AP2763-2015(44944)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Magistrado Ponente  

AP2763-2015   

Radicación     No.     44944   

(Aprobado acta No.  184)   

Bogotá,  D. C., veinticinco (25) de mayo de  dos mil quince (2015).   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación presentada por el defensor  del   acusado      JAIME     MAURICIO     RAMÍREZ  BEDOYA.   

ANTECEDENTES  

1.-   La   cuestión  fáctica  –ocurrida  en    Manizales-,   fue  reseñada     por    el    Tribunal    de la manera siguiente:   

El     señor     LUIS    BERNARDO           GÁLVEZ        OSPINA1,    más  conocido   como   JULIANA  GÁLVEZ  OSPINA, interpuso  denuncia  penal  señalando que el 30 de mayo de 2012,  luego  de  retirar  la  suma  de  18 millones de pesos de Bancolombia, cuando se  encontraba  por  la  carrera 21 con calle 28 de esta ciudad, a eso de las dos de  la  tarde,  fue  amenazado  por  un  individuo  que con un arma de fuego lo  despojó  de su maletín y abordó una moto de placa BCH-85.   

Luego recibió una llamada de un taxista que  le  manifestó  que tenía sus documentos, los cuales habían sido dejados en la  bodega  por  dos  sujetos,  a quienes llevó hasta el terminal de transportes, y  manifestó estar en capacidad de reconocerlos.   

2.- El 11 de marzo  de  2013  se  llevaron  a  cabo  las audiencias preliminares de legalización de  captura,  formulación  de  imputación e imposición de medida de aseguramiento  consistente  en  la  detención  preventiva del imputado JAIME MAURICIO RAMÍREZ  BEDOYA.  La  imputación  se formuló por el delito de hurto calificado-agravado  -descrito y sancionado en los artículos 239, 240.2 y  241.10  del  C.P., con las modificaciones punitivas de que tratan los artículos  37  y  51  de  la  Ley 1142 de 2017, respectivamente-,  cuyos cargos no fueron aceptados por el implicado.   

3.-    Posteriormente,    el        día        27    de  junio  de  2013  ante        el       Juzgado       Segundo  Penal     del     Circuito     de     Manizales  se  llevó   a   cabo  la  audiencia  de  formulación  de  acusación  -en   la   cual   la  Fiscalía  acusó  al  imputado  JAIME   MAURICIO  RAMÍREZ  BEDOYA,  del  referido              delito-;    el  8 de noviembre siguiente  la  audiencia  preparatoria  donde  se  resolvió sobre la pertinencia y conducencia de practicar las pruebas  pedidas  por las partes y;  el  día  22  de  enero  de   2014  el  juicio  oral. En esta última fecha  se   anunció  el  sentido  condenatorio del fallo.   

3.- La sentencia  fue   proferida   el  17  de    marzo   de  2014,  y  con  ella  se  puso fin a la instancia condenando al acusado  JAIME    MAURICIO    RAMÍREZ   BEDOYA,      a      la      pena      principal      de     12 años de  prisión,    así   como   a   la   accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual   término,   al    tiempo    que  le   negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución    de    la    pena   y   la   prisión  domiciliaria,  entre  otras  decisiones,   como  consecuencia  de  encontrarlo  autor   penalmente   responsable   del   delito  de  hurto calificado-agravado  imputado en la acusación.   

4.- Apelada esta  determinación    por   la   defensa   –quien  a  partir  de  manifestar  su  inconformidad  con la  evaluación  probatoria,  solicitó su revocatoria y consecuentemente absolver  al  acusado  del delito a  él   atribuido-,   el  Tribunal      Superior     del     Distrito     Judicial     de     Manizales,  mediante  providencia  de  30   de   julio       de      2014 decidió  impartirle   íntegra  confirmación,  al  resolver  en  segunda instancia la  impugnación interpuesta.   

5.- Contra esta decisión, en oportunidad el  defensor   interpuso   recurso   extraordinario   de   casación   mediante   la  presentación   de   la   correspondiente  demanda2,  sobre cuya admisibilidad se  pronuncia la Corte.   

LA DEMANDA  

Después de resumir los hechos e identificar  las   partes   intervinientes   en   el  trámite  y  la  sentencia  materia  de  impugnación,  con apoyo  en  la  causal tercera de  las  previstas  en  el  artículo 181 del Código de  Procedimiento   Penal   de   2004,   un   cargo  postula   el   recurrente   contra   la   sentencia   del   Tribunal.   

El  demandante  acusa  el  fallo de segunda instancia de incurrir en  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de las  pruebas  sobre  las  cuales  se  ha  fundado la sentencia, de manera específica  <<cuando  se supone o presume una prueba, vale  decir,  cuando ella no obra en la actuación procesal y la decisión se toma con  fundamento   en   la   prueba   imaginada   por   el   juzgador   por  error  de  hecho>>.   

Con  la pretensión de acreditar su aserto,  manifiesta   que   el  juez  de  primera  instancia,  soporta  su decisión en  una    <<falacia  jurídica      o      sofisma>>   sin   soporte  probatorio,  al  sostener  que  las  constancias  laborales  allegadas por la defensa no acreditan que el acusado se encontraba en  la  ciudad  de  Medellín el día y hora en que ocurrieron los hechos,      máxime      si  se  toma en cuenta que la cercanía  con  la  ciudad  de  Manizales,  posibilitaba  que hubiese llegado a su sitio de  trabajo  a  reportarse y posteriormente haber viajado a la ciudad de Manizales a  consumar el ilícito.   

A   la  consideración  del  juzgador  el  libelista   antepone   la   suya   en   el  sentido  que  aun  si se considerase válida la conjetura del  Tribunal,  si  se  toman en cuenta los tiempos que  tardaría  en  recoger la correspondencia (1 hora), trasladarse a la terminal de  transportes      (aproximadamente      45      minutos),      comprar  de  inmediato el pasaje, lo cual en  su  opinión  nunca ocurre  así  de  rápido  pues  generalmente  se  tarda  una  hora  en dicha actividad,  la  salida  del vehículo  de     Medellín    hacia    Manizales     sin    realizar    parada  alguna  tardando  tres horas y  media,  lo  que  indica que según lo considerado por el a quo llegaría a las 4  de    la    tarde,    cuando    el    hurto    sucedió   entre   2:10    y    2:30    p.m., aproximadamente.   

Agrega  que  si  se  siguiera  con  dicho  planteamiento  del  juzgador,  contando  los  tiempos  de  regreso  llegaría  a  Medellín  a  las  9 de la noche cuando ya  las oficinas estarían cerradas  porque laboran hasta las cinco de la tarde.   

Advierte      que      <<con  esta conjetura, tal como la planteo (sic) él (sic) A  QUO  ES  IMPOSIBLE  QUE ESTO SUCEDA, según las consideraciones de éste, porque  el      camión      debe      permanecer      en     la     empresa>>.   

