AP2782-2015(45540)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Magistrado Ponente  

AP2782-2015   

Radicación        No.       45540   

(Aprobado acta No.  184)   

Bogotá,  D. C., veinticinco (25) de mayo de  dos mil quince (2015).   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de   casación   presentada  por  el  defensor  del       acusado      TAUR.   

ANTECEDENTES  

1.- Los    hechos  fueron reseñados   por  el  Tribunal de la manera siguiente:   

Conforme fueron narrados en la diligencia de  acusación,  se  tiene  conocimiento  que  la  menor  M.  A.  G.  Z.1,  desde  que  contaba  con  los  siete años de edad, venía siendo  abusada      sexualmente      por      parte     del     señor     TAUR,  su  padrastro, así mismo, que el  último  episodio de esta índole ocurrió para el mes de marzo del año dos mil  once.  Explicó  la  menor  que en la casa de su madre en la vereda (…)   del  Municipio  de  (…)            –Antioquia,  el  señor  UR,  se le pasó a su cama, le bajó los  pantalones  y  en  sus  palabras  dijo:  “comenzó  a estregarle el pene en la  vagina”.  Refirió  que  posterior a esto y una vez se encontraban viviendo en  el  sector  (…) del mismo  municipio,  en  varias  oportunidades y aprovechando la ausencia de la madre, la  obligó  a  masturbarlo  y practicarle sexo oral hasta arrojar un líquido de su  miembro  viril que además debía tragar. Expresó que en otras oportunidades le  besó  la  boca  y  que  al oponerse a cualquiera de estas prácticas, el señor  TUla  presionaba,  le daba  dinero   a   cambio,   la   insultaba  e  incluso  le  pellizcaba,  logrando  su  cometido. Indicó haber comunicado el primer episodio  sucedido  a su madre pero que ésta no le creyó y contrario a esto la maltrató  constantemente.  Agregó que contando con once, doce y trece años, su padrastro  le  tocó los senos, la vagina, le besaba la boca y cuello, le introdujo el pene  en  su  vagina  y  cada ocho días debía succionarle el pene y a cambio le daba  cinco  mil  pesos  ($5.000)  por ello.   

En la misma fecha, ocho de junio de 2011, la  Comisaría     de    Familia    de    (…),  puso en conocimiento también de  la  autoridad  competente,  que  en  entrevista  practicada  a  la menor M.G.Z.,  hermana  de M. A., aquella relató que su padrastro Tu  le  introdujo  el  pene  en  la boca en una ocasión,  negando que hubiera ocurrido el hecho en otras oportunidades”.   

   

2.- El 18 de septiembre de 2011 la Fiscalía  presentó  el  caso ante la Juez Promiscuo Municipal con funciones de control de  garantías   de   San   Rafael,   Antioquia,   en   audiencias  preliminares  de  legalización  de  captura,  formulación de imputación e imposición de medida  de  aseguramiento  en  contra del indiciado TAUR. La imputación se efectuó por  el  concurso  homogéneo  y heterogéneo de delitos de acceso carnal abusivo con  menor  de  catorce  años  y  actos  sexuales  con menor de catorce años, ambos  agravados,  descritos y sancionados en los artículos 208, 209 y 211 numerales 2  y  5  del  Código  Penal,  con las modificaciones punitivas de que trata la Ley  1236 de 2008, la cual no fue aceptada.   

Posteriormente,      ante   el   Juzgado   Penal  del    Circuito    con   funciones   de  conocimiento       de       Marinilla,      Antioquia,   el  día  20  de     enero     de  2012  se  llevó a cabo la  audiencia  de  formulación de acusación -en la cual  la   Fiscalía   acusó   al   imputado  TAUR, del  referido    concurso    de    delitos-;   el   10   de   febrero  siguiente  la      audiencia      preparatoria,   donde   se   resolvió  sobre  la  pertinencia  y  conducencia  de  practicar las pruebas pedidas por las partes y,  posteriormente,  los días  24  de  febrero,  2, 8, 9  y  16 de marzo de 2012 el  juicio  oral.  En esta última fecha, se anunció el  sentido                 condenatorio del fallo.   

4.-   La   sentencia   fue  proferida  el  16    de   abril  de    2012,  y  con  ella  se  puso  fin  a  la  instancia  condenando  al  acusado  TAUR,  a  la  pena  principal  de veintiún  (21)     años     de    prisión,    así  como  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  veinte  (20)  años,  al  tiempo que no  le concedió la    suspensión    condicional    de   la   ejecución   de   la  pena   ni  la  prisión  domiciliaria,   entre   otras   decisiones,   como  consecuencia  de  encontrarlo  autor  penalmente  responsable  del  concurso  de delitos de acceso carnal abusivo con menor de catorce  años,  agravado  y  de  actos  sexuales  abusivos  con  menor de catorce años,  también     agravado,     imputado     en     la  acusación.   

5.- Apelada esta  determinación   por   la   defensa   -quien  a  partir  de  manifestar   su  inconformidad  con  la  apreciación  probatoria,  solicitó  revocarla  y absolver a su patrocinado, en  cuanto   consideró  ausentes  los  presupuestos  exigidos  por  el  Código  de  Procedimiento  Penal para proferir fallo de condena-,  el     Tribunal    Superior    del    Distrito    Judicial    de    Antioquia,  mediante  providencia  de  20  de octubre  de   2014  decidió  confirmar la condena por el  concurso  de  delitos  de acceso carnal abusivo con menor de 14 años y de actos  sexuales       con       menor      de      catorce      años      <<donde  figura como víctima la  menor  M.A.G.Z.>>, y  revocar  la  condena impuesta al acusado, <<por  el  delito  de  ACCESO  CARNAL  ABUSIVO CON MENOR DE 14 AÑOS, donde figura como  víctima  la  menor M.A.Z., y en consecuencia, se ABSUELVE a dicho ciudadano por  este preciso delito>>.   

En  razón  de  lo  anterior,  modificó el  quantum  punitivo,  <<el  cual queda fijado en  DOSCIENTOS  TREINTA  Y  CUATRO  (234) MESES DE PRISIÓN>>,  al resolver en segunda instancia la  impugnación interpuesta.     

6.- Contra esta decisión, en oportunidad la  defensa  interpuso recurso extraordinario de casación mediante la presentación  de       la       correspondiente      demanda2,  sobre cuya admisibilidad se  pronuncia la  Corte.   

