AP357-2017(49196)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP357-2017  

Radicación Nº 49196  

(Aprobado mediante Acta No. 17)  

          Bogotá  D.C.,  veinticinco  (25)  de  enero  de  dos mil diecisiete  (2017).   

ASUNTO  

Resuelve  la  Corte  el recurso de apelación  interpuesto  por  la  víctima,  en  contra de la decisión del 20 de octubre de  2016  proferida  por  la  Sala  Única  de  Decisión  del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Arauca, por medio de la cual ordenó la preclusión de la  investigación  adelantada  contra  María  Elena  Torres  Hernández,  por  las  conductas  de prevaricato por acción, fraude procesal,  falsedad  ideológica,  prolongación  ilícita  de  la  privación de libertad,  falsedad  material  en documento público, tortura y cohecho propio e impropio y  contra Jorge Elí Castañeda Coy, Víctor Hugo Hidalgo  Hidalgo,  Daniel  Arturo  Díaz  Jojoa  y  Carlos  Norberto Solano Ardila por el  delito de prevaricato por acción.   

ANTECEDENTES   

El  5  de julio de 2013, Jesús María Pardo  Hernández  instauró  denuncia  penal contra María Elena Torres Hernández, en  su  calidad  de  Juez  Segunda  Promiscuo  Municipal  de  Arauca,  en  tanto que  desarrolló  las  audiencias  preliminares  de 27 y 28 de septiembre de 2011, en  las  que  formularon  imputación  en su contra por el delito de prevaricato por  acción  e  imponiendo  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva en  establecimiento carcelario.   

Señaló  el  denunciante que las conductas  punibles  atribuibles  a  la  Juez  hacen  relación a: prevaricato por acción,  fraude  procesal,  falsedad ideológica, prolongación  ilícita  de la privación de libertad, falsedad material en documento público,  tortura  y  cohecho  propio  e  impropio,  teniendo  en  cuenta  que  la  citada  funcionaria:   

(i)  Manifestó  en  audiencia  que  la  formulación  de  imputación  se realizó de manera formal y legal, sin embargo  el  representante de la fiscalía se restringió a realizar una descripción del  trámite y no una adecuación típica de la supuesta conducta.   

(ii)  Al  imponer medida de aseguramiento de  detención  preventiva  en  establecimiento  carcelario,  la  Juez  se limitó a  “repetir”     la  argumentación del fiscal y del Ministerio Público.   

(iii) Concedió la impugnación y remitió la  actuación  a los Jueces del circuito, decisión que debía ser proferida por la  Sala  de  Decisión  del  Tribunal  Superior de Arauca, atendiendo su calidad de  aforado.   

Por   otra  parte,  frente  a  los  demás  funcionarios  indicó  que incurrieron en el delito de  prevaricato   por   acción,   al   emitir   decisiones   contrarias  a  derecho  desconociendo  su calidad de Juez Único Laboral del Circuito de Arauca, así lo  señaló:   

    

* Jorge  Elí  Castañeda  Coy  -Juez  Primero Promiscuo Municipal de  Arauca-,  mediante  decisión de 4 de noviembre de 2011 negó la sustitución de  la  medida  de  aseguramiento,  asimismo  el  7  de  febrero de 2012 denegó una  solicitud de libertad.     

    

* Daniel  Arturo  Díaz Jojoa -Juez Tercero  Promiscuo Municipal de Arauca -, los días 20 y 26 de  marzo  de  2012, resolvió negativamente dos solicitudes de libertad y concedió  el recurso de impugnación ante los jueces del circuito.     

    

* Víctor  Hugo  Hidalgo  Hidalgo -Juez Segundo Penal del Circuito de  Arauca-,  se  declaró  impedido  de resolver en segunda instancia el recurso de  impugnación  de la medida de aseguramiento (artículo 56 numeral 5º Ley 906 de  20041)   cuando   a  su  juicio,  debió  pronunciarse  respecto  de  su  incompetencia, atendiendo al fuero legal del procesado.     

    

* Carlos  Norberto  Solano  Ardila  –  Juez  Penal  del  Circuito  de  Saravena-,  mediante  providencia  del 24 de octubre de 2011 confirmó la medida  de  aseguramiento  impuesta por el Juzgado Segundo Promiscuo Municipal de Arauca  y  el  2  de  diciembre  de  2011,  revocó la decisión emitida por el juzgador  primario  y, en su lugar le concedió la sustitución de medida de aseguramiento  privativa  de  la libertad en centro carcelario por la detención en su lugar de  residencia.     

