AP3310-2016(47781)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP3310-2016  

Radicación N° 47781  

(Aprobado acta N° 160)  

Bogotá,  D.  C., veinticinco (25) de mayo de  dos mil dieciséis (2016)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver sobre su admisión, la  Corte  examina los fundamentos de orden lógico, jurídico y argumentativo de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Juan  David  Ceballos  Valencia  contra la  sentencia  dictada  el 14 de enero del año en curso por el Tribunal Superior de  Medellín,  que,  con modificaciones, confirmó la condenatoria proferida por el  Juzgado  10  Penal  del  Circuito  con funciones de conocimiento de esa ciudad y  declaró   penalmente  responsable  al  acusado  del  concurso  heterogéneo  de  fabricación,  tráfico,  porte o tenencia de armas de fuego y hurto calificado,  ambos agravados.   

HECHOS  

El  16 de octubre de 2013, aproximadamente a  las  5:30  p.m.,  cuando  Lisbeth  Andrea Pérez Mora detuvo su automóvil en el  semáforo  ubicado  a  la  altura  del  Consumo  del  Poblado, en Medellín, fue  sorprendida     por     Juan     David     Ceballos  Valencia,  que se movilizaba  como  parrillero  en una motocicleta, quien portando un arma de fuego le golpeó  en   la   ventanilla   y   le   indicó  que  le  entregara  el  reloj.  Lisbeth  Andrea, asustada,  le  pasó  el  celular,  pero el sujeto  procedió  a  insultarla,  por  lo  que  ella  intentó  desabrochar el elemento  reclamado  por  aquél,  instante  en el que arribó al lugar una patrulla de la  policía y los individuos salieron huyendo.   

Pasados    quince    minutos,   Lisbeth  Andrea  decidió  marcar  al  número  de  su  móvil  y éste fue contestado por un policial que le comunicó  que  por  ese  acontecimiento  ya  había  una  persona  capturada  –Ceballos      Valencia-.  En consecuencia, aquélla se trasladó  a la URI y reconoció a este último.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar realizada al día  siguiente  en  el  Juzgado  8°  Penal  Municipal  con  funciones  de control de  garantías   de  esa  ciudad,  se  legalizó  la  aprehensión  de  Juan   David   Ceballos   Valencia  y  la  fiscalía  le  imputó  la coautoría en el concurso heterogéneo de los delitos  de  hurto  calificado  y  agravado  (artículos  240, inciso segundo1,   y   241,  numeral   102,  del  Código  Penal)  y  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas de fuego agravado (canon 365, numerales  13  y      54  ejusdem).  La  Juez  le  impuso  medida  de  aseguramiento de detención preventiva en lugar de  residencia,     con    mecanismo    de    vigilancia    electrónica5.   

2. La Fiscalía 43 Seccional radicó escrito  de  acusación  el  13  de  diciembre  de  ese  año6,  aclarando  que  excluía  la  circunstancia  de  agravación prevista en el numeral 5 del artículo 365 porque  ya  «fue  tenida  en  cuenta al agravar el delito de  hurto»7,   e   hizo   la   formulación  respectiva  el  3  de  febrero  de  20148.   

3. La audiencia preparatoria se surtió el 7  de    abril9  y  el  22  de  agosto de esa anualidad10,  y  la  del  juicio  oral en  sesiones    del    6    de   noviembre   posterior11,  20  de  abril12  y  21  de  julio  de 201513  -en ésta se  anunció  sentido  de  fallo  condenatorio-;  el 21 de  agosto  ulterior  se  agotó  el  trámite  del  artículo  447 de la Ley 906 de  200414.   

4.  El  10  de  noviembre último la Juez de  conocimiento        profirió        sentencia15  y  condenó  a Ceballos  Valencia  como  coautor  de  los  delitos  endilgados,  pero  le  reconoció que actuó bajo las circunstancias de  «marginalidad     y     extrema     pobreza     e  ignorancia»16,  descritas  en  el  artículo  56  del  Código   Penal,   así  como  la  rebaja  punitiva  por  reparación  integral.   

En consecuencia, le impuso la pena principal  de  40  meses  de prisión y las accesorias de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por igual término y la de privación del  derecho  a  portar  armas  por  15 años; al tiempo que le concedió la libertad  condicional  por haber cumplido las tres quintas partes de la pena en detención  domiciliaria,  y  dispuso  el  decomiso del revólver calibre 32 pulgadas, marca  Smith & Wesson y 3 cartuchos.   

