AP2814-2014(43247)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP2814-2014  

Radicación N° 43247.  

Aprobado acta No. 162.  

Bogotá, D.C., veintiocho (28) de mayo de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Se   pronuncia   la   Corte  sobre   la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación       instaurada      por   el   defensor   de  ÁLVARO     IVÁN     MORÓN  CARRASCAL,  en contra de la sentencia  anticipada   de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Riohacha  el 14   de   noviembre  de  2013,   mediante   la   cual   se       confirmó      la  condena  impuesta  a  dicho  ciudadano  por  el Juzgado Promiscuo del Circuito de  San  Juan  del  Cesar  (La  Guajira)  el 9  de  mayo de  2013,  por  el  delito  de  Homicidio en grado de tentativa.   

HECHOS  

En la sentencia impugnada se trascriben como  hechos       penalmente      relevantes      los  siguientes:   

Los  primeros se suscitaron en las horas de  la  noche  del  19 de octubre de 2008 en la población  de     San     Juan    de    César    –La Guajira,  al  presentarse una riña entre la hoy víctima  joven  de  19  años de edad para  aquel   entonces  ANDRÉS  ALFONSO   GUERRA   DAZA   y,   el   acusado   ÁLVARO  IVÁN  MORÓN  CARRASCAL y  amigos   de   aquel  y  éste,  produciéndose reciprocas agresiones.   

Culminado  el incidente, habiéndose   alejado  el  primero  de  los  citados  del  sitio  de  los  acontecimientos,    el    segundo    –que   había  recibido  un  golpe  en  la nariz- fue en su búsqueda  llevando  consigo  un arma de fuego (revolver) y a bordo de un vehículo    automotor    junto   con   dos   personas   más,  ubicándolo en su lugar de residencia  del   barrio  Chapinero  donde  se  hallaba  con  su  padres  y  otras  personas,  disparando el instrumento  en   diversas  oportunidades  impactando  en  la  espalda  a  ANDRÉS  ALFONSO  GUERRA  DAZA  a consecuencia de lo cual el Instituto de  Medicina   Legal   y  Ciencias  Forenses  le  otorgó  incapacidad   médico   legal   definitiva   de   90  días   y  secuelas  médico legales consistentes en:  “(…)  1)  Deformidad  física,   de   carácter  permanente.    2)    Perturbación   funcional   del  órgano    sistema   nervioso   periférico,  con  compromiso  de  locomoción,  sistema  reproductor,  excreción fecal y urinaria, de  carácter             permanente.       3)       Pérdida   funcional  de  miembros  inferiores,  de  carácter  permanente (…) lo cual determina  su desplazamiento permanente en silla de ruedas.    

ACTUACIÓN  PROCESAL   

En  audiencia  preliminar  celebrada  el  21  de  diciembre  de  2009  ante  el Juzgado Primero  Promiscuo  Municipal  con  función  de  control  de  garantías   de   San   Juan  del  Cesar  (La  Guajira),     la  Fiscalía    Seccional    No    3    del    mismo  municipio    formuló  imputación  a  ÁLVARO  IVÁN  MORÓN  CARRASCAL  por  el  delito de Homicidio en grado de tentativa, quien se allanó  a  los  cargos  en el mismo acto. En  audiencia  siguiente,  a  petición  de la         Fiscalía,   al   imputado   se   le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención    preventiva    en    el    lugar   de  residencia.   

El registro de las audiencias preliminares  mencionadas  fue  remitido  al  Juzgado Promiscuo del  Circuito  de San Juan del Cesar (La Guajira), el cual  aprobó  el  allanamiento  a  cargos  y,  por  ende,  emitió  sentido de fallo condenatorio por el delito  imputado,   en  audiencia  realizada  el  25  de  febrero  de  2010.     Durante     ese     acto    procesal    el    representante     de     la    víctima  solicitó  la  nulidad  de  la actuación,    petición   que   le  fue  denegada por lo que interpuso  recurso  de apelación. Dicha impugnación  fue  resuelta por el Tribunal Superior de Riohacha el  4  de  mayo  de 2010 confirmando la  providencia            cuestionada.   

El  9  de  mayo  de  2013, el Juzgado de  conocimiento  profirió la sentencia condenatoria en  contra  del  procesado  por  el  delito de Homicidio en grado de tentativa y, en  consecuencia,    le    impuso    las   siguientes   penas:   Prisión  por  un  término  de  60  meses  e  Inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por  igual      período.      Adicionalmente,     le  concedió la sustitución  de  la  pena principal por prisión domiciliaria y lo  condenó al pago de perjuicios materiales y morales.  Contra     la    sentencia,    la    Fiscalía,  la    representación   de   las   víctimas,  el  Ministerio  Público y la  defensa     interpusieron     sendos     recursos    de    apelación.   