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

         

Solicitud    de    preclusión   de   la  Fiscalía.   

La  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Arauca  solicitó en audiencia celebrada el 20 de octubre de 2016,  la    preclusión    de    la   investigación   seguida   contra   María  Elena Torres Hernández, Jorge Elí Castañeda Coy, Víctor  Hugo  Hidalgo Hidalgo, Daniel Arturo Díaz Jojoa y Carlos Norberto Solano Ardila  con  fundamento  en  las  causales  definidas  en  los  numerales 3º y 4° del artículo 332 de la Ley 906 de 2004.   

          Sostuvo   que  en  el  asunto,  no  se  desconoció  la  calidad  de  Juez  que  ostentaba  el  procesado, por cuanto la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de Arauca conoció en la etapa de  investigación  y  el  Tribunal  del  Distrito  Superior  de  esa  ciudad, en el  conocimiento  de  la  actuación,  Corporación  que mediante sentencia de 13 de  febrero  de  2013,  condenó a Pardo Hernández por el delito de prevaricato por  acción,  decisión  confirmada  en  segunda  instancia por la Sala de Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia el 29 de enero de 2014.   

En  lo  atinente a las decisiones proferidas  por  la  Juez  Segunda  Promiscuo Municipal de Arauca con función de control de  garantías,  señaló  que  no  existe  ningún  elemento  de  juicio para poder  predicar  que,  conforme  a  la descripción típica se haya incurrido en delito  alguno,  ello atendiendo a la naturaleza de la formulación de imputación y, en  cuanto  a  la  imposición  de la medida de aseguramiento se definió conforme a  los  parámetros señalados en el Código de Procedimiento Penal, verificando la  construcción   de   inferencia   razonable   de   la   autoría   y  los  fines  constitucionales de la medida.   

          Respecto  de  los  demás  funcionarios vinculados a la denuncia, se  advierte  que  su supuesta infracción se reduce al conocimiento del hecho, pues  a  juicio  del  procesado,  los  funcionarios debían declararse incompetentes y  remitir  la  actuación  al Tribunal Superior del Distrito de Arauca, atendiendo  al  fuero  legal que a su juicio ostentaba, empero, contrario a tal aseveración  se  reiteró  por  la Fiscalía que la impugnación de las decisiones proferidas  por  los  jueces  de  control  de  garantías  son  de  conocimiento  en segunda  instancia  de  los  jueces  del circuito, tal como lo ordena la Ley 906 de 2004.   

Por lo anterior, consideró que no se dan los  requisitos   mínimos para adelantar un juicio en contra de los procesados,  configurándose  la atipicidad del hecho investigado, pues las decisiones fueron  tomadas  bajo  el rigor de la legalidad y la inexistencia del hecho investigado,  respecto  de  las  demás  conductas  punibles señaladas contra la Juez Segunda  Promiscuo Municipal de Arauca.   

DECISIÓN IMPUGNADA  

          El   a   quo  ordenó  la  preclusión  solicitada  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  332  del  estatuto  procesal  punitivo en el numeral 4º “Atipicidad  del  hecho investigado”,  respecto   al   punible   de   prevaricato   por   acción  y  el  numeral   3º   “Inexistencia   del   hecho   investigado”  frente    a    los   demás   delitos   objeto   de  denuncia.   

          La  Sala  Única  de  Decisión  del  Tribunal  Superior   del  Distrito  Judicial de Arauca compartió los argumentos de la Fiscalía, referido  a  que  los indiciados presentaron cada uno en su oportunidad razones jurídicas  sólidas     para    emitir    tales    pronunciamientos,    las    cuales    no  reflejaron  oposición  al  mandato legal como tampoco  fueron   producto   del   capricho   o  arbitrariedad,  resaltando  que  tales  decisiones  fueron objeto de impugnación por parte del  procesado.   

Respecto  de las actuaciones de María Elena  Torres,  en  su  calidad  de  Juez  Segunda  Promiscuo  Municipal  de Arauca con  funciones  de  control  de  garantías,  indicó  que  la  funcionaria  obró de  conformidad  con el mandato establecido–artículo   39   Ley   906   de   20042   

-,   resolviendo   las   solicitudes   de  formulación  de imputación e imposición de medida de aseguramiento atendiendo  a los elementos materiales probatorios evidenciados.   