Cuestiona   entre   otros   aspectos   lo  siguiente:   

…quién  entregó  la  correspondencia?,  será  que  no  hay  controles  por  parte  del  empleador,  tal  como lo asegura el juez?, será que no se cumple su labor en un  espacio  físico  delimitado?  Y  por ser ciudades tan cercanas, será que Jaime  Mauricio  si  viajo a Manizales y cometió el hurto?, solo cabe en la cabeza del  honorable  juez,  que  esto  haya  sucedido,  pues  sin  ningún  tipo de acervo  probatorio  y solo a través de conjeturas improbadas, llega a la conclusión de  condenar  a  un inocente, tal como lo es mi prohijado  JAIME  MAURICIO.  Y ni siquiera hay prueba que mi representado viajo en bus, que  estaba  en  Manizales,  pues  existen  infinidad  de  cámaras en la terminal de  transporte  y  nunca  fueron  revisadas  por  la  Sijin,  ni  por  la Fiscalía,  finalmente  sobre  este  punto  el  A  QUO  CREO  LA  PRUEBA,  en disfavor de mi  representado  y  violó  los  principio  de  INDUBIO PRO REO Y LA PRESUNCIÓN DE  INOCENCIA              (sic).   

Manifiesta  que  otro  de  los  reparos que  formula  al  fallo,  consiste  en que en el contrainterrogatorio practicado a la  víctima,  puso  de presente las contradicciones en que ésta incurre y por ello  impugnó   su   credibilidad,   pero   el   A  quo  no  tuvo  en  cuenta  dichas  inconsistencias  del  testigo de cargo <<y solo  se  baso  en  el  reconocimiento,  y  desecho todas las demás pruebas, violando  nuevamente     el    concepto    de    la    sana    crítica    debatida    con  anterioridad>> (sic).   

Reprocha, finalmente, que el testigo hubiese  dicho  que  también  le  había sido un teléfono celular de marca <<BlackBerry>>,  y  sin  embargo manifestara  que  cuando  se encontraba en las instalaciones de la Sijin recibió una llamada  telefónica  a  su  celular,  de  un  taxista  quien  dijo  haber encontrado sus  documentos,   por   lo   cual   a  su  modo  de  ver  <<surge la pregunta  ¿no  le  robaron  el  celular  y  el  bolso  con el dinero?, de cual celular le  contestó  al taxista, eso no lo probó la fiscalía,  y  son  detalles  que  parecieran insignificante, pero que generan duda sobre el  hurto   del   dinero  y  demas  pertenencias>>  (sic).   

Considera   finalmente,  que  el  taxista  especula  cuando  dice haber encontrado unos documentos en el baúl del carro, y  que   había  realizado  una  carrera  con  dos  individuos  a  la  terminal  de  transportes,      pero      <<la  fiscalía no probó, ni el taxista  indicó  que  esos  documentos  encontrados  en el vehículo, él vio, cuando el  pasajero  del  asiento  trasero  los  hubiese  depositado en el baúl del carro,  más   aun,  indica  el  conductor del taxi, que es muy fácil introducirlos  por  un espacio trasero que da a la maleta o baúl del carro>>            (sic).   

Indica  de  otra parte, que la Fiscalía no  investigó  lo  relacionado  con  la  motocicleta de  placas  BCH85  y  su  propietario,  aduciendo  que  se produjo una ruptura de la  unidad    procesal   lo   cual   no   es   cierto.   Agrega   que   <<el  A  Quo  tampoco  se pronuncia al respecto y deja pasar  por   alto   esta   situación,  cuando  indica  el  propietario  de  la  moto  que la compró el día 04 de julio de 2012 y el hecho  ocurrió  el  30 de mayo de 2012, cómo es posible que no se le preste atención  a    una    prueba    tan    relevante,      necesaria,      conducente      y      se     condena     al  inocente>>             (sic).   

Después  de  aludir a jurisprudencia de la  Corte  Constitucional  sobre  el defecto fáctico en las providencias judiciales  que    da    lugar   al   amparo,   señala   que   el   Juzgador   de   primera  instancia                <<desconoce  los lineamientos jurisprudenciales citados    a    lo    largo    de    esta   apelación,   porque existía duda razonable sobre la participación de  mi  representado  en  la  comisión  del  delito  y  esa duda solamente se puede  interpretar    a    favor    de   mi   prohijado>>     (sic).   

Estima  finalmente,  que  el  hecho  nunca  ocurrió,  que  su  asistido  nunca estuvo en la ciudad de Manizales   para   la  fecha  y  hora  de  los  acontecimientos,         <<que  esto  se  probó a través de contratos laborales, los cuales  adjunto  de  las  empresas  TIEMPOS  S.A. y HAGO TU VUELTA y declaraciones extra  proceso,    al    igual    que    el    certificado    de    libertad    de   mi  representado>>.   

Con   fundamento   en   estas   y   otras  consideraciones  de  similar  factura,  solicita   a  la  Corte,  casar  la  sentencia  impugnada  y  absolver  a  su  prohijado  de los cargos que le fueron  formulados.   

SE CONSIDERA  

1.- Tal como ha sido repetidamente dicho por  la  Corte  CSJ AP, 5 Dic  2007,  Rad. 28653, en esta ocasión resulta pertinente reiterar que la casación  no  es  instancia  adicional a las ordinarias del trámite, y por lo mismo no ha  sido  concebida  como  un  instrumento  que  permita la continuación del debate  fáctico  y  jurídico  llevado  a  cabo  en  un proceso ya culminado, sino que,  por   su  propia  naturaleza  corresponde  a  una sede única que parte del  supuesto  de  la terminación del juicio con el proferimiento de la sentencia de  segunda  instancia  y,  además,   que  ésta no solamente es acertada sino  legal,  por  ajustarse en un todo al ordenamiento jurídico, cuya desvirtuación  compete al demandante.   

De  conformidad  con  la  ley  procesal  penal, dicho propósito sólo  puede  lograrse  mediante  la presentación de una demanda escrita, en la que se  identifique  la  sentencia  recurrida, se acrediten la legitimidad y el interés  para  recurrir,  se expresen con claridad y precisión los fundamentos fácticos  y  jurídicos  de  la  pretensión, y se demuestre la objetiva configuración de  uno  o varios de los motivos de casación taxativamente previstos por el Código  de Procedimiento Penal.   

Acorde  con  los  principios  que  rigen la  utilización  del  instrumento extraordinario de impugnación, en el libelo debe  demostrarse  igualmente, la necesaria intervención de la Corte para cumplir, en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines propios del recurso extraordinario,  los  cuales aparecen previstos por el artículo 180 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004.  De ninguna otra manera podrían ser entendidas las expresiones  contenidas  en  los   artículos  181  y  183 ejusdem, según las cuales la  casación   resulta   procedente   contra   sentencias   de   segunda  instancia  <<cuando  afectan  derechos  o garantías fundamentales>> y que en  la  demanda  se  debe  señalar  <<de  manera  precisa  y  concisa>>  las causales invocadas y sus fundamentos.   