Los   recursos  interpuestos  contra  la  sentencia  fueron concedidos, por lo que el proceso fue remitido a la Sala Penal  del    Tribunal    Superior   de   Riohacha.   Esta  Corporación resolvió la  impugnación  propuesta  el  14 de noviembre de 2013  adoptando las siguientes determinaciones:   

1. Modificó el  término de las penas impuestas aumentándolo a 88 meses.   

2.  Revocó la  concesión   del   mecanismo   sustitutivo   de   la   pena   de   prisión  domiciliaria.   

3. Confirmó en  todo    lo    demás   la   sentencia   objeto   de  apelación.   

El  15  de  noviembre  de 2013, el acusado  presentó   memorial  mediante  el  cual  interpuso  recurso   extraordinario   de  casación  contra  la  sentencia  condenatoria.  Posteriormente,  el  15 de  enero  de  2014  su  defensor presentó la respectiva  demanda,  por  lo  que  una  vez  vencido el término  legal  previsto  para  dicha actuación, la        Secretaría  del  Tribunal  procedió a remitir el  expediente   a   esta   Corporación  en  donde  fue  recibido el pasado 17 de  febrero de 2014.   

DEMANDA DE CASACIÓN  

Luego de identificar los sujetos procesales,  la  sentencia  demandada, los hechos juzgados, la actuación procesal relevante;  en  el  libelo se invocan tres causales de casación que en realidad se contraen  a  dos,  pues  la tercera es una exacta repetición literal de la segunda. En su  orden se exponen las siguientes:   

Primer cargo: violación directa.  

El  recurrente considera que se incurrió en  la  falta  de  aplicación directa de una norma del bloque de constitucionalidad  llamada  a  regular el caso, por lo que se trataría de un error de puro derecho  sobre  la  legalidad  de la sentencia atacada, específicamente en lo que hace a  la  aplicación  de  los  beneficios  y  efectos  del  allanamiento a cargos que  hiciera el procesado.   

En  concreto,  el  error  de  derecho  en la  sentencia  habría consistido en que no obstante, a su entender, el allanamiento  a  cargos  es  un  mecanismo  de  colaboración  con la justicia que persigue el  otorgamiento  de beneficios denominados  subrogados penales; en el presente  caso  esa  finalidad  no  se  cumplió  por  cuanto  al procesado se le negó la  concesión  de  la condena de ejecución condicional y, en segunda instancia, se  le  revocó la prisión domiciliaria que en principio se le había otorgado. Por  esa  vía, considera el censor, se desconoció la colaboración que el procesado  prestó  a  la  justicia y el allanamiento no habría producido ningún efecto o  beneficio.   

En  ese escenario, el recurrente señala que  se  transgredió el principio de favorabilidad en materia criminal consagrado en  las  siguientes normas: artículo 15 del Pacto Internacional de Derechos Civiles  y  Políticos, artículo 9º de la Convención Americana sobre Derechos Humanos,  artículo  29 de la Constitución Política, y el artículo 6º de la ley penal,  tanto  sustantiva como de la procesal. Adicionalmente, en apoyo de esa tesis, el  censor  cita  las  sentencias C-371 de 2011, C-645 de 2012 y T-091 de 2006 de la  Corte   Constitucional   transcribiendo  extensos  apartes,  con  el  objeto  de  distinguir  el  allanamiento  a  cargo  de los preacuerdos y de precisar que los  beneficios  que  generan   esas formas de terminación anticipada al inicio  del proceso serán mayores que en etapas posteriores.     

Finalmente,   a  título  de  pretensión,  solicita  el demandante se case la sentencia y se ordene al Tribunal Superior de  Riohacha  que  la modifique conservando o no revocando la prisión domiciliaria,  único beneficio otorgado.   

Segundo  cargo:  desconocimiento  del debido  proceso.   

Inicia el fundamento de este cargo citando el  artículo  29  de  la  Constitución  Política, el cual trascribe además, para  resaltar  algunos  principios  que  derivan  del  debido proceso, como son el de  legalidad,  la  presunción  de  inocencia  y,  finalmente, el de favorabilidad.  Continúa  advirtiendo  que  esos  principios  no son “letra muerta, ni simple  tecnicismos  jurídicos,  o  simple  gramática  o  semántica,…”,  sino que  constituyen   “conquistas   humanas   de   corte  Liberal”.  Posteriormente,  considera  que  “sin  mayores disertaciones axiológicas y jurídicas” puede  afirmar  que  se  desconoció  el  debido proceso por violación al principio de  favorabilidad,  al  haberse  desatendido  el acto de allanamiento a cargos y los  beneficios que el mismo apareja.   