LA DEMANDA  

Después de resumir los hechos e identificar  las   partes   intervinientes   en   el  trámite  y  la  sentencia  materia  de  impugnación,    con  apoyo  en  las             causal           tercera  de  casación, un   cargo   postula   el   recurrente   contra   la  sentencia  del  Tribunal.   

En  la  única  censura  formulada, el demandante  sostiene  que  el  fallo  se incurrió en manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la  cual  se  ha   fundado  la  sentencia, dando  lugar  a  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, debido <<un  error de hecho, fundado en  el  falso  juicio de raciocinio (sic) que consiste en  haber  apreciado la prueba de espaldas a la sana crítica, o de las reglas de la  experiencia,  lo  que implica desconocer el método de valoración señalado por  el legislador>>.   

En    punto    de    la    <<trascendencia  de  la  causal invocada>>,   después  de  realizar  algunas consideraciones generales  sobre  dicha  temática,  las  cuales  apoya  en  pronunciamientos  de  la Corte  relacionados  con  la  necesidad  de valorar los testimonios de los menores bajo  los  lineamientos  de  la  sana  crítica,  integrando  sus razonamientos con el  cúmulo  de  las  pruebas recaudadas, sostiene que en  este  caso  la  menor  pudo  haber  mentido,  o al menos resulta factible que lo  narrado  por  ella  se  distancia  de  lo  realmente  ocurrido,  o  se ocultó o  tergiversó por manipulación parental.   

Manifiesta que para la defensa <<no    se    cumplieron   los  protocolos  de  Michigan,  ni  de  Satac,  en  las  entrevistas  por parte de la  psicóloga  y  que  el  relato  que presento (sic) la  menor  M.A.G.Z.  en  la  diligencia  de  juicio  oral  no son claros, concretos,  coherentes  o concisos y que el mismo no tiene un soporte probatorio en el mismo  –ES DESVIRTUADA POR EL  TESTIMONIO        DE       SU       HERMANA       MENOR       M.G.Z.>>  (sic),  de  modo  que  como  aquel  testimonio ofrece  serias    inconsistencias,    <<no   era  suficiente  para  que  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  en  su Sala Penal  resolviera  CONDENAR  al  ciudadano  TAUR>>.   

Afirma   que   el  Tribunal  incurrió  en un error de hecho por falso raciocinio, <<al  no  aplicar  la  regla  de  exclusión sobre la prueba  testimonial   de   la  menor                 M.A.G.Z.  >>  -como           según  dice  sí lo hizo en relación  con  la también menor M.G.Z. lo cual determinó que fuera absuelto en relación  con      las      conductas      imputadas      respecto     de     ésta-.             Ello  en  razón  a  que, en criterio del censor, el testimonio de la niña M.A.G.Z. no es  coherente  ni  claro,  y  su  dicho no se encuentra respaldado con otro medio de  prueba,  <<es decir la única incriminación al  señor  TAUR,  surge  de  para  de  esta  (sic)  y  que  es  desvirtuada por su menor hermana M.G.Z. y del  análisis  conjunto  de  la  prueba  en  el gran juicio oral>>.   

Después  de  afirmar  que  acreditó  la  trascendencia  del yerro en las conclusiones del fallo, y de afirmar que existen  varios  pronunciamientos  de  la  Corte  en relación con la credibilidad de los  menores  de edad, menciona  como     normas     violadas     la    Declaración    Universal    de   Derechos   Humanos,   el   Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos, los  artículos  29  de  la  Carta  Política,  y 7 y 27 de la Ley 906 de 2004, entre  otras,  solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  recurrida, y absolver a su  representado   de   los   cargos  que  le  fueron  formulados.       

SE CONSIDERA  

1.-  La  Corte  repetidamente  ha  señalado CSJ AP, 5 Dic 2007, Rad.  28653,  que la casación no es instancia adicional a  las  ordinarias  del  trámite,  y  por  lo  mismo  no ha sido concebida como un  instrumento  que  permita  la  continuación  del  debate  fáctico  y jurídico  llevado  a  cabo  en  un  proceso  ya  culminado,  sino que, por  su propia  naturaleza  corresponde  a  una  sede  única  que  parte  del  supuesto  de  la  terminación  del  juicio  con  el  proferimiento  de  la  sentencia  de segunda  instancia  y,  además,  que ésta no solamente es acertada sino legal, por  ajustarse  en  un todo al ordenamiento jurídico, cuya desvirtuación compete al  demandante.   

De    conformidad    con   el   C.P.P.,  dicho  propósito  sólo  puede  lograrse  mediante  la presentación de una demanda escrita, en la que se  identifique  la  sentencia  recurrida, se acrediten la legitimidad y el interés  para  recurrir,  se expresen con claridad y precisión los fundamentos fácticos  y  jurídicos  de  la  pretensión, y se demuestre la objetiva configuración de  uno  o  varios  de los motivos de casación taxativamente previstos en la ley.   

Acorde  con  los  principios  que  rigen la  utilización  del  instrumento extraordinario de impugnación, en el libelo debe  demostrarse  igualmente, la necesaria intervención de la Corte para cumplir, en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines propios del recurso extraordinario,  los  cuales aparecen previstos por el artículo 180 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004.  De ninguna otra manera podrían ser entendidas las expresiones  contenidas  en  los   artículos  181  y  183 ejusdem, según las cuales la  casación   resulta   procedente   contra   sentencias   de   segunda  instancia  <<cuando  afectan  derechos            o            garantías            fundamentales>>  y  que en la demanda se debe  señalar    <<de  manera    precisa   y   concisa>> las causales invocadas y sus fundamentos.   

En esta oportunidad  debe insistirse en  recalcar  que  en  el  sistema  procesal  de  que trata la Ley 906 de 2004 no se  libera  al demandante del deber de cumplir con unos mínimos requisitos de forma  y  contenido  que  le  permitan superar el necesario juicio de admisibilidad que  por  ley  compete  realizar  a la Corte. Tanto es esto, que el artículo 184 del  mencionado  estatuto la faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en  las  cuales  se  establezca que el impugnante carece de interés, o cuando no se  señala  el  motivo  de  casación  en  que  apoya la pretensión desquiciatoria  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  o  cuando  en el escrito se dejan de  desarrollar  clara  y  precisamente  los  cargos  que  a  su  amparo  pretendió  formular,    <<o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para  cumplir     algunas     de     las     finalidades    del    recurso>>.   