Aunado   a  ello  indicó  que,  en  tales  diligencias  el procesado estuvo asistido por su defensa técnica y haciendo uso  del   ejercicio  de  su  derecho  impugnó  las  decisiones  proferidas  por  la  juzgadora,  quien  concedió el recurso de apelación siguiendo los lineamientos  legales,  conforme  lo  dispuesto en el numeral 1º del artículo 36 del Código  de  Procedimiento  Penal,  a  los  jueces del circuito, despacho competente para  conocer  en  segunda  instancia  de  los  proveídos  emitidos  por  los  jueces  municipales de control de garantías.   

Con  relación al fuero legal, advirtió que  es  atribuido  a  los  jueces  de la república cuando son sujetos pasivos de la  acción  penal,  empero  éste  tiene  materialización  en  el  desarrollo  del  conocimiento,  no  así  en  la etapa preliminar, donde la competencia radica en  los  jueces  de control de garantías, con excepción de los asuntos que conozca  la  Corte  Suprema  de  Justicia, según lo considerado en el artículo 39 de la  ley 906 de 2004.   

Bajo  este  derrotero,  se afirmó que en el  todos  los  funcionarios  obraron  conforme  a  las  competencias  de  su cargo,  conociendo  en  primera  o  segunda  instancia  de solicitudes realizadas por la  defensa,  sin  que  su negación se entienda como decisión contraria a derecho,  configurándose  de esta forma la atipicidad del hecho investigado por el delito  de prevaricato por acción.   

          Por  último, en lo referente a las demás conductas delictivas, por  las  cuales  fue  denunciada María Elena Torres Hernández, visto la estructura  típica  de  cada  una  de  ella,  no  se  encuentra  en  la actuación respaldo  probatorio   para   pregonar   su   existencia,   lo   que  hace  procedente  la  configuración  de la causal enunciada por la fiscalía, contenida en el numeral  3   del   artículo   332  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  por lo que accedió a la preclusión solicitada.   

IMPUGNACIÓN   

Respecto a la decisión emitida por la Sala  de  Decisión  Única  del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Arauca,  Pardo  Hernández  en  su  calidad de víctima, interpuso recurso de apelación,  indicando  que  su  inconformidad  radica  en el comportamiento de los jueces de  control  de garantías, quienes faltaron a su obligación legal y constitucional  al  vulnerar  su derecho fundamental a la libertad, por  cuanto:   

(i) La Juez Segunda Promiscuo Municipal de  Arauca,  tanto  en  la  formulación  de  imputación  como en la imposición de  medida  de  aseguramiento  se  limitó  a  repetir lo que el representante de la  Fiscalía  manifestó,  sin realizar inferencia razonable alguna que justificara  una medida de tal envergadura.   

(ii)  Los  demás  jueces  negaron  las  diferentes  solicitudes  presentadas por su defensor relativas a sustitución de  medida de aseguramiento y libertad por vencimiento de términos.   

NO RECURRENTES  

La Fiscalía, en su calidad de no recurrente  solicitó  la  confirmación de la decisión adoptada por el Tribunal atendiendo  a  que  la  solicitud  de  preclusión  fue  sustentada en elementos probatorios  suficientes  que  dan  cuenta  de  la  atipicidad  del hecho en relación con el  prevaricato  por  acción,  pues  la  disconformidad de Pardo Hernández con las  decisiones  proferidas  por los jueces en nada configuran el delito en mención,  más  aun  cuando hizo uso de los recursos de ley en la audiencia de imposición  de  medida  de  aseguramiento  llevada  a  cabo  ante  la  Juez  de  control  de  garantías.   

Por  su  parte,  el representante Ministerio  Público  requirió  se  declarara desierto el recurso de apelación en razón a  que  no  fue  debidamente sustentado, toda vez que no dirigió los argumentos de  impugnación en contra de la decisión de primera instancia.   

La  defensa  esbozó  que  compartía  los  argumentos  del  titular de la acción penal y además reprochó que la víctima  en  el  presente asunto haya denunciado unas supuestas conductas punibles que de  ningún modo fueron perpetradas por sus prohijados.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  Competencia.   

Al  tenor de lo previsto en el artículo 32,  numeral  3°,  de  la  Ley 906 de 2004, la Corte es competente para resolver los  recursos  de  apelación  interpuestos  contra  autos y sentencias proferidos en  primera    instancia    por    los    Tribunales    Superiores    de    Distrito  Judicial.   

