  desvaloradas fueron definidas por dicho  estatuto  como  excluidas  de sustitutos de la pena de prisión y la misma senda  siguieron,   ampliando   el  catálogo,  las  leyes  1453  de  2011  y  1709  de  2014.   

5.  Si  bien uno de los objetivos de la Ley  1709  de 2014 fue el de que se utilizaran las “penas intramurales como último  recurso”,  tal  y  como  lo  advirtió  la entonces Ministra de Justicia y del  Derecho  en  la  exposición  de  motivos  ante la Cámara de Representantes, en  virtud  de  lo cual se propuso y aprobó la eliminación de criterios subjetivos  para  la  concesión de subrogados penales en determinadas circunstancias; ha de  recordarse  que  el segundo inciso del artículo 68A que excluye esa posibilidad  frente  a  determinados  delitos,  fue  adoptado  y  desarrollado  por estatutos  legales  que  respondían, por el contrario, a la necesidad de fortalecer, entre  otros,  los  mecanismos  judiciales  de  lucha  contra  determinadas  formas  de  comportamientos  criminales  (la  corrupción  en  la Ley 1474 y la delincuencia  común en la Ley 1453, ambas de 2011).   

6.   Por   último,   la  interpretación  sistemática  de  los  artículos  63  y  68A  (parágrafo 2º) del C.P. permite  colegir,   sin   dificultad  alguna,  que  las  hipótesis  en  que  procede  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena son las siguientes: a) Que  la  persona  sea  condenada a pena inferior a 4 años de prisión, por un delito  diferente  a  los  excluidos  y  no  tenga antecedentes; y b) Que la persona sea  condenada  a igual pena, tiene antecedentes dentro de los 5 años anteriores por  delitos  dolosos  diferentes a los excluidos, y no es necesaria la ejecución de  la pena según la valoración que realice el juez.   

En este punto, es necesario puntualizar que,  si  bien  la decisión en cita no precisa, frente al evento enlistado como b) en  esa  providencia,  que  la prohibición del numeral 2º del artículo 68A, opera  por  igual  para  quienes tienen o no antecedentes penales, es claro que esto es  así  porque  dicho  precepto  no  hace  diferencia  alguna  entre  unos y otros  condenados,  y la intención del legislador del 2014 fue reiterar la idea que ya  había  hecho  curso en legislaciones precedentes de restringir la concesión de  los  subrogados  y  demás beneficios a los reincidentes pero también a los que  hubieren    ejecutado    delitos   de   connotado   reproche   socio   jurídico  penal24.   

En   el   asunto  examinado,  aunque  los  procesados  fueron  condenados a una pena de 36 meses, la cual es inferior a los  4  años  de  que habla el numeral 1º del artículo 63 y no tienen antecedentes  como  lo  demanda  el primer presupuesto inscrito en el numeral 2º ejusdem, no cumplen con la segunda de las  condiciones  descritas  en ese mismo numeral, esto es, que no se trate de uno de  los  delitos  contenidos el inciso 2º del canon 68A del Código Penal, pues, el  punible  de  extorsión,  está  expresamente  consagrado en esta norma, sin que  quepa   la   verificación  de  los  antecedentes  de  todo  orden  –personales,  sociales  y  familiares-  estipulado,     se     insiste,     por    disposición    legal    –numeral   3º   del   precepto  63  y  parágrafo  2º  de  la  disposición 68A-, únicamente para los reincidentes en  conductas delictivas, que no es el caso.   