Entre    los   mencionados   requisitos  establecidos   por   el   artículo  183  de  la  Ley  906  de  2004,  con la modificación introducida por  el   artículo   98   de   la  Ley  1395  de  20103,   se  destaca  que  el  censor  tiene  el  deber  de  interponer  el  recurso  dentro  de la oportunidad  legalmente  prevista,  esto  es dentro de los 5 días  siguientes  a  última  notificación de la sentencia  de    segunda    instancia    proferida    por    el    Tribunal,   presentar  la  demanda en un  término posterior común de 30  días  y  la  carga  de  acreditar  la existencia de  interés para acudir a sede extraordinaria.   

El  demandante  tiene  por  deber  señalar,  además,   con   absoluta   precisión  la  causal  o  causales  que  apoyan  su  pretensión;  enunciar,  desarrollar  y  sustentar  de manera clara y precisa el  cargo  o  cargos  que  a su amparo pretenda proponer y; demostrar con la nitidez  requerida,  que  la  intervención  de  la Corte en el asunto particular resulta  necesaria  para  cumplir  alguna  de  las  varias  finalidades previstas para el  recurso,  tales  como  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las  garantías  de  los intervinientes en el proceso, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

En dicho sentido la Sala CSJ AP, 9 Jun 2008,  Rad. 29019 tiene establecido que:   

La debida sustentación del cargo propuesto  implica   para  el  censor,  entre  otras  exigencias,  desarrollarlo  en  forma  completa,  conforme  al  principio de sustentación suficiente, de suerte que la  demanda  se  baste a sí misma para lograr la infirmación total o parcial de la  sentencia,  según  el  caso,  y hacerlo de manera clara y precisa, en términos  tales  que  el  alcance  de  la  impugnación surja nítido, para que el juez de  casación pueda dar a los reproches planteados adecuada respuesta.   

También   es   exigencia   indeclinable  demostrar  que la intervención de la Corte es necesaria para la realización de  los  fines  de  la  casación,  lo  cual  significa  que  la demanda, además de  hallarse  adecuadamente  presentada y debidamente sustentada (idoneidad formal),  debe  ser fundada (idoneidad sustancial), es decir, estar razonablemente llamada  a   propiciar   la   infirmación   total  o  parcial  de  la  sentencia,  o  un  pronunciamiento unificador de la Corte sobre el tema debatido.   

A esta conclusión se llega tras consultar  el  contenido  del  artículo  184  ejusdem,  donde se incluye como causal de no  selección  de  la  demanda  de casación, el que se advierta fundadamente de su  contexto  que  no  se  precisa  del fallo para cumplir alguna de las finalidades  propias  del  recurso,  es  decir,  que  no  sea  necesario para materializar la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes  y  la  reparación de los agravios inferidos a éstos (artículo  180).   

En todo caso, la adecuada sustentación del  recurso,  sin  la  cual no es posible acceder a éste,  <<exige  que  el  demandante  demuestre  que  el juzgador cometió un error al tomar la decisión,  bien  de  juicio (in iudicando) o de actividad (in procedendo), para cuyo efecto  no  basta  afirmar  que  una  determinada  infracción  se cometió, sino que es  necesario  precisar  en qué consistió, qué repercusiones o implicaciones tuvo  en  la  decisión  recurrida,  qué  consecuencias desfavorables se derivaron de  ella  para  la  parte  impugnante,  y  por  qué la intervención de la Corte es  necesaria  para  el  cumplimiento  de  los fines del recurso>>     CSJ    AP,    26    Sep    2007,    Rad.    28053.     

2.-  A más de lo  dicho,  la  Sala  CSJ  AP,  22  Jun  2006, Rad. 25412  ha dejado indicado:   

…que  el  demandante  debe encaminar sus  esfuerzos  a  demostrar  cómo con el trámite procesal o a través del fallo se  afectaron  derechos  o garantías fundamentales para lo cual, en consonancia con  el  yerro  advertido,  ha  de  servirse  de  la  causal  de casación pertinente  señalándola  expresamente  e indicando las razones que le asisten para estimar  que   se  encuentra  estructurada,  sin  olvidar  que  debe  indicar,  así  sea  sucintamente,  cuál  de los fines establecidos para la casación hace necesaria  la  intervención  de la Corte en el particular asunto, según lo previsto en el  artículo  180  de  esa  normatividad, esto es, si ella es indispensable para la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  o la  unificación de la jurisprudencia.   

Con  esos  propósitos,  resulta  de  suma  utilidad   que   el   actor   atienda   las  directrices  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  sobre  la  forma  para abordar en esta sede el desarrollo de los  diferentes  motivos  de  casación  pautas que, bien está recordar, no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la formulación y desarrollo  de sus reparos.   

Tales   directrices   tienden,  pues,  a  facilitar  la labor del demandante a fin de que resulten completos y entendibles  los  cargos  que  propone  contra el fallo de segundo grado, exigencia que sigue  vigente  pues  si  bien  en  la nueva lógica del recurso se habilita a la Corte  para  superar  los  defectos que el libelo ofrezca, esta última opción demanda  del  censor  un  esfuerzo  argumentativo  a  través  del  cual  demuestre ya el  probable  distanciamiento  entre  el fallo recurrido y la norma constitucional o  legal  que debió gobernarlo, ora la vulneración de garantías fundamentales de  los  intervinientes,  bien  el  tema  jurídico  que  por su relevancia deba ser  abordado   por   la   Sala   a   fin   de   procurar   el   desarrollo   de   la  jurisprudencia.   

Es  decir,  siempre será necesario que el  demandante  elabore  una  propuesta  coherente,  comprensible y convincente, por  cuyo  medio  pueda  concluirse  que  sí es indispensable la intervención de la  Corte  para  lograr  alguno  de los cometidos de la casación, de acuerdo con la  índole de la controversia planteada.   