Como en este caso fue impugnada la decisión  de  20  de  octubre último, por medio de la cual el Tribunal Superior de Arauca  resolvió    precluir    la    investigación    a    favor    de   María  Elena  Torres  Hernández, por las conductas de prevaricato  por  acción,  fraude  procesal, falsedad ideológica,  prolongación  ilícita  de  la  privación  de  libertad,  falsedad material en  documento  público,  tortura  y  cohecho  propio  e  impropio y de Jorge  Elí  Castañeda  Coy,  Víctor Hugo Hidalgo Hidalgo, Daniel  Arturo  Díaz Jojoa y Carlos Norberto Solano Ardila por el delito de prevaricato  por   acción,   ninguna   controversia   suscita  la  competencia de esta Sala para decidir el recurso.   

2.  De la Preclusión   

Al  tenor  del  artículo  250  de  la Carta  Política,  la  Fiscalía  General  de  la Nación está obligada a adelantar el  ejercicio    de    la    acción    penal    y    realizar    la    «investigación   de   los   hechos  que  revistan  las  características     de    delito»    conocidos  a  través de denuncia, petición especial, querella o de  oficio  «siempre y cuando  medien   suficientes   motivos   y  circunstancias  fácticas  que  indiquen  la  posible  existencia  del  mismo».   

Quiere ello decir que el fiscal debe valorar  en  su  integridad  los elementos objetivos -materiales probatorios o evidencias  fácticas  mínimas-  recaudados para establecer si a partir de ellos es posible  inferir       la       posible       ocurrencia  de un  delito,  caso  en  el  cual  tiene entonces la obligación constitucional de dar  inicio a la acción penal.   

Establecida    así    la   causa  probable  para poner en movimiento  el  aparato  judicial, la investigación se debe encaminar a buscar la evidencia  necesaria  para  esclarecer  la  verdad de lo ocurrido, cometido en el cual debe  actuar,  con  apego al principio de objetividad, previsto en el artículo 115 de  la Ley 906 de 2004.    

Si  el  fiscal,  al  evaluar  la  evidencia  recogida,  encuentra  que  no  hay prueba suficiente para acusar por presentarse  duda  insuperable  respecto  de  la  participación  del indiciado en los hechos  objeto  de  investigación, o hay prueba de que la conducta no es delictiva o la  persona   investigada   no   es   responsable,  como  cuando  se  configura  una  circunstancia  que  determina  la ausencia de responsabilidad, debe solicitar la  preclusión  ante  el  Juez de conocimiento, e invocar la causal correspondiente  conforme el artículo 332 de la Ley 906 de 2004:   

“El  fiscal solicitará la preclusión en  los siguientes casos:   

    

1. Imposibilidad  de  iniciar  o  continuar el ejercicio de la acción  penal3   

2. ;   

3. Existencia  de  una  causal  que  excluya  la  responsabilidad,  de  acuerdo con el Código Penal;   

4. Inexistencia del hecho investigado;   

5. Atipicidad del hecho investigado;   

6. Ausencia    de    intervención    del   imputado   en   el   hecho  investigado;   

7. Imposibilidad   de   desvirtuar   la   presunción   de  inocencia;  y   

8. Vencimiento  del término máximo previsto en el inciso segundo del  artículo 294 de dicho código.     

PARÁGRAFO.  Durante  el  juzgamiento,  de  sobrevenir  las  causales  contempladas  en  los  numerales 1 y 3, el fiscal, el  Ministerio  Público  o la defensa, podrán solicitar al juez de conocimiento la  preclusión”.   

El  análisis  y fundamentación presentados  por  el  fiscal  para  lograr  su  cometido deben ser específicos y detallados,  atendiendo  no  sólo  los  elementos  fácticos  y jurídicos que configuran la  causal  de  preclusión  invocada,  sino los que integran el tipo penal respecto  del  cual  se  pretende  la terminación anticipada del proceso, de modo que sea  posible  deducir  con  certeza  la  necesidad  de extinguir la acción penal con  fuerza   de  cosa  juzgada  por  ausencia  de  mérito  para  continuar  con  la  persecución penal.   