Para   finalizar,   manifiesta   idéntica  pretensión  que  en  la  primera  causal; sin embargo, como pedimento especial,  adicionalmente  solicita  que  si  la  demanda  adolece  de vicios de forma, los  mismos  se  superen  para que se decida de fondo, “con base en el párrafo 3º  del Artículo 184 del CPC”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En  ejercicio de la atribución  prevista  en  el  artículo       235-1       de       la  Constitución Política y  en  el  31-1  de  la  Ley  906  de  204;  la Corte se  pronuncia   sobre   la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación     instaurada     por    el    defensor    de    ÁLVARO     IVÁN    MORÓN  CARRASCAL,  previo  a  lo  cual  se  hará     una     breve    introducción      en      la     que     se  precisará  el  marco  legal  y  jurisprudencial del  recurso extraordinario interpuesto.   

1.          Cuestión previa.   

Con el  advenimiento  de la Ley 906 de 2004  se       buscó  afianzar      la     naturaleza     de    la  casación     como  mecanismo  de       control       constitucional       y       legal,   en   virtud   de  lo  cual  se  extendió   su   procedencia   a  todas  las  sentencias de segunda instancia,  sin   importar   la  categoría  del  juez  que  las  profirió o la pena prevista para el delito, siempre  y  cuando  se  adviertan  violaciones  a     derechos     o     garantías  fundamentales   (art.   181)   y   se   persiga  la  consecución   de   uno  cualquiera  de  los  fines  previstos   en  el  artículo  180  ibídem:  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto de las  garantías     de    los    intervinientes,    la  reparación    de   los   agravios   inferidos   a  éstos,  y,        por       último,    la   unificación   de   la  jurisprudencia.   

La redefinición  legal  del ámbito y de la  finalidad  de  la casación, como era lógico,  trajo consigo la adscripción de  nuevas    facultades    a    la   Sala   de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema   de   Justicia,  entre  las  cuales  vale  la  pena  destacar: en primer lugar, la de superar los  defectos  de  la  demanda  para  decidir  de  fondo atendiendo a los fines de la  casación,         fundamentación   de   los   mismos,  posición  del  impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia   planteada  (art.  184);  y,  en  segundo  lugar,  se  previó la  facultad      de      dictar      un     “fallo  anticipado”     cuando     por    razones    de  interés     general     la     Corte,  en decisión mayoritaria de la Sala,  anticipe  los  turnos para convocar a la audiencia de  sustentación       y      decisión       (art.       191).   

En  todo caso,  sin  perjuicio  de  la  facultad  especial  ya  aludida   contenida  en  el  artículo   184,   la   demanda  habrá  de  inadmitirse  en  las  hipótesis  previstas  en  el inciso segundo de ese mismo precepto normativo, a saber: si el  demandante    carece    de    interés,  prescinde  de señalar la causal, no  desarrolla  los  cargos  de sustentación o cuando de  su  contesto  se  advierta fundadamente que no se precisa del fallo para cumplir  algunas  de  las finalidades del recurso. (CSJ AP, 13  de  julio de 2007, Rad. 27.737, y CSJ AP, 23 de julio  de 2007, Rad. 27.810).   

En   ese   contexto   legal,  la  Corte  ha precisado:   

De  allí  que  bajo  la óptica del nuevo sistema procesal penal, el  libelo    impugnatorio    tampoco    puede    ser    un    escrito    de   libre  elaboración,     en     cuanto    mediante    su  postulación         el         recurrente  concita  a  la  Corte a la  revisión  del  fallo  de  segunda  instancia  para  verificar   si  fue  proferido  o  no  conforme  a  la  constitución y a la ley.   

Por lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para  prescindir  de  los defectos formales  de  una demanda cuando advierta la posible violación   de   garantías  de  los  sujetos  procesales  o de los intervinientes, de manera general, frente a las condiciones  mínimas  de  admisibilidad,  se  pueden deducir las  siguientes:   

1. Acreditación  del  agravio  a  los  derechos o garantías      fundamentales      producido      con     la     sentencia  demandada;   

2. Señalamiento  de  la  causal  de  casación,  a través   de   la  cual  se  deja  evidente  tal  afectación,  con  la  consiguiente  observancia  de  los  parámetros  lógicos,  argumentales  y  de  postulación   propios   del   motivo   casacional  postulado;   