3.-    Del    mismo    modo,    cabe  denotar  que  si  de  lo  que  se  trata es de denunciar, con apoyo en la causal  tercera  de  casación,  que  la  sentencia del Tribunal incurre en <<manifiesto  desconocimiento de las reglas de producción y  apreciación    de    la    prueba    sobre   la   cual   se   ha   fundado   la  sentencia>>,   dicho   tipo   de   desacierto  corresponde  a  la  forma indirecta de violación a las disposiciones de derecho  sustancial,  y  se  configura  cuando  el  sentenciador  comete  errores  en  la  apreciación  de los medios de prueba, los elementos materiales probatorios o la  evidencia  física,  los  cuales  pueden ser de hecho o de derecho CSJ AP, 29 Ag  2007, Rad. 26276.   

Los   primeros,   es  decir  los  errores  de  hecho  en  la  apreciación probatoria,  se  presentan  cuando  el  juzgador  se  equivoca  al contemplar  materialmente  el  medio  de  conocimiento;  porque deja de apreciar una prueba,  elemento  material  o  evidencia,  pese  a  haber  sido  válidamente presentada  o   practicada  en  el  juicio oral, o porque la supone practicada en éste  sin  haberlo  realmente  sido  y  sin  embargo le confiere mérito (falso  juicio  de existencia); o cuando no  obstante   considerarla   legal   y   oportunamente   presentada,  practicada  y  controvertida,  al  fijar  su contenido la distorsiona, cercena o adiciona en su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no se  establecen     de     ella    (falso    juicio    de  identidad);  o,  porque  sin  cometer  ninguno de los  anteriores  desaciertos,  habiendo  sido válidamente practicada la prueba en el  juicio  oral,  en  la  sentencia  es apreciada en su exacta dimensión fáctica,  pero   al   asignarle   su   mérito  persuasivo  se  aparta  de  los  criterios  técnico-científicos  normativamente establecidos para la apreciación de ella,  o   los  postulados  de la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de  experiencia,  es  decir,  los  principios  de  la sana crítica, como método de  valoración  probatoria  (falso raciocinio).   

De  este  modo, cuando el reparo se orienta  por    el    falso    juicio   de   existencia   por  suposición  del  medio  de  conocimiento, compete al  casacionista  demostrar el yerro con la indicación correspondiente del fallo en  donde  se  aluda a dicho medio que materialmente no fue practicado, presentado o  controvertido  en  el  juicio;  y  si  lo  es  por  omisión de ponderar prueba,  elemento  material  o  evidencia física válidamente presentada o practicada en  la   audiencia   de   juicio  oral  (falso  juicio  de  existencia  por  omisión),  es su deber concretar la  parte  pertinente de la audiencia pública en que se presentó la evidencia o el  elemento  material  o  se  practicó  la prueba, e indicar qué objetivamente se  establece  de  ella, cuál  mérito le corresponde siguiendo los postulados  de  la  sana  crítica  y  los criterios de valoración normativamente previstos  para  cada  una,  y  señalar  cómo  su  estimación  conjunta  con  el arsenal  probatorio  aducido  por  las partes en el juicio y debidamente controvertido en  éste,  da  lugar  a variar las conclusiones del fallo, y, por tanto a modificar  la    parte    resolutiva    de    la    sentencia    objeto   de   impugnación  extraordinaria.       

Si   lo   pretendido   es   denunciar  la  configuración  de  errores de hecho por falsos juicios  de   identidad  en  la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar  expresamente  qué  en  concreto  dice  el medio de  prueba,  el  elemento  material  probatorio  o  la  evidencia física, según el  caso;   qué  exactamente dijo de él el juzgador, cómo se le tergiversó,  cercenó  o adicionó en su expresión fáctica haciéndole producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Si     se    denuncia    falso  raciocinio  por desconocimiento de  los  criterios técnico científicos normativamente establecidos para cada medio  en  particular (Art. 380 CPP), el casacionista tiene por deber precisar la norma  de  derecho  procesal  que  fija  los criterios de valoración de la prueba cuya  ponderación  se  cuestiona, indicar cuál o cuáles de ellos fueron conculcados  en  el caso particular y demostrar la incidencia que dicho desacierto tuvo en la  parte resolutiva del fallo.   

Si  la  denuncia  se dirige a patentizar el  desconocimiento   de   los   postulados   de  la  sana  crítica,  se  debe  indicar  qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio, qué infirió de él el juzgador y cuál mérito persuasivo  le  fue  otorgado;  también debe señalar cuál postulado de la lógica, ley de  la  ciencia  o  máxima  de  experiencia  fue  desconocida,  y  cuál  el aporte  científico  correcto,  la  regla  de  la  lógica  apropiada,  la máxima de la  experiencia  que debió tomarse en consideración y cómo; finalmente, demostrar  la  trascendencia  del  error, indicando cuál debe ser la apreciación correcta  de  la  prueba  o  pruebas que cuestiona, y que habría dado lugar a proferir un  fallo sustancialmente distinto y opuesto al ameritado.    

En  torno a las reglas de experiencia, como  uno  de  los  componentes  del método de apreciación racional de la prueba, la  Corte   (CSJ  SP,  21  Nov 2002, Rad 16472) igualmente tiene establecido lo  siguiente:   

Ahora  bien,  la  experiencia es una forma  específica  de  conocimiento  que se origina por la recepción inmediata de una  impresión.  Es  experiencia  todo  lo  que  llega o se percibe a través de los  sentidos,  lo  cual supone que lo experimentado no sea un fenómeno transitorio,  sino   un   hecho   que   amplía   y   enriquece   el   pensamiento  de  manera  estable.   

Del   mismo  modo,  si  se  entiende  la  experiencia  como  el  conjunto  de  sensaciones  a las que se reducen todas las  ideas  o  pensamientos  de  la  mente,  o bien, en un segundo sentido, que versa  sobre  el pasado, el conjunto de las percepciones habituales que tiene su origen  en  la  costumbre;  la  base de todo conocimiento corresponderá y habrá de ser  vertido  en  dos  tipos  de  juicio,  las  cuestiones de hecho, que versan sobre  acontecimientos  existentes  y  que son conocidos a través de la experiencia, y  las  cuestiones de sentido, que son reflexiones y análisis sobre el significado  que se da a los hechos.   

Así,  las  proposiciones  analíticas que  dejan  traslucir  el conocimiento se reducen siempre a una generalización sobre  lo  aportado  por  la  experiencia, entendida como el único criterio posible de  verificación  de  un  enunciado  o  de  un  conjunto  de enunciados, elaboradas  aquéllas  desde una perspectiva de racionalidad que las apoya y que llevan a la  fijación  de  unas  reglas  sobre  la  gnoseología,  en  cuanto el sujeto toma  conciencia  de  lo que aprehende, y de la ontología, porque lo pone en contacto  con el ser cuando exterioriza lo conocido.   