En  esta  oportunidad  debe  insistirse  en  señalar   que  en  el  sistema  procesal de que trata la Ley 906 de 2004 no se libera al demandante del  deber  de  cumplir  con  unos  mínimos  requisitos  de forma y contenido que le  permitan  superar  el  necesario  juicio  de  admisibilidad  que por ley compete  realizar  a  la  Corte.  Tanto  es  esto,  que  el  artículo 184 del mencionado  estatuto  la faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en las cuales  se  establezca  que  el impugnante carece de interés, o cuando no se señala el  motivo  de  casación en que apoya la pretensión desquiciatoria contra el fallo  de  segunda  instancia,  o  cuando en el escrito se dejan de desarrollar clara y  precisamente  los  cargos  que  a  su  amparo  pretendió formular, <<o  cuando  de  su  contexto se  advierta  fundadamente  que  no se precisa del fallo para cumplir algunas de las  finalidades del recurso>>.   

Entre    los   mencionados   requisitos  establecidos  por  el  original  artículo  183  de  la  Ley 906 de 2004, con la  modificación   introducida   por   el   artículo   98   de   la  Ley  1395  de  20103,   se  destaca que el censor tiene el deber de interponer el  recurso  dentro  de  la oportunidad legalmente prevista, esto es dentro de los 5  días  siguientes  a  última notificación de la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el Tribunal, presentar la demanda en un  término posterior  común  de  30  días  y  la  carga  de acreditar la existencia de interés para  acudir a sede extraordinaria.   

El  demandante  tiene  por  deber  señalar,  asimismo,   con  absoluta  precisión,  la  causal  o  causales  que  apoyan  su  pretensión;  enunciar,  desarrollar  y  sustentar  de manera clara y precisa el  cargo  o  cargos  que  a su amparo pretenda proponer y; demostrar con la nitidez  requerida,  que  la  intervención  de  la Corte en el asunto particular resulta  necesaria  para  cumplir  alguna  de  las  varias  finalidades previstas para el  recurso,  tales  como  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las  garantías  de  los intervinientes en el proceso, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

En dicho sentido la Sala CSJ AP, 9 Jun 2008,  Rad. 29019 tiene establecido que:   

La debida sustentación del cargo propuesto  implica   para  el  censor,  entre  otras  exigencias,  desarrollarlo  en  forma  completa,  conforme  al  principio de sustentación suficiente, de suerte que la  demanda  se  baste a sí misma para lograr la infirmación total o parcial de la  sentencia,  según  el  caso,  y hacerlo de manera clara y precisa, en términos  tales  que  el  alcance  de  la  impugnación surja nítido, para que el juez de  casación pueda dar a los reproches planteados adecuada respuesta.   

También   es   exigencia   indeclinable  demostrar  que la intervención de la Corte es necesaria para la realización de  los  fines  de  la  casación,  lo  cual  significa  que  la demanda, además de  hallarse  adecuadamente  presentada y debidamente sustentada (idoneidad formal),  debe  ser fundada (idoneidad sustancial), es decir, estar razonablemente llamada  a   propiciar   la   infirmación   total  o  parcial  de  la  sentencia,  o  un  pronunciamiento unificador de la Corte sobre el tema debatido.   

A esta conclusión se llega tras consultar  el  contenido  del  artículo  184  ejusdem,  donde se incluye como causal de no  selección  de  la  demanda  de casación, el que se advierta fundadamente de su  contexto  que  no  se  precisa  del fallo para cumplir alguna de las finalidades  propias  del  recurso,  es  decir,  que  no  sea  necesario para materializar la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes  y  la  reparación de los agravios inferidos a éstos (artículo  180).   

En todo caso, la adecuada sustentación del  recurso,  sin  la  cual no es posible acceder a éste,  <<exige  que  el  demandante  demuestre  que  el juzgador cometió un error al tomar la decisión,  bien  de  juicio (in iudicando) o de actividad (in procedendo), para cuyo efecto  no  basta  afirmar  que  una  determinada  infracción  se cometió, sino que es  necesario  precisar  en qué consistió, qué repercusiones o implicaciones tuvo  en  la  decisión  recurrida,  qué  consecuencias desfavorables se derivaron de  ella  para  la  parte  impugnante,  y  por  qué la intervención de la Corte es  necesaria  para  el  cumplimiento  de  los fines del recurso>>     CSJ    AP,    26    Sep    2007,    Rad.    28053.     

2.-  A más de lo  dicho,  la  Sala  CSJ  AP,  22  Jun  2006, Rad. 25412  ha dejado indicado:   

Supone  lo anterior que el demandante debe  encaminar  sus  esfuerzos a demostrar cómo con el trámite procesal o a través  del  fallo  se  afectaron  derechos  o garantías fundamentales para lo cual, en  consonancia  con  el  yerro  advertido, ha de servirse de la causal de casación  pertinente  señalándola  expresamente  e  indicando las razones que le asisten  para  estimar  que se encuentra estructurada, sin olvidar que debe indicar, así  sea  sucintamente,  cuál  de  los  fines  establecidos  para  la casación hace  necesaria  la  intervención  de  la  Corte  en  el particular asunto, según lo  previsto  en  el  artículo  180  de  esa  normatividad,  esto  es,  si  ella es  indispensable  para  la  efectividad  del  derecho  material,  el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos o la unificación de la jurisprudencia.   

Con  esos  propósitos,  resulta  de  suma  utilidad   que   el   actor   atienda   las  directrices  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  sobre  la  forma  para abordar en esta sede el desarrollo de los  diferentes  motivos  de  casación  pautas que, bien está recordar, no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la formulación y desarrollo  de sus reparos.   

Tales   directrices   tienden,  pues,  a  facilitar  la labor del demandante a fin de que resulten completos y entendibles  los  cargos  que  propone  contra el fallo de segundo grado, exigencia que sigue  vigente  pues  si  bien  en  la nueva lógica del recurso se habilita a la Corte  para  superar  los  defectos que el libelo ofrezca, esta última opción demanda  del  censor  un  esfuerzo  argumentativo  a  través  del  cual  demuestre ya el  probable  distanciamiento  entre  el fallo recurrido y la norma constitucional o  legal  que debió gobernarlo, ora la vulneración de garantías fundamentales de  los  intervinientes,  bien  el  tema  jurídico  que  por su relevancia deba ser  abordado   por   la   Sala   a   fin   de   procurar   el   desarrollo   de   la  jurisprudencia.   

Es  decir,  siempre será necesario que el  demandante  elabore  una  propuesta  coherente,  comprensible y convincente, por  cuyo  medio  pueda  concluirse  que  sí es indispensable la intervención de la  Corte  para  lograr  alguno  de los cometidos de la casación, de acuerdo con la  índole de la controversia planteada.   

3.- Del mismo modo la Corte tiene establecido  que  si  de  lo  que  se  trata  es  de  denunciar, con apoyo en la causal   tercera  de  casación,  que  la  sentencia        del        Tribunal        incurre        en       <<manifiesto  desconocimiento de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la prueba sobre la cual se ha  fundado  la  sentencia>>,   dicho  tipo de  desacierto  corresponde  a  la forma indirecta de violación a las disposiciones  de  derecho  sustancial, y se configura cuando el sentenciador comete errores en  la  apreciación de los medios de prueba, los elementos materiales probatorios o  la  evidencia física, los cuales pueden ser de hecho o de derecho CSJ AP, 29 Ag  2007, Rad. 26276.   