En  efecto,  no  es  como  lo  sostiene  el  libelista,   que   es   la   misma  Ley  1709  de  2014  la  que  «a  pesar de tener un listado de delitos [a] los cuales en principio  no  se les otorgaría la aplicación de beneficios o sustitutos (…), introdujo  que  cuando  el  operador judicial, observe que a los condenados no es necesaria  la  aplicación  intramural  de  la condena, es procedente el otorgamiento de la  suspensión    condicional    de    la   ejecución   de   la   pena»25, pues, tal postura obedece a  una  intelección  desarticulada  de  la  norma  que  desborda  su  sentido más  auténtico,  el  cual, en este evento, viene siendo el literal -por no ofrecerse  oscuro   a   voces   del   canon  artículo  27  del  Código  Civil26-,  habida  cuenta  que  lo que reza el parágrafo 2º del artículo 68A es que lo dispuesto  en    el    primer    inciso    de    la   mentada   disposición   –en   el  sentido  que  «[n]o  se concederán la suspensión condicional de la ejecución de  la  pena;  la  prisión  domiciliaria como sustitutiva de la prisión; ni habrá  lugar  a ningún otro beneficio, judicial o administrativo, salvo los beneficios  por  colaboración  regulados  por la ley, siempre que esta sea efectiva, cuando  la  persona  haya sido condenada por delito doloso dentro de los cinco (5) años  anteriores»-,   «no  se  aplicará  respecto  de  la  suspensión de la ejecución de la pena, cuando los  antecedentes  personales,  sociales  y  familiares  sean  indicativos  de que no  existe    la    posibilidad    de   la   ejecución   de   la   pena».   

Como  se  ve,  la referencia de la Ley 1709  –parágrafo   2º   del  artículo  32  que  incorporó  el  68A  al  Código  Penal- a la posibilidad de  evaluar  que el condenado no requiere la ejecución de la pena con fundamento en  los  antecedentes personales, sociales y familiares opera exclusivamente para el  que   tenga   antecedentes   penales,  supuesto  que  no  satisfacen  los  aquí  procesados, quienes carecen de ellos.   

Así  las  cosas,  no  es  posible, como lo  propone  el  letrado,  integrar  o  conformar  una  norma  a  la  medida  de las  necesidades  de sus asistidos que, vulnerando el principio de legalidad, excluya  uno  de  los  supuestos  normativos  aplicables  al  caso  dada  la  carencia de  antecedentes  penales  de los acusados –el  consistente  en  analizar  si el tipo penal está inscrito entre  los  que  no  admiten  beneficios  ni  subrogados  (salvo  los  derivados  de la  colaboración  efectiva)  del  numeral  2º  del  artículo 63- para, en cambio,  reemplazarlo  con  el requisito subjetivo previsto como una carga adicional para  quienes sí tienen antecedentes penales.   

En   similar   sentido,  se  expresó  el  Tribunal:   

16. En efecto, contrario a lo señalado por  la  defensa,  la  citada  norma  exige  en  forma  taxativa  que quien aspire al  otorgamiento  de  dicho subrogado, cumplir con todas las exigencias previstas en  la  norma,  por lo que su observancia no es alternativa sino integral, de manera  que  si  uno  solo  de los requisitos no se reúne, ello resulta suficiente para  denegar su concesión, como ocurrió en el presente evento.   

17.  El  legislador  estableció  de manera  inequívoca  que cuando un procesado (i) es condenado a pena de prisión mayor a  los  4  años,  (ii) tiene antecedentes penales y (iii) el delito es de aquellos  previstos  en  el  artículo  68A  del  Código  Penal, no se hace acreedor a la  suspensión  de  la  ejecución  de  la  pena.  En estos supuestos no es posible  acudir     a     consideraciones     de     orden     subjetivo     –como  los  antecedentes  personales  y  familiares-,  para  evaluar el otorgamiento del beneficio porque cada una de las  hipótesis  del  artículo  63  es  independiente,  de  modo  que el alcance y/o  extensión   de   ellas   está   delimitado  por  lo  previsto  en  el  numeral  respectivo.   

18. Los diferentes supuestos regulados en el  artículo  63  ibidem  no  se  pueden entrecruzar o complementar unos con otros,  porque  por  dicha  vía  simplemente  se crean normas terceras, convirtiéndose  así  el  intérprete en legislador ex novo. Una hermenéutica de tal naturaleza  puede  conducir,  por  ejemplo,  a  que  el  requisito de los 4 años de pena de  prisión  desaparezca  y  simplemente se acuda a fundamentos subjetivos, siempre  inseguros y propensos a la arbitrariedad.   