3.      Determinación   de   la   necesariedad   del   fallo  de  casación   para  alcanzar  alguna  de  las  finalidades  señaladas   para   el  recurso  en  el  ya  citado  artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De  otro  lado,  con  referencia  a  las  taxativas    causales    de   casación  señaladas  en el artículo  181  del  nuevo Código, se tiene  dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta  de     aplicación,    interpretación  errónea,  o aplicación   indebida  de  una  norma  del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-,  recoge  los  supuestos de la que se ha llamado a lo largo de la doctrina de esta  Corporación      como     violación directa de la ley material.   

b)   La   del   numeral  2º   consagra   el   tradicional   motivo  de  nulidad  por  errores  in iudicando,  por  cuanto  permite el ataque si se desconoce el debido proceso  por  afectación  sustancial de su estructura (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera  de las partes (yerro de garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia  bien  sea  de la vulneración del debido proceso o de  las   garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas.   

Del     mismo    modo,    bajo    la  orientación  de  tal  causal  puede  postularse  el  desconocimiento  del  principio  de congruencia entre  acusación y sentencia.   

c)    Finalmente,   la   del   numeral  3º  se ocupa de la denominada violación     indirecta     de     la    ley    sustancial    –manifiesto  desconocimiento  de las  reglas   de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha  fundado la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción  alude  a  los  errores  de  derecho  que se manifiestan por los  falsos   juicios   de   legalidad   –práctica  o incorporación  de  las  pruebas sin observancia de los requisitos contemplados  en   la   ley-,  o,  excepcionalmente  por   falso   juicio   de  convicción,  mientras  que  el  desconocimiento  de  las  reglas  de  apreciación   hace   referencia   a  los  errores  de  hecho  que  surgen  a  través  del  falso  juicio de identidad          –distorsión     o     alteración    de    la  expresión  fáctica del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar  un  hecho  probado  con  base en una prueba inexistente u omitir la apreciación  de una allegada de manera válida al  proceso-  y  del  falso  raciocinio  –fijación de premisas ilógicas    o   irrazonables   por   desconocimiento   de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La  invocación  de  cualquiera  de estos errores exige que el cargo se desarrolle conforme a las  directrices   que  de  antaño  ha  desarrollado  la  Sala,    en    especial,    aquella    que    hace  relación   con  la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el  mismo  fue  determinante  del fallo  censurado.   

Establecidas  las premisas básicas   del  examen  constitucional  y  legal   que   corresponde,   la  Sala  abordará         el    estudio    de    la    demanda    de    casación.   

2. El caso concreto.  

De          conformidad   con   los   referentes  normativos    y   jurisprudenciales   ya        señalados,  advierte la Sala varias deficiencias  de     carácter     insuperables    en   el   libelo   que   imponen   su  inadmisión, las        cuales        pasa        a        explicar.   

Al   inicio   se   advirtió  que  el  código  procesal  de  2004  amplió   el   ámbito  material  de  la casación  para  admitir su procedencia frente a todas las sentencias de segunda instancia,  y   que   esa  extensión  se  acompasó  con  nuevas  facultades especiales para la Corte. De    igual    manera,   la   reforma   legal   implicó    la    adscripción   de   cargas  argumentativas        más        estrictas    para   el   demandante;  así  pues,  junto a las ya tradicionales exigencias  de  debida  postulación  del  cargo suficientemente  desarrolladas  por  esta  Corporación frente a cada  una  de las causales de casación, se requiere ahora,  con    mayor    ahínco,   la   fundamentación  de   los   fines   que   pretenda   alcanzar   el  recurrente,  tal  y  como  lo  prevé  el  artículo 184  pluricitado en su inciso 3º.   

Sin  mayores elucubraciones se observa que  el     libelo    bajo    examen    incurrió    en  omisión   absoluta   de  argumentos  tendientes  a  establecer  la  necesidad  constitucional y legal de  abordar  el  estudio  de la pretensión casacional, a  partir  de  una  de  las  precisas finalidades previstas en el artículo  180  de  la  Ley 906 de 2004. En  efecto,  ninguna  razón  contiene  el  texto  de la  demanda      sobre     la     necesidad  de lograr la efectividad del derecho material, o el respeto de  las   garantías   de   los  intervinientes,  o  la  reparación    de   agravios   inferidos,   o   la  unificación de la jurisprudencia.   

En ese orden, el incumplimiento de uno de  los     presupuestos     esenciales     de     la  casación      como      es     el     de     su  fundamentación         teleológica,  sin  que  tampoco se advierta oficiosamente la necesidad de  un  fallo  para  cumplir  alguna  de  sus  legítimas  finalidades;  no  puede  generar sino su inadmisión,  no   obstante   lo   cual  se  abordará  el  examen  de  los cargos propuestos  con  el  objeto  de  advertir las demás razones que,  igualmente,  devienen  en  la  consecuencia jurídica  adversa para el censor.   