Los   primeros,   es  decir  los  errores  de  hecho  en  la  apreciación probatoria,  se  presentan  cuando  el  juzgador  se  equivoca  al contemplar  materialmente  el  medio  de  conocimiento;  porque deja de apreciar una prueba,  elemento  material  o  evidencia,  pese  a  haber  sido  válidamente presentada  o   practicada  en  el  juicio oral, o porque la supone practicada en éste  sin  haberlo  realmente  sido  y  sin  embargo le confiere mérito (falso  juicio  de existencia); o cuando no  obstante   considerarla   legal   y   oportunamente   presentada,  practicada  y  controvertida,  al  fijar  su contenido la distorsiona, cercena o adiciona en su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no se  establecen     del    ella    (falso    juicio    de  identidad);  o,  porque  sin  cometer  ninguno de los  anteriores  desaciertos,  habiendo  sido válidamente practicada la prueba en el  juicio  oral,  en  la  sentencia  es apreciada en su exacta dimensión fáctica,  pero   al   asignarle   su   mérito  persuasivo  se  aparta  de  los  criterios  técnico-científicos  normativamente establecidos para la apreciación de ella,  o   los  postulados  de la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de  experiencia,  es  decir,  los  principios  de  la sana crítica, como método de  valoración  probatoria  (falso raciocinio).   

De  este  modo, cuando el reparo se orienta  por    el    falso    juicio   de   existencia   por  suposición  del  medio  de  conocimiento, compete al  casacionista  demostrar el yerro con la indicación correspondiente del fallo en  donde  se  aluda a dicho medio que materialmente no fue practicado, presentado o  controvertido  en  el  juicio;  y  si  lo  es  por  omisión de ponderar prueba,  elemento  material  o  evidencia física válidamente presentada o practicada en  la   audiencia   de   juicio  oral  (falso  juicio  de  existencia  por  omisión),  es su deber concretar la  parte  pertinente de la audiencia pública en que se presentó la evidencia o el  elemento  material  o  se  practicó  la prueba, e indicar qué objetivamente se  establece  de  ella, cuál  mérito le corresponde siguiendo los postulados  de  la  sana  crítica  y  los criterios de valoración normativamente previstos  para  cada  una,  y  señalar  cómo  su  estimación  conjunta  con  el arsenal  probatorio  aducido  por  las partes en el juicio y debidamente controvertido en  éste,  da  lugar  a variar las conclusiones del fallo, y, por tanto a modificar  la    parte    resolutiva    de    la    sentencia    objeto   de   impugnación  extraordinaria.       

Si   lo   pretendido   es   denunciar  la  configuración  de  errores de hecho por falsos juicios  de   identidad  en  la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar  expresamente  qué  en  concreto  dice  el medio de  prueba,  el elemento material probatorio o la evidencia física, según el caso;  qué  exactamente  dijo  de él el juzgador, cómo se le tergiversó, cercenó o  adicionó   en   su   expresión   fáctica  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Si     se    denuncia    falso  raciocinio  por desconocimiento de  los  criterios técnico científicos normativamente establecidos para cada medio  en  particular (Art. 380 CPP), el casacionista tiene por deber precisar la norma  de  derecho  procesal  que  fija  los criterios de valoración de la prueba cuya  ponderación  se  cuestiona, indicar cuál o cuáles de ellos fueron conculcados  en  el caso particular y demostrar la incidencia que dicho desacierto tuvo en la  parte resolutiva del fallo.   

Si  la  denuncia  se dirige a patentizar el  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué infirió de él el juzgador y cuál  mérito  persuasivo  le  fue otorgado; también debe señalar cuál postulado de  la  lógica, ley de la ciencia o máxima de experiencia fue desconocida, y cuál  el  aporte científico correcto, la regla de la lógica apropiada, la máxima de  la  experiencia  que  debió  tomarse  en  consideración  y  cómo; finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error, indicando cuál debe ser la apreciación  correcta  de  la  prueba  o  pruebas  que  cuestiona, y que habría dado lugar a  proferir  un  fallo  sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  ameritado.    

La  Corte  no  puede  dejar de subrayar que  cuando  de  precisar  la  naturaleza  y  alcance de los errores originados en la  apreciación  judicial  de las pruebas, como uno de los motivos de invalidación  susceptibles     de     ser    invocados    en    sede    de    casación,    la  jurisprudencia  CSJ  AP,  17  Sep  2003,  Rad.  17690  ha  sido  insistente en señalar que este desacierto  no  resulta configurado por la sola disparidad de criterios entre la valoración  realizada  por los jueces y la pretendida por los sujetos procesales, sino de la  comprobada  y grotesca contradicción entre aquella y las reglas que informan la  valoración racional de la prueba.   

También    ha   dicho,   en   doctrina  suficientemente  decantada  y  difundida,   que  si  un  contraste de tales  características  no  se  presenta,  porque los juzgadores, en ejercicio de esta  función,  han  respetado  los  límites  que  prescriben  las reglas de la sana  crítica,  será  su criterio, no el de las partes, el llamado a prevalecer, por  virtud  de la doble presunción de acierto y legalidad con que está amparada la  sentencia de segunda instancia.   

Por  esto,  ha  de  reiterarse  que  inane  resulta,  por  tanto,  en sede extraordinaria, pretender desquiciar el andamiaje  fáctico-jurídico  del  fallo impugnado con fundamento en simples apreciaciones  subjetivas  sobre  la forma como el juez de la causa debió enfrentar el proceso  de  concreción  del mérito demostrativo de los elementos de prueba, o el valor  que debió habérsele asignado a un determinado medio.   

No   se   trata,   pues,   de   presentar  discrepancias  interpretativas  en relación a cómo se aprecian las pruebas por  los  juzgadores y cómo hubiera querido el demandante que fueran valoradas, pues  ello  no  es  posible  de  plantearlo  en  sede  del  recurso  extraordinario de  casación  dada  la  inocuidad  de  este  tipo  de  argumentos  para  derruir la  presunción  de  acierto  y legalidad que ampara el fallo. Esto tiene sentido si  se  considera  que  dentro  de la autonomía de apreciación probatoria la labor  del  juez  al  evaluar  el  caudal probatorio consiste precisamente en definir a  qué  elementos de juicio les reconoce credibilidad y a cuáles no para llegar a  su  convencimiento  sobre  la verdad de lo acaecido, establecer la base fáctica  de  la  sentencia  y  la  declaración  del  derecho  en la parte resolutiva del  fallo.     

Tampoco trata la casación, en cuanto a este  motivo  se  refiere, de presentar argumentos probatorios que puedan ser válidos  frente  a  una  hipótesis  posible  de  interpretación,  pues lo posible no se  identifica  con lo cierto, real, claro y manifiesto, ni puede ser utilizado como  fundamento  para resolver la divergencia apreciativa de los medios entre el juez  y  las  partes.  En  tal  eventualidad prevalece el criterio de aquél siempre y  cuando  se mantenga dentro de las pautas que rigen la persuasión racional, cuya  desvirtuación  compete  al  demandante de manera objetiva, clara y completa con  referencia  a  la totalidad de los medios en que se sustentó el fallo objeto de  censura  y no combatiendo tan sólo una parte de ellos desde su particular punto  de  vista,  como  si  el  juicio no hubiera concluido con el proferimiento de la  sentencia de segunda instancia.      