5.  En  fallo  del  14  de  enero  del  año  anterior17,  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín, al resolver la  apelación  propuesta  por  el  representante  de  la  fiscalía,  modificó  la  providencia  de  primer  grado  en  el sentido de: (i)  condenar  a Ceballos Valencia  por    «la   comisión  dolosa»18       de       los       injustos       imputados      –no  reconoció  la  circunstancia  de  marginalidad,    pobreza   o   ignorancia   extrema-;  (ii)  imponerle 239,99 meses  o  19.99 años de prisión, igual tiempo de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas y 1 año de privación del derecho a la tenencia  de    porte    de    armas;    (iii)   negarle  la  libertad  condicional  y (iv)  librar   la   orden   de   captura.   En  lo  demás,  confirmó.   

LA DEMANDA  

El  jurista  hace  una  descripción  de  la  decisión  impugnada,  los  sujetos  intervinientes, la actuación procesal y la  situación   fáctica,   y   asegura  que,  atendiendo  el  principio de prioridad, propondrá dos cargos, que  sustenta así:   

Primero (principal)  – causal segunda de casación.   

La sentencia afectó la estructura del debido  proceso,  en  cuanto  dejó  de  reconocer  la  duda  en  favor de su prohijado,  «como  lo establece el in dubio pro reo en relación  a  la  diminuente  que establece el artículo 56 del Código Penal»19.   

Trae a colación jurisprudencia de la Sala de  Casación  Penal,  así  como  doctrina  relacionada  con  las  nulidades,  para  concluir   que   cumple   con   los   principios   que   las   rigen.   

El Tribunal negó la diminuente punitiva del  artículo  56 del Código Penal basado únicamente en las dudas que le generaron  las  declaraciones,  no  obstante,  olvidó que aquéllas se debieron resolver a  favor  de  su  representado.  Con ello trasgredió los preceptos 56 referido y 7  del estatuto procesal penal.   

De  haber reconocido la circunstancia que en  esa  normativa  se  prevé,  cuya  demostración  emergía  con facilidad de las  pruebas,   la  sanción  no  sería  tan  exagerada20.   

Solicita a la Corte casar el fallo impugnado  y corregir el error denunciado.   

Segundo         (subsidiario) – causal primera.   

Se  aplicó  indebidamente  una  norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional o legal llamada a regular el caso.   

El     ad  quem  «le  impartió  dos  efectos  desfavorables  al  procesado,  derivados  del  mismo  hecho,  lo que es  claramente  atentatorio  contra  el principio del nom bis in ídem»21.  Su  cliente  fue condenado por porte ilegal de armas y  hurto  calificado,  ambos  agravados  (artículos  365,  numerales 1 y 5, y 241,  numeral  10),  pasando  por alto que esas circunstancias se derivan de idéntica  circunstancia  fáctica,  esto  es,  la  comisión  del  delito  por  dos o más  personas   u  obrar  en  coparticipación  criminal.  Esa  doble  recriminación  originó que se le impusiera una pena mayor.   

Se   violaron  los  artículos  29  de  la  Constitución  Política;  240, numeral 10, y 365, numeral 5, del Código Penal,  y  1,  6, 7 y 10    del    Código   de   Procedimiento  Penal.   

Solicita se case la sentencia y se corrija el  yerro  descrito  –no ofrece  más detalles-.   

Finalmente,   asegura   que   pretende  la  efectividad  del  derecho  material  y  el  respeto  de  las  garantías  de los  intervinientes,  en concreto, el debido proceso, por falta del reconocimiento de  la circunstancia de marginalidad, pobreza e ignorancia extrema.   

CONSIDERACIONES  

1. El recurso de casación fue instituido con  el  propósito de que el órgano de cierre de la jurisdicción ordinaria realice  un  control  legal  y  constitucional  al fallo de segunda instancia, en aras de  hacer  efectivo  el derecho material, lograr el respeto de las garantías de los  intervinientes,   reparar  los  agravios  inferidos  a  estos  y/o  unificar  la  jurisprudencia.   