Lo  anterior  y como lo tiene precisado esta  Corporación,  sin perjuicio de que el juzgador pueda decretar la preclusión de  la  actuación  con  fundamento  en  una  causal  distinta de la invocada por el  peticionario,     siempre     que    «sus   componentes   estructurales   y   los   soportes   materiales  probatorios    y    evidencia    física    así    lo    determinen»4.   

3. Del prevaricato  

En orden a abordar el análisis del tema, se  parte  de  señalar  que  el  delito  de  prevaricato  por  acción se encuentra  definido en la Ley 599 de 2000, así:   

«Artículo 413.  Prevaricato  por  acción.  El  servidor público que  profiera  resolución,  dictamen  o concepto manifiestamente contrario a la ley,  incurrirá  en prisión de cuarenta y ocho (48) a ciento cuarenta y cuatro (144)  meses,  multa de sesenta y seis punto sesenta y seis (66.66) a trescientos (300)  salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas de ochenta (80) a ciento cuarenta y  cuatro (144) meses.»   

El  tipo objetivo contiene un sujeto activo  calificado     («servidor    público»),         un         verbo         rector        («proferir»)    y    dos   ingredientes  normativos:      «dictamen,     resolución     o  concepto»,   por   un   lado,   y   «manifiestamente  contrario  a  la  ley»,  por  el  otro, circunstancia esta que supone – ha dicho  la  jurisprudencia-  la  expresión  dolosa  de  la  conducta  en  cuanto  se es  consciente  y  se  quiere  su  realización,  pero semejante contradicción debe  surgir evidente, sin mayores elucubraciones.    

En  contraste,  todas  aquellas providencias  respecto  de las cuales quepa discusión sobre su contrariedad con la ley quedan  excluidas  del  reproche  penal,  independientemente  de que un juicio posterior  demuestre  la  equivocación  de  sus  asertos,  pues  -como  también  ha  sido  jurisprudencia  reiterada-  el  juicio  de prevaricato no es de acierto, sino de  legalidad.   

A   ello  debe  agregarse  como  principio  axiológico  cuando  se trata de providencias judiciales, que el análisis sobre  su   presunto  contenido  prevaricador  debe  hacerse  necesariamente  sobre  el  problema  jurídico  identificado  por el funcionario judicial y no sobre el que  identifique   a   posteriori   su   acusador   o  su  juzgador,  según  sea  el  caso.   

Es  decir  que  las  simples  diferencias de  criterios  respecto  de  un determinado punto de derecho, especialmente frente a  materias  que  por  su  complejidad o por su misma ambigüedad, admiten diversas  interpretaciones   u   opiniones,   no  pueden  considerarse  como  propias  del  prevaricato,  pues en el universo jurídico suelen ser comunes las discrepancias  aún  en  temas  que  aparentemente  no  ofrecerían  dificultad  alguna  en  su  resolución5.   

Por tanto, con relación a la configuración  del  delito  de  prevaricato  por  parte  de los funcionarios administradores de  justicia,   la   jurisprudencia   de  la  Sala  ha  sostenido  que  “para  afirmar  la  estructuración  de  este   elemento  es  necesario  comprobar  que  hubo  una  actitud  conciente  y  deliberada  de  contradecir  de  manera  rampante  y  ostensible el texto legal,  además,  es indispensable evidenciar el afán de hacer prevalecer el capricho o  el  interés  personal a toda costa, que se obre con malicia o mala fe, esto es,  que      el      dolo      sea      directo”.6   

Así, el análisis de esta conducta ha sido  sujeto  de  reiterados pronunciamientos de la Sala, a partir de los cuales se ha  considerado (CSJ SP. 27 jun. 2012. Radicado 37733):    

[E]l análisis de  la  contradicción de lo decidido con la ley se debe hacer mediante un juicio ex  ante,  al  ubicarse el operador jurídico al momento en que el servidor público  emitió  la  resolución,  el  dictamen o el concepto, examinando el conjunto de  circunstancias  por él conocidas, siendo por lo mismo improcedente un juicio de  verificación ex post con nuevos elementos y conocimientos.   