Los  errores  de  derecho  en la apreciación de las pruebas, entrañan,  por  su  parte, la apreciación material del medio de conocimiento por parte del  juzgador,  quien  lo  acepta  no  obstante  haber  sido  aportado  al  juicio, o  practicado   o   presentado   en   éste,   con  violación  de  las  garantías  fundamentales  o de las formalidades legales para su aducción o práctica; o lo  rechaza  y  deja  de  ponderar  porque  a  pesar  de  haber  sido  objetivamente  cumplidas,  considera  que  no las reúne (falso juicio  de legalidad).   

También, aunque de restringida aplicación  por  haber desaparecido del sistema procesal la tarifa legal, se incurre en esta  especie  de  error  cuando  el juzgador desconoce el valor prefijado al medio de  conocimiento  en  la  ley,  o  la  eficacia  que  ésta  le asigna (falso     juicio    de    convicción),  correspondiendo  al  actor,  en  todo  caso,  señalar las normas procesales que  reglan  los  medios  de conocimiento sobre los que predica el yerro, y acreditar  cómo se produjo su trasgresión.   

Cada una de estas especies de error, obedece  a  momentos lógicamente distintos en la apreciación probatoria y corresponde a  una  secuencia  de  carácter  progresivo, así encuentre concreción en un acto  históricamente  unitario:  el  fallo judicial de segunda instancia. Por esto no  resulta  técnicamente  correcto  que  frente a un mismo medio de conocimiento y  dentro  del  mismo  cargo, o en otro postulado en el mismo plano, sin indicar la  prelación  con  que  la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen argumentos  referidos a desaciertos probatorios de naturaleza distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras de la claridad y  precisión  que ha de regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar  el  sentido de trasgresión de la ley y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios  de  conocimiento  sobre los que predica el yerro, e indicar de manera  objetiva  su  contenido, el mérito atribuido por el juzgador, la incidencia del  desacierto   cometido   en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación  concretar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  mediatamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber  ocurrido  el yerro, el sentido del fallo habría sido sustancialmente distinto y  opuesto  al  impugnado,  integrando  de  esta  manera  lo  que se conoce como la  proposición    jurídica    del   cargo   y   la   formulación   completa   de  éste.   

4.- De todos modos, debe insistir la Sala en  que  de  optar  el demandante por la vía indirecta para denunciar la violación  de  normas  sustanciales  por  errores  en  la  apreciación  de  los  medios de  conocimiento,  la misma naturaleza excepcional que  la casación ostenta le  impone  la  necesidad de abordar la demostración de cómo habría de corregirse  el  yerro  probatorio  que denuncia, modificando tanto el supuesto fáctico como  la parte dispositiva de la sentencia.   

Como  resulta  apenas  obvio,  esta  tarea  comprende  el  deber de realizar un nuevo análisis de los medios de prueba, los  elementos  materiales  probatorios  y  la  evidencia  física presentados y, por  ende,  debatidos  en  el  juicio;  valorando  los  medios  que  fueron omitidos,  cercenados  o  tergiversados,  o  apreciando  acorde con los principios técnico  científicos  establecidos  para  cada uno en particular y las reglas de la sana  crítica  respecto  de  aquellos  en  cuya ponderación fueron transgredidos los  postulados   de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  los  dictados  de  experiencia;  y excluyendo del fallo los supuestos o los ilegalmente practicados  o aducidos.   

Dicha labor no debe ser realizada de manera  independiente  en  la  ponderación  individual de cada medio, sino en conjunto,  esto  es,  valorando la prueba ameritada en confrontación con lo acreditado por  las  otras  debatidas  en juicio y acertadamente apreciadas, tal como lo ordenan  las  normas  procesales establecidas para cada elemento probatorio en particular  y las que aluden al modo integral de valoración.   

Todo ello en orden a hacer evidente la falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida de un concreto precepto de derecho  sustancial,  pues,  al  fin y al cabo, es la demostración de la trasgresión de  la  norma  de derecho sustancial por el fallo, la finalidad de la causal tercera  de  casación. De otro modo no podría concebirse el trámite extraordinario por  errores  de apreciación probatoria, si su propósito no se orienta a evidenciar  la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales debido a la falta de  aplicación  de  una  norma  del  bloque de constitucionalidad, constitucional o  legal,  pese  a  ser  la llamada a regular el caso, o la aplicación indebida de  alguna  de  éstas  cuando  en  realidad  no  lo  rige CSJ AP, 26 Sep 2007, Rad.  28213.   

5.- En   el   presente   caso,   prácticamente   ninguno   de  dichos  presupuestos  se  satisface  a  entera  cabalidad  en  la  demanda  de casación  presentada  a  nombre  del  acusado  JAIME  MAURICIO  RAMÍREZ  BEDOYA,  lo  que  determina que la Sala no  tenga  más  alternativa  que  inadmitirla  al  trámite  casacional,  en términos que seguidamente pasa a  precisar.   

Como  se recuerda en el resumen que se hizo  de      la      demanda,      el     libelista  dice fundar su propuesta en  la  causal  tercera  de casación, para denunciar la  violación      indirecta      de     la     ley     sustancial     proveniente  de un error de hecho por falso juicio de existencia  por  suposición, lo cual daría en pensar  que   su  propuesta  se orienta  acreditar  que  el  sentenciador  creyó,  sin ser ello cierto, que en el juicio  oral  se  practicó  la  prueba  o  pruebas  sobre las cuales realizó  las  correspondientes  inferencias  que    dieron    lugar    fundamentar    el   sentido   de   la   determinación  adoptada.   

No obstante, cuando se avanza en la lectura  del  libelo, de inmediato  se   descubre   que   la   verdadera  pretensión  del  recurrente  no  es  presentar  un reclamo objetivo y serio contra la sentencia  cuestionando  su juridicidad y acierto, sino oponerse  sin   más  a  las  consideraciones  fácticas  del  juzgador  de  primer  grado  presentando  una  crítica  generalizada  sin  ilación  ni  coherencia  alguna,  y  sin percatarse que era  su   deber  concretar  no  solo  el  tipo  de  error  probatorio   presuntamente   cometido,   sino   demostrar  su  configuración  y  trascendencia, nada de lo cual siquiera ensaya.   

Así  no  logra  saberse si lo que pretende  cuestionar  es  el  fallo  de primera instancia por no haberle conferido mérito  persuasivo  a  las  constancias  laborales  aducidas por la defensa en el juicio  oral  con  las  cuales  supuestamente  se acreditaría que el día y hora de los  acontecimientos  el  acusado  se  encontraba  en  un lugar distinto de aquél en  donde  tuvieron  ocurrencia, o si el ataque se dirige contra el fallo de segunda  instancia  que  excluyó  de  considerar  los  aludidos  medios por incumplir         los        requisitos   de   la  inmediación,   concentración,  contradicción  y  práctica   en   el  juicio  oral.  Tal  vez,  por  esto,  es  que  ninguna  importancia  confiere  el  demandante  a los elementos de  juicio  en  que  se  soportó  la  declaración  de  condena, y se dedica por el  contrario  a  resaltar  aspectos  no  considerados  en la sentencia, con lo cual  ésta  resulta  inconmovible,  máxime  si  lo  que  atribuye  es  una  presunta  deficiencia  investigativa  de  la  fiscalía  con respecto al propietario de la  motocicleta  empleada  en  el  hurto  y  no  la demostración de que el juzgador  hubiere cometido un concreto error de apreciación probatoria.   