No obstante, es preciso que quien a él acuda  haga  explícitas  las  razones por las cuales la Corte Suprema de Justicia debe  inmiscuirse  en  orden  a  alcanzar  alguna  de  esas finalidades; exigencia que  impone  al  libelista  hacer una exposición coherente y contundente en punto de  explicar  cuál  fue  el  derecho  o  garantía  desconocido,  cómo ocurrió la  lesión y cómo esta Sala puede restablecer el quebranto.   

Adicionalmente,  es  imprescindible  que  el  actor  exhiba una demanda que contenga una argumentación sólida, dialéctica y  coherente,  en  la  que, con apoyo en los motivos expresamente señalados por el  legislador  (artículo  181 del Código de Procedimiento Penal de 2004), plantee  en  forma  ordenada  y clara los errores de juicio o de procedimiento en los que  pudo incurrir el juzgador y resalte su trascendencia.   

Es forzoso, entonces, cumplir con unas cargas  mínimas  en  cuanto  a  los objetivos del recurso, la formulación de la causal  invocada,   los   fundamentos   del   cargo   y   su   trascendencia.  En  el  evento que no sea así, o de no  considerar  la  Corte necesario proferir fallo de fondo para materializar alguno  de    los    propósitos    del    medio   extraordinario,   el   libelo   será  inadmitido.   

2. En esta oportunidad, los varios desatinos  del  actor  y  la inadvertencia por parte de la Corporación de superar defectos  para  cumplir  con  los  fines  de  la  casación,  conducen a no seleccionar la  demanda.   

2.1.  El censor no acreditó los motivos por  los  cuales  era  imperioso emitir sentencia a efectos de alcanzar alguna de las  finalidades  del  recurso.  La única alusión al respecto, atinente al interés  de  hacer  efectivo  el derecho material y lograr el respeto de la garantía del  debido  proceso, por no haber  reconocido  el  Tribunal  las  circunstancias  previstas  en  el precepto 56 del  Código  Penal,  es  insuficiente  para  convencer a la Sala sobre su perentoria  intervención,  pues  se  está  ante  la  simple  repetición del contenido del  artículo 180 del Código de Procedimiento Penal.   

Al  jurista  le  correspondía demostrar que  efectivamente  ocurrió  la  lesión, para lo cual debía señalar los preceptos  constitucionales   infringidos  e  indicar  cómo  fueron  desconocidos  por  el  proveído    impugnado,    sin   olvidar,  en  todo  caso,  que  sus  razones  deben  guardar  correspondencia  con los cargos que proponga.   

2.2.  En  la  primera censura, el letrado no  solo  equivocó  la  vía  de  impugnación, sino que su exposición es ambigua,  deshilvanada  y  abiertamente  desatinada, en la que ninguna solicitud concreta hizo a la Sala.   

Las  críticas  al  amparo  de  la  causal  segunda del artículo 181 de  la  Ley  906  de 2004, si bien no exigen una carga argumentativa alta al momento  de  su  postulación,  sí  requieren,  por  lo  menos, la identificación de la  anomalía   advertida,   los   fundamentos  en  los  que  descansa  el  reproche  correspondiente,  el  esclarecimiento de si se está ante un vicio de estructura  o  de  garantía, la indicación de las disposiciones violentadas, la precisión  del  momento  procesal  en  el  que  se  presentó la falencia y las actuaciones  afectadas  con la misma, así como la demostración que la nulidad se erige como  el  remedio  único y extremo para enmendar la incorrección procesal, surgiendo  así indispensable el fallo de casación.   

Aunque el actor aclaró que se está ante un  defecto   de   estructura,   olvidó   indicar  cómo  el  mismo  comportó  una  irregularidad  en  las  actuaciones  concatenadas,  sucesivas  y  armónicas que  componen  el  proceso,  y  menos se ocupó de enseñar su trascendencia, de modo  que,      de      no  sanearse,   es  totalmente  inviable mantenerlo incólume.   

El impugnante alega violación del principio  de     in     dubio    pro    reo,    trasgresión   que,   per  se, no afecta la estructura del proceso. Por  manera  que  equivocó  la  vía de ataque. Le correspondía demostrar que a tal  atropello  se  arribó,  ya  sea  por  una infracción  directa  de  la ley sustancial, caso en el cual tenía  la  carga  de  demostrar  que  el  Tribunal,  pese  a considerar que las pruebas  impedían    alcanzar    el    convencimiento,   más   allá   de   toda   duda  razonable,    sobre   la  responsabilidad   del   acusado,  profirió  condena;  o  por  una  violación   indirecta,   vía   que  le  imponía  demostrar  que  el juzgador erró al momento de valorar o apreciar las  pruebas.   