Primer   cargo:   violación directa   

El  demandante plantea como cargo inicial  la  falta  de  aplicación directa de una  norma  del  bloque  de  constitucionalidad  llamada a regular el  caso,    premisa    ésta   que   de   comprobarse  constituiría      una     violación directa a la ley sustancial.   

En  desarrollo  del  cargo,  aduce que la  sentencia  de  segunda  instancia  transgredió, por  inaplicación,    el  principio  de  favorabilidad  de  la  ley  penal  consagrado efectivamente en el  bloque  de  constitucionalidad  (art.  15  del  Pacto  Internacional de Derechos  Civiles  y  Políticos,  y  art.  9  de la  Convención  Americana     sobre    Derechos    Humanos),    pero,    además,     en     el     mismo       texto       de       la  Constitución  Política  (art.  29)  y  en  la Ley Penal (art. 6º   sustantivo   y  procedimental).  Una  vez  precisó  ese  marco  normativo,  manifiesta  que  el  yerro  in iudicando  habría  consistido en que la sentencia impugnada no  concedió     ni     la    suspensión             condicional  de la ejecución de la pena  ni   la   prisión  domiciliaria  al  procesado,  no  obstante la condena fue consecuencia de un allanamiento a cargos.   

Con   la  sola  postulación   del   cargo,   se  advierte  que  la  premisa  fáctico-procesal  que  configuraría una  actuación  errónea de los jueces de instancia en la sentencia,  esto  es  la  negación de mecanismos sustitutivos de  la  pena  de  prisión en la sentencia anticipada por  allanamiento  a cargos; en ningún momento desarrolla  una  violación  al  principio  de  la favorabilidad  cuya  aplicación  se  sujeta al presupuesto inexorable de  un   tránsito   de   leyes,   es   decir,   de  la  sucesión  de  por lo menos dos normas  legales  que    impongan   la   selección   y,   posterior,  aplicación  de  la  más  benévola  a  los  intereses  del reo, tal y como lo  exigen    las   normas  constitucionales  y  legales  antes citadas. Es más,  el  contexto  de  la demanda y de la sentencia impugnada tampoco permite inferir  la  ocurrencia  de  un conflicto de leyes en el tiempo que hubiese generado para  los   jueces   de   instancia   la  obligación  de   acudir   a  dicho  principio  para seleccionar la norma que finalmente resultara aplicable al caso,  razón   por   la   cual  se  muestra  evidente  la  inadecuación   de   la  premisa  jurídica   elegida  por  el  libelista  para  realizar  el  juicio  de  legalidad   de   la   decisión  judicial que cuestiona.   

En  otras  palabras,  las  disposiciones  normativas  que  se catalogan como transgredidas (principio de favorabilidad) no  regulan    la   decisión   judicial   tachada   de  errónea  (negación  de  subrogados  penales  en  sentencias  anticipadas),  o,  lo  que  es igual,  no la contienen en su respectivo supuesto de hecho; por lo  que   no   pueden   constituir   el   baremo   a  partir  del  cual  valorar  la  adecuación  o  no  de  aquella decisión  con  el  ordenamiento jurídico. Ese  parámetro de valoración  debía   integrarse   con  la  ley  sustancial  que  regula el allanamiento a  cargos   y   los   subrogados   penales   (prisión  domiciliaria   y   suspensión  condicional  de  la  prisión),      pues      son     éstas  las  instituciones  jurídicas a  partir  de  las  cuales  el  censor  persigue  obtener unos efectos favorables             a             sus            intereses.   

Ahora     bien,     aún   si   se   superara  el  defecto  en  la  selección  de  la  norma  jurídica sustancial  infringida,   la   inadmisión  de  la  demanda  de  casación  se mantendría  incólume  porque  se  observa  de  bulto  que  las  resoluciones  objeto  de  censura  en  la  sentencia  impugnada,  esto  es  las  referidas a la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria,  se  ajustaron  a las normas  legales  que  las  regulan.  En  efecto,  la  improcedencia  de  los  mecanismos  sustitutos      es      manifiesta     por     cuanto     la     situación del  procesado  ÁLVARO  IVÁN  MORÓN    CARRASCAL    no    permitía  tener por cumplido ni siquiera los requisitos de índole  objetivo  que  los  hacen viables: en primer lugar, la pena  que   le   fue   impuesta  (88  meses  o  lo  que  es  igual  7  años   y   4  meses)  era  muy  superior  a   los   3  años  que  preveía     el     original    artículo  63 de la Ley 599 de 2000, vigente  en  la  época de ocurrencia de los hechos juzgados y  aun  cuando se profirieron las sentencias de instancia, para hacer procedente la  suspensión     de    la    ejecución   de  la  pena.  En  segundo  lugar,  la pena mínima imponible  para  el delito de Homicidio en grado de tentativa (arts. 103 y 27 L.   599   de   2000)   es   de  104  meses,  monto  éste  que  sobrepasa  los  5  años que  establecía  el original  artículo         38         ibídem.   