(…)  

“De  igual  manera,  la  adecuación  típica  del  delito  de prevaricato debe surgir de un  cotejo  simple  del  contenido  de la resolución o dictamen y el de la ley, sin  necesidad  de  acudir  a  complejas  elucubraciones  o  a elocuentes y refinadas  interpretaciones,  pues  un  proceso de esta índole escaparía a una expresión  auténtica       de      lo      ‘manifiestamente      contrario      a      la      ley’.    Así   entonces,   para   la  evaluación  de  esta  clase  de conductas delictivas se adopta una actitud más  descriptiva  que  prescriptiva,  es  decir,  sujeta  a  lo que realmente hizo el  imputado  en  la  respectiva  actuación,  asistido  de  sus  propios  medios  y  conocimientos,  no  a  lo  que debió hacer desde la perspectiva jurídica y con  base  en  los recursos del analista de ahora (juicio ex ante y no a posteriori).  Desde  luego  que  si  el  objeto  de  examen  es  una decisión ostensiblemente  contraria  a la ley, el juzgador no puede abstenerse de señalar el ‘deber        ser’  legal  que  el infractor soslayó  maliciosamente,   pero   como   un   ‘deber         ser’  que  éste  conocía  (no  aquél)  y  que  obviamente estaba al  alcance       de      sus      posibilidades”7.   

Establecido  lo  anterior, asume la Sala la  labor  compleja de efectuar el juicio de tipicidad de la conducta que se predica  prevaricadora,  el  cual requiere, además de la constatación objetiva entre lo  que  la  ley  manda  o  prohíbe  y  lo  que  con  base  en ella se decidió, el  adelantamiento  del  juicio  de  valor  con  miras a establecer si la ilegalidad  denunciada  resiste  el  calificativo  de  ostensible,  pues    el    elemento    normativo    ‘manifiestamente   contrario   a   la  ley’, impone un análisis  de  la concurrencia del ánimo consciente y voluntario de transgredir la ley por  parte del funcionario judicial (CSJ 5 OCT 2016 rad. 46020)..   

En este asunto no es objeto de discusión  la  calidad de servidores públicos que ostentaban los funcionarios en la época  para    la    cual    profirieron   las   decisiones   cuestionadas,8  cuando se  desempeñaban  en  el  cargo  de Jueces, hecho que se halla debidamente probado,  por  los  diferentes  certificados  allegados  al  plenario,  así: María  Elena  Torres Hernández- Juez Segunda Promiscuo Municipal  de   Arauca9,  Jorge  Elí  Castañeda Coy-Juez Primero Promiscuo Municipal de  Arauca10,  Víctor  Hugo  Hidalgo Hidalgo- Juez Primero Penal del Circuito  de   Arauca11,  Daniel  Arturo  Díaz Jojoa-Juez Tercero Promiscuo Municipal de  Arauca12  y  Carlos Norberto Solano Ardila-Juez Primero Penal del Circuito  de  Saravena13.   

Y  frente  al  alcance  de  la expresión  ‘manifiestamente  contrario  a la ley’, la  Sala  ha  considerado que su configuración no sólo contempla la valoración de  los  fundamentos  jurídicos  o procesales que el servidor público expone en el  acto  judicial  o  administrativo cuestionado (o la ausencia de aquéllos), sino  también  el  análisis  de  las  circunstancias  concretas  bajo  las cuales lo  adoptó,  así como de los elementos de juicio con los que contaba al momento de  proferirlo.   

4. Del caso en concreto.  

El examen que a continuación realizará la  Corte  a  fin  de  resolver  el  recurso  de apelación interpuesto por  la  víctima,   se   circunscribirá,   en  estricto  sentido,  a  las  causales  de  preclusión  que  fueron  invocadas  por  la representante de la fiscalía en su  intervención  y  que  encontró  satisfechas  la  Sala  Única de Decisión del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Arauca, esto es, la atipicidad del  hecho  frente  al  delito  de  prevaricato  por acción y la inexistencia de los  hechos  investigados,  respecto  de  las  demás  conductas endilgadas a la Juez  Segunda Promiscuo Municipal de esa ciudad.   

Con la anterior claridad, adviértase que el  recurrente,  a  quien  le  fue formulada imputación el 27 de septiembre de 2011  por  el  delito  de prevaricato por acción en su calidad de Juez Único laboral  del  Circuito  de Arauca, imponiéndosele el 28 de septiembre de ese año medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en establecimiento carcelario, se  contrae a criticar las siguientes providencias:   

Bajo  este  respecto,  el  impugnante en su  disquisición  se  circunscribe a indicar que los aludidos funcionarios faltaron  a  su  obligación  legal y constitucional, vulnerando su derecho a la libertad,  ello  atendiendo  a  que  la  Juez  Segunda  Promiscuo  Municipal  de Arauca con  función  de  control  de  garantías  al  formular  imputación y afectarlo con  medida   de   aseguramiento  de  detención  preventiva  en  establecimiento  de  reclusión,  se  limitó  a  repetir  lo  manifestado por el representante de la  Fiscalía  sin  realizar una valoración jurídica que justificara tal decisión  y  respecto  de  los  demás funcionarios al denegar las solicitudes relativas a  sustitución   de   medida  de  aseguramiento  y  libertad  por  vencimiento  de  términos.   