   

A  la  mejor  manera  de  un  alegato  de  instancia,  el  demandante  se  cuida  en indicar con exactitud el tipo de error  probatorio  que  pretende  noticiar  así  como la prueba o pruebas sobre el que  recae,   para  dedicarse  a  sostener  que  existen  dudas  sobre  la  verdadera  ocurrencia  de  los  hechos,  y  que de todas maneras su asistido es inocente de  la    realización  de  la  conducta  que  se  le atribuye, porque  al  momento  de  ésta  se encontraba trabajando   en  una  ciudad  distinta,  pero  ninguna  labor  intentan  en  orden  a  demostrar que el sentenciador se hubiere  equivocado  en  la  ponderación  de  los medios de convicción que sirvieron de  sustento a su decisión.   

6.-  Para que no  quede  duda  alguna  sobre  aquello que viene de referir la Corte, en cuanto que  una  cosa  es  lo  se  indica  en  la  sentencia  de  segunda  instancia y otros  distintos  los argumentos  de  la  demanda evidenciando manifiesta desconexión, preciso se observa traer a  colación  apartes  de  fallo  de  segunda  instancia,  en los cuales se pone de  presente  el  verdadero  soporte  de  la  decisión  que ahora inopinadamente se  recurre.   

De cara al contenido del artículo 404 del  Código   de  Procedimiento  Penal,  para  apreciar  el  testimonio  rendido  en  audiencia  de  juicio  oral  es  necesario  que el juez de conocimiento tenga en  consideración  los  principios  técnico científicos sobre la percepción y la  memoria,  y  especialmente, lo relativo a la naturaleza del objeto percibido, al  estado  de  sanidad  del  sentido  o  sentidos  por los cuales se tuvo    la    percepción,   las   circunstancias  de  tiempo,  modo  y lugar en que se  percibió,  los procesos de rememoración, el comportamiento del testigo durante  el  interrogatorio  y  el  contrainterrogatorio, la forma de sus respuestas y su  personalidad.   

En  este  sentido,  acertada  estuvo  la  valoración  de  la  primera instancia al momento de darle plena credibilidad al  dicho    de   LUIS   BERNARDO   GÁLVEZ  OSPINA  y  JUAN  PABLO  VÉLEZ  VANEGAS,  el primero quien fuera  testigo  directo  de los hechos criminales por ser la persona a quien despojaron  de  su  maletín donde llevaba el dinero y quien finalmente acusara frontalmente  al  hoy  procesado  como responsable del delito, y el segundo por ser la persona  que  momentos  después  transportó  al  acusado  al  terminal de transportes y  posterior    a    ello    encontró    la   billetera   del   ofendido   en   su  automotor.   

La  víctima  acudió  a la vista pública  enunciando  que  ese  30  de  mayo  de  2012, luego de parquear su moto junto al  parque   Caldas   para   dirigirse   a   su   oficina,  un  sujeto  lo  intimidó  con  arma  de  fuego  exigiéndole  la  entrega del  maletín  y  luego  abordó una motocicleta que lo esperaba: enunció una y otra  vez   que  alcanzó  a  reconocer  al  señor  JAIME  MAURICIO  BEDOYA  RAMÍREZ  (sic),  presente  en  la sala de audiencias, como la  persona  que  le  puso  el  arma  en el pecho y se apoderó de sus pertenencias,  logrando   recordar   sus   características,  especialmente  sus  ojos  claros,  penetrantes  y  mirada que no olvida, toda vez que lo tuvo de frente a una corta  distancia  y  a  plena  luz  del  día,  ya  que  el hecho ocurrió después del  mediodía.   Enunció  además  que reconoció en dos oportunidades al latrocinador en la diligencia de  reconocimiento  fotográfico,  a quien de nuevo señaló en la audiencia como la  persona que estaba sentada en el banquillo de los acusados.   

Nótese   entonces   que   el   testigo  LUIS          BERNARDO          GÁLVEZ   OSPINA,    o   JULIANA  GÁLVEZ  OSPINA,  presenta  elementos fácticos   trascendentales  para  el  caso  concreto,  pues  su  narrativa  es  coherente, hilada, unívoca y consistente al momento de reconocer  que  fue  el  acusado  JAIME MAURICIO BEDOYA RAMÍREZ (sic), una de las personas  que  el  30 de mayo de 2012 participó del hurto del cual fuera víctima, ya que  al  otro  sujeto  no  lo  reconoció porque estaba en la moto y usaba capota. No  puede  perderse  de  vista que desde el mismo momento de su entrevista, realizó  una  descripción  e  informó  a  los  policiales  que  estaba  en capacidad de  identificar  al  atacante,  lo cual efectuó en reconocimiento fotográfico y en  la  audiencia  de  juicio  oral,  sin que en dicha sindicación se evidencie una  torticera  intención  de incriminar falsamente al procesado a quien no conocía  antes.   

Tal     deponente     recordó  las  características  de  uno  de los perpetradores del  reato,  las cuales aportó en la denuncia y repitió en el juicio, resaltándose  sus  ojos  y  la  existencia de algo en el labio, que según dijo, tal vez no es  una  cicatriz  pero  sí  un fuego, sin que en dicha descripción se advierta la  inconsistencia  que  sin  fundamento pretendió alegar la defensa y a la que con  firmeza  dio  respuesta  el  testigo  al  decir que los rasgos mencionados en la  denuncia  son  los  mismos  que  observaba  en  la  persona del procesado al que  señala sin dubitación en la vista pública.   

No  obstante  lo  anterior,  es  menester  recordar  que  al no existir tarifa legal en nuestro  ordenamiento  procesal  penal  actual, el testimonio único rendido en audiencia  pública  resulta  suficiente  para endilgar responsabilidad penal al procesado,  en  tanto  se  clarificó  la naturaleza del objeto percibido, la sanidad de los  sentidos  por  medio de los cuales se captaron los hechos, las circunstancias de  tiempo,  modo  y  lugar  en  que  se percibió, lo cual permitió identificar la  ciencia  y  razón  de  su  dicho y asignarle un grado elevado de verosimilitud,  racionalidad y consistencia en su narrativa. (…).   

Y   se   dice  que  fue  único  testigo  incriminador,  porque  solamente  él  presenció directamente el atraco, aunque  hay  que  resaltar que se contó con un declarante de suma importancia, como fue  el  taxista,  quien  halló  en  la  cajuela  de  su  vehículo  los  documentos  de la víctima y se los entregó cuando ésta estaba  presentando denuncia en la SIJIN.   