(…)  

Atrás  se  dijo  que la experiencia forma  conocimiento  y  que los enunciados basados en ésta conllevan generalizaciones,  las  cuales  deben  ser  expresadas  en  términos racionales para fijar ciertas  reglas  con  pretensión  de  universalidad,  por  cuanto,  se agrega, comunican  determinado  grado  de  validez  y  facticidad,  en un contexto socio histórico  específico.   

En ese sentido, para que ofrezca fiabilidad  una  premisa  elaborada  a partir de un dato o regla de la experiencia ha de ser  expuesta,  a modo de operador lógico, así: siempre o casi siempre que  se  da A, entonces sucede B.   

Asimismo,   sobre  el  aludido  tema,  la  jurisprudencia (CSJ SP, 9 Abr 2008, Rad 22548) tiene señalado que:   

…proposiciones  formuladas  a partir del  conocimiento  obtenido por vivencias, para que puedan erigirse como reglas de la  experiencia,  y  por  ende tenidas en cuenta como pautas de la sana crítica, es  necesario  que puedan ser sometidas a contraste y trasciendan su confrontación,  ya  que  de  lo  contrario, a pesar de ostentar una conformación lógica, sólo  constituirán  situaciones hipotéticas e inciertas4;  además  es  indispensable  que  sean  aceptadas  en  forma general con pretensiones de universalidad por la  colectividad,  más  no  que obedezcan a lo que el individuo haya aprehendido en  su  particular  cotidianeidad,  pues, esto si bien puede ser importante frente a  procesos  racionales  internos,  no es fundamento serio para estructurar axiomas  empíricos  de  aceptación  dentro  de un conglomerado, en determinado contexto  social  y  cultural,  con  la  aspiración  de ser esgrimidos para desvirtuar el  reproche   de   responsabilidad   que   se  hace  en  materia  penal5.   

La  Corte  no  puede  dejar de subrayar que  cuando  de  precisar  la  naturaleza  y  alcance de los errores originados en la  apreciación  judicial  de las pruebas, como uno de los motivos de invalidación  susceptibles     de     ser    invocados    en    sede    de    casación,    la  jurisprudencia   (CSJ   AP,   17   Sep   2003,  Rad.  17690)  ha sido insistente en señalar que este  desacierto  no  resulta configurado por la sola disparidad de criterios entre la  valoración   realizada   por  los  jueces  y  la  pretendida  por  los  sujetos  procesales,  sino de la comprobada y grotesca contradicción entre aquella y las  reglas que informan la valoración racional de la prueba.   

También    ha   dicho,   en   doctrina  suficientemente  decantada  y  difundida,   que  si  un  contraste de tales  características  no  se  presenta,  porque los juzgadores, en ejercicio de esta  función,  han  respetado  los  límites  que  prescriben  las reglas de la sana  crítica,  será  su criterio, no el de las partes, el llamado a prevalecer, por  virtud  de la doble presunción de acierto y legalidad con que está amparada la  sentencia de segunda instancia.   

Por  esto,  ha  de  reiterarse  que  inane  resulta,  por  tanto,  en sede extraordinaria, pretender desquiciar el andamiaje  fáctico-jurídico  del  fallo impugnado con fundamento en simples apreciaciones  subjetivas  sobre  la forma como el juez de la causa debió enfrentar el proceso  de  concreción  del mérito demostrativo de los elementos de prueba, o el valor  que debió habérsele asignado a un determinado medio.   

No   se   trata,   pues,   de   presentar  discrepancias  interpretativas  en relación a cómo se aprecian las pruebas por  los  juzgadores y cómo hubiera querido el demandante que fueran valoradas, pues  ello  no  es  posible  de  plantearlo  en  sede  del  recurso  extraordinario de  casación  dada  la  inocuidad  de  este  tipo  de  argumentos  para  derruir la  presunción de acierto y legalidad que ampara el fallo.   

Esto  tiene  sentido  si  se  considera que  dentro  de la autonomía de apreciación probatoria la labor del juez al evaluar  el  caudal  probatorio  consiste  precisamente  en  definir  a qué elementos de  juicio  les reconoce credibilidad y a cuáles no para llegar a su convencimiento  sobre  la  verdad  de lo acaecido, establecer la base fáctica de la sentencia y  la  declaración  del  derecho  en  la  parte  resolutiva del fallo.     

Tampoco trata la casación, en cuanto a este  motivo  se  refiere, de presentar argumentos probatorios que puedan ser válidos  frente  a  una  hipótesis  posible  de  interpretación,  pues lo posible no se  identifica  con lo cierto, real, claro y manifiesto, ni puede ser utilizado como  fundamento  para resolver la divergencia apreciativa de los medios entre el juez  y  las  partes.  En  tal  eventualidad prevalece el criterio de aquél siempre y  cuando  se mantenga dentro de las pautas que rigen la persuasión racional, cuya  desvirtuación  compete  al  demandante de manera objetiva, clara y completa con  referencia  a  la totalidad de los medios en que se sustentó el fallo objeto de  censura  y no combatiendo tan sólo una parte de ellos desde su particular punto  de  vista,  como  si  el  juicio no hubiera concluido con el proferimiento de la  sentencia de segunda instancia.      

Los  errores  de  derecho  en la apreciación de las pruebas, entrañan,  por  su  parte, la apreciación material del medio de conocimiento por parte del  juzgador,  quien  lo  acepta  no  obstante  haber  sido  aportado  al  juicio, o  practicado   o   presentado   en   éste,   con  violación  de  las  garantías  fundamentales  o de las formalidades legales para su aducción o práctica; o lo  rechaza  y  deja  de  ponderar  porque  a  pesar  de  haber  sido  objetivamente  cumplidas,  considera  que  no las reúne (falso juicio  de legalidad).   

También, aunque de restringida aplicación  por  haber desaparecido del sistema procesal la tarifa legal, se incurre en esta  especie  de  error  cuando  el juzgador desconoce el valor prefijado al medio de  conocimiento  en  la  ley,  o  la  eficacia  que  ésta  le asigna (falso     juicio    de    convicción),  correspondiendo  al  actor,  en  todo  caso,  señalar las normas procesales que  reglan  los  medios  de conocimiento sobre los que predica el yerro, y acreditar  cómo se produjo su trasgresión.   