Pues bien, frente a las actuaciones llevadas  a  cabo por la citada Juez Segunda Promiscuo Municipal de Arauca con función de  control  de  garantías,  no  observa esta Corporación irregularidad al adoptar  cada  una  de  sus  decisiones,  ello  atendiendo  a  que,  en  lo relativo a la  formulación  de  imputación, la juzgadora verificó la comunicación hecha por  el fiscal    a  Pardo  Hernández  respecto  a  la  investigación  que se  adelantaba  en  su contra por el delito de prevaricato por acción en su calidad  de  Juez  Único  Laboral  del  Circuito de Arauca, hizo lectura de los derechos  consagrados  en  el  artículo 8º del Código de Procedimiento Penal, así como  también  se  pronunció  sobre  el  contenido  del  artículo  97  del estatuto  punitivo.   

Ahora,  en  lo atinente a la imposición de  medida  de  aseguramiento,  es  de  lógica  elemental que al acceder la juez al  requerimiento  hecho  por  el  representante  de  la Fiscalía, los presupuestos  argumentativos  para  decretar  la  medida  de  aseguramiento  privativa  de  la  libertad  fueran  similares,  en  el entendido que sus disertaciones tienen como  fundamento  legal el cumplimiento de los presupuestos objetivos y subjetivos que  impone  la  norma,  así  como  la  construcción  de la inferencia razonable de  autoría   basado  en  los  elementos  materiales  probatorios  allegados  a  la  actuación,  tal  decisión  fue  objeto  de recurso, siendo confirmada mediante  proveído  adiado  2  de  noviembre de 2011 por el Juzgado Penal del Circuito de  Saravena, Arauca.   

Así  las  cosas, tal semejanza entonces no  pone  de relieve conculcación de derecho fundamental del imputado, como tampoco  desdibuja  la  función  de  la  juez,  de quien se advierte actúo dentro de la  órbita  de  su  competencia, obedeciendo a criterios interpretativos razonados,  los  cuales  jamás  se  ubicarían  en  el campo de lo arbitrario, caprichoso o  manifiestamente  ilegal  y  por  ende  de  manera  alguna se puede colegir de su  comportamiento adecuación al punible de prevaricato por acción.   

Situación  análoga  acaece  frente  a los  funcionarios  que  conocieron  del  asunto  al  denegar las diversas solicitudes  impetradas  por  la  defensa,  pues  si  bien  las decisiones emitidas generaron  evidentemente  disparidad  de  criterios  con  Pardo  Hernández  y su apoderado  judicial,  tal  circunstancia de ninguna manera constituye delito, pues se itera  los  jueces  soportaron  su  decisión  en  argumentos  válidos  y  ajustados a  derecho,  aun  mas cuando el expediente que contiene la actuación adelantada en  contra  del  procesado ofrecía apoyo a la decisión por ellos tomada, por tanto  no  puede  tildarse  de  ilegal la conducta de  los precitados jueces, pues  tal  y  como lo expresaron en su momento la Fiscal solicitante de la preclusión  y  el  Tribunal  de  Primera  instancia,  pues las determinaciones no emergen de  ningún modo contrarias a la Ley.   

En  este  punto,  es  preciso  llamar  la  atención  al  recurrente,  en  el  sentido  de  que  la  actuación  penal  por  prevaricato  no  es  el mecanismo idóneo para debatir sus inconformidades, como  tampoco  es  el medio adecuado para lograr el decaimiento de providencias que le  resulten adversas.   

Finalmente en la providencia proferida el 20  de  octubre  de  2016,  se  examinó  la  causal contemplada en el numeral 3 del  artículo  332  de  la Ley 906 de 2004, en relación a la inexistencia de hechos  frente  a  los  punibles de fraude procesal, falsedad ideológica, prolongación  ilícita  de la privación de libertad, falsedad material en documento público,  tortura  y  cohecho  propio  e  impropio,  delitos  que a voces del denunciante,  fueran    perpetrados   por   la   Juez   Segunda  Promiscuo  Municipal  de  Arauca.   