19.  Por  lo expuesto esta Sala no comparte  los  argumentos  de  la defensa para solicitar la concesión del beneficio de la  suspensión  condicional.  Proceder  de  esa manera no es más que desatender el  tenor  de una norma clara. No es plausible que el intérprete acuda a sofismas o  a  alegar  supuestos  olvidos  del legislador, entre otro, para darle un alcance  arbitrario  a  una  norma.  Una  hermenéutica  de  tal naturaleza, en últimas,  desconoce   el   sentido  claro  y  expreso  de  cualquier  precepto.27   

Dígase, entonces, que el efecto dañino de  la  supuesta  interpretación  errónea  en  la decisión cuestionada no aparece  acreditado  con  suficiencia  por la defensa, amén que una sustentación de una  demanda  de  casación  en  los  términos  en  que  fue concebida, no puede ser  seleccionada  para  su  posterior estudio de fondo, puesto que incumple los más  mínimos presupuestos demostrativos del presunto error.   

Así las cosas,  bajo ningún punto de vista, es posible la admisión del libelo.   

Para  cerrar, la Sala no observa flagrantes  violaciones   de   derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad,  ni  motivos  distintos  al  que  destacará más adelante, que conduzcan a un pronunciamiento  de   fondo   frente   al   expediente   en  razón  de  las  finalidades  de  la  casación.   

3.  Por  último, es indispensable recordar  que  al  amparo  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide  no  darle  curso a una demanda de casación, es procedente la insistencia, cuyas  reglas,  en  ausencia  de disposición legal, fueron definidas por la Sala desde  el   auto  del  12  de  diciembre  de  2005,  radicación  24.322  y  precisadas  recientemente en auto AP-3481-2014.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Edwin   Fernando   Gutiérrez   Torres  y  Rubén  Darío Sabogal Mateus  contra  la  sentencia del 14 de marzo de 2016, de la Sala de Decisión Penal del  Tribunal Superior de Bogotá.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.  folios  38-39  del  cuaderno del Tribunal.   

2  Cfr.  folios  4-5  de  la  carpeta 1 y Cd de las audiencias concentradas.   

3  Cfr.    folios   16-23  ibidem.   

4  Cfr. folio 32 ibidem.   

5  Cfr.    folios   67-75  ibidem.   

6  Cfr.   folios   134-137  ibidem.   

7  Cfr.   folios   140-142  ibidem.   

8  Cfr.   folios   14-152  ibidem.   

9  Cfr.   folios   14-152  ibidem.   

10  Cfr.   folios   151-167  ibidem.   

11  Cfr.  folios  13-23  del  cuaderno     del    Tribunal.     El   ad  quem  consideró  que  el a quo i)  omitió  referirse  de  manera  definitiva  a  los  bienes objeto de comiso, ii)  dispuso  indebidamente la remisión a reparto del proceso tramitado contra Eddie  Sinisterra  Paz,  luego de declararse impedido para conocer de la actuación por  razón  de  la  ruptura  de la unidad procesal sin indicar por qué la sentencia  anticipada  comportaría una valoración que afectara su imparcialidad, iii) dio  inicio  al  incidente  de reparación integral con anticipación a la sentencia,  sin  atender  las  previsiones  del  artículo  102  de la Ley 906 de 2004 y iv)  difirió  la  emisión de la orden de captura al momento en que el fallo quedara  ejecutoriado,       desconociendo       el      canon      450      ejusdem.   

12  Cfr.    folios   24-25  ibidem   

13  Cfr.    folios   38-47  ibidem.   

14  Cfr. folio 49 ibidem.   

15  Cfr.    folios   81-93  ibidem.   

16  Cfr. folio 84 ibidem.   

17  Cfr. folio 85 ibidem.   

18  Cfr. folio 87 ibidem.   

19  Cfr. folio 89 ibidem   

20  Cfr. folio 90 ibidem.   

21  Ibidem.   

22  Cfr. folio 91 ibidem.   

23  Ibidem.   

24 Tal  criterio se aplicó, por ejemplo, en CSJ en SP724-2015.   

25  Cfr. folio 91 ibidem.   

26  Recuérdese   que,   de   acuerdo   con  el  artículo  27  del  Código  Civil:  «Cuando  el  sentido  de  la  ley  sea  claro, no se  desatenderá  su tenor literal a pretexto de consultar su espíritu.»   

27  Cfr.  folios  43-44  del  cuaderno del Tribunal.     

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