Cada una de estas especies de error, obedece  a  momentos  lógicamente distintos en la apreciación probatoria y corresponden  a  una  secuencia de carácter progresivo, así encuentre concreción en un acto  históricamente  unitario:  el  fallo judicial de segunda instancia. Por esto no  resulta  técnicamente  correcto  que  frente a un mismo medio de conocimiento y  dentro  del  mismo  cargo,   o  en  otro  postulado  en el mismo plano, sin  indicar  la  prelación  con que la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen  argumentos     referidos     a    desaciertos    probatorios    de    naturaleza  distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras de la claridad y  precisión  que ha de regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar  el  sentido de trasgresión de la ley y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios  de  conocimiento  sobre los que predica el yerro, e indicar de manera  objetiva  su  contenido, el mérito atribuido por el juzgador, la incidencia del  desacierto   cometido   en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación  concretar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  mediatamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber  ocurrido  el yerro, el sentido del fallo habría sido sustancialmente distinto y  opuesto  al  impugnado,  integrando  de  esta  manera  lo  que se conoce como la  proposición    jurídica    del   cargo   y   la   formulación   completa   de  éste.   

3.1.- De todos modos, debe insistir la Sala  en  que  de  optar  el  demandante  por  la  vía  indirecta  para  denunciar la  violación  de  normas sustanciales por errores en la apreciación de los medios  de  conocimiento, la misma naturaleza excepcional que  la casación ostenta  le  impone  la  necesidad  de  abordar  la  demostración  de  cómo  habría de  corregirse  el  yerro  probatorio  que  denuncia,  modificando tanto el supuesto  fáctico como la parte dispositiva de la sentencia.   

Como  resulta  apenas  obvio,  esta  tarea  comprende  el  deber de realizar un nuevo análisis de los medios de prueba, los  elementos  materiales  probatorios  y  la  evidencia  física presentados y, por  ende,  debatidos  en  el  juicio;  valorando  los  medios  que  fueron omitidos,  cercenados  o  tergiversados,  o  apreciando  acorde con los principios técnico  científicos  establecidos  para  cada uno en particular y las reglas de la sana  crítica  respecto  de  aquellos  en  cuya ponderación fueron transgredidos los  postulados   de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  los  dictados  de  experiencia;  y excluyendo del fallo los supuestos o los ilegalmente practicados  o aducidos.   

Dicha labor no debe ser realizada de manera  independiente  en  la  ponderación  individual de cada medio, sino en conjunto,  esto  es,  valorando la prueba ameritada en confrontación con lo acreditado por  las  otras  debatidas  en juicio y acertadamente apreciadas, tal como lo ordenan  las  normas  procesales establecidas para cada elemento probatorio en particular  y las que aluden al modo integral de valoración.   

Todo ello en orden a hacer evidente la falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida de un concreto precepto de derecho  sustancial,  pues,  al  fin y al cabo, es la demostración de la trasgresión de  la  norma  de derecho sustancial por el fallo, la finalidad de la causal tercera  de  casación. De otro modo no podría concebirse el trámite extraordinario por  errores  de apreciación probatoria, si su propósito no se orienta a evidenciar  la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales debido a la falta de  aplicación  de  una  norma  del  bloque de constitucionalidad, constitucional o  legal,  pese  a  ser  la llamada a regular el caso, o la aplicación indebida de  alguna  de  éstas  cuando  en  realidad  no  lo  rige CSJ AP, 26 Sep 2007, Rad.  28213.   

4.-  En el evento  que     ahora     ocupa     la    atención    de    la    Sala,    como      se     recuerda  en el resumen que se hizo de la demanda, si bien el             libelista dice apoyar su disentimiento  en   la   causal  tercera  de  casación  para  denunciar  que  el fallo   de   segunda   instancia   incurre   en   la  violación        indirecta  de  disposiciones  de derecho sustancial, al sugerir  que  el           Tribunal          cometió  errores  de  hecho  por  falso  raciocinio  en  la apreciación probatoria por transgredir los postulados  de  la  lógica, es lo cierto que deja su reparo en el solo enunciado, en cuanto  no  solamente  deja  de  acreditar  la  objetiva  configuración  de              los          yerros  que dijo haberse cometido, sino que  tampoco  realiza  un desarrollo acorde con el motivo  de      casación      que     aduce.   

So  pretexto de  denunciar   el  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción y apreciación de la prueba sobre la cual sea fundado la  sentencia,      por      parte      alguna   el   libelista  concreta  lo  que específicamente dice  la  prueba  presuntamente  mal  apreciada,  cuál  el  mérito  atribuido por el  juzgador,    en   qué   concretamente   consistió   el   yerro,   a        cuál       género  o  especie  corresponde  y  cómo se corregiría éste en  sede   extraordinaria,  nada  de  lo  cual  siquiera  ensaya,  si  es  que  su  pretensión era desquiciar el andamiaje que soporta la  sentencia.   

     

Resulta   de   tal  entidad  la  precaria  formulación   del   reparo,   que   pese   a   sugerir   que   el  error  fue  de raciocinio en relación  con  la  apreciación  que  el   Tribunal  hizo  del testimonio de la menor  M.A.G.Z.,  en  lugar  de  acreditar  el  yerro,  como  era  su  deber, se dedica  exponer   criterios   particulares  y  subjetivos  sin conexión alguna con  la  prueba,  las  consideraciones  que  sobre ella hizo el juzgador y el tipo de  error   que   pretende  noticiar,  dejando así su reparo en el más absoluto  vacío,  en  cuanto  no  le dio ningún desarrollo y  demostración.   

       

5.- Al  efecto pertinente se ofrece traer a  colación  los  siguientes  apartes  del libelo, que  a    criterio    de    la    Corte    resultan   elocuentes   sobre   la   impropiedad  en  que  incurre  el   demandante  en  la  postulación del reparo:   

En el presente caso se fundamenta el cargo  de  violación  indirecta  en  un  ERROR DE HECHO, fundado en el FALSO JUICIO DE  RACIOCINIO     que    consiste    en    haber    apreciado    la    prueba a espaldas de la sana crítica,  es  decir,  sin  observancia de los principios lógicos, de los postulados de la  ciencia  o de las reglas de la experiencia, lo que implica desconocer el método  de valoración señalado por el legislador…   

(…)  

El Tribunal, sin mayores argumentos, hizo a  un  lado  la totalidad de las pruebas y se dedicó a conferir plena credibilidad  al  dicho  de la menor, restando importancia a las inconsistencias existentes en  su  relato.  Reforzó  su  tesis  con  citas  de providencias de la Corte, en el  entendido  equivocado  de que para esta siempre debe creerse a los niños cuando  denuncian hechos de agresión sexual.   