La  exposición  del demandante, además, es  bastante  sombría, pues de entender que lo reclamado es el reconocimiento de la  duda  en  favor  de su representado, derivada de la consecuente admisión de que  realizó  la  conducta  amparado en alguna de las circunstancias previstas en el  artículo  56 del Código Penal, se estaría frente a una contradicción, puesto  que  la  absolución, que sería la consecuencia directa de aplicar el principio  de  in  dubio pro reo, choca  con  la  rebaja  punitiva  que  pretende  por razón de admitir que Ceballos    Valencia   actuó   bajo   la  influencia  de  profundas  situaciones  de  marginalidad,  ignorancia  o pobreza  extremas  –el  actor  no  pide  la  exclusión  de responsabilidad, hipótesis también allí prevista por  el legislador-.   

En   efecto,   la  absolución,  por aplicación del postulado referido,  surge  porque  luego  de valorar los elementos probatorios, el juez no llegó al  convencimiento,  más  allá  de  toda  duda, sobre la existencia del hecho o la  responsabilidad  del  acusado  (artículos  7 y 381 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004).  Al  Estado,  por  conducto de la Fiscalía,  le  corresponde probar que una determinada persona es culpable de haber cometido  una  conducta  punible  –lo  que  emerge  del  principio  onus  probandi  incumbit  actori-. De modo que si no lo logra, si no destruye la  presunción  de  inocencia  de  la  que  goza  el  procesado, la consecuencia es  absolver.   

La duda, entonces, elimina la posibilidad de  reconocer  la  circunstancia  de  marginalidad, pobreza o ignorancia extrema, en  cuanto  éstas  tienen  como  presupuesto  la  autoría,  pues por lógica no es  viable  atenuar  una  conducta  sobre la cual no recae juicio de responsabilidad  penal.   

Ahora, si el disgusto del libelista radica en  que   el  Tribunal  debió  reconocer  la  marginalidad,  ignorancia  o  pobreza  extremas,  en  atención  a que las declaraciones que se llevaron al juicio para  probar   aquellas   le   generaban   incertidumbre,   también   erró   en   su  propuesta.   

El   ad   quem  –tampoco   el   juez  singular- nunca vaciló en punto de la responsabilidad  del  procesado en los hechos investigados.   La   divergencia  entre  una  y  otra  determinación  radica  en  que  para la colegiatura no hay lugar a disminuir la  pena  por razón del artículo 56 del Código Penal, ello porque las pruebas que  para  efectos  de demostrar las circunstancias allí descritas llevó la defensa  al   juicio,   no   fueron   suficientes   para   acreditar   que   Ceballos  Valencia se encontrara en alguna  de  ellas  y menos que éstas hubiesen mediado directamente en la ejecución del  punible.   

En  efecto,  el  juez plural consideró, con  razón,  que  para  tal  reconocimiento se hace necesario probar que la conducta  punible     se     realizó     bajo     la     influencia    de    profundas  situaciones  de  marginalidad,  ignorancia  o  pobreza extremas, y destacó que, con los elementos arrimados por  la  bancada  defensiva,  no  se  logró  demostrar  que el acusado se hallara en  alguna  de esas condiciones y menos que las mismas influyeran en la realización  del  punible.  Al  respecto,  adujo:  «no se trata de  cualquier  tipo  de  marginalidad,  pobreza  o  ignorancia,  sino que estas tres  condiciones   deben   ser  de  tal  entidad  que  determinen  el  comportamiento  sancionado  penalmente. Es por ello que el legislador acudió al calificativo de  profundas,  es  decir,  considerables,  importantes,  trascendentes.22   

El  Tribunal, después de valorar los medios  de convicción allegados por la bancada defensiva, concluyó:   

Pues  bien,  frente  a  este  panorama,  no  desconoce  la  Sala  que  analizadas  en conjunto las pruebas presentadas por la  defensa,  si  bien  no  se evidencia opulencia alguna en las condiciones de vida  del   acusado,   tampoco  una  situación  de  marginalidad  o  pobreza  extrema  (…).   