De  otra parte, la aceptación  unilateral de los cargos no produce  consecuencias  jurídicas  favorables  al  procesado  diferentes  a  las establecidas en los artículos 351  (inciso    1º),   356   (numeral   5º)  y  367 (inciso 2º) de la Ley 906 de  2004,  las  cuales  se  contraen  a  una rebaja de la pena en un porcentaje    que    será  inversamente  proporcional al avance de la actuación  procesal,  así: si el allanamiento  se     produce     en     la    formulación    de  imputación     la    rebaja    será  de  hasta  la  mitad  de la pena imponible, si ocurre durante la  audiencia   preparatoria   el  descuento  será  hasta la tercera parte y, por  último, si se presenta al inicio del juicio oral el  beneficio será de una sexta parte.   

Cuestión  diferente   ocurre   con   la  institución  de  los  preacuerdos,  en  virtud  de  los  cuales fiscalía y  defensa   pueden   negociar  no  sólo  lo  relativo  a  los  hechos  imputados  sino  a sus consecuencias  jurídicas  (arts. 350 y 351, inciso 2º,  ibídem), por lo que válidamente    el    objeto    del    consenso    podría   consistir   en  la  concesión  de  mecanismos  sustitutivos  de la ejecución de la pena  privativa  de la libertad.  Sin    embargo,   estos   efectos   jurídicos   no  podían   producirse  al  presente  caso,  pues  la  terminación  anticipada  del proceso seguido contra  ÁLVARO     IVÁN  MORÓN     CARRASCAL     se    debió   a  una  aceptación  unilateral  de  cargos   y   no   a  una  negociación  en  estricto  sentido    con    el  órgano      de  persecución penal.   

Por  último,  cierto  es que con posterioridad a la sentencia de segunda instancia e inclusive  a    la    presentación    de   la   demanda   de  casación,    inició  vigencia   la   Ley   1709   del   20   de   enero   de   2014   que   introdujo  modificaciones  importantes  a  los  requisitos  que  permiten  tanto  la  prisión  domiciliaria  como la  suspensión  condicional de la ejecución   de   la   pena,   tal   y   como   puede  constatarse  en  los  artículos  23 y 29, respectivamente, los cuales son  del siguiente tenor:   

ARTÍCULO  23.  Adiciónase  un  artículo                         38B a la Ley 599 de 2000, del siguiente tenor:   

Artículo 38B.  Requisitos  para  conceder la prisión domiciliaria.  Son   requisitos   para   conceder   la   prisión  domiciliaria:   

1.  Que  la  sentencia  se  imponga  por  conducta  punible  cuya pena mínima prevista en la ley sea de ocho (8) años de  prisión o menos.   

2.  Que no se trate de uno de los delitos  incluidos    en   el   inciso   2o   del   artículo   68A de la Ley 599 de 2000.   

3. Que se demuestre el arraigo familiar y  social del condenado.   

En  todo  caso  corresponde  al  juez  de  conocimiento,  que  imponga  la  medida,  establecer  con todos los elementos de  prueba  allegados  a  la  actuación  la  existencia o inexistencia del arraigo.   

4.  Que se garantice mediante caución el  cumplimiento de las siguientes obligaciones:   

a)   No   cambiar   de  residencia  sin  autorización, previa del funcionario judicial;   

b)  Que  dentro  del término que fije el  juez  sean  reparados  los  daños  ocasionados  con  el  delito.  El pago de la  indemnización  debe  asegurarse  mediante  garantía personal, real, bancaria o  mediante acuerdo con la víctima, salvo que demuestre insolvencia;   

c)  Comparecer  personalmente  ante  la  autoridad  judicial que vigile el cumplimiento de la pena cuando fuere requerido  para ello;   

d) Permitir la entrada a la residencia de  los  servidores  públicos encargados de realizar la vigilancia del cumplimiento  de  la  reclusión.  Además deberá cumplir las condiciones de seguridad que le  hayan  sido  impuestas  en  la  sentencia, las contenidas en los reglamentos del  Inpec  para  el  cumplimiento  de la prisión domiciliaria y las adicionales que  impusiere el Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad   