(…)  

Está  claro  para  la  DEFENSA en sede de  demanda  de casación que no se cumplieron con los protocolos de Michigan, ni de  SATAC,  en  las  entrevistas  por  parte  de  la  psicóloga y que el relato que  presentó      la      menor      M.A.G.Z.  en  la diligencia de JUICIO ORAL no son claros, concretos,  coherentes  o concisos y que el mismo no tiene un soporte probatorio en el mismo  – ES DESVIRTUADA POR EL  TESTIMONIO  DE  SU  HERMANA MENOR M.G.Z.-, lo cual llevara a la Corte Suprema de  Justicia  a  CASAR  la  sentencia de segunda instancia…   

Luego  entonces  LA  PRUEBA  DE  LA  MENOR  M.A.G.Z.  que  presenta  serias  inconsistencias,  no era suficiente para que el  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  en  su  sala  penal  resolviera  CONDENAR al  ciudadano TAU.   

Se  demuestra  entonces  que  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  cometió  un error de hecho por falso raciocinio al no  aplicar  la regla de exclusión sobre la prueba testimonial de la menor M.A.G.Z.  (lo    que    si    realizo    acertadamente    que   genero   LA   ABSOLUCIÓN  por  el  cargo  sexual en  contra  de  TAUR, con el  testimonio  de la menor M.G.Z. del 2 de marzo de 2012  ante  el  Juzgado  Penal del Circuito de Marinilla con presencia de la comisaria  de  familia, psicóloga del ICBF y demás partes intervinientes) ya que la misma  no  es  coherente,  no  es clara y no está ligada o cimentada con otro medio de  prueba,   es   decir   la   única   incriminación   al   señor   TAUR,  surge de parte de esta y que es  desvirtuada  por  su  menor  hermana  MGZ  y del análisis conjunto de la prueba  practicada  en  el  gran  juicio  oral  (sic).   

Así  resulta  patente  el  desacierto  del  censor,  en  cuanto  no precisa el tipo de error que  pudo  haberse  cometido respecto del testimonio de la  menor  víctima,  pues  no se sabe si lo que quiere denunciar es que el mismo ha  debido   ser   excluido   por  haber  sido  practicado  con  violación  de  las  disposiciones   legales  que  reglan  su  aducción  o  práctica,  en  cuyo  evento  el  error  sería  de  derecho  y no de hecho, o  porque   pese   a  ser  válidamente  practicado  en  la  apreciación de su contenido y asignación del  mérito  persuasivo,  se  transgredieron las reglas de la sana crítica, nada de  lo  cual puede suponer la Corte por el riesgo de pervertir la verdadera voluntad  del recurrente.   

Todo    lo    anterior,    aunado  a  la  no  presentación de un ataque formalmente completo  contra   fallo   del  Tribunal,  no  sólo  le  impide  acreditar  el yerro que dice noticiar, sino la  eventual  trascendencia  del  mismo,  condiciones  en  las  cuales  surge  claro que el cargo se  ofrece incapaz de conmover siquiera  la   doble   presunción   de   acierto  y  legalidad  que  ampara  al      fallo      de      segunda  instancia.   

    

6.- Para   la   Corte,  la  inconformidad  de    la  casacionista,  radica  tan sólo en  suponer  que  en el juicio oral la Fiscalía no allegó la prueba requerida para  condenar,  pero  en  realidad  apenas deja sus asertos en el sólo enunciado, en  cuanto  no  les da el  desarrollo y demostración con el rigor requerido en  sede extraordinaria.   

El  libelista  dejó  de  demostrar  cómo el Tribunal, con apoyo en la prueba practicada en el  juicio  oral,   se  equivocó  al  declarar establecido, más allá de toda  duda  razonable,  la  materialidad  del  concurso de  delitos   jurídicamente   denominado  acceso  carnal abusivo con menor de catorce años y actos sexuales  con  menor  de  catorce  años, ambos agravados, así  como  la responsabilidad penal del acusado como autor  en    la    realización    de    dicho  tipo de  comportamientos          delictivos, y no la  pregonada  existencia  de  dudas probatorias sobre la  realización  de  la conducta o de la responsabilidad  penal  del  acusado, como  corresponde   proceder   cuando   se  denuncia  la  aplicación  indebida  y  la  consecuente  falta  de  aplicación  de  preceptos  sustanciales por incurrir en  errores   de   hecho   o  de  derecho  en  la  apreciación  en  los  medios  de  convicción.   

En   lugar   de   comprobar  la  objetiva  configuración  de  los  yerros  probatorios  que  dice  noticiar,  así como la  eventual  trascendencia de unos tales desaciertos  en el sentido del fallo,  se  dedica a presentar particulares consideraciones fácticas, para anteponerlas  al  criterio  del  Tribunal  expresado  en la sentencia de segunda instancia, lo  cual escapa a la lógica del recurso extraordinario.   

7.- Bajo  el  supuesto  de haberse incurrido en violación indirecta de  la    ley    a   causa   de   la   existencia   de   errores   de   apreciación  probatoria  cuya  configuración  no  logra poner de  presente,   el   demandante   tampoco  ofrece  un  panorama fáctico distinto  del  declarado  en  el fallo, en el que se corrijan los desaciertos que pregona,  dejando  así  sus reparos en solos enunciados generales, toda vez que no les da  ningún   desarrollo   ni   demostración   con   el   rigor  exigible  en  sede  extraordinaria.   

En   lugar   de   proceder   a  demostrar  el  error  que  dice haberse configurado,    el  libelista,  a  la  manera  de un alegato más propio de las instancias que de la  casación,  se dedica a sostener sin acreditarlo, que la prueba practicada en el  juicio  resulta  insuficiente para edificar en ella una declaración de condena,  pero    no    indica   en   concreto   cuáles       medios       de       convicción       fundamentan  la  declaración de condena, qué dicen éstos, cuál  el  mérito  que les fue conferido, en qué consistió el error de apreciación,  ni   cuáles   pruebas  sustentan   sus   asertos,  todo  lo  cual  resulta  inaceptable    en    tratándose    de    un   instrumento   extraordinario   de  impugnación,  sometido  a  rigurosos  requisitos de  forma   y   contenido   que  en  este  caso  lejos  se  encuentran  de  resultar  satisfechos.   