Ahora, la diminuente punitiva consagrada en  el  artículo 56 del código penal no solo exige que se presenten circunstancias  de  marginalidad  y/o  pobreza extrema en quien comete la conducta punible, sino  que  además  es  un  presupuesto  necesario  demostrar  que esas circunstancias  influyeron  en  la  realización  de  la  misma, aspecto que tampoco probó y le  asiste  razón  a  la  fiscalía  al  cuestionar la decisión de la a-quo en ese  sentido,  toda  vez  que  de  las  pruebas allegadas al juicio oral, esto es los  testimonios  presentados  por la defensa y la declaración del mismo acusado, no  se  logró  evidenciar  cómo  esas  circunstancias  de  marginalidad  y pobreza  extrema  que se dice padece el señor Juan David Ceballos Valencia influyeron en  la  realización de las conductas de hurto calificado y agravado y porte de arma  de             fuego            agravado.23   

La parte que alega el reconocimiento de una  circunstancia  diminuente  de  responsabilidad,  tiene la carga de demostrar los  supuestos  de  hecho  que prevé la norma. Si no lo hace y si tampoco es posible  lograr  tal  constatación  con  el  resto  de  elementos de juicio, es inviable  reclamar  su  deducción  con  apoyo  en  apotegmas  tales  como el in  dubio  pro  reo  o  la presunción de  inocencia.   

2.3. En el segundo cargo, el libelista acusa  al  juez  colegiado  por  violar  directamente  la  ley sustancial, sin embargo,  olvidó   indicar  bajo  qué  modalidad,  esto  es,  si  fue  por  (i)  falta  de  aplicación, (ii)             interpretación  errónea, o (iii)  aplicación  indebida de una norma  del  bloque  de  constitucionalidad,  de  la Carta Política o de la ley que sea  llamada  a  regular  el  caso.  Tampoco  precisó  la  disposición sobre la que  recayó el error.   

Adicional a ello, es clara la infracción al  principio  de  corrección  material puesto que, tal como se dejó consignado en  los  antecedentes  de  esta  providencia,  aunque  en  la  primera  audiencia la  fiscalía   imputó  a  Ceballos  Valencia  los  agravantes previstos en los numerales 1 y 5 del artículo 365  del  Código  Penal,  lo  cierto es que en el escrito de acusación precisó que  excluiría   la   circunstancia   del   numeral   5,   porque   ya  «fue  tenida en cuenta al agravar el delito de hurto»24,  y,  tal  indicación,  fue  tenida  en cuenta no solo por la Juez de primera instancia al  momento   de   hacer   la  dosificación  punitiva,  sino  por  el  ad    quem,   cuando   adelantó   igual  trabajo.   

Las   precedentes   consideraciones   son  suficientes  para  inadmitir  la  demanda y la Corte no advierte la necesidad de  proferir  fallo  de  fondo  en  orden  a  alcanzar alguno de los propósitos del  recurso.   

3. Al amparo del artículo 184 de la Ley 906  de   2004,   es   procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en  ausencia  de  disposición  legal,  han  sido definidas por la Sala desde el año 2005, en CSJ  AP,   12   dic.  2005,  rad.  24322,  y  precisadas  en  AP3481-201425.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  INADMITIR   la   demanda  presentada  por  el  defensor  de  Juan David Ceballos  Valencia.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Violencia contra las personas.   

2 Por  dos o más personas.   

3  Utilizando medios motorizados.   

4 Obrar  en coparticipación criminal.   

5 Folio  2 del cuaderno principal.   

6  Folios 15 a 19 Id.   

7 Folio  17 Id.   

8 Folio  27 Id.   

9 Folio  39 Id.   

10  Folio 48 Id.   

11  Folio 72 Id.   

12  Folio 85 Id.   

13  Folio 108 Id.   

14  Folio 112 Id.   

15  Folios 134 a 154 Id.   

16  Folio 33 del fallo.   

17  Folios 186 a 194 Id.   

18  Folio 17 de la sentencia.   

19  Folio 206 Id.   

20  Folio 210 Id.   

21  Folio 215 Id.   

22  Folio 10 del fallo.   

23  Folio 11 Id.   

24  Folio 17 Id.   

25  Radicado 42597.     

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