          Si  bien  tal  eventualidad  no fue objeto de impugnación por parte  del    recurrente,   es   preciso   indicar   que   esta   causal   –inexistencia del hecho investigado- se  configura  cuando, a partir de la evidencia física o elementos probatorios o la  información  legalmente  recaudada  y  aportada  a  la  actuación,  se obtiene  “certeza” que el suceso  material  no  aconteció  y  en  efecto,  en  el  caso  bajo examen no   se  advierte  elemento  probatorio  alguno  que  trasmita  la  configuración  de  alguno  de  los  punibles señalados, pues se resalta que la  única  actuación  de  esta  funcionaria  dentro  del  proceso  penal  radicado  2011-80238  fue  la celebración de las audiencias preliminares, vislumbrándose  así  una  total  ausencia  de  compromiso  penal  de  Torres Hernández, en los  delitos  descritos  en  la denuncia, pues no halla su comportamiento adecuación  alguna  en  ninguno de ellos, pudiéndose inferir con certitud que la mencionada  es totalmente ajena a las conductas atribuidas por la víctima.   

Conforme con las anteriores consideraciones  la  Sala  confirmará la decisión proferida por la Sala Única de Decisión del  Tribunal  Superior  de Arauca, al hallarse probadas las causales de atipicidad e  inexistencia  del  hecho investigado, para precluir la investigación a favor de  los indiciados.   

En  mérito  de lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

Confirmar  el auto  proferido  el  20 de octubre de 2016 por el Tribunal  Superior  de  Arauca,  mediante  el  cual  decretó  la   preclusión de la  investigación  seguida contra María Elena Torres Hernández, por las conductas  de  prevaricato  por acción, fraude procesal, falsedad  ideológica,  prolongación  ilícita  de  la  privación  de libertad, falsedad  material   en  documento  público,  tortura  y  cohecho  propio  e  impropio  y  contra  Jorge  Elí  Castañeda  Coy,  Víctor  Hugo  Hidalgo  Hidalgo,  Daniel Arturo Díaz Jojoa y Carlos Norberto Solano Ardila por  el delito de prevaricato por acción.   

Contra esa decisión no  procede recurso alguno.   

Cópiese, comuníquese y  cúmplase.   

Los   magistrados,   

EUGENIO   FERNANDEZ  CARLIER   

JOSÉ  FRANCISCO ACUÑA  VIZCAYA   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO   

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ  BARBOSA   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER    PATIÑO  CABRERA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR  OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Artículo 56. Son causales de impedimento (…)   Numeral  5.  Que  exista  amistad íntima o enemistad  grave  entre  alguna  de  las  partes,  denunciante, víctima o perjudicado y el  funcionario judicial.   

2Artículo  39  C.P.P.  “La función de  control  de  garantías  será  ejercida  por cualquier juez penal municipal. El  juez  que  ejerza  el  control  de  garantías quedará impedido para ejercer la  función  del  conocimiento  del mismo caso en su fondo. Cuando el acto sobre el  cual  deba  ejercerse  la  función  de  control  de garantías corresponda a un  asunto  que  por  competencia  esté asignado a juez penal municipal, o concurra  causal  de impedimento y sólo exista un funcionario de dicha especialidad en el  respectivo  municipio,  la  función  de control de garantías deberá ejercerla  otro  juez  municipal del mismo lugar sin importar su especialidad o, a falta de  este, el del municipio más próximo”.   

3 Esta  causal   se   debe   interpretar   conforme  al  artículo  77  del  Código  de  Procedimiento  Penal  en  donde se plasman los eventos en los cuales se extingue  la  acción penal: muerte del imputado o acusado, prescripción, aplicación del  principio  de  oportunidad,  amnistía,  oblación,  caducidad  de la querella y  desistimiento.   

4 CSJ  SP, 6 dic 2012, rad. 37.370.   

5 CSJ  SP, 23 feb 2006, rad. 23.901.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  Penal.  Sentencia de 11 de noviembre de 2009. Rad.  31190   

7 Cfr.  CSJ SP 26 may.1998, radicado: 13628.   

8 Año  2011 y 2012.   

9 Cfr  folio 47.   

10 Cfr  folio 49.   

11 Cfr  folio 51.   

12 Cfr  Folio 53.   

13 Cfr  folio 55.     

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