Se  trata  de  JUAN  PABLO VÉLEZ VANEGAS,  quien  afirmó que su taxi fue abordado una hora después del latrocinio por dos  sujetos  cerca  al  Parque  Caldas,  uno  de  ellos se sentó a su lado y tenía  puesta  una capota y el otro se hizo atrás, pudiendo observar por el retrovisor  que  éste  tenía  ojos  miel y una cicatriz en la boca, misma observada por la  víctima;  los  llevó  a Villa Pilar y luego los dejó en la bomba del terminal  de  Transportes,  donde  recogió  otro  señor que se sentó adelante  y a  quien  dejó  en el supermercado La Cosecha, lugar en  el  que  recogió  otro  servicio  para  el  cual  tuvo  que  abrir  la  bodega,  encontrando   allí   una   billetera   con   los   documentos  de  GÁLVEZ OSPINA, con quien se comunicó  de    inmediato    para    luego    reunirse    en    la    SIJIN    donde   fue  entrevistado.   

Explicó  el  declarante  que la billetera  ingresó  a  la  cajuela  desde la parte de atrás, por un lado, y eso solo pudo  suceder  cuando  se  subió  el  acusado atrás, ya que recibió el vehículo al  medio  día y es su costumbre revisarlo, sin que haya advertido la presencia del  elemento,  como  que  no  pudo  ser  la  persona a la que le prestó el servicio  después  que  a  los  asaltantes,  ya  que  ésta se sentó como copiloto. Este  testigo  ese  mismo  día  expresó a los investigadores que podía reconocer al  sujeto   y   así   lo   hizo   en   fotografías  durante  las  diligencias  de  investigación,  y luego lo señaló contundentemente  en la audiencia.   

En cuanto al reparo del defensor tendiente  a  demeritar  el  reconocimiento  que  hizo  el  taxista  del inculpado debido a  problemas  de  visión,  tal  situación fue aclarada por el testigo en la misma  audiencia  al  decir  que  ese quebranto lo tiene desde hace un  año y que  para la fecha de los hechos -2012- veía bien.   

De  ahí  entonces que la Sala no advierta  esas  inconsistencias  o imprecisiones de los testigos de cargo como lo planteó  la  defensa en su recurso; por el contrario, cada uno de ellos resultó creíble  en  punto  a sus manifestaciones y a la incriminación que se efectuara, pues no  se  evidenció  ánimo  pernicioso alguno de parte de los referidos declarantes,  quienes  fueron  enfáticos  en  mencionar  las circunstancias de tiempo, modo y  lugar  en  las que se desplegó la actividad criminal por parte del procesado en  compañía  de otro sujeto, así como su traslado al terminal de Manizales en un  taxi donde dejaron los documentos de propiedad de la víctima.   

En este sentido,  los  reproches  del  censor en cuanto a que las características de su prohijado  no  son  las  mismas de la persona descrita por la testigo directa, se quedan en  simples  especulaciones  que  no  tuvieron sustento alguno, como para derruir la  contundencia  de  la  incriminación  del  testigo  directo  de los hechos y del  taxista,   quienes   coincidieron   en   la   descripción  aportada  y  en  los  señalamientos realizados.   

En  tal  sentido,  no  advierte  la  Sala  contradicción  alguna  entre  las declaraciones  de los testigos de cargo,  con  los cuales se prueba que en efecto JAIME MAURICIO RAMÍREZ BEDOYA estuvo en  la  ciudad  de  Manizales  el 30 de mayo de 2012, acompañado de otro individuo,  cometiendo  el  atraco  con arma de fuego en el centro de la ciudad, lugar donde  abordó  un  taxi  en el cual dejó los documentos de la víctima; más bien son  coincidentes  y concordantes hasta en la mochila   de  donde  el procesado  extrajo  el dinero para cancelar la carrera, regalando al conductor los vueltos,  la  capota  que  llevaba  su acompañante, las características morfológicas de  aquél y hasta la cicatriz en el labio superior.   

Asimismo,  la  defensa  propugna  por  la  inocencia  de  su  prohijado bajo el argumento de que éste para la fecha de los  hechos  se  encontraba  laborando en la ciudad de Medellín como mensajero en la  empresa   “hago   tu   vuelta”,   según   declaraciones   extrajuicio   del  representante  legal  y su compañera permanente, elementos que al ser valorados  por  el juez de instancia no les dio credibilidad, tras considerar que el empleo  no  se  realizaba en un espacio físico delimitado y que por ausencia de control  de  su  empleador  existía  una  oportunidad  para que el procesado            delinquiera  en  la  ciudad  de Manizales; medios que son válidos  para  ese  tipo  de  audiencias  preliminares  mas  no en el juicio, pues de ser  tenidos  en  cuenta  se desconocerían principios fundamentales de inmediación,  concentración  y  contradicción, siendo que únicamente constituye prueba todo  aquello que va a juicio.   

Sobre   el   particular  la  Colegiatura  encuentra  que  dichas declaraciones no podían ser admitidas como prueba dentro  del  juicio  oral,  bajo  el  simple  argumento  de  haber sido rendidas ante un  Notario,  ya  que las mismas contienen un testimonio,  el   cual  debía  ser  vertido  en  la  audiencia  por  las  personas  que  las  suscribieron  para  que  adquirieran el valor de prueba, lo cual no se  hizo  en  el  asunto  que  se estudia, en el que la defensa no  solicitó  la  práctica  de esa prueba testimonial y se conformó con presentar  las  declaraciones  escritas  en  la  audiencia,  falencia  convalidada  por  la  Fiscalía  y  por  el  juez,  en  desmedro  de  los principios de inmediación y  contradicción  que  imponen que sólo pueden tenerse como pruebas las que hayan  sido  practicadas  en  presencia  del  juez,  a menos que se trate de uno de los  casos  excepcionales  en  los  que  se  pueda admitir como prueba de referencia,  ninguno    de    los    cuales    se    aplica    en    el    sub   examine.   

(…)  

Así las cosas,  las  declaraciones  extra  proceso  allegadas  por  la  Defensa,  no podían ser  valoradas  por  el  juzgador de primera instancia, como tampoco puede hacerlo la  Sala,  habida cuenta que  ni  siquiera  se  solicitó la recepción del testimonio de las dos personas que  las  suscribieron,  quienes  debían  asistir al acto público  a rendir el  testimonio,  en  el  que dichas declaraciones sólo podían ingresar como prueba  en  caso  de  que  se  hubiesen  usado  para  refrescar  memoria  o  impugnar la  credibilidad   de   los   declarantes;  por  manera  que  de  aceptarse  que  la  presentación  de  una  declaración  extra juicio suple el debate de una prueba  testimonial   en  el  juicio  oral, resquebrajaría las bases en las que se  cimenta  el esquema procesal penal, basado en los principios de contradicción e  inmediación  ante  el juez, en el que existe norma precisa que indica que sólo  es   prueba   la   practicada   en  la  audiencia  de  juicio  oral  y  ante  el  Juzgador.   

En   síntesis,  no  logró  la  defensa  desacreditar  esa  certeza  racional  relativa a que se analizó con cada una de  las  pruebas ofrecidas por la Fiscalía General de la Nación, que dieron cuenta  de  que fue JAIME MAURICIO  BEDOYA  RAMÍREZ (sic), quien en compañía de otro sujeto cometió el delito de  hurto  calificado  agravado  en  el  centro  de la ciudad, por ser tales pruebas  coherentes  y contundentes en punto a la materialidad  de la conducta punible y la responsabilidad penal del acusado.   