          

El  libelista  no  se percata que a más de  enunciar  el  yerro,   tenía  por deber realizar un nuevo análisis de los  medios  de  prueba,  los elementos materiales probatorios y la evidencia física  presentados  en  el juicio; valorando los medios que fueron omitidos, cercenados  o  tergiversados,  o  apreciando acorde con los principios técnico científicos  establecidos  para  cada  uno  en  particular  y  las reglas de la sana crítica  respecto  de  aquellos  en cuya ponderación fueron transgredidos los postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  los dictados de experiencia; y  excluyendo  del  fallo  los  supuestos o los ilegalmente practicados o aducidos,  según sea el caso particular.   

Al  no  proceder de este modo, obviamente no  podía  tomar en cuenta que dicha labor demostrativa debía realizarla de manera  conjunta  respecto  de  la totalidad de los medios discutidos, en confrontación  con   lo  acreditado  por  las  pruebas  debatidas  en  juicio  y  acertadamente  apreciadas,  tal  como  lo  ordenan las normas procesales establecidas para cada  medio  probatorio  en  particular  y  las  que  refieren  el  modo  integral  de  valoración, nada de lo cual siquiera ensaya.   

Es    de  tal entidad la precaria formulación del reparo, que  no  indica  de qué manera habría de corregirse en sede extraordinaria el yerro  que  pretende  noticiar,  y  cómo  la  correcta  apreciación de los medios, en  conjunto   con  los  demás  sobre  los  cuales  no  concurre  ningún  tipo  de  desacierto,  daría  lugar  a  proferir  un  fallo  en  sentido  sustancialmente  distinto  al  que  es  objeto  de  censura, nada de lo cual demuestra pese a que  tenía  el deber de hacerlo, si es que su intención era desquiciar el andamiaje  fáctico en que se sustentó el fallo ameritado.   

8.- En últimas, lo observado en la demanda  presentada  por  la  defensa,  es  una  discrepancia  de criterios en torno a la  valoración  que  en  los  fallos  se  hizo  de  la  prueba, propendiendo por la  prevalencia  de  sus  personales deducciones sobre el criterio del fallador y no  una  objetiva  transgresión  a  reglas que rigen la aducción de los medios o a  los  postulados  que  gobiernan  la sana crítica en la apreciación probatoria,  como  corresponde  acreditar  cuando  se acude en sede extraordinaria en orden a  denotar  la ilegalidad de la sentencia impugnada, con lo cual se pierde de vista  que  en  tratándose  de  errores  de  apreciación probatoria, éstos deben ser  manifiestos  y  objetivos,  es  decir,  de  tal  entidad  que  den  lugar  a  la  intervención  de  la  Corte para corregir la violación indirecta de la ley por  el  fallo,  y no simplemente para terciar en las discrepancias de las partes con  el   juzgador   de  segunda  instancia,  tan  sólo  porque  no  compartió  los  planteamientos de aquellas.   

Lo  que  se  ofrece  en  la  demanda, no es  entonces la intención de  demostrar   la   existencia  de  un  error  demandable  en  casación,  sino  la  exposición  de  un  criterio  particular  sobre  cómo  ha debido proferirse la  sentencia  respecto  del  cual no se está de acuerdo con el juzgador, tan sólo  porque  no  se  le  dio  la  razón cuando acudió en apelación, lo que de suyo  resulta inadmisible en sede extraordinaria.   

Esto  es lo que se establece cuando formula  una  crítica  general  al  mérito  persuasivo  conferido  por el juzgador a la  prueba  testimonial practicada en el juicio y, tal vez pretendiendo que la Corte  supla  las  deficiencias  argumentativas que presenta y desentrañe la finalidad  que  se persigue con la interposición del recurso, afirma tan sólo, sin llegar  a  demostrarlo en los precisos términos que han sido señalados en el cuerpo de  este   proveído,  que  contrariando  las  disposiciones  de  procedimiento  que  gobiernan  la  actividad  judicial de apreciación de los medios de convicción,  el      juzgador  prefirió las pruebas de  cargo frente a las de descargo.   

9.-  En  síntesis,  la demanda estudiada no  cumple  las  exigencias mínimas de forma y contenido requeridas para su estudio  de  fondo.  Por  tanto,  se  la  inadmitirá  y  se ordenará la devolución del  diligenciamiento  al  Tribunal  de  origen, de conformidad con lo previsto en el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004,  pues no se advierte la necesidad de  superar  sus  defectos de forma y contenido para la realización de los fines de  la  casación,  ni  la violación de garantías fundamentales que la Corte esté  en el deber de proteger de manera oficiosa.   

10.-  Contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  por  parte  del  demandante,  de  conformidad con lo  establecido  en  el  artículo  184  inciso  segundo ejusdem, en la oportunidad,  forma  y  términos  precisados por la Corte CSJ AP 12  Dic 2005, Rad. 24322.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  acusado  TAUR,  por  las razones expuestas en la  motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal del origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  En  las  decisiones  de  la  Sala  se  omite  el  nombre  completo de los menores en  protección  de  sus derechos fundamentales conforme a los artículos 15 y 44 de  la  Constitución  Política,  en armonía con los artículos 33, 47 numeral 8 y  193 numeral 7 de la Ley 1098 de 2006   

2 Fls.  170 y ss. cno. Ppal.   

3 Ley  1395  de 2010. Art. 98. “El artículo 183 de la Ley 906 de 2004 quedará así:   

“Artículo 183. Oportunidad.  El  recurso  se interpondrá ante el Tribunal dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  última  notificación y en un término posterior  común  de  treinta (30) días se presentará la demanda que de manera precisa y  concisa señale las causales invocadas y sus fundamentos.   

Si  no  se  presenta  demanda  dentro  del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso de reposición”.   

4  Sentencia de 6 de agosto de 2003, Rad. Nº 18626.   

5  Auto de 14 de julio de 2004, Rad. Nº 21210.     

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