ARTÍCULO  29.  Modifícase         el         artículo         63 de la Ley 599 de 2000, el cual quedará así:   

Artículo 63. Suspensión de la ejecución  de  la pena. La ejecución de la pena privativa de la  libertad   impuesta   en   sentencia   de   primera,   segunda   o  única   instancia,   se   suspenderá  por  un  período  de  dos  (2)  a  cinco (5) años, de oficio o a petición del  interesado, siempre que concurran los siguientes requisitos:   

1.  Que  la pena impuesta sea de prisión  que no exceda de cuatro (4) años.   

2.  Si  la  persona  condenada  carece de  antecedentes  penales  y  no se trata de uno de los delitos contenidos el inciso  2o           del           artículo           68A  de  la  Ley  599  de 2000, el juez de conocimiento concederá la  medida  con base solamente en el requisito objetivo señalado en el numeral 1 de  este artículo.   

3.   Si   la  persona  condenada  tiene  antecedentes   penales   por  delito  doloso  dentro  de  los  cinco  (5)  años  anteriores,   el   juez  podrá  conceder  la  medida  cuando  los  antecedentes  personales,  sociales  y  familiares  del sentenciado sean indicativos de que no  existe necesidad de ejecución de la pena.   

La suspensión de la ejecución de la pena  privativa  de la libertad no será extensiva a la responsabilidad civil derivada  de la conducta punible.   

El  juez podrá exigir el cumplimiento de  las  penas  no  privativas de la libertad accesorias a esta. En todo caso cuando  se   trate   de  lo  dispuesto  en  el  inciso  final  del  artículo  122  de  la  Constitución  Política  se  exigirá  su cumplimiento.   

   

La   lectura   de  la  novedosa   legislación  en  punto  a  los  mecanismos  sustitutivos  de la ejecución de la pena  privativa  de la libertad, es suficiente para descartar su aplicabilidad al caso  examinado   porque   tanto   la   cantidad   de   pena   de  prisión    finalmente    impuesta   (88   meses)   como   la  legalmente imponible de acuerdo a la  naturaleza  del  delito  (104  meses);  superan los montos que hacen procedentes  aquellos   mecanismos.   En   efecto,   la  sanción  principal   impuesta    al   procesado   supera   los   4   años  (48  meses)  y la que inicialmente le era imponible     los     8     años  (96  meses);  de  manera tal que se incumple lo exigido en los  numerales  1º  de  los reformados artículos  63  y 38B del Código Penal, por  lo  que  la  concesión de los subrogados pretendidos  resultan   improcedentes   aún  al  amparo  de  la  Ley 1709 de 2014.   

En conclusión,  de  una  parte,  la  demanda  de  casación  ninguna  violación  al  principio de favorabilidad de la ley  penal   desarrolla   y,   de   otra,   la   reciente   Ley   1709   de  2014  no  representó    para    el    caso   concreto   una  situación   jurídica  más    favorable   para   el   procesado;   por   lo   que  se  impone  su  inadmisión  y  se  excluye  la  posibilidad  de una  casación oficiosa.   

Segundo     cargo:     desconocimiento        del        debido       proceso.   

El  demandante  invoca como segundo cargo  contra  la  sentencia  anticipada  de  condena  “el  desconocimiento  de  la estructura del debido proceso  por    afectación   de   la   garantía    debida    a    cualquiera    de   las   partes”.  Es  más, lo plantea inclusive como  tercer  cargo  con  idéntica  redacción  tanto  en  el título del cargo como  en  su desarrollo, lo cual indicaría más   un   error   de   trascripción     que    la    voluntad  inequívoca   de   presentar   un   cuestionamiento  adicional,  tal  y  como  antes  se  manifestó. Sin  embargo,  cualquiera  sea  la hipótesis que explique  tal   situación,  lo  cierto  es  que  se  esgrimen  argumentos  idénticos  por  lo  que  son aplicables  las      mismas  consideraciones    que    a    continuación    se  exponen.   

Al    momento   de   fundamentar   la  “nueva”  censura, el  recurrente  expone  algunas consideraciones teóricas  relativas   a   la   favorabilidad   en   materia   penal,   específicamente  trascribe el artículo 29 de  la     Constitución  Política y realiza unos  mínimos  comentarios  sobre  la  importancia  de la  aparición   de   ese   principio   en  la  ciencia  jurídica.    Al    final,    a    título  de  conclusión  del  cargo,  se  duele  de  un  “desconocimiento craso del principio  de    favorabilidad,    por    desconocimiento  del  acto de allanamiento de cargos y los beneficios que  el  mismo  acto  establece,…”.  En ese contexto,  desde  ya  se  advierte  que  el mal llamado en la demanda segundo cargo, emerge  absolutamente   infundado   y   constituye   una   mera   repetición     o,     a    lo    sumo,    una  continuación del que ya fue abordado íntegramente como achaque inicial.   

Es  más,  en  estricto   sentido,   ni   siquiera   es  necesario  remitir  al  censor  a  las  consideraciones  expuestas  en  el acápite anterior,  por    cuanto    el   desarrollo   del   cargo   ni   siquiera   contiene   la   premisa   fáctica   que  configuraría   la  eventual  violación   al   debido   proceso  y  mucho  menos  la  lesión  a  una  garantía fundamental de la  defensa.   Es   decir,   se  invoca,  al  igual  que  en  el  primer  cargo,  el  desconocimiento    del    principio    de    favorabilidad    de    la    ley   penal   sin   hacer   un  mínimo   intento   por  advertir  cuál  es el supuesto fáctico-procesal que  habría    que    valorar   para   determinar   su  adecuación  o su distanciamiento con la obligatoria  aplicación   de  aquella  norma  rectora.  En  tal  sentido,    la    argumentación    que  se  propone  como  fundamento de la  censura,    es    una    mínima   e   insustancial  continuación  de la inicial y, por ende, no amerita  mayores consideraciones a las que ya fueron expuestas.   

Por  último,  reitera     la     Sala     que    la    eventual  violación   al  principio  de  favorabilidad   ha   de   invocarse  necesariamente  por  vía  de  la infracción directa de la ley  sustancial  (causal 1ª, art.  181 L.  906  de  2004)  y  no  de  la  nulidad  (causal 2ª),  tal  y  como  se  afirmó el 21 de  octubre   de   2013   en  el  radicado  42064,  por  lo  que  habría       una      razón  adicional  para  inadmitir  la  demanda  por  el segundo cargo.  Ese   pronunciamiento,  aunque referido a la Ley  600  de  2000,  resulta plenamente aplicable al estatuto procesal de 2004 que no  varió  esencialmente el contenido y límites     de    las    causales     que    contienen      las     hipótesis  de  violación directa de la ley  sustancial   y  de  nulidad  de  la  actuación.  En  aquélla   ocasión  se  recordó:      

    

Oportuno  resulta  recordar  que  en  sede  extraordinaria  se  ataca la posible trasgresión del principio de favorabilidad  por  vía  de  la  causal  primera prevista en el artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  (…), antes que la tercera (nulidad), “toda vez que la vulneración de  este  principio  así  involucre  el desconocimiento de una garantía sustancial  fundamental  de origen constitucional configura un típico defecto in iudicando,  encontrando   respaldo   en   dicho   motivo   y   no   en   la   vía   de   la  nulidad”1   

En    reciente   decisión2,  frente a  la  forma  de  postulación  de  un  reparo como el que propone la recurrente se  dijo:   

“Al  respecto cabe recordarle al censor  que  cuando  se alega la vulneración del principio de favorabilidad, éste debe  proponerse  como  un  defecto in iudicando, pues se traduce en un desacierto del  juzgador  en  la  aplicación  del  derecho  sustancial  al caso concreto en las  hipótesis  de  sucesión  de normas, es decir, respecto de la vigencia temporal  de la ley.   

Igualmente que dicho principio está basado  en  un  supuesto  de  sucesión de normas, lo que obligadamente impone un juicio  comparativo  entre dos o más disposiciones cuando hay tránsito de legislación  o  concurrencia  de  ordenamientos,  para  deducir  cuál  regula de manera más  benigna     una     situación     sustancial    o    procesal    con    efectos  sustanciales”.   

3. Precisiones finales  

Como consecuencia de lo antes expuesto, la  Corte  inadmitirá   la  demanda  de  casación    presentada   por   el   defensor  del acusado ÁLVARO  IVÁN  MORÓN  CARRASCAL, no sin  antes          reiterar         que            examinada   la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la  presencia  de  alguna de  las   hipótesis   que   le  permitirían    superar   sus   defectos   para   decidir   de   fondo,   de  conformidad     con     el     artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Finalmente,  se advierte que en contra  de  este proveído procede  el   mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos  ampliamente  decantados  por la jurisprudencia de la  Sala.   

DECISIÓN   

En  mérito de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del procesado ÁLVARO IVÁN  MORÓN CARRASCAL, de acuerdo a las motivaciones antes expuestas.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es facultad del actor elevar petición de  insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Casación  11660  del  18  de  julio de 2001. Criterio reiterado en la casación  19412 del 12 de noviembre de 2003.   

2  Casación 41417 del 12 de agosto de 2013     

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