Se  dirá  también que las disquisiciones  que  realiza  el  sujeto  recurrente  en  torno  a  la posible imprudencia de la  víctima  al  transportar  el  dinero,  así  como las del modus operandi de los  llamados   fleteros,   no   tienen   relevancia   en  punto  del  debate  de  la  responsabilidad  del  procesado,  establecida a través de prueba testimonial en  la audiencia de juicio oral.   

Esta  extensa  pero,  a juicio de la Corte,  necesaria    reseña    al    fallo    de    segunda   instancia,   se  realiza con el sólo propósito de  poner   de   presente   que   ninguna   de   dichas  consideraciones  es  puesta  en  tela  de  juicio  de  manera puntual, objetiva,  completa,   lógica  y  coherente   por  el  libelista, si su intención  era  acreditar  el  falso  juicio  de  existencia por  suposición    que    dice    noticiar.   

Lo  cierto  del  caso  en  que en  lugar  de acreditar que el juzgador  incurrió  en algún tipo de desacierto de hecho o de derecho en la apreciación  de    la    prueba,   el   libelista   no   sólo   deja  de  contrastar  el  contenido  objetivo  de  la  prueba     válidamente    practicada   en  el  juicio  oral  con  el  fallo,  sino  que,  también indebidamente, pretende que  la   Corte   acoja   sin   más   aquella   que  fue  expresamente  excluida  del  fallo por no reunir los  presupuestos          normativamente          establecidos          para   su   aducción   al   juicio,  con  lo cual no logra poner de presente el verdadero  tipo  de  error  que  pretende  noticiar  y  el rumbo que quiere imprimirme a la  censura.   

Esto  por cuanto de discurso del recurrente  no   se   desentraña   si   lo   que  pretende es  acreditar   que  el  Tribunal  distorsionó,  cercenó  o  adicionó  la  prueba  testimonial,  haciéndole  producir unos efectos que objetivamente no de coligen  de  ella, o si pese a haberla apreciado en su exacta dimensión fáctica, falló  en  el  proceso  de asignación de su mérito persuasivo, para lo cual ha debido  acudir  al  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  y  acreditar al tiempo que  el  sentenciador  transgredió  los postulados de la  lógica,  las  leyes de la ciencia, o las reglas de experiencia, nada de lo cual  concreta,     pese    a    sugerir    tímida    y  desordenadamente       que     <<el   A  quo  ha  violado  los  principio  de  la  sana  crítica  y valoración de la prueba, el respecto de la  dignidad  humana,  los  convenios  y  tratados  internacionales  ratificados por  Colombia,  los  principio  de  necesidad  proporcionalidad y razonabilidad de la  medida  de  seguridad,  el principio de igualdad, el  principio     de  tipicidad,  antijuridicidad  y  culpabilidad>>  (sic).   

Aun  en  dicha  eventualidad,  no se ofrece  difícil      descubrir      la      precariedad      del     reparo,   toda  vez  que  el  demandante  no  le  indica  a  la Corte cuál específicamente  habría sido el postulado  de  la  lógica,  la  ley de la ciencia o  la regla de experiencia que pudieron resultar conculcados en el  caso particular.   

7.-   Sucede  además,  que  el  libelista  tampoco presenta un reparo formalmente completo en  cuanto     omite     exhibir    un    panorama  fáctico diverso al declarado  en  el  fallo  y en que se corrija el error, toda vez  que   con   prescindencia   de   las  motivaciones  del  fallador,  a  la mejor manera de un alegato más propio de las instancias que  de    la   casación,  se    limita    a    sostener   que   los  testigos  de  cargo  incurren  en  contradicciones,  y que la  prueba   de   descargo   no   fue   tenida   en   cuenta,   pues,   <<fueron         desechadas        sin        argumentación  alguna>>,  lo  cual  no  se  compadece  con la  objetividad que la actuación ofrece.   

8.- Dada  entonces la precaria formulación  de           los          reparos,   no  cabe  más  alternativa  que  inadmitir  la  demanda al  trámite   casacional  con  miras  a  un  pronunciamiento  de  fondo,  pues  lo  que  se observa en el planteamiento del recurrente es  que  a  partir  de una unilateral interpretación de  los   hechos  pretende  descubrir   la  presunta  configuración de errores  de    apreciación    probatoria   que   no   logra  acreditar,  lo  cual  resulta  inaceptable  en  esta  sede.   

La Sala advierte, que en lugar de ajustarse  a  los  derroteros  normativamente  establecidos para la casación y ampliamente  desarrollados  por  la  jurisprudencia  de  esta Corte, el casacionista acude al  instrumento  extraordinario  de impugnación como recurso de último momento tan  sólo  porque no se atendieron los planteamientos de la defensa cuando recurrió  en  apelación,  en  torno  al  mérito  que,  a  su criterio, debe conferirse a  algunos  medios  de convicción, distanciándose de tal modo de los lineamientos  párrafos arriba referenciados.   

Como  quiera que las consideraciones de los  juzgadores  no  son  objeto de la debida controversia  por  parte del recurrente, la demanda lejos se halla  de  poder  desvirtuar  el  fundamento  fáctico  y  jurídico de la sentencia de  segunda  instancia.  Por  el  contrario,  lo que se evidencia en la formulación  de    los          reparos  no  es  entonces  la denuncia de un  concreto     yerro  en  la apreciación de la  prueba,  sino  la  simple y llana aposición al cumplimiento de la sentencia tan  sólo     porque     no     le     resultó     favorable     a     sus  intereses,  pero sin llegar  a demostrar la existencia de un  específico   error  de  hecho  o  de  derecho,  ni  cómo  un tal desacierto resultó trascendente en la  definición del asunto.   

9.-  En  síntesis,  la demanda estudiada no  cumple  las  exigencias mínimas de forma y contenido requeridas para su estudio  de  fondo.  Por tanto, se la  inadmitirá y se ordenará la devolución del  diligenciamiento  al  Tribunal  de  origen, de conformidad con lo previsto en el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004,  pues no se advierte la necesidad de  superar  sus  defectos de forma y contenido para la realización de los fines de  la  casación,  ni  la violación de garantías fundamentales que la Corte esté  en el deber de proteger de manera oficiosa.   

10.-  Contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  por  parte  del  demandante,  de  conformidad con lo  establecido  en  el  artículo  184  inciso  segundo ejusdem, en la oportunidad,  forma   y   términos   precisados  por  la  Corte4.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada por el acusado JAIME  MAURICIO  RAMÍREZ  BEDOYA, por las razones expuestas  en la motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal del origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  “Así   se   identifica   según   su  cédula  de  ciudadanía Fl. 8 Cuaderno de pruebas”.   

2 Fls.  121 y ss. cno. Tribunal   

3 Ley  1395  de 2010. Art. 98. “El artículo 183 de la Ley 906 de 2004 quedará así:   

“Artículo 183. Oportunidad.  El  recurso  se interpondrá ante el Tribunal dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  última  notificación y en un término posterior  común  de  treinta (30) días se presentará la demanda que de manera precisa y  concisa señale las causales invocadas y sus fundamentos.   

Si  no  se  presenta  demanda  dentro  del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso de reposición”.   

4  Casación 24322. Auto de 12 de diciembre de 2005.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *